Zaragoza, a un paso de ti
Zaragoza - España
Zaragoza es cruce de caminos, lugar de encuentro. Te abre las puertas una ciudad moderna y cómoda bañada por el Ebro y sus afluentes, el Huerva y el Gállego. Una ciudad con mucha historia que contar
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ZARAGOZA. NATURALEZA, HISTORIA Y CULTURA

Dicen que todos los caminos llevan a Roma pero la mayoría pasan por Zaragoza. Al menos, no te quedará otro remedio si vas desde el Cantábrico hasta el Mediterráneo o desde allí hasta tierras interiores de la meseta castellana. El río Ebro articula esta tierra pero donde se  centraliza la vida política y económica es en la capital.
Zaragoza ciudad es la que está en medio, a unos trescientos kilómetros de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao y a unos doscientos de la frontera francesa. Eso en AVE, se traduce en paseos de hora y media. Miles de hectáreas se han convertido en plataformas logísticas y, con el impulso de la Expo de 2008, se han levantado modernas infraestructuras, se ha invertido en comunicaciones y el aeropuerto despega. Es una ciudad moderna y vanguardista en la que todavía resulta cómodo vivir y con un rico legado.

Otra vez sale Roma pero es que Zaragoza se llama así por su fundador César Augusto. La mano de los romanos se deja sentir en muchos rincones de la capital y por toda la provincia: los restos de Contrebia-Belaísca, La Zaida, Bilbilis en Calatayud o Turiaso (Tarazona). Tras ellos, aquí convivieron árabes, judíos y cristianos.

Fernando el Católico, Gracián, Goya, María Moliner, Gargallo, Serrano... Todos zaragozanos. Si pasas por aquí, te acabarás quedando, al menos unos días, atraído por su arte y el de su gente. Puedes venir de compras o a cuidarte un poco en alguno de sus balnearios, a zambullirte en mil deportes náuticos y de aventura, a trabajar en ferias y congresos o como espectador de grandes espectáculos, a hacerle un regalo a tu estómago o, simplemente, porque te apetece darte ese gustazo.

Te va a costar decidirte. La mano del genial Goya te espera, sobre todo, en Zaragoza capital y en Fuendetodos, el pueblo en el que nació. Muel es el pueblo de la alfarería: mires a donde mires habrá algún detalle de cerámica. En La Muela, el motor es el viento. En sus tierras han sembrado aerogeneradores y sus vecinos casi casi han emprendido el vuelo. En Illueca y Brea, su oficio de siempre es el calzado. En Gallocanta, el paso del tiempo lo marcan las grullas que vuelven cada año a su laguna. Trasmoz y la brujería. En Balconchán sólo vive una persona en invierno. Claro que nunca se sabe. En Anento, ocurría lo mismo hace veinte años y hoy son más de un centenar de habitantes deseosos de recuperar el tiempo perdido. Hablando de tiempo, en Daroca y Uncastillo regresarás al medievo. En Veruela o el Monasterio de Piedra, el turismo mueve montañas. ¿Y qué me dices de Jaraba, Alhama Paracuellos de Jiloca? Tienen balnearios que acogen visitantes todo el año. ¿Por qué no te acercas y los visitas todos?

Vas a creer que te has vuelto indeciso pero es que en la mesa tampoco es nada fácil decidirse. La cocina en Zaragoza es sencilla, nutritiva, fuerte y con carácter como los zaragozanos. Nunca faltan pimientos, tomates, caldo, calabacín, judías verdes, borrajas o cebollas de Fuentes, las únicas del mundo que no pican ni hacen llorar. De primero, alubias, patatas, pan, aceitunas, caracoles o ancas de rana.  Después caza, cordero, cerdo, vacuno, trucha y aves. Puedes pedir unos buenos huevos al salmorejo, bacalao al ajoarriero o a la baturra. Pero es que también hay cordero a la pastora o ternasco asado, magras con tomate o lomo en salsa de almendras. Y de postre, ciruelas de la ribera baja del Ebro, peras y manzanas de La Almunia, cerezas y albaricoques. Tierra de golosos, no faltan turrón de guirlache o crespillos, frutas de Aragón que son escarchadas y cubiertas de chocolate, frutas de sartén, tortas de yema, cajicas de Tauste, calabazotes, socarrones de almendra de Un castillo, los adoquines de caramelo, miles de tortas, melocotón con vino o la repostería mudéjar de Daroca. Y para beber, estando en tierra de vinos vas a tener que elegir entre tres Denominaciones de Origen: Cariñena, Calatayud y Campo de Borja. Feliz decisión.

A tu disposición, un gran número de exposiciones, conciertos y certámenes como Tarazona foto, el Festival de Música Antigua de Daroca o “Luna Lunera” en Sos. Si te apetece algo más natural, te esperan los parques del Río Piedra y del Moncayo, las estepas de los Monegros o los galachos del Ebro en Juslibol o La Alfranca. Un galacho es un brazo abandonado por el río al cambiar su curso tras una crecida. Será algo así como sumergirte en un documental de naturaleza.

ZARAGOZA CAPITAL

Zaragoza es cruce de caminos, lugar de encuentro. Hoy viven cerca de 700.000 habitantes, más de la mitad de los que hay en Aragón. Te abre las puertas una ciudad moderna y cómoda bañada por el Ebro y sus afluentes, el Huerva y el Gállego. Una ciudad con mucha historia que contar.

Se llamaba Salduie cuando fue asentamiento ibérico pero la fundaron los romanos como Caesaraugusta. De ellos quedan las murallas, el Teatro Romano, el Puerto Fluvial y las Termas Públicas. En la época árabe, fue capital de la Marca Superior de Al-Andalus y qué mejor testimonio que La Aljafería, el Palacio de La Alegría, hoy sede de las Cortes de Aragón. El arte mudéjar llenó de sencillez y estrellas las torres de las iglesias de la Magdalena, San Pablo, San Gil y San Miguel, el Torreón de la Zuda y el muro de la Catedral de La Seo. En ésta caben todos los estilos: románico, gótico, renacentista y barroco. Hay otra joya barroca: la Basílica del Pilar. Con el siglo XVI, llega el esplendor, se construye la Lonja, la iglesia de Santa Engracia, las Casas de los Morlanes, de la Mestranza, los palacios de los Condes de Morata, de Argillo, de Armijo, el de Sástago y el Patio de la Infanta. Luego vendrán la profunda reforma urbanística de los siglos XIX y XX y la modernización del siglo XXI. A todo esto hay que añadir otras iglesias y museos, plazas que recuerdan avatares históricos como la heroica resistencia frente a los franceses de Los Sitios o el monumento al Justicia, figura típicamente aragonesa.

Tú verás por donde empiezas la visita pero te lo pone fácil el bus turístico que te permite subir y bajar cuando quieras con el mismo billete. A tu disposición, dieciséis paradas que se reparten por toda la ciudad. La primera en la calle Don Jaime, junto a la Plaza del Pilar, la última al otro lado del Ebro para ofrecerte una bella estampa de la ciudad. Luego, con atravesar el puente de Piedra estás en el sitio en el que empezaste. Si quieres hacer compras, una buena zona para bajar es la Plaza de Basilio Paraíso desde donde tienes a tiro de piedra el Paseo de las Damas plagado de propuestas, Independencia, Sagasta o La Plaza San Miguel, donde vivió algún tiempo Goya en una casa que sigue en pie. Podrás visitar el Parque Grande con su Jardín Botánico, el paseo de San Sebastián y un par de museos y, para desengrasar, puedes sentarte a la sombra de un árbol, tomar un tentempié o dar una vuelta en tren o en bici. Cerca, la Romareda y el Auditorio. Puedes visitar el Paraninfo de la Universidad o la Puerta del Carmen, una de las entradas a la ciudad del siglo XVIII y símbolo de la resistencia zaragozana durante los Sitios, que se mantiene en pie a pesar de que hace unos años recibió la embestida de un autobús.

Los más peques tienen el Megabús, realiza el mismo recorrido pero la guía recrea con sus vestidos la época romana. Otra manera de descubrir Zaragoza es a través de las visitas teatralizadas, de la mano de personajes de otras épocas. Por cierto, si te acompaña un rumor durante tu estancia en la ciudad y tu pelo se alborota más de la cuenta, no te preocupes, es el cierzo, un viento típico de aquí bastante revoltosillo.



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Hay más capítulos de este reportaje:
Cap. 1 Zaragoza, a un paso de ti
Cap. 2 Zaragoza, recorrido por sus pueblos



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