Guipúzcoa - Gipuzkoa, ritos gastronómicos
Pais Vasco, Euskadi
Las sidrerías abren sus puertas durante tres o cuatro meses. Durante este tiempo, miles de personas se dan cita en ellas para probar la sidra del año en compañía de un buen chuletón, una tortilla de bacalao, queso, nueces y membrillo.
Els Blaus de Roses

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Entre la cornisa cantábrica y el macizo del Aizkorri, Gipuzkoa es una sucesión de valles prácticamente paralelos - segmentados a su vez en valles de menores dimensiones - , que corresponden a los cursos de los seis ríos que desembocan en el mar, coincidiendo con los más importantes enclaves costeros de este territorio histórico.

Por sus propias condiciones orográficas, amplias zonas de Gipuzkoa han vivido durante siglos sin demasiado contacto con su entorno. Su romanización fue tardía y superficial y, en la Edad Media, la relación con el exterior se limitó a las zonas próximas a las principales vías de comunicación, por las que transcurrían tanto el comercio como la ruta jacobea. Anexionada a Castilla en el siglo XIII, los reyes castellanos fundaron en Gipuzkoa numerosas villas que tenían como objetivo controlar las vías de comunicación y los límites con el Reino de Navarra. En estas villas, que siguieron creciendo en siglos posteriores, se concentra el patrimonio artístico y arquitectónico guipuzcoano que cuenta, por otra parte, con complejos de gran interés, como el entorno de la basílica barroca de Loiola, construida en el lugar donde nació San Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús, o el más moderno de la basílica de Arantzazu, situado en las inmediaciones de Oñati.
En cuanto a la demografía, aunque Donostia-San Sebastián y su comarca tienen un importante peso demográfico, la distribución de la población guipuzcoana es relativamente homogénea, ya que la industria se ha desarrollado de manera bastante uniforme en todo el territorio.

No obstante, la Gipuzkoa rural y la Gipuzkoa industrial ofrecen dos caras muy distintas al visitante. A lo largo de este siglo, las localidades industriales han crecido, muchas veces de manera precipitada, para acoger a los miles de personas que han llegado desde otras zonas del Estado, atraídas por la necesidad de mano de obra de su pujante industria. La industrialización ha afectado también a la calidad medioambiental de algunas zonas, aunque en los últimos años se está experimentando una importante recuperación del medio natural y urbano.
La Gipuzkoa rural, sin embargo, no ha sufrido demasiadas transformaciones. En este entorno perviven las tradiciones culturales y folklóricas vascas, así como el Euskara, lengua materna de un alto porcentaje de la población.

Vista aérea de Segura
En la costa guipuzcoana se suceden las localidades que tienen una importante tradición turística con Donostia-San Sebastián, su capital, a la cabeza. En todas ellas se puede conocer la gastronomía vinculada a los productos del mar, así como el vino que se produce con la uva que se cultiva en las laderas costeras de Getaria y Zarautz: el txakoli.
Otra bebida típicamente guipuzcoana es la sidra, que puede degustarse tanto embotellada como directamente de la kupela o barrica en las sidrerías, lugar donde se produce.
En el interior de la  provincia, predomina la cocina de la carne y la relacionada con productos de la huerta guipuzcoana, que sin ser excesivamente variada lleva hasta la mesa productos excepcionales como las alubias de Tolosa.

LA COSTA Y SUS ALREDEDORES

La primera playa del litoral cantábrico es la de Hondarribia, una de las más extensas y concurridas de Gipuzkoa. Hondarribia, que junto con Irún conforman la Comarca del Bidasoa, es una localidad eminentemente turística, que conserva sin embargo un puerto pesquero muy activo. Situado en un punto fronterizo de gran valor estratégico, se construyó  inicialmente como plaza fuerte enclavada en un alto desde el que se domina la desembocadura del Bidasoa y la frontera con Francia. A pesar de las múltiples batallas que se han librado ante sus murallas, construidas a partir del siglo XVI, el casco histórico se conserva en buen estado. En el recinto interior de la fortificación, dominada por el castillo de Carlos V, hoy Parador Nacional de Turismo, se entrecruzan las callejuelas empinadas en las que se levantan un gran número de palacios barrocos, la Iglesia Parroquial gótica, etc. A los pies de la ciudad antigua se encuentra el barrio de pescadores llamado la Marina, con casas de balcones pintados de colores llamativos y siempre repletos de flores cuyos portales son una sucesión de bares y terrazas.

La Bahía de Txingudi.
El río Bidasoa, frontera natural entre la península y el continente europeo, ha marcado el carácter de Irún. Ya los romanos se asentaron en esta ciudad estratégicamente situada, y los restos de su paso se conservan en el museo de la ermita de Santa Elena. Irún era el punto de partida de la primera etapa vasca de los peregrinos que, para llegar a Santiago, elegían el camino guipuzcoano que posteriormente cruzaba Álava en lugar de atravesar los Pirineos por Navarra. Testigo de la actividad que tenía Irún en la Edad Media es la Virgen del Juncal, una talla románica del siglo XI que se venera en la iglesia renacentista que lleva el mismo nombre. El Ayuntamiento es un edificio barroco del XVIII en cuyo frente se levanta la columna de San Juan Harria, símbolo de la independencia de la ciudad respecto de Hondarribia.


MUY INTERESANTE

SIDRERÍAS

Uno de los ritos gastronómicos más típicos es el de las sidrerías, establecimientos donde se produce y se degusta esta bebida.
Las sidrerías abren sus puertas a finales de enero, y permanecen abiertas tres o cuatro meses. Durante este tiempo, miles de personas se dan cita en ellas para probar la sidra del año en compañía de un buen chuletón, una tortilla de bacalao, queso, nueces y membrillo.

ALARDE DE IRUN

En la Plaza de San Juan se celebra, el 30 de Junio, el Alarde de San Marcial, una de las fiestas más ruidosas del País que conmemora las victorias de los iruneses en sus múltiples batallas contra los vecinos franceses. Miles de irundarras uniformados, organizados en compañías que cuentan con su respectiva cantinera y tocados con boinas rojas, esperan la orden del general, que irrumpe entre las "tropas" montado a caballo, para descargar sus escopetas al aire.

SANTUARIO DE GUADALUPE Y MONTE JAIZKIBEL

El Monte Jaizkibel se extiende entre Hondarribia y Pasaia. La carretera que recorre este monte, en el que se encuentra el Santuario en el que se venera a la Virgen de Guadalupe, es una interesante alternativa para comenzar a recorrer la costa disfrutando de magníficos paisajes y, si se saben encontrar, pequeñas calas aisladas.

ISLA DE LOS FAISANES

Quien se acerque a Irún siguiendo el curso del rio Bidasoa se encontrará con una diminuta isla en mitad del río. Es la Isla de los Faisanes, tierra de nadie entre dos Estados que, entre otros importantes hechos históricos, acogió la firma del Tratado de los Pirineos, que en 1659 puso fin a décadas de enfrentamiento entre Francia y España.


Entre Irún y Donostia-San Sebastián se extiende una comarca densamente poblada, comprendida entre los cursos de los ríos Bidasoa, Oiartzun y Urumea. Pasaia alberga el mayor puerto guipuzcoano, situado en la desembocadura del río Oiartzun. En este municipio integrado por tres enclaves se distinguen Pasai, Donibane, Pasai San Pedro y Pasai Antxo. El primero, al que se accede a través de una única carretera procedente de la vecina Lezo o por medio del servicio de barcas que la unen con San Pedro, es básicamente una calle que enlaza los barrios de más reciente construcción con el casco histórico, donde se suceden casas de sabor marinero, palacetes y caserones de aspecto noble. En la bocana del puerto se sitúa el Castillo de Santa Isabel, construido en el siglo XVII con fines defensivos.

Oiartzun es, sin duda, la localidad de la zona que mejor ha preservado el entorno natural, que adquiere todo su esplendor en las inmediaciones de las Peñas de Aia, con la posibilidad de realizar múltiples excursiones a pie, a caballo o en bicicleta. Rentería, sin embargo, ha sufrido de manera muy intensa el deterioro que implica ser una villa industrial, pero conserva un interesante casco antiguo. Otro tanto le ocurre a Lezo, entre Rentería y Pasaia, en la base del monte Jaizkibel, uno de cuyos principales atractivos es la basílica en la que se venera a un original Santo Cristo medieval, una de las rarísimas imágenes de Cristo imberbe.
Siguiendo hacia el interior el curso del río Urumea, que desemboca en la capital, Donostia­-San Sebastián, se encuentra Astigarraga, la capital de la sidra, y Hernani, una de las villas más cargadas de historia de Gipuzkoa. Su Casco Histórico se encuentra situado sobre un altozano que domina la vega del Urumea y en la práctica totalidad de sus calles pueden encontrarse edificios de gran interés.

Las tres playas de Donostia-San Sebastián - Zurriola, La Concha y Ondarreta- son tal vez las más conocidas de Gipuzkoa, pero no les va a la zaga la de Orio. En el núcleo urbano, destaca el casco antiguo, cuyas casas se aprietan unas contra otras hasta constituir una auténtica muralla. Las calles de Orio se llenan en verano de asadores al aire libre que llenan el ambiente de aromas irresistibles y es uno de los lugares más adecuados para degustar un buen besugo.
Sucede a la playa de Orio la de Zarautz, la más larga de Gipuzkoa y paraíso de surfistas. Es, al igual que el conjunto de la localidad -rica en edificios de gran interés arquitectónico como torre Luzea o el Palacio de Narros, la iglesia parroquial o el convento de los Franciscanos, y de algunas villas que recuerdan el carácter pionero de Zarautz en la historia turística guipuzcoana- una playa con un toque de elegancia que corre paralela al largo paseo marítimo. Zarautz, al igual que la mayoría de las localidades costeras guipuzcoanas, cuenta en verano con una intensa actividad cultural que complementa sus valores naturales y su interés turístico, y en esta localidad se puede visitar el Museo Vasco de la Fotografía-Photomuseum, en el que se puede seguir de forma cronológica el desarrollo de la técnica y el arte fotográfico, desde sus orígenes hasta la actualidad.

En Zarautz comienza el tramo más espectacular de la "carretera de la costa", la N-634 que transcurre pegada al mar hasta Zumaia. Entre ambas localidades se encuentra Getaria, cuya principal playa, Malkorbe, ha experimentado en los últimos años una espléndida transformación. Su casco urbano hace equilibrios sobre una estrecha franja de tierra que se adentra en el mar y que remata el Monte San Antón, popularmente conocido como el "ratón de Getaria". Esta pequeña población es la cuna de personajes tan célebres como el modisto Cristóbal Balenciaga o Juan Sebastián Elcano.
Además de degustar txakoli y pescado asado en cualquiera de los numerosos restaurantes del puerto, es prácticamente imprescindible visitar la iglesia de San Salvador (siglo XV), una de las mejores muestras de arquitectura gótica que se puede encontrar en el País Vasco.
Zumaia cuenta con dos playas, Itzurun y Santiago, y un magnífico Casco Antiguo que conserva vestigios del que fue su trazado medieval. Después de descubrirlo recorriendo calles considerablemente empinadas, se agradece el largo paseo marítimo que acompaña al río Urola en su último tramo hacia el mar.

El Urola, que nace en el límite entre Gipuzkoa y Álava, recorre antes de llegar a Zumaia un valle en el que abundan los puntos de interés, entre los que destacan la villa balnearia de Zestoa y el conjunto que integran Azpeitia, Azkoitia y la Basílica de Loiola.
Antes de que se conocieran las propiedades de sus aguas, Zestoa era ya una importante población amurallada y sede de importantes familias, como los habitantes del palacio gótico de Lili, declarado monumento histórico artístico al igual que la Casa
Consistorial de la localidad, una de las más antiguas de Gipuzkoa. Pero lo que ha dado a conocer el nombre de Zestoa es su balneario, importante centro de descanso y curas termales.

Tanto Azpeitia como Azkoitia tienen atractivos suficientes por sí mismas, pero se ven en cierta medida eclipsadas por la Basílica de Loiola, equidistante de ambas y perteneciente al término municipal de Azpeitia. En esta población se puede visitar el Museo Vasco del Ferrocarril, un curioso museo que se encuentra entre los mejores de Europa en su género.
Loiola es un gran complejo religioso de la época barroca construido junto a la casa-torre natal de San Ignacio de Loiola, fundador de la Compañía de Jesús. La basílica se empezó a construir a finales del siglo XVII y se inauguró en 1738, aunque, como consecuencia de la expulsión de los jesuitas de España, las obras no se terminaron hasta finales del siglo XIX. Rodeada de extensos jardines y una amplia plaza, la basílica de Loiola fue diseñada por un discípulo de Bernini y destacan en ella su fachada barroca y la cúpula de 65 metros. En Loiola se encuentra también el Museo del Niño.

De vuelta a la costa llegaremos a Deba, localidad que conserva el sabor de las tradicionales poblaciones de veraneo, con una cuidada alameda y bonitas villas. Un paseo por Deba no puede terminar sin asomarse a la Iglesia de Santa María la Real, gótico decadente, con una portada espectacular y uno de los escasos claustros que quedan en Gipuzkoa. Deba, en realidad, fue fundada por los vecinos de Itziar, situado en el interior a unos pocos kilómetros. En el Santuario de Itziar se venera a la Virgen del mismo nombre, representada por una talla románica, una de las más antiguas de Gipuzkoa, y desde Deba se accede igualmente al Valle de Lastur, en el que abundan los establecimientos de agroturismo y el ambiente es netamente rural. En este valle, se dan cita numerosos aficionados al parapente.
En el curso alto del río Deba se encuentran, entre otras localidades, Eibar y Elgoibar, que componen uno de los núcleos habitados más importantes y más industrializados de Gipuzkoa.

Universidad de Sancti Spiritus
Mutriku es, finalmente, la última localidad costera de Gipuzkoa. En su casco urbano destaca la iglesia parroquial del siglo XIX, así como algunas casas nobles como la torre gótica de Berfama a Casa Gaztañeta o la Casa Gorduzakua, solar natal del Almirante Churruca. Dentro del término municipal, además de la pequeña playa próxima al puerto pesquero, se encuentra una de las playas menos urbanizadas y con más encanto de Gipuzkoa, Saturraran.


MUY INTERESANTE

BALENCIAGA

Cristóbal Balenciaga (Getaria 1895-1972) es un nombre indisociable al mundo de la alta costura. El príncipe de la moda, como le llamaron sus contemporáneos, influyó de manera decisiva en la estética de los años 50 y 60.
Sus restos descansan en el pequeño cementerio de Getaria. Desde allí se ven las viñas, el mar y toda la paleta de colores que sirvieron de inspiración al maestro.

PARQUE DE PAGOETA

Desde la carretera que une Orlo con Zarautz se puede acceder al Parque Natural de Pagoeta. Este espacio protegido y habilitado con zonas de pic-nic y senderos perfectamente señalizados, tiene una gran riqueza forestal, que se puede conocer en el Centro de Interpretación de la Naturaleza con el que cuenta el parque. En nuestra agenda apuntaremos la visita a la ferrería y molinos de Agorregi.

RASA MAREAL

Entre Zumaia y Deba se encuentra la rasa mareal de Mendata, una zona en la que, en bajamar, queda al descubierto un fragmento de litoral muy peculiar desde el punto de vista geológico. Los acantilados de este enclave son de los más espectaculares de la costa, así como las extensas praderas verdes a cuyos pies se encuentran algunas calas con playas salvajes muy poco concurridas dada la inexistencia de accesos acondicionados.

ZULOAGA Y BEOBIDE

En Zumaia, junto a la playa de Santiago, se encuentra el museo dedicado a Ignacio Zuloaga, antiguo estudio del artista, que además de obras del pintor, tiene entre sus fondos telas de Goya, El Greco, etc.
Julio Beobide, escultor zumaiarra nacido en la última década del siglo XIX, cuenta también con su propia casa- museo en la localidad.


LOS VALLES DEL INTERIOR

En el extremo más meridional de Gipuzkoa, se encuentra Leintz-Gatzaga, vinculada a la producción de sal, que se obtenía de los manantiales de agua salina de la localidad. Leintz-Gatzaga era burgo amurallado, y por el centro urbano pasaba el Camino Real de Castilla. Todavía siguen en pie varias puertas de entrada a la villa y algunos edificios de interés. En la vecina Eskoriatza se puede visitar un Museo- Escuela que dispone de una exposición permanente sobre la prehistoria vasca.

Aretxabaleta y Arrasate-Mondragón, cuna del cooperativismo vasco, cuentan con viejos cascos históricos. El de Arrasate está bien conservado y merece un tranquilo paseo por la villa medieval, deteniéndose ante la iglesia gótica de San Juan Bautista o alguno de los numerosos palacios blasonados.
Especialmente atractivo es el valle de Oñati, una de las localidades más peculiares de Gipuzkoa. Oñati era ya una villa señorial en el siglo XII, y fue un señorío prácticamente independiente hasta mediados del siglo pasado, fecha en que se incorporó a Gipuzkoa. Es una villa monumental con restos arquitectónicos  que van desde el gótico de la iglesia parroquial de San Miguel a los palacios renacentistas o el complejo de la Universidad de Sancti Spiritus, bello edificio renacentista en el que destaca su fachada plateresca y el patio interior, decorado con un original artesonado mudéjar. Uno de los edificios más singulares de la población es el Monasterio de Bidaurreta, fundado a principios del siglo XVI, y que está situado en la salida hacia Legazpia.

Bergara es igualmente una villa monumental a la que ha ayudado a pasar a la historia el abrazo con el que Espartero y Maroto pusieron fin a la Primera Guerra Carlista. Es una localidad fuertemente industrializada que ha sabido conservar su casco histórico, en el que se suceden los palacios, las torres, las iglesias como San Pedro y Santa Marina de Oxirondo y las casas solariegas, siendo una de las localidades de Gipuzkoa que mejor ha preservado su patrimonio artístico y arquitectónico. En la plaza se encuentran, frente a frente, la Casa Consistorial, un edificio barroco porticado, y el edificio que en su día acogió el Real Seminario de Bergara, que pusieron en marcha los jesuitas en el siglo XVII y que, en plena Ilustración dieciochesca, pasó a depender de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País. No se debe pasar por Bergara sin degustar sus dos especialidades reposteras: los rellenos y los tostones.

Vista panorámica de la Sierra de Aralar.
EL GOIERRI

La comarca del Goierri cubre una extensa zona que comprende el curso alto del río Oria y puede ampliarse hasta algunas localidades del valle del Urola. El valle del Oria, atravesado por una de las vías de comunicación más transitadas de Gipuzkoa, la N-1, fue también el elegido por los peregrinos que recorrían el ramal del Camino de Santiago que partía de Irún y desembocaba en la Llanada Alavesa. En la mitad de su curso, el río Oria atraviesa Tolosa, capital de Gipuzkoa durante algún tiempo.

Tras la anexión de Gipuzkoa a Castilla, en 1200, Tolosa fue una de las primeras villas que fortificó la monarquía castellana. Su casco antiguo conserva numerosos testimonios de su papel histórico, como las Iglesias de Santa María, San Francisco o Santa Clara, de los siglos XVI y XVII, la Casa Consistorial barroca y los palacios de Idiaquez (siglo XVIII) y de Atodo (siglo XVI). Tolosa es conocida, además de como villa papelera, por su tradición en la fabricación de boinas, por sus numerosas especialidades reposteras, como las tejas, los cigarrillos o los xaxus, y por haber conservado unos carnavales especialmente populares. Una de las citas más dulces que depara la ciudad es su Museo de la Confitería. Tolosa es un magnífico punto de partida para conocer pequeños pueblos situados en sus alrededores, como Altzo, Belauntza, Bedaio, Alkiza, Aldaba, Berastegi, Orexa y valles como el de Errezil.

En su primer tramo, el Oria atraviesa la comarca del Goierri, cuyo centro podría establecerse en Ordizia. Ordizia, por su proximidad con la frontera navarra, fue también fundada como villa con fines defensivos. No se conservan en su casco histórico testimonios de épocas tan pretéritas, pero cuenta en cambio con edificios de interés como la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI, o el Palacio Barrena, de principios del XVII.

En la vecina Beasain, que forma un continuo urbano con Ordizia, el resto del pasado más relevante es el conjunto que forma, en las afueras de la localidad, el Palacio de Igartza, con su capilla, su molino y su ferrería.
Desde Beasain se puede llegar hasta Lazkao, donde destacan el Palacio de los Lazcano, de estilo castellano, el monasterio cisterciense de las Bernardas, la Iglesia parroquial del siglo XVI y el monasterio de los Benedictinos, agrupados todos ellos en un compacto complejo arquitectónico.

Segura fue durante siglos paso obligado entre Castilla y Francia. Esta circunstancia, unida a su proximidad a la frontera con Navarra, llevó a los reyes castellanos a amurallarla y a convertirla en la plaza fuerte de la comarca. Hoy en día se conservan las murallas, y dentro de su recinto se suceden las mansiones de las grandes familias que lucen los escudos de los Lardizabal, los Arrué, los Guevara..., y del conjunto sobresale la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, que entre otras muchas joyas artísticas conserva un retablo excepcional.

En los límites con Álava y Navarra, en la falda del Aizkorri, se sitúa Zegama, cuyo núcleo urbano está rodeado de pequeños barrios y caseríos dispersos, algunos encaramados en las mismas laderas de la montaña. Gran parte de los atractivos de Zegama se encuentran fuera del casco urbano, en pequeños enclaves como Otzaurte, origen de la pista que lleva a las proximidades de la cueva de San Adrián, paso - desde época romana – entre Gipuzkoa y la meseta, frecuentado por peregrinos y viajeros de toda condición. Otzaurte cuenta con un pequeño cementerio repleto de estelas funerarias vascas.

Tingladillo de Tolosa
Zumarraga y Urretxu son también localidades industriales que forman prácticamente un único núcleo urbano. En Zumarraga se encuentra una de las ermitas vascas más destacadas, la de Santa María de la Antigua, iglesia gótica en la que sobresale el entramado de madera que sostiene la cubierta. No dejaremos de visitar la Casa-Torre de Legazpi, de la que procede el conquistador de Filipinas.


MUY INTERESANTE

SANTUARIO DE ARANTZAZU

A menos de diez kilómetros de Oñati se encuentra el Santuario de Arantzazu, donde se venera a la patrona de Gipuzkoa. El complejo religioso, regido por los franciscanos, es la obra arquitectónica moderna más importante del País Vasco. Coincidieron en su construcción, los arquitectos Sainz de Oiza y Laorga, así como los escultores Jorge Oteiza, Eduardo Chillida, Néstor Basterretxea, y Lucio Muñoz. Desde Arantzazu se puede acceder a las campas de Urbía.

MERCADOS

Tolosa, cabecera de una comarca netamente rural, cuenta con varios recintos en los que los agricultores de la zona venden sus productos, como el estilizado Tinglado, la Plaza de la Verdura y la plaza que acoge, cada sábado, el importante mercado semanal.
Uno de los mercados más importantes del País vasco se celebra cada miércoles en Ordizia, en el marco de una imponente plaza digna de visitarse.

FERRERÍA DE MIRANDAOLA

En Legazpi, localidad industrial de intensa tradición ferrona situada en el curso alto del río Urola, se encuentra la ferrería de Mirandaola, que se pone en marcha un sólo día al año con motivo de las fiestas de Santa Cruz. El entorno de Mirandaola se ha convertido en un parque en el que se exhibe un audiovisual que recoge la historia de la tradición ferrona del valle de Legazpi.

ZERAIN

Desde Segura se puede acceder a Zerain, una pequeña localidad rural, de la que es originaria la familia de Francisco de Goya. Cuenta en la actualidad con un curioso museo etnográfico, que ayuda a comprender cómo se ha desarrollado tradicionalmente la vida en las zonas rurales guipuzcoanas.

ZUMALAKARREGI

Entre las cuencas del Oria y el Urola, se encuentra Ormaiztegi, localidad dominada por un imponente puente construido por Eiffel en la que existe un museo dedicado con carácter monográfico al general Zumalakarregi y a la primera guerra carlista, útil para conocer la historia vasca del siglo XIX.

SAN MIGUEL

El calendario festivo y cultural oñatiarra alcanza su punto culminante con la procesión del Corpus Christi, que se celebra como mínimo desde el siglo XV. En esta procesión, acompañan a los miembros de la cofradía del Apostolado, cubiertos con caretas que representan a Cristo, San Miguel y los apóstoles, danzantes que ejecutan bailes de gran vistosidad.

Dónde alojarte en Guipúzcoa
TRYP San Sebastian Orly Hotel
Donostia-San Sebastián

Abeta Zaharra
Getaria

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