Huesca, vive la aventura de tu vida
Huesca - España
Huesca es verde como la albahaca. Es una ciudad actual que no olvida la tradición. Una ciudad en la que se puede vivir, sin atascos, familiar, hospitalaria, con estudiantes y buenos profesionales
Els Blaus de Roses

huesca - españa, huesca, vive la aventura de tu vida

HUESCA: NATURALEZA, HISTORIA Y CULTURA

Huesca es la provincia donde más cerca estarás de tocar las estrellas con la mano. El Aneto, a 3.404 metros, es el pico más alto del Pirineo. Pero se codea también con otros como el Posets, Maladeta, Perdiguero o Monte Perdido, que es la mayor montaña caliza de Europa. ¿Te suena el Parque Nacional de Ordesa? No te lo pierdas. Tan arriba encontrarás la flor de nieve, edelweiss. Te esperan lagos e ibones con aguas limpias y cristalinas en las que te verás reflejado. Pero la joya son los Monumentos Naturales de los Glaciares Pirenaicos, masas de hielo que perviven pese a la amenaza del calor. Testimonio vivo de la belleza de esta provincia.

Mucho antes de que Aragón fuese Reino en el siglo XI, en Huesca, ya habían dejado los prehistóricos sus pinturas y construcciones. En Santa Elena, encontramos un dolmen, una tumba megalítica similar a otras en Benasque y Tella, donde podrás seguir los pasos del Oso de las Cavernas. Por aquí pasaron los celtíberos y los romanos vivieron en Villa Fortunatus, en Fraga, en Labitolosa o en La Puebla de Castro.  En los valles pirenaicos se refugiaron montañeses que huían de la conquista árabe. 

Con el Románico, en Huecas florecieron edificaciones como la Catedral de Jaca que creó escuela. Muy cerca de ahí, el Monasterio de San Juan de la Peña y San Pedro el Viejo de Huesca, ambos panteones de los Reyes de Aragón. Y en el Serrablo, iglesias de influencia mozárabe. Entre Sabiñánigo y Biescas, mucho arte en Larrede, San Bartolomé de Gavín, Otal, Satué, Oliván y allí mismo la de San Juan de Busa. De película, el castillo de Loarre, la colegiata de Alquézar, San Pedro de Siresa o Sigena. Pregunta por Roda de Isábena, por la iglesia de Santa Cruz de la Serós y la ermita de la Virgen de Chalamera. No te vayas sin darte un garbeo por las calles de Aínsa o Alquézar.

El que merece un buen paseo a pie, en bici o a lomos de un caballo es el Camino de Santiago. El catalán atraviesa parte de la provincia de Huesca. Tienes ese o el tradicional, el Francés, el que cruza los Pirineos, el mejor conservado. Puedes descansar en alguno de los Hospitales de Peregrinos, conocer a mucha gente interesante y paladear paisajes que conservarás para siempre en tu retina.

Huesca, una lección de historia hasta nuestros días y de belleza. De oeste a este, te están esperando los valles, cada uno un mundo: Ansó, Hecho, Aragüés, Aragón, Canfranc, Tena, Broto, Bielsa, Gistaín, Benasque y Barrabés. Todos llenos de historias y leyendas, de bellas propuestas que esperan que repares en ellas. En el Prepirineo, anota la Sierra de Guara y los Mallos de Riglos, gigantes rojizos que hacen de la verticalidad un arte. Pero para arte, las cinco estaciones de esquí alpino, diez zonas de fondo y todos los regalos que ofrece la naturaleza en Huesca. Quebrantahuesos, buitres, ciervos, sarrios... Te esperan todos juntos en Lacuniacha, el Parque Faunístico de los Pirineos, al lado de Piedrafita de Jaca.

Con este panorama, quién no se lanza a la aventura. Ascender por una pared gris que se blanquea en invierno, surcar el cielo más azul, mantenerse a flote por espumosas y bravas aguas, colarse en una fría y oscura cueva, serpentear por las pistas nevadas o cabalgar por praderas con una variada gama de verdes. Huesca tiene todos los colores. La imagen se irá a negro si cierras los ojos y te dejas querer en los balnearios de Panticosa, Baños de Benasque o Vilas del Turbón. Cuando recuperes la consciencia, intenta dar un paseo por los cautivadores alrededores que ofrece Huesca o disfrutar de la buena mesa.

Huesca sabrá conquistar tu estómago. Para abrir boca, rica huerta: escarola, borraja, cardo y boliches de Embún y Biescas. De segundo, conejo enterrado de Monegros, pollo al chilindrón, longaniza de Binéfar o Graus, caza, cordero, cerdo, truchas de los ríos de alta montaña o bacalao al ajoarriero. Trufas, hongos y setas. Guarda sitio para los postres: fresas, frambuesas, sopetas (melocotón con vino) y directamente repostería: crespillos, trenza de Almudévar, coc de Fraga, bizcocho de Barbastro, farinosos, pastel ruso y castañas de mazapán de Huesca, condes, jaqueses y besitos de Jaca, pan de higos del Bajo Cinca... Y todo ello con el aroma de la albahaca, típica de Huesca, y regado con los vinos del Somontano.

Si vienes, podrás deleitarte con exposiciones y eventos en todas las estaciones. Los cortos triunfan en el Festival de Cine de Huesca que también acoge la Feria de Teatro, música cerca del agua sobre el escenario flotante de Lanuza “Pirineos Sur” y muy recomendable el Festival Castillo de Aínsa. El de los Deportes de Montaña se celebra en Benasque. El más antiguo pero muy bien conservado es el Festival Folklórico de los Pirineos de Jaca, los años impares. Fiestas y bullicio en todos los rincones de Huesca. Para vistosos, la Exaltación del Traje Ansotano, la Morisma de Aínsa o el maravilloso Carnaval de Bielsa.

En Huesca podrás dormir en camping o en albergue, apostar por el turismo rural, alojarte en una hospedería, en el hotel más lujoso o no dormir. Huesca es libertad. Es naturaleza, arte y gente sencilla. Vive la aventura de tu vida. Lánzate.

HUESCA CAPITAL

Huesca es verde como la albahaca. Es actual pero sin olvidar la tradición. Una ciudad en la que se puede vivir, sin atascos, familiar, hospitalaria, con estudiantes y buenos profesionales.

 ¿Te apetece echar la vista atrás? Algo cambiada, ahí ya vivieron los Ilergetes. En la época romana, el pretor Sartorio estableció en Osca un Senado y la Universidad Sertoriana. Ciudad estratégica en la Marca Superior de Al-Andalus, fue asediada por las tropas cristianas de Sancho Ramírez. A los musulmanes oscenses los derrotó Pedro I en la batalla de Alcoraz en 1096. En 1354, otro Pedro, IV, establecía la universidad más importante de Aragón.

Si piensas visitarla, debe sonarte la leyenda de la Campana de Huesca. Aparece en la Crónica de San Juan de la Peña, del siglo XIV, y Casado del Alisal la pintó en un lienzo que puedes buscar en el ayuntamiento. Al parecer, Ramiro II el Monje, siguiendo el consejo de un antiguo maestro, convocó las Cortes de Huesca con la excusa de diseñar una campana tan grande que se oyera en todo el reino. Cuando iban llegando los nobles desobedientes, los hombres del monarca los detenían y decapitaban.

Ya tendrás tiempo para callejear, sentarte en las terrazas o probar su afamada repostería (castañas de mazapán y pastel ruso) pero antes visita su catedral gótica construida sobre la anterior mezquita árabe. Fíjate en el Retablo Mayor que Damián Forment talló en alabastro, un material muy aragonés. Casi enfrente está el Ayuntamiento, un delicioso palacio renacentista y, muy cerca, en la Plaza de la Universidad, el Museo Provincial. Tampoco tienes que andar casi para conocer la iglesia y el claustro románico del monasterio de San Pedro el Viejo, una iglesia románica con los sepulcros de Ramiro II el Monje y Alfonso I el Batallador.

Si quieres ver transformarse a Huesca y a los oscenses, tienes una cita en agosto para las fiestas de San Lorenzo, su patrón, que murió quemado en la parrilla. Lo típico, típico, el baile de los Danzantes el día diez y la Ofrenda de flores y frutos al santo el quince. Por la noche, la música y la alegría se apoderan de todo el que se acerca. El veintitrés de abril, San Jorge, Día de Aragón, se sube en romería a una ermita. Se vive en la calle y con fervor la Semana Santa. No lo dudes. Déjate seducir por Huesca.

HOYA DE HUESCA

Prepárate para adentrarte en La Hoya de Huesca, la parte central del Somontano oscense, al pie de las sierras exteriores pirenaicas. Te sorprenderá por todo lo que ofrece en un radio de treinta minutos en coche. También puedes recorrerla a bordo de un encantador autobús matriculado en 1913 que circula a cuarenta kilómetros por hora y que sale a las nueve de la mañana de la Estación Intermodal de Huesca. Él solito ofrece once rutas rebosantes de cultura, buenos alimentos y paisajes naturales como el Salto de Roldán o culturales como la iglesia de Santiago, en Agüero, que quedó más ancha que larga al acabarse el dinero durante su construcción.

Puedes viajar, por ejemplo, a la Edad Media, poniendo rumbo al castillo de Loarre. Dirección a Ayerbe, donde debes probar las tortas, tomando el desvío de Esquedas, llegarás a esa fortaleza de película nada más cruzar Bolea. En este pueblo, compra cerezas si estás en temporada y visita su colegiata.

¿Te apetece montaña? Sigue el norte en la brújula y llegarás a Arguis donde podrás relajarte al compás de las aguas tranquilas de su embalse o acercarte al pico del Águila. Sigue hasta Belsué, atravesarás un par de aldeas deshabitadas y llegarás a Nocito. Disfruta del monasterio, hoy ermita de San Úrbez y de sus panorámicas inolvidables. 

Camino hacia el Somontano, tierra de buenos vinos, para en Siétamo donde quedan restos del castillo del Conde Aranda y la fuente del lavadero. Busca los encantos, panes y dulces de Angüés, el queso de Sieso y el arte en Liesa y en San Miguel de Foces en Ibieca.

Sigue ahora los pasos de los romanos por la vía Lata, hacia el Somport. A tu encuentro saldrán aves y campos de cereal. Contempla el románico de Gurrea de Gállego, y date un atracón de trenza de Almudévar. Alcalá de Gurrea, con su ermita de los Agudos o el embalse de la Sotonera están a la vuelta de la esquina.

En Ayerbe, respirarás el mismo aire que Ramón y Cajal. Ve a su casa, a las calles por las que caminó, la iglesia y al palacio. Sigue camino hasta que estés a la sombra de los imponentes Mallos de Riglos cortejados por el río Gállego con un gran número de rapaces como testigos. No te canses de mirar.



Estás leyendo: Huesca, vive la aventura de tu vida



Dónde alojarte en Huesca
Poblaciones del reportaje
Tipo de viaje
Guárdame en el móvil