La mesa de Ocaña
Toledo
Es un espacio que se extiende por las poblaciones y paisajes situados sobre una gran llanura alta: la Mesa de Ocaña, un páramo que queda colgado a más de cien metros sobre el valle del Tajo.
Els Blaus de Roses

toledo, la mesa de ocaña
Nuestra Comarca está situada al noreste de la provincia de Toledo, en un espacio que se extiende por las poblaciones y paisajes situados sobre una gran llanura alta: la Mesa de Ocaña.

Una altiplanicie que se levanta con airosos escarpes desde los cauces del Tajo al norte, y muere bruscamente en el escalón de La Guardia al sur dejando en el camino, por sus costados, los valles, vallejones y barrancos que los ríos Algodor al oeste y Cedrón al este han excavado durante siglos, avenando con sus aguas la masa caliza.

Escarpes en los que se corta la llanura, a los que se asoman los caseríos blancos con sus altas torres desafiantes. La posición central de la comarca, la hizo ser recorrida por las principales calzadas romanas, cañadas reales, caminos y carreteras, privilegio que aún hoy conserva, siendo la antesala de Andalucía y la puerta de La Mancha.

Es éste un espacio abierto, de ancho horizonte, austero y recio como sus habitantes de antaño y en el que una sola mirada basta para recoger varios pueblos hermanados por la geografía y la historia.

Un paisaje para el silencio, el paseo y el descanso; unos pueblos atractivos por sus fiestas bulliciosas, el colorido artesanal y el encanto de sus monumentos.

Una de las comarcas toledanas más definidas, con valores propios, fruto de un pasado común y un presente de desarrollo compartido.

Un paseo por la historia.

Los bordes de los barrancos y las cimas de los cerros-testigo fueron fortalezas geológicas para íberos, celtas (olcades), romanos y árabes. De entre los yacimientos arqueológicos detectados destaca por su avanzado estudio y ser centro de aprendizaje, el del poblado amurallado de la edad del Hierro, "Plaza de Moros": en el campo de Villatobas. Otros materiales provenientes de los castros celtíberos, villas hispanorromanas y alcazabas musulmanas han sido recogidos en el Museo Arqueológico del convento de los dominicos en Ocaña.

La personalidad de este territorio se consolidó tras la Reconquista, con el establecimiento de caballeros mozárabes y castellanos en heredades, aldeas y villas recibidas de los reyes y que después cedieron a las Ordenes Militares. La principal, la Orden de Santiago, extendió sus dominios por gran parte de la comarca actual, hasta tal punto que históricamente fue llamada la Mesa maestral de la Orden de Santiago. Tuvo su sede en la villa de Ocaña, capitalidad que aún hoy conserva. Ciudad con siglos de historia que fuera entregada como dote a la princesa Zaida al casar con Alfonso VI. Aquí fundó el comendador palacio e iglesia para celebrar capítulos generales. Fue escenario de cortes convocadas por los reyes y hasta del compromiso matrimonial de Isabel y Fernando. Otras órdenes también tuvieron alguna participación en estas tierras, aunque breve.

Parte del territorio de Lillo fue donado a la Orden de San Juan de Jerusalén. En Huerta de Valdecarábanos tuvo encomienda la Orden de Calatrava. También Ciruelos le perteneció desde el año 1158, llegando a tener, entre los años 1195 y 1198, su convento principal. En su primitiva iglesia mudéjar fue enterrado su fundador, el cisterciense san Raimundo, abad de Fitero, hasta que, en 1471, fue trasladado al monasterio de Monte Sión en Toledo, no sin las protestas de los vecinos.

Sin embargo el culto a San Raimundo ha perdurado alrededor de la reliquia regalada por el cabildo catedralicio y el eco de su nombre se deja sentir en su fiesta, calle, barrio y ermita.

Casas de Dosbarrios
Dosbarrios
Maestres y comendadores repoblaron estas tierras, cercaron sus caseríos, levantaron sus casonas blasonadas, caminaron por sus plazas al abrigo de sus capas, se enterraron en magníficos sepulcros a la sombra de sus capillas, bajo el patrocinio de sus iglesias. Nobleza y honor, inmortalizados por Lope de Vega y Calderón, inundaron sus calles, el tiempo, las mentes... Los distintos privilegios de villazgo concedidos durante los siglos XII y XIV quedaron perpetuados en los rollos y picotas que todavía Ocaña, Yepes y Lillo conservan.

En la Edad Moderna las encomiendas de la orden de Santiago y los señoríos eclesiásticos de Yepes y La Guardia son vendidos por Carlos V y Felipe II a distintos nobles: los Mena en Ciruelos, los Loaysa en Huerta de Valdecarábanos, los Campo-Rey en La Guardia, Alcocer en Vifiamuelas, Busto en Cabañas de Yepes...

Hidalguía y afán de conquista hicieron muy estrechas las relaciones con América. Un hijo ilustre de Villatobas, el Padre Arenas, fue el sacerdote que viajó junto a Colón y que celebró la primera misa en el Nuevo Continente. Alonso de Ercilla, autor de la Araucana, inmortal epopeya sobre la conquista de Chile, descansa en el convento de las Carmelitas de Ocaña. Otros ilustres villarrubieros se destacaron en la conquista del Perú. Un cabañil, Sargento Mayor en Lima (Perú) en el siglo XVII, se acordó de su iglesia natal de Cabañas de Yepes cuando hizo fortuna, enviando piezas de plata, custodia y cáliz, para el culto. Los contactos con América no fueron los únicos.

El convento de Ocaña para la orden dominicana fue, desde su posición de Colegio Misionero para Asia, el puerto de embarque a Filipinas. Múltiples objetos, la mayoría de orden litúrgico, bellísimos por su singularidad serán expuestos en el programa museístico Porticum Salutis.

A finales del siglo XVIII, la población aumentó considerablemente, síntoma del desarrollo económico que se consolidaría en el siglo siguiente. A las tierras de labor, viñedos y pastizales se sumarían los molinos de aceite, de chocolate, bodegas, talleres de zapatería y jabones. Junto al aceite y al vino, las fábricas de paños y la extracción de piedra y otros minerales: canteras de caliza blanca y yeso (cinco en Villatobas), salitres, muy valorados por las fábricas de pólvora, y sal gema. Famosos eran los guantes fabricados en Ocaña y los galones y botones para uniformes, de Cabañas de Yepes.

La Guerra de la Independencia en 1808 golpeó brutalmente las poblaciones de la Mesa, ocasionando daños irreparables en su patrimonio. La batalla de Ocaña, recordada en el Arco del Triunfo de París, pasó a la historia como una de las derrotas decisivas para el avance francés hacia la Mancha y Andalucía. La política desamortizadora obligó a la exclaustración de comunidades religiosas provocando el abandono y consiguiente deterioro de sus inmuebles: carmelitas en Ocaña, trinitarios en Dos Barrios, La Guardia y Santa Cruz, franciscanos en Lillo...

La modernidad regaló el protagonismo al Concejo, que en el siglo XIX daría paso a los Ayuntamientos elegidos por sufragio universal. En la etapa republicana tuvo especial protagonismo Santa Cruz de la Zarza, uno de cuyos hijos, Emilio Palomo, se destacó como Ministro de la Gobernación. Muy avanzado el siglo los pueblos se visten de modernidad: reformas urbanas, ensanchamiento de calles, construcción de nuevos inmuebles para matadero, pozo, escuelas públicas, ayuntamiento... y llegada del ferrocarril, el agua potable y la luz eléctrica.

La vocación propia al desarrollo ha hecho que esta comarca sea una de las más prósperas de la región castellano-manchega, por la presencia de numerosas empresas e industrias de la madera, del aluminio, del transporte, de la distribución, localizadas en su mayor parte en Ocaña, Santa Cruz y Noblejas.

A la agricultura tradicional se suma la introducción del cultivo de plantas medicinales, sin olvidar la importancia del sector vitivinícola. Orientación al desarrollo de los recursos propios: medioambientales, patrimoniales y culturales que en el presente continúa por nuevas vías.

En torno al agua y la fuente.

A pesar de la aparente aridez del interior calizo-salino de la Mesa, ríos, arroyos, charcos, pozos y aljibes han brotado ofreciendo un agua blanca que ha sido cuidadosamente guardada y retenida por presas, pontones y embalses: el Pontón Grande y el Pontón Chico en Noblejas, el Mar de Ontígola, y los embalses de Valdajos en Villarrubia, Villaverde en Santa Cruz de la Zarza y El Castro en Villamuelas.

El protagonista al norte es el río Tajo, que discurre lentamente, por tierras de Villarrubia de Santiago, Noblejas y Ontígola, formando meandros. La serenidad de sus aguas lo hacen apto para la pesca y otros deportes náuticos. Ontígola, a escasos kilómetros de Aranjuez, es la antesala de la meseta por estar situada en el valle que dejan las colinas de ascenso, cubiertas de bosquetes de pinos, verdes manteles para la Mesa. El lugar es especialmente bello, puesto que se beneficia de la amabilidad de un clima nada extremado y de la abundancia de fuentes y manantiales, recuperados como escenario de parques y lugares de esparcimiento.

Iglesia parroquial de La Guardia
Casa de los Jaenes. Museo Etnológico de La Guardia
No por casualidad este lugar toma el nombre de la fuentecilla-manantial que lo regaba (Fonticula u Honticula). De él se tiene noticia desde 1202, cuando Alfonso VIII lo entrega al maestre de la Orden de Santiago y al Concejo de Ocaña, para que entre ellos lo repartan. Su callejero nos habla de los antiguos oficios: Yeserías, Bodega, Fragua, Jabonería... aunque en la actualidad lo que encontramos en sus aledaños son granjas de gallinas, caballos de pura raza y avestruces.

El nombre de Ontígola va unido al de su pantano más emblemático, el Mar de Ontígola, curiosa obra de ingeniería construida en piedra, en tiempos de Felipe II, con el fin de retener las aguas para abastecer los jardines de Aranjuez, a cuyo término pertenece. El lugar es escenario de un espectáculo asombroso cuando por la primavera se cubre de mariposas de rara especie, y al que podemos asistir desde el observatorio instalado a gran altura.

Ya arriba en la Mesa, toda la línea que transcurre paralela al río Tajo, formada por barrancos abruptos y ondulaciones modeladas por regueros antiguos, se convierte en un mirador natural desde el que se domina un amplio panorama. Ese carácter estratégico la hizo poblarse de castillos durante la Reconquista, consolidándose como línea fronteriza. Además del desaparecido castillo de Tormón, situado en el lugar en que hoy se encuentra el santuario de la Virgen del Castellar en Villarrubia de Santiago, y el de Santa Cruz de la Zarza, en el solar que hoy ocupa la iglesia de Santiago, se construyó el Castillo de Oreja. Esta fortaleza de los siglos XII y XV se encuentra entre Ontígola y Noblejas, en un lugar hoy despoblado, pero que durante la edad media fue el núcleo principal de la comarca, hasta que el creciente poder de Ocaña y su paso de la orden de Santiago a los condes de Colmenar propició su decadencia. Sobrevive una torre reciamente asentada en la cumbre de un estrecho risco, con arco de ingreso rebajado y ventana gótica; en el terreno que abraza la muralla se conservan restos de silos y una cisterna con bóveda de ladrillo.

Camino de Noblejas, en el barranco de las Chorreras, se ha generado recientemente una pequeña laguna como área de descanso y ocio. La tierra por estos contornos más allá de Villarrubia de Santiago, hasta Santa Cruz de la Zarza, ha sido declarada zona de especial protección para aves (ZEPA), por el valor de las especies naturales autóctonas y las aves. Margas yesíferas, yesos y calizas se entremezclan en la superficie dotándola de cierto brillo. Bajo la superficie parda, tamizada por chaparras y encinas, y perfumada por plantas aromáticas, la tierra guarda tesoros para la minería. Explotadas desde antiguo las minas en Villarrubia de Santiago, a mediados de nuestro siglo se extraía sal gema, sulfato de sosa, sulfato de magnesio, sosa y cal. Hoy el pueblo minero obtiene thenardita.

Plaza Mayor de Ocaña. Imponente plaza, rodeada de calles encaladas con abundantes casonas hidalgas

En las últimas laderas de la Mesa al noreste, en un emplazamiento privilegiado que ya conocieran los romanos que recorrían la vicus cuminarius de Mérida a Zaragoza, atravesada también por la Cañada Real camino de Soria, se encuentra Santa Cruz de la Zarza. Asentada sobre dos cerros excavados por galerías y cuevas, este lugar nos regala una de las mejores perspectivas sobre el dilatado valle del Tajo. El manantial que brota en el fondo del valle ha sido desde antiguo canalizado en el subsuelo, habiendo llegado a nosotros inmensas galerías del encaño del siglo XVII.

El antiguo trazado del ferrocarril que unía este pueblo con Villatobas, Lillo y Villacañas será en breve acondicionado como vía verde "El Quijote" para usos ecoturísticos, senderismo y paseo ecuestre. Entre viñedos y almendros, majadas, chopos, alamedas y encinas centenarias discurre la vía. Uno de los parajes con mayor atractivo ecológico que además incorpora enclaves tan interesantes como la necrópolis de "Las Esperillas" de la Edad del Hierro y la Venta de Juan Cano que mentara don Quijote.

Todos los pueblos han acotado su manantial y mantenido un culto muy particular en torno al agua, en esos pequeños y a veces grandiosos hitos monumentales que son las fuentes. Arquitecturas junto a las que ha transcurrido la vida en los pueblos, tantos trabajos al pie de sus caños, abrevaderos y lavaderos. Embellecidas caprichosamente con arcos, escudos y bolas, hoy se nos antojan, privadas del agua abundante que manaba antaño por estar destinado a otros usos, esculturas naturales que duermen silenciosas en el fondo de los valles, integradas en el paisaje que reproducen sus aguas estancadas.

De obligada visita es la Fuente Grande en Ocaña, Monumento Nacional, trazada por Juan de Herrera en 1574, en base a una galería abovedada sostenida por grandes dinteles sobre pilastras, para cobijar diez caños, además de lavaderos y escaleras monumentales. Sus líneas herrerianas, aunque con pretensiones más modestas, fueron reproducidas en las fuentes de Dos Barrios, en el bello paraje del Cardancho y de Villarrubia de Santiago.

En las vegas de los ríos, tantas veces ocultos en la entraña de la tierra, se disponen las huertas, de colorido caprichoso y cambiante a lo largo del año. Ocres maizales, rojos tomatales, verduras blancas, verdes, moradas...

Desde Villatobas continúa la comarcal hasta Lillo por uno de los parajes más bellos de la comarca, serpenteante entre encinares frondosos milenarios y algún que otro arroyo salvado por histórico puente. Vigilado por el cerro de San Antón, aparece Lillo como un lirio blanco en el azul de las lagunas. Su casco urbano rezuma verdor; festoneadas de flores y plantas, sus largas calles envolventes provocan el deslizamiento del visitante por muros encalados y casas blasonadas. En sus cercanías se encuentran tres grandes humedales que reciben los nombres de Albardiosa, Altillo y Langar, declarados Refugio de fauna, por ser lugar de nidificación y cría del ánade real, la gaviota reidora, el zampullón y la cerceta, entre otras especies. Su disfrute será mayor desde los observatorios para aves proyectados en la laguna del Langar.

Como en un espejo, el ángulo suroeste de la Mesa también está ocupado por una gran masa de agua: el pantano de Villamuelas. Junto al pueblo así llamado por hallarse sobre una muela o cerro con cumbre plana. En el siglo XIX tuvo unos baños termales muy concurridos y hasta una mina de oro. Su querencia por el agua se suple actualmente con el pantano, lugar para la pesca y el esparcimiento, cuya oferta de ocio será enriquecida por un mirador, un merendero y un área de interpretación del entorno natural.

La línea sur costreñida por el escalón de La Guardia, presenta nuevas ocasiones para descubrir un panorama amplio y apenas humanizado, tierras de rojizas arcillas manchadas de verdes cultivos, y salpicadas de cerros cólicos. La Guardia fue un enclave estratégico fundamental durante la ocupación romana y árabe, por ser el paso para la Bética. La línea defensiva en estas latitudes estaba formada por las fortalezas de La Guardia, Monreal y Huerta de Valdecarábanos. El Castillo de Monreal se encuentra a 6 Km al sur de Dos Barrios, en el lugar donde hasta el siglo XVI existió una población así llamada. La fortaleza del siglo XII construida en mampostería, y de la que tan solo sobrevive una torre, bóvedas y arcos apuntados, fue donada por los Condes de Castilla don Fernando y doña Mayor en 1203 a la Orden de Santiago, y desde entonces se convirtió en residencia de marqueses, secretarios de estado, condes y presidente del Consejo de las Ordenes, hasta que finalmente, en 1471, el infante don Francisco la cedió al pueblo.

La tierra arcillosa nos lleva por el surco del arroyo de la Madre o Reguera Madre hasta las antiguas minas de agua, todavía frescas y con el agua brotando de sus paredes, de Huerta de Valdecarábanos. También dominada por las ruinas de su castillo, fue residencia de los comendadores de Calatrava hasta que Carlos V, junto a sus vasallos, tierras y rentas, la vendió a don Álvaro de Loaysa quien al construirse en 1539 un bello palacio en la plaza del pueblo, propició su decadencia y abandono. El entorno de la ermita del Rosario ofrece las mejores posibilidades de contemplación del paisaje. Pintorescos chozos de paja y cañizo se esparcen por estos campos como protección y descanso en la siembra del azafrán.

Al norte queda Yepes, la "Toledillo" de la comarca, por su importancia histórica y su riqueza monumental. Su situación en el centro de la Mesa occidental, la convierte en núcleo aglutinador de comunicaciones e influencias. En un radio no muy extenso se sitúan Cabañas de Yepes, Ciruelos y Villasequilla.

El nombre de Cabañas de Yepes tiene sin duda, una procedencia pastoril, dada la importancia que tuvo como lugar de paso para el ganado, por las cañadas principales que aún hoy conserva; Los pastores que iban de las frías y altas tierras conquenses a la Extremadura leonesa encontraron en Cabañas de Yepes un lugar para el descanso. Como ellos, podemos detenernos en la cornisa del cerro a lo largo del cual se extiende la población para admirar el paisaje y beneficiarnos de la calidad del agua de sus fuentes, la Fuente Vieja y la Fuente Nueva, fina y medicinal, muy codiciada por los vecinos que vienen de otros pueblos a buscarla. La iglesia se asoma valientemente al valle apoyándose en la pendiente de la ladera, en un alarde constructivo inusual. Parece que estuviera suspendida en el abismo, tal fue la habilidad de su tracista en el siglo XVI, que resolvió las dificultades de la cimentación en el desnivel, con un ábside doble en altura.

Ciruelos, obedeciendo a su nombre del latino ceratum, blando, tierno como la cera, se encuentra rodeado por tierras sembradas de olivos y viñedos. Tan sólo 11 kilómetros lo separan de Aranjuez por lo que se convierte en otra de las puertas de la comarca desde el área metropolitana de Madrid. Una gran colonia de casas unifamiliares ajardinadas aloja a gran parte de los trabajadores de la vecina villa.

La puerta para Toledo es Villasequilla, pueblo ocre y terroso como el tapial de adobe en sus casas más antiguas, incluida la iglesia de la Magdalena construida en torno a la capilla que el canónigo Sebastián de Soto levantara a fines del siglo XVI. Formada por la unión de tres aldeas: Artal, Al-Megido y Mezquita, las cuales no sumaban más de 30 vecinos, algunos mozárabes, con motivo de la concesión de cartapuebla por Alfonso XI en 1155, tras lo cual pasaría a llamarse Villaseca, después Villasequilla de Yepes. La vocación de esta localidad es eminentemente formativa, con una oferta cultural continua para toda la comarca desde su centro de formación.

La plaza y la torre, la cueva y la ermita.

Los pueblos son gotas de cal caídas en la parda tierra, verde cuando el cereal despierta. No han perdido su carácter manchego: grandes casonas blancas con amplios corrales y portadas. Perviven los trazados urbanísticos medievales con forma de almendra y largas calles curvas, excepto en las juderías, donde el tejido urbano se complica. Muy numerosa fue la presencia de judíos en La Guardia, Yepes y Ocaña, situándose en esta última su barrio en torno a la iglesia de san Juan, antigua sinagoga.

En el espacio central, recogiendo la convergencia de otras vías surge la plaza, lugar donde se concentran los paseos, los juegos de los niños, la vida... La Plaza Mayor de Ocaña rivaliza con sus antecesoras de Madrid y Salamanca en monumentalidad y armonía de líneas. Declarada Monumento Histórico Artístico Nacional, fue mandada construir por orden de Carlos III en el año 1777 según planos de Francisco Sánchez en un perfecto barroco clasicista, hijo del espíritu ilustrado.

En su alzado se compone de arquerías de ladrillos sobre pilares de piedra que cobijan soportales, dos pisos de balcones y buhardillas en los tejados. En su interior se percibe una sensación de inmensidad y espacio envolvente. Como edificio emblemático de la comarca, el diseño de sus líneas ha tenido eco en las casas consistoriales de muchos de los pueblos, en la Plaza Mayor de Yepes, y más recientemente con una interpretación aún más esencial, en un lenguaje contemporáneo en la nueva Plaza proyectada en Noblejas.

La torre de piedra coronada por chapitel de plomo y pizarra es un elemento más, característico del paisaje comarcal. En la infinitud de la Mesa surgen las torres como faros que anuncian la presencia del caserío, con sus airosos chapiteles piramidales o sinuosos. La de Cabañas de Yepes se corona con una interesante armadura de hierro forjado sobre el reloj.
Destacada pieza de 1829, regalo de un dominico cabañil, facturado en Manila y fabricado por el relojero francés Canseco, comparable al famoso carillón de la madrileña Puerta del Sol, que tiñe cada cuarto de hora el aire de música.

Pantano de Villamuelas. Junto al pueblo así llamado por hallarse sobre una muela o cerro con cumbre plana
Fuente Grande. Ocaña
Las iglesias, casi todas del último gótico y renacimiento, como la mayoría de las santiaguistas están dedicadas a la Asunción de Nuestra Señora. La magnitud del espacio a cubrir en Yepes, la altura de los pilares en Villatobas y la profusión de columnas en Lillo se resolvió con un despliegue de bóvedas góticas, inundadas de terceletes y arcos combados. Las iglesias renacentistas y barrocas de Dos Barrios, Santa Cruz de la Zarza, La Guardia, Villarrubia de Santiago y Ocaña se decantaron por un sistema de nave única, amplia y luminosa, cubierta por bóveda de cañón sobre potente entablamento y pilastras clásicas. Elementos estructurales originales encontramos en la iglesia de Noblejas en la que el edificio se genera en torno a dos bóvedas elípticas.

Una de las más claras señas de identidad comarcal es la cueva. En una zona de suelo calizo tan blando y moldeable, el hombre ha preferido vivir al abrigo de la tierra. Además de vivienda tradicional, ha sido bodega, silo, almacén, cuadra y hasta albergue de transeúntes. Sus formas nos hablan del modo de vida y ser de sus habitantes, invitándonos por ello a valorar su riqueza desde el punto de vista etnológico. Tampoco escapan a una contemplación estética, puesto que sus formas suavemente modeladas para abrazarse a la tierra concluyen con efectos de gran plasticidad. En Ontígola, las casas-cueva, todavía habitadas, se suceden alineadas a lo largo de la pendiente de las calles. Del exterior podemos conocer sus fachadas blancas, cuidadosamente acicaladas y la chimenea que asoma de la montaña con su forma cónica. En Santa Cruz de la Zarza son muy numerosas en uno de sus cerros, en el que sorprende el volumen de la llamada "chimenea gorda". Las de La Guardia, visibles desde la carretera Nacional IV han sido abandonadas hace bien poco y esperan acoger el museo etnográfico de la comarca.

La ermita, encantadora, solitaria, silenciosa en el paisaje, también es humilde vivienda para los santos. Nos atraen sus formas populares, sus valores táctiles, la textura de sus muros bruñidos, de tierra prensada, empapados de cal. En Lillo, la de Monroy o Vera Cruz y la del Rosario aunque abandonadas, no por ello menos bellas. La de la Esperanza, felizmente recuperada y ampliada por una escuela taller, en un paraje que espera la construcción de un albergue, junto a la laguna. Por último, la de San Antón en la cima del cerro es la encargada de congregar a los hileros el 13 de diciembre para la misa y la rosca, obsequiándolos de paso con uno de los paisajes más bellos de la comarca. Del molde tradicional, pintoresco y de reducidas proporciones se distancia la llamada ermita de Nuestra Señora del Rosario de los Pastores, en Huerta de Valdecarábanos, ejemplar único del modernismo en Castilla-La Mancha, que un discípulo de Gaudí, Jesús Carrasco tuvo, en 1910, la osadía de imaginar.

La ruta del arte.

Ocaña, ofrece al visitante un casco histórico presidido por su imponente plaza, rodeada de calles encaladas con abundantes casonas hidalgas. Entre todas sobresale el Palacio de Gutierre de Cárdenas, Monumento Nacional, con bella portada gótica y patio mudéjar de ricos artesonados, artísticas yeserías y rejas. El paseo por la alhama judía nos deparará sorpresas como la presencia del Rollo gótico junto al antiguo Colegio Jesuita de Gramáticos, convertido hoy en teatro, y que incorpora moderna torre neomudéjar. También la Torre de San Martín, junto a la destruida iglesia del siglo XVI de la que sólo sobrevive el pórtico de entrada, a espaldas de la monumental Fuente Grande. Frente a la Iglesia de San Juan, antigua sinagoga que ocupaba el espacio de las actuales naves, otra gran casona, que perteneció a los marqueses de Monterroso, con el característico aparejo toledano de hiladas de ladrillo y cajas de mampostería. La morería estaba situada en los alrededores de la Iglesia de Santa María, solar de la antigua mezquita. El capítulo de los conventos es especialmente rico: carmelitas descalzas, clarisas, dominicas, dominicos... El convento de Santo Domingo atesora una artística sillería de nogal y un interesante claustro manierista que en breve será escenario de un conjunto de Museos temáticos sobre la orden dominicana y su relación con la comarca, junto al ya proyectado espectáculo de luz, sonido y movimiento Historia Salutis, que sobrepasa las pretensiones del tradicional Belén.

La villa de Yepes, Conjunto Histórico, conserva parte del amurallamiento que iniciase el arzobispo Jiménez de Rada y continuasen sus sucesores Gómez Manrique y Pedro Tenorio. De las estructuras defensivas medievales quedan dos Torres Albarranas, ejemplares poco frecuentes de arquitectura militar que incorpora el ladrillo, y cuatro puertas de la muralla flanqueadas por sólidas torres: Puerta de la Villa, frente a la que se sitúa el Rollo gótico, de la Virgen del Carmen, de San Miguel y de la Lechuguina. Del último gótico es la monumental Iglesia de San Benito, trazada por Covarrubias en 1533, tan grande que es apellidada "la catedral de la Mancha". En su interior todo un muestrario de rejas renacentistas de gran mérito en las capillas y los mejores lienzos de Luis Tristán, discípulo del Greco, en el retablo mayor. Junto al viejo alcázar medieval se construyeron en el siglo XVIII viviendas soportaladas con arcos, conformando la plaza principal junto con el Ayuntamiento reformado en nuestro siglo.

Otros monumentos de interés que ofrece Yepes son la iglesia del Hospital de la Caridad, del siglo XVI y el Hospital de San Nicolás, del XVII, además del Convento de Carmelitas Descalzas, con una arquitectura dentro de los cánones de sobriedad de la orden.

Las casas de Dos Barrios emplean como material constructivo el tapial y la mampostería, con frecuencia blanqueados o encalados. Entre las casas señoriales sobresale la llamada Casa de los Monos del siglo XVII, así llamada por los personajes que decoran su portada y que no son más que dos indígenas de la recién descubierta América. En la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento del siglo XIX encontraremos el enorme caserón del Pósito, interesante construcción en piedra con tres puertas en arco, y en cuyo interior todavía pueden apreciarse las vigas de madera de las techumbres. En su Iglesia de Santo Tomás Cantuariense presidida por un magnífico coro renacentista, decorado con animales fantásticos, de grandes fauces desafiantes, se conservan tres grandes retablos del barroco más exuberante y, entre las pinturas, cuatro tablas de Correa del Vivar, ejercicios de armonía renacentista.

El patrimonio pictórico de la comarca es rico y meritorio. La iglesia parroquial de La Guardia, iniciada en el siglo XVII, guarda una importante colección que incluye obras de Pedro Orrente y otros afamados pintores barrocos, así como lujosas piezas de orfebrería. La Capilla de la Concepción reúne entre sus muros uno de los espacios artísticos de mayor interés en la comarca. Sus bóvedas fueron pintadas al fresco en la década de 1630 por Angelo Nardi, pintor de Felipe IV, a base de motivos vegetales, ángeles, patriarcas, doctores de la Iglesia y las alegorías de la Justicia y la Caridad. La arquitectura civil se halla magníficamente representada por la Casa de los Jaenes del siglo XVII, también llamada de la Inquisición.

Ayuntamiento de Villasequilla
Más modesto, pero no por ello menos interesante es el rústico edificio del Pósito construido en 1672 con mampostería de piedra. Se conserva la Sinagoga del siglo XV bajo la ermita de Nuestro Padre Jesús, con una única nave cubierta por bóveda de cañón. En las afueras, entre pinares, se halla excavada en la roca la Ermita del Santo Niño que fuera convento de los Trinitarios hasta el traslado de la comunidad al monumental edificio del centro de La Guardia.

Aunque algo apartada de las rutas culturales establecidas, bien merece una visitaa Huerta de Valdecarábanos, en cuyas calles todavía podemos encontrar casas solariegas de amplias balconadas de madera. La Iglesia de San Nicolás de Bar¡, originalmente del siglo XVIII, se reformó y aderezó en su fachada a principios de este siglo, aprovechando la presencia del modernista Carrasco, discípulo de Gaudí quien por estas fechas se hallaba enfrascado en la original Ermita del Rosario, combinación de brillantes mármoles y piezas de cerámicas coloristas, presidida por la torre circular con agudo acuzón de sabor oriental. Otra rareza, por lo escaso, es la existencia de un conjunto de pinturas al fresco de época neoclásica, con el motivo de las estaciones y otros decorativos en una casa particular, cercana a la iglesia parroquial.

En el centro de Lillo se alza la Iglesia de San Martín del siglo XV. En sus tres naves los elementos estructurales góticos se entremezclan con capillas, portadas, sepulcros y rejas renacentistas. Un majestuoso coro a los pies, atribuido al maestro Covarrubias sorprende por el atrevimiento de sus arcos rebajados. Aquí los Chaves, los Hurtado, los Chacón... fundaron sus propias capillas rivalizando en magnificencia y deseo de eternidad. Las decoraron con sepulcros a la italiana, epitafios latinos y bóvedas de casetones, sustentadas por fornidos atlantes.

El caserío todavía conserva algunas casonas de piedra. La Casa Grande en la calle María Antonia de la Maza, destaca entre todas, con unas formas mixtilíneas en el forjado de sus balcones, particularmente bellas. El Convento de San Francisco conmueve por su austeridad y pureza arquitectónica, tal y como enseñaba el ideal franciscano, recuperado por San Pedro de Alcántara en el siglo XVI. Su claustro de reducidas proporciones despliega en cuatro pandas, breves arquerías de medio punto que tamizan la luz creando una atmósfera de frescura e intimidad. En la actualidad se dispone a abrir las puertas como casa rural de calidad, ofertando idéntico clima de sosiego a los moradores del siglo XXI.

Villatobas sobresale por su iglesia de tres naves, idénticas en altura y con riquísimas bóvedas de crucería sobre pilares cruciformes y capiteles jónicos que intercalan graciosas cabecillas. En la plaza se destaca el gran edificio de las Casas Consistoriales, que incluye el arco del Pasaje de la Encomienda y el ayuntamiento, revestido no ha mucho de frontones triangulares y coronado por moderno templete de ladrillo. En la calle de la Encomienda y en la Plaza del Teniente Fernández Carrión Verde quedan dos casas nobiliarias. La ermita en Villatobas es todo un santuario barroco, decorado con suntuosidad para albergar la venerada imagen de Jesús Nazareno.

El barroco en Santa Cruz de la Zarza es uno de los conjuntos más interesantes del patrimonio artístico de la comarca. En torno a las iglesias renacentistas de San Miguel y Santiago, ésta última situada en el lugar donde se encontraba la fortaleza medieval con muralla y cuatro torres, surgen palacios y casas señoriales con ricas portadas, profusamente decoradas por escudos, frutas y otros ornamentos vegetales, que ocultan patios con arcos y columnas de gran belleza: la Casa de la Cadena, de Cézar, de Chacón, de la Tercia, de los Diez Hidalgos, del Gallo...

Una nueva sensibilidad hacia nuestro patrimonio ha conducido a la feliz restauración de edificios tan emblemáticos como el Pósito Maestral, la fuente de Los Caños y el Ayuntamiento del siglo XIX, en el que sobresalen los frescos del Salón de Plenos, obra de Enrique Romero de Torres. Sobreviven las ruinas de un edificio conventual del siglo XVII, gloria de la orden Trinitaria, con majestuosa fachada que combina esculturas y vanos recortándose en el espacio, en un juego de claroscuros del más puro barroco.

Las casas en Villarrubia de Santiago presentan balconadas abiertas en el piso superior con vigas de madera sobre zapatas. Otras conservan la tipología palaciega en todo su esplendor. Su mejor exponente es la Casa de Lara, con dos miradores de hierro rematados por decoración en abanico. La Iglesia de San Bartolomé, de estilo herreriano, presenta un crucero de amplias dimensiones. Su retablo mayor, barroco, fue restaurado en parte tras la Guerra Civil. Aquí dejó olvidado su baúl de viaje Santa Teresa, quien tantas veces, visitando a sus monjas de Toledo y Ocaña descansara aquí, en casa de los condes de la Cadena, en espera de cruzar el Tajo camino de Pastrana. A 5 kilómetros se encuentra el santuario de Nuestra Señora del Castellar de corte andaluz, en un promontorio rocoso junto a las minas.

La arquitectura contemporánea se encuentra representada en Noblejas por los edificios del Centro de Atención a la Infancia y la Posada de la Cultura, cuyo teatro abovedado, invita a entrar y a dejarse envolver por sus formas. Sus arquitectos, Julio Gómez y Javier Atienza son también autores del proyecto para la nueva Plaza, así como de la Casa de Cultura de Villamuelas. En la plaza principal de Ciruelos, entre los poderes civil y religioso, encarnados en el Ayuntamiento y la iglesia, se ha representado el poder de la cultura, mediante un emblemático edificio, diseño del arquitecto Manuel Valdés, en el solar del antiguo Pósito, del cual ha tomado un escudo de la villa con corona real, embutido de forma simbólica en uno de sus muros.

Rejas negras y botijos blancos.

El patrimonio artístico de la comarca se enriquece con los productos artesanos. Entre ellos el más destacado por su calidad y proyección nacional es la forja tradicional, de la que existen talleres en Villarrubia de Santiago, Vilamuelas, Santa Cruz de la Zarza y Ocaña. Villarrubia de Santiago es el pueblo con mayor variedad de oficios artesanos. Además de la forja encontramos una importante industria de tonelería. Y además de toneles, flores secas y cerámica. Otros alfares de cerámica artística se encuentran en Ocaña, produciendo unos botijos blancos, de elegante diseño y fama internacional.

En Cabañas de Yepes, la nómina de las calles a base de placas de cerámica de gran colorido nos habla del taller ceramista local que mantiene la tradición artesanal, antaño representada también por el esparto y la fabricación de carros y rejas. Se pintan a mano abanicos en Ontígola y tejas en Huerta. Sobrevive en La Guardia el trabajo con el esparto, la cestería en Santa Cruz y la fabricación de pellejos y botas para el vino en Noblejas; así mismo, el mueble artesano ocupa un lugar importante en Dos Barrios.

De entre los yacimientos arqueológicos destaca el del poblado amurallado de la edad del Hierro, "Plaza de Moros": en el campo de Villatobas
¡Ay pelele, pelelito!

Romerías, procesiones, toros y verbenas se suceden en el calendario festivo, para hacer pervivir las costumbres de nuestros mayores. En la noche del 12 de diciembre, víspera de Santa Lucía, las hogueras se encienden en Ontígola. Es el anuncio de la victoria de la luz sobre la oscuridad, definitiva en el solsticio de invierno. Los vecinos se reúnen en torno al fuego para la cena y el canto de los villancicos preludia la llegada de la Navidad.

Para el Carnaval, las comparsas en Yepes, Santa Cruz de la Zarza y Dos Barrios inundan las calles de un espectáculo multicolor, es el tiempo del ingenio para lo cómico, abundante en estos pueblos bulliciosos y festivos. Solemnidad y recogimiento se respiran en la Semana Santa, declarada de interés turístico regional en Ocaña, donde podemos contemplar en la procesión de Nuestro Padre Jesús, las armaduras del siglo XVI de los romanos que custodian la imagen y en La Guardia una representación de la Pasión Viviente. La mañana del domingo de Resurrección amanecen los balcones con un curioso personaje asomado; es el pelele, encarnación del mal, que espera ser manteado por las mozas y robado por los mozos. En Yepes, Ocaña y Villarrubia de Santiago oiremos cantar coplas sin fin: "Al pelele lo han hecho cuatro mozuelas, lo han echado más alto que las estrellas..." La noche del treinta de abril las rondallas populares, bandurria, laúd, guitarra, rabel, botella y sartén en mano, recorren las casas de solteras y casadas cantando los mayos. Calles y plazas se engalanan con cruces y arcos de flores.

Es el saludo a la primavera, explosión de color y vida. En Santa Cruz de la Zarza, donde esta fiesta ha sido declarada de interés turístico regional, encontraremos hasta ocho rondallas interpretando mayos de auténtico valor literario, alguno de los cuales se remonta al siglo XVII. La primavera y el otoño son el tiempo de la romería junto a la ermita. Entre todas es san Isidro, patrón de Villasequilla, la que se encuentra comúnmente arraigada. En el verano, el reencuentro de las familias en torno a las fiestas patronales, las más alegres y concurridas. Desde las primeras a celebrarse de Noblejas, en las que bajo el Cristo encontraremos todo un cuerpo de alabarderos de pintoresca vestimenta, hasta las últimas en La Guardia, en honor del Santo Niño, pasando por las mariológicas del Rosario en Santa Cruz de la Zarza, de los Remedios en Ocaña, del Castellar en Villarrubia de Santiago... Toros de fuego, toros de lidia, música y pólvora en todo un espectáculo de luz y color. En Ciruelos la fiesta grande se celebra en mayo en honor del Santo Cristo de la Misericordia. Conserva tradiciones únicas y otras comunes al resto de los pueblos.

La subasta de los oficios: guardia real, mayoral, zagal y alabardero, encargados de custodiar la cruz; los ofrecimientos ante el Cristo; la procesión de estandartes y cruz engalanada calle arriba, calle abajo durante todo el día; el baile de la bandera al son de la música y como colofón, las giras al campo para degustar los guisos camperos junto al aljibe. También en Huerta de Valdecarábanos han sabido mantener el Día de las Puras, juegos tan antiguos como el de pescar la cinta con la caña en plena carrera.

Hogar de la perdiz y la liebre.

Deseada por cazadores y comensales, honrada en un monumento en la plaza de Villatobas, la brava perdiz roja recorre graciosa junto con sus compañeras, en cortos vuelos, los campos despoblados de la Mesa. Es junto a la liebre el trofeo de caza más codiciado. La presencia de la caza ha motivado la cría y cuidado del perro galgo, con importantes ejemplares en Villasequilla, Villamuelas y Noblejas. Al mismo tiempo que la extensión de sus dehesas la convierten en un paraíso para el cazador, la planitud de la meseta la hace especialmente apta para los deportes aéreos. Ocaña cuenta en sus cercanías con un campo de aviación-escuela de vuelo, y Lillo, con nuevas instalaciones se prepara para acoger las competiciones de vuelo a Vela, de los II Juegos Aéreos Mundiales a celebrarse en el año 2001. Otras actividades lúdicas, con caballos y toros, pueden ser desarrolladas en Villasequilla.

Cuidadas viñas, mejores vinos.

La comarca desde tiempos históricos ha estado vinculada a la elaboración de vino, hasta el punto que la vid y todo su proceso de transformación ha propiciado una cultura autóctona con valores propios. Paisaje, economía, idiosincrasia, artesanía y folclore han sido influidos por los mostos aromáticos fermentados sobre la Mesa. El patrimonio vitícola es rico y variado encontrando distintas variedades de uva tinta y blanca, sobre todo esta última en su variedad Airén. Por ser una zona climáticamente privilegiada en la que las heladas impiden el desarrollo de plagas, las bodegas han omitido todo tratamiento químico, obteniendo un producto natural de alta calidad. La planta poco elevada aprovecha al máximo el agua disponible y ordena sus hojas permitiendo a la uva una perfecta insolación y consecuentemente, un óptimo grado de maduración.

El vino de Yepes y Ocaña ya fue elogiado por Jorge Manrique y Quevedo. Tirso de Molina declaró: "Pasé por Yepes y Ocaña, dos villas de donde el vino hace perder el camino, bodegas nobles de España". Sin olvidar los excelentes caldos de Villatobas y Villasequilla englobados bajo la Denominación de Origen La Mancha, es Noblejas la capital del vino, con más de veinte bodegas en las que a la sabiduría de los sistemas tradicionales se han incorporado las más avanzadas tecnologías, lo cual le ha valido la fama y reconocimiento nacional para sus reservas y vinos jóvenes.

¡...A la Mesa!

La gastronomía se ha gestado en los campos de labor, al abrigo de la lumbre bajo la espesa niebla de la mañana. Elaboraciones sencillas de pastores y labriegos que todavía se preparan: las puches, las gachas, las sopas de ajo, las migas y otros guisos camperos a base de patatas y carne. Nuestra cultura de la caza ha dejado su impronta en los pucheros: perdiz y liebre casadas con judías o arroz, cubiertas de plantas aromáticas, sin olvidar los escabechados para todo tipo de aves. Nuestro aceite de oliva goza de un reconocido prestigio. De la Mancha aprendimos a hacer morteruelo, pisto manchego, gazpacho y sobre todo quesos, la gran especialidad de la comarca, riquísimos en variedad y gusto.

Atrás quedó el tiznao (patatas con bacalao asado) y los duelos y quebrantos (huevos fritos con tocino) que comiera don Quijote en la venta de Juan Cano. Las majadas santacruceras alimentan al cordero pascual que, tradicionalmente servido a la caldereta, se convierte en uno de los manjares más apreciados. Noblejas nos obsequia con algunas especialidades propias como el besugo a la noblejana y la sabrosa y contundente sopa de parturienta, con menudillos, sangre, sardinilla y otros ingredientes reponedores.

Para los postres recomendamos la unión feliz de la carne de membrillo con el queso fresco manchego. La repostería casera es especialmente rica: flores, rosquillas, caracolillos, molinos de viento, almohadillas, orejas de fraile... además del tradicional hornazo, presente en todas las romerías. En Lillo se elaboran exquisitos dulces: arrope, gachas de duz, tortas de mosto y el famoso turrón de guirlache y en Dos Barrios podemos adquirir tortas de arrope y de chicharra, rosquillas de vino y el típico bollo de aguardiente. Pero lo más exclusivo son los turcos y los melindres (mazapanes rellenos de crema) de Yepes.

Estamos muy cerca.

Hemos contado algunos de los secretos y tesoros propios de nuestra comarca. No obstante el mejor medio para conocerlos es encontrarse con ellos, hacerlos y disfrutarlos. La comarca de la Mesa de Ocaña espera. Territorio de amplio horizonte, de pequeños bosques y dehesas, de escondidos humedales... hogar de la perdiz y la liebre llevadas a la mesa en tradicionales guisos, seguidos de los dulces de queso y miel. Lugares singulares en torno a la fuente, a la plaza, son el rico patrimonio que ofrece, con su hospitalidad como seña de identidad.

Panorámica. Mesa de Ocaña
Olivos y viñedos. Mesa de Ocaña
¿DÓNDE DORMIR?

Dos Barrios
LOS ARCOS (H***) /15 plazas)
Carretera de Andalucía. km.69,8) Tlf. 925 12 2129.
RESTHOVIAL S.A. (H** /40 plazas)
Carretera de Andalucía, km.81 TIf. 925 12 20 22.

Ocaña
LOS HERMANOS (H** / 17 plazas)
Plaza Pilarejo, 14 Tlf. 925 13 00 42
PLAZA MAYOR (H* /35 plazas)
Plaza Alcalde Ontalba, 1 Tlf. 925 12 06 50.
AVILA (HS* / 35 plazas)
Plaza Pilarejo, 5 Tlf. 925 12 08 83.
EL DESCANSO (HS* /20 plazas)
Plaza Pilarejo, 2 Tlf. 925 12 02 39.
AMIGO HS** / 35 plazas
Carretera de Andalucía km. 57,2 Tlf. 925 13 02 85.
SENASA Residencia/ 72 plazas
Carretera de Andalucía km.60 Tlf. 925 13 14 07.

Ontígola
LAS TRES JOTAS ** / 34 plazas
Carretera Nacional IV km.55 Tlf. 925 12 03 56

Santa Cruz de la Zarza
SANTA CRUZ HS** 120 plazas
C/ Magallanes, 3 TIf. 925 14 3118.

Villarrubia de Santiago
CONCEPCIÓN * / 12 plazas
Plaza de la Constitución, Tlf. 925 15 02 87

Villatobas
SELLER HS** / 37 plazas
Carretera Madrid-Alicante Telf. 925 15 20 67.

Yepes
EL RINCÓN HS* / 27 plazas
Carretera Toledo-Cuenca TIf. 925 15 49 81

¿DÓNDE COMER?

Cabañas de Yepes
RESTAURANTE LOUMI
Plaza de la Constitución, s/n. Tlf. 925 12 02 39

Dosbarrios
RESTHO VIAL
Carretera de Andalucía km. 81 Tlf. 925 12 20 22
LOS ARCOS
Carretera Nacional IV, km. 69,8 Tlf. 926 12 2129
ROSMARY
Avda. del Rosario, 68 Tif. 925 12 22 12
MIGUEL
Avda. del Rosario, 15 Tif. 925 12 23 01

La Guardia
MESÓN EL MADERO
Carretera de Andalucía km. 77.5 Tlf. 925 59 50 64
EL LLANO
Carretera de Andalucía km. 83 Tlf. 925 12 3120
VENTA EL MOLINO
Carretera de Andalucía km. 83 Tlf. 925 13 82 04
SANDELBAR S.A.
C/ Pozo Nuevo, 20 Tlf. 925 13 8140
PELÁEZ MARTÍNEZ
Carretera de Andalucía Tlf. 925 59 50 56
ORGAZ ORGAZ
Carretera de Andalucía, km. 81 TIf. 925 13 85 01

Noblejas
LA PRENSA
Carretera Nacional 400, km. 55,5 Tlf. 925 14 02 68
SILVIA Y MIGUEL
C/ Mayor, 1 Tlf. 925 14 01 55

Ontígola
MESÓN LAS CUEVAS
C/ Jabonerías, 1 Tlf. 925 14 22 00
LA FRONTERA
Carretera de Aranjuez s/n, Tlf. 925 14 20 86
EL FURTIVO
C/ Carrera, 7 Tlf. 925 14 20 51
LA RANA VERDE
Carretera de Andalucía km. 52 Tlf. 925 59 50 07
TRES JOTAS
Carretera Nacional IV Tlf. 92512 03 56

Ocaña
CASA CARMELO
C/ Santa Catalina, 10 Tlf. 925 13 07 77
CASA ELOY
C/ Mayor, 12 Tlf. 92 12 02 67
RINCON DE PEPE
Plaza Carlos Bonilla Tlf. 925 13 14 09
MESÓN ANTONIO
Jardines Gob. Pérez de Sevilla Tlf. 925 12 06 05
EL TUNEL
Avenida del Generalísimo Tlf 925 13 08 58
SENASA
Carretera de Andalucía Tlf. 925 13 14 07
PLAZA
Plaza Mayor Tlf. 925 12 09 18
FRANCISCO EXPOSITO
Plaza Carlos López Bonilla Tlf. 925 12 1158
LOS HERMANOS
Plaza Pilarejo Tlf. 925 13 00 42
EL AMIGO
Carretera de Andalucía km. 57,2 Tlf. 925 13 92 85

Santa Cruz de la Zarza
GEMEYCAR
C/ Velsinia s/n Tlf. 925 12 54 92
RODRIGUEZ SAAVEDRA
C/ J.V. Zapata Tlf. 925 12 53 46
MANOLO
C/ Magallanes Tlf. 925 12 54 99
SAN JUAN
C/ Magallanes Tlf. 925 14 30 85

Villarrubia de Santiago
CONCEPCIÓN
Plaza Constitución Tlf. 925 15 02 87
LA BÁSCULA
C/ Picasso, 3 Tlf. 619 56 18 65
DOS HERMANAS
Carretera Ocaña s/n Tlf. 925 15 04 93

Villatobas
SELLER
Carretera Madrid-Alicante Tlf. 925 15 20 67

Yepes
GARCIA LILLO
Carretera Añover km.24 Tlf. 925 15 49 81
EL TROPICO
Avda. de San Luis, 14 Tlf. 925 15 45 45


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