Zamora - Las Lagunas de Villafáfila, espacio natural
Castila y León
Este magnífico espacio natural, fue protegido en 1986, bajo la categoría de Reserva Nacional de Caza, en la actualidad está clasificado como Reserva Natural. Sus casi 33.000 hectáreas albergan una impresionante riqueza y diversidad de especies animales.
Els Blaus de Roses

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El espacio protegido.

Este magnífico espacio natural, fue protegido en 1986, bajo la categoría de Reserva Nacional de Caza, en la actualidad está clasificado como Reserva Natural. Sus casi 33.000 hectáreas albergan una impresionante riqueza y diversidad de especies animales, sobre todo de aves, que ha traspasado nuestras fronteras. Siendo incluido dentro del catálogo de Zonas de Especial Protección para las Aves por la UE y estando la zona lagunar incluida en el convenio internacional de RAMSAR.

Localización.

Las lagunas se encuentran al Noreste de la provincia de Zamora, entre Tapioles, Villafáfila y Villarrín de Campos. La Reserva incluye los pueblos de: Revellinos, San Agustín de Pozo, Cerecinos de Campos, Tapioles, Villarrín de Campos, Manganeses de la Lampreana, Villárdiga, Villalba de la Lampreana, Cañizo y San Martín de Valderaduey. Podemos acceder a Villafáfila desde Villalpando, done nace una carretera local que llega a Tapioles, y desde Cerecinos de Campos y San Esteban del Molar, partiendo de la autovía A-IV.

El paisaje.

El espacio incluye dos tipos de paisajes característicos, las lagunas salitrosas y la pseudoestepa cerealista. Ambos sujetos a importantes variaciones estacionales, el primero porque es desecado por el abrasador sol del verano castellano y el segundo porque está sujeto a las labores del campo.

Las lagunas son poco profundas y su origen fundamentalmente es del agua de lluvia y de las aguas subterráneas. La llanura cerealística está dedicada al cultivo de cebada, trigo y avena, habiendo sido el paisaje modelado por la concentración parcelaria que ha supuesto la eliminación de linderos, del matorral y del arbolado, que suponían un magnífico refugio para una gran variedad de fauna.

Las aves acuáticas.

Las lluvias otoñales y los fríos del norte de Europa traerán a las lagunas infinidad de especies de aves acuáticas, recobrando la reserva una vida inusitada que harán las delicias de los observadores de aves, y del simple ciudadano de a pie.

Ya en los últimos días de octubre si aguzamos el oído y la vista, a ser posible empleando unos buenos prismáticos, podremos observar y escuchar a los bandos de anátidas en curiosas formaciones en uve. Pero de entre todas ellas, la especie emblemática de las lagunas es el escandaloso Ansar Común, que vendrá todos los inviernos acompañado por su pariente, el Ansar Campestre, mucho menos numeroso, pero llegando a sumar entre ambos más de 30.000 individuos, en los mejores años.

Otro grupo muy importante aunque en las épocas de paso migratorio y de cría, son las aves limícolas. Estas se caracterizan por sus largos y finos picos y patas, que les permiten explorar las zonas fangosas donde se alimentan.

Avaturda "Otis tarda" - C. Sánchez
Las aves esteparias.

En los campos que circundan las lagunas, prestando un poco de atención, veremos a lo lejos a uno de los habitantes que pasarán todo el año en la reserva, la Avutarda. Especie que presenta en este espacio, una de las mayores densidades del mundo. Nos llamará la atención sus grandes dimensiones, para ser un ave voladora, y al igual que otras aves esteparias de mucho menor tamaño que encontraremos, como el Sisón, el Alcaraván, la Ortega y la Ganga, es de colores parduzcos apagados ideal para camuflarse entre los terrones de los campos y en los cultivos de cereal.

Actividades y culturas

Son numerosos los pueblos y culturas que han habitado la reserva de las que han sobrevivido al paso de los siglos numerosas muestras. Encontrándose restos de la época Calcolítica y de la Edad del Bronce (3.000-1.700 a. C.), de la edad del hierro (s. VII-II a. de C.), de pobladores visigodos, romanos, y así hasta nuestros días.

Desde siempre la sal ha sido el principal atractivo de la zona, siendo explotada de forma masiva en la edad media, principal causa de su agotamiento y posterior abandono.

Otra de las actividades practicada durante siglos ha sido la cría de palomas, en algunas épocas para practicar el famoso tiro al pichón, pero sobre todo para el consumo de su sabrosa carne. De esta tradicional usanza nos queda una de las señas de identidad de la arquitectura popular de la reserva, los palomares de adobe y tapial.

Hoy en día la principal actividad económica es el cultivo de cereal. Como actividad complementaria destaca la ganadería ovina, dedicada a la producción de carne y leche para la elaboración de sabrosos quesos.

Recorrido.

Antes de ponernos en ruta debemos tener presente que nos encontramos en un espacio protegido, y que algunas especies que habitan en él están en peligro de extinción, por lo que debemos respetar los límites de observación, sin salirnos de los itinerarios marcados, evitando en todo momento cualquier molestia a las aves.

Ansares - C. Sánchez
En este recorrido además del paisaje y la fauna de la reserva podremos disfrutar de las diferentes muestras de la arquitectura tradicional, aprendiendo un poco más sobre la historia y la forma de vida de sus gentes, ligada desde siempre a las lagunas y al cultivo de cereal.

Comenzaremos en la localidad de Tapioles, cuyo nombre hace referencia a la palabra tapial, elemento básico junto con el adobe, con el que se construían los recios muros de las viviendas y de los típicos palomares de los alrededores. Ambos elementos no son más que barro y paja, elaborado por las curtidas manos de los lugareños, que dan un encanto especial a estas construcciones, quedando perfectamente integradas en el paisaje. En su iglesia, construida sobre las ruinas de una anterior medieval, conserva aún un bellísimo retablo barroco y diversas piezas que pudieron salvarse.

Desde aquí nos dirigimos en dirección a Villafáfila. Durante este trayecto nos detendremos en la entrada de alguno de los caminos de concentración de nuestra derecha para desde allí intentar divisar con ayuda de los prismáticos y si es posible con un telescopio terrestre, algún grupo de avutardas. Mientras a la izquierda veremos en contraste con el reflejo de la lámina plateada de la laguna de Barillos, la silueta de los gansos alimentándose en las praderas encharcadas.

Enseguida llegaremos al Centro de Interpretación de la Reserva, visita obligada para cualquier excursionista. Ubicado en un bonito edificio que imita en su aspecto a un palomar. En su interior podremos adquirir una visión tanto del medio humano como del natural que nos rodea, a través de los magníficos recursos audiovisuales de los que dispone.

Parque de Fauna
En sus alrededores seguimos el recorrido propuesto por los diferentes observatorios que están dispuestos en el borde de una pequeña laguna, desde los que podremos contemplar e identificar sin ser vistos, a las diferentes especies de aves.

En sus alrededores nos dirigimos a Villafáfila, localidad cuyo nombre no se sabe si se debe a un personaje visigodo llamado Favila o procede de las palabras romanas favilla salis, sal fina. De su esplendoroso pasado en el que llegó a contar con un monasterio, un castillo con cerca y hasta 10 iglesias, sólo queda una, la Iglesia de Santa María, del siglo XV, que aunque reformada, conserva en su interior un magnífico retablo del siglo XVI. En sus alrededores encontraremos numerosos palomares de diversa tipología.

Desde aquí nos dirigimos hacia la laguna Salina Grande para visitar un modesto puente de posible procedencia romana, de sillería con tres arcos. A partir de ahora con los prismáticos en mano, estaremos alerta ya que esta parte del recorrido es ideal para la observación de aves. Así en las praderas encharcadas podremos observar diferentes especies de limícolas, en las zonas de la laguna a las anátidas, y en los campos de cultivo a la impresionante Avutarda entre otras aves esteparias. ¿Qué más se puede pedir?

Bordeando la laguna llegaremos a Otero de Sariegos, pequeño pueblo de paja y barro, donde ya sólo un par de personas, comparten los tejados de sus viviendas con los simpáticos mochuelos, y con una de las joyas nuestra avifauna, el Cernícalo Primilla, que llegará todas las primaveras de sus zonas de invernada africanas para criar en la Reserva. En Otero se encuentra el observatorio de naturaleza, que dispone de telescopios, que nos ayudarán a diferenciar las especies que encontraremos en la Laguna Grande.

Desde aquí salimos a la carretera que nos conducirá a Villarrín de Campos. Justo antes de llegar a esta localidad, junto a la gasolinera, se encuentra una pequeña laguna, la de San Pedro donde los más ambiciosos podrán disfrutar unos minutos más de la observación de aves. El principal atractivo de Villarrín, Villa Regini allá por el año 1042, son sus palomares, la mayoría de planta circular y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, que conserva un magnífico retablo de la misma época. Sin duda habrá sido un día agotador pero lleno de satisfacciones, que nos habrán abierto el apetito, por lo que no nos vendrá mal recuperar fuerzas, con unas buenas tapas de queso de oveja de Tapioles o de Villarrín de Campos.
Aguilucho cenizo "Circus pygargus" - C. Sánchez

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