Guadalajara, a un paso
Castilla - La Mancha
Guadalajara, capital de la provincia más cercana a Madrid, un lugar incontestable para el visitante que disfrutará de su entorno como mejor le plazca.
Els Blaus de Roses

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Guadalajara es la capital de provincia más cercana a Madrid. A partir de esa realidad incontestable puede juzgar el visitante la ciudad como mejor le plazca. Si llega desde la capital de España y trae alma de contable... quizá no le salgan las cuentas. En efecto, Guadalajara tiene pocos habitantes, pocos monumentos de gran relumbrón e incluso pocas ganas de aparentar ser lo que no se es por un quítame allá un turista. Pero si el viajero trae en su zurrón algo de interés y tiempo para vivir paladeando puede salirle rentable el empeño. No hace tanto, apenas medio siglo, un gallego avecindado en Madrid se planto de esa guisa en la capital de la Alcarria y de aquello surgió un libro que, andando el tiempo y los caminos, le llevaría a ganar un Nobel. Cosas de esta Guadalajara sorprendente que se quiere mostrar, como ciudad amigable que es, el viajero.

Palacio del Infantado

Desde las mismas puertas de la Oficina de Turismo el viajero contempla la fachada del edificio más singular de la ciudad. Y lo es desde hace cinco siglos. La soberbia quizá no sea buena consejera para andar por la vida, pero en este caso dio como fruto uno de los más hermosos ejemplos de la arquitectura civil en España. Fue el segundo duque del lnfantado, lñigo López de Mendoza, quien mandó construir este imponente palacio. Lo hizo en 1483 y para ello no dudó en arrasar el anterior edificio que, bajo los cánones del gótico, había construido el Marqués de Santillana. Don lñigo no quiso escatimar en gastos ni en audacias arquitectónicas con tal de que su morada proclamara a los cuatro vientos el poder de su familia, los Mendoza. A la vista está que el arquitecto elegido, Juan Guas, entendió perfectamente lo que su patrocinador ambicionaba.

La fachada que hoy podemos admirar responde con bastante fidelidad al proyecto original. El claveteado que la cubre es una de sus características más conocidas, hasta el punto de constituirse en logotipo turístico de la ciudad. La galería superior nos recuerda en buena medida el estilo empleado en el castillo de Manzanares el Real, obra también mendocina. Dentro del edificio, nuestra atención debe dirigirse en primer lugar al armonioso Patio de los Leones. Grifos alados y leones comparten la galería, limitada en sus cuatro ángulos por arcos que sustentan parejas de pajecillos. En la planta baja se pueden admirar los fondos del Museo Provincial.

El jardín del Palacio, al que se accede desde el exterior, es un ameno recinto donde es posible disfrutar del sosiego mientras los más pequeños juegan a perderse y encontrarse en su pequeño laberinto vegetal. Frente a la fachada del Palacio, al otro extremo de la plaza, abre sus puertas, como paraninfo del Campus de Guadalajara de la Universidad de Alcalá, la antigua Iglesia de los Remedios, renacentista. Enfrente se trabaja en el ambicioso proyecto de recuperación del antiguo Alcázar, de origen árabe como el puente sobre el Henares, en el comienzo de la misma calle Madrid.

Torreón de Alvarfáñez


A escasos metros del Palacio del lnfantado sigue en pie el Torreón llamado "de Alvarfáñez", por querer la tradición que fuera esta la puerta elegida por Alvarfáñez de Minaya para acceder a la ciudad al rendirse sus ocupantes musulmanes la noche de San Juan del año 1085. Recientes excavaciones parecen confirmar la función de puerta que siempre tuvo esta torre de la muralla, una de las tres que todavía se mantienen en pie.

Iglesia de Santiago


Si encaminamos nuestros pasos por la calle de Miguel Fluiters, a escasa distancia nos toparemos con la fachada de una, en apariencia, humilde iglesia. El tesoro aguarda dentro de sus muros... un tesoro que fue creado, hilada tras hilada en rojo ladrillo, en el siglo XIV. Gracias a una acertada restauración, llevada a cabo en los años setenta, la iglesia de Santiago ha recuperado toda su belleza de estilo mudéjar entreverado de gótico, feliz resultado del cruce de culturas que aún pervivía en aquella España no alejada en demasía de los azarosos tiempos de la Reconquista. Hasta mediados de los setenta, y durante siglos, muros y columnas habían permanecido cubiertos de yeso; el bello artesonado, tapado por una bóveda de cañón. La iglesia consta de tres naves y carece de crucero, teniendo en su cabecera un ábside de forma poligonal flanqueado por sendas capillas, una de ellas atribuida a Covarrubias. Conviene demorarse unos momentos y observar el perfecto uso del ladrillo en la cúpula del ábside, resuelta mediante nervios y gallones. La sencilla fachada es obra del siglo XVII.

Convento de la Piedad (hoy Liceo Caracense)


Casi frente por frente, tiene su acceso el que fuera antiguamente Convento de la Piedad y hoy instituto de Enseñanza Secundaria. Su uso como convento y colegio de doncellas se debió a la iniciativa de doña Brianda de Mendoza, hija del segundo Duque del Infantado. La antigua iglesia se encuentra en la parte izquierda del patio. Destaca por encima de todo su hermosísima portada, obra de un inspirado Alonso de Covarrubias, que acertó a combinar la filigrana en la piedra y la armonía en el conjunto. El interior, por contra, ha resistido mucho peor el paso de los tiempos, ya que en el siglo XIX se perdió parte de la nave al ensanchar la calle del Teniente Figueroa y en fecha mucho más reciente se acometió una restauración que no fue ajena a la polémica. El sepulcro de doña Brianda, tras no pocas peripecias, ocupa un lugar preferente.

El cuerpo principal del edificio fue, antes que convento, palacio de don Antonio de Mendoza. Su portada es plenamente renacentista pero con los aditamentos propios de las obras encargadas en ese tiempo por la familia Mendoza, que con su afán constructivo llegaron a crear lo que ha pasado a los libros de arte como "estilo alcarreño".

El patio guarda el espíritu de su tiempo. Es preciso señalar que el escudo de Carlos V que preside la planta baja procede de la demolida "puerta del Mercado", que hasta el siglo XIX se encontraba en la confluencia de la calle Mayor con la plaza de Santo Domingo.

Volvamos sobre nuestros pasos y caminemos, después de echar una ojeada a algunos edificios reseñables del siglo XIX alcarreño-"Hotel España" y Correos, por ejemplo­hacia la Concatedral de Santa María.

Santa María

Caminando por la calle del Ingeniero Mariño llegaremos en pocos minutos ante lo que durante la época árabe de la ciudad fue mezquita mayor. Tres imponentes puertas de acceso con arco de herradura nos hablan de ese pasado, importando poco para ello la discusión de los expertos que las consideran obra mudéjar del siglo XIII. De lo que no hay duda es que la torre que hoy vemos es el antiguo alminar, aunque las arquerías almohades que lo adornaban se perdieran en una mala restauración acometida en el siglo XIX. En su interior es muy interesante la escalera, ya que está construida en fábrica de ladrillo sin formar bóveda.

El artesonado mudéjar de la nave, tapado por una escayola, espera la mano que lo deje al descubierto.

Torreón del Alamín

Muy próximo al templo se levanta uno de los escasos restos de la antigua muralla. Tanto por su valor histórico como por su persistencia, bien se ha ganado su próxima rehabilitación para usos culturales esa torre, que protegía el acceso a la ciudad a través del conocido como «puente de las Infantas». De vuelta, podemos echar un vistazo a la portada de la antigua casa solariega de los Guzmán, demolida en fecha reciente para levantar sobre el solar una residencia de estudiantes, conservando tan sólo la portada en piedra.

Capilla de Luis de Lucena

Una auténtica sorpresa por su planteamiento y ejecución supone la capilla de Luis de Lucena, agazapada en la empinada cuesta de San Miguel. Toma el nombre del médico alcarreño que la mandara construir a mediados del siglo XVI. Es difícil conseguir mayor equilibrio en tan poco espacio conjugando sólo el ladrillo. En su ejecución resplandecen aún las influencias mudéjares y en su interior están sometidos a una compleja recuperación unos relevantes frescos del relevante pintor italiano Rómulo Cincinato.

San Gil y sus aledaños

Así volvemos hacia el centro de la ciudad. Coronando la Cuesta de San Miguel observamos la estilizada silueta del que fuera palacio de la Duquesa del Sevillano, hoy Colegio de los H.H. Maristas, obra destacada del gran arquitecto Velázquez Bosco. A su lado, la casa-palacio de la Diputación Provincial. Si doblamos hacia la derecha, cruzaremos la plaza de San Esteban, en uno de cuyos laterales se ha mantenido el espíritu de las casas solariegas de la ciudad, en este caso reconvertida con acierto para Delegación de la Junta de Comunidades. Atravesando la medieval calle Bardales, desembocaremos en la plaza del Concejo. El ábside de la antigua iglesia mudéjar de San Gil nos recuerda que allí se celebraron durante siglos los concejos de la ciudad.

Ayuntamiento

El edilicio de las Casas Consistoriales preside una Plaza Mayor que ha conservado su antigua traza asoportatada, aun a pesar de las inevitables renovaciones en sus inmuebles. La fachada consistorial es obra de finales del siglo XIX. En el vestíbulo pueden observarse algunas piezas sorprendentes, como varios escudos nobiliarios o la maquinaria recuperada de un centenario reloj de torre.

Casa de Dávalos

A la espera de su conversión en Biblioteca Pública, el Palacio de Dávalos sigue mostrándonos los dos caballeros enfrentados en lo alto de su portada, combatiendo no se sabe si al paso del tiempo. Columnas y artesonados del interior escapan por ahora a la curiosidad del público.

Santuario de la Virgen de la Antigua


A escasos metros reaparece de nuevo el mudéjar, aunque sea en la forma de un humilde ábside. Es parte del santuario donde se venera la imagen de la Virgen de la Antigua, Patrona de la ciudad.

San Nicolás

Fue capilla de un colegio de jesuitas en el siglo XVII... y se nota. La fachada está presidida por la Santísima Trinidad, un motivo que se repite con todo esplendor en el altar mayor. El conjunto es fiel al estilo la contrarreforma en todos sus detalles. Singular es el sepulcro de don Rodrigo de Campuzano -en una capilla, a la derecha del templo­ puesto que guarda muchas concomitancias con el celebérrimo Doncel de Sigüenza.

Iglesia del Carmen

Ya que estamos en el corazón de Guadalajara -más exactamente, en la plaza del Jardinillo- haremos bien si nos acercamos hasta la pequeña iglesia del Carmen, que cierra con su serena fachada una pequeña placita. Quizá lo más singular de este edificio religioso esté en su vinculación a Sor Patrocinio, también conocida como la «Monja de las Llagas», que vino a morir a este convento tras sus peripecias como confidente de Isabel II.

San Ginés

Por el tramo más bullicioso de la calle Mayor llegamos hasta la plaza de Santo Domingo. En la Edad Media era una extensión fuera de las murallas, lugar de celebración durante siglos del mercado de los martes, que aún se celebra, aunque en otra ubicación. Hoy, fruto de la expansión de la ciudad, se ha convertido en su auténtico punto neurálgico.

Presidiendo la plaza nos encontramos una iglesia singular. Edificio de grandes pretensiones, la obra quedó inacabada y presenta desde el siglo XVI la sorprendente traza que aún hoy nos admira. Dentro, los restos de cuatro espléndidos mausoleos de la familia Mendoza que fueron mutilados en la última guerra civil.

Parque de la Concordia

Como no todo ha de ser piedra y arte, una agradable manera de seguir nuestro itinerario será atravesar el Parque de la Concordia. Bajo este bello nombre se dio nuevo uso a mediados del siglo XIX a lo que tradicionalmente habían sido eras de pan trillar y que rápidamente se convirtió en lugar para el esparcimiento de todos los guadalajareños.
Si salimos del parque hacia la remodelada plaza de Bejanque observaremos en uno de sus extremos el arco de una de las antiguas puertas de la muralla.

Fuerte de San Francisco

Desconocido para la mayor parte de los guadalajareños, este recinto ha sido recuperado para la ciudad el 1 de enero del 2000. Su origen está en el convento franciscano erigido en el siglo XIV. Fruto de los desvelos de varios miembros de la familia Mendoza -especialmente el Marqués de Santillana y el Cardenal Mendoza, que remató las obras­ la imponente iglesia se mantiene tan sólida e inmensa como entonces (la nave tiene una longitud de 54 metros y casi 20 de altura), pero huérfana de las riquezas que aquí atesoraron sus promotores. Si acaso, algo podemos imaginar ante el gran panteón que aquí mismo mandaron construir, tan parecido al del Escorial que casi cabe considerarlo un acto de soberbia por parte de la que fue considerada siempre la familia noble más importante de su tiempo. Durante la "francesada"  los soldados de Napoleón hicieron añicos las urnas, desparramaron las osamentas por el suelo y robaron cuantas joyas pudieron. Como parte de las primeras iniciativas de recuperación de este recinto, se puede visitar una singular exposición permanente de maquinaria industrial de finales del siglo XIX.

Parque de San Roque


Ascendiendo por la calle del Arrabal del Agua llegamos al magnífico parque de San Roque, donde podremos encontrar descanso para nuestro y  largo itinerario. Y bueno será recuperar fuerzas, porque nos encontramos casi a las puertas del segundo monumento más conocido de la ciudad, a pesar de contar con apenas un siglo de existencia.

Panteón de la Duquesa de Sevillano


Es la obra cumbre de Velázquez Bosco en Guadalajara, que recibió el encargo de concebir con él lugar para el reposo eterno de la Duquesa de Sevillano. Y así se hizo, sin reparar en gastos. En un estilo a medio camino entre el románico y el bizantino al gusto decimonónico, la colosal cúpula está recubierta de loza vidriada, que le confiere su característico aspecto. El interior merece una visita detallada, tanto por la riqueza de los materiales empleados como por la atrevida bóveda plana con que fue cubierta la cripta que da cabida al bello mausoleo de la duquesa.

Tanto o más impactante desde el punto de vista arquitectónico es el conjunto de edificios costeados por la finada en las proximidades del panteón, habilitados para colegio de religiosas Adoratrices. Muy interesante es la visita a la iglesia, cuyo interior de exuberante decoración hace de este templo el lugar prioritariamente elegido por los guadalajarareños para contraer matrimonio.

Excursiones por los alrededores


Una vez en Guadalajara, el viajero puede recorrer en un radio de unos 25 kilómetros entornos paisajísticos y localidades de gran interés cultural que le permitirán conocer nuevos ambientes y rincones singulares de una parte de esta provincia. Una de las salidas nos acercará a la Alcarria, en el trazado de la carretera N-320. Primero, camino de Horche, nos encontraremos con el Poblado de Villaflores: una finca de labranza del siglo XIX, singular ejemplo de arquitectura civil, obra de Velázquez Bosco, en cuyos alrededores se dispone de barbacoas, columpios y zona de merendero. Desde aquí estamos a un paso de Lupiana, donde descubrimos el monumental Monasterio Jerónimo de San Bartolomé, en el que destaca su claustro. A pesar de ser propiedad privada se puede visitar los lunes. De ahí nuestro destino será la villa de Horche, donde nos recibirá su Plaza mayor soportalada, al tiempo que callejeando descubriremos la iglesia de la Asunción, la ermita de la Soledad o el lavadero.

Otro lugar de interés, a unos 18 kilómetros de la capital nos lleva, siguiendo la N-II con destino Zaragoza, a la villa alcarreña de Torija. Su castillo medieval y su plaza mayor, de estilo castellano, son sus señas de identidad. Además, en la Torre del Homenaje, se puede visitar el museo del libro "Viaje a La Alcarria", de Camino José Cela.

En este radio que nos marcamos de unos 25 kilómetros también merece la pena acercarse hasta Yunquera para reconocer el palacio de los Mendoza y el entorno de la ermita de la virgen de la Granja. Además, siguiendo las huellas del Arcipreste de Hita, camino de Jadraque (carretera CM-1003), encontramos en Torre del Burgo el Monasterio de  Sopetrán. Unos kilómetros después llegamos a Hita, distinguida villa medieval que recobra el sabor de aquella época hacia mediados de julio durante el Festival Medieval.

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