Itinerario por la Roma religiosa
Italia
Recorrido por las calles de Roma descubriendo sus principales monumentos y lugares a visitar para poder conocer esta maravillosa y fantástica ciudad
Els Blaus de Roses

italia, itinerario por la roma religiosa

Describir y hacer justicia a la Roma Sacra, la Roma que se refundó a sí misma como capital del mundo, resurgiendo de sus cenizas tras la caída de la civilización y el universo cultural de la antigua Roma, es tan difícil o más que hacerlo con aquella otra Roma, de la que ya nos ocupamos con profusión en otro artículo.

Si los valores de aquella Roma, la imperial y republicana, se basaban en una forma de vida única que fue exportada con enorme éxito al resto del mundo conocido, la de ésta, la Roma religiosa, se basaban en un acervo dogmático no sólo formal sino también espiritual.

Sin embargo, es evidente que la Roma renacentista y barroca tiene un afán por la propaganda, la pompa y el deseo de impresionar en base a la belleza artística muy en consonancia, cuando no directamente heredera, de aquella Roma clásica.

Los principales hitos de esta Roma Sacra, que impregnan absolutamente la ciudad de Roma, se hallan esparcidos por todo el centro de la ciudad de los papas, con lo que nos es imposible realizar un solo itinerario racional que los cubra, como hemos hecho con la primera parte de este reportaje, la dedicada a la Roma antigua. De hecho, hablamos de la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos del planeta; su centro histórico es la expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural del mundo occidental europeo y, en 1980, fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Así pues, algún desplazamiento de un lugar a otro es inevitable y puede conllevar en ocasiones algunas caminatas (al revés de lo que puede suceder con otras ciudades descollantes en este periodo, como Florencia, que se recorren en un corto paseo). Sin embargo, no recomendamos el uso del trasporte público más de lo absolutamente imprescindible, pues estos paseos son siempre agradables, ya que la ciudad de Roma está hecha para caminarla tranquilamente y prendarse de los mil y un detalles que la pueblan; admirar no solo los monumentos artísticos, sino del pulso de la ciudad; o incluso del color de Roma, que es de un anaranjado rojizo, como se puede comprobar en cuanto uno pasea por el centro histórico.

Orígenes y breve historia de la Roma post clásica
Como ya hemos dicho, el fin de la Roma imperial trajo consigo la rápida y vertiginosa caída  del glorioso imperio, antiguo dueño del mundo conocido, a partir del siglo V. Su caída, precisamente inaugura una época oscura: la alta Edad Media. No hay mucha información sobre el periodo, pero sí que es conocido como Roma fue despojada de casi todas sus riquezas y de su status. Tras siglos de expolio y abandono, fue precisamente el poder papal el que devolvería el esplendor a la ciudad, si no por el poder político o real, sí por el poder espiritual.

Y lo hizo, curiosamente, rompiendo con su glorioso pasado. En la labor de construcción de esta nueva preeminencia, los papas tuvieron claro que debían levantar una “nueva ciudad”, cercana pero no contigua al centro de la Roma Histórica. Así, en el siglo IX, el papa León IV, hace fortificar la Civitas Leonina (actual Ciudad del Vaticano), ante los ataques de los sarracenos. La ciudad de Roma en ese momento quedó de nuevo a merced de los saqueos, pero los papas, parecían a menudo poco preocupados por la ciudad y sus habitantes, dejados a merced de las calamidades, mientras que aquellos se hallaban ocupados en sus luchas intestinas por el poder o sencillamente parapetados tras las nuevas murallas Vaticanas. La única atención que parecía recibir la ciudad de Roma era como inagotable cantera de los preciosos materiales para embellecer los nuevos edificios cristianos

Es a mediados del siglo XII cuando los ciudadanos romanos logran organizarse al margen de la jerarquía eclesiástica e instauran el Municipio Consular (que se asentó en la antigua cima del Capitolio, llamada por ellos Campidoglio), rival de la autoridad papal y de la autonomía de los nobles; en este período Roma se abastece de nuevos y eficientes sistemas de defensa, pero pronto quedaría de manifiesto que sin el poder papal la ciudad ya no podría sobrevivir. De hecho, en el siglo XIV, cuando los papas de trasladaron temporalmente a Avignon, la ciudad vivió un nuevo declive y llegó a contar apenas con 20 mil habitantes, cuando en tiempos de los césares, llegaron a vivir un millón de almas en la ciudad. Tuvo que ser entonces un papa, Nicolás V, el que tomara bajo su báculo la ciudad de Roma como gobernador de la ciudad. Poder del que ya no se desprenderían durante los siguientes cuatro siglos.  

Es entonces, a partir del siglo XV, cuando Roma comienza su expansión artística, fundamentándose en la idea de ciudad espiritual del mundo, idea que se vería subrayada con la contrarreforma a partir del siglo XVI. Pocos son los papas en esta época que, como ya hicieran los antiguos emperadores romanos, no quisieran dejar un bello legado arquitectónico, escultórico o de mecenazgo en general a la ciudad de Roma y/o al Vaticano.

Este ingente y precioso legado debe ser objeto de una visita por parte del viajero ávido de experimentar la belleza del renacimiento y barroco. Y la llamamos la “Roma religiosa” porque todos estos monumentos estarán patrocinados por el papado, como máxima autoridad religiosa y laica, aunque algunos de ellos no sean no estrictamente religiosos.

Si tuviéramos que entresacar lo imprescindible dentro de esa ingente cantidad de monumentos que representan el Renacimiento y Barroco, habría que visitar obligatoriamente una serie de monumentos que son imperdibles para el visitante. Como son:

La Fontana di Trevi

 

La Fontana di Trevi
Probablemente el monumento más bonito de Roma. Visitar al Fontana, especialmente en un día caluroso de verano, es una experiencia única, en la que todos los sentidos del viajero se verán de sobra recompensados. Una de las razones por las que la Fontana di Trevi resulta tan arrebatadora es porque a ella se accede por una de las 5 pequeñas calles que la rodean: Via delle Murate, Via della Stamneria, Via del Lavatore, Via de San Vicenzo o la Via delle Crociferi. La estrechez de las mismas impide que la visión de la Fontana sea posible desde ninguna de ellas. Sólo se puede contemplar una vez  bien entrada en la pequeña plaza di Trevi. Da igual las veces que el visitante se halla estado allí. Siempre sobrecoge, siempre sorprende, siempre alegra el alma.

La fontana se halla en el barrio del Quirinale, y  justo enfrente del punto final de uno de los antiguos acueductos que suministraban agua a Roma, concretamente a los Baños de Agripa, y fue usada durante cuatro siglos. En 1629 el papa Urbano VIII pidió al genial arquitecto Bernini que diseñase una fuente en este mismo lugar, pero el proyecto fue abandonado cuando el papa murió. Sin embargo, el brillante arquitecto, del que volveremos a hablar en este reportaje, sí contribuyó decisivamente a la misma, pues la localización de la fuente al otro lado de la plaza para que quedase frente al Palacio del Quirinal (de forma que el papa también pudiese verla y disfrutarla desde el mismo) fue idea suya. Nicola Salvi fue entonces en arquitecto encargado de realizarla, a pesar de que se sabe que, cuando el nuevo Papa Clemente hizo un concurso de diseños, este arquitecto perdió. Sea como fuere, los apaños y corruptelas municipales no son propios solamente de nuestro tiempo, así que igualmente Salvi recibió el encargo.

Cuando Salvi murió en 1751, diecinueve años después de comenzar la Fontana, su obra estaba a medio terminar, con lo que ésta sería rematada en 1762 por Giuseppe Pannini.  Se le atribuye a éste último un ligero toque pagano extra final de la fuente, ya que a Neptuno y los tritones se le añaden las esculturas planas de Agripa y la de la diosa romana Trivia (la diosa de las encrucijadas), que le da el nombre a la plaza y al conjunto arquitectónico.

Plaza de España

Piazza di Spagna

No muy lejos de allí, hacia el norte, se halla la Piazza di Spagna, cuyo nombre viene porque fue donada por el Rey Fernando el Católico y porque desde entonces, de forma casi ininterrumpida, ha sido sede de la Embajada española en Roma. La plaza está en el cruce entre cuatro calles: la Via del Babuino, la prestigiosísima y cara Via del Condotti, la Via dei due Macelli y la Via della Propaganda. Y junto a la plaza, la conocidísima escalinata, naturalmente.

Antiguamente la zona era un hervidero de hoteles y hostales, con lo que se tornó en la zona bohemia de Roma, con muchos poetas y escritores viviendo en ella. Actualmente, se trata de una zona muy exclusiva, carísima  y que posee una gran colección de tiendas de primeras marcas y firmas de diseñadores top, reunidos en la nombrada Via  Condotti como son: Armani, Hermès, Cartier, Louis Vuitton, Fendi, Gucci, Prada, Chanel, Dolce & Gabbana y Ferragamo.

Lo primero que destaca en la Piazza di Spagna es que en el centro de ella está la famosa Fontana della Barcaccia, esculpida por Pietro Bernini (padre del ya nombrado Lorenzo Bernini). La fontana, como todo lo hecho por esta familia de arquitectos, está lleno de significados y de imaginativas soluciones a problemas constructivos. En este caso, la obra, que se finalizó en 1627, está inspirada por la sorprendente llegada a la plaza de un barco en las riadas e inundaciones del Tíber en 1598. Pero Pietro Bernini tenía un problema, y es que el antiguo acueduto dell'acqua Vergine, el que surtiría de agua a la Fontana di Trevi, circulaba justo bajo ese punto concreto, lo que resultaba en una baja presión que imposibilitaba la colocación de surtidores o pequeñas cascadas. Así pues,  se construyó un vaso ligeramente más bajo, al nivel del suelo rodeando la barca, de cuya popa y proa emergen pequeñas corrientes de agua potable, con lo que el barco tuvo que ser en realidad una “Barcaccia” naufragada y embutida casi a ras del suelo para que la falta de presión no fuese un problema.

La monumental escalinata de 135 peldaños fue inaugurada por el Papa Benedicto XIII con ocasión del Jubileo de 1725, y una vez más no es sólo un simple monumento, sino también se trata de una bella solución arquitectónica de Alessandro Specchi y Francesco De Sanctis, pues la grandiosa escalera salva el enorme desnivel entre la Plaza y la elevación del Pincio con su conocidísima iglesia de Trinitá dei Monti; es decir, la zona baja de “los españoles” y la zona alta “de los franceses”. La construcción de la escalinata hay que agradecérsela, pues, a las buenas relaciones familiares de los Borbones franceses con los reyes de España, de la misma familia, ya que aquellos fueron los que finalmente la financiaron.

Piazza Navona
La Plaza Navona, siempre tan llena de vitalidad, es un epicentro y crisol de turistas y romanos. Con su multitud de cafés, restaurantes y su miríada de artistas callejeros, algunos verdaderamente notables, tiene siempre una vibrante actividad y pulso alegre, sea la hora que sea en la que lo visitamos. La plaza tiene un curioso y antiquísimo origen. Si nos fijamos en la forma ovalada de la misma, no nos sorprenderá que comenzó siendo un circo. Concretamente, el famoso circo de Domiciano, que era conocido por la gente como Circus Agonalis (de “Agone”, juegos). Con el tiempo el nombre cambió de “in agone” a “navone” y al final a “Navona”, el nombre de la actual plaza. El estadio, concebido como todos los estadios para las carreras de carros, albergó puntualmente Numaquias, o batallas navales en las que el circo debía ser inundado totalmente. Indicios del nivel del agua aún son visibles. El recinto tenía capacidad para 30.000 espectadores, y algunos restos de la antigua estructura se pueden encontrar al norte de la plaza.

Artísticamente, la plaza Navona es una maravillosa muestra del barroco romano. Concretamemte, podría considerarse como el legado artístico del Papa Inocencio X. Tiene creaciones escultóricas y arquitectónicas, pero la plaza también es considerada como el escenario donde dirimen sus diferencias artísticas entre Lorenzo Bernini y su archirrival, el también arquitecto del barroco Borromini. Esta lucha de egos llegó al máximo cuando Lorenzo vio como el proyecto de la iglesia Sant'Agnese in Agone (construida en el lugar donde, según la tradición, la virgen santa Inés desnudada por el martirio, fue cubierta por cabellos que le crecieron milagrosamente) fue a parar a Borromini. Su disgusto por ello quedó patente cuando, tras conseguir el encargo de la construcción de la Fuente de los cuatro ríos (que representa los cuatro ríos más importantes del mundo: el Danubio, el Nilo, el Río de la Plata y el  Ganges), ordenó esculpir uno de los ríos con la mano alzada, como protegiéndose delante de la iglesia que construyó Borromini, como temiendo que ésta se derrumbara. Las otras dos fuentes que embellecen la Plaza son la Fontana di Nettuno (1574), y la Fontana del Moro (1576), ambas de Giacomo della Porta.

Puente de Sant´Angelo
El Castel Sant´Angelo
A la otra orilla del Tíber encontramos un monumento de enorme tamaño y antigüedad: El Castillo de Sant´Angelo. Este peculiar castillo de forma redondeada fue construido en realidad para otros fines diferentes. Fue iniciado por el emperador romano Adriano en el año 135 para ser su mausoleo personal y familiar, y terminado por el también emperador Antonino Pío en 139. No sólo fueron sus cenizas las que fueron depositadas allí, sino que en ellas fueron enterradas las de los emperadores Lucio Elio Vero, la de su sucesor Antoninus Pius y su esposa Faustina, las de Marco Aurelio, Cómodo, Septimio Severo y su esposa Julia Domna; así como las de los emperadores Geta y Caracalla.

Para acceder a las inmediaciones del Monumento, hay que cruzar el puente más bello de Roma, y uno de los más bellos del mundo: el puente de Sant´Angelo, construido en 133 como parte del conjunto monumental y llamado entonces Puente Hadrianus. Actualmente solo los tres ojos cenrales son los originales, habiendo sido restaurados los otros en tiempos más modernos. Las estatuas de los apóstoles Pablo y Pedro fueron encargadas por el papa Clemente VII a mediados del siglo XVI, y Bernini, con sólo 17 años dibujó las figuras de los ángeles que sus propios alumnos elaborarían más tarde. Fue tras la colocación de estas figuras cuando el puente perdió su antiguo nombre.

La fortaleza, que en la actualidad tiene 5 pisos, pasó a ser considerada como tal cuando el emperador Aureliano amplió y reforzó las defensas de la ciudad. Fue entonces cuando empezó a llamarse “Castellum”, en vez de Mausoleo. A pesar de esto, la caída de la ciudad de Roma fue inevitable, aunque es cierto que el castillo ayudó a preservar parcialmente la zona del Vaticano. Sea como fuere, terminó cayendo igualmente y desde el siglo V sufrió un saqueo, que hizo que se perdieran todos los monumentos funerarios y cenizas de aquellos emperadores. El actual nombre del castillo proviene según la leyenda del año 590, durante una gran epidemia de peste que golpeó la ciudad de Roma. El papa San Gregorio Magno, vio en plena procesión penitencial en una visión al Arcángel San Miguel, sobre la cima del castillo envainando su espada, lo que se interpretó como símbolo inequívoco de la voluntad divina de dejar de castigar a los hombres, poniendo así fin a la epidemia.

Desde el siglo XI la fortaleza dejó de ser propiedad de los diversos reyes bárbaros y señores feudales a ser un Castillo defensivo al servicio de los papas. Utilidad que, sorprendentemente y a pesar de ser los pontífices supuestos hombres de paz , se puso a prueba en varias ocasiones, especialmente cuando el papa Gregorio VII tuvo que refugiarse allí del emperador francés Enrique IV. En el siglo XVI volvió a ser de utilidad como baluarte defensivo y se usó el “passetto” o camino elevado que se construyó en el siglo XIII entre el Vaticano y el Castillo. Fue cuando Clemente VII, en una de sus desastrosas decisiones (algunas de las cuales, a la postre, significaría la ruptura de la iglesia con Inglaterra) tomó partido contra el emperador hispano-alemán Carlos I y sus tropas, hambrientas y mal pagadas, asediaron al mismísimo papa durante siete meses. Aunque los papas fueron abandonando el emplazamiento como vivienda para pasar a residir en los más lujosos apartamentos vaticanos cercanos, volvería a ser usada por última vez con Pio VII, que se refugió en la fortaleza ante el ataque de las tropas napoleónicas, aunque éstas llegaron a tomarla y confiscarla.

Boca di la verita y Sta. María in Cosmedin
Ir a Roma y no hacerse una foto con la mano en la Boca de la Verdad es como ir a Las Vegas y no hacérsela con la del famoso cartel a la entrada de la ciudad americana.  Es un icono que no debemos perdernos, más por el simbolismo en sí que por la belleza del monumento. La Boca de la verdad, de hecho, se trata de una gran tapa del antiguo alcantarillado romano, se cree que de la época del emperador Augusto, que desde muy antiguo ha sido reverenciada como mágica o esotérica, pues supuestamente tenía la capacidad de revelar cuando la persona que introduce la mano en ella miente. Desde la alta edad media ya hay escritos que hablan como el diablo retiene la mano de la mujer adúltera que osa meter la mano en ella para hacer la prueba de su honestidad. Siempre ligada a esta zona de Roma, desde el siglo XVIII se expone en el vestíbulo exterior de una pequeña joya de la arquitectura religiosa romana: la iglesia de Sta. María in Cosmedín. Es muy difícil maravillarse en Roma por la antigüedad de las iglesias, cuando muchas de estas están sustentadas en templos paganos anteriores construidos hace más de dos mil años, pero la iglesia de  Sta. María in Cosmedín es uno de esos ejemplos de pequeña iglesia (sin duda casi desconocida si no fuese por la Boca de la Verdad que hay en su entrada) que hunde sus orígenes en la oscuridad de los tiempos y que no ha sido reformada tan sustancialmente como la mayoría de los templos romanos. La iglesia se construyó en el siglo VI sobre los restos del Templo de Hercules Pompeiano y de uno de los cruciales centros de distribución de comida gratuita de la antigua Roma (la sociedad romana, fuertemente esclavista, tenía una enorme masa de desempleados que era necesario alimentar y entretener).  La iglesia tiene una fuerte influencia griega, puesto que al encontrase ubicada cerca de muchas estructuras bizantinas, recibió el nombre de de “Schola Graeca”. Aún hoy en día, es una experiencia extraordinaria atender allí a misa con el rito griego. Debido a su belleza, la iglesia recibió pronto el adjetivo “cosmedin” (del griego kosmidion, “bello”), y su campanario era el más esbelto de la Roma medieval. Pinturas de los siglos VIII, un increíble suelo cosmatesco (extraído de antiguas basílicas romanas e implantado en la iglesia), candelabros altomedievales…entrar en esta pequeña y oscura iglesia es lo más parecido que jamás van a estar de penetrar en un lejano pasado inalterado.

Fotos y Texto Antonio Pérez Gómez - abcViajes.com

 


Estás leyendo: Itinerario por la Roma religiosa

Hay más capítulos de este reportaje:
Cap. 1 Itinerario por la Roma religiosa
Cap. 2 Itinerario por la Roma religiosa II



Poblaciones del reportaje
Italia » Lacio » Roma » Roma
Tipo de viaje
Guárdame en el móvil