Donostia - San Sebastian, la perla del oceano
Pais Vasco, Euskadi
Pocas ciudades cargan con tantos tópicos como Donostia-San Sebastián, que ha recibido diferentes apelativos con el ánimo de subrayar sus atractivos. La Bella Easo, la Perla del Océano, el Marco Incomparable.., son algunas de esas expresiones.
Els Blaus de Roses

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Pocas ciudades cargan con tantos tópicos como Donostia-San Sebastián, que ha recibido apelativos generalmente cursis con el ánimo de subrayar sus atractivos. La Bella Easo, la Perla del Océano, el Marco Incomparable.., son expresiones que pueden parecer excesivas, pero es de justicia reconocer que muchos de estos elogios son merecidos y justifican la atracción que desde el pasado siglo ha ejercido la ciudad.
Asentada sobre la inconfundible bahía con forma de concha y en las dos márgenes de la desembocadura del río Urumea, Donostia-San Sebastián ha ido creciendo a lo largo del valle del Urumea y sobre las colinas que rodean al centro de la ciudad. Con poco más de 180.000 habitantes, es una ciudad de larga tradición turística, capital de Gipuzkoa y centro de una comarca de carácter fundamentalmente industrial, que duplica este número de habitantes y concentra la mitad de la población del territorio.

El Peine del Viento, obra de Eduardo Chillida, y Peña Ganchegu
La ciudad que hoy deslumbra al visitante es una creación relativamente nueva. La original constaba de dos pequeños núcleos de población: un puerto de pescadores en la falda del monte Urgull y un enclave agrícola en la zona que actualmente ocupa el barrio de El Antiguo. Entre ambos se extendían marismas y arenales prácticamente intransitables.
La pronta llegada de pobladores gascones, cuya influencia es evidente en la toponimia donostiarra, impulsó el comercio y la actividad portuaria. Dicen también que el carácter alegre y un tanto frívolo de los gascones se ha extendido entre sucesivas generaciones de donostiarras.
Desde el siglo XIII, doce incendios han destruido otras tantas veces la ciudad. El último y más dramático se produjo en 1813, cuando Donostia-San Sebastián, donde se habían refugiado parte de las tropas napoleónicas que se batían en retirada, fue asediada y posteriormente destruida por las tropas aliadas anglo-portuguesas y españolas. A lo largo del siglo XIX, Donostia­-San Sebastián se sumió en un declive que fue casualmente interrumpido por el médico de la reina Isabel II quien, para tratar la enfermedad cutánea que padecía la soberana le recomendó tomar baños de mar en el Cantábrico. Isabel II eligió Donostia-San Sebastián, y llegó a la ciudad en 1845, acompañada de toda su corte. Hasta 1868, fecha en la que tuvo que iniciar su definitivo exilio, Isabel II fue fiel a su cita veraniega con la ciudad, y extendió entre su Corte el hábito del veraneo donostiarra, que se mantendría durante muchas décadas.

En 1863 Isabel II accedió a una de las peticiones más reiteradas de los donostiarras, el derribo de las murallas que impedían la expansión de una ciudad que tenía demasiadas energías como para seguir ceñida al estrecho perímetro de la Parte Vieja. Al desaparecer éstas, la ciudad se extendió rápidamente sobre las marismas desecadas en las que se asienta en la actualidad. El centro de la actual ciudad es el resultado de aquellos ensanches decimonónicos, con calles de trazado regular, manzanas con amplios patios y edificios igualados en altura, sobrios pero de noble aspecto.
El corazón de la ciudad es la Parte Vieja, que corresponde a su inicial reducto amurallado situado entre el puerto, el río Urumea y el Monte Urgull. Esta zona peatonal que está siendo objeto de un ambicioso plan de rehabilitación es una sucesión de comercios, bares y restaurantes, un barrio bullicioso ideal para degustar los platos típicos de la gastronomía vasca, así como especialidades típicamente donostiarras, como la merluza a la koxkera, el txangurro a la donostiarra o la pantxineta, una tarta de hojaldre y crema.

Bahia de la Concha
En la Parte Vieja se encuentran tres edificios de gran interés, situados en la única calle que permaneció en pie tras el incendio de 1813, la calle 31 de Agosto. En uno de los extremos de esta calle se encuentra la iglesia San Vicente, el edificio más antiguo de la ciudad, una sólida construcción gótica del siglo XVI que sin duda compatibilizó sus funciones religiosas con las defensivas. En las proximidades de San Vicente se encuentra el actual Museo de San Telmo, antiguo convento de dominicos. Una de las fachadas de este edificio cierra la plaza de la Trinidad, sede de importantes pruebas de deporte rural y marco habitual de los conciertos del Festival Internacional de Jazz de Donostia-San Sebastián. Cierra la calle, en su extremo más próximo al puerto, la Basílica de Santa María del Coro, patrona de la ciudad, que terminó de construirse en 1764 y está dotada de una rica fachada barroca.

En plena Parte Vieja se encuentra también el mercado de La Bretxa, con su pescadería y su plaza cubierta donde cada día acuden los caseros o baserritarras a vender sus productos, o la recientemente remodelada Plaza de la Constitución.
La Parte Vieja se aproxima al mar en el puerto, en el que conviven las embarcaciones pesqueras con las de recreo. Las pequeñas casas de pescadores se extienden en una única hilera a los pies del monte Urgull y, en verano, el aroma de las sardinas que se asan en el puerto es irresistible. Paralelo al puerto discurre el Paseo de los Curas, un excelente mirador sobre la bahía. En el puerto se sitúan igualmente el Museo Oceanográfico y el Museo Naval.

Las playas son, junto con la Parte Vieja, los tradicionales focos de atracción turística de la ciudad. A La Concha y Ondarreta, situadas en pleno centro de la ciudad, se les ha unido en los últimos años la extensa playa de la Zurriola, Todas las playas donostiarras están excelentemente dotadas de servicios.
Pero la ciudad ofrece mucho más que la playa, el pintoresquismo de la Parte Vieja o las elegantes calles del centro. Gros, en la margen derecha del río Urumea, es un barrio de gran personalidad, n una intensa actividad comercial y hostelera.
El puerto
Su litoral se ha urbanizado con un amplio paseo que se extiende entre Sagüés, cuyas terrazas se convierten sobre todo en verano en una animada zona nocturna, y la playa de la Zurriola. Otro tanto puede decirse de los barrios de El Antiguo y Amara que, con excepción de su zona más antigua, es un barrio moderno y residencial, en el que se encuentran el Museo Diocesano de Arte Sacro y la zona deportiva de Anoeta.

LAS VISTAS Y LOS PASEOS

Donostia-San Sebastián cuenta con varios miradores naturales excepcionales que permiten disfrutar con toda comodidad de sus paisajes: los dos montes que flanquean la ciudad a Este y Oeste, Ulía e Igeldo, y el que se levanta entre la Parte Vieja y el mar, Urgull.

Ulía, que contó en su día con un parque de atracciones y un funicular, es hoy una gran zona verde a la que, además de en coche, se puede acceder a pie desde el barrio de Sagüés. Las vistas compensan el esfuerzo de recorrer a pie la senda que asciende por la ladera desde Sagüés. Por algo se instaló en su cumbre una torre de avistamiento de ballenas que todavía se conserva. UrgulI es una fortaleza natural que a lo largo de la historia se ha utilizado con fines militares y es en la actualidad un parque municipal.

El monte Igeldo es conocido por sus vistas y su parque de atracciones, pero es también el punto de partida para conocer el macizo costero de Mendizorrotz, que se extiende hasta la localidad de Oro. En Igeldo se encuentra el único camping de Donostia-San Sebastián y el barrio del mismo nombre es un pintoresco lugar de esparcimiento, con una fuerte identidad propia.

Pasear es una de las aficiones favoritas de los donostiarras, y es recomendable que los visitantes incluyan esta actividad entre sus hábitos, porque la ciudad se presta a ello. De hecho es posible recorrer de un extremo a otro la ciudad por un gran paseo marítimo de más de siete kilómetros.
Los dos tramos más clásicos de este recorrido son el Paseo Nuevo y el Paseo de la Concha. El primero, construido en 1919, recorre la base del monte UrguIl desde la desembocadura del Urumea hasta el puerto pesquero. El Paseo Nuevo es el lugar ideal para conocer la bravura del Cantábrico.

Hotel María Cristina y el Teatro Victoria Eugenia
El Paseo de la Concha comienza en los jardines de Alderdi-Eder, en las inmediaciones del Real Club Náutico - edificio racionalista de los años 30 - y el Ayuntamiento, antiguo casino reconvertido en Casa Consistorial, alguna de cuyas salas conserva todavía la espectacular decoración de la Belle Époque.
Los tamarindos y las mil veces reproducida barandilla son los rasgos más característicos de este paseo que bordea la playa de La Concha. Siguen en pie las edificaciones construidas a principios de siglo en plena playa, en la principal de las cuales se ha ubicado un complejo de ocio con cafeterías, discotecas, gimnasio, centro de talasoterapia, etc. Homenaje a Fleming, de Eduardo Chillida, preside uno de los amplios miradores del paseo, que se prolonga hacia el extremo de la bahía por los Jardines y el Paseo de Ondarreta, que tiene un final espectacular en el Peine del Viento, obra también de Eduardo Chillida en la que se siente como en ningún otro lugar la fuerza del mar y el viento.
En la confluencia de ambos paseos, sobre el Pico del Loro, se levanta el Palacio de Miramar, rodeado de hermosos jardines, que fue construido para acoger durante el verano a la Familia Real y en la actualidad acoge reuniones, congresos y los Cursos de Verano de la Universidad del País Vasco.
La orilla izquierda del Urumea es otro de los bonitos paseos de Donostia-San Sebastián. Desde el Parque del Centenario, en Amara, hasta la Parte Vieja, se puede recorrer un amplio paseo arbolado que en muchos de sus tramos conserva espléndidos edificios.

El centro de la ciudad, muchas de cuyas calles se están peatonalizando, conserva la estructura racional y cuadriculada de los ensanches decimonónicos y en alguna de sus zonas, como la llamada Área Romántica, se han mantenido muchos de los edificios originales. Las mejores tiendas de Donostia-San Sebastián, que siempre ha destacado por la calidad de su comercio, se encuentran en esta zona de la ciudad.
La Alameda del Boulevard, y la Avenida de la Libertad, delimitan una amplia zona del centro de la ciudad en cuyo corazón se encuentra la Plaza de Gipuzkoa, plaza porticada en uno de cuyos laterales se levanta el Palacio de la Diputación Foral, un proporcionado edificio neoclásico. Muy cerca de este coqueto parque urbano se abre al mar y al río la plaza de Okendo, flanqueada por dos edificios singulares, el Teatro Victoria Eugenia y el hotel María Cristina. El teatro, inaugurado en 1912, es la sede de los dos acontecimientos más importantes del rico calendario cultural donostiarra: la Quincena Musical y el Festival Internacional de Cine.


MUY INTERESANTE

HÍPICA

El Hipódromo Municipal de Donostia-San Sebastián se encuentra situado en el barrio de Zubieta, a unos kilómetros del centro de la ciudad, y se inauguró en 1916. No destaca por sus grandes dimensiones, pero acoge algunas de las pruebas más importantes del calendario hípico del Estado, como la Copa de Oro, que se celebra el 15 de Agosto. No es el único atractivo de la vega de Zubieta, un amplio valle de carácter rural en el que pueden darse agradables paseos.

PARQUE DE ATRACCIONES

La cumbre del monte Igeldo está ocupada por un parque de atracciones que conserva intactas algunas instalaciones de principios de siglo, como la Montaña Suiza, que aunque no pueda competir en altura y desnivel con las más modernas, propicia momentos de emoción cuando se desliza sobre el acantilado. Una alternativa muy cómoda para llegar a Igeldo es el también veterano Funicular, al que se accede desde las inmediaciones de la Playa de Ondarreta.

ISLA DE SANTA CLARA

Este pequeño islote situado en el centro de la bahía de La Concha, cuyas únicas edificaciones son un faro y un diminuto muelle, se convierte en verano en la cuarta playa de Donostia-San Sebastián, a pesar de ser rocoso y abrupto su perfil. Frecuentada por visitantes asiduos que le otorgan un ambiente familiar, está unida al puerto por medio de un servicio de embarcaciones que funciona sólo en verano.

IR "DE POTEO"

La Parte Vieja registra uno de los más altos índices de bares por metro cuadrado del mundo y es el lugar ideal para callejear, tomar unos txikitos o potes, unos zuritos (dosis similares de cerveza), o unos vasos de txakoli, alternando la bebida con los pintxos de todos los colores y sabores que no faltan en ninguna de las barras. Igualmente hay otros barrios como Gros y El Antiguo donde las "rutas de poteo" están bien definidas.

FIESTAS

La semana festiva del mes de agosto, la Semana Grande, es la más multitudinaria del denso calendario festivo donostiarra, pero las que tienen un sabor más típico son las jornadas de Santo Tomás, el 21 de Diciembre, y San Sebastián, el 20 de Enero. La primera, que se celebra fundamentalmente en la Parte Vieja, tiene su elemento más característico en la txistorra y típicas de la segunda son las "tamborradas".

AQUARIUM

El nuevo Aquarium, ampliado gracias al espacio subterráneo ganado al Monte Urgull, aúna el encanto de los primeros acuarios europeos de los años veinte, con unas de las mejores instalaciones acuarológicas del momento. Situado en un punto estratégico de la ciudad, dominando el puerto donostiarra y la bahía de La Concha, alberga una amplia muestra de la fauna y flora cantábrica y de otros mares. Entre sus instalaciones destaca el Oceanario, un gran acuario de cuarenta metros de longitud que se recorre por el interior de un túnel transparente. El tramo central de este túnel -único en Europa- tiene una sección de 360º, lo que permite al visitante sentirse completamente rodeado de agua y admirar grandes especies como tiburones, peces raya, etc.

PALACIO DE AIETE

Situado en una de las colinas que rodean el centro de la ciudad, el parque de Aiete rodea al palacio del mismo nombre, construido en 1878 por los Duques de Bailén. Es en la actualidad un edificio de propiedad municipal cuyos hermosos jardines están abiertos al público. La cuidada zona ajardinada que rodea el Palacio, presidida por un hermoso estanque, contrasta con otros rincones del parque, más agrestes y de rico arbolado.

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