Descubriendo la Roma clásica
Italia
Pisar Roma por primera vez es una experiencia que marca profundamente. La ciudad eterna, la la cabeza del mundo (“Roma, caput mundi”) durante siglos.
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Pisar Roma por primera vez es una experiencia que marca profundamente. La ciudad eterna, la cabeza del mundo ("Roma, caput mundi") durante siglos y el principio y final de todos los caminos durante más de 1000 años, se muestra ante nosotros brillante y generosa, espléndida en su magnificencia, la ciudad prodigiosa, cuna de nuestra civilización, de nuestra idiosincrasia y, junto con Grecia, de la cultura occidental.

La ciudad de Roma puede ofrecer al turista uno de los viajes más inolvidables, ya que es sin duda la ciudad con mayor y más rica Historia del mundo, así como la que posee mayor y más impresionantes muestras de arte antiguo, clásico, renacentista y barroco del planeta. De hecho, es la ciudad con la más alta concentración de bienes históricos y arquitectónicos del orbe; su centro histórico delimitado por el perímetro que marcan las murallas aurelianas, es la expresión del patrimonio histórico, artístico y cultural del mundo occidental europeo. Es más, en 1980, y junto a las propiedades extraterritoriales de la Santa Sede que se encuentran en la ciudad y la Basílica de San Pablo Extramuros, fue incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Hablaremos del periodo de máximo esplendor histórico, el de la Roma clásica, el de la República e imperio. Y es que sorprende el buen estado de algunas de sus construcciones, que atesoran 2000 años de antigüedad. Sus maravillosos monumentos y restos arqueológicos nos hablan de un pasado esplendoroso, apasionante; de una civilización que vive en nosotros, que se desarrolló por más de media Europa y por todo el arco Mediterráneo, y que fue exactamente aquí, en estas calles que aún podemos pisar, donde se originó.

Los antiguos romanos veneraban a Roma, a la ciudad por antonomasia, y la adoraban como una Diosa. Ese amor del antiguo romano por su propia ciudad aún se observa en bellísimos detalles y los asombrosos restos que han llegado a nosotros. Todo ese esplendor llegaría a su fin con la toma de la ciudad primero, tras muchos años de decadencia política y militar, por parte de los enemigos que habían sido sojuzgados por Roma durante siglos, y a continuación con la sustitución de los viejos valores humanísticos y paganos por otra fe religiosa, que consideraba a Roma y sus viejas creencias en enemigos.

A pesar de ello, la ciudad no desapareció, y con el tiempo supo renacer de las cenizas de su antiguo imperio de forma admirable, sobre todo teniendo en cuenta sus convulsos avatares históricos y los terribles golpes que recibió de los conquistadores que la devastaron en varias ocasiones y que habían hecho de la ciudad el blanco de la ira vengativa de las hordas exaltadas, tanto extranjeras como locales.

Así pues, la ciudad de Roma hoy en día sigue teniendo un poderosísimo atractivo a todo aquel que guste de la cultura clásica, sin duda muy por encima de su otra "gran rival" de aquella era, como es Atenas. Aunque conviene recordar que 20 siglos de dura y azarosa historia han causado un tremendo daño a la primitiva estructura de la antigua Roma y de sus edificios y monumentos, aún es posible rememorar todo el esplendor de la ciudad eterna en nuestra visita a la capital de Italia, con muchísimos edificios monumentales aún visitables y en un sorprendente estado de conservación.

Un poco de historia
¿Cómo eludir la historia de Roma si deseamos impregnarnos de la magnificencia y la belleza de la ciudad? Si normalmente es conveniente conocer la historia de un lugar para poder disfrutar más de nuestro destino, conocer la historia de Roma, aunque sea de forma sucinta, se nos antoja imprescindible esta vez.

Roma fue fundada, según la tradición, por Rómulo y Remo, ambos amamantados por una loba, el 21 de abril de 753 a.C. En realidad, dejando a un lado la leyenda, fue el río Tíber (el Tevere, en italiano) el responsable del primitivo asentamiento. Vasto y fácilmente navegable, aseguraba a los prehistóricos pobladores de la zona una importante vía de comunicación, mientras que el interior ofrecía suelos volcánicos, muy fértiles, así como una rica fauna y diversos manantiales naturales de agua fresca. Rodeando el río estaban varias elevaciones naturales (las 7 famosas colinas romanas), donde poder encontrar refugio para las frecuentes inundaciones en el valle del Tíber, y poder pasar mejor los húmedos y calurosos veranos. La primera colina en que se asentaron aquellos primitivos romanos fue la Palatina, auténtica cuna de la ciudad, entre los siglos VII y VIII antes de Cristo, Roma se convirtió desde una pequeña colonia de pastores a una ciudad emergente.

Políticamente Roma se configuró desde su fundación en el 753 como una monarquía, y es en este periodo cuando el pequeño pueblo de aldeanos se convierte en una ciudad. En el 509 antes de Cristo, los romanos expulsaron a los reyes y establecieron la República Romana. El dominio de la ciudad se expande primero por la península itálica y después por todos los territorios cercanos, aprovechándose de la derrota que lograron infligir a su mayor enemigo en este tiempo: el imperio cartaginés, dueño hasta entonces de buena parte del Mediterráneo.

En el año 27 a.C, y tras unos convulsos años tras el asesinato de Julio César, en Roma floreció el Imperio Romano, extendiendo su dominio desde Inglaterra a África del Norte, y desde el Océano Atlántico al Oriente Medio.

César, el último gobernante de la república, embelleció enormemente la ciudad y la dotó con nuevos espacios públicos y de relación ciudadana. El foro de César es un buen ejemplo de ello. Aunque probablemente fue Augusto, el primero de los gobernantes del nuevo Imperio Romano, quien hizo más por la ciudad. Bajo su largo mandato Roma se desarrolló definitivamente como la capital social, económica y cultural del mundo conocido. Heredó una "ciudad de madera y piedra" y legó para la posteridad una "ciudad de mármol". Entre las innumerables obras y construcciones para engalanar la capital del mundo, consta el que bajo su mandato se restauraron 82 templos que estaban en ruinas.

A partir de él, pocos son los emperadores que no aportaran a la ciudad algún elemento embellecedor, hasta tal punto que en muchas ocasiones se puede observar una cierta competencia entre los diferentes emperadores por legar a la ciudad un espacio más espectacular que el anterior gobernante.

Pasear por el centro histórico de Roma y reparar en alguno de los muchísimos y bellísimos detalles que componen el abundante legado de aquellos emperadores de la antigüedad es una experiencia única, que despertará nuestra pasión por la época de máximo esplendor de aquella civilización que supo expandirse por todo el mundo conocido y que nos legó nuestra actual cultura.

Obviamente, por una razón de sensatez, no podemos ocuparnos de todos los restos de la antigüedad romana que sean dignos de mención, pero sí de los más sobresalientes: El foro romano, el palatino, el Arco de Constantino, el Coliseo, los foros imperiales y la zona del Campo de Marte.

Fotos y Texto Antonio Pérez Gómez - abcViajes.com

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Comentarios:
anónimo 05-12-2012
Muy chulo el reportaje de Roma, si.
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