Lugo, dos mil años de historia
Galicia
Fundada por los romanos bajo el nombre de Lucus Augusti, Lugo atesora más de dos mil años de historia y patrimonio.
Els Blaus de Roses

galicia, lugo, dos mil años de historia

Naturaleza e historia

Con más de 2.000 años de historia, la capital más antigua de Galicia está situada en el Valle del Miño, a 475 metros de altitud. Fundada por Paulo Fabio Máximo en el año 14 a.C., conserva los 2.600 metros de la fortificación original (año 260).

Dentro del recinto amurallado, mantiene todavía las dos vías rectoras —cardus y decumanus— del trazado romano. Ciudad antigua y moderna, componen un conjunto bello y armónico.

Clima


Contrastan las lluvias del invierno con las temperaturas máximas suaves del verano. El otoño excelente y la primavera de lo más agradable.

Fiestas Populares


ENTROIDO (Carnavales). Fiestas tradicionales de gran arraigo
CORPUS. Fiestas religiosas y culturales, con la tradicional Ofrenda del Antiguo Reino de Galicia al Santísimo Sacramento, desde 1669. Semana de Música del Corpus.
SAN FROILÁN. (Del 4 al 12 de octubre). Fiestas patronales. Actividades culturales y deportivas, verbenas, feria-exposición, y en gastronomía degustar el pulpo con cachelos.

Cultura y Arte


Museos


PROVINCIAL. Praza da Soedade, Tel. 982 24 21 12
Horario de visitas: De septiembre a junio, de 10.30 a 14.00 y de 16.30 a 20.30 horas de lunes a viernes. De 10.30 a 14.00 y de 16.30 a 20.00 horas, los sábados. De 11.00 a 14.00 horas, los domingos. Visitas guiadas para grupos, previa cita.
En julio y agosto, de 10.00 a 13.00 y de 16.00 a 19.00 horas, de lunes a viernes; sábados, de 10.30 a 14.00 horas y de 16.30 a 20.00 horas. Domingos y festivos cerrado.

Salas de Exposiciones


ACUARELA. García Abad, 21       982 2553 30
ALMIRANTE DEL HOTEL MÉNDEZ NÚÑEZ.
Rúa da Raíña, 1      982 23 07 11
APOLO ARTE. Centro Comercial Pazo de la Maza.
C.6. Rúa Nova, 19            982251462
AUDITORIO MUNICIPAL GUSTAVO FREIRE.        982241433
Avda. da Coruña (antigua Frigsa-Parque de la Milagrosa)            982 244405
BIBLIOTECA PROVINCIAL.
Avda. Ramón Ferreiro, s/n         982 22 85 25
CENTRO DE ARTESANÍA Y DISEÑO DE GALICIA. 982 21 00 66
(Diputación Provincial). Travesía da Rúa Chantada, s/n   98221 0077
CÍRCULO DE LAS ARTES. Praza Maior, sin             982 22 50 51
CLÉRIGOS. Rúa dos Cregos, 5     982 25 39 24
FACULTAD DE VETERINARIA. Campus Universitario        982 25 55 31
FUNDACIÓN CAIXA GALICIA. Praza Maior, 16    982289000
GALERÍA SARGADELOS. Santo Domingo, 4          982 22 78 04
MUSEO PROVINCIAL. Praza da Soedade, s/n     982242112
S. M. ARTE, Nóreas, 8    982 23 02 52
XUNTA DE GALICIA. Edificio Xunta de Galicia.
Ronda Muralla, 70           982294070

Monumentos


1. TERMAS ROMANAS. Baños termales de Lugo Romano. Barrio da Ponte (dentro del Balneario). Tel. 982 22 12 28

2. PUENTE ROMANO. Erigido por los Romanos en el siglo I de nuestra era, fue reconstruido en el siglo XII, y reedificado en el XIV. (Arcos apuntados). En el siglo XVIII, profundas reformas.

3. MURALLA ROMANA. Construida a mediados del siglo III. Tiene 2.140 m. de perímetro. Se conservan diez puertas de acceso al recinto amurallado y seis accesos a la muralla.

4. CATEDRAL. En el siglo XII comienza la construcción de la Catedral Románica, con obras sucesivas en los estilos gótico, barroco y neoclásico. Tesoro Catedralicio. Tel. 982 23 10 38.

5. PALACIO EPISCOPAL. Fachada barroca, con un cierto aire de pazo gallego. Construido por Gil Taboada, en 1738.

6. IGLESIA Y CONVENTO DE LOS PP. FRANCISCANOS. Antiguo Seminario Conciliar.

7. CASA CONSISTORIAL. Barroco Gallego siglo XVIII. Escudos de Lugo. En el siglo XIX se agregó la torre del reloj.

8. IGLESIA DE SANTA MARÍA "A NOVA”. Antiguo Monasterio.

9. PALACIO DE SAN MARCOS (Diputación Provincial). Construido en 1896, para hospital.

10. IGLESIA DE SAN FROILÁN (Antiguo Monasterio).

11. MONUMENTO AL BIMILENARIO. Praza de Santo Domingo. 1976.

12. IGLESIA CONVENTUAL DE SANTO DOMINGO (MM. Agustinas). Ábside gótico.

13. PARROQUIA DE SAN PEDRO. (Antigua iglesia Conventual de San Francisco). Convento fundado en 1285, e iglesia construida en 1510 según inscripción que se conserva en un arco. Claustro del siglo XIII.

14. CAPILLA DE LA SOLEDAD. Adosada a la iglesia de San Pedro. Pertenece a la Orden Tercera.

15. FUENTE DE SAN VICENTE. Praza do Campo.

16. CAPILLA DE SAN ROQUE. Barroco.

17. CAPILLA DEL CARMEN. Fachada y torre del Barroco Compostelano.

18. MUSEO PROVINCIAL. Praza do Soedade: Tel. 982 24 21 12. Horario de visita: de Septiembre a Junio: de 10,30 a 14 h., y de 14,30 a 20,30 h., de lunes 'a viernes. De 10,30 a 14 h., y de 16,30 a 20 h., los sábados. De 11,30 a 14 h., los domingos. Festivos cerrado. En Julio y Agosto de 10  13 h., y de 16 a 19 h., de lunes a viernes. Sábados de 10,30 a 14 h., y de 16,30 a 20 h. Domingos y Festivos cerrado.

Itinerarios desde la ciudad


I. Terra  Cha y Mondoñedo


Montañas y playas. Ese es el concepto que se tiene de Galicia. Pero algunas zonas no responden al estereotipo, como A Terra Cha, cuya traducción al castellano sería "Tierra Llana". Si el viaje se hace con bicicletas en el coche, será el momento de utilizarlas: las pendientes han sido desterradas, sustituidas todo lo más por más suaves ondulaciones de la carretera.

Dejado atrás Rábade (área recreativa en Pena de Rodas, construida en torno a dos grandes piedras que mantienen un dubitativo equilibrio) y Begonte (donde habrá que parar si el viajero advierte que está en Navidades: en Begonte se escenifica un famoso belén viviente) se alcanza Baamonde (con su notable iglesia de traza románica, su triple crucero y su árbol ahuecado y convertido en obra de arte por obra y gracia de un escultor local con casa-museo cercana). Y desde allí a Vilalba, considerada la capital de A Terra Cha.

En Vilalba aún se alza una torre que en su día perteneció a la poderosa casa de Andrade, absorbida por la actual casa de Alba. Pero, a diferencia de otras construcciones militares de su época, ésta se halla impecable. La razón es muy simple: ha sido convertida en parador de turismo, y a la Historia se sumó el lujo. En Vilalba abre sus puertas un pequeño y entrañable museo.

El cañonazo de Caldaloba


Saliendo por la carretera que se dirige directamente a Rábade se llega a otra torre, Caldaloba. Ésta con un aspecto de cuadro romántico, a lo que contribuye el que una esquina haya sido destrozada durante la guerra de Independencia por un cañonazo que llevaba la firma de las tropas napoleónicas. Girando a la izquierda por pequeñas pistas aparece ante los ojos un inigualable pazo, el de Sistallo, a las afueras de Feira do Monte, localidad cuyo principal encanto reside en el exterior: en la recuperada laguna de Cospeito, de gran valor ornitológico.

La atmósfera de Mondoñedo


Desde Cospeito resulta fácil dirigirse hacia el norte, cruzar la carretera Vilalba-Meira y ganar Abadín, otro típico y bien cuidado pueblo de A Terra Cha, para dirigirse a Mondoñedo. Ya no hay llanura: la carretera E-70 ha subido un pequeño puerto y lo ha bajado, y allá, en el fondo del valle que forma el río Masma, aparece Mondoñedo, una ciudad cargada de historia en los edificios y en la atmósfera.

El asfalto engaña al visitante y lo incita a circunvalar, pero no debe caer en la trampa: éntrese en el casco viejo, apárquese el coche y a caminar. De una manera u otra, todas las calles acaban convergiendo en la plaza que alberga la catedral, una mole de líneas elegantes que parece emerger de las profundidades de la tierra. El Museo Catedralicio y Diocesano (inaugurado en 1969) acoge una buena cantidad y variedad de piezas artísticas; la visita está recomendada no sólo por el contenido, sino por el continente: las salas clásicas en una institución de este estilo han sido sustituidas aquí por la capilla privada de los obispos (siglo XII), dos salones góticos (a los que cualquier superlativo les queda corto), el dormitorio del obispo Buján, una sala romántica y la escalera nueva.

El puente de O Pasatempo


Decía el escritor gallego Álvaro Cunqueiro, natural de Mondoñedo, que su ciudad natal era "rica en pan, en aguas y en latín". Le faltó añadir que también en repostería, porque la tarta de cabello de ángel que lleva el nombre de la urbe extendió su fama por los confines de Galicia.
Quizás también se le hubiera quedado en el tintero recordar el episodio protagonizado muy a su pesar por el mariscal Pardo de Cela, que fue decapitado allí mismo mientras en el puente de O Pasatempo su mujer, con el perdón de los Reyes Católicos en la mano, fue entretenida para dar tiempo a que la cabeza de Pardo de Cela rodara por las losas diciendo “Credo, credo, credo".

II. Una visita al Cantábrico


Una ancha y bien pavimentada carretera parte de Lugo hacia el Norte, dejando a la izquierda el aeródromo de As Rozas. Muy poco después, una gran señal advierte que Viladonga queda muy cerca, a la misma mano. Y ése es el aviso de que hay que levantar el pie del acelerador, porque si alguna visita puede recomendarse sin duda alguna ésa es la del castro de Viladonga, excavado y con un museo levantado "in situ" en donde se expone material didáctico sobre la vida de los gallegos de hace dos milenios.

Meira se sitúa un poco más adelante. Se trata de una localidad levantada en torno a su imponente monasterio, rehabilitado en los últimos años. Ya su puerta no deja indiferente al recién llegado, al igual que el interior. Todo ello, a los pies de una de las sierras vírgenes de Galicia, que toma el nombre prestado del de la localidad. El ascenso hasta la cumbre de esas montañas es fácil, y es posible hacerlo tanto en coche como en otros medios, incluido el caballo (los cuadrúpedos los alquilan en una casa de la aldea de Grañanova). Jabalíes, zorros y hasta lobos tienen en ese espacio su intocable hábitat, e incluso los primeros andan a sus anchas no sólo por los doce kilómetros lineales de sierra sino también por enclaves humanos hoy abandonados, como el castro situado en las cercanías de la mencionada Grañanova.

Los dos nacimientos del Miño


Meira muestra también otro tesoro geográfico y turístico: el nacimiento del emblemático Miño. Hasta mediados del siglo XX se decía que el río nacía en Fonmiñá, y allí hay hoy una pequeña y bien cuidada laguna, vecina de un área recreativa y de un impecable molino. Pero un conocido geógrafo gallego situó el nacimiento con más exactitud: en lo alto de la sierra de Meira, concretamente en el Pedregal de Irimia. Quien se llegue a él verá una morrena glaciar —de ahí la primera parte del topónimo, Pedregal— y otra área recreativa, y en medio de ésta, una fuente de cuyo caño salen al exterior las primeras gotas del Miño. En Meira se puede pasar un día entero. Pero si se quiere abarcar una perspectiva más amplia, entonces procede continuar siempre hacia el Norte, y tras dejar atrás Xudán llegar a A Pontenova, donde los antiguos hornos se mantienen en pie con aire de imponentes vigilantes. Área recreativa en Veiga da Prada.

Ribadeo


Ribadeo era y es la primera localidad gallega que pisaban y pisan los peregrinos que, en vez de afrontar los rigores de Castilla, elegían la llamada Ruta de la Costa. Ciudad jacobea, pues, que ofrece al excursionista un conjunto de calles y callejuelas que le retrotraen al pasado. Una escueta definición de la ciudad debe incluir las numerosas casas de aire colonial y los edificios neoclásicos que recuerdan los franceses (Casa de los Moreno). La visita termina con una fotografía ante el castillo de San Damián, en las afueras, y otra en la isla Pancha, unida a tierra por un puente y en la que, desafiando vientos y tempestades, se alza un faro.

La magia de As Catedrais


Si queda tiempo, será el momento de recorrer al menos un trozo de la costa, llamada A Mariña. Al pequeño puerto pescador de Rinlo (dicen que las redes de Rinlo son las mejores del Cantábrico) y a los islotes y playa de Os Castros sucede el que está considerado mejor arenal del norte gallego: As Catedrais, donde las rocas adoptan formas a cual más caprichosa, creando salientes, entrantes y cuevas naturales que cambian de fisonomía según la marea esté baja o alta.

La vuelta a Lugo debe realizarse por el mismo trayecto. Eso sí, hay que contar con unos minutos para detenerse, de nuevo, en A Pontenova: el excursionista creerá que nunca ha estado ante esos hornos, porque lo que contempla de noche no tiene nada que ver con la imagen que guarda en la retina, conseguida de día.

III. Peregrinos y Naturaleza


No toda Galicia es autopista o ciudad. Si el viajero dispone de una jornada, puede comprobarlo enfilando la carretera en dirección Madrid y, tras una pausa en el castillo de Doncos (a la derecha, en el ascenso al puerto de Pedrafita), continuar hasta O Cebreiro, con sus pallozas, su iglesia y su Grial, considerado santo por algunos y milagroso por otros. Allí, una de esas pallozas ha sido convertida en museo, sin que nadie haya caído en la tentación de adornarla artificialmente: está tal y como han sido, y el visitante puede imaginarse la vida que llevaban hasta hace pocas décadas los habitantes del lugar.

Ése es el Camino Francés a Santiago, el más concurrido y renombrado. Algunos templos, como el cercano de Liñares, guardan para siempre secretos jacobeos. Como también Hospital, más adelante, donde los peregrinos recibían acogida y asistencia. Pero unos metros antes de alcanzar esta última localidad una carretera arranca a la izquierda. Cierto es que no puede presumir ni de anchura ni de buena señalización, pero la pequeña incomodidad que ello pueda suponer queda con creces superada por el goce estético.

Y es que el asfalto se adentra en O Courel, serranía salvaje poblada de una densa vegetación autóctona y casi virgen para el turismo. Los amantes de la Naturaleza saben que el mantener ésta preservada, como aquí sucede, es incompatible con grandes superficies urbanizadas, y por eso adivinarán que no hay gasolineras ni demasiados establecimientos hosteleros.

Castillo de Carbedo


Lo que sí se respira es una invitación a caminar, con miles de posibilidades. Desde Seoane do Courel desciende una pista hasta el camping, y una vez allí es posible seguir un sendero que remonta el río Lor —arteria geográfica y símbolo de los cuidados que recibe la comarca por parte de sus habitantes— para subir más adelante hasta un conjunto de “sequeiros" (construcciones típicas), cerca de Mostade.

El camino se convierte en pista y permite el acceso a las ruinas del castillo de Carbedo, a cuyos pies pasaba una vía medieval que se conserva en buena parte tal y como estaba hace media docena de siglos, y por el que también transitaron hombres y mujeres que tenían como meta Compostela.

Un diablo trabajador


De regreso a Seoane se puede emprender una excursión hasta la aldea de Seceda, objeto de una imaginativa experiencia de rehabilitación consistente en respetar de manera escrupulosa todos los elementos arquitectónicos “de siempre", desde los desagües hasta los balcones.

La vuelta a Lugo debe hacerse cruzando el valle de Lóuzara, otro entorno completamente virginal para el turismo, y alcanzar O Indo. Cerca, en Hospital, se alza según la tradición la única iglesia de mármol existente entre Santiago y Roma. Claro que la leyenda va más allá y refiere que el diablo construyó paredes y tejado en una sola noche. La Historia, sin embargo, señala que los hospitalarios de San Juan de Jerusalén fueron los encargados de dar forma al templo, al edificio que alberga el panteón de los Quiroga y a la torre-campanario exenta.

Ir a Samos implica un pequeño desvío. La localidad de Samos la forman su monasterio y poco más, pero merece la pena tanto el exterior —buena fachada del templo cenobial— como el interior —sobre todo el claustro de las Nereidas—.

Feria de antigüedades

Sarria es la última parada. Conserva en pie una esbelta torre y alguna vieja calle, pero, sobre todo, es conocida en la actualidad por haberse convertido en la meca de aquellos que adoran los objetos antiguos. En efecto, decir Sarria equivale a nombrar la patria chica de los anticuarios, y en ella es posible encontrar desde un libro hasta una jarra de madera de hace siglo y medio. El auge de la villa es tal que todos los años se celebra al aire libre una feria de antigüedades.

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Comentarios:
Marcos 26-01-2012
Lugo es fantástica, la muralla romana me impactó y os recomiendo que la visitéis.
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