Burgos - Las Merindades, mosaico de ecosistemas y paisajes
Castilla y León
Las Merindades, una comarca norteña definida principalmente por el montañoso, verde y húmedo mundo cantábrico, presenta un quebrado territorio que puede identificarse con un gigantesco y variado mosaico de ecosistemas y paisajes naturales
Els Blaus de Roses

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Las Merindades, una comarca norteña definida principalmente por el montañoso, verde y húmedo mundo cantábrico, presenta un quebrado territorio que puede identificarse con un gigantesco y variado mosaico de ecosistemas y paisajes naturales. Una región privilegiada y bella que atesora una Naturaleza a la espera de ser descubierta. Una tierra de contrastes en la que junto a los valles más verdes y los bosques más umbríos y silenciosos se localizan los cantiles más desafiantes, las montañas más aisladas y las cascadas más altas y caudalosas. El lugar ideal para olvidarse de los agobios de la agitada vida urbana, dejarse llevar por el rumor del agua y el viento y adentrarse caminando por una tupida red de milenarias calzadas, sabios caminos y evocadores senderos. Un paraíso, también para los amantes de las actividades ecuestres y para los entusiastas de los deportes de aventura.

Villarcayo

Casi en el mismo centro geográfico de la comarca de Las Merindades y  muy cerca de las orillas del río Nela se levanta la próspera localidad de Villarcayo. Espigando en su moderno trazado urbano, importante lugar de verano, todavía se pueden localizar algunas interesantes muestras de su pasado histórico. Entre todas destacan las casonas solariegas, con grandes escudos, que se alinean en la calle de Santa Marina.

Frías

La ciudad de Frías es un atractivo núcleo de sabor medieval, encaramado en un abrupta plataforma de toba, que aparece presidido por la silueta de un altivo y original castillo. Si a esto se le añade el inigualable frente formado por sus casas colgadas, los restos de sus numerosos edificios religiosos y las huellas de su judería, nos encontramos ante uno de los más hermosos panoramas de las tierras burgalesas.

Espinosa de los Monteros

Un paisaje fresco, alegre y siempre verde, resultado del suave y lluvioso clima que reina en esta comarca situada a los pies de la Cordillera Cantábrica, envuelve el disperso caserío de Espinosa de los Monteros. También el aire que desprende el conjunto urbano de esta monumental villa, repleta de casonas y torres señoriales, conocida sobre todo por sus Legendarios Monteros Reales, denota un carácter marcadamente montañés.

Medina de Pomar

Tres elementos han contribuido a convertir a la histórica ciudad de Medina de Pomar, antigua capital de Las Merindades, en un bello e interesante conjunto urbano: una privilegiada ubicación geográfica, una densa historia y un no menos rico y variado patrimonio artístico y cultural entre el que sobresalen con luz propia el monasterio de Santa Clara y la fortaleza de “Las Torres”.

Ojo Guareña

El Complejo Kárstico de Ojo Guareña es con sus casi cien kilómetros de desarrollo, el conjunto de cuevas más extenso de la Península Ibérica y puede incluirse entre los diez mayores del planeta. Además de su indiscutible interés espeleológico, en su interior se han localizado varios santuarios prehistóricos y una serie de invertebrados exclusivos. La arqueología, la historia y las mágicas leyendas que impregnan el Valle de Sotoscueva convierten a Ojo Guareña, declarado “Monumento Natural”, en uno de los pocos lugares del mundo en donde se puede seguir con toda claridad y sin que falte ninguna etapa clave, la evolución de la religiosidad –desde el Paleolítico hasta nuestros días del hombre occidental. Los visitantes interesados podrán  conocer algunas de las cuevas que forman parte del complejo. Además de la visita al “Ojos del Guareña” y a la ermita y cueva de San Bernabé, se han organizado recorridos, para grupos reducidos acompañados por guías expertos, por el interior de Cueva Palomera.

VALLES DE MENA Y LOSA

Entrar en el Valle de Mena descendiendo las empinadas rampas del puerto de El Cabrio antes se pueden visitar la interesante portada románica de Bercedo y el puente romano de Agüera es introducirse en una de las tierras más hermosas y con mayor personalidad e historia de toda la provincia de Burgos. Un paisaje verde, al que llegan sin dificultad las brisas húmedas del cercano mar Cantábrico, va a sorprender gratamente a los viajeros. Irús es la primera parada de esta ruta. Al lado de su fortificada iglesia parte un camino por el que enseguida se alcanza la obra de una calzada romana. Todavía son visibles algunos tramos bien conservados del firme de esta vía que atravesaba todo el Valle de Mena.

Por la carretera de Villasana se localiza el ramal asfaltado que asciende al santuario de Cantonad. Desde esta verdadera atalaya natural se divisa una de las mejores perspectivas de Mena. A la altura de Vivanco, lugar que conserva varias casonas palaciegas y en donde se guarda un interesante sepulcro románico, hay que desviarse por la carretera local que conduce a Lezana de Mena. Enclavada en una zona de frescos prados naturales omnipresentes en la comarca, en los que pasan numerosas vacas y caballos, aparece la altiva silueta de la torre de Lezana. Perteneciente a la ilustre familia de los Velasco fue levantada, a finales del siglo XIV, en una época de duros enfrentamientos entre las distintas familias de la nobleza local. Por Sopeñano, desde donde se pueden alcanzar las fuentes del río Cadagua, hay que seguir la carretera que sin problemas alcanza las primeras estribaciones de la sierra de la Magdalena. En este anfiteatro natural en el que se desploman los verticales taludes rocosos de La Peña y que aparece tapizado por un frondoso bosque caducifolio de hayas, robles y quejigos, se concentran lo más escogidos monumentos del románico local. Encaramada en lo alto del pueblo de Siones se encuentra la iglesia de Santa María. Construido en el último cuarto del siglo XII, en el interior de este magnífico templo destaca la doble arquería del ábside y las misteriosas representaciones iconográficas de los dos edículos que se abren a los lados del crucero. Muy cerca queda la iglesia de El Vigo con su tímpano historiado. Lo que más sorprende de la iglesia de San Lorenzo de Vallejo de Mena es su carácter exótico e inacabado. De finales del siglo XII,  posee una sola nave tres portadas y un curioso y robusto ábside. De este último destacan sus haces de columnas y de dosel de arcos ciegos de clara influencia lombarda. Un peregrino, con venera y bordón, esculpido en una arquivolta de la portada principal de Vallejo nos recuerda el paso por Mena de uno de los más antiguos caminos jacobeos.

La entrada de Villasana de Mena está guarnecida por una elevada torre, mandada edificar por Juan Fernández de Velasco, en el siglo XV. Siguiendo por la calle del Medio, toda ella flanqueada con casas de origen medieval, se localizan el palacio de Matienzo y el convento de Santa Ana, dos de los edificios más notables de la villa. Para continuar el recorrido hay que retroceder por la carretera de Burgos hasta el cruce que, desde el cercano Villanueva, conduce a Caniego. Muy cerca quedan el famoso monasterio de Taranco lugar en donde por primera vez se escribió la palabra Castilla y le doble pueblo de Concejero. Después de enfilar hacia Buceña y Hornes la carretera se dirige a Nava de Ordunte. Poco antes de ese pueblo se puede tomar la desviación que asciende hasta la presa del pantano de Ordunte. Desde este lugar parten varias rutas senderistas a la búsqueda de los hayedos, los robledales y las cimas de los Montes de Ordunte. Desde Nava de Ordunte y por la carretera de Valmaseda hay que llegar hasta El Berrón, último pueblo de Castilla. Allí es necesario desviarse, siguiendo varias pistas asfaltadas, hasta enlazar en Antuñano muy cerca queda la iglesia San Pelayo y su interesante tímpano románico con la carretera que se dirige a la localidad alavesa de Arceniega. Una vez situados en la serpenteante carretera que enlaza Arceniega y Trespaderne, no resta más que ascender tranquilamente hasta lo alto de la Peña de Angulo. Desde alguno de los miradores que se asoman al espectacular paisaje del Valle de Angulo, es posible dominar todo el conjunto de pequeñas aldeas que configuran este pintoresco espacio geográfico. También el Valle de Angulo es un paraíso para los entusiastas del contacto con la naturaleza: hayedo de Encima-Angulo y cascadas de San Miguel y, sobre todo, Peñaladros. El túnel del puerto de Angulo permite franquear la Sierra Salvada e internarse en las más meridionales tierras del Valle de Losa. Al llegar a un cruce hay que dirigirse a Quincoces de Yuso. De este próspero pueblo parte la pista asfaltada que se acerca a Relloso. Un poco antes de llegar a esta aldea semiabandonada se localiza la llamada Cueva del Agua, impresionante sugerencia en la que nace el río Jerea. En el mismo Relloso, pueblo rodeado por espesos hayedos y robledales, se puede coger el camino que asciende hasta el túnel de la Complacera: magnífico mirador natural de una buena parte de estas comarcas norteñas burgalesas.

Otra vez por la carretera de Trespaderne y pasando por pueblos como San Llorente, Villaluenga y río de Losa se alcanza con facilidad el pueblo de San Pantaleón de Losa. Su caserío se extiende a la sombra de una gran peña en cuya cima se encuentra la famosa ermita de San Pantaleón, una de las construcciones románicas más curiosas y bellas de todo el románico castellano. Desde el pueblo hay que tomar el camino que por la izquierda asciende suavemente hasta lo alto de la cresta caliza. Pronto se descubre, levantada sobre un terreno con gran declive, la pequeña ermita de San Pantaleón. Consagrada en 1207, es posible que se empezase a construir a finales del siglo anterior. Consta solamente de un tramo bajo cúpula y de un ábside. Sobre el arco triunfal aparece situada una elegante espadaña. En la portada y en las ventanas se concentra un original repertorio iconográfico. Además de su alto valor artístico, San Pantaleón está preñado de misteriosas y esotéricas leyendas entre las que sobresale la del Santo Grial. Después de contemplar el magnífico paisaje que se divisa desde lo alto de la peña una alargada depresión enmarcada por los blandos materiales del Cretácico Superior  y cubierta en su mayor parte por espesos bosques de pino, roble y encina hay que regresar hacia Quincoces de Yuso y en sus inmediaciones tomar la carretera que prosigue paralela a río Nabón en dirección a Berberana. Antes de llegar a este último pueblo se puede visitar el hayedo de San Martín de Losa y conocer Villalba de Losa, patria chica de Juan de Garay, fundador de la ciudad de Buenos Aires. En Berberana es preciso desviarse por la N-625 con dirección a Bilbao. Antes de culminar el puerto de Orduña un camino forestal asfaltado conduce hasta Monte Santiago y el mirador del Cañón. Desde este lugar, protegido bajo la figura de “Monumento Natural”, se domina el salto del Nervión. En época de deshielo o de fuertes lluvias el espectáculo que ofrece la cascada es único e inolvidable. Se pueden realizar numerosas rutas de senderismo. Otra vez por Berberana y siguiendo también la N-625 hay que introducirse en Álava. El objetivo es alcanzar la Jurisdicción de San Zadornil, una porción de la provincia de Burgos que sólo es accesible desde tierras alavesas. En este desconocido espacio provincial, cuajado de verdes prados, densos bosques y aislado por el sur por los encrespados riscos calizos de la Sierra de Árcena, se comenzó a fraguar a partir del siglo IX, la historia del primitivo reino de Castilla. Por la desviación que señala Valdegovía rápidamente se alcanza el pueblo burgalés de Valpuesta. Sede de uno de los primeros obispados de la Reconquista desde el año 802 hasta 1087 Valpuesta aún conserva los restos de su esplendor: una colegiata gótica levantada sobre varios templos anteriores y un bien conservado torreón fechado en la primera mitad del siglo XV. El pueblo de San Zadornil, con s rústica iglesia románica de San Saturnino y el de Villafría de San Zadornil, enclavado en plena sierra de Arcena y en el que se puede contemplar uno de los paisajes pintorescos de toda la provincia, completan la ruta. Para regresar es preciso volver a tierras alavesas y, por Bóveda, enlazar con San Pantaleón de Losa.

EN TORNO A ESPINOSA DE LOS MONTEROS

Desde Soncillo muy cerca, en Villabáscones de Bezana, se localiza la fantástica cascada de Las Pisas, localidad que desprende por sus cuatro costados un típico aire montañés, la carretera C-6318 se dirige hacia Santelices y Pedrosa de Valdeporres. Un poco antes de llegar al primero hay que tomar la pista asfaltada que conduce hacia Busnela. Siguiendo el curso del incipiente Nela, que junto al Ebro es el principal río que recorre la comarca de Las Mirandedes, pronto se deja atrás el caserío, presidido por un macizo torreón del pequeño pueblo de Cidad. Unos metros después de pasar el cruce de la pista que se encamina hacia Haedo de las Pueblas, y a mano izquierda de la carretera, aparece sobre una pequeña elevación el dolmen semirrupestre de Busnela. Este curioso megalito puede fecharse hace uno 5000 años se construyó aprovechando una gran roca sobre la que se apoyaron siete enormes ortostatos de roca arenisca. Tras retroceder de nuevo hasta el cruce de Satelices desde donde se puede llegar hasta la boca del túnel de la Engaña y, desde allí sendereando, a las impresionantes fuentes del río del mismo nombre hay que tomar la desviación que se dirige a Puentedey.

En el centro de este pueblo se localiza uno de los más singulares fenómenos de la naturaleza que se pueden observar en Burgos: un gran puente más de 15 metros de alto excavado por el río Nela en la dura roca caliza. El pueblo también conserva algunos restos románicos y una casa-fuerte que perteneció a los Velasco. Desde Puentedey la carretera abandona el curso del Nela y asciende por Quintanilla Valdebodres acceso a los Canales de Dulla y a la cascada de La Mea al encuentro de la Merindad de Sotoscueva. Por la carretera que se dirige a Cueva se alcanza el punto culminante del circo de San Bernabé. En el fondo de ese gran valle ciego se localiza el sumidero del río Guareña. Por este famoso “ojo” se introduce el río en los materiales calizos del Cretácico, dando lugar al complejo de simas, galerías, ríos y lagos subterráneo conocido como Ojo Guareña. El complejo Kársico de Ojo Guareña, declarado “Monumento Natural”, es con sus casi 100 kilómetros de desarrollo el más extenso de España y está entre los diez mayores del mundo. El mismo nombre de la Merindad de Sotoscueva indica que la vida y las costumbres de sus habitantes han girado desde siempre alrededor de las cuevas.

El entorno de Ojos Guareña es uno de los pocos lugares del planeta en el que se puede seguir con toda claridad, y sin que falte ninguna etapa clave, la evolución de la religiosidad del hombre occidental. Una vez visitada la ermita y la cueva de San Bernabé, el periplo continúa, atravesando los pequeños pueblos de Cueva, Quisicedo y Quintanilla del Rebollar hasta alcanzar Espinosa de los Monteros. Un paisaje fresco, alegre y siempre verde recuerda al viajero que está recorriendo las estribaciones meridionales de la Cordillera Cantábrica y que el suave y lluvioso clima que reina en la comarca es consecuencia de la proximidad del mar. También el aire que desprende el conjunto urbano de Espinosa de los Monteros denota un carácter marcadamente montañés, Espinosa es una legendaria villa conocida sobre toda por sus “Monteros”, cuerpo hidalgo que desde el año 1006 tenía el privilegio de custodiar durante la noche las estancias de los reyes de España. Así mismo, el rico patrimonio arquitectónico de esta villa realenga merece una detenida visita.

Entre todos sus monumentos destacan el castillo de los Condestables o de los Velasco levantado durante los s. XIV Y XV, junto al río Trueba y la iglesia renacentista de Santa Cecilia. Desde Espinosa una estrecha y serpenteante carretera permita internarse en la comarca llamada de Las Machorras o de los Cuatro Ríos Pasiegos, el territorio burgalés en el que con más claridad han perdurado las formas de vida ancestrales. Sus habitantes son los pasiegos, un misterioso y amable pueblo que casi en el siglo XXI ha sabido conservar unas sabias costumbres basadas en la tradición de muchos siglos. La principal actividad de los pasiegos gira alrededor de su única fuente de recursos: el ganado vacuno. Su forma de vida está marcada por la trashumancia estacional. En verano suben con las vacas a las branizas, praderas naturales, donde se encuentran sus típicas cabañas construidas en piedra que, con dos plantas y cubiertas con lastras, sirven a la vez de establo y vivienda familiar. Al llegar al pequeño núcleo de Las Machorras, lugar en donde está enclavado el santuario de Nuestra Señora de las Nieves, tres empinadas carreteras de montaña permiten alcanzar los portillos que sirven de límite a Burgos y a Cantabria: La Sía, Estacas de Trueba y Lunada. Nada mejor para finalizar este apretado recorrido que ascender por alguno de ellos y disfrutar es su cumbre de las maravillosas y dilatadas perspectivas que se abren a ambos lados de las montañas. Esta zona de Burgos es una de las más indicadas para practicar senderismo, actividades de montaña y exploración espeleológica.

De nuevo por Espinosa de los Monteros hay que regresar hasta Soncillo. Desde esta localidad parte una tranquila carretera local que permite alcanzar el pueblo de Virtus. Dominando su caserío se localiza la silueta de una maciza fortaleza que perteneció a la familia de los Porres. Por Silleruelo de Bezana y bordeando el espectacular embalse del Ebro se alcanza el famoso balneario de Corconte. En funcionamiento desde finales del siglo pasado es el único establecimiento de baños abiertos en toda la provincia de Burgos. Además del carácter medicinal de sus aguas sódicas y sulfurosas, muy indicadas para tratar las dolencias del riñón, vías urinarias, reumatismo y sistema circulatorio, el balneario conserva el encantador aire románico de los años veinte. Hay que volver a pasar por Silleruelo para poder enfilar hacia Arija. Herbosa y San Vicente de Villamezán son dos pequeñas aldeas situadas muy cerca de la orilla del Embalse del Ebro y que, como casi todos los pueblos de la zona, viven de la ganadería caballar y vacuna. Semejante a un mar en miniatura el Pantano del Ebro es una de las masas de agua artificial más grande y con mayor volumen de toda la Península Ibérica. En la actualidad sus aguas sirven como escenario para la práctica de variados deportes acuáticos y constituyen el hábitat ideal para numerosas aves acuáticas. En Arija hay que tomar la desviación que se dirige hacia Montejo de Bricia y a Santa Gadea. Este último pueblo conserva un interesante conjunto de construcciones populares entre las que destaca un potro cubierto para herrar ganado. Nada más salir de Santa Gadea, a mano derecha y antes de llegar a una sencilla ermita, se puede tomar un camino forestal asfaltado que se interna en el espeso y mágico Monte Hijedo: uno de los bosques de hayas, robles y tejos más bellos e interesantes de toda Castilla y León. Por Montejo de Bricia, tras internarse unos kilómetros en Cantabria, se alcanza Presillas de Bricia. En las inmediaciones de esta aldea se yergue solitaria una gran roca arenisca. En ella los anacoretas altomedievales excavaron una espectacular iglesia rupestre. Orientada hacia el oeste, la llamada iglesia de San Miguel presenta dos picos, el inferior de tres naves con sus correspondientes cabeceras y altares de bloque. Dos columnas que sostienen un par de arcos de medio punto separan las naves entre sí. Una escalera tallada en la piedra permite el acceso al piso superior con tribunas que se levantan sobre el potente muro externo.

MEDINA DE POMAR Y VILLARCAYO


Desde Burgos hay que tomar la carretera C-629 y descender el puerto de La Mazorra. Tras atravesar brevemente el Valle de Valdivielso, una espectacular puerta natural, el desfiladero de Los Hocinos, permite al viajero llegar hasta la Merindad de Castilla la Vieja. Desde la carretera que serpentea al ritmo marcado por el río se puede observar la rica vegetación boj, encinas, quejigos, rebollos, hayas, tilos, arces, madroños que cubren los escarpados farallones rocosos de la garganta. Numerosas aves rapaces anidan y sobrevuelan este privilegiado enclave natural. Hay que dejar atrás el pueblo de Incinillas, acceso al Valle de Manzanedo, para alcanzar Villalaín, la primera etapa del recorrido. Tanto en este pueblo como su vecino Bisjueces es fácil rastrear en el pasado de dos de las figuras, Laín Calvo y Nuño Rasura, más legendarias de la primera Castilla. Según la tradición, esos dos Jueces, que entran en la historia a mediados del siglo IX, impartían la “Fazaña” una justicia basada en leyes orales entroncada con ancestrales costumbres prerromanas.

En Bisjueces no hay que dejar de visitar el pórtico de su iglesia que, con una esbelta fábrica protege la curiosa fachada renacentista en la que se representa las esculturas sedentes de los dos Jueces de Castilla. Antes de llegar a La Aldea merece la pena desviarse hasta Barruelo para poder contemplar más de cerca el relieve de La Tesla. De este pueblo parten alguno de los caminos que ascienden hasta la cima de la emblemática montaña. De vuelta a la carretera que conduce a La Aldea se divisa una buena panorámica de toda la Merindad de Castilla la Vieja geográficamente es una gran depresión sinclinal rodeada de relieves montañosos destacando en el centro la moderna silueta de su capital. El pueblo de La Aldea aparece presidido por la alta y almenada torre de la iglesia gótica de Santa Cruz. Desde La Aldea se debe tomar la carretera que conduce, por Santa Cruz de Andino, hasta Villarcayo. Capital de la Merindad de Castilla la Vieja es así mismo, desde 1560 y por deseo de Felipe II, capital de toda la comarca. Espigando en su moderno trazado urbano, en verano se convierte en un importante centro turístico, todavía se pueden localizar algunas muestreas de su pasado. Entre todas destacan una serie de casonas solariegas de época barroca situadas en la calle Santa Marina. También hay que visitar el museo del traslado monasterio burebano de Vileña, que guarda una valiosa colección de sepulcros góticos.

Desde Villarcayo remontando la corriente del Nela pronto se alcanza Cigüeña. En los alrededores de este pueblo se encuentra enclavada la necrópolis altomedievales de San Andrés. El paisaje se torna ahora quebrado y de vez en cuando aparecen pequeños bosques de encinas y quejigos. En la misma orilla del Nela se descubren otras dos aldeas: Escanduso y Escaño. En la primera de ellas se puede admirar una pequeña iglesia de traza románica que pasa por ser una de las más pequeñas del mundo. La iglesia románica de Escaño, la de datación más antigua en la provincia año 1088, conserva un ábside de esa época. En este pueblo hay que tomar la recién construida carretera que conduce a Salazar. En Salazar, se localizan las llamadas Torres de los Salazar. Se trata de un edifico fortificado que consta de dos torres separadas por un palacio. Las torres, fechadas en los siglos XVI y XVII, son de buena sillería y todavía conservan algunos restos de las almenas que las remataban. En este pueblo se conservan además otras casas señoriales con sus correspondientes escudos. También se pueden observar los elementos constructivos característicos de la casa popular dela zona: planta cuadrada, solana en la fachada y edificada en piedra. Una carretera permite alcanzar por Villanueva La Blanca y Torme conserva las ruinas dela torre-palacio renacentista de los López de Salazar el pueblo de Butrera. En sus afueras se alza un gran templo de obra románica consagrado a la Virgen de Septiembre. De una sola nave y con incipiente crucero, se remata con un ábside semicircular que al exterior presenta una cuidada decoración a base de misteriosos motivos iconográficos. En el interior dela iglesia se conservan una imagen de la Virgen y un original relieve de la Adoración de los Reyes Magos. De nuevo en Torme se debe coger la carretera que por Fresnedo, necrópolis altomedieval de peña Horrero, enlaza, a la altura de Bocos, con la C-629.

Con dirección a Bilbao se alcanza un muy interesante enclave natural: las lagunas de Gayangos. Un conjunto de pequeños lagos del origen tectónico que constituyen la mejor zona húmeda de toda la provincia y son el único lugar de cría para especies tan escasas y valiosas como el zampullín cuellinegro, el porrón o el pato cuchara. Este apretado recorrido por el corazón de Las Merindades el término Merindad deriva de una división territorial, de origen medieval, que esta bajo el mandato de un merino nombrado por el rey continúa por el pequeño lugar, situado a orillas del río Cerneja, de El Ribero de Montija. En medio de su escueto caserío se localiza su principal monumento: la torre-palacio de los Alvarado. La carretera local que se dirige hacia Castrobarto permite alcanzar el pueblo de Colina. En esta localidad, que ya pertenece a la Junta de Traslaloma, sobresale una interesante iglesia parroquial de estilo románico. El elemento más destacado del templo es una portada fechad en la segunda mitad del siglo XII. Merece la pena prestar atención  a la original ornamentación e iconografía que cubre buena parte de sus fustes, arquivoltas y capiteles. Con dirección a los Montes de La Peña ellos se dirige la carretera que conduce a Catrobarto.

Con toda seguridad el origen de este pueblo, situado a los pies del reverso meridional de la empinada cresta turonense que identifica estas llamativas montañas, hay que buscarlo en una antigua fortificación romana que vigilaba un importante paso entre los valles de Losa y Mena. Antes de dejar atrás Castrobarto se puede emprender una excursión a pie para descubrir las riquezas paisajísticas, arqueológicas y medioambientales que atesora el entorno del puerto de la Magdalena: restos de una calzada de origen romano y medieval, una antigua lobera, umbríos hayedos y la impresionante panorámica del Valle de Mena y de las fuentes del Cadagua. Por Villalacre y Rosío y siempre paralelos al pliegue anticlinal que aísla el valle del río Salón o Salado del resto de La Losa, se alcanza el pueblo de Salinas de Rosío. Sus salinas son famosas desde tiempos de los romanos y así lo atestigua el yacimiento arqueológico de esa época descubierto hace unos años. El resto más destacado es un mosaico, el único en blanco y negro de toda la Meseta, que cubría el suelo de una gran lonja relacionada con la industria de la sal. Sus motivos decorativos, sobre todo el laberinto central, permiten fecharlo como el más antiguo de la provincia de Burgos, siglo II d.C. Bosquetes de encinas y sobre todo de quejigos, árbol clímax de estas áreas de media altitud de Las Merindades salpican el paisaje y cubren las laderas de casi todas las crestas rocosas. Siguiendo en todo momento el curso del río Salón se alcanza la localidad de La Cerca. En este pueblo cargado de historia, fue el solar principal de la familia de los Salazar, se conserva una iglesia románica con ábside semicircular en cuyo interior se puede admirar un relieve policromado, últimos lustros del siglo XII,  que representa los símbolos de los cuatro evangelistas rodeando a Cristo Majestad.

Desde La Cerca la carretera alcanza el pueblo de Villatomil. En los campos que circundan esta pequeña localidad todavía resuenan los ecos dela importante batalla, acaecida en 1325, entre las principales familias feudales de Las Merindades: los Salazar y los Velasco. Precisamente hacia la capital del señorío de estos últimos la ciudad de Medina de Pomar, enfila el recorrido. Situada muy cerca del río Trueba y centro de un antiguo e importante nudo de comunicaciones, la historia de la antigua capital de Las Merindades hunde sus raíces en la época de la repoblación altomedieval. En tiempos de Alfonso VII, primera mitad del siglo XII, recibe su primer fuero y en 1369, fecha trascendental en su historia fue donada a Pedro Fernández de Velasco. Los Velasco, futuros Condestables de Castilla, convirtieron Medina de Pomar en el centro de su extenso señorío e incluso la eligieron como su panteón. Como prueba de lo primero edificaron un desafiante alcázar de marcadas influencias árabes. Conocido como “Las Torres” el castillo, levantado a finales del siglo XIV, consta de dos robustos torreones de planta cuadrada rematados por almenas, que aparecen unidos por un edificio central que albergaba un lujoso palacio, en el que aún se conservan unos frisos con elegantes yeserías de estilo mudéjar. Para su morada definitiva la poderosa familia feudal eligió el monasterio de Santa Clara. Fue fundado en 1313 por Sancho Sánchez de Velasco y su iglesia, edificada en el siglo XV, es de nave única. En el siglo XVI se le añadió la capilla funeraria de la Concepción, que sigue el modelo familiar iniciado en la capilla de los Condestables de la Catedral de Burgos: ámbito único cubierto con rica bóveda de crucería que descarga sobre cuatro grandes trompas. El museo del convento de Santa Clara exhibe entre otras muchas piezas un notable Cristo yacente de Gregorio Fernández. En Medina de Pomar, que todavía conserva restos del trazado medieval de sus calles y una nítida huella de su notable judería, se pueden visitar otros monumentos significativos: arco de la Cadena, convento de San Pedro, iglesias de Santa Cruz y de Nuestra Señora del Rosario, hospital de la Vera Cruz y el edifico del Ayuntamiento.

VALDIVIELSO Y TOBALINA


Pocos espacios geográficos burgaleses aparecen también definidos como el territorio que ocupa la Merindad de Valdivielso. Limitado al norte por los farallones de la Sierra de La Tesla, su flanco meridional lo cierran las últimas estribaciones de las parameras calcáreas de La Lora. El perfecto valle formado por esas dos estructuras geológicas cubiertas en su mayor  parte por espesas y variadas masas forestales es recorrido longitudinalmente por el río Ebro. Si el paisaje resulta brillante y espectacular no lo es menos el contenido histórico artístico y cultural que atesora en su interior la “perla” de La Merindades.

Al llegar desde Burgos es imprescindible detenerse en algún punto del puerto de La Mazorra para poder contemplar, y sobre todo disfrutar uno de los panoramas naturales más bellos de España. Con esta visión pocos viajeros podrán resistir la tentación de continuar la gira por Valdivielso. Pronto se divisan las primeras edificaciones de Valdenoceda. Entre todas ellas destaca el conjunto formado por la torre gótica  de los Velasco y la iglesia románica de San Miguel. En esta última, construida en el tercer cuarto del siglo XII a semejanza dela vecina de San Pedro de Tejada, se conservan una cúpula sobre trompas y una torre cuadrada que se alza sobre la misma. Los motivos escultóricos de las ménsulas y de los canecillos del tejaroz responden a los mismos motivos de Tejada. A pocos kilómetros de Valdenoceda con dirección a Logroño, hay que tomar la primera desviación a mano derecha que conduce a Quintana de Valdivielso. A lo largo de su calle principal van apareciendo los distintos elementos de s rico patrimonio: el decimonónico Colegio de Huérfanos, el asa de los Huidobros, el renacentista palacio fortificado que perteneció a la noble familia de San Marín, y, ya fuera del pueblo, la torre de Loja, almenado castillo levantado con buenos sillares entre finales del siglo XV y comienzos del XVI. Muy cerca de Quintana el pueblo de El Almiñé recibe al viajero con la elegante torre cuadrada de su iglesia parroquial. De estilo románico aparece formada por dos cuerpos; el superior presenta cuatro ventanas en cada uno de sus lados. En el interior del templo se pueden observar una curiosa cúpula sobre le crucero y una no menos interesante pila bautismal.

Dentro de este pequeño pueblo situado al pie de la calzada medieval que desciende desde el puerto de La Mazorra se conservan varias casonas señoriales que responden al tipo común de la casonas norteña de Las Merindades: edifico aislado, de planta rectangular con cubierta a cuatro aguas y levantado con buenos sillares de piedra. La mayor parte están adornadas con escudos nobiliarios y recercas y molduras en puertas y ventanas. En algunos de estas casas todavía viven los descendientes de los hidalgos que las construyeron en los siglos XVI, XVII  y XVIII. Hay que efectuar un pequeño desvío y después de cruzar el Ebro por el más antiguo puente de toda la zona, la carretera llega a Puente Arenas. Una pista de cemento que parte desde el centro del citado pueblo conduce hacia una de las iglesias románicas mejor conservadas y más interesantes de todo el arte románico español. Del primitivo monasterio de San Pedro de Tejada, fundado en el año 850, sólo ha llegado hasta nuestros días su iglesia, edificada en el más puro estilo románico durante el segundo tercio del siglo XII. Su estructura armónica y sólida responde a la característica típica del románico de Burgos: una sola nave, ábside semicircular y torre sobre la cúpula. Tanto en su portada como en sus numerosas ventanas, capiteles y canecillos se concentra una abundante y representativa escultura. Destacan por su sencillez y elegancia los relieves de la Ascensión y de la Última Cena. También los canecillos que sustentan las cornisas del ábside y las fachadas poseen un variado repertorio iconográfico, en el que sobresalen los temas lúdicos y eróticos.

La tranquila carretera, siempre paralela al río Ebro, se dirige sin prisas y con una invitación continua a disfrutar del cambio de paisajes, al encuentro de Quecedo, la capital de la Merindad de Valdivielso. Los regidores del valle, siguiendo un ancestral rito, celebraban todos sus concejos debajo de una centenaria encina sagrada. Como en la mayoría de los pueblos de la comarca un castillo o torre defensiva preside la silueta del caserío. En el caso de Quecedo es la casa fuerte almenada de los Huidobro-Incinillas. La iglesia de Santa Eulalia y varias casonas y palacios completan la visita de este pueblo. En sus inmediaciones se localizan el enclave de Los Cárcabos y las llamadas Cuevas de los Moros, uno de los más importantes conjuntos eremíticos del Alto Ebro burgalés.

El itinerario prosigue visitando varios pueblos que presentan el denominador común de estar emplazados a los pies de la majestuosa Sierra de La Tesla y a la orilla de alguno de los arroyos que descienden de la misma. Arroyo y su iglesia gótica; Valhermosa con su correspondiente torre de los Saravia: y Hoz de Valdivielso que además de conservar un palacio de estilo herreriano es la puerta obligada para llegar, a través de una espectacular garganta, a Tartalés de los Montes. Por oriente, el último pueblo de Valdivielso es Panizares que distribuye su peculiar arquitectura popular que como en toda La Merindad comparten elementos comunes de la casa montañesa y de las más sobrias construcciones de los vecinos páramos debajo de unas singulares formaciones geológicas con forma de cuchillos. Tras cruzar el pequeño embalse de Cereceda y por el pueblo del mismo nombre se alcanza la carretera que se interna en el desfiladero de La Horadada: una profunda, larga y angosta garganta abierta por el río Ebro en la que crece una densa y variada vegetación, en especial quejigos, hayas y tejos, y abundan las aves rapaces. Un carreteril asfaltado permite alcanzar un gigantesco anfiteatro rocoso en cuyo fondo se esconde la aldea de Tartalés de Cilla.

En los alrededores de esta localidad se pueden admirar dos interesantes conjuntos rupestres de origen altomedieval: las cuevas de San Pedro y de los Portugueses. En el pueblo aún se guarda la memoria de un legendario eremita de origen visigodo: San Fermín. A la salida del impresionante desfiladero de La Horadada y en la misma confluencia de los ríos Ebrio y Nela se alza el caserío de Trespaderne. Secular cruce de caminos, en sus inmediaciones se localizan las ruinas de una de las fortalezas más nombradas y con mayor contenido histórico su origen se remonta a la época romana de toda la alta Castilla: el legendario castillo de Tedeja. Desde Trespaderne, siguiendo la carretera del puerto de Angulo, es preciso detenerse en Cadiñanos para admirar los restos del magnífico palacio de los Medina Rosales, una de las familias más ilustres de Tobalina. Remontando el río Jerea pronto se llega a Pedrosa de Tobalina, pueblo en el que no hay que dejar de ver su anfiteatro de cascadas. En Pedrosa es necesario desviarse con dirección a Barcina del Barco. Tras pasar por Extramiana desde su iglesia se domina una extensa vista del Valle de Tobalina cerrado por el Sur por las estribaciones de los Obarenes se alcanza Ranedo. En esa localidad hay que tomar una pista asfaltada que conduce hasta Herrán, uno de los núcleos mejor conservados y más interesantes del valle. Recostado en la Sierra de Arcena, Herrán es la puerta del desfiladero del Purón. Esta importante vía natural que fue utilizada por los romanos todavía se conserva un puente de la época y por los repobladores altomedievales constituyen uno de los recorridos senderistas más bellos de Burgos. En Herrán, lugar donde en el año 870 el abad Pablo fundó el monasterio de San Martín se levantan varias casonas y palacios blasonados así como una casa medieval construida en toba y que conserva en su interior unas pinturas murales góticas.

Para continuar el recorrido por Tobalina hay que enlazar, por Promediano y Gabanes, con la carretera de Trespaderne a Puentelarrá. Tras una rápida visita a Quintana Marín Galíndez y siguiendo el eje natural formado por el río Ebro, se alcanza la desviación antes se puede visitar la torre de los Bonifaz en el cercano Lomana hacia Frías. A la derecha de la actual carretera puede verse el llamado puente de Frías. Su torre defensiva, levantada en el siglo XIV para el cobro de los derechos de paso, confiere a este antiguo puente medieval, con orígenes romanos, un aire inconfundible. La ciudad de Frías es un elemento irrepetible dentro del paisaje de Las Merindades. Surgida en la primera época de la repoblación castellana, el trazado de su núcleo urbano conserva un aire típicamente medieval que se ve reformado por la silueta de un castillo levantado sobre una inverosímil atalaya rocosa. La fortaleza, desde la que se goza de una inmejorable perspectiva de la ciudad y de casi todo el Valle de Tobalina, fue edificada entre los siglos XII, XV e incluso XVI. Además de la original torre del homenaje se pueden contemplar unos ventanales decorados con capiteles de estilo románico. El fuerte desnivel existente en la plataforma sobre la que se asienta el caserío ha condicionado el trazado de las calles, el programa vertical de los edificios y un estético conjunto de casas colgantes. En muchas de las construcciones de Frías se ha mantenido un entramado de madera con claro origen medieval. En el extremo opuesto al castillo se localiza la iglesia de San Vicente de la que se expolió, en 1904, una interesante portada románica. Otros monumentos dignos de visitar son la iglesia de San Vitores y los conventos abandonados de San Francisco y Santa María del Vadillo.

TORRES Y CASTILLOS

La comarca de Las Merindades presenta una de las mayores densidades de torres y castillos de la vieja Europa. Desde los primeros repobladores cristianos que levantaron sus fortalezas roqueras para defender su progresivo avance frente a los musulmanes, hasta las numerosas torres y casas fuertes erigida por los nobles para proteger sus señoríos durante la Baja Edad Media, el panorama es amplio y variado. Las más importantes llamativas y dignas de visitar son las siguientes: el castillo de los Velasco en Espinosa de los Monteros, el castillo de Virtus, “Las Torres” de Medina de Pomar, el castillo de Castrobarto, la torre de Berbana, el castillo de Lezana de Mena, la torre de Valdenoceda, la torre de Quintana de Valdivielso, el castillo de Toba, la torre de Quecedo, la torre de Lomana, el castillo de Frías, la torre de Valpuesta, el castillo de Urria y la legendaria fortaleza de Tedeja, en Trespaderne.

LAS HUELLAS DE LA HISTORIA

Muy pocos territorios pueden presumir de un pasado tan denso y singular como el que atesora la comarca burgalesa de Las Merindades. Su patrimonio arqueológico, histórico y artístico es tan abundante que es imposible plasmarlo en unas pocas líneas. Desde los más remotos vestigios encontramos en Ojo Guareña una sala con huellas prehistóricas y un santuario con pinturas paleolíticas, hasta los dólmenes de Huidobro, Busnela y Porquera de Butrino, pasando por unas bien conservadas calzadas romanas en especial la del Valle de Mena, una serie de asentamientos y templos visigodos y uno de los mayores conjuntos eremíticos altomedievales el mejor es el de Presillas de Bricia, casi todas la gentes que han vivido en la península Ibérica han dejado su huella en una tierra en la que, además, nació el reino de Castilla.

VALLES ROMÁNICOS

Las Merindades es una zona con mayor concentración de templos románicos. Dispersos en pueblos y parajes naturales de extraordinaria belleza, aparecen las decenas de ermitas, iglesias y monasterios levantados por los repobladores cristianos durante los siglos XI y XII. Tres valles de la comarca, Mena, Losa y Valdivielso se llevan la palma y protegen con su privilegiado paisaje los principales monumentos: San Lorenzo de Vallejo de Mena, Santa María de Siones, San Pedro de Tejada y San Pantaleón de Losa. Vivanco de Mena, El Vigo, Butrera, Torme, La Cerca, Bercedo, Colina, Crespos, Valdenoceda, El Almiñé, Ahedo de Butrón y Almendres son otras de las localidades con iglesias de interés.

PUEBLOS Y PAISAJES

Los cientos de aldeas, pueblos, villas e incluso, pequeñas ciudades, que aparecen desperdigadas por la amable y pintorescas geografía de Las Merindades componen uno delos más atrayentes paisajes rurales que se puedan contemplar. En la mayoría de estas localidades es posible disfrutar de una arquitectura popular en la que domina una singular edificación: la casa montañesa. Construida en piedra, su elemento más característico es una amplia solana de madera situad en el piso superior. También en las Merindades se ha sabido conservar un secular acervo tradicional a base de leyendas, artesanía, formas de vida ancestrales en especial la de las gentes pasiegas y fiestas entre las que destacan las romerías de San Bernabé, en Ojo Guareña, y de la Virgen de las Nieves, en Las Machorras.

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