Aragón, conoce sus Monasterios
España
Fría piedra, viejos secretos y leyendas que ruedan, santos preceptos enclavados en peñas y parajes paradisíacos. Historia, arte y paisaje. Paz y misterio. Los monasterios aragoneses llevan siglos esperando tu visita
Els Blaus de Roses

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MONASTERIOS DE ARAGÓN


ARAGÓN. INFORMACIÓN GENERAL


Bienvenidos a Aragón. ¿Sabes dónde estás? Al noreste de la Península Ibérica. Su territorio, de más de 47.500 kilómetros cuadrados de superficie, está formado por las provincias de Huesca, Zaragoza y Teruel. Aquí viven 1.300.000 habitantes. Son acogedores, nobles y cercanos. Lo mejor es que te pierdas por esta tierra natural, llena de vida y sabor. Con 136 kilómetros de frontera con Francia, estás en la puerta central a Europa desde España y Portugal.

A ti te va a quitar la respiración pero Aragón es una tierra que respira historia. Si sigues sus huellas milenarias, comprobarás que, en esta Comunidad de contrastes, han convivido cristianos, judíos y musulmanes. Prepárate porque comienza tu aventura.

EL ESPÍRITU DE ARAGÓN

Fría piedra, viejos secretos y leyendas que ruedan, santos preceptos enclavados en peñas y parajes paradisíacos. Historia, arte y paisaje. Paz y misterio. Los monasterios aragoneses llevan siglos esperando tu visita.

Espectacular el de San Juan de la Peña, testigo del nacimiento del Reino de Aragón y del paso del Santo Grial. Muy cerca, San Pedro de Siresa. También en Huesca, esta vez en la capital, San Pedro el Viejo, una de las iglesias más antiguas de España. Con sus mejores galas medievales te recibirá la preciosa población de Alquézar para enseñarte su Colegiata. Tal vez puedas ver a las religiosas que habitan el de Villanueva de Sigena.

A un paso de Zaragoza capital, conviven monjes con la obra de Goya en la Cartuja de Aula Dei. Las maravillas de la naturaleza caen en cascada en el entorno del Monasterio de Piedra. Los otros dos cistercienses son el de Nuestra Señora de Rueda y el de Veruela por donde paso Bécquer.

En la espiritualidad de Santa María del Olivar, se refugió Tirso de Molina. Tú también puedes alojarte en los que disponen de hospedería. A ti Aragón también te inspirará.

Hay otros monasterios que te esperan en Obarra, Monrola, Cartuja de las Fuentes, San Adrián de Sasave, San Victorián, San Úrbez de Serrablo, Santa María y San Pedro de Alaón, Iguácel, Lasieso, Pueyo y Casbas. Otros corrieron peor suerte y quedan ruinas como Santa María de Cambrón, La Trapa de Santa Susana, Santa Fe, La Concepción, Montearagón o San Pelay de Gavín.

Algunos habitados, otros vacíos. Todos guardan entre sus muros el fresco recuerdo de tiempos mejores y peores. Cada uno con su tamaño y sus reglas, sus moradores solían dedicarse a orar y trabajar. El día se les iba entre oraciones, lectura y copia de textos sagrados, labores artesanales y  agropecuarias y otras más espirituales. Convencidos de que “al que madruga, Dios le ayuda”, con su espíritu de sacrificio eran capaces de estar en pie hacia la una y media de la mañana. Como no tenían tele, alrededor de las ocho se iban a dormir.

Los cistercienses se ubicaron en parajes que evocaban soledad, entre valles con agua ideales para la agricultura y cerca de bosques en los que poder obtener madera y caza. Dentro leían y copiaban libros en el escriptorio, la comunidad se expresaba en la sala capitular, paseaban y reflexionaban en el claustro. Se lavaban en el lavabo antes de comer en el refectorio, en la cilla guardaban los utensilios del campo y la comida. No faltan iglesias y capillas, los hay incluso con panteón real. Todo un mundo por descubrir.

San Pedro de Siresa
SAN PEDRO DE SIRESA

En el Pirineo más verde y frondoso, en el corazón del Valle de Hecho, saldrá a tu paso cuando menos lo esperes para dejarte boquiabierto el Monasterio de San Pedro de Siresa. Un monumento distinto a los demás de la etapa románica enclavado en un pueblo pirenaico con sabor.

Una primera construcción data del siglo IX pero la iglesia que se conserva se levantó en el XI y fue reformada un par de centurias más tarde.

Llegó a albergar a ciento cincuenta monjes guiados por la caridad, la humildad y la magnanimidad. Entre sus valores, obediencia, solidaridad, hospitalidad, ausencia del vicio de la murmuración y oración continua, incluso por la noche. La fama de su biblioteca traspasó fronteras. Entre los fuertes muros de este gran edificio fue bautizado y educado Alfonso I el Batallador.

Cuando lo visites, fíjate en la planta de cruz latina, con nave dividida en tres tramos por medio de arcos fajones dobles y en su ábside semicircular y abovedado. Tan austero es este Monumento Nacional que su única decoración se reduce al cordón achaflanado y los arcos ciegos. En su interior, vas a encontrar unos interesantes retablos del siglo XV y un bello Cristo románico del XIII. Cuenta la leyenda que por San Pedro de Siresa pasó el Santo Grial.

Y estando aquí, no puedes pasar por alto una visita al majestuoso paisaje de la Selva de Oza. A unos quince kilómetros de tanta espiritualidad, hay un verdadero paraíso natural.

SAN VICTORIÁN

Visita Aínsa y te parecerá que has viajado hasta el medievo en la máquina del tiempo. A unos cuarenta minutos, cerca de El Pueyo de Aragüás, te espera el Monasterio de San Victorián. Dicen que lo construyó a partir del siglo VI el santo que le da nombre. Este Monumento Nacional es uno de los conventos más antiguos de España y casi todo lo que queda en pie está fechado entre los siglos XVI y XVIII. Con esas vistas, seguro que te apetece acercarte a su eterna guardiana, la Peña Montañesa.

SANTA MARÍA DE SANTA CRUZ DE LA SERÓS

En Santa Cruz de la Serós, muy cerca de san Juan de la Peña, se alza la imponente iglesia de lo que fue el monasterio femenino de Santa María. Fundado en el siglo XI por el rey Ramiro I, en el vivieron varias de sus hijas. Una de ellas, doña Sancha, fue enterrada en un maravilloso sarcófago que hoy se guarda en el monasterio de Benedictinas de Jaca. Probablemente la iglesia original fue una modesta edificación de nave única del siglo X rehecha y convertida, no solo en lo que vemos, sino en mucho más. Actualmente es un templo de una sola nave, con planta de cruz latina, cubierta con bóveda de cañón y ábside semicircular. Cuenta también con una bellísima torre campanario de cuatro cuerpos.

En esta misma localidad podemos contemplar otra iglesia románica con aire lombardo del siglo XII: San Caprasio. Pequeña construcción decorada al exterior con arcos ciegos, nave de tres tramos y que también formó en la antigüedad parte de otros monasterio.

SAN MARTÍN DE OLIVÁN

Haz una escapada a Oliván, en la orilla izquierda del río Gállego, a los pies del precioso sobrepuerto donde los pastores todavía llevan a las vacas para que pasten. La parroquial románica se levantó hacia el año 1060 con planta de una nave trapezoidal rematada en ábside de tambor con bóveda de cuarto de esfera.

En el siglo XVI, decidieron ampliarla así que demolieron el muro sur original para añadir una segunda nave de cabecera plana. Cuando la visites, vas a encontrar la decoración típica de la zona y, por delante del ábside, el cementerio pegado al muro. Muy cerca, San Juan de Busa, con reminiscencias mozárabes, la iglesia de un desaparecido poblado que resiste el paso del tiempo en medio de una verde pradera. Tradición, austeridad y mucha tranquilidad.

SAN ADRIÁN DE SASAVE

Toma Jaca como punto de referencia, dirige tus pasos hacia Borau y pregunta por San Adrián de Sasave. Construido a finales del siglo XI, en otro tiempo, fue importante centro monástico y sede episcopal de Aragón. Parece ser que incluso fueron enterrados aquí tres obispos y que pasó el Santo Grial.

De estilo lombardo-jaqués, tras años enterrado en parte por los efectos de los barrancos vecinos, hoy es una preciosa ermita que guarda entre sus muros miles de historias.

Panteón Real
SAN JUAN DE LA PEÑA

A un paso de Jaca, te deslumbrará el Monasterio de San Juan de la Peña, testigo del nacimiento del Reino de Aragón y del paso del Santo Grial. Dice la tradición que el cáliz en el que Cristo bebió en la última cena lo trajo de Roma san Lorenzo.

Busca bajo una imponente roca el Monasterio Viejo. Lo fundaron ahí los benedictinos en el siglo IX. Tiene dos plantas. En la inferior, hay una iglesia mozárabe que conserva frescos románicos y la sala “de Concilios”. En la superior, se hallan el panteón de los nobles y la iglesia alta, de una nave con tres ábsides a la que la roca sirve en parte de cubierta. Ahí está el panteón real en el que fueron enterrados los reyes de Aragón y Navarra durante quinientos años. La decoración actual es del siglo XVIII. Tras franquear una puerta mozárabe se accede al bello claustro románico del siglo XII, arrinconado entre el precipicio y la roca que le sirve de tejado.

Este peculiar conjunto te confesará los daños que le ocasionaron incendios y heladas, tantos que, a finales del siglo XVII, hubo que construir el Monasterio Nuevo, en una pradera más soleada, la de San Indalecio. Lo levantaron con barrocas y recargadas portadas.

Tras un corto y relajante paseo, asómate al Balcón de los Pirineos. Tal vez te encuentres con alguno de los quebrantahuesos, buitres, ardillas, ciervos y corzos que frecuentan esos parajes. Muy cerca tienes más iglesias románicas en Botaya, Alastuey y Binacua. En Santa Cruz de la Serós, puedes disfrutar de una cuidada arquitectura popular rematada con fabulosas chimeneas adornadas con “espantabrujas”. Sus dos joyas, también románicas, son la iglesia de Santa María, ya citada, y la ermita de San Caprasio. ¿Quieres más emociones?

SAN PEDRO DE LASIESO

Entre 1070 y 1080 nace este monasterio típico y encantador como todos los de la escuela del Gállego. Es un edificio de dos naves que hoy funciona como iglesia. La torre-campanario de recios muros se alza sobre la capilla situada al costado norte del templo. Desde se puede visitar hasta el final queda igual.

SANTA MARÍA DE OBARRA

Románico y naturaleza vuelven a fundirse pasado Graus, siguiendo el río Isábena. A mediados del siglo IX, se funda este monasterio que se convierte pronto en importante centro espiritual de la Ribagorza. Perteneció a la Orden Benedictina.

Vas a descubrir un conjunto excepcional. El antiguo cenobio que lucha por mantenerse en pie y la iglesia de Santa María que se edificó a principios del siglo XI en un estilo románico lombardo muy primitivo con su planta basilical de tres naves de seis tramos cada una. El interior es magnífico. A su vera, la ermita de San Pablo, ya del siglo XII, siempre dispuesta a recibir peregrinos. Ambas al pie del desfiladero de Obarra y muy cerca de la Hospedería de Roda de Isábena, una buena manera de reconfortar cuerpo y alma.

SANTA MARÍA Y PEDRO DE ALAÓN

En medio de la quietud y el silencio, aguas abajo del espectacular congosto de les Escales, te vas a topar con el más oriental de todos los monasterios aragoneses. Está entre Arén y Pont de Suert, en Sopeira, un frío pueblecito rodeado de montes con unos pocos vecinos que utilizan religiosamente el cenobio como iglesia.

Fundado en época visigótica y reformado en el siglo XI, su comunidad, la de San Benito, llegó a poseer un extenso patrimonio. Austera como la vida de estos pueblos, así es esta construcción románica de tres naves rematadas en ábsides circulares con arquillos ciegos y ajedrezado jaqués.
Al interior, el primer tramo de la nave central está decorado con un excepcional mosaico medieval de grandes piezas de mármol de tonos rojizos negros y beiges. Debajo se halla la cripta, que pudo ser la iglesia visigótica primitiva. Dicen que al pasar por el monasterio, los viajeros echaban monedas por una ventana que aún existe. Recuerdos. Quedan muchos flotando en ese ambiente tan puro.

SAN ÚRBEZ DE SERRABLO

El Serrablo tiene más propuestas. Sigue la pista de San Úrbez, un monasterio levantado en Nocito en el siglo VII. A finales del XI pasó a ser priorato de San Pedro el Viejo de Huesca y adoptó la regla benedictina. Hoy es una ermita de las que gustan a los viajeros. Y ya que estás ahí pregunta por el dolmen de Ibirque para que la visita te salga redonda.

Santa María de Alquezae
COLEGIATA DE SANTA MARÍA DE ALQUÉZAR

Aupada por los acantilados que se levantan sobre el río Vero, el castillo-colegiata de Santa María domina el encantador conjunto medieval de calles estrechas y empedradas que es Alquézar. Estás ante un par de Monumentos Nacionales.

Sus muros encierran una rica historia. El castillo de origen musulmán se refundó en parte como colegiata que fue monasterio benedictino. Del siglo XI quedan la Torre del Vigía, algunos tramos de muralla el torreón más elevado, la iglesia del siglo XVI y el claustro del XV con un ala con destacados capiteles románicos de los siglos XI y XII.

El actual templo es una construcción compuesta de una nave y ábside poligonal, con bóvedas de crucería estrellada, fíjate en el retablo mayor y en el Cristo románico del siglo XIII. No te quedes en su irregular claustro cautivado por los capiteles, sigue hasta el Museo de Arte Sacro y empápate de la belleza de sus piezas que van del siglo XII al XV.

Y si ellas te parecen antiguas, acércate a las maravillas que encierra el río Vero, a sus cuevas con pinturas rupestres y respira hondo. Estás en plena Sierra de Guara. Arte al natural.

SAN PEDRO EL VIEJO

Si pudiera hablar, tendría mucho que contar. Es el claro ejemplo de que cada vencedor destruye el lugar de culto anterior para honrar a sus dioses. Este Monumento Nacional fue romano, visigodo, mozárabe y románico. Tras la conquista de Huesca, San Pedro el Viejo se convierte en monasterio benedictino. En 1117, se inician importantes reformas que dan lugar al edificio que nos ha llegado. Se derriba casi toda la obra mozárabe y se apuesta por la moda cluniacense del momento. En él vivió el rey aragonés Ramiro II cuando fue monje.

Estás ante una iglesia de tres naves, crucero y ábsides de tambor. Te gustarán los restos de pinturas del siglo XIII y te impresionará la rica sillería del coro renacentista de inicios del XVI. Pasea en paz por su bello claustro y observa la gran cantidad de sepulcros que albergan sus muros.

Destacar los de los reyes aragoneses Ramiro II el Monje, con el frontal labrado en mármol de origen romano y el de Alfonso I el Batallador. Pero en Huesca te esperan también otros monumentos como la catedral gótica, el Museo Provincial, Santa María de Fuera, Santo Domingo, San Lorenzo y, entre el románico y el gótico, el conjunto cisterciense habitado por religiosas carmelitas conocido popularmente como “las Miguelas”.

NUESTRA SEÑORA DEL PUEYO

Dice la tradición que la Virgen se apareció a un humilde pastor muy cerca de Barbastro. Hoy vas a encontrar sobre un monte solitario, un santuario-monasterio con vistas preciosas al Somontano y al Pirineo en días despejados. No te pierdas, en el camarín de la Virgen, unas pinturas restauradas en óleo sobre yeso con escenas de la vida de María atribuidas a Bayeu. Te puedes quedar a dormir en unas sencillas habitaciones e ir a comer a un paso. Sin duda, será una visita gratificante y plagada de sorpresas.

San Pedro
VERUELA

Al cobijo del mágico Moncayo, Veruela es el primer monasterio cisterciense de Aragón. Orar y trabajar eran los pilares sobre los que se asentaba la vida de sus moradores. Su llegada enriqueció la zona con nuevos valores espirituales y culturales pero también económicos y políticos. Expertos en ordenar los recursos del agua y con el río Huecha tan a mano, configuraron una amplia red de acequias, presas y molinos.

A partir de 1145, se inicia la construcción. Cuando llegues, te recibirá una muralla de un kilómetro dejando dentro del recinto todo lo que necesitaban los monjes: el agua, el molino y el huerto. Tras franquearla hallarás un fresco paseo con árboles que desemboca en la puerta de la iglesia sobria pero de proporciones catedralicias que tardó en ser construida 250 años. De ahí al claustro gótico levantino, con capiteles decorados con plantas como gustaba a los cistercienses. En medio, el lavabo, un templete en el que los monjes se lavaban antes de cada comida. A este jardín de piedra dan el resto de las dependencias.

En la sobria sala capitular, se tomaban las grandes decisiones. En medio de un silencio sepulcral, hoy encontrarás varias tumbas. Fíjate en la bella portada de arcos y finas columnas que soportan las bóvedas de crucería.

Detente en el refectorio, el salón donde comían en silencio mientras oían al lector. En la sala de los monjes, copiaban e ilustraban libros. En el calefactorio, los más mayores podían calentarse. Paso a paso, siguiendo cada habitación te harás una idea perfecta de cómo era la vida de los cistercienses.

Habitaron en Veruela hasta 1835. El cenobio quedó abandonado con la Desamortización de Mendizábal. Se convirtió en lugar romántico, destino de verano y lugar perfecto para curar los males con el aire del Moncayo. A finales de 1863, llegó Gustavo Adolfo Bécquer con su hermano. Qué mejor lugar para inspirar las  ”Cartas desde mi celda”.

Una vuelta por esos parajes y la gastronomía reparadora de sus gentes te pondrán en forma cuerpo y mente. Mucho más que un sueño.

SIGENA

Tal vez puedas ver a las religiosas que habitan el Monasterio de Sigena, solemne y descomunal cenobio femenino que fundó la reina Doña Sancha, esposa de Alfonso II. Ella misma predicó con el ejemplo e ingresó en él al quedar viuda. Sigena terminó convirtiéndose en panteón real y siendo uno de los archivos más importantes del reino.

De estilo románico-gótico, se edificó entre los siglos XII y XIII para acoger a las señoras nobles del reino. Incendiado durante la guerra civil, experto en supervivencia, este Monumento Nacional tiene mucho que enseñar empezando por su impresionante puerta románica con sus trece arquivoltas de medio punto. En el exterior, comprobarás la magistral composición de sus volúmenes; dentro, te sorprenderán la grandiosidad del templo, las tumbas y la sala capitular que en otro tiempo estuvo plagada de pinturas. Unas se han perdido, otras decoran las paredes de distintos museos.

En el siglo XIV, llegó la hija de Jaime II, Blanca de Aragón y Anjou, para entregarse a la vida monástica con sólo cinco años. Llegó a ser priora. El monasterio era entonces una auténtica Corte con más de un centenar de monjas con sus criados y sirvientes. Hoy la familia del monasterio la componen cincuenta Hermanas de Belén que oran, leen y trabajan veinte horas al día en soledad y silencio. En medio de los Monegros, Sigena es una fuente de vida.

CARTUJA DE AULA DEI

A un paso de Zaragoza capital, habitan monjes que conviven con la obra de Goya en la Cartuja de Santa María de Aula Dei. Fundada en 1564 por don Hernando de Aragón, merece la pena por los cuatro costados. La iglesia es del gótico tardío, del siglo XVI, de planta de cruz latina con bóveda de crucería estrellada decorada con mucho gusto. Destacan las cerámicas que cubren el crucero y el ábside, la sillería del coro y la deslumbrante portada barroca. Y eso que aún no hemos hablado de las pinturas murales que Goya realizó en su juventud.

Un pasillo permite a las visitas que lo hayan solicitado previamente acceder a la obra del genial pintor aragonés sin perturbar el recogimiento de los cartujos. Debes solicitarlo en el teléfono 976 48 45 47. Sólo se permite contemplarlas el último sábado de cada mes.

Protegidas por una muralla de ladrillo, se encuentran todas las dependencias. Hay hospedería, un edificio de planta baja sobre bodega. La iglesia está flanqueada por un par de claustros de paso hacia el refectorio, la sacristía, la biblioteca y las capillas. Detrás hay otro desde el que se accede a las distintas celdas en las que el cartujo pasa la mayor parte de su vida. Allí rezan, estudian, comen y duermen. Su secreto está en equilibrar soledad y vida en común. En la Cartuja de Aula Dei, se respira espiritualidad por dentro y por fuera.

Dormitorio del monasterio
NUESTRA SEÑORA DE RUEDA

Recogimiento, oración y una rueda, es decir, una gigantesca noria que alimentaba de agua al recinto y se convirtió en su seña de identidad. El de Nuestra Señora de Rueda es uno de los monasterios cistercienses de Aragón. La orilla del Ebro fue el lugar perfecto para ubicar el cenobio en 1202, apartado de todo pero dominando un amplio y rico territorio.

Vas a encontrar una planta similar a las de Veruela y Piedra con un claustro envidiable y un bonito templo gótico. De distintos estilos y épocas, los edificios más antiguos como el refectorio, calefactorio, cocina y dependencias del noviciado son del siglo XIII. Durante el XVI, hubo obras de ampliación y mejora. El último cuerpo de la torre se concluyó en el siglo XVII pero los dos anteriores son del XV y del XVI siendo el intermedio mudéjar. Una de las piezas más destacadas del conjunto es su bella sala capitular. El abandono llegó en 1835 con la Desamortización de Mendizábal. Hoy está restaurado y más acogedor que nunca.

Quédate en la Hospedería que ocupa el Palacio Abacial. Puedes alojarte en la Suite del Abad, en la que vivía el prior, o asomarte a la galería o la sala de lectura. Envuelto en terciopelos y cortinajes pero con todas las comodidades a tu alcance, comprobarás lo gratificante que resulta la fusión de pasado y presente. Espiritualidad, encierro y aire libre, en soledad o en buena compañía, resulta una combinación irresistible. Después, un paseo por los alrededores reconforta a cualquiera.

MONASTERIO DE PIEDRA

A quince kilómetros de Calatayud, en Nuévalos, te espera un nuevo paraíso de ese otro mundo que es Aragón: el Monasterio de Piedra y su inolvidable Parque. Los cistercienses que lo fundaron se quedaron “de piedra” cuando, en medio de un paisaje árido, ante ellos se apareció un oasis de frescor, abundante vegetación y aguas vivas que brotan de las cascadas que forma el río Piedra. Estás avisado de lo que puede ocurrirte.

Deja las prisas y el estrés fuera y sumérgete en un inmenso y sugerente jardín. La música la pone el rumor del agua al precipitarse por cascadas como la de la Cola de Caballo, la Caprichosa, de los Fresnos, de la Trinidad... Otras veces, se sosiega y remansa en paraísos como el Lago del Espejo. Eso fuera pero dentro, la visita guiada por el Monasterio te encantará.

Por deseo de Alfonso II de Aragón y su esposa Doña Sancha, en 1194, llegaron trece monjes cistercienses de Poblet para fundar el cenobio sobre lo que fue una fortaleza musulmana. El corazón es el claustro y a su alrededor se abren las distintas dependencias. La Sala Capitular, lo que queda de la iglesia y la cripta con las tumbas de algunos abades. También verás la cocina donde se elaboró el primer chocolate de Europa en 1535, el refectorio, el lavatorio y las antiguas bodegas donde hoy se ubica el Museo del Vino de la Denominación de Origen Calatayud.

Si quieres la paz absoluta, puedes pernoctar en las habitaciones del lujoso y tranquilo hotel que se ha instalado en las celdas del antiguo cenobio. Allí podrás reflexionar sobre lo que has visto, las maravillas de la naturaleza que caen en cascada en el entorno del Monasterio de Piedra.

Parque natural
SANTA MARÍA DEL OLIVAR

Hasta aquí llegó para refugiarse en la espiritualidad de Santa María del Olivar Tirso de Molina. En seis meses, escribió media docena de comedias. En el recogido Valle del Olivar, entre pinos y rocas, al lado de Estercuel, la austeridad de la Orden de la Merced. Convento, iglesia y paisaje. El monasterio tuvo setenta frailes, ahora se cuentan con los dedos de una mano. Tú puedes quedarte como uno más en alguna de sus habitaciones y servirte la comida en el refectorio. Visitar la biblioteca, el oratorio y las salas de reuniones.

El actual edificio consta de convento e iglesia a los que precedieron otros. El primer convento del siglo XIV dio paso al actual del XVII. De planta cuadrada con dos claustros, se halla pegado a la iglesia. La primitiva ermita del siglo XIII se convirtió en iglesia gótica que resistió hasta principios del XVI en el que se cambiaron la piedra, el ladrillo y el yeso para formar la actual estructura del templo. Consta de una sola nave con dos capillas a cada lado y donde conviven elementos de estilo mudéjar, gótico y renacentista.

Por ahí cerca, puedes visitar el Pilón y la Ermita donde se dice se apareció la Virgen a un pastor. Cruza el río y distinguirás la nevera, una construcción del siglo XV en la que los religiosos almacenaban capas de nieve y paja para tener hielo todo el año. Busca los yacimientos de fósiles y unos enterramientos visigóticos que hay en la zona. La paz ya la has encontrado.

SANTA MARÍA DE IGUÁCEL

Esta joya románica, situada junto a Castiello de Jaca, se levantó en 1072 por orden del conde Sancho Galindo y su mujer Urraca. La donaron a San Juan de la Peña y estuvo en su poder hasta 1203. A pesar de tanto trajín, está muy bien conservada tras una concienzuda restauración en el siglo XX.

Es de nave rectangular, cubierta de madera y contaba con tres portadas de acceso al templo, destacando la principal por su decoración y la importante inscripción que, como caso único, data a la iglesia y a sus artífices. El ábside semicircular está decorado con pinturas murales del siglo XV. Lo que queda del antiguo monasterio femenino, es hoy una ermita que invita a hacer un alto en el camino al visitante, a fijarse en ella y en los encantadores paisajes que la rodean.

CASBAS

En el aterciopelado Somontano, en Casbas de Huesca, te espera Nuestra Señora de Gloria, un monasterio cisterciense que se fundó gracias al empeño de la condesa de Pallars en 1172. Podrás ver gran parte de su estructura medieval y eso que se modificó mucho en el siglo XVII. Te encantarán la iglesia románica de una nave culminada en cabecera con tres ábsides, crucero y el claustro esculpido sobre arcos apuntados y lobulados. Fíjate también en la torre del homenaje y no te pierdas los secretos que guarda en su interior este Monumento Nacional.

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