Málaga - Coín, un paseo por sus calles
Andalucía
Si el viajero coincide con sus festividades, no le será fácil abstraerse de la jovialidad y cercanía de sus gentes y es probable que le apetezca participar y “vivir las fiestas
Els Blaus de Roses

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MANANTIAL DE LUZ


Un viaje entre la historia y la leyenda.


No había sido fácil llegar hasta aquí; ni siquiera sabían que era aquí donde debían llegar. Atrás habían dejado valles inmensos, profundas gargantas, ríos caudalosos y mucha tierra.

No, no había sido fácil llegar; entonces no había caminos, se abrían a su paso, y atravesar los desfiladeros y montañas, las praderas, las vertientes y los riscos, no era fácil, pero había que sobrevivir, había que llegar hasta aquí. Hacía falta encontrar el mejor lugar para asentarse, donde la hierba creciera abundante y donde el agua manara a raudales, donde la brisa fuese fresca en verano y suave en el tiempo del rigor, donde la defensa, en caso de ataque, no fuese un problema vital; la caza, abundante y el cielo, azul con las noches cargadas de luces.

En ningún otro lugar habían encontrado aquel horizonte; un paisaje tan limpio y denso al tiempo, tan bravo pero con tanta promesa, tan fértil.

No había sido fácil llegar hasta aquí, pero, sin duda, éste era el sitio. En ningún otro, una tierra tan feraz, con tal variedad de plantas y, aquel agua ...

Por fin llegaron quienes, decididos a prolongar su estancia durante siglos, la fortificaron, la embellecieron, jugaron con sus aguas, la enriquecieron, la hicieron soñada.
Sus nombres -Alí, Omar, Abdurrajen, Gaitán …- sonaron por las calles y plazas de Dacuan durante tanto tiempo que aún hoy se oyen sus ecos por las sinuosas esquinas de los albaicines, por las gerentes callejuelas de San Andrés, por las recoletas plazuelas la villa.

Campiña coineña
Entre las piedras de sus molinos volteaba copiosamente la harina; la envolvían los árboles y y era suave su ambiente. El color y riqueza de sus sedas, el olor de sus perfumes, su leyenda, permanecen suspendidas en el tiempo, de tal modo que el viajero, al llegar a Coín, entrará en un paisaje insinuante, cálido, acogedor, distinto, único.

Después, fascinados por el murmullo del agua, atraídos por la belleza del paisaje, deseosos de acercarse a su bonanza, llegaron del norte otros que, decididos a quedarse ya para siempre, los desalojaron de su vergel, de su ciudad soñada que, al decir de los antiguos poetas, era por sus delicias, maravilla del arte y morada del placer.

Antes de entrar el viajero en Coín notará sutilmente su presencia; algo distinto, sugerente, cálido; la ciudad derramada suavemente sobre la colina. Después, su estancia entre nosotros, de fácil y amistosa cercanía, será tiempo para recrear los sentidos. Desde las «Vistillas», mirará un paisaje abierto que al final intuye el mar. En la «Juntilla», rodeado de árboles centenarios, podrá observar el abrazo de las aguas de dos ríos. En la «Jara», la fuerza de lo agreste. En -Pereila-, la gracia de las onduladas aguas. En «Sierra Negra», el misterio y en el «Tajo Rayo», una explosión de vida.

En la ciudad encontrará fácil la excusa para detenerse: una hornacina con santo, una fuente centenaria, el zaguán de una casa con macetas de «pilistras», un jardincillo con gracia y, sobre todo, sus gentes, reposadas, cultas, nobles, abiertas, cautas; nunca le faltará información al viajero si se dirige a ellas para una consulta.

Cuando parta el viajero de Coín hacia otras tierras le quedará ya, para siempre, el deseo de volver.

Una ciudad con tanta historia.

El primer vestigio arqueológico conocido de la Prehistoria en Coín es el denominado «Taller» de Ardite, lugar donde se extraían minerales y se fabricaban utensilios, tanto en el Paleolítico como en la Edad del Cobre y del Bronce. Dos yacimientos: «Cerro Carranque» y «Llano de la Virgen» -declarado Bien de Interés Cultural- destacan en la Edad de los Metales, y este último abarca todo el segundo milenio antes de nuestra Era.

Claustro del Convento de Santa María
Del paso del mundo prehistórico al histórico, el yacimiento del "Cerro del Aljibe» y su entorno son testigos excepcionales. Su cronología va desde el Calcolítico al siglo I después de nuestra Era, incluyendo vestigios griegos, fenicios, ibéricos y romanos. El Mundo Romano está representado ampliamente por utensilios y cerámicas encontradas por todo el término municipal, sin embargo, no puede afirmarse que Coín haya sido municipio romano. De época visigótica es el yacimiento del «Cerro de Las Calaveras», lugar de enterramientos individuales en fosa alargada.

«En este año (920) se conquistó AI-Maydat, en el alfoz de Cártama de la Cora de Rayya, construyendo allí el sultán la fortaleza de Dakwan». Así de escueto se expresa el cronista Abd al-Rahman III al narrar la fundación del Coín musulmán. Dakwan fue, posiblemente, el nombre de un alto personaje cordobés en-cargado de fortificarlo. Hasta la caída de Bobastro, núcleo principal de la revuelta de Omar Ibn Hafsun, en el año 928, Dakwan desempeña un importante papel en las campañas de Abd al­Rahman III contra el disidente muladí.

Ibn Adhari, historiador marroquí del siglo XIII, lo denomina «Castro Dakwan», lo que ha dado lugar a especular con un posible precedente latino -si no romano, al menos mozárabe- para Coín. La existencia de una basílica rupestre mozárabe en las afueras del casco urbano actual-la más grande de la provincia- construida entre los siglos VIII y X, hace suponer la presencia de una importante comunidad mozárabe previa a la llegada de las tropas de Abd al-Rahman III.

En la segunda mitad del siglo XIII, se producen fuertes enfrentamientos por el control del poder en el naciente Reino de Granada. El sultán meriní Abu Yusuf lanza una campaña contra Málaga el primero de abril de 1283, conquistando las plazas fuertes de Cártama, Dakwan y Suhayl (Fuengirola). Abu Yusuf, antes de su regreso a África, delimitó las zonas controladas por él, guarneciendo las fortalezas de Estepona y Dakwan. Aquí dejó, como encargado de la defensa, a su propio hijo Abu Zayyan Mandil. Poco después, firmada la paz entre meriníes y nazaríes por virtud del Tratado de Marbella el 6 de mayo de 1286, se restituye al monarca nazarí todas las posesiones en AI­Andalus, y entre ellas Dakwan.

A partir de este momento, Dakwan inicia su época de esplendor. En 1330, año de la toma de Teba por los cristianos, es sede judicial y, presumiblemente, capital administrativa de la Algarbía (región occidental) de Málaga, situación ésta que se mantuvo hasta finales del siglo XV. Es en los siglos XIV y XV cuando los autores musulmanes Ibn Battuta, Ibn al-Jatib describen para siempre la excelencia natural de Dakwan, la abundancia de sus aguas, la exuberante vegetación, la bondad de su clima.

Fachada del antiguo juzgado
El cerco cristiano se estrecha sobre el Reino Nazarí de Granada y en octubre de 1407 se produce el primer envite cristiano contra Dakwan; otras zonas próximas también lo sufren: Marbella, en 1408; Álora y Cártama, en 1410. Es en este año, con la toma de Antequera, cuando toda la comarca malagueña siente la gran amenaza debido a la fragilidad de su sistema defensivo frente a las nuevas armas de guerra.

Otra incursión cristiana, en 1432, penetra por el valle de Cártama y de Santa María; al año siguiente, las huestes del Adelantado Mayor de la Frontera, que intentaba atacar Dakwan, son derrotadas por su guarnición. Y al siguiente, al volverlo a intentar, resultó muerto en la batalla junto a los muros de Álora.

Se sucedían los lances guerreros y las incursiones cristianas en toda la comarca, a veces favorables y a veces adversos; y es en este entreverarse de cristianos y musulmanes donde nace el romance fronterizo, creándose la atmósfera poética suficiente para el nacimiento de preciosas historias de amores imposibles como la "Historia de Abindarraez y la bella Jarifa», hermosa novela histórica que tiene a Dakwan como lugar protagonista: "En Cártama me he criado/ nací en Granada primero/ Mas fuí de Álora frontero/ y en Coín enamorado». Historia, romance, tradición y leyenda en un fructífero mestizaje creador.

Dakwan era hacia 1480 una importante ciudad del Reino de Granada, cuya población cifró el cronista Valera en 3.000 personas, cuando Alhama tenía 5.000; Marbella, 3.000; Granada, 50.000 y Málaga, 20.000. De toda la comarca de Málaga, los campos de Coín sobresalían por la fertilidad y abundancia de sus tierras, por sus muchas huertas, por sus variados cultivos.

La toma de Dakwan por los cristianos el 27 de abril de 1485, fue uno de los hechos de armas más memorables de la conquista del reino Nazarí de Granada. La heroica resistencia que presentaron sus defensores al ejército del Rey Católico, y el grado de valor que ambos contendientes mostraron en la lucha han inmortalizado para la Historia figuras como las del caudillo Hamet el Zegri y el caballero Pedro Ruiz de Alarcón, escena reflejada en la sillería del coro de la catedral de Toledo. Tomado Coín, el Rey Católico ordenó demoler los restos de la fortaleza ya que, por sus dimensiones y emplazamiento, era muy difícil y costosa su defensa. Hubo de pasar mucho tiempo para que Coín tuviera nuevamente, al decir del cronista Palencia, «aquel aspecto de belleza que la distinguía entre todas las otras poblaciones del territorio de Málaga».

Dos años y medio después de la conquista, se inicia el reparto de tierras y la repoblación de Coín entre 450 vecinos. El gobierno municipal en Coín se rigió, entre 1505 y 1623, por un sistema basado en la «mitad de oficios» entre el estado noble y el estado llano o plebeyo, dentro de la jurisdicción de Málaga.

Desde el siglo XVI en adelante, Coín ofrece un lento pero constante aumento de población, lo que trajo consigo un mayor auge y engrandecimiento de la villa y sus campos, dejando constancia de ello Andrea Navaggero en su «Viaje por España» (1524-1526), al citarlo en la relación de pueblos más destacados de Andalucía.

Vio Coín la guerra contra los moriscos en villas cercanas; por aquí pasó, entre julio y septiembre de 1570, la expedición del Corregidor de Málaga Arévalo de Suazo contra los de Monda y Tolox. Libros de Historia nos dejan constancia de la probable estancia en Coín de Cristóbal Colón por mor de sus gestiones ante los Reyes para su famoso viaje; también, de la visita que en 1594 realizó Miguel de Cervantes en calidad de comisionado para la recaudación de rentas de la Corona.

El siglo XVII supone el afianzamiento de la Edad Moderna en Coín. En 1632, compra su jurisdicción al Rey, separándose así de la de Málaga y finalizando el pago pactado en 1696.
En el terreno religioso, Coín llegó a tener el único palacio obispal construido como residencia de descanso fuera de la provincia y fue sede de una de las vicarías en que se dividió el Obispado de Málaga. Su jurisdicción se extendía a Churriana, Benalmádena, Fuengirola, Mijas, Alhaurín, Guaro, Monda, Tolox, Yunquera, Alozaina, Casarabonela, Carratraca, Álora y Pizarra. Las siete cofradías que existían en 1531: San Sebastián, Caridad, Santísimo, Vera-Cruz, Nuestra Señora de Guadalupe, San Antón y San Lázaro -a las que hay que añadir en 1630 las de Nuestra Señora de la Fuensanta, la del Dulce Nombre de Jesús y la del Rosario- nos dan idea del fervor religioso que vive Coín en el siglo XVI. Quizás sea por ello que el arte religioso muestra en Coín un atractivo conjunto, tanto por tipología como por estilos.

Coín fue paso obligado a ultramar por estar enclavado en lugar estratégico del camino Real, y prueba de su importancia para el viajero es el hecho de ser ampliamente citado por escritores de la época. A mediados del siglo XVII, Henríquez de Jorquera en sus «Anales de Granada» describe la ciudad diciendo que «no le falta todo mantenimiento de abundancia con buena cría y de sedas, pasas y regaladas frutas, dulces aguas, benigno cielo y saludables vientos». Los autores cristianos conectan, pues, con sus homólogos musulmanes a la hora de transmitirnos la imagen geográfica de Coín. En este sentido cabe anotar también las impresiones del inglés Francis Carter en su viaje de Gibraltar a Málaga a mediados del siglo XVIII, quien destaca de Coín la gran abundancia y excelencia de sus aguas, la pureza de sus aires, la lozanía del suelo y su verdor.

El siglo ilustrado transcurre teniendo a Coín como sede del corregimiento de las Cuatro Villasde la Hoya de Malaga: Coín, Alhaurín el Grande, Cártama y Alora. Por sus relevancias en el comercio de lazona, el rey Carlos III, por su resolución de 1765, le concede el privilegio de tener feria anual durante los días 11, 12, 13, y 14 de Agosto, tradición que se conserva en la actualidad ininterrumpidamente desde entonces.

Luz y manatial de Azagares
También aparecen los primeros historiadores locales. El trinitario Fray Fernando Domínguez nos deja en 1773 su manuscrita «Noticia de la conquista, anti­güedades y demás cosas notables de la muy noble villa de Coín», y la pluma notable de don Antonio Agustín Ximénez de Guzmán escribe en 1796 la "Historia de la villa de Coín», que más tarde, en 1852, transcribiera magistralmente el talento y la preciosa caligrafía de don Fernando de Hermosa y Santiago, junto con otros documentos de vital importancia para la investigación histórica, en sus «Apuntes para escribir una historia de la villa de Coín».

En 1773 sus 700 huertas producen toda clase de hortalizas y frutales, como el albarcoque, el granado, el durazno, el peral y el membrillo. Sus campiñas proporcionaban trigo, cebada, maíz, aceite, cáñamo, lino, uva de Loja, higos, miel, pasa y seda. Tiene 20 molinos de pan moler y 14 de aceite. La población era de 1.800 vecinos.

«Una magnifica casa en medio de un jardín"; «un nacimiento en un ramillete de flores". Con estas palabras describe a Coín Pascual Madoz en los años cuarenta del siglo XIX. Por entonces la población contaba con 1.500 casas, 3 plazas, 50 calles, palacio episcopal, 3 escuelas, 11 fuentes públicas, 2.098 vecinos y 8.239 almas.

Continúa el crecimiento de la población y a principios del siglo XX tiene Coín 12.326 habitantes; en torno a 14.000, en 1929; 17.348 habitantes, en 1940 y 20.000, en 1950, manteniéndose en este nivel hasta los años ochenta.

En 1913 se inaugura la línea férrea con Málaga, y diecisiete años después, el Rey Alfonso XIII, por el Real Decreto de 12 de enero de 1930, concede a Coín -por los adelantos realizados en la villa en relación a las mejoras de la enseñanza, salud pública, embellecimiento y modernidad- el título de Ciudad y el tratamiento a su Ayuntamiento de Excelencia.
Coín es hoy una ciudad moderna y hospitalaria que, conservando lo mejor de sus tradiciones, mira al futuro con la esperanza de seguir prosperando con el trabajo y laboriosidad de sus gentes.

Fachada del convento
COIN MONUMENTAL

Iglesia rupestre
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Conjunto de cinco huecos excavados en la roca de los que, los tres centrales se comunican entre sí y los dos laterales tienen acceso independiente. El conjunto está vertebrado en torno a las tres naves centrales, siendo una de ellas la que constituiría la iglesia. En este hueco podemos diferenciar la entrada, la nave de la Iglesia y el ábside cuadrangular, cuya cubierta pretende imitar una bóveda de medio cañón. Este conjunto rupestre hubo de ser en su tiempo (siglos VIII a X) un monasterio suburbano, lo que denota la existencia de una comunidad mozárabe organizada y de cierta importancia.

Iglesia de San Andrés y el Hospital de la Caridad.


Se edificaron en la Plaza de San Andrés, pasando en 1520 a su actual ubicación. Presenta una curiosa planta en L, fruto de una ampliación posterior, siendo uno de los cuatro edificios que, con esta tipología, existen en Andalucía. Destaca a la vista su claustro y la extraordinaria portada-espadaña, obra de mediados del XVIII, que es con toda seguridad una de las más bellas realizadas durante este siglo en la provincia. Es hoy el edificio del antiguo hospital sede del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción del Partido Judicial de Coín, que tiene bajo su jurisdicción los pueblos cercanos de Alhaurín el Grande, Guaro, Tolox y Monda.

Iglesia de Santa María de la Encarnación.

Antigua mezquita árabe convertida en templo católico, fue la primera parroquia de Coín, dotada en 1505 con tres beneficiados y dos sacristanes, que en 1531 fueron cinco beneficiados, un cura y varios sacristanes. A principios del siglo XVIII se constituye en él un Beaterío de religiosas franciscanas, edificándose poco después un convento. Es hoy, restaurado, un bello edificio que viene utilizándose para usos culturales.

Iglesia de San Juan.


Para su construcción se le asignó en 1489 parte del solar del castillo musulmán, y ya se le adjudicaron bienes en 1492 y 1495 convirtiéndose en parroquia en 1505, al quedarse la anterior pequeña para los fieles coineños. El edificio se concluyó a mediados del siglo XVI. Extraordinario ejemplo del grupo de iglesias columnarias del Renacimiento Andaluz, en ella conviven en hermosa simbiosis los elementos clásicos, góticos y mudéjares. El decorativismo barroco se adueñó de sus muros en la reforma que recibió el edificio a mediados del XVIII. Destruido en la Guerra Civil su dorado retablo y el notable conjunto imaginero, todavía pueden admirarse, además del reconstruido retablo, dos piezas singulares: la escultura de la Nuestra Señora de los Ángeles -obra del siglo XVI, de gran categoría artística- y la venerada imagen de la Virgen de la Fuensanta, patrona de la villa. De sólo 11 centímetros de tamaño, responde al tipo de imagen arzonera. Obra gótica tardía de finales del siglo XV, tradicionalmente se cree que debió ser traída por algún caballero cristiano en tiempos de la Reconquista.

Altar Nayor de San Juan
Ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta.

Enclavada en uno de los parajes más bellos del campo coineño, el partido de Pereila, se alza su soberana edificación en la cima del risco. En un entorno de vistas inigualables, la primitiva ermita consta ya que existía en 1529; la actual fue construida en 1680, sufriendo varias reformas en el siglo XVIII. Destaca la belleza decorativa de la capilla mayor, concebida como camarín abierto, fechado éste en 1729, muy parecido en decoración y disposición arquitectónica a la capilla de San Isidro de la iglesia de San Andrés de Madrid, y al camarín de la iglesia de la Victoria de Málaga. Fue su autor José de Medina, considerado como el maestro por excelencia de los artistas posteriores a Mena. Morada esta ermita de la Virgen de la Fuensanta durante el mes de mayo, es punto de atracción y visita todo el año por lo mágico del lugar.

Torre del antiguo Convento de Trinitarios Calzados.

La excepcionalidad del simbolismo ternario de su singular planta triangular sólo ofrece dos paralelos andaluces: la torre de la iglesia de Santa Ana en Archidona y la torre del Convento de Mínimas y Marroquíes de Écija. El conjunto del convento de trinitarios se concluye a mediados del XVIII, si bien las primeras noticias sobre su fábrica datan de mediados del siglo XVII. Imponente edificio que desgraciadamente desapareció, es hoy la torre su último vestigio en pié y monumento emblemático de la ciudad.

AL SUR DEL SUR

Plaza de Escamilla
La comarca del Guadalhorce

Coín es la ciudad cabecera de la comarca del Valle del Guadalhorce, integrada por un total de 12 municipios. A caballo entre el Mediterráneo y el interior de Andalucía y próximo al Aeropuerto de Málaga, esta comarca disfruta de una privilegiada situación natural y de importantes posibilidades de futuro.

Su densidad de población (casi el 40% provincial), su importante sector agrícola (segundo a nivel provincial), su actividad industrial y su iniciativa empresarial, la convierten en una de las comarcas más dinámicas de la provincia.
Vista del paisaje

Un paseo singular por un paisaje de contraste.


Coín es sinónimo de mestizaje paisajístico. Desde la montaña de vegetación mediterránea a los feraces valles agrícolas, pasando por las campiñas de secano, toda la extraordinaria riqueza del ecosistema mediterráneo halla aquí su lugar.

Desde Coín, las sierras del Cordón Montañoso Litoral y las últimas estribaciones de la Serranía de Ronda se asoman al Valle del Guadalhorce entre los alcornoques y pinares de Sierra Negra y Alpujata. Reino de torrentes estrepitosos, picachos casi inaccesibles y naturaleza salvaje, este sector es parte de un conjunto catalogado en el Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Málaga como «complejo serrano de interés ambiental», y se extiende también por los municipios vecinos de Mijas, Monda, Istán, Ojén y Marbella. La vegetación climática de encinas, quejigos, castaños y alcornoques alterna con los pinos de repoblación. La fauna, muy abundante y rica en especies, es la típica de la montaña mediterránea. Es una de las más importantes reservas de agua subterránea de la comarca. Si el viajero decide visitar estos espacios, le sugerimos dos posibles rutas: la que partiendo de la «Majá de la Corcha» va a Sierra Negra y el circuito que desde Los Llanos del Nacimiento lleva a Cerro Alaminos.

Los fondos de los valles de los ríos han propiciado la formación de singulares zonas agrícolas en Coín.

Clasificada como «paraje sobresaliente» en el Plan Especial de Protección del Medio Físico de la Provincia de Málaga, «La Fuente» es un hermoso valle entre escarpadas montañas, un oasis en las alturas; acusado contraste entre la aspereza serrana de pino, algarrobo y matorral y el aterciopelado manto de hortalizas y frutales, salpicado aquí y allá de casas de labor y de recreo. Contiene escondidos parajes, como el del «Tajo del Rayo», donde el río Alaminos, en impetuoso torrente, pero conservando toda la cristalina pureza de sus aguas, impone su trazo a la dura piedra. Copiosa fauna habita este vergel: el halcón peregrino, el azor, el águila calzada, el meloncillo e incluso alguna gineta.

Al noroeste de «La Fuente», «Albuqueria» y «Perella Alta», nombres de resonancias antiguas. Nueva simbiosis entre la sierra y el valle, entre lo agreste y lo agrícola, la altura y el llano. Y otra vez un río, Pereila, configurando un recoleto valle de naranjos y limoneros. Aguas abajo, el río discurre al pie de la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, bajo el arco de un bello y centenario puente, interesante muestra de la ingeniería popular.

Mirando al norte desde Coín, el paisaje se remansa. Las formas redondeadas y los cerros de altura media configuran el espacio de la vegetación de monte bajo, donde el esparto, el romero, el tomillo, la retama y el almoradux son los protagonistas. Allá donde es posible el cultivo crece el olivo y el almendro. Recomendamos una pequeña excursión a Sierra Gorda, donde el visitante podrá disfrutar de vistas panorámicas. Si desde allí el viajero dirige su vista tanto al sur como al norte, encontrará las tierras calmas, onduladas y de pendientes suaves, tradicionalmente dedicadas al cultivo del cereal. Paisajes del Partido de «La Jara», el Cerradillo, Cuenca, Villalba, el Banco ... , donde la vista se pierde con las montañas al fondo y la estética del secano despliega tonalidades ocres y vocación de inmensidad. Y por allí, Río Seco, que próximo a «La Chorrera», en el estío, juega a esconderse bajo tierra como pequeño aprendiz de Guadiana. Miles de adelfas acompañan su cauce llenando de puntos rojos y blancos el cristal de sus aguas.

La huerta constituye la singularidad paisajística de Coín, fruto en sazón de uno de los terrenos agrícolas más ricos de la provincia. Partidos de «Los Llanos», «Valdeperales», «La Cañada», «Huertas Viejas» y «Huertas Nuevas», resonancias de verde naranjal y alfombra de hortalizas; verdor de frondas al pie de rumorosas acequias en plenitud, huerta en flor, prodigio del agua. Es el triunfo de la cultura del huerto. Desde el tradicional huerto tapiado, cercado, abrigado de malos vientos, cerrado por verja, cancela y arco, a la moderna explotación extensiva de frutales; todos los matices de la cultura de la tierra arraigan aquí. Huerta de tradición centenaria, intensiva y minifundista, fértil y promiscua, como pocas, de hortaliza en el suelo y frutales en el vuelo, que el visitante podrá contemplar desde las alturas de «El Miradop», en la Carretera de Mijas.

La riqueza en aguas de Coín está en el origen mismo de la ciudad. El acuífero de las sierras Blanca y Mijas, el más extenso de la provincia, la abastece a través de innumerables fuentes y manantiales, de los que «El Nacimiento», sin duda, es el más emblemático. Con su histórico y constante bombeo es el corazón que ha mantenido, y mantiene, con vida a Coín y fertiliza la huerta. Sus aguas son de una dureza media y ligera mineralización, con bajos o nulos contenidos nitrogenados. Es «El Nacimiento» uno de los lugares más reconfortantes del paseo coineño y que el visitante puede disfrutar acercándose hasta el mismo brote natural de sus aguas que, camino abajo, riegan el campo de huertas coíneñas y va creando a su paso un ramillete espectacular de bonitas fuentes repartidas por todo el casco urbano, dignas de contemplar y recomendables de beber sus frescas y dulces aguas.

Colores naturales
Se beneficia Coín asimismo de abundantes cursos de aguas superficiales. Nombraríamos, entre ellos, a Río Grande. Su cuenca ha creado vivaces contrastes entre los montes y campiñas de los márgenes y las frondosas huertas de la ribera, en donde es posible admirar curiosos detalles de arquitectura popular, como las casas de campo y los palomares. A destacar el paraje de «La Juntilla», lugar donde el río Pereila desemboca en Río Grande.

El entorno
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Muy cerca de Coín, en la Serranía de Ronda, se encuentra el Parque Natural de la Sierra de las Nieves, el más extenso e importante de la provincia de Málaga. Su estructura vegetal, sus elementos florísticos y la presencia de ende mismos como el pinsapo, unido a la extraordinaria riqueza de su fauna avícola, constituyen sus más preciados valores naturales.

A pocos kilómetros, en término de Alhaurín el Grande, podemos admirar una curiosa torre-alquería, la Torre de Urique, que sirvió de baluarte defensivo a los habitantes de la zona en época musulmana.

Los balnearios de Carratraca y Tolox, tierra adentro, son dos estaciones de aguas mineromedicinales de uso tópico o de bebida. La primera ofrece aguas sulfhídricas cálcicas, bicarbonatadas y arsenicales, y la segunda, aguas oligometálicas, cálcicas y nitrogenadas.

Por último, la singular belleza del pantano del Chorro y el Desliladero de Los Gaitanes. El primero recoge las aguas del Guadalhorce y el Guadalteba y ha propiciado la creación de una extensa área de recreo en plena naturaleza, donde es posible practicar el montañismo, los deportes náuticos y el excursionismo, además de haber permitido la puesta en regadío  de 7.500 nuevas hectáreas en la comarca. A poca distancia del embalse, el Desfiladero de Los Gaitanes es una estrecha y espectacular hoz labrada por el río  Guadalhorce. Es posible recorrerlo íntegramente a través de un sendero artificial colgado de una de sus paredes llamado «Caminito del Rey».

UNA CIUDAD DE ARTISTAS Y ARTESANOS


Desde siempre se ha distinguido Coín por su especial sensibilidad al mundo de la cultura y las artes. No es casual que así fuera, sus bellos parajes, su rica historia, entorno y su gente culta lo propiciaron. No cabría el reducido marco de esta guía los nombres de tantos ilustres hombres, pero no podemos evitar el recuerdo de pintores como don Antonio Palomo Anaya (1865-1941) y don Antonio de Reyna Manescau (1859- 1937), artistas fundamentales que esta ciudad aportó a la Escuela Malagueña de Pintura y que hoy forman parte de la mejor pintura del XIX. Ambos galardonados con medalla en las Exposiciones Nacionales de Bellas artes de Madrid, sus obras han traspasado las fronteras de nuestro país y hoy cuelgan en las primeras pinacotecas europeas. «El tránsito de la Virgen» (1895) de don Antonio Palomo y «Rancho Andaluz» (1911) de don Antonio de Reyna, entre muchas otras, son dos de sus obras más representativas e impresionantes.

Atraídos por la belleza del paisaje, la luz del ambiente y el color de sus campos, muchos otros artistas de aquí y otros lugares del mundo han sentido a Coín como fuente de inspiración en sus obras. Pintores locales como Leandro de la Rubia y la belga Annette Deletaille son claros continuadores de la fecunda relación de esta ciudad con la pintura.

La cerámica tiene en Coín una referencia obligada; el trabajo en barro desarrollado aquí a lo largo de tantos siglos ha tenido como resultado una Escuela. Escuela de alfareros como fuente de experiencias, fácilmente reconocible por la calidad de sus trabajos, el tratamiento del color y la forma y la constante investigación sobre esta mágica materia que nos une a nuestras más remotas raíces. Artistas alfareros, como Cumbreras y Arroyo en el pasado más reciente y ceramistas hoy, como Salvador Luna, José Cantos y José Manuel Viano, son algunos representantes de esta secular tradición.

Tradición Artesanal
Otras artes y disciplinas se han cultivado igualmente a lo largo de tantos años. El visitante advertirá en su paseo por muchos lugares de esta ciudad la realidad de cuanto decimos.

AGENDA DEL VIAJERO


Cuando el viajero llegue a Caín, le sorprenderá su clima. La cordillera antequerana le defiende del viento del norte.

Intermedio entre los rigores del interior y la suavidad de la franja litoral, su clima es ideal para pasear la ciudad, para viviría, para disfrutar de sus rincones. Su agraciada situación le hace disfrutar de una buena distribución de solanas y umbrías. Por su régimen de lluvias, Coín se inscribe en la Málaga subhúmeda. La precipitación media anual se sitúa en torno a los 650 litros por metro cuadrado, y se centra normalmente en los meses de noviembre a marzo. Es, pues, esta benignidad de clima, con una temperatura media anual entre los 12º y 19º -la media mensual de verano oscila entre los 23º y 26º y en invierno entre los 8º y 13º- una característica que hace a la ciudad ser alegre, bulliciosa y festiva, aunque, al mismo tiempo, el viajero podrá encontrar rincones insólitos donde disfrutar de la soledad si le apetece.

CALENDARIO COINEÑO

El clima y su paisaje han dotado al coineño de una singular idiosincrasia que se manifiesta en una gran variedad de actos festivos, lúdicos y deportivos. Si el viajero coincide en alguno de ellos, no le será fácil abstraerse de la jovialidad y cercanía de sus gentes y es probable que le apetezca participar y “vivir las fiestas”.

Semana Santa
. Durante estos días es tradicional procesionar las imágenes de las distintas cofradías y hermandades de pasión. Fervor, pasión y fiesta, sintetizan el sentir de estos días.

Fiestas de Primavera
. Se celebran en la primera semana del mes de mayo y es un homenaje a la laboriosidad de sus gentes y a la fertilidad de sus tierras. El día 3 se celebra el Día de la Cruz. El pueblo se engalana con las cruces de mayo, y las plazuelas y esquinas se convierten en lugares donde la flor, convertida en pasión, es protagonista. Por la noche, la procesión del Santo Cristo del Perdón y de la VeraCruz proyecta sombras de redención sobre el inmaculado blanco de las fachadas.

Vuelta Pedestre a Coín
. Entre la variedad de actos deportivos que se celebran a lo largo del año en Coín, puede que sea éste, por su tradición -30 años ininterrumpidos celebrándose- y participación -unos 3.000 atletas se dan cita cada año para llenar de color y esfuerzo las calles de la ciudad- el que mejor resuma la vida deportiva de Coín.

Romería a la ermita de Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de Coín
. El traslado de la Virgen a su ermita desde Coín se realiza el primer domingo de mayo. Todo el pueblo sale a despedirla y acompañarla hasta su Santuario, donde permanece la sagrada imagen hasta el primer domingo de junio. Los romeros parten de Coín el sábado anterior, pernoctan en el lugar y entre cantes, bailes y alegría, traen envuelta a la patrona en el camino de regreso a la ciudad. Esto es así y se repite cada año desde tiempo inmemorial.
Ya en los siglos XVII y XVIII acudían cofradías y hermandades de Ronda, Antequera, Archidona, Alhaurín y Málaga a mostrarle su fervor a la Virgen en su ermita.
Semana Santa

La Feria de Agosto
, que se celebra entre los días 10 al 15, tiene su origen a mediados del siglo XVIII. Se convierte Coín en estas fechas, al calor y luz del verano, en tiempo de encuentro y diversión del coineño con los suyos y en uno de los lugares más atractivos tanto del interior como del litoral malagueño. El día 15, día grande de Coín, se celebra la procesión nocturna de la patrona, Nuestra Señora de la Fuensanta. El visitante quedará sobrecogido, a la luz de las velas, del sentimiento de fervor y amor con que este pueblo venera a su Virgen.

Festival Internacional de Bailes Regionales
. Muestra de la vocación cosmopolita y apertura al mundo de esta ciudad, en él participan múltiples agrupaciones folclóricas tanto nacionales como extranjeras, de los más variados estilos, colores y razas.

Nochevieja
. Es de especial singularidad la nochevieja en Coín. Aquí, la tradicional fiesta de San Silvestre es otra cosa. Se convierten las calles de la ciudad en una pasarela de disfraces donde la imaginación, la gracia y el disparate en el vestir de todo un pueblo se unen a la alegría propia de esas fechas. Tendrá el visitante la ocasión de vivir del modo más original la entrada al nuevo año.

GASTRONOMÍA, RESTAURANTES, COMPRAS

Una cocina sencilla y basada en los productos de la huerta es el «punto» de la gastronomía coineña. La sopa hervía, sopa poncima, sopa de tomate, gazpacho, gazpachuelo, cachorreña, matamarío. En invierno se toma la popular berza con pringá, condimentada con hortalizas y productos del cerdo, que Cervantes ponderara en el Quijote como «olla podrida».

El pan, amasado a puño y cocido en horno de leña, es un componente fundamental en estos platos, que aún puede encontrarse en conocidas tahonas de la localidad.

En la repostería coineña destacan las roscas de Semana Santa, elaborados a base de azúcar, huevos, miel, harina candeal y canela. Por Navidades las rosquillas rellenas con almendras, nueces y avellanas y las empanadillas de batata. Los roscos de miel, rosquillas de ochío y otros dulces caseros no faltan en las confiterías de la ciudad.

El rito típicamente andaluz de la tapa tiene en Coín su máximo exponente. Además de ser un aperitivo reparador sirve de excusa para que sus múltiples y afamados bares se conviertan en lugares de encuentro donde es posible descubrir interesantes aspectos de la forma de ser coineña. Las tapas más degustadas son el magro con tomate, el filetito con limón y a la plancha, las variadas ensaladillas, el y la alcachofa rellena, la aceituna aliñada y la fritura de pescado.

En Coín se concentran un sin número de restaurantes donde se cuida el ambiente tranquilo y acogedor, garantizándose la amabilidad del servicio, pudiendo degustar comidas realizadas con productos cultivados en nuestros propios campos.

Agricultor
Un paseo por Coín nos ofrece la posibilidad de poder adquirir una gran variedad de productos comerciales y artesanales que podemos encontrar en diversos establecimientos dedicados a la venta de cerámicas, artículos de regalo y decoración, chacinerías, panaderías ...

Además los sábados podemos visitar un “mercadillo” en el casco urbano donde podemos pasear y comprar en los distintos “puestos” de verduras, hortalizas, frutos secos, repostería, zapatería, prendas de vestir, ...

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Torremolinos


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Comentarios:
MichaelDom 10-08-2019
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MichaelDom 09-08-2019
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Willisnocky 31-10-2018
Hello. And Bye.
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