León - El Bierzo, atrévete a visitarlo
Castilla y León
Existe, en un lugar del paraíso, un hermoso paraje rodeado de altas y hermosas montañas por las que corren saltarines infinidad de arroyos, de aguas tan cristalinas que...
Els Blaus de Roses

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EL BIERZO. ATRÉVETE A SOÑAR DESPIERTO


Existe, en un lugar del paraíso, un hermoso paraje rodeado de altas y hermosas montañas por las que corren saltarines infinidad de arroyos, de aguas tan cristalinas que a través de ellas no sólo puede verse el fondo, sino que me atrevería a asegurar que incluso podría verse el otro lado del mundo. Con la llegada del invierno las montañas adquieren otro tipo de hermosura al dejarse cubrir con el blanco manto de armiño ofrecido por la nieve.

Interminables bosques de robles, encinas y castaños rodean su circunferencia protegiéndose de los fríos vientos del norte, al tiempo que extienden por sus faldas una inmensa alfombra de tonos dorados, cuando sus ramas son tocadas cada año por la estación otoñal.

Entre los bosques, jabalíes, corzos, zorros y muy de tarde en tarde algún que otro lobo, habitan a sus anchas, siendo estos últimos parte de la leyenda que asustaba y asusta todavía hoy a los más pequeños. Lejos quedan los tiempos en los que además de estas especies, los bosques eran también habitados por el impresionante oso, tan apreciado por los cazadores como odiado por los propietarios de las colmenas a las que acudía en busca de una parte de su sustento diario. Unos y otros no entendían, ni entienden hoy todavía, que la presencia de estos majestuosos animales era como un regalo de la Madre Naturaleza, que podía haberlos colocado a su antojo en cualquier otro paraje para gozo y disfrute de sus habitantes.

Además de todas estas bellezas, entre los bosques y las montañas se extienden inmensas praderías de un verde perenne y rabioso, casi insultante, como consecuencia de estar bañadas por las cristalinas aguas que mencionábamos anteriormente. Las únicas notas de diferente color las ponen las vacas, cabras, ovejas, caballos, gallinas y el resto de los animales domésticos que las habitan y que en ellas se sienten tan felices. Estos bosques y montañas se encuentran salpicados por doquier de castillos, monasterios, herrerías, explotaciones auríferas, molinos, pallozas y tantas y tantas otras construcciones civiles y religiosas elevadas por la mano del hombre desde tiempos inmemoriales. Sus cielos azules son surcados de vez en cuando por bandadas de aves que, en los períodos migratorios, se trasladan con sus familias de un territorio a otro en busca de un mejor clima para sus polluelos. Además y de una forma casi constante se pueden observar palomas, jilgueros, cigüeñas… y sobre todos ellos, volando como solamente lo saben hacer las reinas de los cielos, el águila, cuya sola presencia hace levantar la vista hacia lo más alto a cualquier mortal. Contemplarla mientras enseña a sus aguiluchos a volar, hace sentirse a cualquiera empequeñecido ante la grandiosidad de sus conocimientos, o instintos como gustamos de llamarle los humanos, unidos a la inmensidad del paisaje que la rodea y del que solamente ella es capaz de adueñarse....

Fachada interna del monasterio
ATRÉVETE A COMPARTIR NUESTRA CULTURA Y DESCUBRIR NUESTRAS LEYENDAS

Sorpresa puede ser el apelativo con el que se define el conocimiento de la cultura berciana. Raíces prerromanas son fiel testigo de la vasta cultura que, desde hace siglos, ha adornado estos parajes singulares. La vista del Castro de la Ventosa, centro administrativo desde donde se gestionaba todo lo relativo a la extracción del oro de Las Médulas, es una de las huellas que el tiempo ha mantenido. El Imperio Romano tuvo mucho que ver en una parte importante de la gastronomía. Parece ser que fueron ellos los "culpables" del inicio del viñedo. Así dejaron el comienzo preparado para que las órdenes monásticas pusieran fiel empeño en afianzar la materia prima que daba como resultado el elixir delicioso de todos los dioses y no menos importantes beneficios económicos.

De hecho una de las congregaciones de monjes más relevantes, se asentaba en el Valle del Oza y eran poseedores de extensos viñedos de los que elaboraban deliciosos caldos. La orden de San Benito, afianzada por el monje Genadio en el siglo IX, cultivaban vides y sacaban producción no sólo para autoabastecerse sino para vender y siempre se juntaba la producción anterior con la cosecha siguiente.

Este valle es singular. Cuna de la Tebaida Berciana, el Oza da vida a los parajes y a sus gentes. La cultura monástica tiene aquí un asentamiento importante. Peñalba de Santiago ofrece la maravilla de los restos mozárabes reflejados en su iglesia, amén de los paisajes y el paseo obligado hasta la gruta de San Genadio promovió la restauración de otro monumento emblemático: el monasterio de San Pedro en Montes de Valdueza, también conocido como Rupiano o Rupianense, por denominarse así el castro prerromano que lo observa. Es está una zona muy característica dentro del conjunto de la comarca berciana. Sus paisajes, sendas y habitantes invitan a volver.

Es fácil encontrarse con un jabalí que, con su paso cansino, demuestra no tener miedo a nadie. Pasear entre castaños, robles, encinas, escuchar el canto de los regatos o padecer un hambre desesperada después de beber un buen trago de agua, se convierten en alicientes necesarios.

Las Médulas
La cultura monacal quedó también reflejada en el monasterio de los Sabios: San Andrés de Vega de Espinareda y en el que ostentó el poder económico y político que fue Santa María de Carracedo. Restaurado y celebrado el milenario, es uno de los monumentos bercianos más visitados. Su majestad la Reina Doña Sofía, con su presencia, brindó el honor a los bercianos en tan grata celebración.

No hay que olvidar tampoco otros ejemplos de culturas ancestrales en nuestra comarca. Las pallozas, antiguas construcciones de piedra y paja de origen celta, donde hombres y animales domésticos compartían espacios casi comunes, son una buena muestra de que El Bierzo es una tierra de paso y, por tanto, dotada de una amplia gama de posibilidades culturales.

Salpicando el paisaje berciano en diferentes puntos de su geografía, encontramos algunos restos de lo que en su día fueron las fortalezas que la Orden del Temple construyó para proteger a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela y de los cuales el ejemplo más impresionante lo constituye el castillo de Ponferrada. Todas ellas, junto con otros ejemplos arquitectónicos curiosos, como la Herrería de Compludo, conforman una serie de alicientes turísticos para todos aquellos que se planteen acercarse por estas tierras milenarias repletas de infinitos contrastes.

No caben en ésta publicación todas las maravillas de la comarca berciana, pero a buen seguro que el visitante sabrá encontrar aquellas que más le puedan interesar. Confluencia de diferentes culturas, El Bierzo se conforma como un amplio abanico de propuestas, en las que se mezclan los ancestros con los saberes de los libros, mientras el pasado pervive en el presente de los habitantes en una dualidad que es difícil separar y que ni siquiera debe intentarse.

No es de extrañar que las siete hermanas romeras descubrieran estos parajes y aquí se quedaran para siempre. Una de tantas leyendas que adornan las particularidades de la comarca y que son traspasadas de abuelos a nietos, en el transcurso de noches invernales, al calor del fuego. Cuentos y leyendas se sucedían con tanta facilidad como la hebra de lana se iba confeccionando en aquéllos filandones que, generalmente alrededor de una buena lumbre, aún existen en algunas localidades.

Puede que el elixir extraído del cuerno del Alicornio sea el culpable de una cultura que ya empieza a conocerse más allá de las fronteras de nuestra comarca. Escritores, pintores, escultores de renombre... , pasean las raíces bercianas mucho más allá de unas simples fronteras geográficas.

Pero existe otra cultura, la de nuestros mayores, la de los pueblos y sus habitantes, que ha significado la cuna y comienzo, el parto para que las generaciones posteriores hayan asimilado en ese subconsciente colectivo, toda la información y las características de zona tan especial, emblemática, controvertida y un tanto misteriosa como es El Bierzo.

Fiel reflejo son la innumerables fiestas populares que, bajo la advocación de éste u otro santo, perviven año tras año, se recuperan y disfrutan tanto por los propios bercianos como por las personas que viniendo de fuera ya son de aquí, sin otra necesidad que haber descubierto esta tierras.

Sus danzas coloristas recuerdan una apuesta ganada, años hace, en la que unos cántaros de vino fueron los causantes de esta tradición.
Sirva como ejemplo una romería singular como la que se celebra en Trascastro (Valle de Fornela), donde los danzantes de Chano y Peranzanes se disputan a golpe de zapateta, cada mes de Agosto, su cariño a la Virgen de Trascastro.

Otras celebraciones no menos importantes son las celebradas en honor de la Virgen de La Peña, en Congosto, o las celebraciones en honor de la patrona de El Bierzo, la Virgen de La Encina, celebradas en Ponferrada durante la primera quincena de Septiembre.

Monasterio de San Andrés
No hay que olvidar tampoco de celebraciones tan dispares en sus motivos como multitudinarias en su participación. Nos referimos a las realizadas en Carnaval y Semana Santa, las cuales consiguen sacar a  la calle a una gran parte de la población, la primera con motivo de tomar el pelo a los conocidos y la segunda con la excusa de tomarse unos vasos de limonada, una bebida a base de vino y frutas típicas de la zona, con la que sobrellevar las todavía frescas temperaturas del momento.

Este es sólo un apunte de tantas celebraciones populares como pueblos conforman la comarca berciana, una comarca que hay que visitar y en la que hay que preguntar sobre sus leyendas y tradiciones, para vivir la realidad de los pueblos y sus gentes.

ATRÉVETE A DEGUSTAR NUESTRA GASTRONOMÍA

Los cinco sentidos se funden en perfecto orden con la gastronomía de El Bierzo...

Lógico es que los visitantes queden gratamente sorprendidos cuando se enfrentan a una espectacular fuente de botillo, aderezado con sus cachelos y verdura. El rey, que ya tiene denominación de origen, consigue sorprender.

El botillo es un embutido contundente. Durante meses se cuida con esmero el cerdo, del cual se aprovecha prácticamente todo. Las costillas, trozos de la cabeza y del rabo son la base de este plato típico. La artesa de madera recibe a la materia prima adobada con pimentón, sal, orégano, agua y ajo, base del mondongo; un día es suficiente para que el sabor de carne y aderezos se una y es entonces cuando se mete la mezcla en las tripas (también del cerdo) perfectamente lavadas. Curados al humo de leña de roble, necesita de dos horas, más o menos, para su perfecta cocción, todo depende del tamaño del botillo. Según la receta de la abuela debe envolverse en un trapo blanco, de sábana, o bien pincharlo varias veces con una aguja de lana. Esto impide que reviente la tripa y al mismo tiempo deja soltar el juguillo característico que dará sabor a las verduras y patatas que son compañeros inseparables de esta delicia gastronómica. Hay quien también añade a la olla una riestra de chorizos para que el colesterol no se mude a otros lares.

Hoy en día el botillo llena los estómagos más agradecidos por mucho que el paciente se empeñe en el "buen yantar". Pero no siempre significó la alternativa para llenar los buches, porque en sus orígenes, este peculiar participante de la gastronomía berciana, no era más que un engañabobos del rugir de tripas hambrientas, ya que los huesos eran eso, precisamente huesos, más pelados que el monte de Berlioz. Otra anécdota se recuerda en torno al botillo y tiene mucho que ver con las tropas francesas que, durante la invasión, aterrizaron en Bembibre. El caso fue que necesitando de cena los extranjeros y apabullados de miedo los propios, tantas fueron las fuentes de botillos, que a los mandos gabachos les produjo tal torzón de tripas que perdieron el sitio de la villa y con ello su perfecta compostura de caballeros guerreros. Ahí es nada; por tanto, la recomendación es comerlo con tranquilidad y que no se le ocurra a nadie utilizar el cuchillo y tenedor que entonces los bercianos se van a sentir muy ofendidos.

Por cierto, para acompañar al botillo es muy importante tener en cuenta al abanderado de estos placenteros juegos y jugos gastronómicos. Es, sin lugar a dudas, el vino. Caldos con D.O., elaborados con esmero a partir de variedades como la Mencía, Doña Blanca y Godello, dan como resultado que la vida resulte mucho más agradable.

Mencia, uva reina
El oído es el primero de los sentidos que entran en el juego de catar un buen vino del Bierzo. Ese sonido del líquido cayendo sobre la copa de cristal es inigualable. La vista de los tonos vivos, aterciopelados, de rojo rubí en el caso de la Mencía, de oro pálido en los blancos, a los que el Godello presta su capa más larga y elegante; la viveza y brillantez de Doña Blanca. Los aromas suaves, persistentes, una delicia sólo igualable a un espléndido otoño colmado de toda la gama de colores que el arco iris podría envidiar, que no igualar. El final, principio de todo: la degustación. Un sorbo de estos vinos bercianos provocan que las glándulas salivares se vistan de fiesta. Un toque persistente, que devuelve sensaciones apasionadas e invita a repetir una aventura que no ha hecho más que empezar.

Obligado es colocar al lado del botillo y de la copa de vino, una buena fuente de ternera natural de El Bierzo junto con otra de pimientos asados.
Estos últimos, también con Denominación de Origen, provocan una chispeante sensación de bienestar. Su textura, su sabor tan a Bierzo, nos invitan a seguir paladeando esta estructura gastronómica tan especial.

Y qué decir de la Manzana Reineta, cuyas características han dado como resultado el reconocimiento del marchamo de calidad (la tercera D.O). Sirve de compañera para carnes y pescados, que de ambas cosas se puede presumir por estas tierras, sin olvidar que como confitura es deliciosa.

No quedaría perfecta la degustación del "Completo Berciano" si nos olvidáramos, lo que es prácticamente imposible, de los quesos. Elaborados de forma artesanal, la fina leche de cabra marca un postre delicioso o un entrante para abrir boca que, acompañado de una copa de vino tinto, consigue enamorar al don Juan más tozudo.

La mejor forma de hacer la digestión es acordarse de la gama de orujos y frutas que se maceran en ellos. Cerezas, guindas, higos... Entre ellas, las castañas, tan rudas por fuera y deliciosas por dentro que se aprovechan no sólo como guarnición sino como estupendos postres. Hay que probarlas para apreciar su valía y una de las formas de hacerlo puede ser celebrando un magosto con los amigos.

Que no se olvide que en este lugar también se pueden degustar las estupendas anguilas de río de Toral de los Vados además de otros productos característicos como las cebollas de Páramo del SiI por poner sólo un ejemplo.

Fácil es pecar con estas propuestas gastronómicas, pero no hay cuidado porque la bula acompaña a cada receta.

Como se puede apreciar, cierto es que los cinco sentidos entran a formar parte de la gastronomía berciana.

ATRÉVETE A PERDERTE POR NUESTRAS SENDAS Y SENTIRTE AVENTURERO


Puedes hacerlo, pero no es absolutamente necesario colgarse una mochila al hombro para visitar estas tierras. Existen otras posibilidades para todos aquellos que buscan de la diversidad de la aventura. A caballo, en bicicleta o, incluso en automóvil, se nos abren sendas y parajes en los que el Camino de Santiago marca la columna vertebral de ésta comarca.

Entrando por Foncebadón (atrás quedó Astorga), se huelen ya los perfumes bercianos. El Acebo, la Herrería de Compludo, Riego de Ambrós y Molinaseca, preámbulo de la ciudad del Puente de Hierro, Ponferrada, donde el Hogar del Peregrino acoge a los caminantes y les ofrece un suspiro de alivio.

Pasadas Camponaraya y Cacabelos se accede a Villafranca, donde ganan el Jubileo aquellos a quienes su salud no permite abrazar al Apóstol Santiago. Y desde allí, pasando por Vega de Valcarce y Herrerías dirigirse a la vecina Galicia. Bien supo el santo caballero lo que hacía atravesando parajes tan singulares como los que conforman la hoya berciana.

La concha, símbolo del peregrino, sirvió tanto para quitar la sed con aguas cristalinas de innumerables fuentes, como para degustar, a falta de copa de cristal, los espléndidos vinos que colman las ansias de estas fecundas tierras, donde las grandes extensiones de viñedos obstruyen las más sofisticadas cámaras fotográficas, porque el recuerdo imborrable de los sentidos no puede ser superado por las más altas tecnologías.

El canto del urogallo invita a descubrir nuevos parajes. Sordo y ciego, cuando llama a la hembra para enamorarla y aparearse se convierte en un blanco perfecto para los desalmados que no tienen ningún respeto por el milagro que supone la naturaleza. Estamos en Los Ancares, una reserva natural, de belleza incomparable, donde los bosques, ríos, llanuras y montañas suponen un reto para los aventureros.

A la vuelta del primer recodo del camino un ciervo te mira, el corzo da un salto paraobservar, el oso no se deja ver, pero ahí está y todas las aves del mundo se dan cita en un concierto sin igual. En Los Ancares llaman la atención las "pallozas", construcciones civiles cuyo techo está elaborado a base de paja de centeno; de forma casi circular, albergaban en una estancia a las personas y en la contigua a los animales domésticos. Cuestión de calefacción doméstica pensará alguno.

No menos interesante es hacer un recorrido por la Tebaida Berciana. Montes de Valdueza, Peñalba de Santiago, Compludo o el Valle del Silencio forman un maravilloso conjunto de Monumentos Histórico Artísticos y Bienes de Interés Cultural que se pueden visitar en el mismo día.

Molinaseca, ruta obligatoria para javobea
Colocarse el hábito templario, que no hace necesariamente caballero, puede ser una buena idea para hacer un recorrido por los diversos castillos que ocupan parte de estas tierras: Ponferrada, Cornatel, Corullón, Balboa, Vega de Valcarce, Villafranca o las ruinas del castillo de Bembibre, significan otro recorrido interesante y necesario.

Pero no sólo puede disfrutar el mago andarín. Otros deportes dan la pauta para conocer gentes y lugares. Desde la Sierra de Gistredo (Gistreo que dicen con razón los lugareños), el parapente recuerda el sueño de Ícaro hecho realidad. Nadar entre las nubes y ver la tierra que pare tantos y tantos sueños, es una experiencia única y personal.

Como también lo es subir hasta la Cueta, donde nace el padre Sil, uno de los ríos emblemáticos de ésta comarca. Sin olvidar a sus hermanos el Cúa, Burbia, Selmo, Valcarce, Boeza y los pequeños gnomos riachuelos que nutren a los mayores, dándoles sus más preciados caudales. Eso sí que es una auténtica labor de equipo.

La pesca se convierte en uno de los entretenimientos más esperados cada época del año. Y si no que se lo pregunten a las saltarinas carpas, protagonistas del festival que, en Santamarina del Sil, se celebra cada año gracias a la labor del Centro de Iniciativas Turísticas. Las aguas que desembocan en el pantano de Bárcena recuerdan los pueblos escondidos por las necesidades hidrográficas, al tiempo que permiten la práctica de deportes como la vela, el piragüismo o el esquí acuático.

Un poco más abrigados hay que subir hasta el Morredero. Quienes no tengan la seguridad necesaria sobre las tablas de esquiar siempre pueden recurrir al trineo o al simple paseo por una bella zona donde cada primavera surge la genciana como por arte de bruja buena.

Y después de sumergirse entre tanta cultura centenaria, el respiro lo supone volver a recorrer las sendas caminando. Si hay suerte, una ardilla curiosa preguntará que fruto busca el caminante: nueces, castañas, avellanas... El jabalí puede presentarse y pasar de largo y el corzo, en dos saltos, deja con ganas de ver más. Los castaños, encinas, abedules, hayas, acebos, tejos, miran curiosos y orgullosos por el lugar que ocupan en el monte.

Y el caminante se llega a sentir tan pequeñamente grandioso que vuelve, porque todo esto no se puede conocer en un tiempo determinado. Cada estación del año permite experiencias diferentes. Aunque a algunas personas les dé miedo la tormenta, vivirla entre estos parajes es sólo comparable con la aventura que todavía no se ha inventado ni se inventará jamás, porque no hay productora más perfecta que la perfecta Madre Naturaleza.

Valle de Fornela
ATRÉVETE A DISFRUTAR DE LA BELLEZA

Después de lo escrito queda todavía mucho por decir y más que ver y visitar. Cada persona tenemos un concepto particular de lo bello. Bello puede ser un atardecer, el invierno, el viento, la lluvia, el sol, el sonido de la naturaleza, la conversación con los habitantes de los lugares y sus enseñanzas tan ancestrales como necesarias. Pero nadie puede presumir de que conoce la belleza en su conjunto, ni hablar de ella, si antes no ha venido, aunque sólo sea una vez, al Bierzo. Es distinto, sencillo y complejo, a la vez, pero cariñoso, es igual que un abuelo paciente que nunca se cansará de contar la misma aventura a todos los nietos del mundo que vengan y se lo pregunten una y otra y otra vez más.

Nunca se irá nadie de esta comarca con una sensación de invierno. El Bierzo y sus gentes son alegres, divertidas, solidarias y entrañables. Poco a poco se van conociendo éstas y otras cualidades. Pero aquí está la aventura, el reto. Es mucho lo que, desde esta parte del noroeste español, se puede ofrecer y dar. Un colorido especial, algo peculiar, singular..., es ese pequeño fantasma bueno que nos enreda a todos entre sus cadenas azuladas y nos invita a volver.

No se sabe a ciencia cierta si es verdad... o no. Pero cuando ese viento enigmático sopla, se pueden escuchar los susurros del pasado, la realidad del presente y la eterna acogida de futuro.

Paisaje otoñal en el Valle del Oza
ATRÉVETE A VOLVER AL PARAÍSO

La conocí hace poco tiempo y recuerdo que me deslumbró. Nunca me había sucedido algo similar y por ello decidí profundizar más en torno a todas sus esencias, para llegar a perfilar todo aquello que, en un pequeño atisbo de fin de semana, me quiso dar a entender.

Es hermosa y me lo ha demostrado en tantos niveles que, aunque ahora mismo no sea capaz de recordados, volveré para quedarme a vivir porque mi existencia ya no tendría el mismo significado sin estar en ella y con ella.

Todo comenzó una tarde en que llegué a un paraje, hermoso donde los haya, atravesando una estrecha senda. Los castaños y sus tonalidades, indignamente bellas, me descubrieron las inmensas posibilidades que puede tener la aventura en cada estación del año.

De aquella casa salían unas sensaciones que me atrajeron igual que el perfume nunca descubierto; una música suave y un olor a comida rica, como de casa, como de la abuela. Entré en la estancia atraído por una sensación de bienestar y una necesidad de descanso. Colgados de las paredes de la habitación principal, una especie de salita de casa de pueblo, se mostraban orgullosas diferentes fotografías de motivos tan distintos que conformaban un puzzle perfectamente hilvanado.

Era un hermoso y dorado paisaje donde los roma-nos recogieron sus pepitas de oro, unos monumentos cuyas piedras centenarias recordaban la sabiduría de los santos, algunos de ellos con la cruz templaria grabada a fuego en su pecho, al igual que sus sentimientos y sus destinos. Arquitectura popular tan sabia como necesaria para la subsistencia de pueblos, gentes y animales. Y de fondo ella, cuyas sensaciones ya no podré olvidar ni igualar a otras por muchos mundos que conozca y muchos amores que recuerde.

Me fui al atardecer, con frío en mis manos y la emoción que calentaba mi alma. Volvería muy pronto, yo entonces aún no lo sabía pero iba a tardar muy poco, porque tenía bien claro que una vez que has encontrado el amor de tu vida debes conservarlo, cuidado, pero sobre todo conocerlo, para aprender a respetarlo.

¿De quién me había enamorado? De ella, de un paraíso que todavía existe, de una tierra con infinitos contrastes que invitaba a soñar despierto.... Me había enamorado de la comarca berciana.

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