Aragón, itinerario para conocerlo
Aragón
A ti te va a quitar la respiración pero Aragón es una tierra que respira historia. Si sigues sus huellas milenarias, comprobarás que, en esta Comunidad de contrastes, han convivido cristianos, judíos y musulmanes. Prepárate porque comienza tu aventura
Els Blaus de Roses

aragón, aragón, itinerario para conocerlo

UNA PROVOCACIÓN PARA LOS SENTIDOS


ARAGÓN. INFORMACIÓN GENERAL

Aragón es una de las diecisiete comunidades autónomas de España. Está situada en el cuadrante nordeste de la Península Ibérica, equidistante de casi todo y siempre cerca (apenas setenta y cinco minutos de Madrid y Barcelona, gracias al tren de alta velocidad). Con 47.724 kilómetros cuadrados, este viejo reino que fuera una de las naciones más antiguas de Europa cuenta hoy con más de 1.200.000 habitantes. En general, gente tenaz, tan amable como acogedora, de humor socarrón y nobles intenciones.

A ti te va a quitar la respiración pero Aragón es una tierra que respira historia. Si sigues sus huellas milenarias, comprobarás que, en esta Comunidad de contrastes, han convivido cristianos, judíos y musulmanes. Prepárate porque comienza tu aventura.

Bodegas del Somontano, Huesca
SIENTE ARAGÓN

Quieres vivir un espacio geográfico con intensidad? ¿Y sentir hasta en la última terminación nerviosa todo lo que te rodee? Aragón es una provocación para los sentidos.

Al norte, el Pirineo; al sur, el Sistema Ibérico y, en el centro, el río Ebro, el más caudaloso de la península. Huesca, Zaragoza y Teruel. Esta tierra y sus contrastes te dejarán sin sentido y, a la vez, con todos los sentidos despiertos.

La vista se agudiza para contemplar lagos y verdes praderas de alta montaña, valles paradisíacos, sierras boscosas e intrincados cañones y barrancos junto a estepas áridas y secas o llanuras irrepetibles. Paisajes llenos de vida poblados por buitres, quebrantahuesos, osos, aunque en escasa población, o las grullas que, cada año, vienen a reponer fuerzas a la Laguna de Gallocanta. También hay camellos y bisontes pero son importados. Los primeros te llevan de paseo por el desierto de Los Monegros. Los segundos pastan alegremente en el Parque Faunístico de“Lacuniacha” creyéndose que están en Canadá.

Hace falta mucho tacto para sacar jugo a todas las propuestas al aire libre que se pueden practicar en Aragón. Aquí se encuentra el pico más alto de los Pirineos, el Aneto. Mide 3.404 metros. Alpinismo y escalada pero también senderos, paseos a caballo, piragüismo, rafting o descenso de cañones. Hay más y todo el año. Espeleología, golf, deportes aéreos, patinaje sobre hielo, orientación, mushing o esquí en todas sus versiones. En Aragón, encontrarás el deportista que llevas dentro. Y si no lo llevas, tienes unos estupendos balnearios donde tumbarte a la bartola y dejar que te mimen.

Con un poco de olfato, podrás rastrear una rica historia cuyas huellas permanecen frescas. Todavía se conservan monumentos megalíticos, pinturas rupestres y poblados ibéricos. De la época romana, quedan puentes, grandes obras hidráulicas, mausoleos y sólidas murallas. La impronta del Islam podemos admirarla, especialmente, en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza y en la ruta de los monumentos mudéjares que salpican esta tierra.

Durante el siglo XI, se edificaron por todo el Serrablo pequeñas iglesias románicas con influencia mozárabe. El reino cristiano de Aragón data de la Edad Media. El símbolo de su nacimiento es el Monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca. Aragón nace como entidad política en el siglo XI, se consolida en el XII y alcanza su plenitud siendo Corona de Aragón con Jaime I.

Esta Comunidad cuenta con un patrimonio artístico milenario. Del románico al barroco, pasando por el esplendor del gótico, el mudéjar o el renacimiento. Todos los estilos confluyen en la Catedral de San Salvador, La Seo de Zaragoza. Está en la misma plaza que la Basílica del Pilar, lugar frecuentado por cientos de palomas y centro neurálgico para todos los turistas que se asoman por la capital aragonesa.

Si abrís bien el oído, podréis escuchar el bullicio de las fiestas, festivales y certámenes que, cada año, visten de color los pueblos y ciudades aragonesas. Desde la sentida Semana Santa turolense de la Ruta del Tambor y del Bombo hasta las alegres y tradicionales fiestas patronales cuyo máximo exponente son las del Pilar de Zaragoza. El doce de octubre, se celebra la ofrenda de flores. Millones de rosas, claveles y gladiolos ofrecidos por gente de todo el mundo sirven para tejer ese día el manto de la Virgen.

Os contarán mágicas leyendas como la de los Amantes de Teruel, Diego e Isabel, que murieron rendidos por un amor imposible. Y no sólo os la contarán, tendréis la oportunidad de vivirla desde dentro, metidos de cabeza en el mundo medieval. Será como un fantástico viaje por el túnel del tiempo. El patrón de Aragón es San Jorge. Aparece siempre con el dragón al que dio muerte enrollado a su cuerpo. Dicen que liberó así a una bella princesa y su popularidad se arraigó en esta tierra en el siglo XII.

Para dar gusto al paladar, en Aragón se cocinan migas de pastor, ternasco asado, cardo, borraja o crespillos. El jamón y aceite de oliva, longaniza, miel, melocotón... cautivan los sentidos. Gastronomía sincera, amorosa y sin afeites que conquista todos los estómagos. Ven y pruébala, regada con los ricos y variados vinos de nuestras Denominaciones de Origen.

Siente Aragón, tierra de vida, de sensaciones y de sorpresas que están ahí, esperando para seducirte.

Moderna estación de trenes
ARAGÓN MODERNO

Aragón está cerca de todo, a un paso de ti. Por lógica, esta Comunidad se ha convertido en una de las grandes potencias logísticas de Europa. El secreto, saber explotar su situación geográfica privilegiada. En medio de los mayores centros económicos: Madrid, Barcelona, Bilbao, Valencia y sur del viejo continente. Desde este punto neurálgico, se accede a un mercado de veinte millones de consumidores de alta calidad.

Claro que para consumir, el paraíso de las compras lo descubrirás en Zaragoza. Aquí puedes encontrar ropa, calzados y todo tipo de regalos para tu familia o tus amigos a precios muy razonables. Son famosos, por ejemplo, los adoquines, unos caramelos gigantes que se siguen elaborando de forma artesanal. Se llaman así porque se parecen a las baldosas adoquinadas que se utilizaban para revestir muchas de nuestras vías urbanas. Aún podemos pisarlas pero este pavimento está en peligro de extinción. Se impone el asfalto por exigencia de las nuevas tendencias y el aumento del tráfico rodado. Ya sabes, mira por donde andas.

Miles de hectáreas se han convertido en plataformas logísticas. La de Zaragoza, PLAZA, es la mayor de Europa. Pero es que además se ha invertido mucho en investigación de nuevas tecnologías. En torno a la Expo de 2008, se han levantado modernas infraestructuras, el aeropuerto empieza a despegar y eso es sólo el principio. Ir a Madrid se ha convertido en un paseo de sólo hora y media volando a ras de suelo en AVE.

Lo cierto es que necesitarías unas alas para poder recorrer todas las rutas turísticas, culturales, artísticas y gastronómicas que os propone esta tierra: la ruta del Cid, la del Cister, la Zaragoza romana,... Te alojarás en Casas de Turismo Rural o en magníficos hoteles pero no puedes marcharte sin cubrir al menos un tramo del Camino de Santiago haciendo un alto en el Hospital de Peregrinos de Arrés o en la Catedral de Jaca en cuya entrada una columna guarda la señal de los miles de caminantes que la han besado a lo largo de los siglos. Ineludibles también un paseo por Albarracín o por las mágicas Zaragoza, Huesca y Teruel. Todos estos lugares llenos de magnetismo son sedes perfectas de congresos y convenciones. Ten cuidado porque atraen como un imán.

En este viaje, saldrán a tu encuentro miles de aerogeneradores que se han instalado en esta Comunidad que ha apostado fuerte por las energías renovables. Es la nueva versión de los molinos que se cruzaron en el camino de Don Quijote que, igual que tú, también pasó por Aragón. ¿Ves cómo es inevitable? El Ingenioso Hidalgo se marchó embelesado por “la amenidad de las riberas del Ebro, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus líquidos cristales, cuya alegre vista renovó en su memoria mil amorosos pensamientos”. Tal vez puedas empezar el relato de esta aventura así: “En un lugar de Aragón...”

Monasterio de Veruela
VISITAS OBLIGADAS

Cervantes comenzó El Quijote: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...” pero tú debes recordar como sea, si hace falta con una marca en la mano, una serie de visitas obligadas.

El Monasterio de Piedra y su entorno

A 118 kilómetros de Zaragoza capital por la Autovía de Aragón (A-2) dirección Madrid, llegarás a Calatayud, toma el desvío hacia Nuévalos y, a un paso, saldrá a tu encuentro el Monasterio de Piedra.

Allí llegaron una docena de monjes de la Orden del Cister en 1194 procedentes de Poblet. Fieles a la regla benedictina: “ora et labora”, buscaban pobreza y austeridad, soledad y aislamiento. Se quedaron “de piedra” cuando, en medio de un paisaje árido, ante ellos se apareció un oasis de frescor, abundante vegetación y aguas vivas que brotan de las cascadas que forma el río Piedra. Estás avisado de lo que puede ocurrirte.

Deja las prisas y el estrés fuera y sumérgete en un inmenso y sugerente jardín. La música la pone el rumor del agua al precipitarse por cascadas como la de la Cola de Caballo. Otras veces, se sosiega y remansa en paraísos como el Lago del Espejo.

El conjunto monástico no tiene desperdicio. Un hotel ha sabido conjugar las espectaculares estancias monacales y su sobriedad con todas las comodidades del siglo XXI. Podrás comer a cuerpo de rey en el antiguo dormitorio común de los monjes donde se ha abierto un restaurante. Por cierto, ¿sabías que fue aquí donde se puso en marcha la primera piscifactoría española?

El de Piedra es sólo uno de los tres que componen la Ruta del Cister. También son obligadas las visitas a los Monasterios de Rueda, donde podrás alojarte en una de las Hospederías de la Red de Aragón, y el de Veruela, a la sombra del Moncayo. En este último vivió entre 1863 y 1864 Gustavo Adolfo Bécquer. Este ambiente monacal le
inspiró “Cartas desde mi celda”.

Territorio Museo de Las Cinco Villas

Aragón es tan espléndido que cuando te invita a visitar un museo te abre las puertas de todo un territorio. El de las Cinco Villas, con sus fortalezas, conjuntos románicos y singulares paisajes, está situado al noroeste de la provincia de Zaragoza. Las cinco rosas según dice la copla, las Cinco Villas históricas que dan nombre a esta comarca son Tauste, Sádaba, Ejea de los Caballeros, Uncastillo y Sos del Rey Católico. Si te pierdes por estas dos últimas, el románico saldrá a tu encuentro. También en Luna, Castilliscar y Bagüés. Presumen de románico pero también de romano y de castillo, en Sádaba. En Tauste, además de su torre mudéjar, podrás visitar el Santuario de Nuestra Señora de Sancho Abarca.

De Uncastillo, su nombre lo dice todo. Villa y castillo van unidos, ese es el secreto del éxito. El sabor de lo medieval se degusta en su media docena de iglesias románicas, sus intrincadas calles y sus casas solariegas.

No te marches sin visitar Luesia, Biel y Ruesta. En Ejea, es imposible contar todos los nidos de cigüeñas que hay y eso que uno de los barrios recomendados es el del Cuco. También el de la Corona. Y, ya que estamos, sus iglesias, los palacios renacentistas y sus calles con encanto. Piérdete.

Llanuras arcillosas, tierra de castillos como el de Sada en Sos. ¿Sabes que aquí nació el Rey Fernando el Católico? Alguien dijo que en este lugar la piedra se hace poesía. Se inspiró seguro en sus empedradas calles conjuntadas con las arcadas de los portales de casas y plazas. Por cierto, si quieres comprobar que la vara aragonesa que se usaba como medida equivale a 77,2 centímetros puedes hacerlo en la Plaza Mayor bajo los soportales y entre dos arcos. “No te metas en camisa de once varas” Hay quien dice que esa expresión nació cuando una bella joven fue a comprar once varas de tela para confeccionar una camisa y el vendedor le dijo que el precio era un beso por cada vara. Ella respondió: “entonces mañana vendrá a pagar mi abuela”.

Loarre y el Reino de los Mallos

A unos treinta y cinco kilómetros al norte de Huesca en dirección Ayerbe, cuyas tortas están para chuparse los dedos, se alza el Castillo de Loarre. Ocho torreones que aún guardan el sonido de las espadas defienden al que ha sido palacio real, convento y más recientemente escenario de película. Tiene fama de ser el castillo románico mejor conservado del mundo pero la verdadera fama le está llegando de la mano del cine. Sus vecinos llevan el arte en las venas y se han convertido ya en extras expertos. Puedes ver sus magníficas actuaciones en la gran pantalla. Y es que, en Loarre, se han rodado películas como “el Reino de los Cielos” de Ridley Scott o “Miguel y William” dirigida por Inés París.

Caballero o señora, sepa que una consistente muralla ávida de protagonismo os cerrará el paso a vuestra llegada. Es del siglo XIII y protege a todo el conjunto con sus doscientos metros de longitud y su metro treinta de grosor. Los torreones y la entrada en recodo se lo ponían bastante cuesta arriba a posibles invasores. Pero no te preocupes. Hoy detrás de esas ventanas ideadas para disparar sin ser herido no hay nadie que pueda arrojar líquidos hirviendo. Conseguirás entrar sin dificultad pero no olvides que el puente por el que se accede a la Torre del Homenaje podía cortarse para dejar esta zona aislada.

A finales del siglo XI, se levanta el monasterio que pertenece a la época de Sancho Ramírez. Tiene torre, cuerpo de guardia y una iglesia en la que la luz se cuela a través de bellas ventanas con finas columnillas. No te olvides de echar un vistazo a los capiteles y déjate invadir por el espíritu medieval. A principios de siglo, se construyó la fortaleza militar, asomada a un acantilado casi vertical. El Mirador de La Reina es un balcón de lujo a la Hoya de Huesca. ¡Vaya vistas!

Y hablando de vistas, el Castillo de Loarre es parte del Reino de los Mallos. Un reino de extraordinarias formaciones geológicas que se alzan majestuosas, paraíso de buitres y de escaladores de todo el mundo. Imponentes los Mallos de Riglos, los de Agüero, los de Murillo, el Pico de Gratal y pantanos como el de Ardisa o el de la Sotonera, ideales para practicar deportes náuticos. Cuando el viento acompaña, el windsurf y el parapente causan furor. El río Gállego, el más fresco de Aragón, cruza el reino de norte a sur con sus aguas bravas adecuadas para la práctica de rafting, piragüismo o hidrospeed. Si el aventurero que llevas dentro no se decide a salir, hay un montón de aves acuáticas, grullas, buitres y rapaces esperando a que repares en ellos sin necesidad de cansarte. Puedes ir a visitar iglesias y ermitas o, si te apetece comer, además de
torta, en la zona, presumen de tener las mejores cerezas en Bolea, almendras y buen cordero.

Si quieres dejarte invadir por un cierto aire retro, desde Huesca sale un autobús matriculado en 1913 que recorre sin prisas once rutas con encanto.

San Juan de la Peña

Atrévete a entrar en otro mundo, a un paso de Jaca, en una de las últimas Sierras Pre-Pirenaicas de la Jacetania, la imponente Sierra de San Juan de la Peña te quitará el hipo. Lugar de obligada visita para los que siguen la pista del nacimiento de Aragón o la del Santo Grial. Dice la tradición que el cáliz en el que Cristo bebió en la última cena lo trajo de Roma San Lorenzo.

Antes de llegar, puedes hacer un alto en el camino en Santa Cruz de la Serós para disfrutar de la amabilidad de sus vecinos y de una cuidada arquitectura popular. Las construcciones se rematan con fabulosas chimeneas adornadas con remates o “espantabrujas”. Pero sus dos joyas son la iglesia de Santa María y la ermita de San Caprasio, ambas románicas.

Después de este respiro, tendrás el privilegio de sumergirte en unos paisajes impresionantes. Huele a musgo, a pino, roble, boj, avellano y humedad. No falla. Estás a punto de llegar a San Juan de la Peña y la ocasión requiere cierta solemnidad porque se trata del que fue primer panteón de los Reyes de Aragón. En pleno Camino de Santiago, te encontrarás el Monasterio Viejo dedicado a San Juan Bautista a finales del siglo IX o principios del X. La imagen de su claustro cobijado bajo una roca se quedará grabada en tu memoria pero es que además guarda otras sorpresas como el panteón de reyes, la vieja iglesia mozárabe, la superior y varias capillas.

Si sigues por la carretera, encontrarás los Llanos de San Indalecio, una bella pradera mucho más soleada donde se construyó en el siglo XVII el barroco Monasterio Nuevo con una portada de postal. No quedaba otro remedio. El Monasterio Viejo estaba achacoso después de varios incendios y destrozos ocasionados por hielos y piedras.

Te mereces un descanso pero hay un montón de montañas esperando para saludarte. Si sigues el sendero que hay frente a la puerta principal del Monasterio Nuevo, podrás asomarte al Balcón de los Pirineos y después tumbarte en una pradera de este lugar que tiene su propio microclima, lo que lo hace bastante más fresquito. Relájate y aprovecha para contemplar los quebrantahuesos, pájaros carpinteros, buitres leonados, águilas reales, jabalíes, ardillas, ciervos y corzos que frecuentan esos parajes. Tranquilo, no estás soñando pero, si te empeñas,... puedes pellizcarte.

Parque Nacional de Ordesa
Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido

Si quieres dejarte impresionar por un paisaje, visita el Parque Nacional de Aragón, el de Ordesa y Monte Perdido. Animales y plantas disfrutan de su particular paraíso que se extiende también por los valles de Añisclo, Escuaín y Pineta. Escucha el rumor de los ríos Arazas, Bellos, Yaga y Cinca y empápate de la quietud de un par de glaciares, obra de la naturaleza.

A las miles de formas se añade el color mineral y vegetal, entre el que la fauna se camufla. Grises en lo alto que se tornan en verdes, ocres o blanco con el paso de las estaciones. En este paraíso conviven una gran variedad de microclimas, algo que permite el milagro de que se den casi mil cuatrocientas especies vegetales.

La naturaleza tiene propuestas para todos, también para los menos andarines. Es famosa la Cola de Caballo, una preciosa excursión apta para todos los públicos como también lo es llegar hasta el mirador de la Garganta. Otra ruta podría ser el viejo camino que unía Torla con Ordesa o una escapada a Los llanos La Larri, un circo de origen glaciar con vistas privilegiadas.

La civilización y muchas otras propuestas las encontrarás en los pueblos de los alrededores: Gistaín, San Juan de Plan, Torla, Bielsa famoso por sus carnavales, Aínsa por ser un precioso conjunto medieval y su festival, Broto, Boltaña o el encantador Plan. ¿Tienes un “plan” mejor?

Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara

Agua, luz, color y vida. ¿Qué más puedes pedir? Desde Zaragoza, pasarás por Huesca, tomarás la carretera a Barbastro (N-240) y estarás a punto de llegar a tu destino.

Ya estás en la Sierra de Guara, zona escarpada, bañada por un pequeño río, guarda profundos barrancos y la huella de nuestros antepasados en forma de pinturas rupestres. ¿Estás dispuesto a sacar el artista que llevas dentro? Los pueblecitos montañeses tallados en piedra contrastan con los del Somontano en el que cobra protagonismo la tierra. Hay algunos deshabitados como Nasarre y Otín junto a restos de la mano del hombre: herrerías, fuentes o almazaras. Estos conviven con monumentos como Santa María Lanuez o el conjunto de Alquézar con su colegiata, el castillo y el museo de arte sacro. Alquézar es uno de los lugares más bonitos de esta tierra y, sin duda, te conquistará cuando pasees por sus calles encantadoras o te asomes a sus escarpados acantilados. Quedan rastros islámicos pero también del medievo cristiano en una zona que se alzó como frontera entre árabes y cristianos.

El paisaje lo domina la naturaleza en una sierra en la que te vas a deleitar con el turismo rural y vas a tener la ocasión de charlar con gente sencilla y cálida que te abrirá las puertas de sus casas.

El Parque Cultural del Río Vero es un museo al aire libre con más de sesenta abrigos pintados. Arte rupestre pero también románico en Bierge. Entre Lecina, Colungo, Asque, Alquézar y Rodellar encontramos el rastro de la Prehistoria en distintos estilos: paleolítico, levantino y esquemático.

Ponte el neopreno e inicia el descenso siempre acompañado de expertos. Te están esperando los mejores cañones y barrancos de Europa pero también escarpadas formaciones rocosas en las que los escaladores se lo pasan de miedo. Para terminar, ¿te atreves con una excursión a caballo o en burro? Si no, puedes elegir la bici o el coche de San Fernando. Ya sabes, un rato a pie y otro andando.

Parque Cultural del Río Martín

¿Quieres conocer las mil caras del Parque Cultural del Río Martín? Una obra de arte que el agua, el viento y el tiempo han ido modelando, dando forma a los cañones del río Martín y sus barrancos espectaculares. Están en la provincia de Teruel. A ambos lados del río, secretos a voces: conjuntos urbanos, monumentales yacimientos arqueológicos, escenas de arte rupestre que conviven con fósiles, bosques, viñas y huertos. Y, desde el cielo, dando más belleza a la obra de arte rapaces y buitres.

Si accedes por el oeste, te recibirán Montalbán y el tradicional barrio de Peñarroyas. Desde allí a Torre de las Arcas. El paisaje es como una pintura de areniscas rojas, vinosas y amarillentas que contrastan con el verde oscuro que tiñe alguna planta.

Tras un sinfín de cañones, saldrán a tu paso gigantescos cabezos y, en Alcaine, numerosas fuentes que vierten sus aguas cristalinas al sediento caudal del río para darle un respiro. Agua que bebieron hace millones de años los autores de las pinturas rupestres que ilustran la Cañada Marco, el Abrigo de la Higuera y otras zonas en Obón. En Alacón, en el barranco de Mortero-Regatillo, otro asombroso relato en las paredes de las formas de vida y las creencias de los primeros pobladores del valle. Quedan también cuevas más recientes que los pastores levantaron con piedras para proteger a su ganado por las noches. Lo mejor es que los actuales pobladores te ofrecerán un refrescante trago de vino de sus tradicionales bodegas para ayudar a digerir tantas emociones.

Siguiente destino, Oliete, la tierra ibérica del Parque. Una torre de catorce metros de altura, la mejor conservada de esa época y varios poblados que te permitirá hacerte una idea de cómo vivían de un vistazo. Tampoco te pierdas el casco urbano de Oliete con sus callejuelas estrechas, arcos de entrada a lo que fue un recinto fortificado... ni la Sima de San Pedro con una profundidad de ciento diez metros y un centenar de diámetro en su boca y que da cobijo a las aves del lugar.

En Ariño, seguimos el rastro de unas supuestas huellas de dinosaurios y, en Albalate del Arzobispo, más pinturas rupestres y los caprichos de la naturaleza que dejan escenas preciosas.

Sierras de Gúdar y Javalambre

La Sierra de Gúdar tiene su techo en el Pico de Peñarroya de 2.019 metros. En ella nacen los ríos Guadalope, Mijares, Linares y Alfambra. El pico Javalambre, un metro más alto que el anterior es el que da nombre a la otra sierra de Teruel. Bosques de pinos, robles y arces los hacen lugares muy especiales. La mayoría de sus poblaciones conservan sus trazados medievales como Mosqueruela, las casonas de Rubielos de Mora y Mora de Rubielos.

Juntas ambas poblaciones resultan capicúas. Aunque los lugareños lo tienen muy claro, no es fácil recordar cuál es cuál. Para conseguirlo, basta recordar que Mora es la del robusto castillo gótico de los Fernández de Heredia del siglo XIII y la Colegiata de Santa María, del XV. A tiro de piedra, Rubielos de Mora, la de los portales torreados de San Antonio y del Carmen, del siglo XIV y restos de las murallas.

Belleza que se saben de memoria los esquiadores que, cada invierno, eligen las pistas de Valdelinares y Javalambre, esa zona del Sistema Ibérico de Teruel para quitarse el gusanillo de la nieve. Otros los gusanillos se los ponen a la caña de pescar en los excelentes cotos trucheros que se ofrecen por aquí. Por cierto, en Puertomingalvo se come buen marisco y en cualquier punto presumen de cecina y jamón. No te vayas sin darte un homenaje.

Territorio Dinópolis

¿Te atreves a adentrarte en Territorio Dinópolis? A recorrer 4.500 millones de años, rastrear huellas de dinosaurios, bucear por los Mares Cretácicos, desentrañar los misterios de las grandes extinciones y descubrir los orígenes humanos.

La respuesta a los mayores enigmas la encontrarás en un gran parque paleontológico ubicado en Teruel capital y en cinco innovadores museos repartidos por la provincia: Inhóspitak en Peñarroya de Tastavins, Legendark en Galve, Región Ambarina en Rubielos de Mora, Mar Nummus en Albarracín y Bosque Pétreo en Castellote.

Casco urbano de Albarracín
Albarracín

Si hay un lugar elogiado por todos los que lo visitan, sin duda, es Albarracín, ciudad en alto desde donde se controlaban todas las tierras del señorío del que era capital. Perderse por sus calles es como entrar en un cuento, un cuento lleno de frescor y de cuestas hermosas, agradables, irregulares. Albarracín enamora, atrapa. La magia fluye de sus casas construidas con entramados de madera y tabicones de yeso rojizo, característico de esa zona.

No hay misterio pero sí secreto, que todos los vecinos han hecho un gran esfuerzo por ser respetuosos con el lugar en el que viven. Un lugar en el que los tejados se acercan en un curioso y original intento de ganar espacio habitable. De esta forma, se crea un ambiente de penumbra, de coqueteo con el sol que envuelve y hace sentir bien al paseante. Si vas, te enamorarás.

Hay tanto por ver. Casas como la de la Julianeta, del Chorro o de la Calle Azagra entremezcladas con pequeños palacetes: el Episcopal, el de los Monterde y Antillón, el de los Dolz de Espejo o la Casa de la Comunidad. No hay que olvidar la Catedral ni el Museo Catedralicio que guarda un tesoro en forma de tapices. Y, por supuesto, su muralla y preciosas vistas. Date un paseo junto al río Guadalaviar antes de abandonar el cuento del que estás siendo protagonista.

Esta comarca guarda en sus entrañas maravillosos bosques de pino rodeno, que rodea monumentos como los abrigos con pinturas rupestres del Parque Cultural de Albarracín. ¿Sabes cómo pintaban? Con los dedos, con pinceles que se inventaban de crines o pelos, soplando o ayudados por un hueso o una caña. La paleta de colores la conseguían triturando tierras y carbones vegetales mezclados con agua, grasa de animales, sangre o resina de los árboles. ¡Qué ocurrentes!

Parque Cultural del Maestrazgo

Bienvenidos al Parque Cultural del Maestrazgo, cuarenta y dos municipios llenos de tesoros culturales y naturales. Saldrán a tu paso conjuntos históricos, monumentos, arqueología, conjuntos rupestres, yacimientos paleontológicos y puntos de interés geológico pero también personas acogedoras. Estás en una zona en la que la sencillez es el principal atractivo. Los castillos conviven con las masías, el recuerdo de los señores con los oficios tradicionales con la trashumancia a la cabeza. También hay tiempo para romerías y fiestas en las que brillan las albadas, los bailes y el sonido de las gaitas.

La naturalidad de los pinares de Fortanete, los Órganos de Montoro y el Río Guadalope merecen una visita reposada. No te aceleres tampoco en el nacimiento del Pitarque, la Rambla de las Truchas, el Valle del Linares o en la Muela Monchén. Hay un montón de senderos señalizados que puedes seguir sin perderte para encontrarte en el paraíso.

Pero además tienes muchas otras citas. En Aliaga, te esperan el Parque Geológico y el Centro de la Minería de Santa Bárbara. En Galve, el Parque Paleontológico. El Museo de Mas de las Matas, el Parque Cultural de Molinos, la Almazara de Jaganta, el Centro de Interpretación Ambiental de Villarluengo o el Parque Escultórico de Hinojosa de Jarque.

Mirambel, Mosqueruela, Puertomingalvo, Estercuel, Cantavieja, Alcorisa... Elijas lo que elijas, acertarás. Y no te vayas sin probar su gastronomía. Igual de variada y excelente que sus paisajes y sus gentes. Déjate aconsejar.

La Ruta Mariana

Aragón debe ser una de las partes del mundo con más Pilares. Sí, sí, con más mujeres que se llaman así: María Columna, en latín. Todo en honor a un hecho. Cuenta la tradición que la Virgen vino milagrosamente en vida a Zaragoza para reconfortar al Apóstol Santiago en su labor evangelizadora. Se apoyó en un pilar y en torno a él, a orillas del Ebro, se levantó la primera capilla en su honor. Ese pilar está deformado por tantos besos que le han dado. Desde hace dos mil años, la Basílica de Nuestra Señora del Pilar se ha convertido en centro de peregrinación mundial.

Un monumento que aúna distintos estilos y construcciones, tan espectacular que impacta a primera vista. Fue iglesia románica pero se incendió, luego góticomudéjar pero se demolió. De ambas quedan restos como el impresionante retablo plateresco de Damián Forment y la sillería del coro. Las cúpulas son barrocas, Goya pintó su Regina Martyrum y Ventura Rodríguez puso su firma en la Santa Capilla de la Virgen. En la encrucijada de centros cristianos europeos como Santiago, Fátima o Lourdes, hacia este último la Ruta Mariana cuenta también en tierras aragonesas con el grandioso Santuario de Torreciudad.

¡Oh! Esa suele ser la expresión que se les escapa a los nuevos espectadores. Comparada con las dimensiones de la Basílica, a la Virgen la suelen ver algo pequeña pero siempre tan hermosa con su manto y rodeada de flores. Hay que verla a un par de metros pero, si tienes niños pequeños, podrán llegar a tocarla acompañados por los Infanticos del Pilar, unos chavales que cantan como los ángeles y que se encargan de misiones como esa.

La devoción a la Vírgen del Pilar alcanza su punto álgido el doce de octubre, día del descubrimiento de América, Día de la Hispanidad. Ese día se saca a la Virgen a la plaza en la que se alzan la basílica y la Catedral de La Seo y alrededor de medio millón de oferentes ataviados con trajes regionales de todo el mundo ayudan a confeccionar un manto de quince metros de alto con millones de claveles, margaritas y gladiolos. Se teje con amor, devoción y buenas intenciones. Como ella es la Reina de la Hispanidad, participan varios países iberoaméricanos, otros envían flores por correo, tren o avión. No faltan bailes y música de todos los rincones. Es espectacular.

Ruta y espacio de Goya y otros nombres propios

Muchas de nuestras calles, hospitales, colegios o museos llevan nombres que dentro de nada te sonarán de tanto oírlos. Pero vamos a presentártelos. ¿Sabías que Miguel Servet era aragonés? Fue un sabio renacentista que nació en Villanueva de Sigena hacia 1509. Dominaba todas las artes: lenguas clásicas, astronomía, geografía, matemáticas, medicina, filosofía... ¡Cuánto sabía este hombre! Famoso por sus estudios sobre la circulación de la sangre, no tuvo mucha suerte. Lo tacharon de hereje y murió quemado en la hoguera en 1553.

Joaquín Costa vino al mundo en Monzón en 1846 y se fue de él en Graus, en 1911. Combinó su labor de escritor con la enseñanza y la política. Su “Regeneracionismo” planteaba soluciones para una España en crisis.

María Moliner elaboró durante toda su vida el mejor diccionario de uso del castellano que se ha hecho nunca (1900-1981) Aragón ha tenido hasta Premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal, uno de los científicos con mayúsculas del siglo XX. Acostumbrados a verlo sentado frente al microscopio, nació en 1852 y murió en 1934.

El escultor Pablo Gargallo; el realizador de cine, Luis Buñuel, amigo de Dalí y Lorca que siempre que podía volvía a su Calanda natal para “romper la hora” con su tambor; el escritor de “Réquiem por un campesino español” Ramón J. Sender, el pintor oscense Antonio Saura y su hermano el director Carlos, también Saura y también oscense. No todos ellos entendidos en su tiempo pero, al final, profetas en su tierra. Las artistas Pilar Bayona, Pilar Lorengar y Raquel Meller.

Tal vez el aragonés más universal ha sido el de Fuendetodos, Francisco de Goya (1746-1828). Un genio marcado por su tierra y sus gentes. Iniciador del retrato moderno, en Aragón puedes ver su obra en la Cartuja del Aula Dei. También te puedes deleitar con los deliciosos frescos que pintó en el Pilar y en otras iglesias y museos. Zaragoza quiere reunir la obra y documentación diseminada por la ciudad en un magnífico Espacio Goya.

Patio Palacio Árabe
Arte islámico

La Aljafería es la obra más significativa del arte islámico en tierras aragonesas. Se llama así en recuerdo del monarca que emprendió su construcción. En su origen era “Qasr al-Surur”, el Palacio de la Alegría. Se llamaba así porque más que un recinto defensivo era un lugar de ocio plagado de artistas, científicos e intelectuales árabes y judíos. En los alrededores del castillo árabe con sus almenas, arquerías lobuladas y preciosos alfices, florecían huertas y manaban acequias.

La delicada belleza del palacio de los Taifas vivió, tras la Reconquista, diversas reformas cristianas que llevan la firma de Pedro IV el Ceremonioso o de los Reyes Católicos que hicieron levantar un palacio sobre los muros musulmanes. Hoy es la flamante sede de las Cortes de Aragón y todo son facilidades para poder visitarla.

No podría estar mejor conservada. Desde la muralla y la puerta de ingreso, hasta el Palacio Cristiano y el de los Reyes Católicos con su escalera noble y salón del trono, pasando por la Torre del Trovador, la mezquita y el Patio de Santa Isabel donde fluye el agua y huele a naranjos. Una obra de arte fruto de la unión de diversas culturas y religiones.

Arte románico

Si tienes alma de artista, deberías embarcarte en la ruta del Románico en Aragón. La piedra se hace arte. Podrás revivir otros tiempos en castillos majestuosos, iglesias, catedrales y monasterios que huelen a incienso, palacios con mil historias entre sus muros y pequeñas ermitas situadas, a veces, en lugares que casi rozan el cielo.

Cientos de edificaciones por todos los rincones de esta tierra que se levantaron coincidiendo con el nacimiento del Reino de Aragón, hace ya mil años. Arcos de medio punto y muros gruesos de sillares rematados con bóveda de cañón o de arista se extendieron, de la mano de los benedictinos a través del Camino de Santiago, por toda Europa.

Si quieres empezar la ruta aragonesa del Románico por el principio debes comenzar por la Jacetania y como no por la Catedral de Jaca que creó su propia escuela. La catedral de la primera capital que tuvo Aragón guarda una magnífica colección de pinturas románicas. En sus muros podrás conocer el ajedrezado jaqués, líneas de cuadraditos dispuestos como sobre un ajedrez que luego se repiten en otras muchas construcciones románicas.

Muy cerca de ahí, el Monasterio de San Juan de la Peña. Y en el Serrablo, iglesias de influencia mozárabe del siglo XI. Entre Sabiñánigo y Biescas, pregunta por las de Larrede, San Bartolomé de Gavín, Otal, Satué, Oliván y allí mismo la de San Juan de Busa. Ésta última enclavada en una pradera preciosa con las montañas de fondo, de reducidas dimensiones, algunos pastores llegaron a cobijarse en su interior con sus rebaños para resguardarse de las inclemencias del tiempo.

No te olvides del Castillo de Loarre, una fortaleza de película. En el Sobrarbe y la Ribagorza encontrarás iglesias lombardas del siglo XI como Roda de Isábena, Obarra y Pano.

Arte gótico

Si buscas los pilares de la Tierra, puedes encontrarlos en Aragón, a través de su arte gótico. Te sumergirás en ese mundo lleno de encanto a través de la ruta del Cister. Debes visitar Nuestra Señora de Rueda, el Monasterio de Piedra, ambos sin estatuas para no desviar los pensamientos, y el de Veruela que inspiró a Bécquer en sus Leyendas y sus Cartas desde la celda.

Gótico también en parte de la impresionante Seo de Zaragoza o de la Catedral de Huesca y San Pedro de los Francos de Calatayud donde se proclamó a Fernando el Católico como príncipe heredero de Aragón.

La Catedral de Tarazona recorta el cielo con su silueta, los Castillos de Valderrobres, Albalate del Arzobispo, Mesones de Isuela o Alcañiz, localidad templaria plagada de pasadizos secretos. Una maravilla, la Catedral de Barbastro.

Arte mudéjar

¿Sabes qué significa mudéjar? Así se llama a la población de cultura, tradición y religión musulmanas que se quedó a vivir en sus pueblos y ciudades tras la conquista cristiana pero conservando sus costumbres. Habría de todo pero destacan excelentes artesanos y constructores que levantaron y decoraron los nuevos edificios cristianos uniendo los estilos europeos con su tradición islámica. Seguro que a ellos les hubiese gustado saber que en el siglo XXI iban a ser declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO.

Utilizaban materiales baratos y fáciles de obtener como ladrillos, yeserías, maderas policromadas y cerámicas vidriadas pero sus manos hábiles les daban una belleza deslumbrante. Supieron convertir los enormes paños de monótono ladrillo en graciosos elementos decorativos repitiendo formas geométricas. Arquillos entrecruzados, elementos vegetales, lacerías y estrellas combinados con ventanas de medio punto o arcos apuntados. Pasear por Teruel capital es como visitar un enorme museo del mudéjar al aire libre. Cuando menos lo esperes, aparecerán ante ti su catedral y las torres de San Pedro, San Martín y El Salvador.

La facilidad para trabajar el yeso les permitió lucirse con sus celosías y estucos con motivos vegetales, geométricos, heráldicas e increíbles caligrafías. En Zaragoza capital, los comprobarás en todo su esplendor en La Seo o en las torres de La Magdalena, San Pablo, San Gil o La Aljafería. Más mudéjar en Tarazona, Calatayud, Borja, Daroca, Magallón, La Almunia y muchos más lugares. ¡Cuánto trabajaron!

Fíjate en la maestría de los artesanos para modelar la madera y la cerámica. Hoy la tradición del barro pervive en Muel y en Teruel. Se escribe con mayúsculas. ¿Te atreves a practicar con tus manos? No te lo pienses.

Monasterio de Veruela
Monasterios

Si te apetece empaparte del espíritu monacal, en Aragón tienes mucho donde buscar. Para encontrar los más antiguos deberás remontarte a la época visigoda. Muchos monasterios han habilitado parte de sus dependencias como hospederías o restaurantes, así que podrás descansar rodeado de austeridad, silencio y recogimiento pero disfrutando de las comodidades del siglo XXI. Desde luego, tendrás un cómodo colchón y debes saber que las humedades han pasado a la historia. Hay verdaderos alojamientos con encanto instalados en Monasterios que te sorprenderán. Dejarás el ayuno para otro momento para recompensar a tu estómago con un buen desayuno, almuerzo o cena en las mismas estancias en las que lo comían los monjes. A tu disposición todo tipo de detalles e incluso algunos productos artesanos que elaboran todavía hoy algunas congregaciones. Podrás degustar almendras garrapiñadas, pastas, y variados dulces con sabor celestial.

En Huesca, entre otros, San Pedro de Siresa y San Juan de la Peña son los dos más antiguos pero también puedes visitar los de San Pedro el Viejo, Sigena, Casbas y Santa María de Obarra. En Zaragoza, la Cartuja del Aula Dei, Veruela, Monasterio de Piedra y Nuestra Señora de Rueda. En Teruel, Santa María del Olivar.

Cipotegato, Tarazona
FIESTAS POPULARES

¿Oyes el bullicio? Aragón es un pueblo hospitalario y alegre con un calendario repleto de fiestas y celebraciones en las que el visitante siempre es recibido aunque sea a tomatazos, rebozado en harina o con el sonido de la pólvora. ¿Te atreves?

La primera cita es el doce de enero en Abizanda con los Langostos de San Beturián. Se extiende un lienzo con una torta en el campo y según el número de insectos que acuden se predice el año agrícola. El sábado y domingo más cercano a San Antón (día 19) se celebra la Encamisada de Estercuel. Grandes hogueras y jinetes que recorren el pueblo a caballo. El diecinueve, la víspera de San Sebastián prepárate a bailar en torno a un chopo que arde el Rodat de Castelserás. Suenan la dulzaina y el tambor. Para reponer fuerzas, lo mejor es acudir el cuarto domingo a la Fiesta del Tossino en Albelda. La protagonista es la tradicional matacía del cerdo. Y de postre, el veintinueve, San Valero, el patrón de Zaragoza, rosconero y ventolero.

El tres de febrero, San Blas, la Máscara de Ateca vestida de arlequín bendice a los presentes y, tras llegar a la ermita, intenta subir a un cerro entre una lluvia de manzanas que le lanzan los niños. El día cinco, Santa Águeda, fiestas por todas partes con la mujer como protagonista. El tercer fin de semana de febrero, estás invitado a las Bodas de Isabel. Todos en Teruel se visten con trajes medievales para seguir por las calles la historia de los dos amantes desdichados. El jueves anterior al Miércoles de Ceniza, “Jueves Lardero, longaniza en el puchero”, en todo Aragón. Y el Martes de Pascua, puedes sumarte a los miles de turolenses que salen al campo para comer con motivo del Sermón de las Tortillas.

¿Estás dispuesto a conocer las mil caras de Aragón? En Carnaval todos los rincones se transforman. Desde lugares como Épila o La Almunia en el que aparecen las mascarutas, un disfraz en el que se camuflan hasta la voz para poder incordiar al público sin ser descubiertos, hasta los famosísimos carnavales de Bielsa donde las trangas te harán pasar más de un sofoco, sobre todo si eres chica, y te encontrarás con las bellas madamas, los onsos y los amontatos. En Zaragoza, te perderás entre tantas carrozas, espectáculos y alegría.

Pon toda la pasión en la Semana Santa aragonesa. Haz la Ruta del Tambor y del Bombo. No faltes en Calanda el Viernes Santo a las doce del mediodía para escuchar la “rompida de la hora”. El estruendo de bombos y tambores no cesa muy cerca, en Hijar, desde la medianoche del día anterior.

El diecinueve de marzo romería en Paniza hasta la cima del alto del Águila, el veintiuno de abril el Dance de Tauste y el veintitrés San Jorge, Patrón de Aragón con actos por todas partes. El treinta de abril, los Mayos de Albarracín, los mozos rondan a las mozas por la noche.

Reserva fuerzas porque estrenamos mes y con él Jaca se sumerge en la Fiesta del primer viernes de mayo. Una vistosa celebración con almuerzo de madrugada y desfiles de artesanos y labradores al son de los trabucos para acompañar al Conde Aznar en su entrada a caballo a la ciudad. Al día siguiente, primer sábado de mayo, tienes una cita en Sabiñán con motivo de la Romería de la Cruz. El diecinueve, en Cetina, ocho danzantes y un diablo bailan a la luz de las antorchas. Es la vistosa contradanza. A finales de mayo y principios de junio, debes asistir al descenso de navatas por el Cinca. Recuerdan los tiempos en los que se bajaban los troncos talados en los bosques del Pirineo en grandes balsas por el río para llegar al mar.

En junio vas a tener que multiplicarte para llegar el primer fin de semana a El Poyo del Cid que vuelve a la época medieval. El Corpus Christi, en Daroca, con sus Santos Corporales. El trece dance de Gallur, el veinte las Hogueras de San Ramón en Barbastro y el veintitrés La Falleta, en San Juan de Plan. Bajan corriendo por un monte con teas encendidas en un vistoso espectáculo. El veinticuatro sale el toro de fuego en Mora de Rubielos, el veinticinco es Santa Orosia, fiestas de Jaca y, al lado, en Yebra de Basa una de las romerías más pintorescas de esta tierra gracias a sus danzantes. El treinta, donde bailan los danzantes es en Benasque.

El diez de julio, prepara ropa blanca y pañuelo rojo para irte a Teruel, a La Vaquilla del Ángel. Una fiesta por todo lo alto que debes compartir con sus peñas, en la calle. Además de mucha marcha, toros ensogados. El dieciséis las fiestas son en Rubielos de Mora en honor a la Virgen del Carmen y el veinticinco, en Sabiñánigo, las de Santiago.

Quédate por ahí porque el primer fin de semana de agosto, se celebra misa mozárabe en alguna de las iglesias del Serrablo. El diez ahora de blanco y verde llega el desenfreno con las peñas en las Fiestas de San Lorenzo, las de Huesca. Huele a albahaca y hay actos para todos. La segunda semana de agosto Rubielos vuelve al medievo y el dieciséis San Roque, en Calatayud. Vístete como puedas pero no te pierdas estas fiestas. El veintitrés, Vulcanalia. En Mara, escenifican la batalla en la que los celtíberos de Segeda vencieron a los romanos. El veintisiete ponte algo que no te importe manchar y prepárate para recibir tomatazos en el Cipotegato de Tarazona. Se los tiran a un mozo vestido con traje de arlequín pero son tantos que muchos se desvían.

En septiembre, después del verano, todos se acuerdan de los santos. El dos en Sariñena de San Antolín, el primer domingo en Ejea de la Virgen de la Oliva, el ocho en Alcalá de la Selva de su virgen, además son las fiestas de la Natividad en Barbastro, en Calatayud las de la Virgen de la Peña y en La Iglesuela del Cid danzan para su patrona. El nueve San Macario en Andorra y Santa Leticia en Ayerbe donde se llenan las hogueras con calderetas. En Graus, el día 13, hacen un crítico repaso del año en un estrafalario desfile que se conoce como Mojiganga. El catorce podrás ver el Cristo de Calatorao y, en Rubielos de Mora, el toro ensogado. Por esas fechas, remángate para sumergirte en la espectacular Fiesta de la Vendimia de Cariñena donde de la Fuente de la Mora mana vino. El veinticinco Santa Pantaria en La Almunia y el último fin de semana San Paterno en las cercanías de las ruinas de Bílbilis. El último domingo de agosto o el primer domingo de septiembre (años pares) se celebra la Morisma en Aínsa en la que, cada dos años, el pueblo se convierte en un gran escenario de teatro en el que actúan todos sus vecinos.

Llega octubre y se produce una explosión de colorido, de jotas, conciertos y ofrendas a la Virgen del Pilar, la más impactante la de flores, el día doce. Los niños corren delante de los cabezudos y escoltados por los gigantes, todo el mundo está en la calle. Son las Fiestas del Pilar y Zaragoza se convierte en una enorme agenda con actos para todos los públicos. La diversión está asegurada. Prepárate para pasar sueño.

En diciembre, Monzón celebra sus fiestas con tradiciones como el “bautizo del alcalde”. Durante todo el año, hay muchas más romerías, procesiones, fiestas y festejos con sabor aragonés y gente amable que te está esperando.

En verano, además, pregunta por los Festivales de Aragón: teatro en Alcañiz y Valderrobres; en Rubielos y Mora se abre la Puerta al Mediterráneo; música celta en Aínsa; Borja en Jazz; la clásica en Roda de Isábena y Rueda y órgano en Torreciudad. Pregunta también por el Festival PIR de música y cultura pirenaicas que acogen preciosos lugares como Aragües, Jasa, Hecho o Ansó. El sueño de muchos artistas es actuar sobre el impresionante escenario flotante de Lanuza en Pirineos Sur que da lugar a noches llenas de magia. ¡Ah! En los años impares todo el mundo mira a Jaca, al Festival Folklórico de los Pirineos. Un torrente de culturas unidas por el folklore y por el respeto al otro. Además música antigua en Daroca y el Festival de Cine en Huesca. Creo que tienes un problema, o te quedas a vivir en Aragón o no sabes por dónde vas a empezar.

GASTRONOMÍA

Si quieres degustar Aragón en todas sus dimensiones, lo mejor es que tengas buen apetito. Podrás comer todo tipo de verduras frescas pero si quieres algo muy de aquí elige la borraja, también hay muy buenas alcachofas y para las ensaladas son famosas las cebollas de Fuentes y, por supuesto, las aceitunas y olivas en todas sus modalidades. Todo ello aliñado con un gran aceite, el del Bajo Aragón.

De segundo, puedes tomar carne recién cazada o truchas que acaban de salir del agua. Por supuesto, tienes que probar el ternasco de Aragón, el pollo a la chilindrón o el cerdo con todos sus derivados después de una matacía como las de antaño. Longaniza de Graus o de Binéfar, jamón de Teruel.

Los postres son como la gente de esta tierra: sanos y sencillos. Quién se resiste a unas manzanas asadas, a un dorado melocotón de Calanda o a un plato de sopetas. En algunos sitios del Pirineo, se conoce así al melocotón con vino. La repostería está elaborada a la manera tradicional por auténticos artistas. Puedes darte un festín de tortas, torrijas, yemas, castañas o pasteles rusos que son de Huesca, trenzas de Almudévar, roscones, frutas de Aragón, condes y jaqueses o besitos de Jaca. Y para regar todo esto caldos con cuerpo y ricos en matices de las cuatro Denominaciones de Origen: Somontano, Cariñena, Campo de Borja y Calatayud.

Balneario de Jaraba
NATURALEZA Y VIDA

Naturaleza y vida. Eso es Aragón. ¿Te has dado ya cuenta? Piedra, tierra, agua, luz, más de 2,4 millones de hectáreas de monte de las que un millón y medio son arboladas. Todo un mundo de hábitats diferentes y de espacios protegidos.

Paraíso para los geólogos, las rocas más antiguas son anteriores al Paleozoico, son cuarcitas, pizarras, calizas y granitos. Sobre ellas, un manantial de naturaleza llena de contrastes y con matices que se renuevan con el paso de las estaciones. Hojas verdes que tornan a rojas y ocres, luego se tiñen de blanco. Son auténticas obras de arte, cuadros más que impresionistas que impresionan poblados de una fauna única y variada.

El Pirineo y las Sierras Prepirenaicas e Ibéricas

La columna vertebral del Alto Aragón son dos formaciones montañosas que lo atraviesan de oeste a este: el Pirineo y el Prepirineo. La cima que se acerca más al cielo es el Aneto (3.404 metros) pero en el Pirineo, debes buscar también las impresionantes aristas graníticas del Maladeta (3.308 m.) y Balaitus así como los profundos valles y cañones calizos del Monte Perdido (3.335 m.) y los monumentos naturales que forman los glaciares pirenaicos.

Te esperan también cientos de pequeños lagos e ibones junto a inmensas praderas en las que podrás perderte para encontrarte. Puedes caminar hasta Cregüeña, Batisielles, Millares, Ordiceto, Marboré, Brazatos, Azules y Estanés con sus aguas puras y cristalinas.

Pero es que las nieves y la erosión fluvial han dibujado grandes valles, cada uno con su personalidad propia. De oeste a este los encontramos en Ansó, Echo, Aragüés, Canfranc, Tena, Broto, Bielsa, Gistaín, Benasque y Barrabés. Todos llenos de historias y secretos, de bellas propuestas que esperan que repares en ellas.

En el Prepirineo, la estructura la componen un conjunto de sierras que guardan en su interior grandiosas moles como Guara o los Mallos de Riglos que hacen de la verticalidad un arte.

Pero Aragón siempre tiene más. El Sistema Ibérico te invita a perderte por sus sierras de altura media y vegetación abundante. La máxima altura la encontrarás en el Parque Natural de la Dehesa del Moncayo, la Sierra de Albarracín con la Reserva Nacional de Caza de los Montes Universales y la Sierra de Gúdar poblada de sus característicos pinares. No te olvides de los pueblos y paisajes del Maestrazgo, de sus gentes y su gastronomía, de los parajes naturales de los Puertos de Beceite, del Monasterio de Piedra y los balnearios de esta zona de los que saldrás como nuevo, Jaraba, Alhama de Aragón o Paracuellos de Jiloca. ¿No crees que te lo mereces? Déjate mimar.

Los ríos

Aragón está atravesada por ríos que son su fuente de vida. La Red Hidrográfica del Ebro toma fuerza en el norte, calma la sed de las tierras secas de la estepa central y se extiende de forma perpendicular a las cadenas montañosas uniendo de forma natural montañas y llanuras.

El Ebro con sus afluentes ha marcado la historia de esta tierra: Aragón, Gállego y el Cinca con el Ésera por la izquierda y Queiles, Huecha, Jalón, Huerva, Aguas, Martín, Guadalope, Matarraña y Algás por la derecha. Toda una lección de geografía.

Los espacios naturales

Aragón es todo un mundo. Desde los glaciares y las cumbres más altas del Pirineo, a más de 3.400 metros, hasta las zonas más bajas, esta tierra ofrece los más variados ecosistemas. Los sarrios y las marmotas habitan en las cumbres pirenaicas entre plantas que lo resisten todo como la codiciada flor de nieve, edelweiss. Dice la leyenda que los hombres que pretendían probar su amor tenían que subir a más de dos mil metros a buscar una para su amada. Tal vez por eso representa el amor eterno. Si te encuentras una, lo mejor que puedes hacer es dejarla vivir en paz porque con tantos pretendientes se ha convertido en especie protegida.

Algo más abajo, cambian la flora y la fauna que vive en los húmedos bosques de los valles. Las zonas más bajas y laderas orientadas al sur están pobladas por especies más propias de climas mediterráneos. Pero las grandes rapaces no entienden de fronteras así que exhiben sus preciosos vuelos con el azul cielo de fondo.

Si quieres acercarte a toda la flora y la fauna propias de las zonas de montaña, algunas de aquí, otras importadas, puedes hacer una escapada a Lacuniacha, el Parque Faunístico de los Pirineos, al lado de Piedrafita de Jaca. Una excursión de tres horas que te cautivará tengas la edad que tengas. Podrás codearte con sarrios y cabras montesas, cruzar la mirada con auténticos bisontes europeos, con linces, gamos y ciervos. También te están esperando renos, corzos y esquivos lobos. Si te gustan las plantas, en tu agradable paseo, podrás reparar en helechos, boj, pinos silvestres, sauces, abedules, olmos y saúcos negros. Es sólo un aperitivo.

Si quieres visitarlo todo, puedes empezar por la Mancomunidad de los Valles, Anayet, Panticosa, Ordesa, Posets-Maladeta, Ribagorza, la Sierra de Guara, el Prepirineo, Mequinenza, los Galachos del Ebro, humedales como Gallocanta y Sariñena, las estepas de Belchite, el Moncayo, las Sierras Ibéricas, los ríos Mesa y Piedra, la Serranía de Albarracín, las Sierras de Gúdar y Javalambre, el Maestrazgo y los puertos de Beceite.

Como Espacios Naturales Protegidos: la Reserva Natural de los Galachos de La Alfranca de Pastriz, La Cartuja y El Burgo de Ebro, Parque Natural del Moncayo, Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara, Parque Natural de Posets-Maladeta, Parque Natural de los Valles Occidentales, Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, Monumentos Naturales de los Glaciares Pirenaicos, Monumento Natural de las Grutas de Cristal de Molinos, Monumento Natural del Puente Fonseca, Monumento Natural del Nacimiento del Río Pitarque, Paisaje protegido de las Foces de Fago y Biniés, Paisaje protegido de San Juan de la Peña y Monte Oroel y Paisaje protegido de los Pinares de Rodeno. También los Parques Culturales del Río Martín, Río Vero, Albarracín, San Juan de la Peña y Maestrazgo.

Además, existen otros espacios naturales de interés como la Reserva de la Biosfera Ordesa-Viñamala, Reserva Natural de las Saladas de Chiprana, Reserva Natural de la Laguna de Gallocanta y diversos refugios de fauna silvestre como la Lomaza de Belchite y la laguna de Sariñena.

Carrera de trineos
La nieve y el esquí

Si vienes de noviembre a mayo, podrás ver la cara más blanca de nuestras montañas y valles. La nieve transforma los paisajes y los modos de vida de los aragoneses pero también de los que vienen a visitarnos. Para dar paseos al aire libre, en algunas zonas, se necesita contar con aliados como los esquís, el trineo, las raquetas o las motos de nieve. Aragón tiene siete modernas estaciones de esquí para practicar alpino: Candanchú, Astún, Aramón Formigal, Aramón Panticosa, Aramón Cerler, Aramón Valdelinares y Aramón Javalambre. Todas en el Pirineo oscense salvo las dos últimas en el Sistema Ibérico de Teruel. También cuenta con nueve estaciones para la práctica de esquí de fondo. Si no te van estas cosas, un paseo tranquilo enfundado en tus botas o sentarte al calor del sol en una terraza aunque estés rodeado de nieve son mano de santo para encontrarte bien.

Si te gustan los deportes de invierno, has venido al lugar indicado. ¿Te apetece ahora un poco de hockey hielo o de patinaje artístico en la nueva Pista de Hielo de Jaca? Una instalación del siglo XXI. Otras propuestas: el parapente con esquís y el surf de nieve. Un sueño que se hace realidad.

Deportes de aventura, caza y pesca

Atrévete y disfruta. En Aragón, puedes convertirte en aventurero todo el año. Recuerda que estás en tierra de contrastes así que tus experiencias pueden ser de lo más variopintas. Hay muchos guías que pueden acompañarte. Recuerda ir siempre bien equipado. Puedes querer soltar adrenalina durante una gran ascensión o serenarte a lomos de un tranquilo caballo, seguir el acompasado caminar del senderista o sumarte a la tensión de la escalada, al vértigo de las aguas bravas o paladear la sensación de libertad del que vuela. Hay momentos para todo.

El Alto Aragón es el lugar idóneo para practicar escalada en roca ya sea en su vertiente deportiva o en la clásica. Hay muchas escuelas que pueden asesorarte. En las cumbres comprobarás que el azul del cielo aragonés es más intenso, espectacular pero si quieres verlo más de cerca tendrás que optar por un paseo en parapente, ala delta o practicar el vuelo sin motor o en ultraligero.

Si lo que quieres es comprobar la temperatura de nuestras aguas, puedes practicar cualquier deporte acuático: vela, piragüismo, windsurf o buceo. Si echas de menos algo más de movimiento, busca aguas bravas y lánzate en piragua, kayac o canoa, practica rafting, hidrospeed o hot dog. No te olvides del barranquismo o, ya en seco, de la bicicleta de montaña, el excursionismo de alta montaña o los paseos a caballo.

Pero como en Aragón, siempre hay más, puedes encontrar también propuestas algo menos habituales en Los Monegros como paseos en camello, en sidecar o sobre un tractor, antes de desquitarte con algo de paintball, ya sabes guerra de pintura. Luego puedes pasar la noche en un hotel cueva excavado dentro de una montaña que ofrece todo tipo de comodidades.

Si lo que te gusta es la caza o la pesca, bienvenido. Hay un gran número de reservas y cotos reglamentados y diferenciados en categorías. Caza menor en las llanuras de Zaragoza y mayor, de jabalí o sarrio, en Huesca o la captura del ciervo y la cabra montés en Teruel. En pesca, truchas en los ríos y lagos del Pirineo. Pero, si te acercas al Mar de Aragón, si eres un poco hábil, podrás hacerte una foto con siluros de hasta casi dos metros. Feliz aventura en Aragón, otro mundo.

Dónde alojarte en Huesca

Casa Tomaso
Valle de Lierp

Guárdame en el móvil