Soria, ni te la imaginas
Castilla y León
Bienvenido a Soria. A la Soria románica, renacentista y barroca, a la de los poetas, a la del Duero. Bienvenido a una ciudad tranquila y sosegada.
Els Blaus de Roses

castilla y león, soria, ni te la imaginas

CABREJAS DEL PINAR

Histórico pueblo guardado por castillo fuerte, propiedad del Cabildo de Osma y luego del Obispo a partir de 1580. Conserva aún la torre del Homenaje y algún maltrecho lienzo de la muralla. Por aquí cruzó Almanzor la Sierra de Cabrejas, concretamente por la senda del Despeñadero. Como testimonio de su importancia conserva el rollo, que nos informa de su personalidad jurídica como cabeza de Comunidad de Villa y Tierra.

En arquitectura hay que destacar, además de las ermitas de la Blanca y Santa Ana, la iglesia parroquial de San Millán, de estilo barroco. Posee además algunas casas pinariegas. También hay piscinas. Lo más interesante son los bosques. Por un lado está el de sabinas, conocido como El Enebral, que proporciona una valiosa cobertera vegetal de inestimable valor ecológico, sobre todo por la escasez de estas cupresáceas a nivel mundial. También tenemos extensos pinares, predominando el pino albar, si bien también hay buen número de negral o resinero y de pino pudio o negro. La belleza de los parajes que esconden estos bosques ha llevado a la asociación juvenil y cultural “Pelendonia” a elaborar un itinerario de rutas a pié y en bicicleta, todas ellas señalizadas debidamente.

Cocina tradicional en Cabrejas del Pinar
NAVALENO

Por la carretera de Burgos, atravesando el puerto del Mojón Pardo, o bien por la red de pistas asfaltadas que comunican los pinares, llegamos a Navaleno. La historia de este lugar gira en torno al pino y a la carreta. La dedicación a la carretería fue uno de los principales medios de vida en toda la zona y fue protegida y privilegiada desde antiguo con Reales Cédulas, como la de 1636 que concede en premio a los  servicios prestados a la corona a los vecinos de San Leonardo, Arganza, Vadillo, Casarejos y Navaleno, los beneficios de la Real Cabaña de Carreteros. Destacan entre éstos la exención del servicio militar, que en el fondo se compensaba con el indispensable abastecimiento de los ejércitos del Rey. El pino fue otra fuerte de ingresos fundamental. Carlos IV autoriza la tala de 400 pinos anuales para repartir entre los vecinos como complemento a la economía de esta tierra de duras condiciones de vida. Es lo que será la suerte de pinos.

De la arquitectura de Navaleno sobresale como edificio más notable la iglesia parroquial de San Esteban Protomártir, bendecida en 1658 por el prelado de Osma, que fue también Virrey de Méjico, el Obispo Palafox. Conserva también alguna casa de las llamadas pinariegas.

Sin lugar a dudas donde más posibilidades de ocio tiene el municipio es en su privilegiado medio natural poblado de pino albar, negral y laricio. Hacia cualquier dirección encontraremos parajes de incomparable belleza como Vallejondo, Cova  la Loba, Junta de los Tres Valles o las fuentes del Robellano, del Botón, de la Chorlita o la de la Dehesa Nueva, entre otros muchos. Son de gran interés las tradiciones populares y las fiestas, sobre todo las de la Asunción y San Roque, del 14 al 18 de agosto.

SAN LEONARDO DE YAGÜE

Esta villa se sitúa en el cruce de caminos de las vías que comunican Burgos con Soria y los pinares con El Burgo de Osma. Los restos de arquitectura más antiguos que se conservan son los de la iglesia románica porticada del vecino poblado de Arganza, del siglo XI-XII. En San Leonardo, a modo de entrada, aún resiste los embates del tiempo El Arco, único testigo en piedra de la existencia de murallas. En el siglo XII la familia Pardo, apoyando la política de Alfonso VIII, construyó un hospital.  El Rey, en recompensa por los servicios prestados le hizo beneficiaria de los rendimientos del citado lugar de Arganza.

Están estas tierras bajo jurisdicción del Abad de San Pedro de Arlanza hasta que en 1562 Felipe II se las vende a Juan Manrique de Lara, que fundará un mayorazgo y edificará un castillo fuerte abaluartado, primero en su género en España, cuyo recio talud artillero todavía se conserva. Es este un buen exponente de la ingeniería militar del Renacimiento, que incorpora nuevos elementos de defensa ante la generalización de las armas de fuego. Aún se pueden ver los restos de una portada dispuesta en un arco adintelado sobre columnas fajadas, al estilo de la última tendencia del arte italiano del siglo XVI, el Manierismo. La presencia de un castillo como este por estos lares no debe sorprendernos, pues Juan Manrique de Lara, entre otros muchos méritos, tenía los de haber sido Capitán General de Artillería y Virrey de Nápoles.

La arquitectura popular se ve enriquecida por la construcción de buenas casas, algunas de sabor vasco. Como dos que se conservan en la calle de la Fuente, de los siglos XVIII y XIX, con sendos balconajes corridos de madera sobre espolones. Además de las siete ermitas que tuvo la villa, muchas hoy desaparecidas, se construyó la iglesia parroquial dedicada al Santo Patrón. Fue totalmente rehecha en el siglo XVII siguiendo la sobriedad herreriana si bien aún conserva el estilo del último gótico en el que fue concebida a principios del siglo XVI, la portada abocinada de arco de medio punto a base de numerosas arquivoltas que se prolongan por las jambas para descansar en las basa poligonales. En el interior se guarda un magnífico torso en madera de Cristo como Ecce Homo, atribuido a uno de los mejores castellanos: Gregorio Fernández.

El marco natural de San Leonardo es incomparable. Está atrapado entre las maravillas del Parque Natural del Cañón del Río Lobos y las de la Reserva Nacional, con una diversidad biogeográfica que engloba amplio número de especies animales y vegetales. Además de la obligada visita al Cañón, en las cercanías de la villa se puede descansar en merenderos y fuentes como Cuevas de la Hiedra, San Cristóbal, la fuente del Tío Briones o la de La Gitana, dotada con un complejo de piscinas municipales.

CIDONES


Es esta localidad la que abre la ruta, situada en la encrucijada de las carreteras de Burgos y Vinuesa. Se piensa que su origen, común al de Villaverde y Ocenilla, está en unos asentamientos al norte del pueblo -La Losa, La Serna y El Santo- que dependían del caserío de Mallumbre.

Aquí comenzó el poeta Antonio Machado la Ruta de Alvargonzález, descansando en la Venta. Cerca de ella, en la misma carretera, hay varias casas de las llamadas de “Indianos” o hijos del pueblo que regresaron de América con grandes fortunas. Estos mismos fundaron en Buenos Aires la sociedad filantrópica Hijos de Cidones y donaron la fuente de la plaza en 1913. Hay una calle dedicada a una abuela, María de las Candelas, que con su buen hacer panadero deleitó a los vecinos. Todavía se ven por las calles restos de los aperos o útiles tradicionales de la agricultura y la ganadería, como un potro para herrar el ganado. Uno de los mayores atractivos es el monte, donde predomina el roble rebollo y especies cinegéticas como liebres, conejos, perdices, jabalíes, corzos y ciervos, estas dos últimas en continuo ascenso.

Al sur se alza imponente la Sierra de Cabrejas, con el pueblo de Ocenilla a sus pies, tierra de leyendas como la del caño la Mora o El Huerto del Moro. Si subimos allí, a los dominios del buitre leonado, encontraremos los restos de un poblado celtibérico fortificado, con indicios de ocupación romana y visigoda.
Naturaleza. Cidones

VILLAVERDE DEL MONTE


Es Villaverde del Monte pueblo que hace honor a su nombre por su emplazamiento y lo frondoso de su vegetación. Aquí nació García Moreno, presidente del Ecuador, asesinado en Quito en 1875. De sus buenas casas de piedra destacan dos, a ambos lados de la carretera de Burgos que atraviesa el pueblo. La de la derecha, hoy hotel, es un buen ejemplo de la arquitectura pinariega con balconada de madera. La de la izquierda es una casa solariega con portada del siglo XVI, plenamente renacentista, conseguida a partir de un arco de medio punto con el dovelaje recuadrado, flanqueado por dos balaustres, sobre el cual se abre una ventana. En las enjutas del arco, los escudos nos informan de la familia que la hizo, los morales, de los Doce Linajes de Soria. Por encima de las dos se levanta el curioso cimborrio octogonal de la iglesia.
Iglesia de Villaverde del Monte

HERREROS


La Sierra de Cabrejas nos guía hacia el oeste dejándonos ver profundas oquedades en sus paredones calizos, como el “Agujerón”, cueva con la entrada circular, y cresterías y cornisas sinuosas que a veces parecen describir formas de animales, como el Pico del Águila. Estamos ya en Herreros. Podemos disfrutar aquí de todas las posibilidades de ocio que ofrecen el Pantano de la Cuerda del Pozo con sus merenderos y playas y la creciente infraestructura hostelera. Tiene el pueblo tres ermitas, como tres eran las entradas: en la de Soria, San Roque, protector contra la peste; en la de Burgos, San Andrés y por último la de la Soledad que amparaba al viajero que se adentraba en el monte hacia La Muedra y Vinuesa. Cuenta además la población con la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, erigida a mediados del siglo XVI, de planta de cruz latina de una sola nave cubierta con bóvedas de crucería estrellada, pórtico, torre a los pies y sacristía añadida en el barroco. En los siglos XVIII y XIX fueron famosas varias familias de la zona por dedicarse a la talla de retablos. Una de las actividades que definió al pueblo fue el trabajo del hierro; hasta hace poco resonaban en el lugar los golpes metálicos de los martillos y los mazos contra los pesados yunques que salían de los calores de las fraguas donde se forjaban las piezas necesarias, sobre todo, para las carretas de la Cabaña Real de Carreterías de la Hermandad de Soria-Burgos.

Hay además agradables paseos a la sombra de los álamos por los caminos de los huertos y la Fuente Vieja, o por le Egido, bosque comunal adehesado de robles centenarios. El Cerro Maravilloso, ofrece una incomparable vista de los pinares y de las Sierras de Cebollera y Urbión, sin tener que hacer grandes esfuerzos para llegar hasta él.
Pantano de la Cuerda del Pozo en Herreros

ABEJAR


Abejar está emplazado en la solana de una loma que se protege de los fríos vientos del invierno. Se conoce como la Puerta de los Pinares, y desde aquí podemos iniciar varias rutas por el corazón de la Soria Verde. Tiene todos los atractivos derivados de los extensos bosques de pino albar a lo que hay que sumar el disfrute del pantano de la Cuerda del Pozo, con áreas recreativas como la Playa Pita.

Aquí podemos ver ya ejemplos de la arquitectura popular típica de la zona, la casa pinariega. De los edificios en piedra destaca la iglesia parroquial, de las mejores del gótico soriano, consagrada a San Juan Bautista. Es este un templo columnario bien proporcionado de tres naves de igual altura, sin crucero, con coro en alto a los pies y torre construido hacia 1627 sobre otro anterior del siglo XVI del que conserva la cabecera y la portada, que entra de lleno –esta última- en los cánones impuestos por el Renacimiento. El exterior es de buena sillería de arenisca de color oscuro que le da su singularidad. Tiene además la ermita de Nuestra Señora del Camino, edificio del siglo XVIII construido sobre otro más modesto de finales del siglo XV o principios del XVI en el que durmió una noche Sta. Teresa de Jesús en su camino hacia Soria en 1581. Es este lugar de tradiciones de rancia solera, como La Barrosa, ritual mítico del martes de carnaval.
Iglesia en Abejar

VINUESA


Se piensa que esta bella villa, conocida como la Corte de los Pinares, coincide con el emplazamiento del Visontium de los Pelendones del que habló Ptolomeo. En todo caso, lo que sí que está claro, es la presencia del poder de Roma, que deja como testigos dos obras de la alta ingeniería del Imperio, el puente que cruzaba el Duero –hoy Pantano de la Cuerda del Pozo- y la calzada, que partiendo del mismo, conduce hasta Molinos. Allí se ve aún una estela conmemorativa de la construcción de la vía. Este puente va a ser de vital importancia, por aquí cruzará la Cañada Real Galiana.

Fiesta Virgen del Pino en Vinuesa
La historia ha dejado un legado de inestimable valor arquitectónico en la villa. En el siglo XVI quedó configurada la Plaza con el Palacio de los Carrillo, incendiado en la guerra de la independencia por los franceses; la Casa Concejo, el Arca de Misericordia, ambos también desaparecidos y la iglesia de Ntra. Señora del Pino. Sobre una loma que domina el Valle del Revinuesa se alza este buen ejemplo de templo gótico del siglo XVI, de tres naves, más alta la central que las laterales y cubierta con bóveda de crucería estrellada; cabecera ochavada, crucero levemente acusado y coro en alto a los pies sobre arco rebajado. La construyeron varios maestros canteros como Juan de Naveda y Juan del Valle y en su interior podemos ver vanas capillas, algunas financiadas por familias de los Doce Linajes de Soria como los Barnuevo o los San Clemente, y el Retablo Mayor. De estas fechas es también el Rancho, viejo palacio adornado en el siglo XVIII con un trabajado escudo. Hay además diversos materiales dispersos en distintas casas con motivos decorativos típicos del final del siglo XV que parecen provenir de un desaparecido palacio de los Barnuevo.

De gran interés son otras construcciones en piedra de los siglos XVII y XVIII, entre las que destacan el palacio de Pedro de Neyla, hijo de la villa y Arzobispo de Palermo y el palacio del Marqués de la Vilueña. Pero si por una casa se conoce este lugar es por una que hay en la calle Luenga. La Casa de los Ramos fue construida en 1778 siguiendo la traza típica de la vivienda de la zona, en dos plantas rectangulares con la distribución de las dependencias dada desde el amplio zaguán. El exterior queda caracterizado con la puerta en arco y sobre todo por el balcón corrido de madera y el amplio alero, los dos con los elementos constructivos decorados. Delante de la casa se dispone un patio o jardín cerrado por una valla de piedra almenada. Merece la pena detenerse también frente a la casa contigua, enfrente del palacio de Pedro de Neyla.

El tipismo arquitectónico de Vinuesa se completa con el rollo de la Plazuela y con las abundantes casas de indiano, del siglo XIX y principios del XX, de piedra, con puerta de arco, amplio zaguán y alero saledizo.

Entre sus fiestas y tradiciones la más conocida es la que se celebra en honor de la Patrona, la Virgen del Pino, el 16 de agosto. La Pinochada es un ritual en el que las mujeres, ataviadas con el traje pinariego, tras desfilar rotativamente en la Plaza Mayor, la emprenden a pinochazos contra las soldadescas de los varones del pueblo. El origen de este festejo, según la tradición, se remonta a los tiempos de la ocupación musulmana, a un conflicto con la vecina Covaleda  por una imagen de la Virgen –Nuestra Señora del Pino- hallada en el límite que separaba los dos términos o por, como dice Avelino Hernández, “un quítame allá esos mojones”, que se resolvió al fin en favor de Vinuesa gracias a la decidida intervención de las mujeres. Así, a golpe limpio con rama de pino, conmemoran las féminas su victoria diciéndole al hombre tras cada palo: “¡De hoy en un año!” A esto el sacudido debe responder: “¡Gracias!”. Con la victoria ya conseguida siguen los ritos con el “revoloteo de banderas” y bailes, esta vez sí, masculinos. El día de antes, La Asunción, se realiza una ofrenda de velas a la Virgen, es la ceremonia de “La Vela”.
Iglesia de Vinuesa

LAGUNA NEGRA


Se ha generalizado, con todo fundamento, un tópico en torno a esta villa de pinares: “Hablar de Vinuesa es hablar de paisaje”.

Como dice Antonio García Abad “Vinuesa es agua y pino”. El monte visontino está drenado con innumerables arroyos y humedales que recogen todas las escorrentías de las laderas de fuerte pendiente, para regalarlas, por fin, al pantano de la Cuerda del Pozo. Entre las numerosas fuentes de interés mineromedicinal en las que no hay que dudar en beber, destacan la del Salobrar o “De los Huevos Podridos”, de aguas sulfurosas; la del Hierro, de alto contenido en ese metal y la del Arcipreste, de la que sale el agua potable de Vinuesa.

El valle del Revinuesa es uno de los lugares más interesantes para la práctica del senderismo, la bicicleta de montaña o simplemente la contemplación de la naturaleza. Podemos hacer marchas al Caserío de Santa Inés y de allí, en un itinerario que dura seis horas aproximadamente, subir a Majadarrubia, desde donde llegaremos a la Hoya del Revinuesa, siguiendo entre la espesura los senderos de las márgenes del río que se rompe en cascadas. De aquí, bordeando la Laguna Larga, alcanzaremos por fin la Laguna Negra. Para volver al caserío basta con que nos guiemos por el Arroyo de la Laguna.

Desde la Laguna Negra se puede iniciar la ascensión al Pico Urbión (2.228 m.), subiendo por una empinada senda que supera los farallones por el lado sur. Nos recibe ya arriba, en el término de Covaleda, la montaña pelada y áspera, hostil, aunque no por ello menos bella. Para llegar al pico seguiremos el sendero que sube entre las laderas pedregosas por los pastos de verano aprovechados por el ganado de la zona. A medio camino podemos descansar en la Laguna Helada.

Laguna Negra nevada
El paraje de La Laguna Negra es el resultado de la acción del hielo durante las glaciaciones del Cuaternario. Se aloja en un circo, forma típico del modelado glaciar, de paredes verticales de conglomerados de cuarcita y cemento calizo coronadas por agudas cresterías. En la Pradera y alrededores existen míticos pinos y hayas de enorme tamaño. La oscuridad de las aguas y lo misterioso del paisaje de montaña de este “abrevadero de lobos”, que en cualquier momento se nos puede cerrar con una niebla, ha fascinado al hombre desde antiguo como lo demuestran leyendas e historias como la de la Tierra del Alvargonzález. Por eso es un lugar que “roza lo sagrado” para los habitantes de estas tierras, por eso es un lugar donde el coche y el autobús sobran y simplemente por eso tenemos que disfrutar de él con respeto y con la obligación de preservarlo para las generaciones venideras.

Por la carretera que lleva de Vinuesa a Montenegro de Cameros y dejando a los lados numerosas pistas que conducen a distintos parajes como La Laguna Negra, Cebrián, el Caserío de Sta. Inés o Quintanarejo, coronamos el Puerto de Sta. Inés. Existe aquí un punto de nieve dotado con tres pistas de esquí, dos de fondo, la de La Peña Negra y la de la Sierra de Hormazas, con recorridos de 18 y 8 kilómetros respectivamente, y una de iniciación alpino aprovechando el cortafuegos que asciende al Pico Buey (2.029 m.). Tiene esta última un desnivel de 80 metros repartidos en un trayecto de 500 aproximadamente y está equipada con un telesilla monoplaza.

Nadadores en la Laguna Negra
MONTENEGRO DE CAMEROS

Desde Vinuesa por el Puerto de Sta. Inés o desde La Rioja por la Ctra. N-111, se puede llegar a Montenegro. Esta apacible localidad de los Cameros está encajonada entre las Sierras de la Frihuela y las Hormazas, rodeada de cerros y lomas de oscuros colores, de ahí quizá su nombre. El emplazamiento serrano le procura buenos paisajes desde los 1.241 m. del Caserío hasta los 1.786 de “Los Brezales” o los 2.027 y 2.029 de la Peña Negra y El Buey, citados anteriormente. Tiene también buenas fuentes de aguas minerales, como la del Canalón.

Solo venir al pueblo para dar un paseo merece la pena. Destaca aquí l arquitectura en piedra de las casas, de buena sillería y mampuesto, con entrada de arco y en ocasiones con blasones que campean en las fachadas, hablándonos de las familias que las construyeron y del pasado esplendor fundamentado en las merinas de la Mesta. De las siete ermitas que en su día tuvo la villa, solo se conserva la de San Mamés, concebida en el espíritu de recogimiento del románico, de una sola nave y cabecera semicircular, con absidiolos embutidos en el interior, similar a los de la ermita de Los Mártires de Garray. Se decora con frescos del mismo estilo, parecidos en la distribución de los colores a los que por aquel entonces de ejecutaban en Cataluña. Fue declarada monumento histórico-artístico en 1983, poniendo fin a su anterior uso como majada. Las excavaciones arqueológicas desvelaron la existencia de varias sepulturas de lajas y distintos objetos del siglo XIV al XVI, entre los que curiosamente se hallaron monedas de reyes portugueses. De la iglesia parroquial gótica de Nuestra Señora de la Asunción, hay que destacar la Virgen Blanca, talla del siglo XIII; la cajonería de la sacristía, decorada al modo plateresco con grotescos, y los retablos.

SALDUERO


“… ¿Cuántos años, meses, días?
Horas sólo cumple el Duero
Cuando pasa por Salduero…”

Esto dijo Gerardo Diego en la Balada del Duero Infante incluida en el Cancionerillo de Salduero. Atraviesa el río un pueblo de calles empedradas y casas de cantería trabajada que nada tienen que envidiar a las del vecino Molinos, antes bien, nos informan de un pasado común ligado a las mismas entidades y a la misma actividad carretera y trashumante. La Plaza ofrece un bello conjunto con el puente que cruza el Duero de fondo. La Iglesia parroquial de San Juan Bautista es una construcción del siglo XVIII sobre otro templo gótico del siglo XVI del que tan solo conserva la cabecera. Un hijo ilustre de Salduero fue Maximino Peña, el mejor pintor soriano del siglo XIX, un virtuoso del pastel. Aún permanece la casa donde nació y vivió el pintor, donde se halla parte de su obra pictórica, que los propietarios muestran a los interesados en visitarla.
Pintura del poeta Salduero leyendo

MOLINOS DE DUERO


Pasear por Molinos de Duero es oír como un eco lejano los mugidos de las bestias de tiro y el chirrido de los ejes de las ruedas a través de los sillares de las casas, cuerpo de piedra, alma de carreta.

La comarca de pinares de Soria-Burgos, además de ser la mayor extensión española de pino albar y una mancha verde muy a tener en cuenta en el panorama regional europeo, tuvo con la de la serranía de Cuenca, la mejor carretería del país. Molinos fue un centro de primer orden especializado en esta actividad, sirva de ejemplo que en 1753 tenía una cabaña de 2.117 bueyes que tiraban de 872 carretas. Una carretería era una caravana de unos treinta vehículos que trasportaban mercancías por toda España, entre las que se encontraban, cómo no, los rectos y largos pinos que se usarían en los mástiles de los barcos de la Armada. A esta riqueza había que sumar la que le venía de sus merinas trashumantes.

Casas de Montengro de Cameros
De todo aquello la Historia nos ha dejado el legado de una villa de casas de buena sillería con la entrada en arco, con amplios aleros saledizos, balcones, corridos de madera, ventanas con recia forja de hierro, amplios patios y zaguanes y chimeneas pinariegas. Veremos dinteles con “Aves Marías” que hablan de fechas de los siglos XVII y XVIII. Hay también vanas casas con escudo, alguna de ellas de tamaño impresionante, como “la Casona”. En arquitectura religiosa tenemos las ermitas de Santa Elena y el Santo Cristo, compartida con Salduero, y sobre todo la iglesia parroquial de San Martín de Tours que refleja el esplendor de Molinos desde el siglo XVI. Es la única iglesia de planta de cruz latina de ese estilo en toda la provincia. Cada brazo de la cruz está dividido en tres tramos por arcos de medio punto que se cubren con bóvedas de crucería con combados, cuyas claves se decoran con cruces treboladas y motivos florales de factura renaciente. A los pies del templo se alza la torre, de tres cuerpos más el de campanas. La portada se abre con un sencillo arco de medio punto de anchas dovelas sobre pilastras. Destaca en el muro oriental de la iglesia una bella ventana barroca, cercana ya al gusto decorativo rococó, abierta según la inscripción, en el año 1768.

Molinos ofrece al viajero sus parajes de pinos y robles, estos últimos parecen apoderarse a veces del monte. Si queremos una buena panorámica subiremos al Pico, si deseamos pasear tranquilamente cogeremos el Camino del Santo Cristo o el Camino del Molino, que nos lleva por la calzada romana hasta el puente de Vinuesa. Es recomendable beber en la Fuente del Cojo.
Molinos de Duero

COVALEDA


Su nombre hace referencia a la existencia de cuevas, como la del Tío Melitón, redomado bandolero que vivió por estos montes y protagonista de un episodio de El Mayorazgo de Labraz, de Pío Baroja.

La arquitectura tradicional en Covaleda no es muy destacable, pues en 1923 hubo un gran incendio que se llevó gran número de casas; por eso el pueblo tiene una apariencia moderna. Conserva sin embargo, en el paraje del paso de los Arrieros, un muro ciclópeo de los siglo sIV o III antes de Cristo y sepulturas antropomorfas en Onsar de Pedro García y el Pozo de San Miguel. El fuego no se llevó la Iglesia de San Quirico y Santa Julita, templo erigido entre los años 1698 y 1706 por el maestro de obras Baltasar de Pontones. Es el último ejemplo soriano del sistema constructivo gótico, con elementos de cubrición como las bóvedas de crucería estrellada. Existe en el interior una puerta en arco conopial baqueteado que pudo pertenecer a un edificio anterior de fines del siglo XV. Como curiosidad nos podemos fijar en un pino que ha nacido encima de uno de los contrafuertes de la cabecera.

Bosque con charca en Covaleda
Montañismo, senderismo, ciclismo de montaña… Covaleda está asentada al pie de Urbión y las posibilidades de practicar aquí deportes de naturaleza son incalculables. Entre sus bellos parajes solo citaremos aquí algunos como el cercano Refugio de Pescadores, en el Duero, junto a uno de los puentes más interesantes de toda la provincia de Soria. Desde aquí podemos subir al mirador de La Machorra, ¡cuidado con las vacas, que pegan! Por la pista que sube a Urbión tenemos acceso a parajes como Bocalprado y casi en el límite superior del bosque, Tejeros, donde existen los pinos más gordos que jamás hayas visto. Es aconsejable no usar el automóvil por respeto al medio natural y porque se te puede averiar seriamente.

San Lorenzo, protector contra las llamas, es el patrón de Covaleda. En su honor se celebran las fiestas del 10 de agosto, con un baile típico en el que los danzantes corren de la mano en círculo a toda velocidad al son de la canción que lleva el nombre del santo.
Ciclistas por senda forestal en Covaleda

DURUELO DE LA SIERRA


Nace el Duero en la Sierra de Urbión y baja a su pueblo saltarín, travieso, rápido y cristalino, revoltoso, niño. Es esta tierra de montaña y pino, de roca y de agua, de aire helado y limpio. Verde por los cuatro costados, excepto al norte, que suele estar blanco, Duruelo tiene paisajes sin parangón como Castroviejo, evocador lugar lleno de peñascos que la erosión diferencial , al igual que en la Ciudad Encantada de Cuenta, ha modelado en formas extrañas y misteriosas. Cerca de allí, en medio del bosque, está la Cueva Serena, acogedora, tranquila en el rumor de su cascada. Si ascendemos hacia el norte, hacia Peñas Blancas o hacia el Pico Urbión, con el Duero siempre a la derecha, llegaremos a la Fuente del Berro y a Prados de Miguel. Por el sur, camino de Navaleno, se puede conseguir una vista de pájaro de toda la zona en Cabeza Alta, pero antes hay que hacer una parada para beber de la Fuente de la Losa Mala.

De los antiguos pobladores de Duruelo poco se sabe hasta que en 1250, remando Fernando III el Santo, el Noble Concejo de Soria otorga la Carta Puebla, conservada en buen estado en el Ayuntamiento, mediante la cual se reconocen todas las pertenencias y derechos de este lugar como aldea de Soria que habían sido ratificados en otra carta anterior desaparecida, así como se establece la repoblación con gentes de Río de Gumiel (Regumiel de la Sierra).

Antigua iglesia de Duruelo de la Sierra
Lo más importante del patrimonio histórico artístico son la necrópolis y la iglesia parroquial. El cementerio medieval cuenta con un centenar de tumbas rupestres de lajas y sarcófagos, algunos antropomorfos, de los siglos IX  al XIII. La iglesia de San Miguel Arcángel, junto con enterramientos más antiguos, nos informa de un asentamiento que coincidiría con la primera puebla de Duruelo. Posee el templo restos de otro anterior, de fábrica prerrománica, posiblemente mozárabe de tradición visigoda, concretamente un arco de herradura y una ventana ciega del ábside. Tiene además una bóveda del siglo XIII, siendo la mayoría de la obra del XVI y XVII. Se celebran en septiembre los Cristos con romerías y calderetas, juegos y tradiciones.

Arroyo con cascada en Duruelo de la Sierra
ESPEJA DE SAN MARCELINO -  ESPEJÓN


A pocos kilómetros de Santa María de las Hoyas está Espeja de San Marcelino. Es esta localidad un buen lugar para comenzar o terminar una buena excursión por el Cañón del Río Lobos.

Destaca en su arquitectura la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, gótica del siglo XVI, de una sola nave, dividida en dos tramos por un arco apuntado sostenido por semicolumnas, cubierta con bóvedas de terceletes y con cabecera rectangular. La portada se concibe en un arco de medio punto con el dovelaje muy amplio y la rosca perfilada. En Espeja existió un monasterio de Jerónimos, del que se conserva en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid un magnífico grupo funerario, el del Sepulcro del Obispo de Tuy, Diego de Avellaneda, encargado a Felipe Vigarny en 1536.

En Espejón se encuentran los restos de lo que fueron unas canteras de mármol y jaspe, que suministraron la materia prima de buena parte de la mejor arquitectura y escultura del tiempo de los Austrias y los Borbones.

Valle de San Marcelino - Espejon
SANTA MARÍA DE LAS HOYAS

Saliendo de San Lorenzo hacia el sur, por la carreta que conduce a Peñaranda de Duero, atravesaremos el Cañón del Río Lobos y sus interesantes parajes circundantes. De los siete municipios (seis sorianos y uno burgalés) que abarca el Parque Natural, es Santa María el que más  territorio aporta. Hay sin embargo otros espacios naturales menos conocidos pero no menos interesantes llenos de pinos y sabinas, ideales para la práctica del senderismo y el ciclismo de montaña, como el Pico Ardal con buenas panorámicas del Sistema Central, la Sierra de Urbión e incluso el Moncayo. En la Sierra podremos ver las formas típicas del relieve del Cañón y en el Sabinar, en los prados de fina hierba, ver las tenadas donde se resguardaban los ganados. Si queremos practicar la espeleología y ver buenos ejemplos de modelado kárstico  con formas como las hoyas o torcas que dan nombre al municipio, habremos de ir al Castillo Villío, y si lo único que nos apetece es descansar o merendar nos iremos directos a la Fuente del Pino.
Ave rapaz en Santa María de las Hoyas

CASAREJOS


Camino de El Burgo de Osma, antes de que la carretera se empiece a retorcer adaptándose al terreno abrupto de la Cuesta de la Galiana, mirador natural este desde el que se domina un amplio territorio, desde el castillo episcopal de Ucero hasta la torre de la Catedral de El Burgo de Osma, con el Sistema Central de fondo o desde el que se puede obtener una amplia panorámica del Cañón del Río Lobos, hay que detenerse en una típica localidad pinariega.  Casarejos es uno de los lugares donde más ejemplos quedan de la arquitectura popular característica de toda esta área.

La casa pinariega se construye generalmente en dos pisos, el inferior de piedra, en mampostería y el superior en adobe o tapial, aunque en ocasiones también se usa el ladrillo, con vigas de pino cruzadas para reforzar el muro. Aprovechando la prolongación de los machones del techo del piso inferior se suele completar la fachada con un balcón de madera que la recorre de lado a lado. La vivienda se remata con un amplio y airoso alero de madera sobre canecillos que protege la entrada de las lluvias y las copiosas nevadas. Del interior destaca la chimenea cónica, el hogar.

Se celebra también aquí la tradicional danza del paloteo en los días 23 y 24 de enero, con algunas variantes respecto a San Leonardo. La naturaleza se muestra generosa a los ojos del visitante, que puede disfrutar de excursiones por tierras pobladas de pinos y sabinas o practicar la espeleología en las numerosas cuevas y simas de las formaciones calizas próximas al Cañón.
Casa típica de Casarejos

TALVEILA Y VADILLO


En Talveila y Vadillo lo más interesante, además de los pinares y los verdes prados, es la arquitectura popular. Las casas pinariegas de esta zona presentan los mejores ejemplos de chimeneas típicas. Se piensa que el hogar, o cono que cubre toda la cocina, puede provenir de la cabaña celta o vivienda cónica de una sola habitación con el fuego en el centro.
Fachada. Talveila y Vadillo