Zamora, la esencia de Castilla y León
Zamora - Castilla y León
Si pudiera escogerse una sola de las provincias de Castilla y León por su riqueza, su cultura y su paisaje, sin duda habría que destacar a la de Zamora, una tierra singular, de tradiciones que hunden sus raíces en lo más remoto de la historia
Els Blaus de Roses

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ZAMORA CUENTA MUCHO


TURISMO DE NATURALEZA

Una tierra marcada por el Duero 

Si pudiera escogerse una sola de las provincias de Castilla y León por su  riqueza, su cultura y su paisaje, sin duda habría que destacar a la de Zamora, una tierra singular, de tradiciones que hunden sus raíces en lo más remoto de la historia y que ha hecho de la defensa de su patrimonio y su medio rural la fórmula para conquistar el futuro. Sería imposible pretender que una provincia de marcado carácter como ésta poseyera un espíritu uniforme. Más bien al contrario, las comarcas zamoranas hacen gala de tener una fuerte personalidad, de ahí que el visitante quede sorprendido por los contrastes entre los Valles de Benavente y los Arribes, entre Toro y Sanabria. 

El responsable de buena parte de las peculiaridades de Zamora tiene nombre propio, y es un nombre de río. El Duero ha condicionado la geografía y la historia de la provincia, ha 'decidido' la ubicación de sus principales ciudades y es quien confiere al sector alimentario su carácter único. Esta arteria atraviesa Toro y la ciudad de Zamora antes de convertirse en frontera con Portugal. Allí discurre por los profundos cañones de los Arribes y allí recibe las aguas del Esla, el otro gran río zamorano. Junto al río cantado por Machado, los humedales de Villafáfila, el Lago de Sanabria y los grandes embalses sumergen a la provincia en una lluvia de millones de gotas de agua limpia, transparente y plácida. 

Las campanas 
de un pueblo sumergido 

El Lago de Sanabria es uno de los parajes más impresionantes de la provincia. Alcanza una  profundidad de 53 metros y una longitud que supera los tres kilómetros, lo que hace de él, el mayor lago glaciar de la península. Dice la leyenda que, en la Noche de San Juan, aún se escucha el tañer de las campanas de uno de los pueblos que duerme bajo sus aguas. 

Como todo lugar espectacular, el lago está rodeado de leyendas que sitúan su origen en una maldición por la que un pueblo yace bajo las aguas. El tañer de sus campanas se escucha cada noche de San Juan. El Lago de Sanabria da nombre al Parque Natural más antiguo de la provincia y se encuentra situado en el extremo noroccidental del territorio zamorano. Supera las 22.000 hectáreas y afecta fundamentalmente a la zona de montaña de las sierras Segundera y Cabrera.

Aquí se conserva la morfología de los glaciares que durante el Cuaternario dejaron su huella, como puede verse en la cuenca del lago de Sanabria y parte del río Tera: lagunas, valles, espectaculares bloques de granito…

En este espacio protegido se conserva el mayor conjunto de lagunas de origen glaciar de España. En el altiplano del parque se cuentan hasta 35, situadas a unos 1.600 metros de altitud. Todas ellas se caracterizan por la pureza de sus aguas y por la fauna y flora específicas que tienen allí su hábitat. 

La gran diversidad botánica del Parque Natural se demuestra por el hecho de agrupar hasta más de 1.500 especies vegetales, algunas de las cuales son únicas en la península. Ello es posible gracias a que se encuentra en un punto límite entre el clima atlántico y el mediterráneo. El bosque dominante es el robledal, pero también es abundante el serval, los acebos, tejos, abedules y castaños. La Casa del Parque está situada en San Martín de Castañeda, en los restos de un antiguo monasterio románico, y en Rabanillo en el Monte Gándara.

Una gran masa de agua se abrió camino hacia el océano 

Cuentan los geólogos que hace muchos miles de años la meseta era un mar interior, que basculó hacia el Oeste e hizo que esa masa de agua se abriera camino hacia el océano. Fue así como el Duero se encajonó en profundos cañones que hoy configuran el bellísimo espacio natural de los Arribes del Duero. 

El Parque Natural de Arribes del Duero se caracteriza por el profundo cañón abierto por el río, con paredes que llegan a sobrepasar los 200 metros de altura. A lo largo de ochenta kilómetros (cincuenta compartidos con la frontera portuguesa), el cauce desciende rápidamente de altitud. De hecho, al recibir las aguas del Esla, el lecho del Duero discurre en los 580 metros sobre el nivel del mar para, al final de su recorrido en la provincia, situarse en poco más de los 320 metros.

Esta espectacular geografía modelada por el agua permite que a lo largo de los Arribes se sitúen distintas escalas biológicas, propiciadas por las diferencias climáticas entre las cimas del cañón y las profundas laderas. En sus barrancos, a veces en terrazas escalonadas, florecen viñas, olivos, madroños y enebros, mientras en los puntos inaccesibles de las paredes anidan águilas, buitres, alimoches y cigüeñas negras.

Un paraíso del turismo de naturaleza 

Charcas, lagunas, altiplanos, campos arcillosos y moles graníticas. La provincia de Zamora es una paleta de colores que no se agota en una sola visita, una ruta sin fin para el aficionado al senderismo o, en general, al llamado turismo de naturaleza. 

La provincia de Zamora cuenta con una gran variedad de paisajes gracias a la diversidad de sus territorios. En breves desplazamientos podemos admirar espacios protegidos de características dispares: en el noroeste, un sistema de lagos de origen glacial, con el Lago de Sanabria a la cabeza; en el Oeste, una reserva de media montaña -La Sierra de la Culebra- con la población de lobos más densa de la Península; un profundo y larguísimo cañón esculpido por un río en una masa granítica como son los Arribes del Duero, en el suroeste y, por último, un conjunto de charcas y lagunas en mitad de la estepa de Tierra de Campos: las lagunas de Villafáfila, donde hibernan decenas de miles de aves.

Esta variada oferta de naturaleza se complementa con una buena red de alojamientos de turismo rural, muchos de los cuales, además, ofrecen actividades al aire libre para conocer tradiciones todavía vivas, además de realizar paseos a caballo, deportes acuáticos en embalses o excursiones para conocer construcciones de arquitectura popular como palomares, molinos o corrales para el ganado. 

La Sierra de la Culebra. Este Espacio Natural de 67.340 hectáreas protegidas tiene su principal valor en la gran población de lobos que alberga (la más alta de toda España), aunque también es muy relevante la población de ciervos y corzos. Para escuchar la berrea de los ciervos es preciso acercarse a la reserva los últimos días de septiembre y principios de octubre. 

La Sierra de la Culebra tiene su continuación orográfica y faunística en el portugués Parque Natural de Montesinhos y sus pequeñas elevaciones se sitúan entre los 800 y los 1.200 metros de altura. El pino de repoblación es el dominante en la sierra, aunque las masas forestales autóctonas de roble, melojo y castaño son también importantes. En los montes de matorral, el brezo y la jara son las plantas más comunes.

El descanso de las aves viajeras

Zamora es el mayor espectáculo de la naturaleza. Cielos rojos al amanecer y a la caída de sol dominados  por la silueta alada de miles de aves en formación. Las autopistas del cielo se llenan de bandadas de gansos, grullas y otras anátidas que descansan en las lagunas de Villafáfila.

Protegidas como Reserva Natural, las Lagunas de Villafáfila se extienden a lo largo de 33.000 hectáreas y ofrecen buen número de tesoros al aficionado a la ornitología, como la enorme concentración de avutardas, con el 10 por ciento de la población mundial de esta ave singular. Además, en el complejo lagunar pasan el invierno miles de ánsares (gansos europeos). Dependiendo de las lluvias, llegan a concentrase entre 10.000 y 25.000 ejemplares, a los que se añaden otros 5.000 de distintas especies de patos, Garzas, grullas y otras aves se suman a las anteriores hasta alcanzar más de un centenar de variedades.

El complejo lagunar está formado por innumerables charcas. Las tres principales son las de la Laguna Grande (en Villafáfila), la Laguna de Barillos (en el municipio de Revellinos) y la laguna Salina (en el término de Villarrín de Campos). 

Para realizar una visita se recomienda acudir a la Casa del Parque. Los mejores meses para la observación son de noviembre a febrero. El atardecer y el amanecer son los momentos idóneos para 'espiar' el movimiento de las aves.

Los grandes lagos 

Los embalses son los grandes lagos artificiales que forman parte de al orografía zamorana. En sus profundidades guardan la memoria de poblaciones que desaparecieron en beneficio del bienestar del territorio. Hoy su caudal proporciona energía eléctrica a la sociedad y en sus orillas, integradas en el paisaje con pequeñas playas y muelles, se disfruta del baño y de los deportes fluviales. 

La peculiar geografía de ríos encajados ha propiciado la existencia de gran número de embalses en la mitad occidental de la provincia: hasta 15 presas de producción hidroeléctrica encontramos en el Oeste zamorano. La más impresionante, la de La Almendra, compartida en el sur con la provincia de Salamanca. 

Espectacular es el aprovechamiento de los Arribes del Duero, con cinco embalses, dos de ellos de titularidad portuguesa. Destacan igualmente los tres ubicados en el norte, a lo largo de 40 kilómetros de cauce del río Tera. 

TURISMO CULTURAL

Zamora, tierra de contrastes 

La rica geografía zamorana subraya el contraste entre los territorios que integran la provincia, comarcas de fuerte personalidad que, además de compartir un común denominador en la forma de ver  el mundo, absorben parte del carácter de zonas vecinas de León, Valladolid y Salamanca, y también de Portugal. 

Un viaje por la provincia de Zamora no se agota en un solo día ni en una sola pernoctación; una provincia que parece pequeña sobre el mapa ofrece múltiples y dispares visitas sin salir de su territorio. La comarca de los Valles de Benavente, al noreste, regala a la vista el impresionante paisaje del páramo, desde el que se desciende a los amplios valles con cultivos de regadío. Más abajo, la Tierra de Campos zamorana, continuación de la estepa castellana, con extensos horizontes y campos de cereales. El Bajo Duero, en el sureste, con la vega del Duero y paisajes de pequeñas elevaciones. En el oeste y al sur del Duero, Sayago, una plataforma granítica con terreno adehesado y encinares. La enumeración continúa al norte del Duero con Aliste, comarca montuosa y de suelo pizarroso. Además, y de nuevo, Sanabria ofrece su paisaje montañoso y atlántico.

Zamora, un paseo por sus orígenes

Los amantes de la historia tienen una cita con Zamora, donde la importancia de los yacimientos encontrados hace posible repasar el tiempo transcurrido entre el Neolítico y la Primera Edad del Hierro hasta llegar al final del Imperio romano. Un recorrido en el que pueden visitarse desde impresionantes construcciones megalíticas y castros celtíberos hasta los restos de la presencia romana.

Existen aulas arqueológicas que recrean la vida del Neolítico en Morales del Rey, donde se puede visitar un dolmen o sepulcro megalítico, así como en Granucillo de Vidriales, donde se encuentran otros dos sepulcros megalíticos. En Arrabalde, además de otro dolmen, hay un castro en el que fue hallado uno de los más ricos tesoros celtibéricos de la península. En la localidad existe un aula didáctica donde se explica la vida de este poblado prerromano, tal y como sucede en Manganeses de la Polvorosa, localidad en la que se recrea la vida cotidiana de un poblado que estuvo habitado hasta la época romana. También romana es la fuente que puede visitarse en San Pedro de la Viña. 

Pero los asentamientos romanos más importantes se encuentran en Rosinos de Vidriales, donde se encuentran los restos de un campamento romano que albergó a finales del siglo I antes de Cristo la Legio X Gemina, y más tarde el Ala II Flavia, unidad de caballería dedicada a vigilar el comercio del oro extraído  en las minas del norte. Muy cerca, en Santibáñez de Vidriales, se encuentra el Centro de Interpretación de los Campamentos Romanos, que nos permite acercarnos a la vida cotidiana de las legiones.

El Tesoro de Arrabalde fue hallado en el castro de las Labradas, en la localidad de Arrabalde. Este tesoro había sido ocultado por sus pobladores en el transcurso de las guerras contra los romanos que se desarrollaron en el siglo I antes de Cristo. Pertenece a la Segunda Edad del Hierro y está integrado por dos tesoros. El primero consta de medio centenar de piezas de oro y plata, de una gran riqueza formal: torques, brazaletes, pulseras, anillos, fíbulas, pendientes y algunas monedas. El segundo, hallado muy cerca del primero, aportó otras 19 piezas. Ambos pueden verse en el Museo de Zamora.

En Carmarzana de Tera: restos arqueológicos de una villa tardorromana, con estancias decoradas con mosaicos geométricos policromos en buen estado de conservación. Se trata de un conjunto habitacional de cuatro estancias en torno a un patio. Supone un conjunto excepcional dentro de las villas tardorromanas meseteñas.

De "capital" interés 

Como la ciudad histórica que es, la ciudad de Zamora se levanta sobre un cerro estratégico, defendido al sur por el río Duero. En plena Ruta de la Plata, el promontorio albergó la antigua mansión romana de 'Ocelo Duri' y se convirtió en baluarte fronterizo de primer orden en las guerras entre los cristianos del norte y los musulmanes del sur.

Fue en la Edad Media cuando la ciudad de Zamora se erigió en protagonista de la historia de España. Desde la lucha entre musulmanes y cristianos, cuando (en el siglo IX) se convierte en baluarte decisivo de la frontera del Duero, hasta la batalla de Toro (1476), tras la que los reyes Isabel y Fernando ponen las bases de lo que será la futura nación española. Entre ambas fechas Zamora fue repoblada, destruida y fortificada de nuevo en numerosas ocasiones, llegando a poseer hasta tres recintos amurallados. En los siglos X y XI fue sede real y de Cortes, y durante el siglo XI protagonista principal de los hechos que relata el Cantar del Mío Cid. De su importancia nos ha quedado un buen rosario de iglesias románicas, de las muchas que existieron en la ciudad. Otro tanto sucede a la ciudad de Toro, sede del monarca Juan II y lugar de celebración de Cortes castellanas en multitud de ocasiones, o a Benavente, ciudad de los condes duques, título que ostentaron los Pimentel, de gran influencia en la historia de nuestro país. 

Los tres recintos amurallados que la ciudad poseía hicieron que se la conociera como 'la bien cercada'. De ellos se conservan el castillo, diferentes cubos y puertas, así como largos tramos de muralla, algunos de los cuales, convertidos en mirador, nos ofrecen bellas panorámicas sobre el Duero y los barrios bajos zamoranos. 

Del siglo X datan las aceñas o molinos que, recientemente restauradas, se observan en el río, así como el puente de piedra, del siglo XII, y dieciséis arcos apuntados.

Una veintena de templos románicos hacen que Zamora también sea conocida por poseer la mayor concentración urbana de ese estilo arquitectónico en España. Entre todas destaca la Catedral, construida en el siglo XII y cuya cúpula, escamada en piedra y sostenida por un cimborrio de 16 arcos dobles, constituye el icono inconfundible de la ciudad. De sus puertas originales sólo conserva la meridional o Puerta del Obispo, siendo añadida en el siglo XIII una torre maciza de cinco cuerpos con fines defensivos, mientras que el claustro fue reconstruido por completo en el siglo XVII. 

En su interior existen piezas escultóricas y capillas de indudable interés, con tesoros como una magnífica custodia de plata y un retablo del pintor Fernando Gallego. Además, por su enorme valor artístico destacan las rejerías del siglo XVI, la sillería del coro, obra de Juan de Bruselas (siglo XVI) y, dentro del Museo Catedralicio, la espléndida colección de tapices flamencos, auténticas joyas textiles de los siglos XV y XVI.

Otras iglesias románicas de interés son: la Iglesia de San Isidoro, próxima a la Catedral. Iglesia de San Pedro y San Ildefonso que sólo conserva del S. XIII la capilla mayor, un rosetón y el muro sur. El resto corresponde a reformas iniciadas en el S. XV Y finalizadas en el XVIII. Iglesia de la Magdalena con la portada más decorada de toda la ciudad y bajo la cual se administraba justicia en la Edad Media. En su interior se encuentra un singular sepulcro románico. Iglesia de San Cipriano, junto a uno de los mejores miradores, es una de las iglesias más antiguas de la ciudad (S. XI), posee un triple ábside cuadrado y conserva la puerta sur original, así como interesantes capiteles interiores.

Iglesia de Santa María la Nueva, originalmente de principios del S. XI fue destruida por un incendio fruto de una insurrección popular y reconstruida a finales del S. XII. Destaca su ábside semicircular. Iglesia de San Juan de Puerta Nueva (S. XII) Sobre la puerta sur destaca un rosetón de rueda que se ha convertido en símbolo característico del románico zamorano. En su interior, la bóveda de piedra fue sustituida por un bello artesonado de la madera del S. XVI. Iglesia de San Vicente, aunque en su interior presenta amplias reformas, conserva una llamativa portada y la torre románica más esbelta de la ciudad. 

Iglesia de Santiago el Burgo, una de las que mejor conservan su construcción original con una nave central de altura, bóveda de cañón e interesantes capiteles. 

Tiene especial valor la portada sur en la que dos arcos gemelos sustentan un capitel central suspendido y sin sujeción. 

Otras iglesias románicas de la ciudad son la Iglesia de Santa María de la Harta con fuerte influencia del gótico primitivo y capiteles de rica y variada decoración. Iglesia de Santo Tomé, de San Claudio de Olivares, San Esteban. 

Sin embargo, otros monumentos destacan en Zamora: son la Iglesia de San Andrés (s. XVI, construida sobre un antiguo templo románico), el antiguo edificio de la Diputación, construido en el s. XIX en estilo neorrenacentista, el Parador de Turismo o Palacio de los Condes de Alba de Aliste (principios del s. XVI) con un magnífico patio cuadrangular de arcos de dos pisos, el Hospital de la Encarnación o actual sede de la Diputación (s. XVII) con sobria fachada y patio clasicista, Ayuntamiento Viejo en la Plaza Mayor (s. XVI) donde se aprecia una fachada de doble arquería decorada con escudos y armas de la ciudad o el Palacio de los Momos (sXVI), actual administración de Justicia, del que sólo se conserva la fachada gótica. 

La ciudad de Zamora ofrece a los visitantes interesantes conjuntos urbanos como la pintoresca calle de Balborraz que da acceso desde la Plaza Mayor a los barrios bajos o la Plaza de Sagasta en torno a la cual y sus calles cercanas se concentra una interesante representación de edificios de principios del siglo XX, modernistas. 
No en vano, Zamora forma parte de la Red Europea de Ciudades del Modernismo con 19 edificios de este estilo. 

Los alrededores de Zamora complementan la visita a la capital con un patrimonio digno de ser visitado. Arcenillas, en su iglesia parroquial, expone un magnífico conjunto de 11 tablas pintadas en 1494 por Fernando Gallego que proceden del antiguo retablo mayor de la Catedral de Zamora. Los temas representados se refieren a pasajes de la vida de Jesús. 

Casaseca de las Chanas. Su iglesia parroquial, entre el gótico y el renacimiento, posee un retablo manierista de gran calidad, obra de Juan Ruiz de Zumeta. La Hiniesta, cuenta con una de las escasas iglesias góticas de la provincia, en la que destaca su pórtico muy decorado. El lunes de Pentecostés se celebra aquí una de las romerías más singulares de la provincia. Molacillos, su iglesia parroquial es un ejemplo único del barroco levantino en estas tierras.


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