Tahití, Isla de Moorea y Bora Bora
Tahití
Moorea ha sido escogida por gran número de pintores, escritores y artistas contemporáneos como la isla de sus sueños. Bora Bora es, sin duda, la Perla del Pacífico, porque enamoró a los primeros exploradores con una orografía que se sale de lo común
Els Blaus de Roses

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En la otra cara del mundo, en el Pacífico Sur, Tahití y sus islas se esparcen sobre una superficie marítima tan grande como Europa, de cuatro millones de km2. Esto nos da una idea de la diversidad de paisajes y contrastes naturales y culturales que se plasman en cada uno de sus cinco archipiélagos: las Islas de la Sociedad, volcánicas y ensoñadoras, con las míticas Tahití, Moorea y Bora Bora; las Islas Tuamotu, compuestas por 76 exóticos atolones coralinos; las Islas Australes, conocido punto de observación de ballenas jorobadas en verano; las Marquesas, de relieves atormentados y una autenticidad intacta; y las remotas Gambier, aún fuera de las rutas turísticas. Hoy ponemos rumbo a las islas con nombres tan evocadores como Tahití, Moorea, Bora Bora…Todas ellas conforman el triángulo más deseado de los Mares del Sur.

Isla de Moorea. (Archipiélago de la Sociedad)

La isla hermana está a tan sólo 17 km de Tahití y muy bien conectada por un ferry de media hora. Moorea ha sido escogida por gran número de pintores, escritores y artistas contemporáneos como la isla de sus sueños. No es de extrañar, pues su preservado medio ambiente de cumbres verdosas y blancas playas le dotan de uno de los paisajes más bellos del Pacífico. Una tierra fértil y un clima con una temperatura media de 26ºC durante todo el año son el secreto de su cuantiosa vegetación, donde crecen exultantes los árboles del pan, cocoteros, mangos, las papayas, piñas y los bosques de castaños.

Piscina. ©Hilton Moorea Lagoon Resort
En el camino de la costa noreste que lleva a la bahía de Cook nos cruzamos con jardines de múltiples colores y dos símbolos de la cultura tahitiana, las gardenias Tiare, que todas las mujeres usan para decorar sus facciones, y los petroglifos de Tefaarahi, vestigios mudos de su pasado.

Desde el mirador Belvedere, se ven converger dos bahías majestuosas, la de Cook y la de Opunohu. El famoso navegante y explorador James Cook arribó aquí por primera vez en 1777, y se quedó prendado por el paisaje.
Uno de los “ineludibles” para los amates de las emociones fuertes es la escalada a la montaña agujereada Mou’a Puta, “no apta para quienes padezcan vértigo”. Atraviesa maleza, helechos y castañares tahitianos antes de alcanzar una catarata doble y la esperada cima.

Además del senderismo y el turismo verde, los deportes acuáticos y el golf son otros de los atractivos de Moorea. Posee un delfinario donde nadar con estos mamíferos, el Dolphin Center de Moorea, que ha sido recientemente distinguido con la certificación internacional Green Globe, como reconocimiento a su apuesta por el turismo verde. El centro está ubicado en el Intercontinental Moorea Resort & Spa y es la primera entidad de Tahití y sus islas que ha conseguido el sello verde.

De regreso a Tahití, desde su aeropuerto se puede volar a 41 islas y atolones, alguna tan recónditas que es necesario más de 4 horas de trayecto; otras más cercanas, a las que se llega en menos de media hora. También hay compañías de alquiler de aviones y avionetas privados, así como una compañía de helicópteros que ofrece vuelos panorámicos por diferentes islas.

Vista de Bora Bora. © T.Mckenna. Tahiti Tourisme
Isla de Bora Bora. (Archipiélago de la Sociedad)

Bora Bora es, sin duda, la Perla del Pacífico, porque ya en el siglo XVIII enamoró a los primeros exploradores con una orografía que se sale de lo común y rompe los esquemas de lo que generalmente entendemos por una isla. Su núcleo es de origen volcánico y está coronado por el monte Otemanu, de intensos verdes que contrastan con la laguna que le rodea. Estas aguas poco profundas de intensos turquesas están resguardadas de las mareas del océano por un anillo de coral que sale a la superficie en forma de pequeños islotes (llamados motus en tahitiano), donde se encuentran engarzados los resorts internacionales, con sus famosos bungalows sobre el agua construidos a base de maderas de las islas y bambú, que se integran perfectamente en el paisaje. Muchas de estas lujosas cabañas tienen placas de vidrio en el suelo para poder ver la fauna marina desde la cama. Y por la mañana, disponen de un servicio de habitaciones que te acerca el desayuno en piragua.

Una de las excursiones imprescindibles es hacer un tour en barco por la laguna interior, de intensos turquesas, para ir al encuentro de las mantas rayas y bañarse con ellas. Aunque no lo parezca, son cariñosas e inofensivas. Al darles de comer, un gran número de animales marinos se arremolinan alrededor de nosotros, y su cercanía produce sensaciones indescriptibles. La experiencia se completa con un picnic-gourmet con langosta y champán en alguno de los paradisíacas y desiertas playas de arena blanca.

Bucear en Bora Bora es otra de las actividades estrella debido a la maravillosa diversidad de su vida marina, tanto dentro de la laguna como en mar abierto. Sólo se requiere unas gafas y unas aletas para disfrutar de espectaculares formaciones coralinas, como las de la variedad cerebro, cuerno de ciervo o de fuego.

Eco snorkeling (Diveasy) en Bora Bora
La empresaDiveasy ha desarrollado el primer recorrido interactivo bajo el agua en Bora Bora llamado “Eco Snorkelling”. Este sistema único, accesible a todo el mundo permite combinar la experiencia del snorkel con una audio-guía con música y comentarios sobre la flora y la fauna de Bora Bora mientras se recorren los corales con un sinfín especies de esponjas, crustáceos y peces de mil colores como los mariposa, doncella, damisela, jureles, salmonetes de roca, percas, doradas, barracudas e incluso pequeños tiburones de punta negra.


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Hay más capítulos de este reportaje:
Cap. 1 Tahití, Isla de Moorea y Bora Bora
Cap. 2 Tahití, guía práctica



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