Luxemburgo. Un país pequeño donde resulta agradable vivir
Luxemburgo
Al viajar por este país arbolado en más de la tercera parte de su superficie, quedará maravillado a lo largo del camino ante la extensa variedad de las regiones naturales, salvajes y tranquilas.
Els Blaus de Roses

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Gran Ducado de Luxemburgo

Para descubrir el Gran Ducado, es preciso explorar una tierra original rebosante de paisajes, historia, arte, folklore y gastronomía.

Al viajar por este país arbolado en más de la tercera parte de su superficie, quedará maravillado a lo largo del camino ante la extensa variedad de las regiones naturales, salvajes y tranquilas. Se dejará llevar por la alegría de sus habitantes prósperos, políglotas, abiertos ante el futuro y la creación de una Europa Comunitaria; han convertido el Gran Ducado en un país siempre de fiesta. En el festival de música, en los encuentros deportivos, en las fiestas campestres y folklóricas, en cualquier manifestación, brota el carácter alegre de los luxemburgueses. Ubicado en la encrucijada de las culturas latina y germánica, Luxemburgo fascina por las numerosas huellas de una historia apasionante, profundamente marcada por las grandes potencias europeas. De fácil acceso gracias a las buenas comunicaciones viarias, ferroviarias y aéreas, el Gran Ducado de luxembrurgo resplandece en Europa Occidental.

El clima no admite extremos: la temporada que va de mayo a mediados de octubre invita a las vacaciones. Julio y agosto son los dos meses de más calor; mayo y junio, los de más sol, mientras que setiembre y octubre gozan del veranillo de San Martín.

Bourglinster
Una antigua tierra española

Al callejear por el casco antiguo de la capital, uno tiene la impresión de sumirse por momentos en la España del siglo XVI. Los Reyes de España y Soberanos de luxemburgo, Carlos Quinto, Felipe II, los Archiduques Alberto e Isabel, así como Felipe IV, dieron al centro de la ciudad su configuración actual. Las calles rectas y anchas que dispusieron entre 1554 y 1684 se cuentan entre las más animadas y comerciales de la ciudad. En el corazón de este conjunto renacentista, se sitúa la Place d´Armes (Plaza de Armas) muy apreciada por sus cafés, restaurantes, terrazas y conciertos. El antiguo Ayuntamiento, construido en el estilo hispano-morisco, es ahora el Palacio Gran Ducal. Asombra por la suma riqueza de los arabescos que adornan sus fachadas. En la parte baja de la ciudad, llamada Clausen, cinco pórticos majestuosos y una antigua cervecería, que sigue fabricando cervezas riquísimas, son los últimos testigos del suntuoso palacio renacentista del antiguo Gobernador español que residia en luxemburgo (1545-1604).

Otros vestigios de arquitectura civil española están disimulados en le casco antiguo, tal como la magnífica Casa de Raville que testimonia una era de gran prosperidad y cultura.

El Gobernador español, Mansfeld, atrajo a la ciudad de Luxemburgo a los Jesuitas y a las Canonesas de la Congregación de Nuestra Señora para garantizar la enseñanza y la formación de los jóvenes. Hoy en día, el Colegio de Jesuitas acoge la Biblioteca Nacional. Su iglesia conventual atestigua asimismo una influencia arquitectónica española. A ella le fue otorgada el rango de catedral y fue ampliada en 1935. El convento y las Escuelas de la Congregacion de Nuestra Señora, cuidadosamente restaurados, son el orgullo del actual Barrio Gubernamental.

Durante la gruera civil y religiosa que dividió los antiguos Países Bajos españoles, los Soberanos pudieron contar con el apoyo de los luxemburgueses. La capital fue transformada en auténtico baluarte español. Sus murallas, hoy en día apacibles, están disimuladas en el verdor opulento de los parques de la ciudad.

Como tierra española, igualmente Luxemburgo vio nacer el culto de la Virgen María en el siglo XVII, que cada año alcanza su apogeo en el mes de mayo. Fiel a su tradición hispánica, Nuestra Señora de luxemburgo se viste para la ocasión, cada día con un vestido distinto. La procesión de clausura reúne a una multitud de gente piadosa, el Gran Duque y su famillia y altos dignatarios eclesiásticos, así como peregrinos de todo el país. La imagen de la Virgen es llevada por las calles del casco antiguo, adornadas con flores, banderas y altares de devoción.

Boulevar Royal
La capital, cuna de la Comunidad Europea

En los siglos XVI y XVII, los Soberanos españoles Carlos V, Felipe II, los Archiduques Alberto e Isabel y Felipe IV convirtieron la ciudad de luxemburgo en una temible fortaleza. Más adelante, Luis XIV, Rey de Francia, José II, Emperador austro-húngaro y luego la Confederación germánica, prosiguieron la obra emprendida, transformando la capital en una plaza fuerte europea de primerísima importancia. Este "Gibraltar del Norte" no fue derribado hasta 1867, tras lo cual sus antiguos fuertes fueron parcialmente integrados en los largos paseos que gozan de unas vistas magníficas sobre los valles que cercan la ciudad antigua.

Desde 1952, Luxemburgo acoge importantes instituciones europeas, tales como el banco Europeo de Inversiones, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas o la Secretaría General del Parlamento Europeo.

La metrópoli luxemburguesa reúne de modo armonioso la elegancia clásica de los particularismos locales y el dinamismo contemporáneo de un modo de vida cosmopolita. La covocación del Gran Ducado y de su capital, en particualar como punto de encuentro internacional, se ve confortada por la extensa infraestructura congresista que favorece tanto las pequeñas reuniones como los grandes congresos. Y si desea descubrir Luxemburgo "by night", una gran variedad de locales acogedores, bares y discotecas le esperan en el centro de la capital y también en el casco antiguo.

Vista de la fortaleza
De la Edad de Piedra a la siderurgia

Cualquiera que salga a visitar el Sur del Gran Ducado, se familiarizará con los numerosos testimonios históricos procedentes de la prehistoria o de la arqueología industrial. Allí, por las tierras onduladas, largos paseos culturales que mezclan todo tipo de disciplinas le invitan a seguir la huellas dejadas por los Celtas, los Galoromanos, los señores feudales medievales, la burguesía industrial y los mineros del siglo XIX. Las rocas rojas de este espacio vital de plantas y animales raros, los museos de historia de las técnicas, el pueblo-museo del Dond-de-Gras y los numerosos baldíos insdustriales del siglo pasado desfían la imaginación de cada visitante.
En el Sur del Gran Ducado, se lo pasarán en grande los pequeños y los jóvenes. Al subirse al tren de vapor, al explorar una antigua mina de Rumelange, al vivir los cuentos de la infancia en el parque Encantado de Bettembourg, se dejará cautivar por una regíón multifacética por su cultura y su naturaleza.

Le aguardan numerosas actividades y distracciones

Al fin de aportar tranquilidad y placer, los extensos y frescos bosques, los opulentos campos y pastos gozan de una infraestructura deportiva de alta categoría: tenis, squah, equitación, vuelo sin motor, paseos en globo, caza y pesca, largas caminatas, cicloturismo y jogging. Los lagos y los principales ríos del país invitan a nadar, practicar el deporte de vela, hacer sufing, hidropedal, remo o esquí náutico.

Mimado y relajado en los baños utramodernos de Mondorf, disfrutará plenamente de sus vacaciones. La estación termal de alto standing, el club deportivo, el valneario alimentado por tres fuentes de agua altamente mineralizada (24º), el Casino de renombre y el parque secular florido, garantizarán el éxito absoluto de su estancia.

Gastronomía típica
Una cocina exquisita

Al igual que el vino blanco del Mosela luxemburgués y muchas cervezas locales, la cocina local tiene fama de ser muy variada: combina las influencias culinarias latinas y germánicas y se caracteriza por una sorprendente riqueza que domina tanto los guisos sencillos, como los manjares más suntuosos.

Le encantarán las especialidades de carnes y de pescado de río, así como la pastelería abundantemente variada.

Al final de la comida, los luxemburgueses honran una antigua tradición, al probar uno de los numerosos licores que se consiguen por la destilación de frutas del país.

Bosques frescos y acogedores

Floridos montes, verdes valles, encantadores arroyos y milenarios bosques componen, en el Gran Ducado de luxemburgo, un verdadero jardín de tamaño natural.

A lo largo de los paseos por las gargantas románticas y salvajes del mullerthal, se impreganará de un aire muy puro, se refrescará en arroyos limpios y oíra que los árboles le cuentan las leyendas de un glorioso pasado. De pronto, en un amplio claro aparece un ciervo majestuoso: es el amo del bosque. En la penumbra, en la linde del bosque, surge una familia de corzos y de liebres. En el corazón de esta región, encontrará la ciudad abacial de Echternach cuyos orígenes se remontan al siglo VII. Cada año miles de creyentes se recogen ante la tumba de San Willibrord, fundador de la abadía, así como ante una fuente milagrosa que brota de lo más hondo de la cripta de la basílica. El martes de pentecostés, prelados y peregrinos congregados en la multitud de gente, vienen a venerar a San Willibrord en una procesión danzante, única en Europa Occidental. Echtenach ha conservado numerosos testimonios de su ilustre historia; el museo de la abadía presenta su escritorio famoso en todo el mundo por sus estampas de oro.

En junio, el Festival internacional de Música convierte la ciudad medieval en un centro cultural de Europa.

Los viñedos, reflejo de la sencillez romana

Indefenso ante los encantos del Mosela luxemburgués, el Consul y poeta romano, Ausonio, cantó: "Las más bellas aguas del este río que corren con un dulce susurro hasta el pie de los mates". De hecho, el Mosela no tiene ninguna prisa en llegar a su meta (desembocar en el río); se deja llevar por meandros que adornan el paisaje. Numerosas charlanas se deslizan en silencio por sus aguas hasta alcanzar el mar del Norte.

Baco perfumó abundantemente las laderas del Mosela luxemburgés, y los vinos blancos que allí se están produciendo desde la época de los Romanos pueden competir con cualquiera. Los caldos afrutados de delicado aroma, secos y armoniosos, proceden de siete cepas y esperan humildemente su veredicto.

Aventurarse por esta regíon significa exponerse a encantadores hechizos. Atravesar el país moselano, explorar las pequeñas ciudades antiguas de tortuosas calles, descubrir los armoniosos panoramas, le colmará de ganas de vivir, los museos vinicolas, los circuitos viticolas, las degustaciones de vinos, las ferias del vino y las excursiones en barcos de recreo componen los muchos placeres que puede ofercerle esta región.

Vista de Bourshcheid
Valles encajonados y señoríos medievales

Las Ardenas ofrecen panoramas grandiosos sobre las altiplanicies de pastos extensos y sobre los valles hondos de laderas abundantemente arboladas. Por donde quiera que miren los ojos, aparecen, casi disimuladas en la vegetación, las golas de majestuosos terrenos que se erigen tanto en conos, como en promontorios infranqueables.

Antaño, estos señoríos y castillos, propiedad de poderosos señores locales, garantizaban la defensa del feudo y vigilaban las rutas y los pueblos circunvecinos. Sus orígenes se remontan a menudo a la época de Carlomagno, que residía con mucha frecuencia en las Ardenas.

Gracias a sus antiguos castillos feudales y a sus calles esquinadas, las ciudades de Viandn, Clervaux y Esch-sur-Sûre siguen exhalando efluvios de la Edad Media.
En el corazón de las Ardenas, las viejas ciudades cerveceras de Diekirch y Wiltz ofrecen, todo el año, espectáculos folklóricos que rebosan de alegría.

En esta región, así como en el resto del país, encontrará muchos hoteles, casas de huéspedes y campings donde podrá alojarse.


Fuente: Oficina Nacional de Turismo, Luxemburgo

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