Cuéllar, Segovia. Isla mudejar en el mar de pinares.
Segovia
Cabecera de una comunidad llamada de Villa y Tierra Antigua, un enclave y una cultura antiguas, conocidas y vistas. Encontrar es sencillo, pero descubrir Cuéllar, eso ya es otra cosa.
Els Blaus de Roses

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No es difícil encontrar Cuellar, está ahí, en Castilla y León, al norte de la Provincia de Segovia, donde siempre ha estado, dibujada en todos los mapas casi desde que éstos existen. Una villa de 10.000 hab. Cabecera de una comunidad llamada de Villa y Tierra Antigua que engloba más de 30.000 personas, un enclave y una cultura antiguas conocidas y vistas. Encontrar es sencillo, pero descubrir Cuellar, eso ya es otra cosa. Para descubrir hace falta otro ritmo, otra voluntad, oras mediaciones. Descubrir es conocer más allá de lo que parece, conducirse en la niebla, atreverse a navegar. Y ese es el objetivo de este pequeño cuaderno “de botánica”: orientar, ayudar en la singladura, hace rumbo entre las brumas marinas de este extenso, tranquilo y sosegado “mar de pinares”, entre los más grandes de Europa, arenoso, con olor a resina o a toro en agosto, y repleto de “nícalos” cuando es temporada, hasta la “isla mudéjar”: Cuellar. Una isla llena de misterios y ricos tesoros que han sido construidos con elementos sencillos. Agua, arcilla y madera, piedra, tolerancia y acogida, emoción y riesgo colectivo, archicoria, lana y lechazo e historias que, como la argamasa, todo lo funden y abren la puerta de la gran historia, aquellas de los siglos, del Castillo, de la Casa de Alburquerque, de Pedro I... Encontrar Cuellar no es difícil, descubrirla es toda una pequeña aventura

Vista del castillo
EL CASTILLO

Dominando la Villa y oteando “el mar” el Castillo. Corredores, galerías, patios, torreones y aposentos por los que han desfilado largos siglos de historia, cargados de personajes y de intrigas, de guerra y de paces, de amores y de leyendas. Aquí ofrecía el Rey Juan II fastuosas fiestas a los Infantes de Aragón; aquí Doña María de Molina defendió los derechos de su hijo Sancho IV a la Corona; aquí casó el Rey Pedro I con Doña Juana de Castro; aquí hacían parada y fonda monarcas y grandes de España en el recorrido de sus reinos; aquí tuvieron cuartel los franceses el general Hugo y posteriormente los ingleses con su general Wellington durante la Guerra de la Independencia; aquí vieron pasar tristes y largos días muchos que perdieron la última guerra y volvieron a cubrir estas paredes de historia de batallas y de fugas... Fue Enrique IV quien donó castillo y villa al primer Duque de Alburquerque, donde Beltrán de la Cueva. Cuando traspasas el umbral que da acceso al patio de armas, sorprende la hermosa galería y, aún más, la imponente torre del homenaje. Pero quizás el lugar más señorial es la amplia galería renacentista de la fachada Sur, con sus columnas que se asoman al “mar de pinos” y se adornan con blasones de la Casa del Duque de Alburquerque. Estas paredes han sido testigos de peleas, desafíos, torneos, asaltos, invasiones y, ahora, de nuevas voces y correrías de jóvenes que trenzan nuevas historias.

Isla del Mudejar
EL MUDEJAR

Navegando por la Tierra de Pinares encontrarás, seguro, una silueta de torres, ábsides e iglesias. Es una isla que emerge en este “mar de pinos”, que ha crecido, siglo tras siglo, cultivando un arte distinto que no encuentra un lugar muy definido en las historias del arte. Corrían los siglos XI, XII y XIII. Eran tiempos de conquista y de repoblaciones, de avances cristianos. Del Norte, llegaban gentes de la mano del gascón Raimundo de Borgoña con ánimo de repoblar. Del Sur, del reino de Toledo, llegaban los “mudéjares”, los “sometidos”, según su lengua árabe. Buscaban una vida más segura, conservaban su religión, sus costumbres su forma de trabajar y de construir. El mudéjar, “albañilería románica” es un arte humilde rural, de materiales pobres ladrillos, argamasa y madera. Cuellar el núcleo más rico del mudéjar castellanoleonés. Todo está impregnado con el buen saber hacer de unas manos que llegaron del reino musulmán que se alzaba hacia La Meca, pero que construyeron con afán hasta definir un pueblo cristiano y medieval. El tiempo ha llevado iglesias y conventos, pero el afán constructor fue tan enorme que aún te ofrece Cuellar iglesias emblemáticas del arte mudéjar: San Esteban, con el ábside mejor trabajado de su estilo; San Andrés, con sus portadas distintas, pero igualmente bellas; San Martín, la mejor restaurada, El Salvador, San Miguel, La Cuesta, La Trinidad, Santiago, Santa Marina... Cuellar es el Mudéjar. Es la historia del siglo XIII castellano escrita con ladrillos sobre colinas calizas con olor a resina y espliego, una isla mudéjar en un “mar de pinares”.

Tres culturas diferentes
LAS TRES CULTURAS

Las calles de Cuellar son un susurro de nombres que hablan de tiempos que ya se fueron : calle de la Morería, arco de la judería, palacio del Rey Pedro I, iglesia de ... Por aquí convivieron tres culturas, tres modos de entender la vida, que se fundieron en la armonía de los tiempos de paz, cuando las guerras ya sólo estaban en torno al Reino de Granada. Verás muy clara la influencia árabe en la estructura urbana: calles estrechas, oscuras y sinuosas. Hubo más balcones y saledizos y quedan “corrales” con entrada única a dos o tres casas, zaguanes, fachadas y patios que hablaban del urbanismo musulmán en la Edad Media. Moros que procedían de los medios rurales, humildes en su condición y en su cultura; pero que fueron impregnando con ella todas las manifestaciones artísticas de estos siglos. La comunidad judía, menos numerosa, tenía mayor relevancia e influencia en la administración y en la vida social. Junto a los palacios y las casonas solariegas de los señores de los Velásquez, casa de los Rojas... el caserío humilde apiñado, mil veces hecho y rehecho con los mismos materiales. Adobes de barro y paja, con trama de madera de pino, formando geometrías originales, testigos de una arquitectura popular que asombra al tiempo que desaparece. Si te dejas por las calles de Cuellar, un susurro...

Naturaleza
EL PINAR

Sea cual fuere el tiempo en que te adentres en el pinar encontrarás un aroma distinto cada vez. Es la miera, la humedad de los “nícalos” la retama o la bruma mañanera de los inviernos. Siempre está impregnado de paz, de soledad y de ese misterio de los bosques de nuestros cuentos infantiles. Allí, lejos de ruidos y de preocupaciones todo es distinto. Un verdadero “mar de pinares”, miles de hectáreas de “Pinus pinaster” uno de los más extensos de Europa. Te contarán que casi todo es propiedad comunal y que tiene una reglamentación y cuidados  muy humanos. Todo esto ha sido cultura del resinero durante siglos, un viejo oficio que ha marcado una época y que poco a poco se desvanece. Conocen los pinos casi uno a uno, como a sus hijos, llegan con sus herramientas, disponen los potes, recogen la miera. Era oro líquido en otros tiempos. Hoy es un duro interrogante. Pasear por las riberas del río, del Cega, es acercarse a un mundo distinto. Bajo los chopos encontrarás alisos, sauces, avellanos, algunos abedules.... y también enebros, hendirnos y madreselvas y ... El río se encaja en medio de estos arenales y crea un hábitat sugerente que envuelve y seduce. Es la riqueza de Castilla, lejos del tópico, que se transforma en el verde del pinar en el amarillo de la retama, en el dorado de las endrinas, en el rojo de los escaramujos, en los ricos reflejos del agua...

Corrida de toros
LOS ENCIERROS

Desde lo hondo de los pinares y los siglos llegan los toros a Cuellar. Allá a una legua de la Villa, descansan los toros esperando la hora del alba. Cuando la puerta se abre, ante los ojos de los astados, aparecen caballos y caballeros, pinos y paisanos arremolinados hasta dejar paso, por la soledad del pinar a la manada que, a lo lejos, adivina las murallas, las torres y las calles medievales. Así se repite la historia desde el siglo XV, cuando los regidores del Concejo de la Villa tuvieron a bien redactar una “Tabla de las Hordenanzas de la Villa de Cuellar e su tierra”. Ya en las calles los corredores esperan, contienen la respiración y, al grito de “que vienen” se inicia la carrera, espesa y alborotada para unos, sabia y ligera para otros, es el riesgo, es la pericia, es la explosión de la alegría esperada durante todos los días del año, es el entronque con la tradición. Cada año más gentes, más caras nuevas, más colorido más dulzainas y más brazos alzados en el “baile de la rueda”. El último domingo de agosto, después de levantarse el sol sobre los pinares sonando la dulzaina y el tamboril, las piernas intranquilas, las miradas nerviosas... alguien grita: “que vienen”,... no pienses y corre... ¡A por ellos!

Gastronomía
GASTRONOMIA

Pasan los años, pasan los siglos, pasan los tiempos y ahí permanecen los buenos yantares. La mesa siempre fue sencilla, con la sencillez de lo inolvidable: lechazo churro, agua, sal horno y el fuego hace el resto. Se hace el milagro. Son los mismos hornos de barro y paja heredados de los tiempos medievales. Acompañan al lechazo las endibias salidas de estas tierras arenosas y que ya se cultivaban aquí cuando eran exóticas en el resto del reino. No olvides los “nícalos” si es temporada; y si andas en corrientes ecológicas, estas en la cuna de la achicoria. Más de una decena de “fábricas” humeaban hace medio siglo y aún alguna sigue impregnando las calles de Cuellar con ese aroma tan peculiar que siempre nos evoca nuestra infancia. Si eres hombre de alforja, no te han de faltar productos del lugar para llenarla. Estas son tierras de inviernos duros y de fríos secos que curan las carnes y ennoblecen los chorizos. Los quesos de oveja continúan la tradición de antaño. ¿y de dulces? Bien sabes que donde hay matanzas, hay manteca y, se hay manteca, los bollos ya no están lejos. Los llamamos bollos duros y bollos blandos. A veces están empiñonados o se acompañan con rosquillas de yema o tortas de chicharrones. Cuellar, una isla mudéjar en una Castilla donde la austeridad es riqueza, ofrece estos pequeños placeres que hacen la vida de estos siglos más agradable.

Santuario en Cuéllar
EL HENAR

A una legua de Cuellar al lado de un pequeño arroyo que contagia de frescor a la pradera encontramos el Santuario de El Henar. Guarda una virgen morena, románica del siglo XII, y es lugar de peregrinación y acogida para muchos. Hoy continúa siendo un lugar de paz y sosiego en medio de la ancha y soleada Castilla. La Virgen seduce con motivaciones más acorde con los tiempos: ofrece una inmensa pradera, sombreada por generosos álamos; ofrece la tranquilidad de la naturaleza respetada y ofrece un templo donde mora la patrona de los resineros. Por su parte el hombre pone los asaderos las romerías los ruidos y los alborozos del siglo. El Santuario ha ido construyéndose y remozándose desde una pequeña ermita hasta lo que es hoy. Está regido por los padres Carmelitas que alimentan con celo la devoción que la virgen “morenita” despierta en la Tierra de Pinares. La iglesia data fundamentalmente del siglo XVIII, con las bóvedas. A mediados de septiembre llega la gran Romería. Antes eran los carros los que dominaban la pradera. Hoy miles de coches tenderetes y atracciones rompen el religioso silencio de cada día. Son los nuevos peregrinos. Deben venir a buscar lo que en otras partes no hay... Al final, cada uno por sus propias razones, nos encontramos allí todos y recordamos que ... romeros somos.

DIRECCIONES Y TELEFONOS DE INTERES

AYUNTAMIENTO DE CUELLAR. Plaza Mayor, 1 Tel. 921 140014, 140249 y 140155
POLICIA LOCAL. Plaza Mayor, 1 Tel 921 141685
GUARDIA CIVIL. Carretera de El Henar, 8 Tel 921 140005
CRUZ ROJA. Carretera de Valladolid, 2 Tel 921 140869
ESTACION DE AUTOBUSES. Cardenal Bartolomé de la cueva,2 Tel 921 140026
COMPLEJO POLIDEPORTIVO MUNICIPAL. Piscinas s/n Tel 921 140910
CENTRO DE SALUD. Solana Alta s/n Tel 921 140820
CENTRO CULTURAL “SANTA CLARA” PUNTODE INFORMACIÓN JUVENIL. Tel 921 140510
SALA DE EXPOSICIONES. CENTRO CULTURAL “CRONISTA HERRERA” Escuela Viejas. Tel 921 141063
BIBLIOTECA. Escuela Viejas. Tel 921 141685
RADIO CUELLAR (CADENA SER). Padre Balbino Velasco, 1 Tel 921 141111 y 141723
AGENCIA DE VIAJES “CASLETUR” Trinidad 13 Tel 921 143190 y 143171

Fuente: Ayuntamiento de Cuellar. Diputación Provincial de Segovia

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