Dublín, lugares que no te puedes perder durante tus vacaciones
Irlanda
Dejando claro que Dublín es una localidad armoniosa y mural, tan bien es cierto que se agradece la visita de algunos iconos de la ciudad que en ningún caso estarían de más visitar.
Els Blaus de Roses

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Pero no nos engañemos, querido lector. Usted, y todo el mundo, cuando entra a leer un reportaje sobre Dublín querrá información concreta sobre qué ver exactamente en la ciudad. Dejando claro lo anteriormente expuesto sobre Dublín como una localidad armoniosa y mural, tan bien es cierto que se agradece la visita de algunos iconos de la ciudad que en ningún caso estarían de más visitar. Eso sí, nos resistimos a dividir en dos, tres o cuatro jornadas la visita a los hitos que narramos a continuación. El visitante es el que debe hacer la división, siempre en función de sus ganas y su ritmo.

Lo primero que vemos cuando nos enfrentamos a un plano de la capital de Irlanda es que está dividida horizontalmente por el río Liffey, que marca la división entre la parte norte y la parte sur de la ciudad, unidas por los 23 puentes que lo cruzan en sus 125 kilómetros, 17 de ellos dentro de los límites de la propia ciudad. Dublín vive y bebe de este río, que nace en las agrestes y purísimos manantiales del condado de Wicklow. Hasta le cerveza Guinness se elabora con el agua proveniente de estos manantiales que abastecen a la ciudad.

En la parte norte está lo que se podría considera “el ensanche” de la ciudad. Las Avenidas son rectilíneas y más amplias, destacando la calle principal, la archiconocida O´Connell Street, que arranca desde el puente principal, el O´Connell Bridge, con una grandiosa estatua, lógicamente del propio Daniel O´Connell y sigue hacia el norte. El nombre de esta calle, del monumento y del puente lo recibe por un famoso patriota conocido por su movimiento pacífico de resistencia a las autoridades británicas. Su popularidad es tal que hay muchas calles O´Connell por toda la república. La calle, que no tiene nada de particular, es sin embargo la más grandiosa de Dublín y destaca por sus edificios de época y por dos hitos: uno de ellos se yergue en mitad de la avenida:  es el recientemente construido Monumento de la luz (aunque todo el mundo lo conoce como, simplemente, the Spire , la aguja), que no es sino un gigantesco pincho de más de 120 metros de longitud hecho de acero inoxidable y que se halla donde antiguamente se hallaba otra columna, esta más clásica y construida a principios del siglo XIX, “el Pilar de Nelson”,  destruido por el IRA en los años sesenta del siglo pasado por ser considerada un símbolo de la opresión británica.

El otro hito es la Oficina de Correos, justo enfrente de la Aguja. También de principios del XIX, es un edificio de estilo neoclásico, georgiano, sin ninguna particularidad estética aparente. No se recomienda la visita del interior, pero la Oficina es un punto neurálgico en la historia de Irlanda porque el germen de la actual república irlandesa nació en este punto concreto, donde tan solo una modesta placa en uno de sus escaparates lo advierte al turista no avezado. En esta oficina de produjo el “levantamiento de Pascua” de 1916, donde un grupo de utópicos irlandeses pusieron en jaque a las autoridades británicas durante unas horas. Fueron barridos y la oficina destruida, pero ya nada sería lo mismo, y en el trascurso de poco más de un lustro, los británicos comenzarían una retirada de la isla que aún, por cierto, no han completado.

Arquitectura industrial en la fabrica de Guinness
Poco más hay que visitar en esta zona, como no sea las calles peatonales tras la Oficina de Correos, que tienen varios centros comerciales, que nos pueden venir bastante bien en caso de alguna necesidad de compra. Volviendo al comienzo de la calle, al bonito puente O´Connell, lo cruzaremos para dirigirnos a la parte sur, al autentico corazón de la ciudad. Como curiosidad, decir que justo pasando este emblemático puente,  a mano derecha, encontraremos la mayor y mejor de las imprescindibles tiendas Carroll´s, auténticos palacios del souvenir, indispensable para el turista que quiera llevar a casa cualquier recuerdo típicamente irlandés, pues lo tienen todos,  absolutamente todos, incluidas todo tipo de prendas deportivas oficiales o el exclusivo merchandising de Guinness.

Siguiendo hacia el sur, a unos 5  minutos, justo delante de las antiguas casas del Parlamento Irlandés, hoy Banco de Irlanda, nos encontramos a uno de los mayores monumentos de Irlanda, la famosa Universidad de Dublín, más conocido por el famoso nombre de Trinity College. Merece la pena un paseo por una parte de los casi 200.000 metros cuadrados de sus instalaciones, especialmente los jardines, donde, si se va entre semana, se puede respirar un maravilloso ambiente estudiantil que poco o nada tiene que envidiar al de los colleges de Oxford o Cambridge. Este monumento nacional representa la lo máximo de la cultura irlandesa, aunque igualmente es el símbolo de la cultura “oficialista” y de la discriminación que sufrió la mayoría católica por parte de la élite cultural minoritaria protestante. Resulta chocante saber que hasta hace muy pocas décadas, de hecho, hasta bien entrados los años sesenta del siglo XX, los católicos no podían estudiar en sus aulas.

Pero probablemente lo más sobresaliente del Trinity sea su Biblioteca Antigua. Tiene la mayor colección de manuscritos y libros impresos de Irlanda y, como desde 1801 recibe un ejemplar de todas las obras publicadas en Irlanda y Gran Bretaña, actualmente posee casi tres millones de libros repartidos en ocho edificios. De estos edificios, el de la Antigua Biblioteca es el más antiguo de los que se conservan. La sala principal, conocida como "Long Room", contiene más de 200.000 de los libros más antiguos de la biblioteca. Y es espectacular. Su diseño y aspecto antiguo nos recordará  a varias películas que se han rodado aquí. En ella se puede encontrar una vitrina en la que se expone el arpa más antigua que se conserva de Irlanda, realizada en roble y sauce con cuerdas de bronce. Pero sin duda la joya de la Biblioteca, cuando no de todo el Trinity College, es el Libro de Kells, la pieza central de la magnífica exposición permanente. Se trata de un antiguo libro (más antiguo que la propia ciudad de Dublin) que contiene un texto en latín de los cuatro evangelios escritos con la típica caligrafía medieval miniada, muy ornamentada y realizada con pigmentos de colores.

Horario de la exhibición The Book of Kells: De 9.30 a 16.30 los 7 días de la semana

Precio: 9 euros

Saliendo por la misma entrada  por la que ingresamos en el Trinity, hacia la izquierda, nos encontramos con la emblemática calle Grafton, en su tramo no peatonal. Caminando unos instantes por ella, siempre en dirección sur, nos hallaremos con otro icono: la estatua de Molly Malone. La pobre chica de extraordinaria belleza que la leyenda cuenta que vendía pescado por las calles de día, y debido a la miseria de la época, se veía obligada a prostituirse de noche, y que moriría enferma de hambre y frío, sola en mitad de la gélida noche dublinesa. La leyenda salió de la canción del mismo nombre que hoy en día se considera el himno no oficial de Dublín y que es una de las tonadas irlandesas más conocidas en Estados Unidos y todas las Islas Británicas. Cuando se haga la foto con “la prostituta del carro”, como humorísticamente se le conoce a la estatua, no deje de posar con una mano en su pecho, como manda la leyenda.

Cruzando la calle está el tramo peatonal de Grafton Street, con su pavimento rojo. Un hervidero de músicos y cantantes callejeros, de excelentes pubs, de pequeños templos en sus vías perpendiculares  y de tiendas de todo tipo, desde modernos grandes almacenes de música como HMV hasta pequeños puestos de comida rápida.

Pasear por Grafton Street y recrearse no solo en la calle en sí, sino en todo el entorno es muy recomendable.  En estas calles, como Wicklow, St. Anna, Johnston´s o Chattham, se puede pulsar la vida de Dublín de forma bastante notable, amén de poder ver un par de iglesias que, en caso de ser un amante del arte eclesiástico, pueden verse tentados de visitar: Santa Ana y Santa Teresa.

Situado al final de esta calle está el centro comercial de St. Stephen´s Green. Un precioso centro comercial con una arquitectura peculiar que se sale de lo habitual. Y una vez acabada la calle, justo enfrente esta el parque que da nombre al centro comercial: los jardines de St. Stephen´s Green. Uno de los bonitos parques de la ciudad. Éste, coqueto y muy bien cuidado, fue comprado y rediseñado por Sir Arthur Guinness para que toda la ciudad pudiera disfrutarlo. Durante el levantamiento de Pascua de 1616, un grupo de republicanos se atrincheró en el parque, totalmente rodeados por tropas británicas. Se cuenta que durante los cruentos enfrentamientos, ambos bandos paraban las hostilidades momentáneamente para que el guarda del parque diera de comer a los patos del lago.
Este se puede decir que puede ser un paseo básico por el centro de Dublín. Pero, lógicamente, aún hay mucho que ver. Apenas abandonando la zona “cero” de Dublín, podemos dirigirnos hacia el este, para disfrutar de la zona de los museos. Hay que decir de antemano que ninguno de ellos nos va a impresionar. No es una visita obligada ni es algo que  vayamos a recordar vivamente, pero es una alternativa, son gratis y no están nada lejos.

Hay 9 museos públicos dignos de ser llamadas como tal en Dublín: La galería Hugh Lane, el Museo de Arte Moderno, La Biblioteca Chester Beatty,  El Museo de Artes Decorativas, El Museo de Cera, El Museo Nacional Leprechaun, El Museo de Historia Natural, El Museo Nacional de Arqueología y la Galería Nacional. De estos, tan solo podemos recomendar, y en ello influye mucho su carácter gratuito y su cercanía a St. Stephen´s Green, los tres últimos.

En uno de los vértices de St. Stephen´s Green, subiendo por Merrion Street esta vez en dirección norte hasta el bonito parque del mismo nombre, nos encontraremos con el primero de estos tres museos vecinos: el Museo de Historia Nacional. Son tan solo unas salas llenas de esqueletos y animales disecados, poco o muy poco recomendable si usted es un individuo sensible y/o concienciado con la fauna. Los propios dublineses le llaman “el zoo muerto”. Si, además, ya ha visitado otros museos de Historia Natural, como el de Londres o Nueva York, la sensación de decepción puede ser irritante.

Un poco más allá, girando hacia Claire Street, está la Galería Nacional. Tampoco esperen gran cosa de la Galería Nacional, pero al menos ningún artista tuvo que ser matado y disecado para poder hacer la exposición, al menos, que nosotros sepamos. Se trata de una exposición en dos plantas con ciertas obras que merecen la pena y destacan sobre el conjunto más bien flojo. Sobre todo si, como decíamos del Museo de Historia Natural, ya han estado en otras galerías nacionales. A destacar algunas pinturas de maestros españoles, como Picasso, Velázquez o Goya.

El tercer museo, también cerquísima, esta vez bajando por la señorial y Georgiana Kildare Street regresando hacia St. Stephen´s Green,  es el Museo Nacional de Arqueología. Cualquier analogía con otros museos del mundo de este tipo, como el British Museum, los Museso Vaticanos o el Metropolitan, mueve a la risa, cuando no al llanto. Pero este museo sí llega a despertar cierta curiosidad, como decimos, siempre que sepan qué están visitando exactamente. Algunas salas, especialmente la sala de las invasiones vikingas, resultan interesantes, y la de los sacrificios rituales, nada más entrar a la entrada a mano izquierda, que trata sobre los asesinatos ceremoniales de miembros de altas familias irlandesas unos pocos años antes Cristo, y que exhiben algunas momias excelentemente conservadas durante milenios en las ciénagas por todo el país, pueden resultar incluso conmovedoras, como suele suceder siempre que uno ve cara a cara el rostro de los que cruzaron al más allá. Eso sí, hay algo que hay que decir de este Museo: el caos es total, no habiendo una organización ni temática ni cronológica, por lo que es casi imposible seguir el hilo de las exposiciones.

Horarios: De 10 de la mañana a 5 de la tarde (a las 4.30 ya invitan a ir saliendo)

Precio de los museos: Gratuitos

Después de estas visitas, si usted no está pidiendo una (otra) Guinness es que usted no es humano, especialmente si han hecho todo el recorrido en un solo día. Como siempre, hay decenas de pubs muy cerca, con muy buena comida y aún mejor bebida. Y hablando de ello, hemos dejado para el final quizás la visita estrella de Dublín: la fábrica de Cervezas Guinness, donde verán una impresionante exhibición sobre la fabricación de la misma..

La mejor forma de ir a la Guinness Storehouse, la fábrica de cerveza levantada por Arthur Guinness en 1759 (advertimos que está algo retirada del centro, con lo que esta visita es incompatible hacerla el mismo día que el recorrido anterior) es caminar plácidamente por la margen sur del río en un paseo bonito y agradable. Desde el puente O´Connell hay una distancia de media horita, cinco puentes, hasta que se llega a Waitling Street, allí, se gira hacia el sur, y se desemboca en una avenida grande: la St. James Street. Siguiéndola un poco, y tras torcer en el estrecho callejón de Echlin Street, observamos que la arquitectura cambia y los edificios se truecan en unas imponentes naves industriales típicas del siglo XVIII y XIX, como salidas de un cuento de Dickens. Al final de la misma, desembocamos por fin en la célebre St. James´s Gate: la espectacular fábrica de cerveza, símbolo de Irlanda, durante mucho tiempo lugar de trabajo mayoritario de los habitantes de la ciudad y actualmente icono de una forma de pensar, de sentir y de beber.   

Mucho, muchísimo hay que ver en la fábrica de cerveza, y muchas sorpresas que harán las delicias de propios y extraños, en especial de aquellos que amen la cerveza negra irlandesa, la afamada Irish Stout, así que no es nuestra intención desentrañarla aquí. Tan sólo les diremos que el precio puede ser ligeramente elevado, pero que se debe pagar gustoso porque al final del recorrido, en el popular Gravity Bar de la última planta de la exposición, obtendrá dos cosas impagables: la mejor vista de Dublín y la que tiene fama de ser la pinta de cerveza Guinness más rica y mejor tirada del mundo, pues está recién fabricada y las camareras que la sirven son especialistas en ello.

A la vuelta de la exposición hacia el centro, y caminando de nuevo por la amplia avenida St. James, ésta cambia de pronto de nombre para llamarse St. Thomas. Al final de esta vía se encuentra la iglesia de Christ Church, absolutamente prescindible, y justo enfrente se halla Dublinia. Es una original e interactiva exposición sobre la historia de la ciudad, especialmente en su época vikinga y medieval. Sin ser espectacular y desde luego nada imprescindible, es recomendable, en especial si no se ha realizado la visita al Museo Arqueológico Nacional.

Horario (verano) de 10.00 a 17.00

Precio: 7.50€

Saliendo de Dublinia, se gira a mano derecha por St. Nicholas, que a su vez cambia de nombre para llamarse St. Patrick Street . Como pueden imaginar, nos dirigimos a la obra cumbre de la arquitectura eclesiástica en Dublín: la catedral de San Patricio, la iglesia más grande de Dublín. Es un símbolo importante de la ciudad y del país. Sin embargo, dada la historia de masiva presencia británica en la capital, como ya contábamos, no es raro descubrir que en realidad St. Patrick, catedral de la capital de la muy católica Irlanda, es protestante, como símbolo del poder eclesiástico británico durante tantos siglos de ocupación. Lo curioso es que el St. Patrick de Nueva York, fundado por los emigrantes irlandeses en aquel país de mayoría protestante, sea el símbolo católico de Estados Unidos, mientras que el de Dublín no lo es.

Una vez más, no se puede esperar una enorme catedral o una joya arquitectónica, porque St. Patrick no lo es. Sin embargo, y  a pesar del precio, la visita es bastante recomendable, una vez más, por el simbolismo que tiene para Dublín y los irlandeses.

Horario (verano) De lunes a viernes: de 9:00 a 17:30 horas.
Sábado: de 9:00 a 18:30 horas.
Domingo: de 9:00 a 11:00, de 12:30 a 15:00 y de 16:30 a 18:30 horas.

Precio: 5.50€

San Patricio es la única iglesia que realmente podríamos llegar a recomendar, como hemos dicho, más por lo que significa que por la espectacularidad que se esperaría de una catedral. Sin embargo, hay otro templo que les va a sorprender. Se halla en la parte Norte del río (durante muchos siglos, fue el único templo al norte del Liffey) y es una de las más antiguas de Dublín.  Se llama St Michan y está en Church Street, a tan solo a tres puentes al oeste del puente de O´Connell, y no es famosa por su arquitectura, sino por su cripta. En ella, un guía les acompañará y les contará algunas historias reales, algo macabras, sobre los féretros abiertos que allí se pueden encontrar, algunos cuyos inquilinos son bastante famosos, como los cuatro hermanos Sheares, dos de los cuales, patriotas irlandeses que se rebelaron, fueron torturados y ejecutados por las tropas británicas por traición, el procedimiento acostumbrado para aquel que se rebelaba.

Horario: De lunes a viernes: de 10:00 a 12:45 y de 14:00 a 16:45 horas.
Sábados: de 10:00 a 12:45 horas.

Precio: (la iglesia, gratis) 3.5 euros (la cripta)

Es complicado cerrar el capítulo de lo imprescindible sin al menos nombrar algunos hitos de la ciudad que también reciben miles de visitantes al año, aunque para nosotros no alcance ese status de imprescindible.

Podríamos destacar el Castillo de Dublín (Dublin Castle), en la parte sur y muy cerca del río. Fue construido por los Vikingos  poco después de la fundación de la ciudad y, desde siempre, ha sido la representación del poder de la Corona en toda Irlanda. Desde el siglo XVII, en que un incendio lo dejó maltrecho, hubo de ser totalmente reconstruido y perdió la apariencia externa de Castillo, cosa que le resta muchísimo interés como atracción turística. Desaparecida su función represora de la población desde la Independencia de Irlanda, se ha quedado como un lugar donde los máximos dirigentes del país realizan las recepciones a los mandatarios extranjeros. Las estancias reales, usadas por todos los reyes de Inglaterra en sus visitas al país vecino, quizás sea lo único rescatable de la visita al Castillo.

Horario: de 10 a 16.45

Precio: 4.5 €

KIlmainham Gaol
(la cárcel de KIlmainham), es otro lugar testigo de la violencia de la historia irlandesa. Está situado algo retirado del centro, aproximadamente a la misma altura que la Guinness Storehouse, pero en la margen superior del río. Es un sitio con unas historias terribles, impresionantes nos atreveríamos a decir. Es hoy en día un símbolo en la cultura irlandesa, en la que el visitante se da de bruces con la tremenda historia de los reos confinados miserablemente allí, en unas condiciones infrahumanas, con el triste agravante que la mayoría de los que allí fueron ejecutados lo hicieron por creer o luchar en la independencia irlandesa del dominio británico. También aprenderemos en la visita cómo otra gran parte de los reclusos fueron gente corriente que, con la devastadora hambruna de 1848, al no poder emigrar, tuvieron que dedicarse a robar para poder subsistir ellos y sus familias, pero la justicia también fue implacable con ellos.

Horario: de 9.30 a 16.30 (domingo, de 10.00 a 17.00)

Precio: 6 euros
The Old Jameson Destillery. La antigua destilería de whiskey Jameson se halla prácticamente enfrente de la Iglesia de St. Michen, al norte del río Liffey. Es una visita imperdible para los amantes del whiskey, no tanto para aquellos que no disfruten especialmente con el “Agua de vida”, inventado por los celtas escoceses e irlandeses a finales de la edad media. La exposición y explicaciones pueden ser curiosas, como decimos, especialmente para los amantes del whiskey irlandés, y también se puede disfrutar de una degustación. La entrada, sin embargo, es algo cara para lo que allí se ve.

Horario: Todos los días, de 9.00 a 18.00

Precio: 13 €

Y por la noche…

Una reciente encuesta situaba a Dublín como la ciudad con mejor ambiente nocturno de Europa, por encima de ciudades como Madrid, Londres o Amsterdam. Eso es cierto. Además, y al contrario de lo que pasa en otras ciudades, en Dublín puedes salir cualquier día de la semana, que la diversión está garantizada. Esto puede ser debido a que pocas ciudades en el continente tienen tan localizada e identificada la zona de disfrute nocturno como Dublín y su espectacular Temple Bar. La zona se halla en un rectángulo que se delimita desde la calle Westmoreland (justo pasado el puente O´Connell, una vez más) hacia el oeste, siempre con el río como límite norte.

La primera consideración que hay que hacer es que Temple Bar son dos cosas: al zona de marcha dublinesa, con sus pubs llenos de gente y de la mejor música en directo de la ciudad; y el nombre de uno de los centenares de pubs que allí nos encontraremos, uno de los mejores, más espectaculares y de mejor música, de idéntico nombre al barrio, cosa que hace que muchos turistas se confundan entre el pub y la zona.

La zona de Temple Bar es maravillosa para visitar a cualquier hora del día, pero hemos de confesar que nuestra hora favorita es tras anochecer, cuando los pubs, muchos de ellos engalanados espectacularmente, se llenan de luces en el exterior, y el turista con ganas de pasárselo bien de forma sana, divertida, de beber unas pintas y escuchar buena música irlandesa (“trad music”, se dice aquí), solo puede dirigirse hacia ellos como polillas hacia la luz de una bombilla.  

La mayoría de las guías recomiendan unos veinte o treinta pubs de la zona, pero nosotros podríamos ampliar el número hasta casi la totalidad de ellos, pues los locales que se montan en Temple Bar deben pasar unos requisitos de calidad bastante exigentes. Como el propio Temple Bar; el espectacular Oliver St. John Gogarty, el Karma, con música más contemporánea; el Storehouse con su cálido ambiente...Todos ellos, además, te dan un ambiente ligeramente distinto al del anterior, casi siempre relacionado con la música que allí se interpreta y la ambientación con que está decorado. Desde los más folks, hasta los ligeramente más rockeros; desde los más jazz, hasta los más celtas. En todos ellos encontrará excelentes variedades de cerveza  y en la mayoría de ellos, muy buena comida.

También es posible visitar algunas discotecas (“clubs”, los llaman allí) en la misma zona, pero quien lo haga no crea que va a prolongar mucho la noche, puesto que el horario de cierre de muchos pubs es las 2 de la mañana, siendo el de las discotecas las 3.

No podríamos cerrar el capítulo nocturno sin nombrar un local fuera de Temple Bar. Un sitio estupendo cuyo ambiente y parroquia va variando con forme va avanzando el día. Desde terraza cuando el tiempo lo permite, restaurante, cafetería, pub y discoteca. Es “The Church” y está en una paralela a O´Connell Street, en la zona norte y justo enfrente de la zona de Temple Bar, pero al otro lado del río.  Se trata de una antigua iglesia (llegó a tener bastante importancia) construida en el siglo XVIII y entre cuyos feligreses estarían notables soldados para la corona británica, fervientes patriotas muertos por sus ideales, famosísimos escritores (como Johnathan Swift, autor de los “Viajes de Gulliver”) o el propio Arthur Guinness, que se casó allí dos años después de fundar su fábrica de cerveza. A excepción de los desaparecidos bancos, la bonita iglesia está absolutamente igual a cuando servía como templo de la protestante “Iglesia de Irlanda”, y aún conserva el órgano, las lápidas en los muros que píos feligreses mandaron erigir, o unos pocos enterramientos que no han sido trasladados a suelo santo, destacando el de Lord Norbury, el “juez ahorcador”, martillo pilón de los irlandeses más alejados del poder, que mandaba ejecutar con tal frecuencia e iniquidad que tuvo que ser amonestado por las autoridades.

Información práctica
La moneda es el euro
El huso horario es una hora menos que en la península
La temperatura en verano ronda los 20 grados, con bajadas de temperatura por la noche hasta los 12 o 10 grados, y las lluvias son frecuentes
El aeropuerto de Dublín está bien comunicado por medio de autobuses, aunque hay servicios privados de recogida de pasajeros fácilmente contratables en Internet y bastante asequibles, en especial si viajan 4 personas.

Fotos y Texto Antonio Pérez Gómez 


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Comentarios:
pepe pons 18-06-2012
Maravillosos artículos.
Enhorabuena al redactor, estoy de acuedo en todo!!
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