Ávila, Ciudad Patrimonio de la Humanidad
Ávila
Ávila es ciudad antigua, medieval, de las tres culturas, del Patrimonio de la Humanidad, del Camino de la Lengua, de la Red de Juderías.
Els Blaus de Roses

Ávila, Ávila, ciudad patrimonio de la humanidad

Declarada Ciudad patrimonio de la Humanidad el 6 de Diciembre de 1985


Ávila y su ciudad.
Es Ávila ciudad de contrastes, donde aún se respiran las gestas guerreras y el misticismo de otras épocas, frente al ajetreo de la modernidad urbana. Ahí están sus murallas, inexpugnables al paso del tiempo, que o ha logrado venderlas. Se eleva la capital a más de 1.100 m sobre el nivel del mar, en el límite sur de la meseta castellana. Los primeros pobladores que ocuparon estos altozanos pertenecían a la cultura vetona. Pero son los romanos quienes consideran la estructura urbana del a ciudad, testigo de posteriores refriegas bélicas por el territorio entre musulmanes y cristianos. En el siglo XI Alfonso VI organiza la repoblación de Avila y la reconstrucción de las maltrechas murallas. La Edad Media trae el esplendor se inicia la edificación de las más bellas iglesias románicas y la Catedral. Más tarde se construyen los palacios y el Monasterio de Santo Tomás. Surge entonces la figura de Teresa de Jesús, a la que tanto debe esta ciudad.

El viajero moderno ha de adentrarse en Avila y recorrer con calma sus calles, plazas y rincones. Resulta especialmente placentero caminar por el Paseo del Rastro, espléndido mirador del Valle Amblés. El cielo azul de Avila ilumina los distintos matices del paisaje. Un espectáculo que se acrecienta con la agradable presencia estival de las cigueñas y el bullicioso vuelo de los vencejos. Otra perspectiva de interés es la que ofrece el impresionante lienzo norte de la muralla, o la panorámica desde los Cuatro Postes, especialmente con la iluminación nocturna de la misma.

Figura universal de Teresa de Jesús. Ávila
Varias puertas dan acceso al recinto amurallado, algunas de ellas majestuosas, como la del Alcázar, en el Mercado Grande, conocida así popularmente esta plaza por los abulenses que tienen en ella su habitual punto de encuentro. Otra puerta digan de mención es la situada junto a la Basílica de San Vicente, obra por excelencia del románico abulense estilo en el que se conservan otras interesantes iglesias, como la de San Pedro, San Andrés, San Esteban, San Segundo, San Nicolás, San Martín o Santo Tomé. La Catedral está considerada como la primera gótica de España, con su imponente cimorro defensivo en la cabecera. Su interior es solemne y sobre cogedor y en él destaca su retablo mayor, el claustro y la girola, así como la carácterística piedra arenisca de sus muros. No menos hermoso es el entorno de la plaza que la rodea.

Monasterio de Santo Tomás, Ávila
La figura universal de Teresa de Jesús, tan ligada a la de San Juan de la Cruz, deja en Avila un legado imborrable. Su imagen se venera con devoción en la Iglesia erigida sobre el solar donde ella nació en 1515. fue en el Convento de la Encarnación donde tomó el hábito y emprendió su reforma carmelitana, con la fundación de numeroso conventos, como el de San José. Tampoco y a pesar de que algo más apartado, debe dejar de ir el visitante al Monasterio de Santo Tomás, joya del gótico abulense.

Después de admirar el patrimonio monumental nada mejor que cumplir con el rito del tapeo, para probar los exquisitos pinchos que se sirven en los bares. Y de paso realizar alguna que otra compra, cerámica, trabajos de cantería o las típicas yemas de Santa Teresa. Un buen preludio sin duda para el almuerzo donde los comensales podrán degustar los sabroso platos de latiera, como las afamadas judías del Barco o el cocido morañego, compañado claro está de la excelente carne abulense, y asea el cochinillo, cordero asado o el chuletón de ternera. Y de postre la rica fruta del Valle del Tiétar.

Por la tarde un recorrido a través de los numerosos palacios medievales y renacentistas, algunos rehabilitados para distintos usos. Destacan entre ellos el de los Velada, Valderrábanos, Polentinos, Núñez Vela, Deanes o el de los Dávila, éste envuelto en una sugestiva leyenda. Casas nobiliarias como la de los Aguila, Bracamonte, Almarza, Superunda, Verdugo o Los Guzmanes, con su robusto torreón. Resulta inútil, de todos modos, cualquier empeño por ver esta milenaria sensación a quien camina por ella. Lo más aconsejable pues es encontrar alojamiento para dormir y disfrutar de una jornada más en Avila.


Fuente: Ciudades Patrimonio de la Humanidad

 

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