Lorca, disfrútala
Murcia
No lo dude, venga a visitarnos. Paséese por sus calles y sumérjase en su pasado, visite sus talleres artesanos, déjese guiar por los olores y colores de su gastronomía, detengase ante los escaparates de sus comercios...
Els Blaus de Roses

murcia, lorca, disfrútala

APUNTES GEOGRÁFICOS

El municipio lorquino se halla situado en la parte suroccidental de la Región de Murcia. Con una población cercana a los 70000 habitantes, repartidos entre el casco y 39 diputaciones, abarca un amplio territorio de aproximadamente 1676 km2, que le hace ser uno de los municipios más grandes de España. Presenta un perímetro muy irregular y unos límites administrativos que pocas veces coinciden con los naturales, ya que han estado supeditados a variaciones de carácter socioeconómico y político a lo largo de su historia. La característica principal de su relieve es el contraste entre unidades morfológicas, de tal manera que sierras, valles y depresiones interiores se suceden alternativamente, desembocando en su parte más oriental en una zona de costa. Las transiciones entre los diferentes espacios se realizan generalmente a través de amplias laderas y pie de montes en los que predominan las solanas debido a la orientación orográfica. Todo ello determina una serie de matices y contrastes climáticos que van desde el mayor grado de humedad que registran los sectores montañosos a la aridez de los valles y depresiones que se abren al este, pasando por la continentalidad de los llanos sobreelevados del interior. El clima de todo el término es típicamente mediterráneo, aunque matizado por algunos factores locales como la altitud. El mes más frío es enero, aunque sólo por encima de los 700 m se alcanzan  temperaturas medias que bajen de los 6 grados, siendo los más cálidos julio y agosto, con temperaturas medias en torno a los 25 grados. La escasez y la irregularidad son notas dominantes del régimen pluviométrico, pudiendo producir el relieve, como en el caso de las temperaturas, variaciones apreciables, aunque en general las precipitaciones anuales se sitúan casi siempre por debajo de los 400 mm. La característica más acusada podría ser la irregularidad interanual, alternándose años de abundantes lluvias con períodos largos de sequía. Este hecho representa un formidable obstáculo para la agricultura, a lo que hay que añadir el reducido número de días en que se reparten las lluvias a lo largo del año impidiendo a veces su aprovechamiento agrícola. En ocasiones alcanzan una gran intensidad produciendo avenidas cuyos efectos resultan casi siempre catastróficos. El espacio lorquino se articula en torno al eje fluvial del río Guadalentín, un curso capaz de suministrar fuertes caudales en régimen de avenidas de hasta 3.000 m/s. Y permanecer durante años casi completamente seco aguas debajo de Lorca. Sus aportaciones hídricas globales a un territorio intensamente poblado son escasas, habiéndose tenido que recurrir a la construcción de embalses, a la explotación de las aguas subterráneas y a las aportaciones de la cuenca del Tajo. El río se forma en el estrecho de Puentes, por la confluencia de los ríos Vélez y Luchena, y desde allí recorre 14 km en dirección NO-SE, recibiendo los aportes de numerosas ramblas, para penetrar finalmente en la depresión prelitoral por donde entronca con el Segura a través del cauce artificial del Reguerón. La pluviosidad y los materiales que constituyen el lecho del río Guadalentín configuran un régimen típico de rambla, al que contribuyen otros factores como el trazado en abanico de los afluentes, la fuerte pendiente de las vertientes y la deforestación. Todo ello provoca un arrastre considerable de sedimentos que dieron nombre al propio río (UAD-AL-LENTIN= Río de Fango).

LORCA MONUMENTAL

Ya en el siglo XV, el viajero Jerónimo Munzer recogía en su cuaderno de anotaciones la impresión que le causó la presencia imponente del castillo de Lorca, con su fuerte Torre Alfonsina, un monumento que aún hoy caracteriza el perfil de la ciudad en la lejanía. Pero ya dentro del casco histórico los rasgos internos del caserío urbano los aportan una serie de edificios, levantados su mayoría durante los siglos XVII y XVIII que han hecho que se acuñara para la ciudad el apelativo de “barroca”. La importancia y monumentalidad de las edificaciones decidieron que el centro urbano fuese declarado “Conjunto Histórico-Artístico” en 1964.

PLAZA MAYOR

La Plaza Mayor, que constituye el enclave monumental por excelencia, adquirió su forma definitiva durante las primeras décadas del siglo XVIII. Conceptuadas, y no sin razón, como “centro de poder”, allí se ubicaron los edificios del Concejo, del Cabildo Colegial y del Corregimiento, además de otros destinados a servicios, ya existentes o construidos pocos años más tarde, tales como los dos pósitos, la cárcel y el mercado. Pero en general, toda la trama urbana se estaba desarrollando en esos años siguiendo en cierto modo los planes esbozados en la segunda mitad del XVI, que trataban de buscar un mejor aprovechamiento cualitativo del espacio. La apertura de nuevas calles, la sustitución de viejos edificios el derribo de parte de la muralla y la creación de amplios lugares públicos son, quizá, las características más sobresalientes de este proceso. Las obras acabadas en este momento son todavía las señas de identidad arquitectónica y artística de Lorca hacia el interior.

LA EX – COLEGIATA DE SAN PATRICIO

La Ex-Colegiata de San Patricio, declarado Monumento Histórico-Artístico por decreto el 27 de enero de 1941 se erigió sobre la vieja iglesia de San Jorge por bula de Clemente VII en 1533. La dedicación del templo al santo irlandés tiene su origen en la importante batalla de los Alporchones, librada por la gente de Lorca contra los musulmanes el 17 de marzo de 1452. Su construcción  se lleva a cabo entre 1536 y 1780 sobre el diseño de Jerónimo Quijano maestro de las obras del Obispado de Cartagena, por lo que todo el interior, a pesar del dilatado período constructivo, presenta un marcado aire renacentista, lógicamente más acusados. Concebida con aires catedralicios, su interior se articula en tres naves, capillas laterales entre los contrafuertes, coro y trascoro, elevado crucero, girola con capillas radiales y torre en la cabecera que alberga en su interior la sacristía. Es posible establecer, de modo general, grandes etapas en la construcción que se identifican con el trabajo de determinados canteros o con la realización de alguna parte significativa del edificio.

Con la dirección del maestro Quijano y la participación de canteros y albañiles tales como Maestre Lope, García de Montiel y los Plasencia, se llegó hasta aproximadamente 1564, año en que ya están concluidas, o muy avanzadas, la capilla mayor, casi la totalidad de las capillas de la girola y los dos primeros cuerpos de la torre en donde se ubica la sacristía. De todo lo realizado hasta ese momento destacan la gran bóveda “de horno” de la capilla de la Virgen del Alcázar antigua patrona de la ciudad, la portada de la sacristía, a modo de arco de triunfo, y su cubierta abovedada decorada con casetones que la dotan de una gran plasticidad. Desde 1566 hasta su muerte en 1591 se hizo en cargo de las obras Lorenzo de Goenaga, realizándose entonces la puerta que da a la Plaza Mayor los muros de cierre de algunas capillas y las que quedaban por hacer en la cabecera. La mencionada portada es, como la de la sacristía, un arco de triunfo de medio punto y con un solo vano flanqueado por columnas pareadas de orden compuesto. La decoración escultórica aparece de nuevo, aunque tímidamente en el friso, en las enjutas (medallones con los apóstoles Pedro y Pablo) y en el arco (puntas de diamantes y clave con pequeña méndula). Las tres hornacinas superiores albergan las imágenes de la Inmaculada, San Francisco y San Antonio. Todo el siglo XVII se empleó en la terminación del transepto, nave principal y secundaria, capillas laterales y cubiertas del conjunto. En ese período destaca la presencia entre otros, de los canteros Garzón Soriano, Pérez Crespo y Melchor de Luzón. En 1627, Andrés de Goenaga realizaba la puerta a la calle Abad Arcos, de sencilla composición y severas líneas herrerianas. La realización de la monumental fachada y su unión con el resto del templo se llevó a cabo entre 1694 y 1710 bajo la dirección de José Vallés, quien posiblemente dio también la traza de la obra. Con él colaboraron un buen número de los canteros presentes entonces en Lorca: Ortiz de la Jara, Salvador y Diego de Mora, Sánchez Fortún, etc. Los mismos que aparecerán en las décadas siguientes dirigiendo importantes obras en la ciudad. El profesor Segado Bravo atribuye la labra de las esculturas de la Imafronte a Agustín de Pareja y a Jerónimo y Salvador Caballero.

En el anonimato ha quedado el nombre del “escultor forastero” del que se dice que había trabajado en Versalles para Luis XIV, y que, según las actas del cabildo colegial y las citas que a él hace el padre Morote, labró y dirigió la ejecución de los niños de los tres arcos del primer cuerpo de la fachada y algunos otros detalles ornamentales. El resto de la escultura podría ser atribuida a maestros locales, aunque es bastante notable la diferencia entre las de San Patricio y Virgen del Alcázar de la calle central y las de santos, obispos y angelillos con guirnaldas que rematan los laterales de los diferentes cuerpos y el frontón. No hay noticia que confirme la existencia de un programa iconográfico completo para la fachada, de ahí que todas las hornacinas entre las columnas aparezcan vacías. Sobre esta monumental fachada se han señalado influencias del renacimiento granadino aunadas con las barrocas de procedencia valenciana. No obstante, la escasa ornamentación de los cuerpos superiores y su propia disposición sugieren una fuerte dependencia de las fachadas jesuitas.

A lo largo del siglo XVIII se completó el edificio con obras de diferente importancia realizadas en el coro y trascoro, camarín de la Virgen del Alcázar, atrio, salas capitulares, carrerón de subida a la puerta de la Plaza Mayor y la culminación de la torre. Por su importancia merecen un especial comentario las relativas a las salas capitulares y trascoro. Este último fue ideado por Toribio Martínez de la Vega, comenzando a levantarse a mediados de 1713. La estructura arquitectónica estaba ya concluida en octubre de 1714, comenzándose entonces la decoración escultórica que corrió a cargo de Jerónimo Caballero y Manuel Caro. Estos trabajaron  en los paramentos laterales del coro, los capiteles y parte de la decoración del arco central del trascoro. Los cinco figuras que lo rematan (San Fulgencio, San Leandro, San Isidoro, Santa Florentino y San Patricio) fueron esculpidas por Laurencio de Villanueva. El resto de las escultura (ángeles con los símbolos de las letanías, arcángeles Miguel y Gabriel y apóstoles Pedro y Pablo) fue ejecutada entre 1716 y 1717 por el italiano Nicolás Salzillo. En 1724 se completó la obra con un retablo de columnas salomónicas hecho por Jerónimo Caballero par ala Inmaculada que realizara el escultor marsellés Antonio Dupar un año antes. En 1741, por encargo directo del Cabildo Colegial, Nicolás de Rueda diseñada la fachada de las salas capitulares recayentes a la Plaza Mayor, sustentadas por un espacioso arco sobre la calle Cava y tres arcadas más sobre pilares rectangulares. Fueron maestro cantero y de albañilería Pedro Bravo Morata y Juan de Miras Muñoz, respectivamente, tallando Juan de Uzeta la escultura de San Patricio que preside el coronamiento.

A pesar de los estragos causados por la adaptación a nuevos gustos artísticos los ocasionales expolios y la destrucción generalizada durante la guerra civil, la colegiata sigue ofreciendo al visitante la posibilidad de contemplar un conjunto arquitectónico de primera magnitud y una serie de obras artísticas de cierto interés. Una vez traspasada la cancela de la puerta que da a la actual Plaza de España, nos encontramos a mano derecha con la capilla de San Nicolás de Bari, con un lienzo del lorquino Muñoz Berberán (1921) una de sus primeras obras que sustituyó al desaparecido de Camacho Felices de igual asunto. Al lado, la pintura mural de San Cristóbal, a imitación de la existente en casi todos los templos catedralicios de España, que estilísticamente corresponde al siglo XVIII. En el pedestal de la pilastra que la enmarca se colocó la lápida de consagración de la Colegial en 1776 por el obispo Rubín de Celis. Al inicio del recorrido por la girola, lo primero que llama la atención es el enfrentamiento de las portadas de la sacristía y la de acceso a la capilla mayor. Son dos maneras distintas de concebir el renacimiento den sus vertientes puristas y aquella más plástica y decorativa de origen plateresco. La de la sacristía presenta en su parte superior una hornacina con una Inmaculada y ángeles turiferarios en altorrelieve a los lados, posiblemente labrado todo a finales del XVI o comienzos del XVII, salvo la pequeña peana. En las enjutas de la portada es identificable, por una cartela, el busto de Isaías, quien en sus profecías habló sobre la genealogía del árbol de Jesé en clara referencia a la Concepción Inmaculada de la Virgen la figura correspondiente del otro lado, al estar borrada su inscripción podría ser otro de los considerados profetas mayores o bien el evangelista de la generación de Jesucristo.

Próximamente se va abrir, en las habitaciones altas de las salas capitulares, un museo donde se expondrá una cuidada selección de objetos artísticos de procedencia eclesiástica. Este hecho puede motivar que algunas de las obras que a continuación se describan hayan cambiado de ubicación en el momento de efectuar la visita al templo, encontrándose en otra capilla o en el propio museo. En la sacristía y habitación contigua apenas hay algo que reseñar de verdadero interés. Se conservan en ellas dos lienzos de escaso mérito artístico Calvario y Divina Pastora, el pendón dieciochesco de la Colegiata, restos de la cajonería tallada por Nicolás de Rueda con dos toscos relieves de la Virgen del Alcázar y San Patricio, un crucifijo procedente del desaparecido retablo de la Virgen del Alcázar hecho por García Ramos en 1642, un lienzo del XVIII de San José y el niño, recreando tipos murillescos, y dos pinturas de Miguel Muñoz de Córdoba, San Sebastián y el Cardenal Cisneros a caballo. Ya en la sala capitular cuelgan de sus paredes cuatro pinturas de mayor aprecio. Una Virgen del Rosario, orlada de flores, del pintor Pedro Camacho Felices(1644-1716), que corresponde a la producción de los años finales del XVII y es uno delos escasos ejemplos de pintura de flores de este autor, en la misma pared, una Santa Rosa de Lima, posiblemente de José Mateos Ferrer, a la que se ha adjudicado cierto aire velazqueño. Entre dos balcones perteneciente al siglo XVI y de autoría imprecisa, pero especulándose con la posibilidad de que sea de mano de alguno de los Ollivier o de Alonso de Monreal, una tabla del Ecce Homo, de sobria y equilibrada anatomía y dibujo preciso que estilísticamente se puede relacionar con la Anunciación existente en la capilla mayor del calvario de Lorca.

Preside la sala al lienzo del Sacrificio de Isaac, firmado por el pintor flamenco Cornelio de Beer, quien se afincó a comienzos del XVII en Madrid. Esta pintura, junto con las del mismo autor que se encuentran repartidas por el templo (David y los tres días de peste sobre Israel, Dios bendice a Noe y a sus hijos, en los muros del crucero, y la Muerte de Abel y Tentación de Job, en el coro) entraron en la Colegiata a mediados del siglo XVIII procedentes de un legado de la familia Pérez de Meca. La propia ejecución de los lienzos denota la procedencia del artista, que acusa, salvando las enormes diferencias, un velado influjo de Rubens en las composiciones y en los modelos de angelitos. Iban destinadas a la capilla de San José y constituyen un ciclo iconográfico dedicado a la genealogía del ínclito patriarca. También se pueden ver en la sala capitular, expuestas en vitrinas tres esculturas y otras tantas piezas de orfebrería. Estas últimas son tres relicarios (dos de ellos de S. Patricio y S. Clemente, patrón de Lorca) que tiene interés por su significación para la ciudad y por la calidad de uno de ellos, el de S. Clemente, de clara filiación rococó. Tiene también la Colegiata, aunque no se hallan expuestos, dos meritorios portapaces con San Clemente y San José, obra de los plateros del XVIII Rafael Provencio y Alvar Pacín, respectivamente. De entre las esculturas es en especial sugerente, por la fineza de labra, disposición e ropajes y movimiento, la de San Antonio, en cuyo pedestal se lee la inscripción “D. Pedro Manuel Martínez /Año de 1765”.

La Purísima debe proceder del desaparecido palacio que los obispos de Cartagena tenían en Lorca, ya que conserva una inscripción en la que el obispo Landeira, que pasó sus últimos años en esta ciudad, concedía indulgencia por el rezo de determinadas oraciones. La tercera escultura, de San José, recuerda algo las tallas napolitanas de finales del XVII. Las tres capillas rasas de la girola están hoy bajo la advocación de San Camilo de Lelis, Santa Cecilia y San Eduardo. La primera y la tercera se adornan con lienzos de Muñoz Barberán pintadas en 1945 y 1944, respectivamente. La de la patrona de los músicos, desde siempre dedicada a la Virgen de Guadalupe y más recientemente a la del perpetuo Socorro, tiene ahora una escultura del murciano Antonio Labaña, realizada en 1994, que es réplica de la que hiciera Roque López en 1783 y que se conserva en el convento de las Madres Agustinas de Murcia. De las capillas de la girola, partiendo desde la sacristía, la de la Anunciación es la primera, decorada con un gran lienzo de Camacho Felices que tiene una peculiaridad. Está compuesto por dos mitades pertenecientes a las puertas menores del órgano de la Colegiata, cuyo reservo lo formaban los lienzos de este mismo artista, de San Clemente y San Patricio que hoy se encuentran en el altar mayor. También son de mano de Camacho, y eran asimismo puertas del órgano, las pinturas de este mismo altar en las que se representa a San Jorge, San Millán, Asunción y Resurrección. Pertenecen a dos etapas diferentes de la producción del pintor y fueron convertidas en lienzos por orden del cura Bartolomé Ortiz en 1911.

Estos siete cuadros componen un ciclo iconográfico singular. Si las puertas permanecían cerradas, el mensaje que lanzaban era religioso: Anunciación, Resurrección y Asunción, son temas que en conjunto tiene un claro significado de salvación. Ahora bien, cuando las puertas estaban abiertas el total de los cuatro santos representados ofrece varios niveles de lectura en cuanto a su iconografía. Por un lado son santos varones y modelos de virtud, transmitiendo unas enseñanzas morales y religiosas a través de sus vidas. Por otro son protectores directos de la ciudad, ya que en la festividad de tres de ellos se ganaron importantes batallas para los lorquinos: San Clemente / reconquista de la ciudad en 1244; San Patricio /batalla de los Alporchones en 1452, y San Millán /batallas de Oria, Cantoria y Corral de Arboleas en 1569. La figura de San Jorge puede considerarse con el mismo significado que las anteriores ya que es reflejo del paso de las tropas catalano-aragonesas por la ciudad para apaciguarla en dos ocasiones al mando de Jaime I y Jaime II, respectivamente. La conmemoración de una sola de estas festividades encadenaría el recuerdo de las demás y, bajo una apariencia de devoción religiosa, Lorca viviría una jornada festiva de doble signo ligada a un mismo hecho: la lucha contra el infiel. En el altar mayor hay otros dos lienzos de Camacho (Adoración de los pastores y Adoración de los Reyes Magos) que llegaron a la Colegiata por manda testamentaria del abad Fernández Farfán. Aunque en su composición el pintor se valió de estampas de los tipos creados por Rubens, muy en boga en el momento, la disposición de los personajes, la firmeza del dibujo y colorido, los atisbos de una perspectiva bien resuelta hacen que se puedan juzgar estas pinturas como de las mejores de su producción anterior a 1700. El palo central del altar mayor lo ocupa un gran lienzo de Cristo crucificado, obra del cartagenero Wssel de Guimbarda (1833-1907) de 1894.

Contigua a la capilla de la Anunciación, se encuentra la del Santísimo Sacramento o de la Virgen del Alcázar. Esta advocación mariana ocupó el patronato de Lorca desde su nombramiento por el Concejo, el 31 de mayo de 1615, hasta una fecha indeterminada inmediatamente posterior al Concordato con la Santa Sede, en 1851, cuando fue sustituida por la Virgen de las Huertas. De la ornamentación original de la capilla imagen del titular retablo y dos altares del Santo Ángel de la Guarda y San Pedro nada queda. El retablo fue rehecho tras la guerra terminándose en 1945 por el lorquino Victoriano Ferrer. En lugar de las representaciones de San Jorge y San Millán que tenía en los intercolumnios, se pusieron las de San José y Santa Catalina, procedentes del retablo mayor de la ermita de San Lázaro al igual que las dos tablas de San Francisco y San Antonio actualmente en la capilla de la Soledad. Por la propia factura de las tablas se pueden atribuir al círculo valenciano de la segunda mitad del XVII. El lugar de los retablos desaparecidos lo ocupan hoy cuatro pinturas: tres de ellas (Llanto sobre Cristo muerto, Virgen de la Soledad y San Juan Bautista en el desierto) atribuibles a pintores de la localidad de la segunda mitad del XVII, y una Inmaculada que presenta todas las características del pintor granadino Ambrosio Martínez Bustos. En la parte alta de la pared un escudo en piedra del apellido Marín, cuya familia tendría enterramiento particular.

En el resto de las capillas de la girola se pueden contemplar dos grandes lienzos. El de San Miguel es una de las primeras obras religiosas de Muñoz Barberán, en la que se advierte un marcado influjo de modelos clásicos, reinterpretados ahora con un colorido brillante. El testero de la antigua capilla de San Ildefonso lo ocupa hoy un lienzo de asunto teológico, donado por la marquesa viuda de Montefuerte en 1944 que parece del estilo del granadino Pedro Atanasio Bocanegra, tanto por la entonación de los colores como por la composición y tipos de los personajes. En la parte del crucero del lado del evangelio se encuentran dos altares. El de San Bartolomé tiene una pintura sobre lienzo en consonancia con su opuesta de San Cristóbal. Es obra de Wssel, también de 1894, recreando la conocida composición de Ribera sobre el martirio del santo.

Destruida parcialmente en 1936, fue rehecha la parte baja por Muñoz Barberán, quien también recibirá el encargo de pintar el San José de la capilla rasa colindante, basándose en la conocida composición de Murillo, para reponer la perdida tela de José Rebolloso de igual tema. La capilla de la Virgen de la Soledad contiene una talla de devanaderas de esta imagen, realizada en el presente siglo por el murciano Sánchez Lozano, y las dos tablas de San Francisco y San Antonio ya aludidas. Mayor atención requiere la que le sigue del Resucitado.  Los lunetos con ángeles cantores fueron hechos por Wssel, en igual fecha que los otros lienzos del mismo autor citados, guardando un estrecho parecido con los que realizara para la iglesia de la Caridad de Cartagena tan sólo un año antes. La magnífica figura de Cristo triunfante, que procesiona junto a la Virgen de la Encarnación el Domingo de Resurrección, se debe a la guiba de Roque López, sin duda el mejor y más directo continuador de la estética de Francisco Salzillo, del que fue discípulo. La imagen titular de la Ilustre Archicofradía de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo de la iglesia lorquina de Santa María (hoy en ruinas), se contrató con el artista en agosto de 1800 y fue acabada en marzo 1801, pagándosele por ella 2500 reales. Todos los autores que la han estudiado coinciden en señalar la armoniosa y perfecta labra de su anatomía y la delicadeza de las carnaciones lo que le confiere una peculiar espiritualidad que hace que olvidemos por momentos los aspectos formales de la obra. Recibe popularmente el nombre de “El Palero” por haber estado su capilla en Santa María junto a unas palas o “chumberas”.

A continuación se encuentra la capilla del Cristo de Esquipulas, cuyo lienzo firmado en 1759 por el indiano Manuel Santiago España, fue destruido, siendo el que ocupa el frente en la actualidad una buena reproducción de Muñoz Barberán, realizada en 1939. la advocación de esta capilla “con sobrenombre ignoto y raro para estos países”, como dijo el Cabildo al informar favorablemente en 1775 sobre su instalación, se debe a la petición formulada por Joaquina Sancho, hermana de un cura de San Patricio y viuda de José de Arcos,  fideicomisario de la testamentaría de Alonso de Arcos y Moreno, teniente general gobernador y capitán general del Reino de Guatemala, así como presidente de su Audiencia, hermano  que fue del abad de la Colegiata de iguales apellidos. Aquel militar había construido a su costa un suntuoso templo en la provincia de Chiquimula para la escultura del milagrosos Cristo de Esquipulas, cuya vera efigie pintada se trajo a España a su regreso, ordenando que a su muerte se le diera culto público. En los muros laterales de esta capilla cuelgan también una Santa Isabel de Hungría y un San Antonio de los pintores locales, Segura Clemente y Muñoz Barberán. Del resto de las obras existentes en las capillas de este lado se pueden reseñar, por su antigüedad., los lienzos de San Luis, obispo de Tolosa, de Muñoz de córdoba y el anónimo lorquino del XVII / XVIII de la Virgen de la Soledad, y por su significación, la reproducción de Muñoz Barberán, del año 40, del cuadrado de San Julián. El original era de García Salmerón y llegó a Lorca en 1650 procedente de la Catedral de Cuenca, junto con una reliquia del santo, como exvoto en agradecimiento por el cese de la furiosa epidemia de peste bubónica que padeció la ciudad en 1648. por último en la capilla del bautismo, dos lienzos del lorquino Emiliano Rojo (1918-1965) Expulsión del Paraíso y Bautismo de Cristo, de dibujo correcto y gama fría de colores, y otro más de Muñoz Barberán ya de los años 60, de técnica muy suelta. Del retablo de columnas salomónicas hecho por Jerónimo Caballero en 1724 para el trascoro, que albergaría la excepcional Inmaculada tallada por Dupar un año antes, sólo ha quedado fotografías para el recuerdo. Parecida suerte corrieron las esculturas que coronaban el conjunto, las cuales fueron rehechas o restauradas en 1944 por el escultor lorquino Rodríguez Larrosa. El escultor valenciano José Jerique realizaría, en 1953, una réplica de la primitiva imagen de la Inmaculada, utilizando para ello la cabeza que se conservó. Afortunadamente no sufrió tanto daño la decoración incorporada a la estructura arquitectónica cuyos relieves más significativos se deben al buen oficio del italiano Nicolás Salzillo (1671-1727). Formado en Nápoles con el escultor Aniello Perrone, de él aprendería la técnica y tomaría modelos y composiciones que rápidamente puso en práctica a su llegada a Murcia hacia 1698. La escultura en piedra que práctica en el frontis del trascoro de la Colegial, poco evolucionada pero desenvuelta y amable sobre todo en los tipos de niños, puede ser reflejo directo de lo aprendido en Nápoles de su maestro.

Frente al trascoro, junto a la puerta principal, se halla colocado el único lienzo que conserva la colegiata del lorquino Baltasar Martínez Fernández de Espinosa (1698-1748). Está firmado y fechado en 1740, monumento en que el pintor parece haber definido ya plenamente su estilo dentro de unas coordenadas dieciochescas de planteamientos luminosos y composiciones perfectamente estructuradas. Representa a San Juan Nepomuceno, al que se aparece la virgen en un rompimiento de gloria. En la parte inferior se encuentra el retrato del donante, el canónigo Diego Ruiz Mateos de Quirós, con su escudo nobiliario. En los muros exteriores del coro y en su interior, además de los cuadros ya citados de Cornelio de Beer, se encuentran varias  pinturas de desigual mérito, época y estilo. De entre ellas merece atención, aunque relativa, una Anunciación de finales del XVI o comienzos del XVII, posiblemente relacionada con algún encargo lorquino; una Coronación de espinas, estéticamente próxima al primer naturalismo de XVII, y un gran lienzo de San Patricio de autor local de comienzos del XVIII. De las capillas en la nave lateral de la Epístola, quizá la más interesante sea la de las Ánimas del Purgatorio. El lienzo del testero fue hecho después de la guerra, pero las pinturas murales en bóveda y lunetos las realizó hacia 1730, Martínez Fernández de Espinosa, a quien se debía igualmente el cuadro-retablo desaparecido. En ellas se puede ver una representación del Juicio Final muy arcaizante y dentro de los modelos que para esta escena se proponían en el Medievo, así como un pasaje de la vida de San Camilo de lelis, fundador del os Clérigos Regulares Ministros de los Enfermos (conocidos como “Camilos”) al que León XIII declaró patrón de las enfermedades incurables y hospitales.

A ambos lados de ésta se sitúan las del Santísimo Cristo de la Misericordia pintura del Crucificado de mediados del XVII y una talla de igual asunto del escultor local Juan Dimas (h.1845-1920) y la de Nuestra Señora de los Desamparados, patrona de Valencia, cuya advocación se inicia después de la guerra. Siguen, hacia la puerta del crucero, las capillas de San Pedro (titular del escultor valenciano Francisco Cuesta López de 1946), Sagrado Corazón de Jesús (titular del escultor gallego Urbano Parcero de 1945 y retablo del marmolista de Máchale Emilio Molina García) y Virgen de la Encarnación (obra también del mencionado Jerique) que fueron rehechas después del año 39 con algún cambio en su advocación. En las de San Pedro y la Encarnación se pueden ver los escudos nobiliarios de los Guevara y de los Ruiz Mateos Rondón y Luna, respectivamente, que indican el patronato y lugar de enterramiento de estas familias. Al final del recorrido se encuentra la imagen de San Lázaro procedente de la desaparecida ermita de este santo, que se tiene por obra de mediados del siglo XVI dentro del estilo de la escultura practicada por el maestro Jerónimo Quijano. En el altar mayor ha sido colocada recientemente una pequeña pila bautismal, procedente de la ermita de San Roque y San Sebastián, que se considera como uno de los pocos restos de las iglesias medievales lorquinas. En la nave principal, al lado de la Epístola, aún se pueden ver las tallas originales de la escalera del púlpito labradas en 1710, con motivos decorativos fantásticos, así como todo el frontal con las imágenes de los cuatro evangelistas y San Patricio y tornavoz realizado a finales del  XIX. La artística reja del altar mayor fue realizada en 1736 por el herrero alicantino José de Campos. Cuatro años antes, el lorquino García Valero hacía la del coro, también apreciable por su labor de forja.

AYUNTAMIENTO

Es este el edificio que acaba por dar carácter a toda la plaza. A pesar de su armoniosa apariencia, no fue levantado de una sola vez. En 1674 un terremoto afectó gravemente a la ciudad, dejando impracticable la cárcel pública. Es entonces cuando se decide levantar una nueva iniciándose las obras del ala sur del actual Ayuntamiento. Su fachada constaba de dos gruesos pilares entre los que irían colocados tres arcos de Medio punto en cada una de las dos plantas, un modelo constructivo de filiación renacentista que ya sólo era utilizado en los claustros religiosos. El alarife Martínez Botija se encargó de la albañilería y el cantero Miguel de Mora de los sillares. Las columnas, de mármol de Máchale, las hicieron los canteros Tijeras. En 1678 se decoraba el edificio, corriendo a cargo de los escultores Antonio y Manuel Caro la realización de los escudos reales y de la ciudad. En 1737, ante la necesidad de construir unos porches que ocuparan la totalidad del frente de la plaza, el Concejo convocó un concurso de ideas al que presentaron proyectos los maestros Tomás Jiménez y Alfonso Ortiz de la Jara. El de este último fue elegido. Eran muy similares, ya que ambos duplicaban la edificación existente pero convenció más la propuesta de un único y gran arco central sobre la entonces calle del Águila que uniera los dos cuerpos. Toda la decoración del edificio nuevos escudos y escultoras de la Justicia, la Caridad y el perdido relieve en mármol de San José que ocupaba el hueco central del tímpano fue ejecutada por Juan de Uzeta finalizándola en 1739. La forja del gran balcón central la realizó el herrero Agustín Manzano en 1740. La pequeña portada lateral del edificio también se realizó por estos años. El interior del edificio, remodelado completamente en 199, ofrece al visitante una buena colección de pintura contemporánea, sobre todo pintores locales, y la contemplación en la denominada “sala de cabildos” de la antigua capilla del Concejo, con una preciosa Inmaculada del taller granadino de Pedro de Mena, y del conjunto de pinturas de Miguel Muñoz de Córdoba realizadas en 1722, que narran en seis grandes lienzos las principales batallas en las que participaron los lorquinos en el pasado.

PLAZA DEL CAÑO

Es uno de los espacios públicos con más solera de toda la ciudad. Punto de obligada referencia para el abastecimiento de agua y el mercado, en uno de sus laterales se ubicaron el Pósito y las antiguas salas del Concejo, luego convertidas en sede del Corregimiento.

CASA DEL CORREGIDOR

Los restos de la Casa del Corregidor se incorporaron al nuevo edificio de los Juzgados. Cuando se demolió el viejo casón en 1905 sólo respetaron los cuatro arcos existentes sobre pilares cuadrangulares, formando dos de ellos un esquinazo sobre el que se sitúan, en una cornisa volada a modo de proa de barco, las figuras legendarias de los príncipes griegos Elio y Crota, a los que se tiene por fundadores de la ciudad. Sobre ellos un sol con dos lenguas de fuego que ha quedado como símbolo de la ciudad. Las figuras, labradas por Juan de Uzeta hacia 1750 tomando las iconografías de los semidioses griegos Cástor y Pólux van acompañadas con cartelas en cuyos textos se narran los orígenes cartagineses y romanos de Lorca entresacados del libro-historial del padre Morote.

EL PÓSITO

Hoy Archivo Municipal, es una de las épocas edificaciones de servicios hechas a comienzos del XVI que han llegado hasta nuestros días. Su diseño se debe a la mano del maestro Quijano, que propone un piso bajo con arquería sencilla y una segunda planta absolutamente diáfana, todo ello con el fin de conseguir el máximo e espacio para el almacenamiento de trigo. En 1552 ya se están haciendo pilares y arcos interiores por el cantero Domingo de Plasencia y en 1553 se hace toda la carpintería por Guillén de Guaita. En este último año se encargan los escudos que blasonan la fachada anverso y reverso del sello del Concejo, envueltos en guirnaldas de frutas, y escudo imperial al entallador vizcaíno Sebastián de Bocanegra, únicos motivos decorativos que contrastan con la desnudez del muro compuesto por sólidos sillares. La modesta fachada a ponientes es obra del siglo XVIII, destacando en ella un pequeño escudo de la ciudad. En 1760 hubo de ser corregida toda la edificación encargándose de ello el arquitecto Lucas de Corrales Ruiz. La lápida de la fachada principal hace referencia a esta reconstrucción.

PLAZA DE LAS BARANDILLAS Y CALLE ZAPATERÍA

Para continuar con la visita hay que situarse en la pequeña plaza al costado de la fachada de la colegial, donde actualmente se encuentra el Ángel de la Fama que coronaba el Imafronte. Caído hace pocos años, en su lugar se colocó una reproducción de menor peso que aligerara la carga sobre el tímpano. El espacio, que se conocía desde antiguo como plaza de Adentro por estar intramuros, fue el principal de la ciudad hasta finales del siglo XVII, albergando durante el XVIII una importante plaza porticada para la venta de verdulería construida para tal fin por el arquitecto Martínez de Lara. Siguiendo el muro de la Colegial se entra en la calle Zapatería, situada en pleno corazón de los barrios más añejos de Lorca. Nombres de calles como Cava foso de muralla, quincalleros, Tintes, Pozos, etc.... son corrientes en esta zona, como recuerdo de la instalación de determinadas actividades o la existencia de algún elemento urbano significativo. A lo largo de esta calle, aparte de correr paralela a ella la muralla medieval cuyas torres y alzado son visibles en algunos lugares, se sitúan   dos puntos de interés. El convento de mercedarias de Madre de Dios de la Consolación, fundado en 1515 pro el arcipreste Montesinos del Puerto, conserva aún un importante alzado de la zona residencial y dos portadas de piedra: una de la antigua entrada al monasterio y la otra, de comienzos del XVII, daba acceso a la iglesia reconstruida en 1752 y que se arruinó totalmente en la década de los 70 del presente siglo.

El otro edificio interesante es la actual sede del Conservatorio “Narciso Yepes”. Es conocido popularmente como Colegio de la Purísima, ya que con ese título y dedicado a la enseñanza de materias religiosas, fue fundado por el abad Arcos moreno en 1779. Puesto bajo la protección real, abrió sus puertas en 1788 llegando a contar con estudios universitarios asimilables a los impartidos en la Universidad de Granada. No se conoce al arquitecto que diseñó este bello edificio dieciochesco, aunque se ha atribuido a Lucas de los Corrales. En el balcón principal sobre la portada de piedra, con pilastras y grueso baquetón quebrado que será el elemento decorativo predominante se ven los escudos del fundador y del obispo Mirallas, entonces regente del Obispado de Cartagena. En la fachada a la calle Cava se puede contemplar hoy uno de los viejos torreones de la muralla medieval y una sobresaliente escultura de la lorquina María Dolores Fernández Arcas que presenta al prestigioso guitarrista Narciso Yepes, sin duda el artista más notable con que la ciudad cuenta entre sus naturales.

LA MURALLA MEDIEVAL

La calle Zapatería va a desembocar en el porche de San Antonio también conocido como de San Ginés. Este complejo amurallado ofrece aún hoy día una visión exacta de las dimensiones y conformación de la muralla en el siglo XIV. Cercado por dos sólidos cubos dispuestos para su defensa, presenta una puerta de codo, de tradición musulmana, con arco apuntado de sillería que enmarca el acceso con tres molduras de decoración geométrica. Los importantes restos conservados demuestran que toda la muralla se reedificó a partir del siglo XIII, siendo visibles sus cubos y lienzos desde la calle Rambla, paralela al río, hasta el porche de San Antonio embutiéndose a continuación en las construcciones de la calle Cava que recibe su nombre por estar sobre el foso o “cava” de la muralla, lo que ha permitido un excelente estado de conservación. Testigos de este recinto vuelven a aparecer en el patio del convento de las Mercedarias, Colegio de la Purísima y torreón exento de la calle Rojano. En este trazado se encontraban las dos puertas principales, nombradas de Gil de Rical y de los Santos, abarcando el espacio de lo que hoy es la iglesia de San Patricio.

MUSEO ARQUEOLÓGICO MUNICIPAL

A través de la escalinata de la Aberca se llega al Museo Arqueológico Municipal, en donde unas nuevas y magníficas instalaciones, con unas secciones de cuidada exposición, dan cuenta de todo lo relativo a nuestra prehistoria y protohistoria completando la muestra un extenso monetario y medallero. La visita al Museo facilita el conocimiento exhaustivo de la sucesiva ocupación de la ciudad de Lorca, y de buena parte de su término municipal que abarca desde el Paleolítico Medio, representado por la industria lítica hallada en las cercanías del río Turrilla, hasta los años finales de la Lorca musulmana. El edificio en el que se encuentra ubicado tiene interés asimismo por su propia estructura, ya que se trata de la casa de los Salazar-Rosso, construida en la segunda mitad del siglo XVI. Remodelada a lo largo del tiempo, muestra aún su espléndida portada de piedra con el escudo familiar y una decoración de impronta italiana cuya influencia más directa no se conoce con exactitud. La abundancia de mascarones y roleos, los curiosos estípites antropomorfos y su propia estructura arquitectónica la alejan bastante de las coordenadas estéticas que guiaron las realizaciones de los artistas de esta zona.

CONJUNTO MONUMENTAL STO. DOMINGO, PASO BLANCO

En la calle Lope Gisbert, arteria principal de la ciudad abierta como prolongación natural del puente de piedra sobre el Guadalentín terminado en 1879 bajo la dirección del ingeniero Juan Moreno Rocafull, se sitúan un buen número de edificaciones de carácter monumental. La primera de todas corresponde al conjunto del antiguo convento de Santo Domingo y la aneja capilla del Rosario. Las tras partes del claustro que aún siguen en pie datan del siglo XVII, a lo largo del cual los dominicos fueron construyéndolo con la participación de canteros tales como Antonio de la Rosa y Lorenzo de Mora. La iglesia, recientemente restaurada, presenta un interior de una sola nave, con capillas laterales, que fue reformado a comienzos del XVIII dotándolo de una falsa bóveda de cañón y de pilastras simuladas. En la capilla del Cristo del Rescate se recuperaron las pinturas murales antiguas, de un cierto mérito, atribuibles al pintor local del XVIII Baltasar Martínez Fernández de Espinosa. La portada, que data de 1608, se debe a Andrés de Goenga. Esta iglesia es actualmente sede del Museo de Bordados donde el Paso Blanco, una de las principales cofradías de los desfiles bíblicos-pasionales de Lorca, exhibe una muestra de los mejores trabajos realizados en sedas y otro, así como carros, armaduras y otros objetos que forman parte de la puesta en escena de los diferentes grupos que procesionan en Semana Santa.

La capilla del Rosario, aneja a la iglesia, fue propiedad de la Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario y actualmente es de su directo continuador, esto es, el Paso Blanco, en 1707 se puso la primera piedra y la traza y dirección técnica para su construcción se ha atribuido a Toribio Martínez de la Vega. La obra se dilató bastante en el tiempo, ya que en 1740 el cantero Pedro Bravo Morata labraba la portada que presenta alguna novedad dentro del panorama local. En el interior se pueden ver los restos que quedaron del antiguo retablo, hecho por el tallista Ganga Ripoll en 1747, habiéndose reintegrado su arquitectura y talla acertadamente por el lorquino Antonio Morales. En la cúpula y pechinas hay una buena pintura al temple, con motivos y personajes de la Orden dominica, realizadas por Baltasar Martínez Fernández de Espinosa. En un altar del crucero se encuentra la Virgen de la Amargura, titular del Paso Blanco, obra del escultor murciano Sánchez Lozano dentro de la línea de Vírgenes dolorosas creadas por el genial Salzillo.

CALLE DE LA CORREDERA

Desde la capilla del Rosario, por Juan de Toledo se accede a la calle de la Corredera, en cuyo comienzo se encuentra la casa de los Irurita. Es uno de los escasos ejemplos de arquitectura del siglo XVI para particulares con que cuenta la Región de Murcia. Diseñada por el maestro Jerónimo Quijano, su fachada, a pesar de las transformaciones sigue mostrando los rasgos renacentistas con que fue concebida. Son destacables dos elementos: la pequeña galería de arcos de la parte superior y la portada con un arco de medio punto enmarcado por pilastras. Los capiteles de éstas presentan mascarones en las esquinas y en ellos se ha querido ver la representación del dios Jano. Avanzando por la calle Corredera, el siguiente punto de interés lo ofrece la Columna Miliaria de la Plaza de San Vicente. Se trata de un miliario romano de la época de Augusto (años 8-2 a.d.C) encontrado en las inmediaciones de la calle Juan de Toledo antigua Puerta de la Palma y que se utilizó para pedestal de la escultura de San Vicente puesta allí para recordar la importante predicación que en la ciudad hizo el santo valenciano a comienzos del siglo XV. En el entorno de la Plaza de San Vicente se encuentran algunas casonas blasonadas de cierto interés, tales como la de los Marín Ponce de León, al lado de la columna miliaria, y la de los Guevara, en la calle Juan II. Un centenar de metros más adelante, en el último tramo de la calle del Álamo, se encuentra el escudo de los García de Alcáraz, sin duda el ejemplo más brillante de este tipo de escultura. Pertenece a un mundo de Renacimiento pleno representado por los dos guerreros tenantes, vestidos a la romana, y el tondo de frutos que enmarca el motivo heráldico central. Las pequeñas figuras dispuestas de modo abigarrado en todo su contorno sugieren una lectura simbólica que aún no ha podido ser interpretada convenientemente. Su autor sigue en el anonimato, especulándose con las figuras de Jerónimo Quijano, Sebastián de Bocanegra y Pedro Azpeitita, quien trabajaba para esta familia en 1549.

LA CASA DE GUEVARA

La Casa de Guevara, o de “las columnas” es el edificio más significativo de todo el barroco civil de la ciudad. Perteneciente al mayorazgo de los Guevara, fue construyéndose en un período largo de tiempo hasta adoptar su forma definitiva gracias a las reformas llevadas a cabo entre 1691 y 1705 por don Juan de Guevara García de Alcaraz, caballero de la Orden de Santiago desde 1689. En 1691 se acaba la escalera principal y en 1694 está fechada la portada. Desconocido el nombre del tracista, aunque se han barajado los de Bussy o Caballero entre otros, lo que si es claro es que se incorporó en ella el esquema típico de los retablos de columnas salomónicas de la época, sustituyendo las representaciones religiosas por la heráldica propia de la familia. El patio cuyo espacio lo forman dos arcos en cada lado del cuadrado sobre columnas de mármol blanco, contiene una decoración a base de motivos vegetales, cabecillas de niños, escudos y arquitectura simulada. Todo fue acabado en 1705 por el cantero Pedro Sánchez Fortún, que dejó su firma en la parte posterior de una de las hojas de la puerta principal. El interior de la casa, que ha estado habitada hasta hace pocos años por doña Concepción Sandoval, baronesa de Petrés y Mayals, quien donó el edificio a la ciudad, conserva algunos ambientes sugestivos, como el del “salón amarillo o del baile”, con mobiliario XVIII en que destaca la sillería veneciana y un gran espejo de marco tallado, pavimento cerámico valenciano de igual siglo, una capilla particular con una preciosa imagen de la Inmaculada de escuela granadina y unas pinturas murales de sabor ecléctico de mediados de siglo pasado. En cuanto a mobiliario son bastantes apreciables los bargueños y veladores de diferentes estilos repartidos por la casa, así como una cama de palillos torneados de estilo portugués. Pero quizás lo más sobresaliente sea la colección de pinturas en la que merecen especial atención el gran retrato ecuestre de don Juan de Guevara, la veintena de cuadros de Camacho Felices, un par de representaciones de la Virgen de excepcional calidad de mano del madrileño Antolinez y del italiano Giambattista Salvi, “il Sassoferrato”, y una buena serie de pequeños retratos de los Madrazo y su círculo.

CALLE DE LOPE GISBERT

Al costado de la Casa de Guevara se sitúa el Centro de Artesanía, una interesante arquitectura contemporánea del murciano Juan Antonio Molina que acoge, en exposición permanente destinada a su venta, objetos artesanales de la Región de Murcia realizados en materiales tradicionales (barro, madera, vidrio, cerámica, esparto, caña, etc)l. En dirección hacia la plaza del teatro, tres edificios reclaman atención. La iglesia de San Mateo, que se encontraba más al centro de la ciudad, se trasladó a su actual sede en 1800 aprovechando el viejo edificio de los Jesuitas, inacabado al ser expulsada la Orden de España en 1773. La insuficiencia de rentas alargó la obra durante todo el siglo XIX, interviniendo en la construcción de su cúpula el arquitecto Justo Millán. Del interior destacan el retablo mayor, obra de jerónimo Caballero procedente del desamortizado convento de la Merced, las tallas de los cuatro evangelistas de las pechinas, del artista local Juan Dimas, y algunos lienzos de pintores lorquinos del XVII Miguel de Toledo, Camacho... distribuidos en la iglesia y sacristía. La casa de los Condes de San Julián tiene muy alterado su exterior, pero presenta una curiosa conjunción entre una estructura del XVII y las remodelaciones neonazaritas que se llevaron a cabo en 1887. La portada y el escudo que hay sobre el torreón son los únicos elementos originales que subsistieron.

Frente a este edificio se encuentra el Casino, una de las más bellas muestras de la arquitectura ecléctica abundante en la ciudad. Acabada su portada y buena parte del interior en 1885, se atribuye su diseño al maestro lorquino Manuel Martínez. En su interior son especialmente atractivos el ambiente del hall de entrada, con lucernario, escalera de mármol y dos esculturas de fundición que hacen el papel de monumentales lámparas, y el del salón de baile. Este fue realizado entre 1915 y 1916 dentro de una estética ecléctica. Las tallas y pequeños detalles decorativos se deben a la mano del lorquino Emilio La torre, mientras que las pinturas de las paredes, en donde se ven alegorías del teatro, la danza, la música y del triunfo del amor, así como escenas de ambiente dieciochesco, las hicieron Luis Tornero y Sánchez Carlos. El techo, de mayor calidad, fue pintado por Francisco Cayuela. Por su función social y por su arquitectura podría decirse que el Teatro Guerra es el edificio paradigmático del siglo XIX lorquino, siendo también el más antiguo de la Región. Fue construido gracias al esfuerzo conjunto de una sociedad de inversores particulares y del Ayuntamiento, inaugurándose en la primavera de 1861. Proyectado por el arquitecto murciano Diego Manuel Molina, presenta una arquitectura típica de estos edificios con un patio central de herradura, plateas y anfiteatro con barandales de hierro colado y un amplio paraíso. El techo, pintado por el madrileño Miguel Reyes, por su mal estado de conservación fue sustituido por una nueva pintura de Muñoz Barberán que respeta la antigua disposición enriqueciéndola con escenas sacadas del mejor teatro clásico español. Este mismo artista realizó un nuevo telón con motivos del carnaval veneciano.

IGLESIA DE SAN FRANCISCO Y CASA DEL PASO AZUL

El recorrido  por la ciudad debe terminar con la visita a los dos edificios sede del Paso Azul, la otra gran cofradía de los desfiles bíblicos-pasionales de Lorca. Para llegar a ellos hay que tomar la calle de los Alporchones y recorrer el último tramo de la Corredera. Al paso se encuentran dos edificios interesantes. Primero, el conocido como el Sindicato de Riegos, una edificación de finales de XVIII importante para la ciudad tanto por su valor arquitectónico como porque entre sus muros se ha desarrollado, y se sigue desarrollando la historia de la administración del agua para la huerta lorquina. Muy cerca se halla la Cámara Agrícola, casi la única muestra de fachadas típicamente modernistas con que cuenta Lorca. Se comenzó a construir en 1918 y su diseño se debe al arquitecto cartagenero Mario Spottorno. Del conjunto es especialmente apreciable la balconada central, inspirada en soluciones decorativas de procedencia centroeuropea. La iglesia de San Francisco y las dependencias conventuales anejas, fueron levantadas  por la Orden Franciscana, que establecía así su segunda casa en Lorca en 1561. De la arquitectura inaugurada en 1565 casi nada ha pervivido, ya que el templo sufrió una total reforma a finales del siglo XVII sobre la que se añadió una decoración posterior a base de rocallas y símbolos de la Orden en las pechinas. La fachada, de severas líneas clasicistas, fue acabada en 1638 por el cantero Juan Garzón. Aparte de por un par de cuadros del pintor Camacho, el interior cobra un extraordinario interés por el conjunto de retablos barroco que alberga el testero.

El principal y los menores laterales datan de finales del XVII, destacando el del altar mayor cuya ejecución fue contratada por Ginés López en 1694. Los dos retablos mayores del crucero, atribuibles ambos a Jerónimo Caballero, están dedicados a San Antonio y a la Vera Cruz y Sangre de Cristo. Se han datado aproximadamente en la cuarta década del siglo XVIII. El pequeño retablo del lado del Evangelio contiene la imagen de la Virgen de los Dolores, titular de la Hermandad de Labradores (Paso Azul) obra del valenciano José Capuz de 1941. La actual casa del Paso Azul, muy cercana de la iglesia de San Francisco, es conocida popularmente como “casa de las Cariátides” por el conjunto de ménsulas del alero. Data de finales del XIX y es uno de los más logrados ejemplos de arquitectura ecléctica. Su interior, restaurado con un gusto exquisito y cuidando al máximo todos los detalles propios del ambiente, acoge las salas y despachos necesarios para el gobierno de la cofradía y el taller de bordados en los altillos. En las paredes de la planta baja y principal se pueden contemplar fotografías que muestran la evolución del desfile a lo largo del tiempo y, sobre todo, una magnífica selección de los mejores bordados que posee el Paso, que junto con los expuestos por los Blancos dan una idea bastante exacta de la magnitud y brillantez de los desfiles lorquinos de Semana Santa.

EL CONVENTO DE LA VIRGEN DE LAS HUERTAS

Fuera del recorrido urbano se localiza este “enclave religioso” en plena huerta, al que se llega a través de las alamedas. En él se encuentra la Patrona de Lorca, la Virgen de las Huertas. Este convento franciscano fue el primer establecimiento lorquino de la Orden y contó con un hermoso edificio de finales del XV hasta que en 1653 lo arruinara totalmente una riada. A partir de ese año, y hasta mediados del siglo XVIII, se fue levantando el nuevo templo y convento anejo, llegando a ser una de las construcciones religiosas lorquinas más sobresalientes. Allí está enterrado el historiador Canovas Cobeño y en una nueva capilla, levantada a comienzos del presente siglo, tienen sus sepulturas los condes de San Julián, en cuya cripta se colocó una bella alegoría de la muerte esculpida por el afamado Mariano Benlliure. Desamortizado el convento en el siglo XIX y muy expoliada la iglesia durante la guerra, apenas conserva objetos artísticos reseñables. Incluso la vieja escultura de la Virgen de las Huertas hubo de ser respuesta tras la guerra con una buena reproducción realizada por Sánchez Lozano. Sin embargo, la iglesia, el camarín de la Virgen y la escalera del a Tota Pulcra se decoraron con unos simbólicos ciclos pictóricos que hacen alusión a los personajes relevantes de la Orden franciscana, a la Virgen de las Huertas como protectora de la ciudad y a la definición del dogma de la Inmaculada Concepción. Son obras apreciables de los pintores locales del XVIII Martínez Fernández de Espinosa y Rebolloso Jiménez.

FESTIVIDADES, FERIAS Y FIESTAS

ROMERIA DE LA SALUD

Una romería de tradición popular tiene lugar en el campo de Lorca el día 2 de febrero. Partiendo de la diputación de La Hoya se sube a la Virgen de la Salud a la ermita del monte en la sierra de Terica. Son de gran interés los cantos populares y bailes subastaos.

SEMANA SANTA

Las fechas de Semana Santa adquiere en Lorca una singularidad especial, al celebrar esta ciudad sus procesiones o “Desfiles Bíblicos-Pasionales”, donde desfilan personajes del Antiguo y Nuevo Testamento bien a caballo sobre carros tirados por briosos corceles y carrozas alegóricas, ataviados con ricos ropajes bordados en seda y oro, al igual que los estandartes y túnicas de los grupos de nazarenos que acompañan a las diversas imágenes religiosas, que ostentan igual ornamentación en sus vestiduras y mantos. Lorca en estos días, se divide en blancos y azules. El binomio que invade a todos y a cada uno de los lorquinos es el “color” que diferencia los sentimientos arraigados en la trama social e individualizada de los pertenecientes a uno y otro paso. Pero en Lorca también tienen cabida y protagonismo individual otras cofradías o pasos que dan contenido y simbolismo a la Semana Santa lorquino: morados,  encarnados, negros, y del Resucitado. Cada una de estas cofradías tienen su peculiaridad diferenciadora, en cuanto a los actos o procesiones que presiden y organizan en los distintos días que conforman estas fechas. Estos días son, en definitiva, la “Fiesta Mayor” de una ciudad que vive y mira a través de dos colores: BLANCO Y AZUL.

VIRGEN DE LA HUERTAS

El día 8 de septiembre se conmemora la festividad de la Patrona de Lorca, que la tradición señala como la imagen traída por Alfonso X el Sabio en 1244, cuando la conquista de la ciudad. Este día acude el concejo lorquino en procesión cívica desde la ciudad hasta el Santuario mariano.

FERIA DE LORCA

La feria de Lorca, llamada “Feria Grande o Feria de Septiembre” se celebra en la segunda quincena de septiembre en el Huerto de la Rueda, con una duración de 10 días. Es en ese recinto donde se concentran las atracciones feriales, los populares chiringuitos y conciertos musicales que hacen de Lorca el lugar idóneo para el recreo, esparcimiento y diversión.

SAN CLEMENTE

El día 23 de noviembre se conmemora la festividad de San Clemente. Patrón de Lorca. Es una fiesta revitalizada en estos últimos años con la presencia de moros y cristianos, organizadores de las múltiples actividades que tienen lugar durante toda la semana.

ENCUENTRO DE CUADRILLAS

En la época navideña, el movimiento cuadrillero tiene gran fuerza y tradición en Lorca y su comarca. En el domingo antes de Navidad se celebra este encuentro en el que los cuadrilleros llenan con sus viejos y clásicos instrumentos las calles y plazas de cualquier rincón del amplio territorio lorquino con los sones tradicionales de pascuas lorquinas.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLORE “CIUDAD DE LORCA”

La asociación de coros y Danzas de Lorca, fundada en el año 1945, organiza con carácter anual el FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLORES “CIUDAD DE LORCA”  desde el año 1990, tras una larga experiencia en la realización de festivales nacionales infantiles. El festival “Ciudad de Lorca” tiene una duración de cinco días y se realiza siempre en el tercer fin de semana del mes de septiembre coincidiendo con la feria y fiestas de Lorca, lo que proporciona a los grupos que nos visitan otras diversiones y espectáculos al margen de la programación del festival. Tiene la característica de estar dedicado los años pares a grupos de adultos y los años impares a infantiles, hasta los 14 años. Este Festival Internacional pertenece desde el año 1994 a CIOFF (Consejo Internacional de Organizadores de Festivales de Folklore) organismo integrado en la UNESCO que vela por la calidad de los festivales, así como la pureza de los grupos que en ella participan, siendo el “Ciudad de Lorca” el único de todos los que se celebran en nuestra Región que está integrado en esta organización.

FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLORE “VIRGEN DE LAS HUERTAS”

EL GRUPO DE COROS Y DANZAS “VIRGEN DE LAS HUERTAS” viene celebrando todos los años con gran éxito en cuanto a participación y asistencia el FESTIVAL INTERNACIONAL DE FOLKLORE “VIRGEN DE LAS HUERTAS” durante las fiestas patronales el 8 de septiembre con la participación de grupos internacionales (México, Rusia, Israel, Portugal, República de Moldavia, etc) nacionales (Aragón, Andalucía, etc) regionales (Murcia, Alhama, etc) y el grupo de Coros y Danzas “Virgen de las Huertas” como anfitrión y organizador del Festival. Este año ha celebrado su VII edición.

FERIA DE ARTESANÍA DE LA REGIÓN DE MURCIA

Con su reciente denominación, FERAMUR es la feria con mayor número de participación de expositores de la actividad artesanal de la comarca y una de las más importantes a nivel nacional en cuanto a volumen de transacciones comerciales y número de visitantes que oscila sobre las 100000 personas. Es un amplio escaparate donde más de 200 artesanos de la Región de Murcia y de todo el territorio nacional exponen sus productos reconocidos por su calidad a nivel internacional. Esta feria se celebra durante la segunda mitad de la tercera semana de septiembre, coincidiendo con la Feria de Lorca, en el recinto ferial de Santa Quiteria.

MERCADO DE ARTESANIA EN SEMANA SANTA

Se celebra durante la Semana Santa. Este mercado se creó con la intención de ocupar el hueco que dejó el traslado de fecha de la antigua Feria de Artesanía de la Región de Murcia. Se ubica en la Plaza de Calderón, Plaza de Colón y calle Arcas Meca, en las cuales bajo un campamento medieval, unos 90 artesanos en su mayoría de la Región de Murcia exponen sus trabajos en tiendas-stand de diseño árabe.

EXPOFLOR

“FERIA DE LA FLOR CORTADA, PLANTA ORNAMENTAL Y AFINES DE LA REGION DE MURCIA” se suele celebrar, con carácter bianual y en años impares, a mediados del mes de enero en el recinto ferial de Santa Quiteria. Recoge un amplio espectro de expositores del ramo, celebrando asimismo jornadas técnicas y concursos de calidad e innovación relacionados con floricultura. Se encuentra entre las cuatro ferias nacionales del sector con mayor prestigio a nivel internacional, atestiguándolo expositores de países de reconocida fama como Holanda, Bélgica, Israel, etc.

SEMANA DE GANADO PORCINO

Se celebra durante la segunda semana del mes de septiembre en el recinto ferial de Santa Quiteria, recogiendo una amplia muestra de ganado porcino de selección, así como material ganadero relacionado con el sector. SEPOR organiza jornadas y conferencias que por su especialización y reconocidos ponentes han contribuido a que sea esta feria más importante del sector a nivel nacional desde 1969, año en el que se crea esta feria, como así lo acreditan los expositores provenientes de Centroeuropa y de la Vega del Mediterráneo, recogiendo además un muy importante número de visitantes de la zona y provincias cercanas.

Dónde alojarte en Murcia
Poblaciones del reportaje
Tipo de viaje
Guárdame en el móvil