Castilla y León - Soria, turismo poético
España
En Soria, donde el olmo es viejo y el rayo de luna, confluyeron las consonantes, se le llenaron los cielos de golondrinas y vocales cárdenas, las calles adquieron métrica de meca literaria: es la Ciudad de los Poetas
Els Blaus de Roses

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SORIA CON LOS POETAS


DE OLMOS VIEJOS Y RAYOS DE LUNA

En  Soria, donde el olmo es viejo y el rayo de luna, confluyeron las consonantes, se le llenaron los cielos de golondrinas y vocales cárdenas, las calles adquieron métrica de meca literaria: es la Ciudad de los Poetas, la Soria Sucedida, precisa y exacta que muchos no sabrán cantar, pero consigo llevan… Más hubo quien lo hizo y supo: plumas que repartieron sílabas y le otorgaron el título de La Bien Cantada. A la boca de la literatura se viene sin remedio una terna de lujo, papel y tinta: Machado, Gerardo Diego y Bécquer subieron a Soria a soñar y hallaron en ella el paisaje íntimo para vivir en cuerpo y letra. Su mano será la perfecta excusa para recorrerla: rincones e itinerarios bajo su auspicio, que servirán para hacer arte, cultura  e historia, y también – eso también – para tomar vino, pincho y comida entre lectura y visita.

SOBRE EL DUERO

Llena de referencias y encontronazos rimados, Soria atraviesa de lleno los rincones de los poetas. La noble calle de Caballeros desemboca en una iglesia con cabecera del XVI y un olmo hendido por el verso machadiano. En el camposanto hay flores en la tumba de Leonor, la joven esposa de un poeta que estrenó las cruces del dolor y la muerte en esta ciudad por la que usted pasea. Es el Espino, el alto Espino donde está su tierra. Muy cerca, una colina escruta Soria; convertido en parque. El Castillo tiene vistas a los cuatro costados de la ciudad. El río, Don Gerardo, sigue asomando por las huertas de Templarios. Arriba quedan los restos de la torre del Homenaje, un aljibe… El castillo, Don Antonio continúa, guerrero y arruinado, sobre el Duero.

LITERATURA CONDENSADA

Desde El Castillo, el Duero devuelve reflejos de una roca, una ermita y un paseo. A sus pies, el Soto Playa abre puertas de agua a un itinerario de literatura condensada: el camino arrastra versos de encinares oscuros, cifras que son fechas, una leyenda, un río al que nadie a acompañar baja…
Es el Paseo de San Polo, la ribera en la que paginas extensas componen estrofas líquidas. El Monasterio Templario coloca el primer mojón: aquí se inspiró Bécquer para su “Rayo de Luna”. Dele gusto a la sensibilidad cuando se encuentre en una ermita que se asoma al agua.
Suspenda el tiempo en San Satuario… Más allá, tras el delicioso alto de los Arcos de San Juan de Duero y la Concatedral, levante la vista y el paso: el Mirón le hace guiños al Castillo. Son los dos observatorios (altos senos de amor, diría Diego) que acunan en un collado a la ciudad vieja. Suba. Puede hacerlo en coche tomando la carretera de Logroño.
Salude a la ermita, los Cuatro Vientos, la curva de ballesta, la Soria Sucedida. Restos de Muralla se prolongan hasta el Duero. Tome asiento en los bancos, póngase cómodo. Y mirón.

SITIOS DE INTERÉS

- San Juan de Rabanera: no le defraudará  Soria la Románica con esta obertura de  Monumento Nacional. Tómese tiempo para el ábside y la hermosa portada. Las estatuas de la Diputación vigilan la exploración. Son sorianos ilustres que la ciudad esculpió en bronce y  memoria.

- Alameda de Cervantes: si habla con  alguien sobre esa mancha verde en el centro de  su plano, llámela la Dehesa. Así es como se conoce  este pulmón de una ciudad bien oxigenada, que concentra más de ochenta árboles y arbustos  autóctonos y exóticos. La ermita de la Soledad  alberga al Cristo del Humilladero, talla del XVI  atribuida a Juan de Juni. Junto a ella, un castaño  de flor rosada ocupa el espacio que tuviera el  Árbol de la Música. El quiosco vegetal por el que  subía la Banda de Música murió de grafiosis, y ahora la ciudad espera ensanchar la memoria de  un olmo repartido en pedazos, llaveros y nostalgia.  Atraviese los paseos, los jardines, la Rosaleda, el  Alto...

Claustro de la Concatedral de San Pedro
- Museo Numantino: visita inexcusable tras el Yacimiento, a siete kilómetros de la ciudad,  ofrece una minuciosa visión de las etapas que ha  vivido la provincia: desde los hallazgos paleolíticos  de Ambrona hasta la época moderna, dedicando  gran parte de sus esfuerzos a las ciudades celtíbero-  romanas de Uxama, Tiermes y Numancia.

- Plaza de Ramón Benito Aceña: de nuevo  los sorianos se empeñan en conservar y llamarla  por el  nombre antiguo de Herradores. Espacio  hoy para el cañeo, en ella vivieron los hermanos Bécquer, y Gustavo Adolfo sufrió el dolor del  adulterio de su esposa con un forajido.

- Santo Domingo: tras subir por Puertas de Pro, con edificios adosados y pespunteados  con restos de muralla, un rosetón vigila una  bellísima portada. El 'horóscopo vidriado' de  Gerardo Diego será testigo de su segunda cita  con un Monumento Nacional y con el estilo por  definición de la provincia. Merece la pena  detenerse: se encuentra ante un conjunto  considerado uno de los más equilibrados de la  península. Empápese de románico. Quizá llegue  la música sacra del convento de las Clarisas (por  cierto, las Hermanas cocinan y venden pastas de  sabores casi divinos).

- Aula Magna Tirso de Molina: la ciudad  toma palabras nuevas de la mano Fray Gabriel Téllez, el mercedario que tras el seudónimo de  Tirso de Molina escribió títulos como 'El  Burlador de Sevilla' o 'Don Gil de las Calzas  Verdes'. Acérquese hasta el convento donde  viviera, convertido hoy en Aula Magna con sala  de conferencias y conciertos.

- Instituto Antonio Machado: en él aún  se conserva un aula tal y como la encontrara el poeta, impartió clases de francés el sevillano,  cuyo busto preside la fachada barroca. Desde él,  la calle Aduana Vieja baja hacia la plaza de San  Clemente (el Tubo, la llaman) entre arquitectura  noble de escudo y balconada. Está llegando a  otra plaza de cañeo cuando una ventana de  esquina le hará su guiño dividido. Ha dado con  otro Monumento Nacional, el Palacio de los  Ríos y Salceda.

- Palacio de los Ríos y Salceda: de factura  renacentista y hoy Archivo Histórico Provincial,  tiene partida de nacimiento del XVI, y bellos  escudos guardan su puerta.

- El Collado: centro neurálgico por donde  pasean y compran los sorianos, la tradicional  arteria principal alberga bajo sus soportales el Casino al que Machado dedicara poema y cafés.

- Palacio de los Condes de Gómara: hoy  Audiencia Provincial y joya de la arquitectura  civil soriana, el equilibrio renacentista de este  Monumento Nacional se alza sobre el casco viejo de la ciudad.

Concatedral de San Pedro
- Plaza Mayor: para llegar hasta ella  intuirá brevemente la calle de la Zapatería -con  antiguas casas y palacios-, antes de atravesar el  Arco del Cuerno, por el que entraban y salían  los toros cuando la plaza hacía de coso. El edificio de enfrente es del XVII, se llama de los Doce  Linajes y es el Ayuntamiento. A su lado, el   antiguo Consistorio, hoy Centro Cultural, quizá  de la una (si es así, acuérdese de Machado: es el  reloj de la Audiencia). La torre del rincón es la  de Doña Urraca y la iglesia a sus espaldas,  La Mayor, donde Antonio desposó a Leonor.

- El Carmen: Iglesia de corte renacentista,  la que fuera antiguo palacio donado a Santa Teresa de Jesús muestra sus volúmenes austeros en la plaza de la Fuente Cabreras.

- Zapatería y Real: arterias  principales de la Soria Medieval, hoy luchan por  mantener los retazos del viejo esplendor que vieran  las casas gótico-isabelinas. En su descenso, una  iglesia románica descansa sus ruinas de Monumento Nacional: es San Nicolás, el templo  que le diera portada a San Juan de Rabanera y en  el que se conservan restos de una pintura sobre  el martirio de Tomas Becket.

- Concatedral de San Pedro: edificada  sobre una iglesia del XII, este Monumento  Nacional de fachada plateresca conserva el claustro  del templo primitivo, en el que, a pesar de las  mutilaciones, late el corazón del más puro  románico.

- Arcos de San Juan Duero: se trata de  uno de los Monumentos Nacionales más originales  del románico español y de los más visitados de  Castilla y León. Del antiguo convento Hospitalario  de San Juan de Acre sólo queda en pie una iglesia  del XII y un espléndido c1austro con influencias  mixtas. Románico, mudéjar y sículo árabe se dan  la mano en sus arcos, que suman a su belleza la  característica de ser diferentes entre sí. De este  modo, el conjunto se traduce en cuatro arquerías  de distinto orden, que sorprenden por el  entrecruzado y los capiteles esculpidos con la fantasía del medievo. Si lo tiene a mano, lea el  poema que Gerardo Diego dedicó a los Arcos. Si  lo prefiere, concédase una nota becqueriana: el  monte que tiene enfrente se llama de las Ánimas  y por su nombre se cuela sin remedio la leyenda.

- San Polo y San Saturio: la ermita  dedicada al patrón de la ciudad refleja sobre el  Duero una de las más bellas imágenes de la Ciudad  de los Poetas. Levantado sobre una roca en el XVIII,  el templo octogonal cuenta vida y milagros de un  anacoreta de busto negro, al que la leyenda convierte  en hijo de un noble visigodo que decidió renunciar  al mundo para vivir en una cueva junto al río.

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