Málaga - Sierra de las Nieves, interacción con la naturaleza
Andalucía
Los municipios que la integran, conforman una comarca rural y serrana en la que el ser humano todavía mantiene un perfecto equilibrio con la naturaleza, configurándose este equilibrio como modelo ecológico y cultural a imitar.
Els Blaus de Roses

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Los primeros testimonios de la presencia del hombre en Sierra de las Nieves datan del Paleolítico. Al principio, los humanos, más indefensos que otros animales, se refugiaban en cuevas. Hacia el año 6000 a. C. Comienzan a dominar la agricultura y la ganadería y aparecen  los primeros poblados. La llegada de los metales el 3000 a. C. Trae consigo la aparición del megalitismo (arquitectura monumental realizada con grandes piedras). Desde el siglo VII d. C., los pueblos ibéricos asentados en estos territorios instalarán sus poblados en zonas estratégicas. La dispersión de los asentamientos acaba con la llegada de los romanos, que convierten a las ciudades en los ejes sociales y económicos. Si bien en la comarca no conservamos ciudades romanas, si quedan restos de calzadas y puentes. Tras visigodos y bizantinos, en el siglo VIII llegan los musulmanes y fundan Al-Andalus, aunque los antiguos pobladores cristianos (llamados mozárabes) continúan habitando la zona. Es durante esta época cuando Sierra de las Nieves alcanza su máximo esplendor social y económico, mientras surgen los actuales núcleos de población alrededor de las fortalezas, que rigen consecutivamente almorávides, almohades y nazaríes. A finales del siglo XV, los Reyes Católicos acaban con ocho siglos de dominio islámico, conquistan las sierras y construyen iglesias sobre las mezquitas. Los musulmanes son obligados a convertirse al cristianismo. Los nuevos cristianos, los moriscos, viven en unas condiciones muy duras, sometidos a grandes presiones, lo que les llevará a sumarse a la rebelión morisca a finales del siglo XVI en el reino de Granada, que acabará con la expulsión de todos ellos, hecho que provocó una gran crisis económica en la zona, al igual que en todo el sur y al este de la península. Durante los siglos XVII y XVIII, la nueva sociedad organiza su vida en torno a las iglesias, introduciendo nuevos estilos artísticos que quedarán reflejados en las construcciones de esos momentos. En el siglo XIX, la sierra es invadida por el ejército francés que acaba de destruir los castillos que aún se conservan, deterioro que llegará hasta la actualidad, cuando la preocupación por el patrimonio artístico-cultural comienza un periodo de rehabilitación que todavía se lleva a cabo.

OBJETOS LÍTICOS. Durante el Paleolítico y Neolítico, el hombre modela elementos que encuentra a su alrededor: convierte las piedras en molinos de mano, hachas y cuchillos. Poco a poco van mejorando sus técnicas de trabajo y comienzan a realizar objetos de adorno. Nos vamos acercando al periodo del cobre (Calcolítico), que dará comienzo a la edad de los metales.
Hasta la llegada del neolítico, que traerá consigo la sedentarización, los clanes familiares habitan las cuevas, donde se protegen del frío y depredadores, y desarrollan el culto a los antepasados. La orografía caliza de la Sierra de la Nieves ha generado numerosas cavidades, donde se han encontrado restos de la vida cotidiana de estas familias.

CALZADA ROMANA. Fenicios, iberos, cartagineses y romanos, dejaron sus huellas en el paisaje de Sierra de las Nieves, en forma de necrópolis, torres, calzadas y puentes, si bien hoy se conservan unos pocos restos de estos tiempos. Por aquel entonces, la comarca era aún un inmenso y cerrado bosque, sólo atravesado por alguna calzada por la que se transportaban metales y piedras de las minas y las canteras.

CASTILLOS ÁRABES. La Edad Media en el Sur de España fue una época de riqueza cultural y económica. Sierra de las Nieves no fue una excepción. Los musulmanes levantaron los actuales pueblos, construyeron castillos, acequias y molinos, e incrementaron los contactos comerciales. Este periodo se vería truncado con la conquista cristiana y la posterior repoblación  con habitantes del norte.

ARTE MUDEJAR. Ocho siglos de dominación árabe dejarían una profunda huella en la nueva sociedad derivada de la conquista de los Reyes Católicos. Durante el siglo XVI las construcciones mantienen elementos islámicos, tanto de uso de materiales como en los tipos de decoración, como se puede comprobar en las armaduras de madera utilizadas en las cubiertas de los edificios. Es el arte gótico-mudéjar, mezcla de culturas.

NUEVAS IGLESIAS. Las luchas entre cristianos y moriscos, que acabarían con la expulsión de estos últimos, deterioran el patrimonio artístico de la zona. Las restauraciones incorporan ornamentos propios de la nueva época: el Renacimiento, caracterizada por el uso de elementos clásicos, si bien en algunos casos se respetan las particularidades de la época anterior. De nuevo, la mezcla de las culturas se hace patente.

ESPADAÑA. En los siglos XVII y XVIII proliferan las construcciones religiosas, como ermitas, capillas y hornacinas, y nuevos gustos decorativos se incorporan a las iglesias y edificios. Es el barroco, que se caracteriza por la introducción de yeserías, retablos y pinturas, así como en la sustitución de las torres-campanario por espadañas, un muro elevado sobre la fachada de la iglesia. Cobran importancia los Vía Crucis. La época contemporánea se caracteriza por la construcción de obras de infraestructura para garantizar el abastecimiento de agua (fuentes y lavaderos), los enterramientos (cementerios), la economía (molinos, canteras y centrales eléctricas) así como el aprovechamiento de los recursos naturales (pozos de nieve y hornos para pan o carbón vegetal).

ALOZAINA.

Que nadie dude que una visita cabal a Alozaina requiere de tiempo suficiente para pasear por sus calles, con la típica arquitectura de los pueblos de la comarca: rojos de techo y blancos de fachada. Los vecinos, llamados pecheros, lo saben, y la historia, que denominó a este pueblo como “un lugar bueno y sano”, convirtió a Alozaina en un rincón especial para disfrutar  del descanso amigable y acogedor de la sierra que mira al valle. Alozaina ofrece de todo un poco: vistas de ensueño, una granja escuela donde los niños aprenden a convivir con la naturaleza y hasta una casa de reposo para amantes de la vida espiritual. Alrededor, la naturaleza impoluta de la Sierra de las Nieves tiñe de colores el peculiar devenir del tiempo, desde el amanecer amarillento hasta la puesta de sol rojiza. Huele a especias de la sierra, esos aromas que otorgan a las aceitunas la categoría de joyas del sabor. Que nadie dude pues que una visita cabal a Alozaina requiere de tiempo para impregnarse de la profunda personalidad de esta atalaya que mira al mar Mediterráneo.

El patrimonio cultural de Alozaina rebosa historia. Ya en el Paleolítico Superior había familias disfrutando de este enclave en la Cueva del Tajo de Jorox o de las Vacas. Un pequeño idolillo en forma de huso, que se conserva en el Museo Provincial de Málaga, atestigua la presencia del hombre durante el Neolítico y épocas posteriores. De los monumentos que posee Alozaina, cabe destacar la Iglesia Parroquial de Santa Ana, construida tras la conquista cristiana y reformada en 1605 y 1770. Tiene planta de cruz latina, con todas sus cubiertas de madera y elevándose sobre los demás la de crucero. Destacan en el templo la tribuna, situada a los pies, que se soporta con un arco rebajado, y dos capillas cubiertas con bóvedas de arista, situadas a ambos lados de la nave central a los brazos del crucero. La iglesia semirupestre del Hoyo de los Peñones, ermita mozárabe situada a dos kilómetros del pueblo en dirección a Casarabonela, está asociada a una necrópolis y pertenece al despoblado de El Albar, de los siglos IX-X. Constituye una importante muestra del fenómeno mozárabe de Málaga. De la necrópolis se excavaron 122 tumbas, muchas de niños, lo que indica una fuerte mortalidad infantil de una comunidad dedicada principalmente a la ganadería. La existencia de un panteón familiar es indicio de distinciones sociales. El cementerio, siempre bien cuidado, está situado junto al camino de Guaro, y se construyó gracias a la donación de la duquesa de Montellano, en el siglo XIX, con la cláusula de que fuera regentado por la Hermandad del Santísimo Sacramento. Es por tanto el único de la comarca que no es de propiedad municipal.

Artesanía.

La riqueza de Alozaina (y su pedanía de Jorox) ha sido patente desde antes de la dominación musulmana. Pero fue entonces cuando se creó la base del tejido económico que perduraría hasta bien entrado el siglo XX. Junto al cauce del río Jorox existieron nueve molinos de harina, de los que seis aún se conservan en buen estado, si bien ninguno cumple su cometido actualmente. También perduran antiguos oficios artesanales como la fragua que, usando todavía el carbón como materia prima para calentar y fundir el metal, produce elementos propios  de la forja artística, como barandas, balcones, puertas. Un buen ejemplo de ello es el taller de José Luis Arroyo Dueñas y Rafael Arroyo Dueñas, en la calle Ortega Feria (Tel.: 952481069). A la salida del pueblo en dirección a Casarabonela, existe un tejar que sigue utilizando técnicas tradicionales.

Historia, Leyendas...


Aquí me ocurre por buen ejemplo decir el valor de una doncella llamada María Sagredo, la cual viendo caído a Martín Domínguez, su padre, de un escopetazo que le había dado un moro, llegó a él y le tomó un capotillo que traía vestido, y se puso una celada en la cabeza, y con la ballesta en las manos y aljaba al lado subió al muro, y peleando como lo pudiera hacer un esforzado varón, defendió un portillo, y mató a un moro, y hirió otros muchos de saeta, y hizo tanto ese día, que mereció que los del consejo de su majestad le hiciesen merced de unas haciendas de moriscos en Tolox para su casamiento”. Así narraba Luis de Mármol Carvajal a finales del siglo XVI la historia de María Sagredo, heroína singular que defendió Alozaina de un asalto de durante la rebelión morisca en 1570, cuando en la villa sólo había mujeres, niños y ancianos. Pero la leyenda va más allá y asegura que esta brava mujer se fijó en unas colmenas, que inmediatamente arrojó a los moros.  Los enjambres atacaron con furia a los sitiadores de la villa que hubieron de retirarse al grito de “malditas sean las moscas de tu tierra”.

Fiestas.

Uno de los ciclos más rico de la comarca es el de Alozaina. Tras las agitadas navidades, poco antes de la Cuaresma, se celebra el Carnaval de la Harina, durante el cual los vecinos se enharinan con decisión y mucha diversión. Una semana antes de comenzar oficialmente la Semana Santa, los pecheros se lanzan a las calles, conmemorando la semana de pasión con un recogimiento que perdurará el resto de la Semana Santa. Es entonces cuando las procesiones, las escenificaciones de la muerte de Cristo y la música se tornan un solo sentimiento que inunda el pueblo a olor de velas de incienso. Al apuntar la primavera, las Cruces de Mayo se desarrollan de doble forma: se colocan altares en la localidad mientras el día 4 se celebra la Romería de la Santa Cruz hasta Jorox, con una carreta que lleva una cruz de espejos y cristal. Con los calores casi en la puerta, se celebra la Semana Cultural, que amalgama erudición y divertimento; y a finales de Julio la Feria de Santiago y Santa Ana, la feria de verano, explosión de casetas y música festiva.

CASARABONELA

Hay pueblos en los que si escuchas atento y miras del modo adecuado puedes captar el rumor del tiempo transcurrido. Esto le pasa a Casarabonela, la morisca, villa mestiza de culturas, ágora de vivencias. Sus calles estrechas y empinadas están cuajadas de callejones sin salida y habitaciones elevadas bajo las que pasa la calle. La herencia musulmana se palpa en cada rincón, donde una hornacina señala el camino a seguir y una fuente ayuda a conocer y a comprender. La Castra Vinaria romana, llamada por los árabes Cars Bonaira, es hoy un remanso de paz que deleita al viajero. Desde lo más alto la mirada se pierde por los cuatro puntos cardinales, invitando al paseo urbano o a la caminata natural. Porque en Casarabonela el monte se funde con la calle, el río con la fuente y en la tranquilidad de sus rincones aún perduran los ecos de antiguas batallas entre moriscos y cristianos. De los monumentos que posee Casarabonela, caben destacar los restos del Castillo, del que hoy se mantienen cuatro torres y algunos restos de lienzos de muralla. La iglesia de Santiago se edifica en el siglo XVI, aunque las reformas de siglos posteriores la transforman totalmente. Su planta se divide en tres naves: la central cubierta con bóveda de medio cañón con arcos fajones y lunetos. En el altar mayor destaca la Virgen del Rosario, la imagen del Niño Jesús y la Capilla del Sagrario, así como diferentes piezas de orfebrería. También merece la pena visitar la Ermita de la Vera Cruz o la del Calvario. De gran interés son las treinta y cinco hornacinas que salpican algunas fachadas. Estos pequeños nichos rematados con arco de medio punto pueden tener su explicación como lararios romanos, demostraciones moriscas de la conversión o frontera del arrabal. Una de las señas de identidad del pueblo son las fuentes, entre las que destacan el Caño de la Plaza, Fuente del Cristo, o el caño de Álora. También hay que mencionar la Chimenea, resto de una central térmica que antaño producía electricidad. Es la única que queda en muchos kilómetros a la redonda.

Artesanía.

De los antiguos trabajos artesanales que se realizaban en el pueblo de Casarabonela se ha mantenido, a pesar de la mecanización del campo, la talabartería, que reúne elementos puros de la albardonería como son las jalmas (un aparejo relleno de paja que se coloca encima de las caballerías) y sobrejalmas (manta de lona bordada de muchos colores que se coloca encima del aparejo), con elementos de guarnicionería: cinchas (una banda o correa que sujeta la montura por la barriga del animal) y ataharres (también llamado retranca, es la banda o correa que sujeta la montura por las ancas del animal). Es fácil ver a las bestias llevar estos aparejos cuando van al campo, casi siempre de la mano de algún mayor del pueblo. Para adquirir algunas piezas de talabartería es necesario encargarlas a Miguel (952456868).

Fiestas.

La semana Santa de Casarabonela es un elemento importante de su patrimonio etnológico. La representación en vivo de la Pasión es famosa en toda la provincia por su dramático realismo. Esta pasión es la que más se asemeja a los Autos Sacramentales. El 3 de Mayo, el Día de la Cruz, las hornacinas cobran su especial protagonismo y las cruces de su interior son especialmente engalanadas con flores, así como su entorno, que se adorna para esta celebración vecinal. En la última semana de julio se celebra la feria de Santiago en honor al patrón morisco. Pero quizás la fiesta más singular de la localidad sean los Róndeles. Se celebra la noche del 12 de diciembre, una vez acabadas las faenas  de la recogida de la aceituna. Para esta ocasión, la Virgen es procesionada como Divina Pastora, desde la ermita de la Vera Cruz hasta la Iglesia de Santiago, acompañada por hombres que portan capachas de esparto (llamadas róndeles) envueltas en fuego, mientras las pastorales les entonan los primeros villancicos del año. El efecto del fuego iluminando el pueblo es espectacular.

EL BURGO.

No hay viajero que pueda permanecer impasible ante la primera vista de El Burgo. Rodeado de montañas pobladas de bosques, se alza sobre un cerro, desafiante al paso de la historia. Hasta el río Turón, limpio como pocos, le rodea en un afán de que permanezca vigilante de tierras y caminos. Esta situación de atalaya estratégica ha marcado su existencia. Fue morada de los clanes familiares de la época del cobre, Torre de Aníbal de los cartagineses, paso obligado de hombres y mercancías durante la ocupación romana y castillo fronterizo durante la ocupación árabe. Hoy por hoy, la única ocupación que cabe es pasear entre una naturaleza privilegiada, disfrutar de unos servicios turísticos de calidad extra y visitar sus calles, mezcla de moro y cristiano. La explotación de El Burgo comienza desde lo alto del cerro. En la plaza de la Villa se ubica la iglesia gótico-mudéjar de Nuestra Señora de la Encarnación, construida en el siglo XVI sobre la antigua mezquita. Su planta es de tres naves separadas por arcos apuntados enmarcados en alfiz. En el exterior la portada de los pies es obra gótica en piedra, con arco apuntado y abocinado y enmarcado en alfiz (detalle típicamente islámico). Ha sido reformada en varias ocasiones, pero la torre alminar apenas ha sido tocada y muestra su planta rectangular habitual en las torres  islámicas. Merece destacar el retablo del altar mayor, de estilo manierista, y dos retablitos des yesería en la nave de la epístola. Frente a la iglesia se puede ver un retazo del viejo castillo, cuyo origen bien podría ser una torre de Aníbal, garita de vigilancia que dejaron los cartagineses y que mencionaron los romanos en sus crónicas sobre la ocupación de Hispania. El castillo alcanzó su máximo esplendor en la época islámica, baluarte fronterizo entre diferentes reinos árabes o entre moros y cristianos durante la Conquista. Fue destruido y reconstruido varias veces hasta que tras la Guerra de Independencia contra Francia es definitivamente derribado, a excepción de varias torres y algunos muros a los que se adosaron casas que aún hoy permanecen en pie.  En la carretera que va hacia Ardales, se encuentra el Puente de Málaga, que conserva la parte baja de un pilar y su tajamar (parte añadida que aguanta el empuje de las aguas) de la época romana.

En el camino de la Fuensanta, se ubica el molino harinero del mismo nombre, resto de otros tiempos en que se utilizaba la fuerza del arroyo para moler el trigo. Actualmente es un área recreativa de gran belleza. Y si se toma la carretera que va a Ronda, a unos pocos kilómetros, se levanta el Monumento al Guarda Forestal, escultura realizada por  Enrique Arremberg en 1977.

Los artesanos.

La artesanía de El Burgo se mantuvo gracias a la necesidad vital de proveerse de útiles para la casa y el campo. Pero los tiempos modernos relegaron ciertos trabajos (el esparto, el mimbre o la palma) al olvido. Hoy, varias iniciativas promueven el trabajo artesanal en diferentes disciplinas: un taller se ha especializado en cerámica (Taller artesanal Yute en la calle Herrería. Tel.952160023) mientras que otro realiza muebles artesanales de una gran calidad (Carpintería Cadelburgo, carretera de Ronda, S/ N. Tel.952160063). Ambos casos unifican la labor manual de los artesanos con un elevado concepto de la calidad en el trabajo. La otra artesanía, la que no se vende y es difícil de encontrar, se desarrolla cada día en los patios y frente a las puertas de las casas. La llevan a cabo los propios vecinos, cuando arreglan arreos de las bestias o preparan los látigos de esparto para las fiestas.

Historias, Leyendas...

Dicen los cronistas que Juan José Mingolla Gallardo, conocido como Pasos Largos, fue el último bandolero andaluz, Juan nació en El Burgo, en 1873 y fue el menor de una familia de tres hermanos, dedicada a un cultivo de un trozo de tierra en el Puerto de Empedrados y que regentaba una pequeña venta de arrieros en la sierra rondeña. Tras la muerte de su padre es enviado a Cuba, donde sufre los rigores de la derrota colonial española. A su vuelta, comienza a practicar la caza furtiva y es perseguido por los civiles, a los que burla gracias a su profundo conocimientos de la sierra. Pero un mal día, en un ataque de ira y venganza, mata a dos personas de una misma familia, que le habían denunciado y después de vagar por los montes durante meses, en 1916 es capturado y encerrado de por vida en prisión, primero en Figueras y más tarde en el Puerto de Santa María. Enfermo de tuberculosis, es indultado por la República en 1932, tras lo cual regresa a El Burgo, roba un rifle y comienza de nuevo su vida de furtivo. Muere acribillado a balazos durante un tiroteo con la Guardia Civil el 18 de Marzo de 1934.

Fiestas.

Sus fiestas patronales arrancan desde comienzos del siglo XVII, concretamente en 1503, cuando los Reyes Católicos autorizan la celebración de una feria de ganado el día 28 de Agosto en honor a San Agustín. La semana Santa tiene un acto muy interesante el Domingo de Resurrección, con la quema de un Judas relleno de serrín y cohetes. Su sonora destrucción simboliza para los cristianos la aniquilación del mal bajo el efecto de la Resurrección.

Otras fiestas de interés son la celebración del corpus y la Romería de la Virgen de las Nieves, cuando llevan la imagen de la Virgen desde el pueblo la Fuensanta, en donde se oficia una misa. Vale la pena reseñar la celebración, en febrero, de los carnavales, por el entusiasmo que despierta en los vecinos que, formando peñas o de forma individual, se disfrazan y recorren las calles de un desatado ambiente de algarabía.

GUARO.

Cualquiera de las dos entradas a Guaro, por Caín o por Monda, vienen procedidas por el intenso aroma de los almendros. En primavera, cargados de flores blancas y rosas, estos caminos se cubren de pétalos, que reciben al visitante con una alfombra de cordial acogida. Entonces descubre el viajero que está en un paraíso. Los orígenes de Guaro son desconocidos, pues solo aparece en los textos referentes a la conquista de los Reyes Católicos, a quienes se entrega la población tras la toma de Coín, en 1485. Así narra los acontecimientos el cronista Hernando del Pulgar: “Los moros de Guaro, recelando de ser muertos o cautivos, se fueron con los bienes que pudieron llevar a otras partes, abandonando Guaro. Y como supo el rey que estaba yerma y desierta, mandó destruir su torre.” En 1614 Guaro recibe el título de villa y fue designada capital de un condado del mismo nombre por el rey Felipe IV. En la fachada principal de la iglesia se puede admirar un escudo episcopal. Un ejemplo de los cambios que el patrimonio histórico sufre a lo largo de la historia es la iglesia parroquial de San Miguel. Debió edificarse en el siglo XVI y constaba de una sola nave adosada al lado del evangelio. En 1605 se somete a diversas reformas, que se realizan  bajo la supervisión de Pedro Díaz de Palacios. Con las reformas se separan las cubiertas y se construye una sacristía entre la antigua torre y la pared del lado del evangelio. Más tarde, entre los siglo XVIII y  XIX, la iglesia se transforma de nuevo, adquiriendo la planta de cruz latina que hoy presenta. Después de la guerra civil tiene que ser reparada y se intervienen  en las capillas de los brazos del crucero, que es la nave cercana al altar mayor. En la fachada principal destaca la portada, compuesta por un arco de medio punto entre pilastras, disponiéndose encima un balcón y más arriba una pequeña hornacina con la imagen de San Miguel. La torre es de dos cuerpos, con arcos en medio punto para las campanas. Otros monumentos de carácter religioso son el cementerio, construido en 1894 y muy cerca de él, la Ermita de la Cruz del Puerto.

La almanzara.

En Guaro, aún funciona una almanzara de comienzos de siglo que utiliza sistemas tradicionales para la fabricación del aceite, una de las principales fuentes de riqueza de las localidades de Sierra de las Nieves. El proceso comienza con la limpieza de las aceitunas en la zaranda, donde se “zarandean” (se mueven) hasta que quedan limpias de hojas y ramas. Luego pasan por una tolva al molino, formado por una piedra solera y otra para moler. Allí son machacadas y se obtiene un primer aceite. Después la masa resultante de la trituración se coloca sobre capachas de esparto y se pasa por la prensa, donde es exprimido definitivamente.

Artesanos.

Como en tantas villas apenas se conservan restos de su tradición artesanal, si bien en la actualidad varios talleres mantienen vivos oficios y ocupaciones del pasado. Destacan entre ellos la forja artística que, tras la desaparición de los trabajos de la forja de campo, se dedican a los objetos mobiliarios de decoración, como mesas, percheros o lámparas (Avenida Pablo Ruiz Picaso,9. Tel.:952457836). La almendra, como era de esperar, también se trabaja de forma artesanal, siguiendo las recetas de los dulces de toda la vida. Buenos, sanos y alimenticios ejemplos de ello se encuentran en La Guareña (Calle Huelva, 7. Tel.:952457847).
También son conocidos los bordados que se realizan en la localidad, dedicados a confeccionar la ropa de ajuar que las novias aportan a la boda, principalmente mantelerías, sábanas y colchas. 

Fiestas.

En la Semana Santa de Guaro destaca la Procesión de los Hermanos, que arranca de una antigua tradición, que arranca en la que sólo participaban hombres, y las mejores que tuvieran promesa. De gran interés es la fiesta de Las Mayordomas, en honor a la Inmaculada Concepción, que arranca desde que se promulgó el dogma a mediados del siglo XIX. En Las Mayordomas se responsabiliza a las personas elegidas en una serie de tareas, como el cuidado de las imágenes, la organización de las fiestas y a veces administrar el dinero e incluso costear la festividad. En Guaro se eligen no más de seis muchachas que cuidan y adornan la imagen de la Virgen, la acompañan en la procesión (el 7 de Diciembre) y al día siguiente, en la misa, recitan composiciones a la Inmaculada. En mayo se celebra la Romería de San Isidro, en la que los vecinos se bajan al río a disfrutar de la música, juegos y una gran paella. Y a finales de agosto se celebra la Feria del pueblo, las fiestas mayores, que se convierten en cuatro días de encuentros entre familiares, amigos, vecinos y paisanos.

ISTÁN.

Camino de Istán, nada más entrar en la Reserva de la Biosfera desde Marbella, el viajero percibe un cambio en la calidad de la luz. Es la sutil combinación de colores que generan los distintos verdes de algarrobos, pinos y alcornoques con el azul reflejado del pantano de Río Verde. Diez minutos después, aparece la villa de las fuentes y de las acequias, en la que aún resuenan los combates moriscos y el acento de los repobladores panochos. Porque si bien con los romanos las tierras de Istán eran ya ricos, fue con los musulmanes cuando este pueblo enclavado entre las sierras Real y Blanca alcanzó un esplendor único en la región. Y fue gracias a la decisión de los reyes cristianos de que los moriscos se alejaran de las playas hacia el interior. Las pasas, vinos y sedas se exportaban a toda Europa y las grandes obras de canalización de agua, hoy todavía visibles y en uso, convirtieron en un vergel las laderas de los montes. Cuentan las crónicas islámicas que en un lugar llamado Arboto, a unos cuatro kilómetros al norte de Istán, había una casa de labranza (alquería) que tuvo que ser abandonada durante la conquista cristiana. Sus ocupantes se trasladan al pueblo, aunque no por mucho tiempo. El 31 de Diciembre de 1568, hartos de las presiones políticas y económicas del reino cristiano, los moriscos de Istán se rebelan al igual que los moriscos de toda la Sierra de las Nieves. Abandonan la villa y se refugian en Arboto, donde comienzan una guerra de guerrillas que acabaría dos años más tarde después de la expulsión de los moriscos de toda la región. De Istán musulmán quedan los restos de la Torre de Escalante (finales del siglo XV) y algunos pequeños molinos hoy en desuso. La iglesia de San Miguel se asienta sobre la antigua mezquita y su torre conserva el carácter islámico típico. Destacan en ella la espadaña, el elemento más barroco del templo, con arcos de medio punto a cada lado, y la portada de ladrillo que da a la plaza del pueblo. En su fachada se pueden ver dos de las catorce hornacinas que componen el Vía Crucis y que están repartidas por las calles, cuidadas y adornadas por los propios vecinos. La importancia del agua en Istán es patente en sus once fuentes repartidas por la villa, todas potables pues vienen del manantial. Pero si hay que destacar una, esta sería el lavadero, conocida como “El Chorro”  y en la que se encuentra una fuente de siete caños, adornada con ladrillos y azulejos, de la que en lo más tórrido del verano mana un frescor sorprendente.

Artesania, Familiar...

No son muchos los lugares en los que se hayan mantenido labores artesanales relacionadas con las fibras vegetales. Afortunadamente, en Istán existen artesanos que trabajan en el esparto y la palma utilizando técnicas ancestrales. Recolectan el esparto en pleno verano, para luego trabajarlo verde, seco o majado. De él se obtienen pequeñas piezas de cestería o pleitas que utilizan para envolver los quesos. Las gavillas secas se cuecen y remojan para devolver la flexibilidad. Con el majado se golpean las fibras con madera para modelarlas. Así se van haciendo, primero a las pleitas, para posteriormente unir estas formando los objetos. La palma, hoja de palmito, también se recoge en verano. Se tiende al sol durante un mes para que se seque y se blanquea con azufre encendido. Se corta en tirillas y después, se trabaja de manera similar al esparto.

Fiestas.

La semana santa de Istán destaca notablemente por la escenificación del Paso, que se remonta a 1666 y en la que más de cien vecinos reproducen en vivo la pasión y muerte de Jesucristo. La costumbre se perdió poco antes de la Guerra Civil, pero fue recuperada a primeros de los ochenta. En septiembre se celebran las fiestas en honor a San Miguel, que comienzan con la Tomillería, una romería a la ermita del patrón que se encuentra a unos tres kilómetros del pueblo. Esta tradición proviene de la ancestral costumbre de festejar las últimas recolecciones del verano y la vendimia. Igualmente, para conmemorar la recolección de las castañas, se celebra el Día de Todos los Santos (1 de Noviembre) la Tostoná, fiesta familiar en la que se asan castañas, entre cantes y bailes. Ya en invierno, se anuncia la llegada de la Navidad con los Zambombeos, grupos de hombres y mujeres que salen a la calle con zambombas y panderetas a cantar los primeros villancicos.

MONDA.

La catalogación de Monda como sitio histórico, declarado Bien de Interés Cultural, habla por si sola de lo que el viajero va a encontrar en esta villa de paisajes y leyendas. Las referencias escritas sobre Monda son inexistentes hasta finales del siglo XV. Sin embargo, ante el silencio de las letras, la arqueología ha descubierto en el castillo un asentamiento de la época ibérica. Aunque no se han encontrado restos relevantes de la denominación romana, en Monda se conserva el resto de la calzada romana y medieval más interesantes de toda Sierra de las Nieves. Se sitúa a 700 metros del pueblo en dirección a Coín y está compuesto de tres zonas: una romana, otra con reparaciones medievales y la  tercera que representa unos pequeños escalones para calzar los carros. El castillo de Al Mundat (llamado posteriormente de La Villeta) fue construido en el siglo IX, si bien fue abandonado y nuevamente ocupado en los siglos XII y XIII. Actualmente se ha convertido en un hotel, que integra en su construcción algunos elementos del pasado. La iglesia parroquial de Santiago es el ejemplo más claro tras la época gótica. Tiene tres naves separadas por pilares, sobres los que descansan arcos de medio punto. El presbiterio se cubre con bóveda de medio cañón y sus capillas anejas se decoran con yeserías del siglo XVIII. También hay que destacar el Vía Crucis y muy especialmente el Calvario, del siglo XVIII y está situado en un pequeño cerro a la entrada de la villa. Es una construcción de ladrillo encalado en la que sobresalen tres remates culminados por una cruz de hierro. El conjunto, de gran belleza, se centra con una hornacina. Monda conserva además de varias cruces (de la Sierra de Caravaca, del Agua y del Carnero), elementos que aumentan la sacralización del espacio. Son muchas las fuentes repartidas por el casco urbano y sus alrededores, resto de la época en que no había agua corriente en las viviendas. Hay que destacar el Lavadero, con la fuente de La Jaula, construcción de 1868. Otras fuentes son las de La Villa, la de la Esquina y la de La Mea

Historias, Leyendas...

Uno de los oficios más enraizados en la comarca era el de carbonero. El carbón se producía mediante un duro trabajo que consistía en una combustión incompleta de la madera, por falta de oxígeno. Para ello el carbonero hacía una chimenea de leños en forma vertical, en la que apoyaba troncos de pie y formando un techo. Todo se tapaba con paja, a excepción de la chimenea, y luego se cubría con piedra y ceniza formando la carbonera. La combustión, que duraba una semana, comenzaba prendiendo el interior por la chimenea, y cuando estaba ardiendo, esta se cegaba con barro. El carbón vegetal fue un elemento básico para la siderurgia establecida en Marbella, que explotaba los yacimientos de mineral de hierro de Ojén. Esto aumentó de deforestación en la zona, que ya venía produciéndose desde el siglo XVI para abastecer las fundiciones de artillería de Málaga. En la Casa-Museo de Mari Gloria (junto a la plaza del pueblo) se pueden admirar algunos de los útiles que  utilizaban los carboneros, junto a una cuidada selección de antiguas herramientas, antigüedades y útiles caseros.

Fiestas.

La Semana Santa es la fiesta más popular de Monda. La hermandad Sacramental y Penitencial recorre en procesión las calles del pueblo y merece especial atención el Vía Crucis hasta el Calvario, con las imágenes del Crucificado y la Dolorosa, así como la del Nazareno en la mañana del Viernes Santo. Otras celebraciones importantes son el Carnaval, la Feria de San Roque (el 16 de agosto) y el Corpus, festividad en la que se instalan gran número de altares dentro de los zaguanes de las casas o en distintos rincones del pueblo .Pero si hay que destacar una tradición festiva, esta el Día de la Sopa Mondeña, que se celebra en marzo y que se instauró para recuperar  y dar a conocer el plato más típico de la villa. Este día, la sopa se prepara en un hornillo gigante (especie de puchero hecho con un nudo de encina, llamado “tela de una sola pieza). Se compone de pan, pimiento, tomate, ajo, aceite y huevos. El Día de la Sopa Mondeña es famoso en la comarca y recibe visitantes de Málaga entera, pues todo el que de acerca es agasajado con un plato de esta rica sopa.

TOLOX

A través de la imaginación, se puede realizar por Tolox el viaje más fantástico que uno ha soñado. Porque esta villa, situada en el corazón de Sierra de las Nieves, reúne una pizca de todo lo que representa la naturaleza, la historia, la cultura tradicional y el saber popular de las montañas. No en vano, el origen de este pueblo se remonta al Neolítico, como demuestra la Cueva de la Tinaja, donde se encontraron restos de vasos cerámicos decorados. De la agitada historia de Tolox dan fe sus restos patrimoniales. Apenas algunas referencias en el nombre de las calles permiten reconstruir la planta de lo que fuera el castillo, centro de rebeliones moriscas y encarnizadas luchas entre cristianos y musulmanes. Una vez conquistada por los Reyes Católicos, es entregada a un señor feudal. La iglesia de San Miguel refleja los enfrentamientos del siglo XVI: incendios y sucesivas reparaciones alteran su arquitectura de una forma notable. Por un lado conserva la armadura de madera propia del mudéjar, pero sus elementos de sostén no son los arcos apuntados góticos, sino los clásicos apuntados de medio punto. Después, a lo largo del siglo XVII, recibe nuevas aportaciones: la cubierta del altar mayor, el coro y las capillas laterales. Son de interés dos lienzos de Diego de la Cerda (s. XVIII) que reflejan la Epifanía y la Adoración de los Pastores. Aún en el siglo XVI, la Inquisición realiza varias visitas a Tolox, alertada por la costumbre, permitida por el alcalde, de bailar y cantar al estilo árabe en las ceremonias familiares. Las visitas del Inquisidor granadino perduran en la casa de la Inquisición, situada en la Plaza Alta, construida a finales del siglo XVI, y que tiene una portada sencilla, dintelada y de ladrillo visto, enmarcada por pilastras. También en la Plaza Alta, desde la que se accede al barrio morisco o Barrio Alto, se puede encontrar uno de los pocos ejemplos de viviendas nobiliarias de la comarca: la Casa de Hidalgo Fernández Villamor, del siglo XVI, con fachada encalada en la que resalta la rejería. Tolox contaba hasta hace poco con un importante conjunto de molinos de harina y aceite, de origen árabe. De aquellos situados a lo largo del río Horcajos, solamente los molinos Nuevo, El Perejil y Barranco Amador, han conservado restos de su estructura e incluso, como ocurre en el último, instrumentos para la molienda.

Museo de Artes Populares.

La vida económica y doméstica de Tolox y sus alrededores ha quedado fielmente reflejada en la Casa Museo de las Artes y Tradiciones Populares, en funcionamiento desde 1922. Dos de sus salas recrean distintos ambientes de la vida cotidiana en una casa del pueblo: el comedor, el dormitorio y la cocina, y en una sala dedicada al campo se puede contemplar una colección de aperos de labranza. Los 574 objetos que se exponen fueron donados por los vecinos del pueblo. Uno de los objetos más notables es un misal de 1864. (Plaza Alta, s/n. Tel.:952487333. Horario: de martes a domingo, de 11 a 14 y de 15 a 18; en verano, hasta las 21).

El balneario de Fuente Amargosa.

La importancia del agua para Tolox se muestra en uno de los grandes balnearios de la provincia, el de Fuente Amargosa, creado en 1870. Al año siguiente las aguas fueron declaradas de utilidad pública. El edificio actual se levantó en 1906 y en 1931 se le añadió el piso superior. Junto a él se construyó en 1900 el Hotel del Balneario, un sencillo y funcional edificio rectangular de dos plantas, con vanos rectangulares en sus fachadas. Es el único balneario de Europa en que lo fundamental son los gases, no el agua, y obtiene inmejorables resultados en asmas, bronquitis, catarros crónicos, conjuntivitis, cistitis y otras afecciones. Sólo está contraindicado para los procesos tuberculosos. Abre el 1 de Junio al 15 de octubre. (Tel.952487091).

Fiestas.

Las fiestas más importantes son las patronales, dedicadas a San Roque y que se celebran a mediados de agosto. Su momento de mayor interés se centra en la procesión del día 16, cuando una vez finalizada la Misa, al salir San Roque del templo, se lanzan al aire miles de cohetes como promesa por parte de los devotos. Es la famosa “Cohetá”. En los días previos al Miércoles de ceniza se celebra el Día de los Polvos, en el que los jóvenes se empolvan mutuamente con talco. La opinión libre y no exenta de crítica sale a la luz en otro de los actos del Carnaval: el baile de la Guasa, en el que se cantan coplas alusivas a distintos hechos del año. La semana santa se celebra con los cortejos  procesionales, organizados por la Hermandad del Santísimo y San Roque y la Virgen de los Dolores. En diciembre, el Día de la Inmaculada Concepción, es en Tolox la cencerrada del día de las Mozas, que tiene su origen en una leyenda que narra la ruidosa llegada de los cristianos a Alozaina, en auxilio a los cristianos de Tolox refugiados en la iglesia durante la rebelión morisca de mediados del siglo XVI.

YUNQUERA.

El aroma a alta montaña se percibe al recalar en Yunquera, tierra de juncos, que de ahí le viene ese nombre. Desde casi a cualquier rincón de este pueblo serrano se puede admirar la naturaleza desbordante de su entorno, donde más de mil hectáreas de pinsapos son, como las calles y las gentes, testigos de las historia de este enclave de cal en la sierra. Posiblemente de origen romano, aunque su territorio no han aparecido restos de esta época, es muy segura la existencia de asentamientos cristianos antes de la llegada de las tropas beréberes que en siglo VIII, se establecieron en su término. Del castillo prácticamente no quedan restos materiales, aunque crónicas hablan de una construcción defensiva que fue reparada tras la conquista cristiana y vuelta a destruir a finales del siglo XV. La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación es una de mayores dimensiones de la comarca. Los yunqueranos la llaman “la catedral” y si bien fue edificada en el siglo XVI, las modificaciones sufridas durante el siglo siguiente transformaron su estructura. No conserva por tanto ningún rasgo mudéjar. Tiene tres naves separadas por pilares cruciformes sobre los que se montan arcos de medio punto. Las naves se cubren con bóvedas de arista y el crucero está cubierto con una bóveda de ocho nervios. La iglesia está construida en la zona mas elevada del casco urbano, sobre los restos de la fortaleza islámica. Otros monumentos religiosos de interés son la Ermita de Porticate (del siglo XVIII aunque muy reformada en 1929) y la Ermita de la Cruz del Pobre (en la que una inscripción en la verja de hierro asegura que fue acabada en 1866). En el siglo XIX, en plena guerra contra los franceses, se construye junto a la carretera hacia El Burgo, una torre esférica, a la que los yunqueranos llaman el Castillo o la Torre Vigía. Está construida con gruesos muros de piedra en los que se abren vanos para la defensa. Actualmente es un centro de interpretación del Parque Natural de Sierra de las Nieves. El trazado urbano de la zona antigua mantiene el entramado islámico. En la parte alta se alzaba la fortaleza y en las laderas las viviendas. Una zona de gran interés es el llamado barrio de la Carnicería, donde sobresalen construcciones nobiliarias como la Casa del Carmen Abela, así como la de Francisco de Sola, situada en la calle del Calvario.

Artesanía.

De los antiguos trabajos artesanales que se realizaban en Yunquera se han mantenido la albardonería, la talla en madera y los trabajos de esparto. En la albardonería se realizan jalmas (un aparejo relleno de paja que se coloca encima de las caballerías) y sobrejalmas (manta de lona bordada de muchos colores y que se coloca encima del aparejo). Es casi imposible adquirir ejemplares de estos trabajos, pues su dificultad hace que los pocos que se realizan vayan a parar a los propios vecinos. Lo mismo ocurre con la talla de madera, para vigas o muebles, y con el esparto, objetos que quedan en familia. Otra labor artesana habitual en Yunquera es la fabricación de zurrones (pequeñas mochilas) de piel de cabra, hechos por unos pocos mayores del pueblo, que trabajan por encargo de sus propios vecinos, pues, como ellos mismos aseguran, es lo mejor para evitar las humedades de la sierra.

Historias, Leyendas...

Cuando no existían frigoríficos, la conservación de alimentos se realizaba con la salmuera, los adobos, las conservas o el aprovechamiento de la nieve. Este último fue la base para un trabajo que pervivió hasta 1931 y dio nombre a estas sierras: los neveros. Los trabajos de los neveros comenzaban en primavera después de las últimas nevadas. Cortaban la nieve con palas y la llevaban a los pozos, donde la aprisionaban para convertirla en hielo. Después se cubría con tierra y ramas. Ya en verano, se transportaba a lomos de bestias, durante la noche para que no se derritiera, al puerto de Málaga, a Ronda y a otros pueblos de la zona. En la sierra se pueden visitar algunos pozos de nieve recuperados.

Fiestas.

La semana santa se organiza por una agrupación de las dos hermandades existentes: la de Jesús del Nazareno, “moraos”, y la de la virgen de los Dolores, “negros”. Especial significación tiene la celebración del Corpus Christi. A la misa le sucede la procesión que discurre por las calles engalanadas con arcos de helechos, palmeras y alfombras de almoradux, desarrollando un itinerario en el que se sitúan pequeños altares donde la custodia va haciendo estación. En la festividad de la Virgen de Agosto, se celebra la romería de la Virgen del Carmen Porticate estas celebraciones, además de reflejar la importancia que la iglesia quería dar a la asunción de la Virgen, suponían un respiro festivo para los duros trabajos de recolección. La feria  del Rosario y San Sebastián se celebra a comienzos de octubre y supone también un ejemplo de la adaptación de las fiestas al calendario agrícola, pues se conmemora una vez que han concluido las faenas del verano.

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