Guadalajara, sierra norte, piérdete y descúbrenos
Castilla - La Mancha
La Sierra Norte ofrece al viajero la posibilidad de disfrutar de la esencia del medio rural gracias al trato cordial de sus gentes y la pervivencia de viejas tradiciones.
Els Blaus de Roses

castilla - la mancha, guadalajara, sierra norte, piérdete y descúbrenos

La agricultura, la ganadería y los aprovechamientos forestales han marcado la forma de vida de la Sierra Norte de Guadalajara. Su dura climatología y su condición de espacio montañoso no han permitido que sus moradores tuvieran una vida fácil, aunque ha mantenido intacta la naturaleza que le rodea, su patrimonio, sus costumbres, su gastronomía y sus tradiciones. Sin embargo, las nuevas generaciones, con el apoyo del programa de desarrollo rural Leader II que ha gestionado la Asociación para el Desarrollo Local de la Sierra Norte, han sabido aprovechar los recursos económicos, humanos y medioambientales de la comarca. Esto ha permitido mejorar y dotarse de instalaciones hoteleras, comercios, museos o empresas relacionadas con el turismo activo, adecuadas para disfrutar de las sierras del Ocejón, el Alto Rey, Ayllón; el hayedo de Tejera Negra; los valles del Salado, el Cañamares y el Jarama; el barranco del río Dulce; los cortados del Bornova; los pueblos negros; el románico rural; los castillos; palacios renacentistas; plazas castellanas o antiguas cañadas.

La Sierra Norte ofrece al viajero la posibilidad de disfrutar de la esencia del medio rural gracias al trato cordial y afable de sus gentes, la pervivencia de viejas tradiciones como las romerías y procesiones religiosas, las tertulias en torno a una hoguera o la matanza del cerdo. El senderismo, la fotografía, la espeleología, la caza o la pesca son algunas de las actividades que permiten disfrutar de las bondades de una comarca que se presenta como cruce de caminos o lugar de paso entre las comunidades de Madrid, Castilla y León, Aragón o Valencia. Todo esto y mucho más te está esperando.

NATURALEZA

La Sierra Norte brinda grandes panorámicas en las que se conjugan armoniosamente sus agudas cimas con los tajos y cañones excavados por las aguas, adornadas con una cubierta forestal a base de pinares, encinares, rebollares, quejigares, sabinares e incluso hayedos, con sus sotobosques correspondientes. De manera que estos elementos, además de la Reserva Nacional de Caza de Sonsaz; el hayedo de Tejera Negra (Parque Natural); el barranco del Río Dulce; los cortados del Bornova; los valles del Cañamares y alto Jarama; viejas cañadas prerromanas; la laguna de Somolinos; la ciudad encantada de Tamajón y su sabinar o el entorno de los pantanos de El Vado, Pálmaces y Alcorlo se convierten en la mejor carta de presentación de una comarca llena de natureleza y cargada de una gran variedad de colores a lo largo de las cuatro estaciones. Todo ello invita a practicar el senderismo, recorrer caminos y parajes en bicicleta o a caballo, escalar montañas, pescar en sus ríos, cazar en sus montes o bañarse en cristalinas aguas.

PATRIMONIO

La Sierra Norte de Guadalajara conserva un amplio patrimonio que, como reflejo del transcurrir de la historia y del hacer de sus protagonistas, ha quedado para disfrute de sus moradores y visitantes. Pequeñas ermitas e iglesias del románico, enclaves medievales, palacios señoriales del Renacimiento, construcciones populares de pizarra confundidas con el paisaje, grandes castillos protegidos por sus murallas y casonas con escudos nobiliarios configuran un gran mosaico de estilos reunidos en cerca de 3.000 kilómetros cuadrados de influencia.

Las iglesias y ermitas del románico rural constituyen un gran tesoro arquitectónico de la comarca. El arte que acompañó a la reconquista y repoblación de esta zona dejó sus señas de identidad en templos como los de Santa Coloma de Albendiego; San Bartolomé y la capilla de San Galindo, en Campisábalos; Villacadima, Pinilla de Jadraque o Carabias. A esta amplia lista se suman Atienza y Sigüenza, dos bellos enclaves medievales, con personalidad propia y de gran interés histórico. La primera, a los pies de su castillo y rodeada de muralla, tiene templos románicos como los de Santa María del Rey, el Salvador, La Trinidad, San Gil y San Bartolomé - transformadas estas últimas en museos-. En Atienza no hay que olvidar la Plaza del Trigo, con soportales y casonas castellanas del siglo XVI.

Sigüenza, también presidida por un castillo, convertido en parador de turismo, y bajo la influencia de la catedral, mandada construir durante los primeros años del siglo XII por el obispo Bernardo de Agén, invita a un paseo tranquilo y cargado de historia. Son obligadas las visitas a la catedral, nacida románica y en cuyo interior destaca la capilla del Doncel; la Plaza Mayor; las iglesias románicas de Santiago y San Vicente, la casa del Doncel, la Plazuela de la Cárcel, el parque de la Alameda y la ermita del Humilladero o el Palacio Episcopal. Viejas fortalezas también pueden localizarse en Galve de Sorbe o Jadraque.

Del Renacimiento ha quedado en la villa de Cogolludo, de la mano de la familia de los Mendoza, un palacio señorial que preside la Plaza Mayor soportalada. El palacio de los Duques de Medinacelli se caracteriza por su gran riqueza ornamental o la elegancia del patio interior. Los otros atractivos de la villa hay que buscarlos en las ruinas del castillo y su muralla; la iglesia de Santa María con un cuadro de Ribera en su interior o la iglesia de San Pedro.

En esta sierra, el viajero será gratamente sorprendido por unas construcciones populares singulares y de gran interés etnográfico. Se trata de núcleos urbanos fabricados con pizarra y madera fundamentalmente, aunque en otros casos se emplean también la cuarcita y las calizas. En estos enclaves diseminados por la comarca y camuflados en el entorno, encontramos una serie de edificios que acompañan a las viviendas familiares como son la iglesia, el horno, la fuente, la fragua, el lavadero, las parideras para guardar el ganado o los pajares. Campillo de Ranas, El Espinar, Matallana, La Vereda, Robleluengo, Majaelrayo, Valverde de los Arroyos, Umbralejo, La Huerce y Hiendelaencina, son algunos ejemplos de estos curiosos y pintorescos pueblos negros. Su peculiaridad puede convertir estas poblaciones de pizarra en Patrimonio de la Humanidad.

FOLKLORE

Las fiestas que se celebraban en la Sierra Norte hace treinta o cuarenta años eran las de unos pueblos que vivían unidos a la tierra y que a su vez respondían a unas creencias particulares. Tanto es así que gran parte de las celebraciones estaban relacionadas con el mundo agrícola como son las botargas, los mayos, las hogueras o las danzas. Estas celebraciones, con sus peculiaridades, se distribuyen a lo largo de todo el año.

Durante el invierno habría que destacar las celebraciones propias de Navidad, Reyes, San Antón, San Blas, San Sebastián o la Candelaria, pero las protagonistas son las botargas, los personajes más llamativos y singulares del folklore de Guadalajara. Su vistoso y ruidoso atuendo no las hace pasar desapercibidas, dejándose ver en Almiruete, Retiendas o Arbancón. Del ciclo invernal también son los carnavales, cuando todo se trasgrede y se rompe con lo establecido, tal y como sucede en Almiruete, Villares de Jadraque o El Cardoso de la Sierra. La última fiesta del invierno se celebra por Santa Agueda, el 5 de febrero. Este día en Cogolludo -también en otras poblaciones como Jadraque- las mujeres toman el bastón de mando y nombran una Alcaldesa Mayor. Procesiones, bailes o el reparto de limonada completan el programa festivo de esta jornada.

El ciclo de primavera arranca con la Semana Santa, con un claro exponente en la Pasión Viviente de Hiendelaencina. A partir de este momento, las fiestas adquieren mayor colorido. Este es el tiempo de los mayos, las romerías (Miedes de Atienza, Barbatona, Cendejas del Padrastro), la Caballada de Atienza el Domingo de Pentecostés o las danzas de Valverde de los Arroyos el domingo siguiente a la octava del Corpus. La estación se cierra por San Juan en Sigüenza y Jadraque con las típicas hogueras. Después vendrán las fiestas del verano en torno a la Virgen, San Roque o el  Cristo. Terminada la época estival, y hasta comenzar el nuevo año, el calendario festivo incluye la celebración del Niño Perdido en Majaelrayo, la romería al Alto Rey o las celebraciones del día de Todos los Santos.

GASTRONOMIA

El buen yantar está asegurado en estas tierras. El cabrito y el cordero son el plato fuerte de la gastronomía de la Sierra Norte. Su preparación a partir de carne tierna y de gran sabor tiene su propio secreto, siendo los asados más afamados los de Cogolludo, Jadraque o Sigüenza. Las recetas se guardan celosamente, aunque las plantas aromáticas son la clave del aderezo que baña estas carnes en los hornos de leña. A los asados hay que sumar las setas de cardo o los níscalos que se recogen durante el otoño en los bosques y que abundan si el tempero lo ha permitido.

El ritual de la matanza del cerdo, con la preparación de la morcilla, el chorizo y el picadillo son otra de las claves de la cocina serrana, sin olvidar las tradicionales migas y las gachas. Los platos de caza, con la perdiz, la codorniz, la liebre, el jabalí y el corzo, se presentan como otra exquisita variedad de nuestra gastronomía. Mientras, los pequeños huertos aportan patatas, tomates, pimientos, calabacines o espárragos que, cuidadosamente aderezados y elaborados en los fogones, se ofrecen como una especialidad más de la zona. El pan, siguiendo las recetas tradicionales, acompañará todos estos platos y sus salsas.

El menú gastronómico de la Sierra Norte se completa con el capítulo de dulces y artículos de bollería. Bizcochos borrachos, yemas, rosquillas, tortas, sobados o pastas, además de la miel ponen el toque dulce a estos manjares culinarios. Sólo hay que acercarse y degustar una a una todas las especialidades gastronómicas de esta sierra. La mesa está puesta.

Dónde alojarte en Guadalajara
AC Hotel Guadalajara
Guadalajara