Zamora - Aliste, Tábara y álba, naturalmente bellas
Castilla y León
Las comarcas de Aliste, Tábara y Alba constituyen un caso excepcional de conservación de cultura tradicional en nuestro país: lo que algunos ya han denominado el paraíso de los etnógrafos.
Els Blaus de Roses

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ARTE. CINCO MIL AÑOS DE CREACIÓN

Desde las primeras manifestaciones prehistóricas en distintos abrigos, cuevas castros o santuarios, como los de Santa Eulalia de Tábara. Rabanales o San Cristóbal de Aliste, hasta el siglo XX, las distintas épocas sembrarían, durante más de 5.000 años, estas tierras de obras artísticas. La época romana y la edad media dejaron aquí obras de gran valor artístico, tanto en la arquitectura como en la escultura y la pintura. Buena muestra de ello es el medieval castillo de Alba, baluarte frente a las intrusiones lusas de aquella época. La Edad Media nos dejaría también joyas como la Iglesia de Tábara, asentada sobre los restos del Monasterio de San Salvador, del que saldría el valioso Beato de Tábara, o el convento de San Francisco, en Alcañices, obra franciscana del siglo XVI. De esos albores renacentistas llegó también hasta Gallegos del Río el crucifijo del siglo XVI, de dos metros de altura, que reproduce las formas y postura del Cristo de las Injurias de la Catedral de Zamora. El siglo XVII dejaría en estas tierras ricas obras de platería religiosa, como la valiosísima cruz parroquial de plata de Pobladura de Aliste, y las no menos interesantes de Fonfría, Fornillos de Aliste y Cerezal. Poco después, en el siglo XVIII, aparecerían obras como el singular retablo mayor de la Magdalena en Villarino Manzanas, obra única con relieves de tipo narrativo.

Iglesia de Tábara
ARTESANÍA. EL VALOR DE LA IDENTIDAD

Estas tierras fronterizas, olvidadas por la industrialización, han podido conservar durante siglos sus manifestaciones artesanales como un verdadero pasaporte que las identifica en cualquier rincón.

Los bordados de Carbajales, del siglo XVI, y plasmados en el traje carbajalino, se han convertido ya en la seña de identidad de nuestra provincia. Este traje, que ha representado a Zamora durante 200 años en los festivales internacionales, consiguió el máximo galardón en el Primer Festival Folklórico Mundial Baviera-85.

La capa alistana, austera y elegante, la misma que es utilizada como túnica exclusiva de una de las procesiones de la Semana Santa de la capital zamorana, aún es confeccionada en estas tierras y vestida por sus pastores.

Más hacia la frontera, Moveros ha llenado el territorio nacional de inigualables piezas de cerámica, cuyos orígenes se remontan al siglo XIX, aunque sus formas también recuerdan las de la cerámica visigoda. En esta localidad se modelan piezas de color dorado, utilizando para ello un barro especial que está considerado por muchos alfareros españoles como una de las mejores pastas cerámicas de la Península. Pero son muchas las manos que, fuera de estas dos localidades, aún mantienen una estrecha relación con sus piezas únicas. Juan Caballero, en Bercianos, con sus capas alistanas; Leovigildo Santamaría, en Ferreras de Abajo, con sus gaitas, zanfonas e instrumentos tradicionales; Jacinto del Buey, en Figueruela de Arriba, con sus relojes de sol tallados en piedra; Simón Leal, en Trabazos, con sus tallas a partir de raíces y cepas de vid; José Folgado, en Olmillos de Castro, con sus romanas en forja y Alejandro Crespo, en Pobladura de Aliste, con sus miles de escudos heráldicos tallados en piedra.

Procesión del Viernes Santo, Bercianos de Aliste
FOLKLORE Y CONSTRUCCIONES TRADICIONALES. LA ISLA DEL TESORO

Las comarcas de Aliste, Tábara y Alba constituyen un caso excepcional de conservación de cultura tradicional en nuestro país: lo que algunos ya han denominado el paraíso de los etnógrafos. En estas comarcas, los verdaderos tesoros se encuentran en los campos y en las manos de sus habitantes. Es este un auténtico museo al aire libre de construcciones tradicionales que, durante siglos, han servido a estas nobles gentes para vivir en armonía con el medio que les rodea. Entre puentes de piedra, molinos, palomares, cortinas de pizarra y balconadas ha surgido el sagrado folclore de los antepasados. Romerías fronterizas como las de la Ribeiriña y la Luz, donde portugueses y españoles se hermanan e intercambian sus productos, su alegría y su fe. Fiestas participativas, como la de Los Carochos o la del Tafarrón, que corre detrás de todo el pueblo entre el ruido de los cencerros y los palos amenazantes. Otras, de origen teatral, como El Auto de los Reyes Magos, a veces con textos del siglo XVIII, y La Cordera, piezas que aún hoy son representadas en el interior de la iglesia, durante la eucaristía. Otras se pierden en el origen de los tiempos, como la Güera y el Toco, con el fuego como centro de atracción.

GASTRONOMÍA. UNA DESPENSA EN LOS CAMPOS

Hablar de gastronomía en Aliste, Tábara y Alba es hablar de una tradición culinaria basada en los nobles productos que estas tierras han venido dando desde hace siglos. Es hablar de guisos de carne caseros, que en los días de fiesta o de boda se hacen más y más suculentos. Es hablar de dulces artesanales e inigualables, como los almendrados de Villardeciervos, inseparables de los aguardientes caseros allí también destilados y que tanto cruzaron la frontera en tiempos pretéritos. Mientras tanto, en Alcañices destacan por su exquisitez el tradicional Bollo Marimón y los Borrachos. La carne de ternera alistana es, sin embargo, la protagonista principal de la gastronomía de estas tierras. Su origen y calidad están controlados mediante una Marca de Garantía. El resultado es una de las más deliciosas y sanas carnes de ternera de nuestro país, envidiablemente tierna incluso en piezas asadas de gran grosos, y dotada de un sabor y textura inolvidables.

Mientras tanto, el pan ha servido de merecido símbolo, durante décadas, a la localidad de Carbajales de Alba, productora de unas envidiables hogazas que bien pueden rivalizar con los mejores panes peninsulares. Para endulzar la repostería casera, la naturaleza le concedió a estas tierras el privilegio de la miel oscura de brezo, oro negro de estas comarcas que también han sabido sacar provecho de los olivos de sus laderas fronterizas, obteniendo un vigoroso aceite de oliva virgen cuyo aroma penetra en los sentidos como perfume antiguo y exótico.

FAUNA

Las comarcas de Aliste, Tábara y Alba, escasamente pobladas por los humanos, se han convertido, sin embargo, en un excelente refugio para multitud de especies animales que en nuestra Península se hayan al borde de la extinción o son difíciles de ser avistadas. Aves como el alimoche, el buitre, la cigüeña negra y la garza planean con solemnidad sobre el gran cañón de los Arribes del Duero. Las aguas de los ríos y arroyos alistanos aún sienten el ligero peso del pie de la nutria, mientras en los sembrados sobrevuelan al águila real y el búho real, o el Martín pescador sobre los ríos. Entretanto, la mayor población de lobos de todo el Continente recorre los senderos de la Sierra de la Culebra, junto a los ciervos y los corzos.

DEPORTES

Practicar un deporte en un espacio tan limpio como estas tres comarcas se convierte en un privilegio. Hoy en día la caza sigue siendo el polo principal de atracción en la Reserva Nacional de Caza de la Sierra de la Culebra, donde la captura de los mayores ciervos de la Península y del lobo está regulada por subastas. Fuera de esta zona especial, 123 cotos de diferente propiedad permiten la caza de otras especies como la perdiz, el conejo, el jabalí y el corzo. La pesca en los limpios embalses y ríos de la zona nos ofrece la oportunidad de llevar al cesto especies como las truchas, cachos, gobios, barbos, bogas, carpas, tencas, lucios y la rana común. Esas mismas aguas embalsadas son el espacio perfecto para la práctica de diferentes deportes náuticos, mientras los amantes de la montaña pueden practicar el senderismo por las múltiples riberas y caminos de la comarca que, hacia la frontera portuguesa, se abre a otro mundo de intercambio y descubrimientos.

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