Segovia, patrimonio de la humanidad
Castilla y León
Segovia se adivina romántica,ensimismada en un casco histórico recorrido por murallas y perfilado por torreones fortificados y campanarios entrelazados con pequeñas áreas verdes. Una estructura medieval bien conservada y un valioso conjunto arquitectónico
Els Blaus de Roses

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A lo lejos, Segovia se adivina romántica, ensimismada en un casco histórico recorrido por murallas y perfilado por torreones fortificados y campanarios entrelazados con pequeñas áreas verdes. Una estructura medieval bien conservada y un valioso conjunto arquitectónico, revitalizados por los valles que la circundan, justificaron que en 1985 Segovia fuera declarada Patrimonio de la Humanidad.

Las culturas cristiana, judía y musulmana convivieron durante siglos y dejaron su impronta en las callejas estrechas de la ciudad, con altos muros que protegían las pequeñas huertas de sus habitantes, hoy revestidas en jardines. Alrededor del casco se situaban los arrabales, cuya actividad económica contribuyó al esplendor de la ciudad. Sobre estos cimientos fue creciendo la Segovia que hoy conocemos. El Ayuntamiento sería un legado de las reformas urbanas del siglo XVII y el esgrafiado que cubre las fachadas de la ciudad que fueran de entramado de madera y ladrillo, son una herencia popularizada en el XIX. Proyectos de alineación y de ensanche –que supondrían la demolición de las puertas de San Martín y San Juan y de iglesias como las de San Facundo o Santiago- irían completando la estructura de la ciudad actual.

Pero un lugar no sólo es fruto de la inspiración arquitectónica; en sus calles también dejan huella las personas que, hace mucho tiempo, encontraron en Segovia un refugio para la música, para la literatura, para el arte. Décadas atrás, la ciudad fue la mejor cuna para aquel hermoso proyecto de Antonio Machado, la Universidad Popular, la de todos, porque la cultura es como el aire. Recogiendo ese espíritu, Segovia –con argumentos como la Fundación Don Juan de Borbón, el Teatro Juan Bravo, una red de centros de exposiciones de máxima calidad, el futuro Centro de Congresos del Teatro Cervantes- renueva y enriquece su milenario idilio con la cultura.

ACUEDUCTO, CATEDRAL Y ALCÁZAR

Comenzamos el paseo en el Azoguejo, diminutivo de zoco, frente al zoco grande, que era la Plaza Mayor. Lugar de reunión, nexo de comunicaciones, calles y carreteras, núcleo de comercio y contratación, ha sido el centro vital de la ciudad. Es uno de los lugares que ha experimentado mayores transformaciones, como se puede apreciar en los grabados de época; en tiempos, existió una iglesia románica, dedicada a Santa Columba junto a las escalinatas que suben a las murallas.

El acueducto, romano, traía agua desde La Acebeda (18 km.), y, atravesando la ciudad llegaba hasta el Alcázar.

Acueducto de Segovia. España
EL ACUEDUCTO

Su solera –las hipótesis apuntan al siglo I, en la época de los Flavios, y también a la época de Nerva o Trajano- no impide que encabece la clasificación de mejores obras de ingeniería civil en España. Sus 166 arcos de piedra granítica del Guadarrama están constituidos por sillares unidos sin ningún tipo de argamasa mediante un ingenioso equilibrio de fuerzas.

Obra extraordinaria, en la que la utilidad convive con la armonía y la belleza, ha prestado servicio a la ciudad hasta fechas recientes. A través de los siglos, apenas ha sufrido modificaciones; sólo durante el ataque contra Segovia dirigido en 1072 por el musulmán Al-Mamún de Toledo sufrieron deterioro 36 arcos; los daños fueron restaurados en el siglo XV por Fray Juan de Escobedo, monje de Parral.

Desde antiguo, existen dos hornacinas que probablemente protegían a dioses paganos, sustituidas en tiempo de los Reyes Católicos por las imágenes de San Sebastián y de la Virgen. Bajo las hornacinas existió una leyenda en letras de bronce, relativas a la fundación del puente, de la que hoy sólo queda el rastro de la inscripción.

El primer tramo transcurre desde el Riofrío o La Acebeda hasta el primer desarenador. El recorrido puede realizarse a pie partiendo desde el pantano de Puente Alta, Km 87 en la carretera N-603, Madrid-Segovia por Guadarrama, siguiendo río arriba hasta el azud, en la ladera del Cerro de Cabeza Grande, y regresando por los esquileo de Santillana y Casa Grande, para tomar la carretera de La Granja-Segovia.

Partiendo de la carretera de La Granja continúa por la llamada Casa de Piedra, un desarenador que eliminaba las impurezas del agua y regulaba el caudal, obra de los siglos XV-XVI.

Desde San Antonio el Real parten las primeras servidumbres de agua desde el canal principal; los planos de esta merced de agua se conservan en el Archivo Municipal de Segovia. A partir de aquí la obra comienza a ser visible, punto que está señalado por un monumento formado por sillares con el Acueducto labrado, fechado probablemente en el siglo XVI.

Prosiguiendo junto al muro, se alcanza el segundo desarenador, muy parecido al primero, con sillares de factura romana. En este tramo –muy reconstruido- comienzan los arcos formando un solo piso de arquerías.

En la plaza del Azoguejo el Acueducto presenta su máxima altura. Pueden observarse las dos hornacinas, una de ellas ocupada por una imagen de la Virgen y las huellas de las inscripciones con letras de bronce de las cartelas, cuya lectura no ha sido descifrada totalmente.

Desde lo alto de la escalinata se observa todo el trazado de la obra y una impresionante vista de la ciudad. Es el punto donde los arcos vuelven a desaparecer, aunque los canales continúan por la zona alta de la ciudad, hasta el Alcázar.

Bajo su suelo han aparecido unos registros de distribución de agua. El canal se prolonga por la Plaza de los Huertos y la Plaza Mayor.

Galería descubierta recientemente por la que discurre el canal principal del Acueducto. Pozo para la eliminación de impurezas del agua, señala el comienzo de una red de distribución para los barrios de la Judería y las Canonjías.

El Acueducto en el Alcázar es el último punto documentado arqueológicamente y a través de una escrito de 1504 de las Ordenanzas del Agua de la Puente de la Ciudad de Segovia, en tiempos de la Reina Doña Juana.

El Azoguejo, Segovia.
Como centro de contratación, era el Azoguejo el lugar elegido para establecer contratos con validez jurídica plena, rubricados por un apretón de manos. De esta costumbre deriva el actual mercado de ganado, que se celebra los jueves en la Bajada del Carmen.

Según la leyenda, fue la pereza y no Roma la madre del Acueducto. Una muchacha que trabajaba como aguadora, harta de arrastrar el cántaro por las empinadas calles de la ciudad, aceptó un trueque con el diablo: dispondría del alma de la mujer si, antes de que cantara el gallo, el agua llegaba hasta la puerta de su casa. Consciente de su culpa, la joven rezó hasta la extenuación para evitar el presagio. Mientras, una tormenta se había desatado y el dominio trabajaba a destajo. De pronto, el gallo cantó y el Maligno lanzó un alarido espeluznante: por una sola piedra sin colocar había perdido el alma. La muchacha confesó su culpa ante los segovianos que, tras rociar con agua bendita los arcos para eliminar el rastro de azufre, aceptaron felices el nuevo perfil de la ciudad.

LA CALLE REAL

La calle principal de la ciudad, por la que subimos hasta la Plaza Mayor (Calle Real) es la de más tránsito y comercio. Recibió en sus inicios el nombre de Cintería, despacho de hilos y cintas, siguiendo la costumbre de denominar a las vías según sus industrias características. Partiendo del Azoguejo está dividida en los siguientes tramos: Cervantes, llamada anteriormente Calle Real del Carmen por el suprimido convento situado en la actual Caja de Ahorros; Juan Bravo, en recuerdo del comunero segoviano; Plazuela del Corpus, en la que se halla la iglesia-convento de Corpus Christi, e Isabel la Católica –alusiva a la reina-.

Calle real en Segovia
Arteria principal de la ciudad, recoge un interesante conjunto arquitectónico que partiendo de los siglos XV y XVI llega hasta comienzos del siglo XX. Era típico el caserío medieval, de hasta cuatro plantas de altura, que se construía sobre solares largos y estrechos, con la planta baja dedicada al comercio. Una estrecha escalera, a la que se accede por una puerta situada en un extremo de la fachada, al estilo musulmán, conducía a las viviendas. Esta tipología urbana se conserva en la actualidad, pero sus fachadas originales de materiales pobres se cubrieron con esgrafiados a partir del siglo XIX.

La primera parada es el Mirador de la Canaleja desde el que se contempla la montaña de la Mujer Muerta y el Barrio de San Millán. Frente a él la fachada del Teatro Cervantes, limitada por un cubo de la muralla. La sala, inaugurada en 1923, cuenta con uno de los escenarios más grandes de España. Actualmente cerrada, se proyecta su transformación en un Centro de Congresos y cultura. A pocos metros está La Casa de los Picos, hoy Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos. El edificio perteneció a Juan de la Hoz quien le añadió los picos para cambiar el carácter de la casa que era conocida como la Casa del Judío o Casa del Verdugo. Junto a ella estaba la Puerta de San Martín destruida en 1883.

Junto a este edificio, haciendo esquina, está el Palacio de los del Río (siglo XVI), y a su lado el visitante curioso puede asomarse al patio de columnas de haces retorcidos del Palacio de los Torreagero de los siglos XV-XVI, que actualmente acoge una papelería.

Continuando la Calle Real, en la pequeña Plaza del Platero Oquendo, se alza el Palacio del Conde de Alpuente, de fines del siglo XV. Además de sus delicadas ventanas de estilo gótico flamígero destaca su interesante esgrafiado. Siguiendo por la callejuela, La Alhóndiga, edificio del siglo XV que fue almacén de cereales y pósito municipal. Reconvertido hoy en Archivo Municipal y Sala de Exposiciones, conserva su estructura funcional.

La silueta de montañas conocida como la Mujer Muerta, capricho geológico, ha sido interpretada desde el prisma popular y legendario. Muerto el jefe de una tribu que vivía en el cerro del Alcázar, la mujer crió a dos hermosos niños gemelos que, con el tiempo se enfrentaron para asumir el liderazgo del pueblo. La madre desesperada ante la posible lucha fratricida ofreció a Dios su vida a cambio de la supervivencia de sus vástagos. Cuando estos iban a pelear, una ventisca seguida de una formidable nevada –en pleno verano- se lo impidió. Disipado el temporal, los hermanos comprobaron que una montaña cubría lo que hasta entonces había sido llanura. Dios había aceptado el sacrificio de la mujer, cubriendo su cuerpo yacente con nieve. La leyenda dice que dos pequeñas nubes se acercan al atardecer a la montaña, son los dos hijos que besan a su madre.

LA PLAZA DE SAN MARTIN

De vuelta a la Calle Real aparece la deliciosa Plaza de Medina del Campo, interesante conjunto arquitectónico con una configuración en niveles que recuerda a las plazas italianas por sus elegantes edificios. Preside la Iglesia de San Martín.

El espléndido templo, un compendio del románico castellano, está definido por un triple atrio de columnas dobles –acogedor lugar de reunión en ciudades frías- tres ábsides, una torre mudéjar y un cimborrio. Especial interés poseen los capiteles labrados y las cuatro estatuas columnas de la fachada. En su interior se puede contemplar un Cristo yacente atribuido a Gregorio Fernández y dos magníficos trípticos hispano flamencos.

Pero hay más detalles especiales en la Plaza de Medina del Campo, habitación de juegos para los segovianos cuando, con el buen tiempo, los bares y restaurantes extienden sus terrazas animados por los conciertos de jazz, música popular o títeres. En la plaza se hallan casas nobles de varias plantas, con techumbres de madera, patios porticados en tres lados y fachadas de granito con los blasones tallados en piedra. Destacan entre ellas la Casa de los Solier y la Casa de Bornos, ambas del siglo XVI, precedidas por una fuente con figuras de leones y niños. Junto a ellas aparece el Torreón de Lozoya (siglo XIV), altiva torre rectangular de tipo defensivo. Su interior, embellecido por dos patios renacentistas, ha sido reconvertido en centro cultural y de exposiciones por Caja Segovia.

La Torre de San Martín y la Calle Real, Segovia
La Casa del Siglo XV conocida como Casa de Juan Bravo, que cobija una pequeña pero importante galería de arte actual, y la Casa de los Mexía de Tovar (siglo XVII) son otros ejemplos de los palacios que configuran esta plaza.

Una estatua de Juan Bravo realizada por el escultor Aniceto Marinas, situada en el primer tramo de la escalinata, y dos esfinges neoclásicas de piedra con cabeza y busto de mujer y cuerpo de leonas, conocidas popularmente como Las Sirenas, culminan la plaza. Juan Bravo, segoviano, fue uno de los más prestigiosos caballeros de su tiempo, que ha pasado a la historia como héroe comunero, junto con Padilla y Maldonado. Se levantó en armas contra los abusos de los gobernantes extranjeros de Carlos I. Tras la derrota de Villalar en abril de 1521, fue decapitado junto a sus compañeros. Cuenta la tradición que en el cadalso se adelantó al verdugo y dijo: “mátame a mi primero”.

Atrio de la Iglesia de San Martín. Segovia
En la parte alta de la plaza, en la Calle José Canalejas, nos encontramos con el Hospital de Nuestra Señora de la Concepción, conocido popularmente como “Hospital de Viejos”. Este edificio del siglo XVI forma parte del antiguo Palacio de Enrique IV, llamado el Real de San Martín. Este monarca de la casa de los Trastámara, de gustos orientalistas y fuertemente atraído por la cultura, propició la construcción de importantes obras de estilo mudéjar. El complejo palaciego, que ocupaba una manzana completa, quedó dividido entre edificaciones pertenecientes a las familias Mercado, Barros y Porras. Desde abril de 1998 alberga el Museo “Esteban Vicente”, perteneciente a la Diputación Provincial, con una colección permanente del pintor segoviano perteneciente a la Escuela de Nueva York, y un Centro de Arte Contemporáneo.

Retomando la principal arteria ciudadana y comercial de la capital, a la derecha está la Cárcel Real o Cárcel Vieja, hoy Biblioteca Pública. Utilizada como prisión hasta 1933, en sus celdas estuvo encarcelado el dramaturgo Lope de Vega en 1577. Su portada está presidida por el escudo de Los Austrias y en el interior existen restos románicos trasladados desde la iglesia de San Medel.

La última parada antes de pisar la Plaza Mayor es la Plazuela del Corpus, dominada por el convento del mismo nombre, antigua Sinagoga Mayor. El edificio, dañado por un incendio en 1899, fue reconstruido a finales del siglo pasado.

Hay una leyenda que cita la existencia de unos leones en el sótano –localizable por la descripción de los cronistas- del palacio de Enrique IV en la plaza de las “Arquetas de la Reina”. Ocurrió que los leones pequeños se comieron a los adultos, lo que sería interpretado como una premonición del destino del monarca.

La Plaza Mayor de Segovia
LA PLAZA MAYOR

La Plaza Mayor, el corazón de la ciudad, fue fruto de la política urbanística del siglo XVII. Denominada Mayor desde 1461, fue el hundimiento (1532) de la iglesia de San Miguel –que estabas situada en la zona central y fue reconstruida en un lateral- el que propició su diseño actual. La ordenación trazada por Brizuela en 1623, está dominada por la presencia del Ayuntamiento (1610), con fachada de granito, torres con chapiteles de pizarra y reloj con campanas. En su interior destacan la Sala Blanca, de estilo isabelino, cuyo techo está decorado por el fresco de Antonio Ruiz que representa la toma de Madrid a los moros por los capitanes segovianos Fernán González y Día Sanz, así como el antiguo Salón de Plenos con pinturas del XIX.

En la plaza con soportales y decorada por un kiosco de música recuperado hace pocos años, se ubica el edificio del Teatro Juan Bravo (1917), punto de encuentro de la vida cultural de la ciudad. Junto a él la Iglesia de San Miguel, de estilo gótico, con elementos románicos del primitivo templo en cuyo atrio se celebró la proclamación de Isabel la Católica como Reina de Castilla en 1474.

Casas construidas en los años 20 y 30 rodean el perímetro de la plaza y conceden un perfil regular y agradable.

Andrés Laguna, médico y filólogo nacido en Segovia en 1499, alcanzó prestigio internacional como médico personal del Papa Julio III y del Emperador Carlos I. Su fama fue propagada incluso por Cervantes en su Quijote. Publicó 25 obras, entre ellas la famosa “Anotaciones a Dioscórides”. A pesar de su fama se dice que el sabio no dejó fortuna. Sus restos están depositados en la Iglesia de San Miguel.

Las representaciones teatrales en Segovia encontraron cobijo en lugares tan dispares como la Catedral o el patio del Hospital de la Misericordia. Tras la clausura del Teatro Miñón, que ocupaba el edificio del antiguo convento de Mínimos, recogió el testigo el Teatro Juan Bravo, que abrió sus puertas en 1918, ocupando el solar del antiguo Mesón Grande.

La catedral al atardecer,Segovia
LA CATEDRAL

La Plaza Mayor está enmarcada por los bellos pináculos del ábside de la Catedral, punto de reunión vespertino de las cigüeñas. De estilo gótico tardío, el templo comenzó a construirse en 1525, con la colaboración desinteresada de los segovianos y la iniciativa de la familia Gil de Hontañón. Sustituyó a la Catedral Vieja, situada en los actuales jardines del Alcázar, destruida en 1510 durante la Guerra de las Comunidades. En su exterior, al oeste, está la fachada principal, conocida como Puerta del Perdón, con la escultura de la Inmaculada, obra de Juan Guas. Junto a ella se extiende el Enlosado, un espacio utilizado para actividades culturales. La torre, situada en el lado de la Epístola, es uno de los elementos más llamativos por su gran altura, y ha estado habitada hasta mediados de este siglo por el campanero. Constituye un privilegiado mirador sobre la ciudad, aunque sólo es posible acceder a ella con un permiso especial del Cabildo. La Puerta de San Geroteo, primer obispo de Segovia, está al sur, y, al norte, la Puerta de San Frutos, construida en honor del patrono de la ciudad a principios del siglo XVII. Otro foco de interés es el ábside, que linda con la Judería Vieja, aderezado por contrafuertes y pináculos del gótico florido, en piedra caliza, rodeando la gran cúpula.

Frutos, al igual que sus hermanos Valentín y Engracia, todos santificados, nació en Segovia en el año 642. Ya en edad madura repartió sus riquezas entre los pobres y se retiró a meditar en las Hoces del Duratón. Santo popular y sencillo que la tradición presenta como amante de los pájaros, es el Patrón de la ciudad que celebra su festividad el día 25 de Octubre. Cada año, los segovianos se congregan a la media noche del día 24 para presenciar el “milagroso paso de la hoja” del libro que sostiene la imagen que hoy corona la puerta de la Catedral dedicada al Santo, para después tomar en la Plaza las sopas de ajo.

La planta es de tres naves con crucero, con ábside semicircular en la cabecera y girola, rodeada de capillas. La grandiosidad y armonía de dimensiones definen el interior. Observación pausada merecen las vidrieras (siglo XVI), el Retablo Mayor, diseñado por Sabatini, con una imagen de Nuestra Señora de la Paz (siglo XV) donada a la ciudad por Enrique IV, la sillería del coro (fines del siglo XV) procedente de la Catedral Vieja, los bellos órganos barrocos, la rejería y el trascoro neoclásico, obra de Ventura Rodríguez que guarda la urna de la reliquia de San Frutos.

Se recomienda la visita a las 18 capillas que se encuentran en la girola y en las naves laterales, con importantes pinturas y esculturas. En su interior destacan el Calvario románico situado a la entrada de la Capilla del Sacramento; el tríptico de Ambrosius Benson y el retablo de la Piedad, de Juan de Juni, en la Capilla del Santo Entierro, junto a la Puerta de San Frutos; y el Cristo Yacente de Gregorio Fernández, en la Capilla del Sepulcro de Cristo.

La familia Arias Dávila representa los valores culturales de la Segovia de fines del siglo XV y su tránsito al Renacimiento. Juan Arias, Obispo de Segovia, recogiendo el legado mudéjar y gótico, instaló en la ciudad la primera imprenta que funcionó en España, cuyo primer ejemplar fue el Sinodal de Aguilafuente. Además, legó su importante biblioteca a la Catedral de Segovia.

Un claustro, de la escuela de Juan Guas, procedente de la antigua catedral románica y trasladado piedra a piedra a su actual emplazamiento, precede a las salas del Museo Diocesano, residencia episcopal que cuenta con piezas de orfebrería, pintura, escultura, etc. Destaca la colección de tapices de Bruselas del siglo XVII que cubre los muros de la Sala Capitular.

El Archivo Catedralicio conserva más de 500 incunables, entre ellos el Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España.

Interior de la Catedral de Segovia
DE LA CATEDRAL AL ALCÁZAR

Calle Marqués de Arco: Actual núcleo de comercio turístico –cerámica, cestería, cobre-, su suelo esconde las canalizaciones del Acueducto. Frente a la Catedral se alza el Palacio del Marqués del Arco (siglo XVI) con un precioso patio renacentista. Más adelante aparece el Corral del Mudo, uno de los últimos vestigios de los corrales de los barrios islámicos, que acogía un caserío tradicional de arquitectura de ladrillo y entramado de madera.

Casas nobles con esgrafiados y bonitos patios, como el del Colegio de Arquitectos, nos acercan hasta la Plaza de la Merced, con la Iglesia románica de San Andrés, rincón típico de la ciudad y espacio verde que invita al descanso. En la esquina de la calle de las Descalzas, Santa Teresa fundó un pequeño convento de carmelitas, en el que dijo su primera misa San Juan de la Cruz. Entre sus altos muros y recoleto jardín la santa compuso “Las Moradas”.

En el último tramo hasta llegar al Alcázar, atravesamos el barrio de Las Cononjías del que haremos referencia más adelante.

La influencia islámica, tan fuerte y constante en Segovia, aparece no sólo en la decoración sino también en las formas de las viviendas y en los corrales, de los que se han llegado a documentar doce. En esta misma zona existieron los del Cocodrilo y del Buico, en la parroquia de San Esteban; el del Vainero, en la calle de la Victoria, y los de Las Perocanas y Urraca Fernández en la calle Escuderos. Los corrales son una agrupación de viviendas reunidas en torno a un patio común al que se accede a través de un callejón cobertizo que se cerraba por las noches, aislando y protegiendo a la comunidad. Así, el sentido público de calle pasa a ser privado. El actual callejón del Marqués del Arco fue, en el siglo XV, el acceso al Corral del Mudo, y comunica las calles del Marqués del Arco con Escuderos.

EL ALCÁZAR

Su perfil aparece como un buque imaginario sobre el tajo en el que confluyen los ríos Eresma y Clamores, festoneado por el escenario de ocres y azules de la llanura y la sierra. Le anteceden unos cuidados jardines con la estatua de los héroes de la Guerra de la Independencia Daoíz y Velarde, obra de Aniceto Marinas. A la izquierda la Casa de la Química, construida en la época de la Ilustración y centro de investigación de Louis Proust.

A ambos lados del castillo se nos ofrecen espléndidas vistas del Pinarillo (con el cementerio judío), y la Iglesia de la Vera Cruz y Zamarramala.

Un profundo foso con puente levadizo abre paso a una fortaleza de ubicación privilegiada, posiblemente habitada desde la época celta. El castillo, convertido en Alcázar –residencia real- en el siglo XIII, adquirirá su fisonomía gótica en los tiempos de Juan II y Enrique IV. Su restauración ha sido continua tras un grave incendio ocurrido en 1862. Sin embargo, en 1882, reinando Alfonso XII, se inició su reconstrucción, ya nunca abandonada por el Patronato del Alcázar, que ha ido recuperando artesonados, frisos, retablos y muros.

Ventanal gótico, Segovia
En la silueta del monumento destaca la torrecita de Alfonso X El Sabio, en el ángulo norte, desde la que este monarca estudiaba el firmamento, y la torre de Juan II de 80 m. de altura, con bellos esgrafiados y doce torrecillas adornando su volumen. En sus estrechas y frías prisiones pasaron días penosos nobles caídos en desgracia, como Don Álvaro de Luna, y otros imaginarios como el “Don Torcuato” de El Delincuente Honrado de Jovellanos. A través de una empinada y extenuante escalera de caracol, el visitante puede acceder a la parte superior de la torre, desde donde se divisa una bellísima vista de la ciudad, así como los barrios de San Marcos y Zamarramala y la cantera de la que se extrajo la piedra empleada en la Catedral.

En el interior, y alrededor del Patio de Armas –marco habitual de conciertos de música- y del Patio del Reloj se sitúan las estancias. A la izquierda están las salas dedicadas al colegio de Artillería; a la derecha, el Palacio de los Reyes de Castilla, núcleo principal del edificio. Sobresalen por su belleza la Sala de Ajimeces; de la Galera, con vidrieras actuales de Muñoz de Pablos; del Trono, con una llamativa cúpula mudéjar; de la Chimenea; del Cordón; de las Piñas; la Cámara Regia; Tocador de la Reina y Capilla en la que podemos ver un retablo de la escuela castellana y otro dedicado a Santiago Apóstol, así como la Adoración de los Reyes, de Carduccio. De todas ellas, destaca la Sala de Reyes con un extraordinario artesonado de hexágonos y rombos dorados y un original friso en el que 52 imágenes policromadas y sedentes representan a los Reyes y Reinas de Asturias, León y Castilla desde Don Pelayo hasta Juana la Loca.

El balcón central de la Sala de los Reyes muestra una cruz que rememora un suceso del que los siglos han cuajado dos versiones. La más legendaria cuenta que, estando el infante Don Pedro de Castilla, hijo de Enrique II el de las Mercedes, en el balcón en brazos de su aya, resbaló y cayó al vacío. La aya, atemorizada, se lanzó tras el niño. La versión histórica apunta que el infante – de 12 años- cayó mientras jugaba a la pelota con sus amigos.

Un cordón realza el techo de una de las salas principales del Alcázar. Según la tradición, el relieve fue encargado por la reina Violante como lección de humildad para su esposo Alfonso XEl Sabio. Al parecer, su sabiduría y soberbia eran parejas, y llegó a afirmar que Dios hubiera hecho bien en pedirle consejo antes de crear el Universo. Fray Antonio de Segovia le suplicó que confesara su pecado, pero el sabio, orgulloso, se negó. Entonces se desató una terrible tormenta, y un rayo atravesó las estancias reales, matando a varios cortesanos. Fue entonces cuando el monarca dio su brazo a torcer y cumplió su penitencia; su mujer aprovechó para encargar el friso, un amuleto encargado de calmar la habitual ira de su esposo.

LAS CANONJÍAS

Es el barrio mejor conservado de la ciudad alta. Su nombre procede de los canónigos, antiguos vecinos de la zona que gozaban por su carácter eclesiástico de inmunidad y privilegios. Comienza en la Plaza de la Merced y se extiende por las calles de Daoíz y Velarde, cuyas casas contaban con agua corriente, suministrada del Acueducto. Este recinto permanecía aislado del resto de la ciudad gracias a tres puertas que se cerraban según un horario establecido. De sus casas románicas se conservan bellas portadas de arco de medio punto con arquivoltas y bellos patios interiores coloreados por huertas o jardines. El acceso a los patios, porticados en sus lados más cortos, es acodado, siguiendo la tradición musulmana. La estructura de estos edificios –sobrios, cerrados y sin detalles superfluos, con escondidos patios y jardines- no sufrió alteraciones por ser casas de alquiler, lo que ha impedido a los inquilinos emprender reformas.

Jardín de Fromkes,Segovia
LA CALLE VELARDE

La puerta de la Claustra, en la calle Velarde, es la única que se conserva de las tres que existieron; las otras dos fueron destruidas para permitir el paso al cortejo nupcial de Felipe II y Ana de Austria. Conserva restos de esgrafiado renacentista y una imagen de la Piedad, copia de la existente en la Catedral. En esta zona se ubicó la Casa de la Imprenta y la de la Inquisición en instalaron sus estudios artistas famosos como Ignacio Zuloaga y Maurice Fromkes. El pintor americano da nombre al jardín que aligera la estrecha calle de Velarde y que ofrece una recoleta vista del Valle del Eresma.

Por el Vallejo, donde se eleva la escultura de San Juan de la Cruz realizada por José María García Moro, sube empinada la Calle Desamparados. En ella se encuentra la Casa Museo de Antonio Machado, tan sencilla y espartana como la habitó el poeta durante su estancia en Segovia. En un jardín chiquito, que da acceso a la casa, se encuentra un busto del poeta, obra de Emiliano Barral.

Casa Museo.Segovia
Una vieja cocina de leña, pucheros, un arcón y un puñado de libros en una humilde estancia recuerdan los doce años de Antonio Machado en Segovia. Por sus calles el poeta, con su “torpe aliño indumentario” creó “Nuevas canciones” y “Poesías completas”. La ciudad fue testigo de sus amores tardíos con Guiomar y de su apoyo a la creación de la antigua Universidad Popular, convertida hoy en Academia de Historia y Arte de San Quirce.

Torre de la Iglesia de San Esteban, Segovia
LA PLAZA DE SAN ESTEBAN

Bajando la calle, se halla la Plaza de San Esteban, interesante conjunto constituido por el Palacio Episcopal (siglo XVI), sede del Obispado desde el siglo XVIII, un edificio plateresco con fachada almohadillada que alberga al Museo Diocesano –cuya visita recomendamos-, y la Iglesia de San Esteban. Fruto del románico tardío, su torre es considerada una de las más bellas del estilo. Tras un incendio ocurrido en 1896, fue desmontada y reconstruida a principios de este siglo durante el que se ha sustituido el chapitel barroco de pizarra por el actual de teja. Los avatares no restan elegancia a la torre, un pliegue característico del perfil de la ciudad. En su interior merece especial atención un Calvario del siglo XIII.

Según la leyenda, Carlos Falconi, bastardo del Rey de Francia, costeó las obras de la Iglesia de San Esteban. En la pila bautismal del templo recibió el sacramento el historiador Diego de Colmenares y el general Martínez Campos.

SAN QUIRCE-SAN NICOLÁS

Siguiendo la angosta calle, por la fachada lateral izquierda del Palacio Episcopal, llegamos a una pequeña placita en la que se encuentra la Iglesia románica de San Quirce, antigua Universidad Popular en los años 30 y actual sede de la Academia de Historia y Arte de San Quirce. A su lado, un palacio barroco dedicado hoy a Archivo Histórico Provincial. Recorriendo el ábside de San Quirce se halla el Convento de las Oblatas reconstruido en el siglo XVII por eta orden franciscana. Por la calle de San Quirce se abre paso la Plazuela de San Nicolás, con un gracioso corralillo popular habitado por casitas de entramado de madera. Preside la Iglesia de San Nicolás, construcción de finales del XII, con interesantes pinturas murales góticas.

Antes de abandonar las Canonjías puede iniciarse un agradable paseo bajando por la calle Doctor Velasco y observar la portada de la Casa de la familia Falconi (hoy hotel), el Hospital de la Misericordia, la iglesia románica de San Pedro de los Picos, de uso particular, y llegar a la Puerta de Santiago dedicada a taller de pintores. Junto a San Esteban, en la calle Escuderos, a un paso de la Plaza Mayor, se encuentra el Palacio de los Rueda conocido como Casa de Don Álvaro de Luna, que cuenta con un bello patio gótico.

La Academia de Historia y Arte de San Quirce nació como Universidad Popular el 21 de noviembre de 1919. Fue la obra de un grupo de profesores, en su mayoría de enseñanza media, que pretendían difundir entre las clases trabajadoras y la media la cultura. Entre estos profesores se encontraban Mariano Quitanilla, Rodao, Machado, Cabello, etc. Tuvo diversas sedes hasta que en 1927 compró la actual por 7.000 pesetas.

EL BARRIO DE LOS CABALLEROS

EN TORNO A LA TRINIDAD

Entre las plazas de San Esteban y Colmenares se extiende el Barrio de los Caballeros en torno a las parroquias de la Trinidad, San Nicolás, San Martín, San Juan de Los Caballeros y San Sebastián, habitado en tiempos pasados por las nobles familias segovianas. Palacios Góticos, renacentistas y barrocos conviven junto a conventos e iglesias románicas (algunas ya desaparecidas como San Pablo, San Facundo y San Román) en un entramado netamente medieval.

La primera parada es el Palacio de Valdeláguila (siglo XVI), también conocido como Casa del Secretario de Felipe II. Su portada, de grandes dimensiones y con un arco de medio punto cosido por grandes dovelas, es típica de las mansiones castellanas. Enfrente queda la sombra del antiguo Convento de Mínimos (siglo XVI) sobre el que se construyó un teatro inaugurado en 1844 conociéndose desde entonces como Teatro Principal, Teatro de la Victoria o Teatro Miñón.

Prosiguiendo el trazo empedrado del callejón de Sn Nicolás, se desemboca en un rincón apacible en el que se encuentra la Iglesia de La Trinidad, uno de los templos románicos mejor conservados de la ciudad, con un interior sencillo y auténtico que guarda pinturas de Benson y Pontormo. Enfrente, el Convento de las Dominicas, complejo edificio fruto de diversas épocas, conserva tras sus altos muros –el lateral a la calle Trinidad con restos de saeteras es probablemente el más antiguo de la ciudad- la clausura. El convento apunta a lo alto con el torreón de Hércules, cerrado a las visitas, que perteneció a la familia de los Arias Dávila y conserva pinturas con escenas de caza y guerreros del siglo XIV.

La calle Trinidad está bordeada por casonas con patios segovianos y artesonados interesantes, como el existente en el Palacio de los del Campo. Junto a la iglesia está el Palacio de los Mansilla, edificio renacentista que integra elementos góticos y mudéjares con un patio relevante. Hoy es sede del Colegio Universitario de Segovia.

DE LOS HUERTOS AL POSTIGO

Avanzando un poco se llega a una placita ajardinada para desembocar en otro espacio arbolado, la Plaza de los Huertos. En sus alrededores, al aire libre, se celebra el mercado de los jueves, el más popular de la ciudad. Frutas, verduras, zapatillas, flores, bisutería, ropa… se venden en pequeños y coloristas tenderetes. El Torreón de Arias Dávila (siglo XV), hoy sede de Hacienda, es una construcción de finalidad defensiva característica de la ciudad. Atravesando la calle Ildefonso Rodríguez está la plaza de la Reina Doña Juana, con la Casa de los Mercado Peñalosa, parte del antiguo palacio de Enrique IV. El edificio, muy dañado, guarda importantes yeserías de los tiempos de los Reyes Católicos.

Por la calle Angosta llegamos a la Plaza de los Espejos. La empinada calle de Grabador Espinosa nos descubre un sorprendente y recoleto espacio urbano. Contigua está la Plaza del Seminario, presidida por una iglesia jesuítica (finales del XVI) y el edificio de la Delegación del Gobierno. Una callecita empedrada acerca a una plaza, dominada por el Palacio de Avendaño y recorrida por el final de las arcadas del Acueducto. Puede disfrutarse de la vista de la zona alta del monumento romano, aupado en el Postigo del Consuelo o bien, descendiendo desde Avendaño, toparse con la Plaza de San Sebastián y su iglesia románica.

Mercadillo de los jueves, Segovia
EN TORNO A SAN JUAN DE LOS CABALLEROS

En la confluencia de la calle de San Juan con la Plaza del Conde de Cheste se hallaba la Puerta de San Juan, derribada en 1886 para facilitar el paso de carruajes. Las parroquias de San Juan de los Caballeros, San Facundo y San Pablo, estas dos últimas desaparecidas, organizan el conjunto urbano cuyo núcleo acoge el mejor conjunto de palacios de la ciudad: la Casa del Marqués de Lozoya, con su portada románica; el Palacio de los Marqueses de Quintanar (siglo XVI), hoy Conservatorio de Música; el Palacio del Conde de Cheste (siglo XVI), hoy colegio de las Concepcionistas; la Casa de las Cadenas (siglo XVI) y el Palacio de la Diputación Provincial o Casa del Marqués de Castellanos y la de Uceda-Peralta (siglo XV).

Pasada la calleja que parte de la Casa de Lozoya, aparece la Plaza de Colmenares, antiguo coso donde los caballeros realizaban justas y juegos. En medio de la misma, ajardinada y con una frondosa vista del valle del Eresma, emerge el busto de Daniel Zuloaga, realizado por Emiliano Barral.

Casa de las Cadenas,Segovia
La Iglesia de San Juan de los Caballeros (finales del siglo XI) es una de las más antiguas de Segovia y se superpone a una probable basílica paleocristiana, origen de las sucesivas construcciones que derivaron en el templo actual. Allí están enterrados Los Nobles Linajes de la ciudad.

En 1905 es adquirida y restaurada por Daniel Zuloaga, que la dedica a vivienda y taller de cerámica, transformándose posteriormente en museo familiar, con colecciones de cerámica y archivo documental. El conjunto pertenece al Estado. En el recinto lindante entre la muralla y la iglesia, conocido popularmente como “Los Zuloagas”, se realizan en verano actividades culturales.

Subiendo la escalinata de la calle de la Parra, surge la Plaza de San Agustín, con las ruinas góticas del Convento de San Agustín. Junto a ella la Plaza de San Facundo, protagonizada por la Casa del Hidalgo (siglo XVI), antiguo Museo, un edificio que conserva interior y exteriormente su esencia. A su lado la Casa de los Espinar y, en la misma plaza está al Palacio de Villafañe hoy ocupado por Caja Segovia. En su interior hay unas pinturas murales de escenas costumbristas del siglo XVI.

Diego de Colmenares, párroco de la iglesia de San Juan de los Caballeros, consultor del obispo, con amplios conocimientos en Geografía e Historia, se dio a conocer por su célebre Historia de Segovia (1637), referencia clave para conocer las raíces de la ciudad. Colmenares –que necesitó 17 años para confeccionar la obra- fue enterrado en San Juan.

SEFARAD. SEGOVIA

Frente a la entrada de la Iglesia de Corpus, un lienzo narra la leyenda de la profanación de una Hostia por los Judíos. El sacristán de San Facundo entregó la custodia en la calle del Mal Consejo (aún existe), y los judíos quisieron echarla en una gran caldera hirviente. En ese momento la Hostia empezó a volar por el aire y un terrible estallido provocó el hundimiento del edificio. Desde entonces, en desagravio, se celebra la Fiesta de la Catorcena, por las catorce parroquias que existían en la ciudad.

Barrio de la Judería,Segovia
EL BARRIO DE LA JUDERÍA

Las primeras referencias al asentamiento de la población judía en Segovia están fechadas en el siglo XIII. Dos centurias más tarde, en el siglo XV, el colectivo, originariamente radicado en la Almuzara, San Andrés y San Miguel está repartido por toda la ciudad, exceptuando el Barrio de los Caballeros. En 1481 son cercados en la llamada Judería, sin sufrir las persecuciones a las que fueron sometidos en otros sitios.

El barrio estaba cerrado por siete arcos de ladrillo; el eje del núcleo era la llamada Judería Vieja, antiguamente denominada Calle Mayor. La población –perteneciente a diferentes niveles económicos, desde potentados a gente humilde-, residía en casitas de mampostería y ladrillo con entramado de madera, sin patio y con un pequeño jardín.

El núcleo ha sufrido numerosas transformaciones, especialmente radicales en tres momentos: tras el Decreto de Expulsión, cuando los conversos rehabilitaron sus casas con escudos y patios porticados; cuando se construyó la nueva Catedral, y en el siglo XIX, cuando la ciudad acometió mejoras urbanísticas y de saneamiento.

Los años apenas han dejado rastro de las sinagogas, aunque el visitante puede recrear la antigua judería siguiendo la pista del urbanismo típicamente oriental conservado.

La judería se ubica en el lado sur del recinto amurallado, en el sector comprendido entre el Corpus y Las Canonjías. El eje principal es la Calle Mayor, hoy Judería Vieja. En 1492, con la expulsión, pasó a denominarse Barrionuevo. La importancia de la aljama hebrea puede calibrarse con las cinco sinagogas con que contó.

La necrópolis del Pinarillo, en la cuesta de los Hoyos, fue la última morada también para aquellos que, tras la expulsión, no renegaron de su fe y fueron despojados de sus bienes y arrojados de sus casas. Así lo relata Diego de Colmenares: “… Estaban los campos del osario, nombrado así por tener allí sus sepulcros, y el valle de las Tenerías, llenos de aquella gente, albergándose en las sepulturas de sus mismos difuntos y en las cavernas de aquellas peñas”.

Iglesia del Corpus Christi, Segovia.
LAS SINAGOGAS

Sinagoga Mayor: ubicada en la actual Calle Real. Según documentos, entre 1373 y 1419 ya estaba consagrada al culto católico; hoy es la capilla de una comunidad de monjas franciscanas. Su entrada es un corral típico, y el interior está definido por tres naves separadas por arcos de herradura sobre pilares octogonales. Las yeserías que la recubrían se perdieron en un incendio ocurrido en 1899.
Sinagoga vieja: situada en la Plaza de la Merced fue donada en 1412 por el rey Juan I a los frailes del convento de la Merced.
Sinagoga de Burgos: parece ser que perteneció a una comunidad de burgaleses que vinieron tras las revueltas de 1391. Estaba en la calle de Escuderos.
Sinagoga del Campo: En la calle de Martínez Campos, posiblemente en la zona conocida como Corralillo de los Huesos.
Sinagoga de los Ibáñez de Segovia: sustituyó a la Sinagoga Mayor. Fue adquirida por el Cabildo Catedralicio a la comunidad judía en 1492, unos días antes de la expulsión y sufrió muchas modificaciones en el siglo XVIII. Ocupada actualmente por el colegio de las Jesuitinas, aún conserva unos arcos con yeserías y vestigios del antiguo edificio.

ALREDEDORES DE LA JUDERÍA

Otros restos de la importante judería –que según la documentación tuvo dos madrasas o escuelas rabínicas- es la Casa del Sol, antiguo matadero citado en el Buscón y actual Museo, y la Puerta de San Andrés o Arco del Socorro, con su caserío popular. El recorrido puede concluir en los jardines del Paseo del Salón, de época de Isabel II, recortado por el ábside con aire oriental del convento del Corpus Christi, punto muy concurrido por los segovianos por su cálida orientación al sur, y propicio para la realización de actividades culturales.

SEGOVIA EXTRAMUROS

SAN MILLÁN

El arrabal de San Millán se extiende por la zona suroccidental de la ciudad. En tiempos se le conocía como el Arrabal Mayor y el Barrio de Las Brujas. Era un núcleo artsano en el que vivían los moriscos que trabajaban las pieles, la lana y la albañilería. Partiendo del Azoguejo por la Avenida Fernández Ladreda, eje porticado y comercial de la ciudad, el visitante arriba a la Iglesia de San Clemente, románica, con atractivas pinturas en el interior. Más adelante emerge San Millán, importantísimo templo modelo de las iglesias románicas segovianas, ya que integra todas sus características tipológicas, como son la influencia islámica –decoración y bóvedas al estilo califal-, atrios que cumplen la función de centro de reunión, sustitutos de los soportales de una plaza, y esbeltos campanarios que configuran un peculiarísimo perfil de la ciudad. Construido a imagen de la Catedral de Jaca, posee una torre que conserva restos de un edificio anterior, de estilo mozárabe.

Descendiendo por la plaza del Doctor Gila, está el Palacio de Ayala Berganza, conocido popularmente como Casa del Crimen (siglo XV) y, cercana, la Casa de la Tierra (siglo XVIII) que da nombre a la plaza. Edificio restaurado, tiene interesantes pinturas en la fachada y un patio interior. El caserío, que conserva su sabor popular, se ha convertido en guardián involuntario de las piruetas nocturnas de adolescentes, que han elegido la zona como lugar de reunión.

El solar ocupado por la Iglesia de San Millán radica en un sitio aislado, sagrado desde la época celtibérica; de hecho, en una excavación arqueológica se halló una urna de incineración de aquella época. Según la tradición, el nombre de Barrio de las Brujas proviene de la costumbre que tenían sus mujeres de reunirse en los atrios de la iglesia, vestidas de riguroso negro.

LA CALLE DE SAN FRANCISCO

A pocos pasos, subiendo las escaleras de la Bajada del Carmen y rodeando el actual edificio de la Caja de Ahorros –que ocupa el solar del antiguo Convento del Carmen- aparece de nuevo el Azoguejo. En la placita adoquinada situada a los pies del Acueducto se levanta una casa típica con entramado de madera, ocupada por el Mesón de Cándido; hace esquina con la calle de San Francisco, arteria de comercio y hostelería. Antiguamente era un nudo de comunicación, en el que se ubicaban posadas y mesones. Se conservan casas importantes, como la Casa del Sello, en la que, a partir de la segunda mitad del siglo XVII, residió la junta que sellaba los Paños Segovianos.

Calle de San Francisco, Segovia
Frente a ella, la Academia de Artillería, antiguo Convento de San Francisco (siglo XV), despliega su belleza con desdén, ocultando un brillante patio plateresco y una importante biblioteca.

En la Casa del Sello se marcaban los paños con las armas de la ciudad. La calidad alcanzada por los tejidos segovianos fue estimable; en el siglo XVIII se creó con apoyo del monarca, la Real Fábrica de Paños Superfinos de la Compañía, que quebró. Después surgió, por iniciativa privada, la Fábrica Real de Paños de Ortiz de Paz que gozó de una gran prosperidad.

SANTA EULALIA

Pasada la Casa de los Peces, surge la Plaza de Muerte y Vida, cuyo nombre encierra una leyenda. Después, aparece el pequeño rincón verde de la Plaza de Santa Eulalia, con una iglesia muy remodelada envuelta por el mejor conjunto conservado de arquitectura civil del XVI. Estaba rodeado por casas de tres pisos con soportales de granito y era el centro de los Linajes Comuneros. Cerca se halla el Convento de Santa Isabel, de la orden franciscana. Fundado en 1486, en su interior destaca la reja, procedente de la antigua catedral.

El nombre de la calle de Muerte y Vida recuerda un episodio ocurrido en tiempos de las Comunidades, cuando se acusó injustamente a un hombre de traición. Cuando le llevaban a prisión, una mujer que residía en la calle arengó a los captores, pidiendo la muerte del apresado y arrojando una soga desde su ventana. Finalmente, la prudencia prevaleció sobre la ira del populacho. La casa fue derribada, pero la ventana se conserva en el Museo Provincial.

SAN ANTONIO EL REAL

Monasterio de San Antonio, Segovia
Continuando por la calle de Santa Isabel, con vestigios de casas con secaderos en la parte superior, aparece el Monasterio de San Antonio el Real. El edificio, sobe la fuente de la Dehesa, abierto a los bosques de Valsaín y a la sierra, fue elegido como palacio de verano por Enrique IV y en 1485, por orden real, fue transferido a la orden franciscana, y posteriormente a las clarisas. La portada gótica, el Calvario flamenco y un rico interior con capillas, retablos flamencos e impresionantes artesonados –los únicos de época- merecen una detallada visita.

EL SALVADOR Y SAN JUSTO

Siguiendo el trazado del Acueducto surge la Plaza de El Salvador, realzada por la Iglesia de El Salvador, que entremezcla los estilos románico, gótico y barroco. Próxima está una pequeña joya, el templo románico de San Justo (siglo XII), con unos bellos frescos interiores característicos del románico tardío. Finaliza el periplo en la Plaza de Día Sanz, parada tradicional de los pañeros, que aún conserva la Casa del Beato Alonso Rodríguez, además de una buena perspectiva vertical del Acueducto. De nuevo nos encontramos en el Azoguejo. Tomando la calle Gascos o la Vía Roma llegamos a la Plaza de San Lorenzo.

La imagen del Cristo de los Gascones, una de las más veneradas de la ciudad, vino a lomos de una yegua desde la frontera franco-española. Según la tradición, dos pueblos se disputaban la propiedad del Cristo, y decidieron cargarlo sobre el animal y dejarlo en libertad, escoltado por hombres armados. Tras varias jornadas, la yegua paró frente a la iglesia, muriendo a continuación.

Imagen del cristo de los Gascones, Segovia
SAN LORENZO

El barrio de San Lorenzo posee unas características urbanísticas muy peculiares debido a la tipología de la edificación, ubicación junto al río y a su población, que desde siempre se ha ocupado del cuidado de sus huertas y la artesanía, principalmente de la cantería. En las riberas se conservan restos de un buen número de molinos que daban vida a las fábricas de paños, de harinas, barro o loza y que hoy son viviendas. El barrio conserva su identidad como prueba la raigambre de fiestas populares como Las Águedas, Santa Bárbara –patrona de los canteros- o las patronales celebrada el 10 de Agosto.

La plaza, con casas de arquitectura popular, es el conjunto mejor conservado de la ciudad y centro de la vida del barrio; está rematada por la Iglesia de San Lorenzo, románica de proporciones muy armónicas tiene una torre de ladrillo.

LA ALAMEDA

Al lado, la Alameda de Santa Ana de los Huertos se extiende desde el Convento de San Vicente el Real hasta el Monasterio de El Parral. El que fue primer parque público dependiente del Ayuntamiento es un lugar propicio para el paseo y el descanso, con el río, huertas y árboles.

Entre sus copas asoma San Vicente El Real. Según una inscripción existente en un muro del interior de la iglesia, el edificio fue hasta el año 140 un templo dedicado al dios romano Júpiter. Quemado por el fuego del cielo, en el año 919 se reconstruyó, con San Vicente como titular. Actualmente está habitado por religiosas de clausura, que viven de su huerta y de la venta de flores.

En el borde de la Alameda, frente a San Vicente, se halla el Convento de Santa Cruz la Real, fundado por los Reyes Católicos a partir de iglesias románicas anteriores descubiertas recientemente. La actual estructura del Convento es el fruto de una reconstrucción acometida entre 1480 y 1490, en la que participaron arquitectos como Juan Guas y Pedro de Brizuela, y artistas como Sebastián de Almonacid, autor de la imaginería. La iglesia de grandes dimensiones posee una portada gótica de Juan Guas. En 1809 el conjunto sufrió un grave incendio. Posteriormente fue exclaustrado con motivo de la Ley de Desamortización de Mendizábal, siendo reutilizado primero como hospicio y residencia de ancianos; actualmente es sede de la Universidad SEK. Gran parte de la extraordinaria colección de obras de arte del convento se perdió a causa del incendio, y el resto pasó, después de la exclaustración a los fondos de distintos museos, iglesias y colecciones privadas. El magnífico retablo de Ambrosio Benson está actualmente expuesto en el Museo del Prado de Madrid. En este conjunto arquitectónico se halla enclavada la Cueva de Santo Domingo.

Desde este punto puede regresarse a la parte alta de la ciudad por la Puerta de San Cebrián o bien continuar hasta el Alcázar siguiendo la muralla.

Si el paseante elige continuar dentro de la Alameda se topará con el Monasterio de El Parral, obra de Juan Guas, fundado por Enrique IV en 1447. Su fachada inacabada muestra, labradas, las armas de los Villena. En el interior hay bóvedas estrelladas y un retablo plateresco del siglo XVI con la imagen de la Virgen del Parral. Monjes jerónimos preservan el silencio en sus cuatro claustros; sólo está permitida la entrada al Patio de la Alberca.

Cruzando el puente sobre el Eresma está la Fábrica de la Moneda y, más allá, a través de la Puente Castellana y bajo la vigilancia del perfil de navío del Alcázar, se despliega el Barrio de San Marcos.

SAN MARCOS-LA FUENCISLA

El antiguo barrio de hortelanos ha adquirido trazas de zona residencial, sin perder su belleza. En esta zona se encuentran restos de las iglesias segovianas más primitivas hoy desaparecidas: Santiago, San Blas, y San Gil, que se dice que fue la primera catedral de Segovia, fundada por San Geroteo.

Desde la Iglesia de San Marcos, románica y sencilla, siguiendo el camino hacia Zamarramala está la Vera Cruz, fundación de los Caballeros de la Orden del Temple. La iglesia de planta central posee un interior muy sobrio y emocionante, con un halo misterioso. Tiene dos plantas con bóveda de crucería al estilo musulmán, con arcos entrecruzados y restos de pinturas.

Bajando de nuevo, el Convento de los Carmelitas guarda los restos de San Juan de la Cruz.

Compañera de la coqueta Alameda es la Iglesia de la Fuencisla, patrona de Segovia. El templo, realizado por Pedro de Brizuela, contiene una importante obra de rejería del siglo XVIII, donada por el Gremio de Cardadores. El espacio se cierra con el Arco de la Fuencisla.

Si el paseante aún quiere descubrir otros vestigios como el Molino de los Señores, en la ribera del río, o San Pedro Abanto, antigua iglesia mudéjar (San Juan de Requijada) hoy dedicada a mesón, debe traspasar el Arco.

Si la ruta se realiza en automóvil, puede subirse por la frondosa Cuesta de los Hoyos –se recomienda la magnífica vista del perfil sur de la ciudad- culminada por el Hospital de Sancti Spiritu, hospital de los constipados (operarios de la industria lanera), actual dependencia militar.

En las rocas que rodean La Fuencisla, las Peñas Grajeras, las voces más antiguas cuentan que quisieron despeñar a una mujer judía, Esther, acusada falsamente de adulterio. En ese momento, la joven confesó su fe cristiana y se encomendó a la Virgen, obrándose el milagro de alcanzar la tierra sin sufrir ningún daño. Tras el suceso, fue bautizada como María del Salto y se consagró al servicio de la Catedral de Segovia.

LOS VALLES DEL CLAMORES Y EL ERESMA

La ciudad amurallada está delimitada de forma natural por los ríos Clamores y Eresma. Un segundo cinturón está formado por el verdor de las huertas y los árboles que rodean a la capital.

A la iniciativa de la Sociedad Económica de Amigos del País, establecida en tiempos de Carlos III, se debe la creación del cinturón verde que hoy da color a Segovia.

El 11 de Abril de 1947 se declaraba “Paraje Pintoresco” al conjunto de alamedas y arbolado de la ciudad.

“Beneficia proporcionando”, era el lema de la Sociedad Económica de Amigos del País, cuya sede estuvo en la Calle de Juan Bravo. Establecida en 1775, en tiempo de Carlos III, la promoción cultural y económica eran sus objetivos. A su iniciativa se debe la plantación del cinturón verde de la ciudad.

Es recomendable realizar la circunvalación de Segovia en coche. Pero, si quiere, puede disfrutar de una reposada visión de ambos lados del casco viejo y su muralla y reconocer los perfiles de las torres de las iglesias y torreones de los palacios, caminando por frondosos y tranquilos paseos.

Las cuatro estaciones del año ofrecen sugerentes visiones con colores, texturas y sonidos diferentes de los valles de Segovia.

El valle del Clamores parte del Puente de Sancti Spiritu, en el Barrio de San Millán –antigua Morería-. Este espacio natural, en la periferia de la ciudad, se ha restaurado, conservando y potenciando la vegetación y consolidando las ruinas testimoniales del pasado. La presencia testimonial del agua es otro de los elementos destacables. A la izquierda están La Piedad y El Pinarillo, en el que el Ayuntamiento plantó en el siglo pasado pino piñonero y, más recientemente, en los años cuarenta, cipreses.

El actual trazado de la carretera –Cuesta de los Hoyos- crea cortados artificiales de la roca, de fuertes contrastes. Especies arbóreas como sauces, chopos, saúcos, tarays o atilantos colorean un paseo que, entre los meses de febrero y marzo, se viste con tonos blancos y rosas de la flor de los almendros.

El valle se caracteriza por una fuerte erosión fluvial que ha originado un saliente en la roca a modo de alero. Las casas se perfilan acomodándose a la morfología del terreno en forma de terraza. Ya en el Alcázar el valle se hace muy profundo para cumplir su función de foso natural protector de la parte alta de la ciudad. En este punto el río sale a la superficie entre chopos y castaños. El cauce, que llega hasta la explanada del Santuario de la Virgen de la Fuencisla, fue desviado en 1840 para preservar el edificio.

Tilos, chopos y arces, sobre el fondo de las Peñas Grajeras, constituyen el paisaje de la popular Alameda de la Fuencisla. Junto a ella, a los pies del Alcázar, la pradera de San Marcos, donde confluyen los ríos Clamores y Eresma. En las riberas abundaron molinos, batanes y tenerías, vestigios del antiguo esplendor económico de Segovia.

Una gran huerta de verduras y hortalizas conviven con coloristas parterres de flores, junto a la Puente Castellana. Desde aquí sube el Paseo de San Juan de la Cruz, que conduce al Arco de Santiago.

El Paseo de Santa Lucía, a la izquierda, muestra la muralla entre un frondoso arbolado.

La Alameda del Parral se extiende desde el Puente de la Casa de la Moneda hasta el Convento de San Vicente. Este paraje es una planicie de llanura de inundación del río Eresma. El fluir del agua también es protagonista en la romántica tapia del Convento de Santa María del Parral; en el punto más bajo un enorme chorro brota bajo la hiedra y las higueras, cayendo en una pila de piedra, que con su frescor nos invita al reposo estival.

En esta zona del río está la presa de la Casa de la Moneda. Junto a ella un hermoso paseo salpicado de plátanos, castaños, fresnos, chopos, sauces, sóforas, arces y almeces que nos conduce a un espacio más amplio, a modo de plaza con una fuente de piedra.

Tras el paseo, la ladera del Parral hacia San Vicente marca la transición de la vegetación de ribera a la del páramo.

En la margen izquierda del río hay restos de vaquerías, naves y fábricas junto a grandes huertas que siguen produciendo hortalizas y verduras frescas de temporada. La calle de los Molinos, algunos de ellos rehabilitados como residencia, nos conduce al Barrio de San Lorenzo.

Las murallas de la ciudad, con un perímetro de más de 3.000 m., nacen y mueren en el Alcázar. Su fábrica es de mampostería caliza, cimentada, en parte, sobre grandes sillares de granito. Para su construcción se emplearon también lápidas de la antigua necrópolis romana. Tenía cinco puertas: Santiago, San Cebrián, San Juan, San Martín y San Andrés. De ellas permanecen las de Santiago y San Cebrián en el lado norte, y San Andrés en el sur. Además tenía varios portillos: del Alcázar, de la Fuente Cercada, Picado o de San Matías, de San Juan, del Consuelo, de la Luna, del Sol y del Obispo. Actualmente sólo se conservan el del Consuelo y el de San Juan, y se han reconstruido los de El Sol y La Luna.

Verano musical en Segovia
LA CULTURA, SIEMPRE

La música, el teatro, la danza, el arte nunca abandonan Segovia; forman parte de sus calles, de su historia y de su gente. Dar forma a esta esencia e iluminar el calendario con una brillante y rigurosa programación cultural es el objetivo de la Fundación Don Juan de Borbón.

Nacida en 1995 al amparo de administraciones públicas e instituciones privadas, la Fundación Don Juan de Borbón realiza una continuada labor de patrocinio, organización y promoción de actividades culturales en Segovia. Don Juan de Borbón, conde de Barcelona y padre del rey de España, Don Juan Carlos I, ha sido una figura muy cercana a Segovia. Nació –como sus hermanos Jaime y Beatriz- en el Real Sitio de San Ildefonso, lugar en el que Alfonso XIII pasaba largas temporadas durante el verano. Don Juan mantuvo en vida una entrañable relación con Segovia, que la ciudad quiso agradecer poniendo su nombre a esta fundación cultural. La alta calidad de la oferta congrega tanto a público segoviano como a visitantes de otras comunidades y países.

La cultura, en su sentido más amplio y rico, protagoniza una programación que ha encontrado su mejor escenario en los edificios, calle plazas segovianas.

La música ocupa un lugar de privilegio. El melómano más exigente puede disfrutar con grupos de cámara, grandes orquestas sinfónicas, formaciones corales, etc. Ahí está la veterana Semana de Música de Cámara, enmarcada por los preciosos patios del Alcázar, de la Catedral y el Palacio Episcopal. O el Festival Internacional, que elige la plaza de San Esteban, el enlosado de la Catedral o el perfil del palacio de La Granja.

Más música: el Festival Joven, para dar cabida a los nuevos calores, o el ciclo de Música de Adviento, para preparar una cálida Navidad. Polifonía Sacra, Música del siglo XX, Festival de las Tres Culturas de Música Antigua, Semana de Canto Coral… son otras de las citas obligadas.

El coqueto Teatro Juan Bravo, cuya temporada comprende de octubre a junio, acoge a las mejores compañías de teatro y danza del mundo. Estrenos mundiales y nacionales se suceden a lo largo del año. Además es frecuente la coproducción de espectáculos de especial interés cultural y el apoyo a jóvenes valores y compañías.

El Festival Internacional de Teatro de Títeres de Segovia, Titirimundi, ha adquirido un merecido prestigio entre los más famosos festivales del mundo. A esta ciudad han llegado compañías de los países más lejanos como la India, Irán, Japón, Vietnam… con marionetas movidas por técnicas tradicionales, junto a otros grupos occidentales con propuestas teatrales y estéticas vanguardistas. Es la cita con la ilusión que nos propone Segovia en los meses de mayo o junio.

También quedan días en el año para dar vida a la música de raíz, al folk, en los encuentros Agapito Marazuela y en Folk Segovia, un festival de gran prestigio que ha celebrado ya trece ediciones.

Y como colofón, el Día Europeo de la Música. Segovia ha dado pauta y espíritu a esta celebración en el resto de España. Muchas horas de música que surge de las calles, plazas y patios de Segovia, música de cientos de instrumentos.

Otras manifestaciones artísticas, como la danza y el teatro, están presentes en espectáculos de primer orden del Festival Internacional que, en muchas ocasiones, patrocina importantes estrenos.

Para completar un gran año de cultura, Segovia acoge grandes exposiciones en salas públicas y privadas.

Todo esto y muchas propuestas más alumbran la generosa programación que ofrece la Ciudad de Segovia a sus visitantes durante todo el año.

PASEOS TRADICIONALES. ALREDEDOR DE LA CIUDAD

Rodea Segovia núcleos de población muy próximos que hoy rezan como barrios incorporados a la capital pero que conservan su identidad y sabor.

Bien merece una visita Zamarramala, curioso nombre de un pequeño pueblo cuya fama ha transcendido por perpetuar, año tras año, la celebración de la festividad de Santa Águeda, patrona de las mujeres.

A principios de febrero se celebra la festividad de Santa Águeda en numerosas localidades, aunque en Zamarramala, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, adquiere un sabor muy especial. Las zamarriegas conmemoran la efeméride de la Santa mártir que prefirió perder sus pechos antes de renegar de sus creencias y dignidad. También, según la tradición, rememoran la valiente intervención de sus antepasadas en la liberación del Alcázar, que había sido asaltado por los moros. Durante tres días las mujeres casadas ostentan el poder de “mandar” en el pueblo.

Otros núcleos singulares son Madrona, que fue necrópolis visigoda –ajuar expuesto en el Museo Provincial de Segovia- y cuenta con una bonita iglesia y la recoleta Hontoria.

La vecina Revenga cuenta en su término con un tranquilo pantano y un Soto que puede presumir de ermita románica y de acoger la mayor concentración de cigüeñas de la comarca. Y, muy cerca, están los rosados muros del Real Sitio de Riofrío, rodeado de un parque donde corren los gamos.

A los más intrépidos les espera Fuentemilanos, con un moderno aeródromo de vuelo con y sin motor, punto de encuentro de aficionados de diferentes países europeos.

A pocos kilómetros también se encuentra Torrecaballeros, auténtica “reserva” gastronómica para los paladares más exigentes, con una numerosa y cuidada oferta hostelera. Y, siguiendo la ladera de la montaña y el trazado de la Cañada Real Soriana Occidental –merece la pena visitar la Casa de Esquileo de Cabanillas- aguarda La Granja de San Ildefonso, con su precioso palacio y sus bellísimos jardines versallescos.

Soto de Revenga, Segovia
LAS COCINAS DE SEGOVIA

En las tradicionales cocinas segovianas, las de mesones centenarios, restaurantes y las de las casas, se han elaborado durante siglos los alimentos autóctonos naturales hasta convertirlos en exquisitas recetas.

El tierno lechazo o el cochinillo, especialidad de Segovia, son parte de la oferta de carnes, completada por los mil productos obtenidos en la matanza del cerdo, celebrada durante los meses fríos.

Las huertas que aún se conservan en los valles de Segovia producen sabrosas frutas y hortalizas y la sierra cercana a la ciudad proporciona una importante variedad de setas y hongos.

El menú se completa con los postes, siendo el más típico el ponche segoviano, confeccionado con bizcocho, crema y mazapán tostado.

Existe además una buena oferta de cocina creativa y regional de otras comunidades, en establecimientos que se reparten por todo el entramado urbano, tanto en el casco histórico como en los barrios extramuros.

Una oferta sugerente que no debe dejar pasar.

Cochinillo, especialidad gastronómica de Segovia

Dónde alojarte en Segovia

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Comentarios:
tania 15-08-2013
me gustaria conocer la casa de la diputacion provincial que por informacion pertenece a mis antepasados la familia uceda
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