León - El Bierzo, recorre sus sendas
Castilla y León
A quienes gusten de caminar y disfrutar con el contacto de las gentes, les proponemos una serie de trayectos con los que sin lugar a dudas disfrutarán en cuerpo y mente
Els Blaus de Roses

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De Fornela a Ancares

Es desde este valle hermoso donde se puede iniciar uno de los trayectos más apetecibles para los amantes del turismo de montaña. Desde el valle de Fornela hacia el valle de Ancares. Comenzando en Guímara, donde nace el río Cúa (a 7 kilómetros más o menos se encuentra el Puerto de Cienfuegos), se llega a Suertes de Ancares, pero antes podemos hacer un alto en El Cuadro para reponer fuerzas con las viandas que nos deberán acompañar. Son aproximadamente 15 kilómetros fáciles para los caminantes, que pueden observar laderas, acebos, tejas y amplios robledales. Cerca de donde nace el Cúa está la frontera con Asturias: El Pico Miravalles.

A quienes gusten de caminar y disfrutar con el contacto de las gentes, les proponemos una serie de trayectos con los que sin lugar a dudas disfrutarán en cuerpo y mente.

El Valle de Ancares es por sí solo una buena excusa para perderse. Visitar las localidades de Suárbol y Balouta, en el límite con los Ancares de Lugo; recorrer el camino desde Villafranca hasta Campo del Agua para contemplar su impresionante conjunto de pallozas, pasando por Paradaseca y Aira da Pedra, permitirá a los amantes de la fotografía presumir, a la vuelta de su visita a El Bierzo, de haber estado en un mundo imaginario al que, de no visitarlo, pensaríamos que solamente es posible acceder si nos adentramos en el mundo de los sueños.

Valle de Balboa

Su famoso castillo recoge ritmos celtas en cada noche de San Juan, congregando a cientos de personas que retornan y evocan los acontecimientos ancestrales de la noche más corta del año, que no por ello deja de estar repleta de magia y alegría. En la alborada, los conjuros ofrecidos a las "meigas" dan como resultado amores soñados que se transforman en una bella realidad. La tristeza se olvida y al amor de los efluvios de una queimada queda pendiente la cita para el siguiente 24 de junio. Las hojas de laurel, prendidas de un hilo de seda, garantizan los amores, al menos durante los siguientes meses, pero también la "noche mágica" indica que si el baño es en un verde prado, cuando el alba deja ver su manto, la salud saldrá fortalecida. Es San Juan, es la noche y los muros del castillo son testigos silenciosos de tantas y tantas referencias que conforman este Bierzo ... tan ancestral.

Después de semejante experiencia creativa, la Palloza de Balboa oferta una estancia cómoda y agradable donde, al calor del fuego, se comentan las aventuras vividas. Y de ahí a Cantejeira, donde el decorado de otra palloza, obra y arte de "Los Carocos", sorprende por el bienestar que produce. El caso es que allí el olor desprendido es tan característico como reconfortante. Afuera nieva. Suavemente caen los copos y arrimarse al fuego es una bendición divina. El sonido de la música arrulla de tal modo que quisieras quedarte para siempre. Pero la ruta hay que seguirla para descubrir el Castro, en el tramo de carretera que va desde Balboa a Vilariño pasando por Castañoso. Monedas romanas fueron encontradas y gracias a eso surgió el interés por una zona que merece la pena conocer.

Nacimiento del Boeza

Llegar a Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, no es otra cuestión que la de encontrarse con un bello paisaje enamorado de la leyenda o al revés. Una zona que, antaño poblada de moros, significaba un grave problema para el rey de León. ¡Vaya, que no se querían ir! Y si preocupada estaba la regia persona, no menos les sucedía a sus súbditos, quienes constantemente se veían acosados por los pillajes morunos. Los habitantes de Colinas demostraron al rey ser recios bercianos al atrapar un oso vivo que ante las mismas narices reales (condición impuesta por el monarca) llevaron. A cambio el rey les brindó su apoyo para deshacerse de tan temibles visitantes.

La explanada de Martín Moro acogió una batalla fragorosa en la que el Caballero Santiago (sí, el de la concha), tomó buena cuenta de más de cuatro cabezas infieles. Pero como en toda cuestión caballeresca que se precie, siempre hay un "tú ya me entiendes" y al que no entendieron suficiente fue al Caballero Apóstol. Por ello surge la cuestión de que del río Boeza mana sangre, misterio aclarado al descubrirse que sus distintos afluentes pasan por yacimientos de hierro. Pero por si acaso, cada año, en la noche de 25 de julio, han de contarse leyendas en el filandón rindiendo un homenaje merecido a tan fiero caballero que luchó por sus cristianos principios y a quién en el punto culminante de la batalla no se le hizo el suficiente caso.

Travesía del Valle de Oza

Cada año, allá por el mes de Junio, un grupo de gentes amantes de la montaña bajo las siglas del Club Amalio Fernández y con la ayuda de instituciones y particulares, pone en marcha la travesía al valle del río Oza. Una ruta de aproximadamente 25 kilómetros, recorriendo un conjunto de lugares de belleza sin igual, en los que se funden los tonos verdes de sus bosques, el azul de sus cielos y montañas, con los colores de la piedra y la pizarra al pasar por cada una de las localidades del camino.

Peñalba de Santiago, con su iglesia mozárabe y el conjunto monumental formado por sus construcciones civiles; Montes de Valdueza, con su monasterio benedictino del siglo VII, su ermita de la Santa Cruz y el conjunto de su pueblo, declarado Bien de Interés Cultural; San Clemente, Valdefrancos, San Esteban de Valdueza con su estilo señorial y, por último, Toral de Merayo, donde el río Oza, cuyo murmullo nos ha acompañado a lo largo de toda la travesía, está a punto de comenzar su hermanamiento con el Sil para juntos recorrer el camino que les conducirá hasta el encuentro del Miño. Quienes no deseen caminar, pueden recorrer estas mismas localidades desplazándose en automóvil en cualquier época del año.

El Camino de Santiago

La comarca berciana tiene innumerables sendas. El Camino de Santiago es una de ellas. Entrando por Foncebadón, si se viene desde la vecina Astorga, nos da la bienvenida un Monte de Mercurio cristianizado. La Cruz de Ferro acumula un impresionante montículo de piedras. Los caminantes saben bien de la obligación moral de no dejar perder un trozo de alma, traducido en este caso en el pétreo mineral. Bien supo el apóstol Santiago que debía dejar un trozo de su existencia entre estas tierras antes de llegar a su destino final.

En su paso por El Bierzo es imprescindible recorrer sin prisas localidades como Molinaseca, Cacabelos, o la denominada «pequeña Compostela»: Villafranca de El Bierzo, donde aquellos peregrinos físicamente impedidos pueden ganar el jubileo. Disfrutar de un paseo por sus calles y de una visita a la Colegiata, se convierten en casi una obligación para conseguir el perdón del santo.

Trabadelo, Vega de Valcarce o Herrerías, son los últimos lugares que el peregrino recorrerá por sendas bercianas antes de adentrarse en tierras gallegas.

Las Médulas

Todas las posibilidades ofrece este Bierzo tan peculiar. A los andarines de montaña, lo propio; a los relajados de la llanura, el horizonte interminable que se puede ver coronado por el Castro de la Ventosa. Dicen que es posible todavía descubrir una pepita de oro en Las Médulas. Las grandes excavaciones romanas, rodeadas de centenarios castaños suponen un aparte en la visita al Bierzo. Declaradas Patrimonio de la Humanidad, su visión envuelta en tonos dorados, verdes, acres, azulados ... invitan a soñar despierto y son capaces de trasladamos hasta el antiguo imperio romano que descubrió en esta parte del mundo la panacea. Y no hace falta mucha imaginación porque el entorno nos devuelve al pasado milenario.

Una vez en el paraje natural que conforman las Médulas y luego de habernos adentrado por sus galerías y visitar su aula arqueológica, es obligado acercarse a contemplar los nenúfares que reposan sobre las aguas del Lago Sumido, así como al pueblo de La Balouta, ambos lugares a muy poca distancia de aquellas y cuyo recorrido debería hacerse andando o, aún mejor, utilizando el caballo como medio de transporte. Solamente de esta manera se puede disfrutar realmente de la inmensidad del entorno que nos rodea.

De regreso, nos detendremos a contemplar el Lago de Carucedo, con sus bandadas de patos y sus leyendas, sobre las cuales es interesante preguntar a los lugareños porque sólo así podremos contrastarlas y enriquecer nuestros conocimientos sobre tan interesante tema.

Ruta del paisaje

Es la más amplia de todas, ya que se puede recorrer a lo largo y ancho de comarca tan especial como es la berciana. Supone tiempo y capacidad para escuchar y asimilar aquello que nos cuentan así como la observación de las costumbres de los habitantes de los pueblos. El carácter amable de las gentes bercianas es otro reclamo que pueden ofertar estas tierras. Somos entrañables, alegres, solidarios, divertidos, un poco desconfiados pero leales. Las puertas siempre están abiertas al visitante, así como el acompañamiento y explicaciones de lo que buenamente se sepa.

En un rincón del corral de casa, el tío Gregario fabrica mangos para las herramientas de labranza. Sinda, su mujer, prepara el caldero de suculenta comida con la que alimenta a Roncha, el "cerdín", que sólo con verla se tumba patas para arriba, con la intención bien estudiada y mejor aprendida de que le rasquen esa oronda tripa, cuna de buenos trozos de carne. No muy lejos, alguien conversa con los viajeros que, una tarde cualquiera, llegan a alguno de los pueblos bercianos. Les cuenta el sabio del lugar todos los avatares acontecidos en su juventud, antes y después de la emigración a "esos sitios", más allá de los mares. En otro recodo surgen las tonadas de canciones tradicionales, algunas propias, como las coplas que había que cantar a las mozas a la puerta de su casa... o de la iglesia. Otras canciones son importadas. El tatuaje marinero de la copla está escrito en muchas almas bercianas que tuvieron que cruzar el charco para conseguir unos dineros con los que empezar la vida. Algunos regresaron con su presencia física. Otros permanecen en El Bierzo sólo con el sentimiento y la esperanza de volver, aunque sea con la nieve plateada del tiempo grabada en su sien. Por ello es ésta, quizás, la ruta más recomendable para recorrer. Porque son hermosos los paisajes, aventuras las hay por doquier, pero como realmente se conoce un lugar es a través del alma de sus habitantes, de sus sentimientos, de sus inquietudes y preocupaciones. Es cuestión de saber estar, la compostura, el pasado, presente y todo lo que nos pueden enseñar, transmitiéndonos esa otra cultura, a veces olvidada, a veces despreciada, que es la base de un asentamiento de futuro y que refleja la sabiduría de nuestros mayores. Una herencia que no se paga con dinero.

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