Guatemala, naturaleza inimaginable
Guatemala
La madre naturaleza bendijo a Guatemala. De sus enaguas de estrellas brotaron hermosos bosques, tibios y húmedos. De la frescura de sus entrañas salieron volando los pájaros más hermosos, con plumajes imposibles de pintar, en una algarabía de...
Els Blaus de Roses

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La madre naturaleza bendijo a Guatemala. De sus enaguas de estrellas brotaron hermosos bosques, tibios y húmedos. De la frescura de sus entrañas salieron volando los pájaros más hermosos, con plumajes imposibles de pintar, en una algarabía de tortugas encantadas, manatíes juguetones, felinos de pieles cósmicas y un río de plata suave, donde se miran las flores silvestres. Guatemala toda se desborda de lianas y quetzales, de orquídeas y tucanes, bromelias, helechos, crustáceos, monos aulladores... si el paraíso terrenal no está en la selva guatemalteca, tal vez Dios vino aquí para inspirarse.

En Guatemala existen 14 variedades de bosques subtropicales y 450 tipos de árboles. En Izabal, Petén, Alta Verapaz, Santa Rosa, Escuintla, Quiche y Quetzaltenango hay unas 80 especies de aves autóctonas y alrededor de 300 migratorias. El quetzal, una de las aves más bellas, sagrada para los mayas y símbolo nacional de Guatemala el pájaro preciosos habita en los refugios naturales de Alta y Baja Verapaz, Jutiapa, Quiché y Huehuetenango. Discreto y solitario, el quetzal se sitúa allá arriba, entre los troncos y las enredaderas, con su plumaje verde iridiscente, su larga cola y su cortejo principesco. Aquellos que caminen entre las sombras imponentes, frondosas y húmedas de los manglares, podrán ver insectos olvidados, reptiles misteriosos y mamíferos sorprendentes en Santa Rosa, Jutiapa, Izabal, Petén y Retalhuleu. Con temperaturas que varían de los 20 a los 30 grados, estos bosques de clima cálido y seco, de arenas salinas, hierbas y setas cuya abundancia es un prodigio que conmueve hasta a las piedras que, celosas, se visten de colores.

Esto y mucho más posee Guatemala, la tierra de mil colores, de bello plumaje y suave aliento.

Lago Atitlan en Guatemala
LAGO ATITLAN

Si en una hendidura del manto verde de las montañas pusiéramos una turquesa engarzada por las nieblas que caen en los volcanes de Tolimán, Atitlán y San Pedro, no sería más bella su visión que la del lago de Atittlán, ahí enclavado.

Entre los juncos de las orillas se posan, cada año, las bandadas de patos chemo y rojizo, mientras las garzas funden sus patas en las arenas y atisban, en los espejos azules del agua, el nado suave de la lobina negra. No hay agua más azul que al del lago de Atitlán. Con razón éste recibió el título de “lago más hermoso del mundo”.

EL CARIBE DE GUATEMALA

El gran lago de Izabal, el mayor de Guatemala, con 590 kilómetros cuadrados, es un enorme espejos de agua bordeando de huertas de mangos, aguacates, mameyes y piñas, que perfuman los aires con olores exóticos. De sus aguas profundas nace el Río Dulce, que se aleja presuroso para zambullirse en la selva tupida. Allá en la jungla serpentea y suavemente se desliza entre meandros selváticos al son del griterío de los multicolores pájaros ribereños que sacuden el follaje. El río sigue su paso para ensancharse de gozo y selva y formar el Golfete... A su vez, en Río Dulce se peinan las aguas en los manglares llenos de vida y se funden amoroso con las aguas de la bahía de Amatique, frente al mar Caribe.

Aquí, en el Caribe guatemalteco, entre palmeras de cocos que se mecen seductoras ante la línea suave de la costa, frente a un mar azul, se alza Livingston. Sus casas están llenas de sabor marino y de pan de coco. En Livingston, los viajeros sienten el saludo puro de sol y la caricia rejuvenecedora del mar, mientras hunden sus pies descalzos en la arena de conchas y caracoles quebrados, al ritmo cadencioso que cantan los afrocaribes bajo la enramada de palma. De entre las palmeras surge un camino que nos conduce hasta Siete Altares; ahí veremos y escucharemos la caída de las cascadas, descomunales y transparentes, en medio de una selva íntima y nadaremos en sus aguas salvajes y frescas, entre su cortina de espuma blanca.

Reservas Naturales
RESERVAS NATURALES

BIOTOPO DEL QUETZAL “MARIO DARY”

Baja Verapaz

Entre las copas de los grandes árboles del bosque lluvioso que forma esta área protegida, hay más de 50 especies diferentes de orquídeas y bromelias. En el universo del plumajes multicolores de los tucanes verdes, las guacamayas, las tijeretas y los cucharones, uno en especial destaca por su tímida orrogancia, porque de su larga cola parecen brillar rayos metálicos y estridentes: el quetzal. Este parque es su recinto sagrado.

Cerro Cahuí

Cerro Cahuí está cubierto por grandes bosques de hoja perenifolia, es el santuario de más de 50 especies de mariposas y el ecosistema de los árboles de zapote, caoba, cedro y palo tinta. También abundan lianas, enredaderas encampanadas, gramíneas y orquídeas. Entre la maleza de Cero Cahuí vive el pavo patenero, mientras surca las alturas el gavilán de pico ganchudo. De octubre al abril, cientos de aves migratorias llegan desde lugares remotos, para habitar toda la espesura de Cerro Cahuí. Aquí moran 28 especies diferentes de mamíferos, entre las que se encuentra el venado cola blanca, el ocelote, el armadillo y el mono araña.

BIOTOPO DEL MANATÍ “CHOCÓN MACHACAS”

Izabal

Los senderos acuáticos de esta reserva atraviesan un bosque tropical virgen lleno de aves maravillosas. Siguiendo el Río Dulce, hay un sistema lacustre selvático que se recorre en los cayucos (canoas) típicos de esta región. Bajo la bóveda verde que forman las ramas de los manglares, en las aguas cubiertas por los lirios acuáticos, entramos al reino de los mitos, donde habita el manatí, un mamífero acuático al que tomaron por las legendarias sirenas los primeros exploradores de estas tierras vírgenes. Aquí el manatí es animal protegido.

Altiplano en Guatemala
ALTIPLANO

Sobre desfiladeros insondables y gargantas por las que escurren, desde altísimas montañas, las aguas de los manantiales, se yerguen imponentes los pinos y los abetos de Guatemala. Con la luz violeta y lila de alba la niebla suave desciende de los volcanes, como velo que acaricia los peñascos y roquedales; tras de ella se filtran los rayos luminosos y solares, que la destejen en desnudeces doradas y amarillas. La neblina se desliza hasta las orillas del Lago Chicabal, en el cráter del volcán; a la luz blanca de la luna se posa y resguarda de los ardores del sol inmenso que la persigue. Y la brisa mágica del altiplano también talla esculturas en los riscos, para que los viajeros descubran indicios en las caprichosas formaciones de Momostenango.

LA COSTA DEL PACÍFICO

La costa del Pacífico guatemalteco posee una belleza singular y extraña. Sus playas de arena negra son de origen volcánico. El viento engalonado se alebresta y encrespa en las olas del mar pacífico, que acarician la ansiada costa con inmensos y caprichosas espumas, temerosas de no llegar, y torrenciales cuando abandonan las playas. Al subir hacia la sierra la vegetación no perdona espacio, ni senda, ni grieta, ni tiesto: simplemente brota. Aquí, allá, por todas partes crece una fruta jugosa, un soberbio tronco, una maleza aromática, una hierba florida o una enredadera embrujadora. Y si esto fuera poco, en el departamento de Escuintla están las cascadas más bellas que los viajeros pueden disfrutar.

Peten, Guatemala
PETÉN

La selva de Petén es un gran muro verde que se alza frente al hombre. Una pared orgánica, vegetal, de selva seductora, invitadora y fértil, que nunca calla. Desde lo profundo de la espesura, los caobos y los pájaros carpinteros retumban la selva, con ritmos que sorprenden la siesta de los ocelotes. El mono aullador discute el territorio con las guacamayas, que se van, pero no cesan de protestar para que las oiga el que duerme arriba, en lo alto de la ceiba. El señor de todas las criaturas, tan antiguo como la selva, el que conoce todas las sendas de Petén, amo de los follajes y del acecho, el jaguar de piel lustrosa y planetaria, el de paso delicado es el príncipe de Tikal. La ciudad portentosa, cuya arquitectura celestial parece mirar al cosmos... En ella, alguna vez los balones sabios sacerdotes nombraron el universo conocido de las estrellas. También aquí en Petén, está la gran serpiente verde, el Río Usumacinta, que caudaloso salpica sus territorios con pequeños lagos como el San Diego, el Sacpuy, Petén Itzá y el Sachab rodeados a su vez por los ríos devotos: San Pedro, Santa Isabel y La Pasión.

Verapaces, Guatemala
VERAPACES

Hay muchas personas que confunden las dos regiones de las Verapaces, la Alta y la Baja. Sin embargo, Alta Verapaz viene de muy arriba y por ella corren ríos caudalosos entre las montañas rocosas, como el Cahabón, que se deja caer en las cascadas y pozas de Semuc Champey, delante de un jardín de orquídeas y bromelias. En Alta Verapaz también hay bosques brumosos, donde los fríos y la humedad cultivan los hongos más extraños. Entre estos bosques escondidos pueblos de paisajes verdes y maravillosos. En Baja Verapaz, en cambio, hay un aire más cálido y sus colinas son más suaves. Sobre una de las cimas está el sitio arqueológico de Cayhup, desde donde se puede contemplar el sinuoso curso del Río Urram. En Rabinal está Los Chorros, un balneario natural cuyas aguas curativas son famosas en toda la región. Baja Verapaz se halla cuajada de valles hermosos y fértiles.

COMO LLEGAR A GUATEMALA Y A SU BELLEZA

A Guatemala se puede arribar por avión desde las principales ciudades del mundo; los vuelos internacionales aterrizan en el aeropuerto de la ciudad de Guatemala y en el de Santa Elena, Petén. Las líneas aéreas que sirven al país son American Airlines, Continental, Copa, Ibera, KLM, Mexicana, Grupo Taca, Delta, United Airlines y Aerocaribe.

Una extensa red de carreteras cruza el suelo guatemalteco para que usted vaya, en autobús o en un vehículo rentado, al encuentro con la naturaleza.

Guatemala es el corazón del mundo maya, un área de casi 500 mil kilómetros cuadrados que ahora ocupan Belice, el salvador, la propia Guatemala, Honduras y los estados mexicanos de Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán. Aquí usted encontrará prácticamente todo cuanto ha soñado para unas espléndidas vacaciones: mucho se interesantes vestigios arqueológicos: ciudades coloniales, playas, ríos subterráneos (cenotes) arte, cultura, una vasta gastronomía criolla y, sobre todo, gente amigable.

Por eso y mucho más le recomendamos que cuando viaje a Guatemala, procure visitar también las otras regiones cercanas: que vaya al encuentro con la naturaleza, el hombre y el tiempo.


Fuente: Instituto Guatemalteco de Turismo