Londres. La ciudad. Lugares imprescindibles que visitar
Inglaterra
Londres no es solo la meca para todo aquel amante de la moda, música, arte, deporte, teatro, etc. Es que la propia Londres es una ciudad atractivísima que enamora al pasear por ella
Els Blaus de Roses

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Londres. La ciudad
Si hay un lugar al que visitar en Europa es Londres. Es, de hecho y para muchos, “la ciudad” por excelencia.  Desde antiquísimos tiempos y hasta esta hoy en día, la capital de Inglaterra y del estado soberano unitario del Reino Unido ofrece al habitante y al visitante mayor cantidad y calidad de entretenimiento, de monumentos, de maravillosas visitas y, en general,  de cosas que hacer que cualquier otra ciudad de Europa y quizás del mundo.

Londres ha sido, especialmente desde su reconstrucción desde sus cenizas por el gran incendio de 1666, el modelo urbanístico y territorial a seguir por las otras grandes ciudades europeas. Si a ello le unimos el potentísimo influjo que tiene sobre el mundo todo el arte, la música y la cultura popular inglesa a partir de la segunda mitad del siglo XX, podemos entender porque la ciudad está en el candelero casi ininterrumpidamente desde hace casi 350 años.

Arte, música, deporte, compras, historia o moda, los pilares de la cultura moderna actual y auténtico foco de atracción para casi todo el mundo hoy en día, son elementos  que se pueden encontrar en otras grandes ciudades del mundo, incluso alguno de estos elementos, de forma individual, se pueden hallar en dosis parecidas o mayores que en Londres. Pero es aquí donde se dan todos ellos a la vez, con una potencia y fuerza vital incomparable a ningún otro lugar del mundo.

The houses of parliament
Londres, tan cerca para el turista español, especialmente desde el advenimiento de las compañías aéreas low-cost desde hace más de una década, ha de ser visitada sin excusas por aquella persona que le gusten alguno de los elementos anteriormente citados. Aderezados, además, por una muliticulturalidad envidiable. El flujo de inmigrantes que soporta y, de alguna manera, asimila Londres es envidiable. La influencia de los cientos de países de origen de los inmigrantes es claramente visible en la música, la ropa y en la comida. Hay que recordar que hay casi 3 millones de personas que viven en Londres y que no nacieron allí. Especialmente hindúes, jamaicanos y africanos, pero también europeos (hay casi 200 mil irlandeses viviendo en Londres, y en segundo lugar están los españoles, que ya son casi 50 mil). Es el momento de visitar Londres, el Londres postolímpico, con algunas oportunidades que le sorprenderán, una vez pasado el gran Leviathan de las olimpiadas 2012.

Así mismo, Londres es una  referencia en el mundo de la moda, ya que  muchos diseñadores abren la temporada en la capital inglesa y son legión las modelos que se han formado en Londres. Su London Fashion week probablemente sea, según los críticos entendidos, la más influyente de las fashion weeks del mundo. Además, en sus legendarias tiendas de ropa se pueden encontrar elementos de diseño a precios razonables. La zona de Oxford Street es particularmente reputada por tener algunas galerías comerciales excelentes.

El mundo de los mercadillos en Londres es absolutamente fantástico. Los mercadillos de Portobello, en el conocido barrio de Notting Hill; Petticoat Lane; Covent Garden o, sobre todo, el increíble mercado de Camden Town  (un maravilloso templo europeo de lo alternativo) son visitas obligatorias si se quiere estar al día con las tendencias que llegarán a nuestro país dentro de unos meses. ¡Ah! ¡Y prohibido no regatear!

 

El mercadillo de Camden

Si hablamos de música, ¿qué decir?  No existe un solo cantante o grupo internacional que no desee  tocar Londres, la catedral de la música moderna. Es una experiencia increíble visitar la ciudad y comprobar la lista de mega conciertos que hay en esa semana: Desde Lady Gaga a Bruce Springsteen; desde Madonna a ACDC pueden tocar en la ciudad en un intervalo de pocos días. Y eso sin contar con las decenas de conciertos semanales de maravillosos o famosos  grupos menos multitudinarios que a diario tocan en las cientos de salas que hay en Londres. 

Además de todo esto, son famosos los muchísimos festivales gratuítos que proliferan por la ciudad (en verano son casi a diario) en los que podremos escuchar no sólo lo último de lo último en tendencias musicales, sino a monstruos consagrados como Paul McCartney, Eric Clapton, Coldplay… Tan sobrecogedora es la variedad de elección, que en el caso de querer aprovechar esta maravillosa oferta musical, es casi obligatorio comprar en cualquier Kiosco la revista Time Out, donde podremos comprobar semanalmente las joyas que nos ofrece Londres.

Las muchas discotecas (clubs o nightclubs se llaman aquí…nada que ver con su significado en español) que hay en Londres son un hervidero de tendencias y modernidad. La entrada suele ser asequible y merece muy mucho la pena las pequeñas colas que hay que hay que hacer en la puerta para entrar en ellos. Pero recuerde ¡nada de zapatillas!

Y  si de música se trata, no solo hablamos de música rock, pop o tecno. Hay que recordar que Londres es la ciudad de los musicales, la ciudad donde se inventó y creció este género mixto de teatro y música, y la zona del West End está acreditada como el mejor lugar del mundo  para ver musicales, quizás junto con Broadway en Nueva York. Actualmente hay 38 en cartelera, algunos de ellos verdaderamente espectaculares.

¿Y el deporte? En Londres, como en otros sitios de Inglaterra, se vive de forma casi religiosa, especialmente los muchos deportes que  se inventaron en Inglaterra: el rugby, el cricket, el tenis, el golf y, por supuesto, el deporte rey en Inglaterra y en todo el mundo: el fútbol. A este último respecto hay que recordar que siempre suele haber una gran cantidad de equipos de Londres en primera y segunda división, esta próxima temporada 2012-13 habrá 14 equipos profesionales londinenses. Sin embargo, la enorme afición del londinense por el equipo de su barrio es legendaria. Independientemente de la categoría donde se enfrenten los equipos, no verá usted gradas vacías en un partido de fútbol, a pesar de que sea a horas intempestivas o, más probablemente, del mal tiempo reinante.

Los Museos

La excelencia y variedad de los  museos londinenses es bien conocida en el mundo. Los británicos tienen una larguísima tradición museística. Cuando el mundo ignoraba las evidencias históricas hace siglos y el amor por el pasado era algo desconocido para el ser humano, los británicos ya coleccionaban y atesoraban objetos y documentos del pasado. En Londres hay literalmente decenas de interesantes museos, aunque podríamos reducir a 30 los que verdaderamente merecen la pena su visita, teniendo en cuenta que un minuto que estás en ellos es un minuto que no estás disfrutando de la pulsión de la ciudad. Y de esta treintena, privados y públicos, podríamos entresacar 10 que destacan sobre el resto. El inolvidable Imperial War Museum (el museo de la guerra imperial), una espléndida exposición de entrada gratuita sobre las muchas y terribles guerras que se libraron en nombre del imperio británico, con una maravillosa recreación interactiva de la vida en las trincheras de la primera gran guerra. El Museum of London, también gratis, está en la City. Contiene piezas sobre el pasado de la ciudad muy notables, especialmente las relacionadas con el pasado romano o vikingo, y se halla junto a los restos de la muralla romana. El London Transport Museum (el museo del transporte de Londres) se encuentra en Covent Garden, es de titularidad privada, y por ello hay que pagar. En este caso, una admisión de 8 libras, pero es también muy recomendable, ya que no hay que olvidar que Londres tiene el transporte público más antiguo del mundo. El National History Museum (el famoso museo de historia natural) es gratuito y en él se exhiben 70 millones de artículos pertenecientes a cinco categorías principales: entomología, botánica, mineralogía, botánica, palentología y zoología. Madame Tussauds. El museo de cera de Madame Tussauds es bastante interesante, para lo que suelen ser este tipo de museos. Para aquella persona que ya haya estado en alguno de los museos de cera que hay en España, descubrirá por fin lo que es realmente un museo de cera de verdad, con modelos muy parecidos a la realidad y lejos de los patéticos maniquíes de vaga semejanza con la realidad que se ven en los museos de nuestro país. El precio, sin embargo, es algo elevado: 30 euros. El gratuito Victoria and Albert Museum es el museo de arte y diseño más grande del mundo. Sus 145 galerías, sus muchísimas salas y diferentes edificios contiguos suelen abrumar al voluntarioso visitante que intente realizar un recorrido global por el museo. El Science Museum (el museo de las ciencias), con la entrada igualmente gratis, es un museo de las ciencias clásico, lejos de los museos 100% interactivos que proliferan hoy en día, pero es también muy interesante y didáctico.

La National Gallery, al fondo de Trafalgar Square
Y pasamos a los “tres grandes”. Tres museos que son auténtica referencia en el mundo. El primero es la excelente National Gallery, en Trafalgar Square. Un museo pictórico quizás solo superado en el mundo por el Museo del Prado, en España, en cuyas elegantes y coquetas salas se exponen algunos de los cuadros más maravillosos del mundo. Otro museo referencia en Londres es la Tate Gallery. Como todos los museos “Tate”, son museos dedicados al arte moderno. Totalmente necesario para los amantes de este tipo de arte, es sin embargo una visita prescindible para aquellos no familiarizados con el arte moderno, a pesar de la gratuidad de su visita. Lo que es absolutamente imprescindible es la visita al último y mejor museo del que vamos a hablar: el fantástico British Museum, también gratuito. Fue el primero (fundado en 1753) y actualmente quizás sea el  mejor museo de la historia humana que existe. Asombran sus impresionantes exposiciones, sus increíbles colecciones de insondable valor. Sus salas egipcias, repletas de momias maravillosamente conservadas o los polémicos “marbles” del Partenón (los frisos expoliados y que el gobierno griego ahora reclama con vehemencia) son algo que hay que ver obligatoriamente.

Además de los museos, hay que destacar las muchas galerías de arte que pueblan la ciudad. Galerías que muestran lo último en el plano del arte pictórico, así como algunas obras de arte pertenecientes a artistas ya consagrados.  

Una breve historia de Londres
Si sobre historia hablamos, hay que consignar que Londres tiene más historia de lo que puede atribuírsele a una ciudad tan moderna. Ya saben nuestros habituales y fieles lectores que pensamos que no puede haber una guía sobre una ciudad, por muy resumida, práctica  y asequible que sea,  que no contenga un breve resumen sobre el pasado de la ciudad, pues de otra forma es imposible entender el espíritu de la misma.

Aunque hay algunas evidencias de civilización cerca de la ciudad de la edad de Bronce,  Londres fue fundada por los romanos en el año 43 como un lugar donde construir un puente para vadear el río Támesis de forma permanente, lejos de las fuertes mareas que había río abajo. (Ese puente se encontraba exactamente donde hoy se halla el actual London Bridge). A la pequeña población que crearon junto al puente le dieron el nombre de Londinium, probablemente derivado del Rey Lud, un cacique local británico, aunque aún hay bastante debate respecto al origen del nombre.

Nadie hubiera dado un duro por la ciudad, pues la joven ciudad romana de Londinium fue arrasada hasta sus cimientos por la reina celta Budicca tan sólo 17 años después de su fundación. Sin embargo, la reconstrucción debió ser concienzuda y eficaz, pues en menos de medio siglo después, en el año 100, ya encontramos a Londres como capital de la Britania Romana. Capitalidad que jamás perdería ya.

Con el abandono de la isla por las tropas romanas para defender el imperio en sus últimos años, Londres fue fácilmente tomada por los Sajones, que le dieron el nombre de Lundenwic. La ciudad fue creciendo hacia el oeste, sobrepasando los muros romanos  y llegó a alcanzar una población de unas doce mil almas en este periodo. Sin embargo, la invasión vikinga de las islas británicas obligó a replegarse a sus habitantes hacia las viejas murallas romanas y abandonar todo aquello que quedaba fuera de éstas. Hasta la reunificación de Inglaterra y el advenimiento del normando Guillermo el Conquistador como rey incontestable no vería Londres de nuevo un crecimiento importante. El nuevo rey Guillermo construyó uno de los símbolos actuales de la ciudad y, durante mucho tiempo, el más representativo: la terrible Torre de Londres, un edificio absolutamente atestado de historia del que hablaremos más adelante.

A partir de ahí, Londres creció poco a poco como localidad del poder político centralizado de los normandos y empezó a ser una ciudad digna de ser capital. Sin embargo, no fue hasta con los Tudor cuando la ciudad empezó a tener renombre internacional como una gran capital de reino. Los Tudor se valieron de su reforma protestante para obtener una cantidad de riquezas y posesiones inmuebles, todas ellas arrebatadas a la iglesia católica, absolutamente impensables.

Paralelo a este boom económico, o quizás a causa de ello, vino un boom comercial. Las grandes rutas marítimas se abrieron e Inglaterra se aseguró un puesto en esas nuevas y lucrativas rutas. Londres vio como se embellecía a medida que la corona inglesa se enriquecía. Edificios como el de la Bolsa de Londres o el famoso teatro The Globe, donde Shakespeare representaba sus obras, merecen ser visitados y son de este periodo histórico.

Preparados para el cambio de guardia en Buckingham
El siglo XVII es muy importante para la ciudad por dos desastres consecutivos, de los que Londres se recuperaría increíblemente. El primero de ellos es la “Gran Plaga”, un brutal brote de Peste Bubónica que asoló la ciudad, matando una quinta parte del medio millón de habitantes que tenía por entonces. La plaga se inició en 1665 y el dos de septiembre de 1666, con unos 100 mil habitantes ya fallecidos por ella, la plaga estaba lejos de remitir cuando justo ese día el otro gran desastre del siglo para Londres aconteció: se inició un fuego desolador, lento pero implacable, destructor por un lado pero purificador por otro. Durante tres días estuvo ardiendo sin control y destruyó toda la parte vieja, la mayoría de las zonas más humildes  y, en general, gran parte de las casas del centro construidas en madera. Este terrible incendio se cobró, sin embargo, solo 6 vidas y tuvo dos efectos secundarios muy positivos. Por un lado, terminó casi de golpe con la plaga de peste bubónica, y por otra, le cambió la faz a la ciudad total y completamente. La ciudad postmedieval de madera daría paso a la ciudad de piedra y mármol que es hoy en día tan identificable, y que constituye la idiosincrasia arquitectónica del Londres que todos conocemos. El genio de algunos los arquitectos del momento: William Talman, Nicholas Hawksmoor o sobre todo, el ilustre Christopher Wren; así como de los ingenieros y arquitectos de estilo georgiano a partir del siglo XVII supieron inventar una ciudad monumental. Así, la majestuosa catedral de San Paul se completó, se crearon nuevos y elegantísimos barrios, y Londres adquirió el sello de elegancia que le caracteriza.
Sin embargo, hacia el final del siglo XVIII y el XIX, con la enorme industrialización que experimenta Inglaterra, Londres será el blanco de hordas de inmigrantes en plena revolución industrial que se hacinaron en los barrios más periféricos, cerca de las nuevas fábricas y plantas industriales, y que convirtieron ciertas zonas de la capital en un infierno de miseria y delincuencia, como podemos recordar en tantas películas sobre el Londres Victoriano, tantas veces narrado por el genial Charles Dickens, Robert Louis Stevenson o Conan Doyle, con las nieblas provenientes de las factorías junto al río, o Jack el destripador campando a sus anchas.  Era una época dura y maravillosa para la ciudad. Londres era, más que nunca, el centro del planeta. En sus calles se escenificaba como en ninguna otra ciudad la lucha por la propia supervivencia de las clases desfavorecidas, a la vez que en las calles de los distritos administrativos, como Westminister o Whitehall, se decidía la política que dirigía el mundo entero.

Hubo de ser necesario una ardua y admirable labor reformista para que la ciudad más poblada del mundo (hasta 1935 siguió siéndolo) recuperara su lado más humano y  bello, así que a principios del siglo XX, Londres consiguió deshacerse de los aspectos más miserables que la enorme industrialización había traído a la ciudad, siendo su único problema reseñable el enorme tráfico que tenía en aquella época.

Westminster Abbey

Es con la segunda guerra mundial cuando Londres experimentaría la última de sus grandes transformaciones.  Fue con el “Blitz”, terrible bombardeo al que la aviación alemana sometería al Reino Unido, y especialmente a Londres, que fue bombardeada masivamente en 71 ocasiones, 57 de ellas consecutivas. Ello provocó más de un millón de hogares destruidos y unas 40 mil personas asesinadas. Pocas calles de Londres y ningún barrio se libraron de la furia de la guerra.

Desde el final de aquella conflagración hasta nuestros días, Londres ha ido cambiando poco a poco, convirtiéndose en una ciudad símbolo de modernidad  y elegancia. Ya no es el centro del mundo políticamente hablando, pero lo es aún en otras muchas esferas de la cultura moderna.

Fotos y Texto: Antonio Pérez Gómez - AbcViajes.com


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