Alentejo, cinco miradas
Portugal
Planicies en las que se pierde la vista, mezcladas con sol y calor, imponen un ritmo de vida lento y compasado. Estamos en el Alentejo
Els Blaus de Roses

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ALENTEJO PRÁCTICO

1. El Alentejo es una extensa región que ocupa cerca de un tercio del territorio nacional. Limita al norte con el río Tajo, y al sur con la sierra algarvia. Al este hace frontera con España y al oeste se abre al Océano Atlántico. Esencialmente rural y con una baja densidad demográfica, ofrece un paisaje inusualmente preservado. Su belleza escénica y la abundancia y calidad de su patrimonio arqueológico, monumental, arquitectónico y etnográfico, le confieren, a la puerta del siglo XXI, condiciones de excepción para un descubrimiento que asocie el turismo de naturaleza y el turismo cultural.

2. Autopistas e "Ips" (autovías) hacen que esta región sea de fácil acceso. Sus características exigen que estas grandes vías se abandonen a la entrada y se utilicen de preferencia las carreteras secundarias y municipales. En particular, estas últimas, que no son más que antiguos caminos rurales asfaltados, constituyen el mejor medio de disfrutar del paisaje compuesto de bosque de encinas, trigales, viñas y olivares, descubrir las playas y acantilados que nos entregan al mar. Conocer modos tradicionales de vivir y hacer, encontrar el patrimonio cultural más escondido y contactar con un pueblo, por naturaleza, afable y acogedor.

Artes y oficios tradicionales se mantienen vivos en Alentejo-Portugal
3. Las rutas que aquí proponemos deben ser entendidas como grandes líneas de descubrimiento, cada una con su pormenor, a partir de las cuales, y en cualquier dirección, el viajero podrá construir su propio itinerario, con varios días de duración. La información contenida en los mismos tiene un carácter muy genérico, debiendo ser completada con la documentación disponible en las oficinas de turismo: mapas de las ciudades y pueblos, folletos de los municipios, guías turísticas, itinerarios temáticos, calendarios de fiestas, mercados y romerías, balnearios, restauración, viajes organizados, visitas guiadas y actividades de animación. En lo que respeta al alojamiento, resaltamos la diversidad de una oferta que, además de la hostelería tradicional y los campings, incluya una apreciable red de pousadas y establecimientos de Turismo en el Área Rural.

4. El patrimonio arquitectónico, rural y urbano que permanentemente se ofrece a la vista del viajero, constituye, al mismo tiempo que el paisaje, uno de los puntos fuertes de atracción del Alentejo. Tanto la belleza y el equilibrio de los centros históricos de los pueblos y ciudades, como la sencillez del caserío de las pequeñas aldeas, justifican plenamente un descubrimiento con detalle, que sólo gana al hacerse a pie. A cada paso emergen importantes exponentes de un patrimonio artístico y monumental que proporcionan múltiples lecturas de la historia que a lo largo de milenios, se fue grabando en la región. Una parte substancial de este patrimonio es por naturaleza religioso. Muchas iglesias y ermitas, sólo se encuentran abiertas en las horas de culto, cuando este existe, o en ocasiones de fiestas y romerías; pero una puerta cerrada no significa imposibilidad de visita. Las oficinas de turismo y/o los ayuntamientos, informan como proceder. En las tres capitales de distrito - Portalegre, Évora y Beja - existen Museos Regionales. Se encuentran cerrados los lunes y días festivos, al igual que todo el patrimonio clasificado Monumento Nacional. Hay Museos Municipales, de calidad diversa, en gran parte de las sedes de los municipios, y hay varios Museos de Arte Sacra instalados en Iglesias. En algunas localidades todavía se pueden encontrar pequeños Museos de Aldea.

5. El valor geológico, paisajístico y de fauna y flora de algunas zonas de este territorio, exigió su clasificación como "Areas Protegidas". Es el caso de la Reserva Natural do Estuario do Sado (Estremadura / Alentejo) y de los Parques Naturales de la Sierra de S. Mamede, del valle del Guadiana y del Suroeste Alentejano y la costa Vicentina (Alentejo / Algarve). De momento, son áreas de libre acceso, siendo bienvenidos todos los amantes y respetuosos de la naturaleza que tienen conciencia de su valor, sensibilidad y, a veces, fragilidad.

6. Además de una bellísima costa, quién busca agua y sol puede contar, también, en todo el Alentejo interior, con más de dos decenas de albuferas, algunas de ellas dotadas de infraestructuras de ocio: alojamiento, restauración y alquiler de equipos para deportes náuticos. Una vez que casi todas se destinan prioritariamente al abastecimiento de agua de las poblaciones y al riego, a no ser que se encuentren fijadas las normas para su uso turístico, los viajeros deberán abstenerse de practicar deportes náuticos motorizados. Salvo indicación en contrario y a excepción de los períodos de veda, la pesca deportiva es libre.

7. El turismo cinegético se encuentra en una fase de pleno desarrollo. Las Zonas de Caza Turística superan las cuatro centenas, ocupando un área de cerca de 600.000 hectáreas. Entre el 15 de Agosto y el 28 de Febrero, se pueden cazar, de acuerdo con las normas estipuladas en el calendario venatorio, tordos, palomas, tórtolas, patos, conejos, liebres, perdices, venados y jabalíes. Las oficinas de turismo dan las informaciones necesarias sobre las empresas que venden cacerías.

8. Las artes y los oficios tradicionales se mantiene vivos en el Alentejo. Las oficinas de turismo tienen listados de productores e información sobre los centros de trabajo que pueden ser visitados. Además de la cestería, del mobiliario rústico, y de los trabajos en corcho, madera, asta y ciprés, que se encuentran por toda la región, destacamos: los bordados e hilvanados de Nisa; los retales de Castelo de Vide; las alfombras de ArraioIos; las mantas de Reguengos de Monsaraz, Almodovar, Castro Verde, Odemira y Mértola; los trabajos en barro de Flor de Rosa, Nisa, Estremoz, Redondo, S. Pedro del Corval, Viana do Alentejo, Melides y Odemira; la cerámica y los azulejos de Santiago do Cacém; los trabajos en piel y/o cuero de Terrugem y Santa Eulália, Nª Sª de Machede, Montemor, Pinheiro da Cruz y Cuba; la sillería de Alter do Chao, Estremoz, Montemor y Alcácer do Sal; el calzado artesanal de Vimeiro, Montemor, Alcácer do Sal, Cuba, Beja y Almodovar; los estaños de Santa Eulalia y Vila Viçosa; los cobres de Beja; el mobiliario rústico pintado de Évora y Redondo; el mobiliario de hierro de campo Maior y Ferreira do Alentejo; los trabajos de hierro forjado de Moura, Pias y Grándola; la latonería de Beja, Moura y Vila de Frades; los bolillos y trabajos en conchas de Sines.

9. Idénticas informaciones se pueden solicitar en las oficinas de turismo sobre los productos gastronómicos regionales. Los quesos, el "presunto" (jamón), las chacinas, la miel, el aceite y el piñón, entre otros, son de excelente calidad. Cuando protegidos al abrigo de las normas europeas, se identifican por las siglas DOP (Denominación de Origen Protegida) e IGP (Indicación Geográfica Protegida). En relación a los vinos, de merecida reputación, existen en el Alentejo ocho zonas vitivinícolas reglamentadas para la producción de Vinos de Calidad Producidos en Regiones Determinadas (VQPRD). En estas el designativo DOC (Denominación de Origen Controlada) clasifica los vinos producidos en las regiones de Portalegre, Borba, Redondo, Reguengos y Vidigueira; el apelativo IPR (Indicación de Procedencia Reglamentada) los de las regiones de Évora, Granja/Amareleja y Moura, de creación mas reciente. Los vinos producidos a partir de las viñas instaladas indiferentemente en los distritos de Portalegre, Évora y Beja, pueden también corresponder a la indicación geográfica "Vinho Regional do Alentejo", a excepción de los que se producen en el municipio de Grandola (Pinheiro da Cruz), cuya indicación geográfica es "Vinho Regional Terras do Sado".

10. La gastronomía tradicional tiene como base la carne de cerdo y de cordero, a la que se juntan cinegéticas como el jabalí, la liebre y la perdiz, y en el litoral, el pescado y el marisco. El pan, el aceite y las hierbas aromáticas son ingredientes fundamentales que dan cuerpo y sabor a las sopas, migas, "ensopado" (guiso de carne o pescado con pan, patatas, etc.) y "açordas" (especie de sopa de pan y ajo), mientras que los huevos, la calabaza, la almendra o el piñón se mezclan sabiamente en deliciosos manjares, algunos de tradición conventual. Cada localidad tiene sus especialidades y, como bien comprobarán los gastrónomos, quien visita el Alentejo no podrá prescindir del placer de probar, en el sitio adecuado, una genuina sopa de cardos o de "sarapatel" (guiso de hígado de cerdo, sangre, riñones, etc.), una "açorda de albo", una "poejada de bacalhau" (bacalao con poleo),un cordero asado en horno de leña, una liebre con "feijao branco" (con judías blancas), un "ensopado de enguías" (guiso de anguilas con pan, patatas, etc.), una "massa" (pasta) de pescado o marisco fresco con sabor a mar.

sierra de san mamede, Alentejo-Portugal
POR LA SIERRA DE SAN MAMEDE

En el Parque Natural de la Sierra de S. Mamede la natureza se expresa especialmente exuberante. Muy rica desde el punto de vista geológico, llaman de inmediato la atención del viajero las imponentes rocas de cuarzo de la sierra, que marcan el paisaje con bizarras esculturas desafiando los cielos. Al alcance de la mano, el tojo, la retama, la jara, el brezo o el romero alegran planicies de granito y llenan el aire de genuinos aromas silvestres. En cada punto alto, un mirador. En la zona norte, los castaños y encinas comparten el territorio con alcornoques y robles, mientras que las viñas, unidas a los olivos, crecen en las laderas más o menos suaves que limitan las riberas. Hacia el sur, se acentúa la gran propiedad. Es el Alentejo de los "montes" (fincas), de las explotaciones pecuarias en natural simbiosis con la vegetación de bosques de encinas y de las pequeñas aldeas de caseríos térreos encalados, envueltos en huertas y plantaciones frutales.

A pesar de las presiones de la ocupación humana, la fauna es abundante: aves raras como el mochuelo y muchas otras especies conviven con el jabalí, el venado, el tejón, la mangosta, el zorro y el vulgar conejo. Curiosamente, todavía vive en esta zona la mayor colonia de murciélagos del continente europeo.

La historia de los hombres dejó marcas milenarias en dólmenes, menhires, castros, puentes romanos y s. XVI y también, en una red inmensa de calzadas cuyo descubrimiento tiene un sabor especial cuando de hace a pie. Pueblos fortificados como Marvao, Castelo de Vide o Alegrete no dejan dudas sobre su papel en los inicios de la nacionalidad y, cada uno a su manera, en la larga saga de amor y guerra que siempre caracterizó la vida de los pueblos fronterizos. La naturaleza y la historia parecen concretar aquí su abrazo alentejano, llevándonos naturalmente al descubrimiento de la una y a los caminos de la otra.

Todo esto es el Parque Natural. Extenso, complejo en su diversidad; pero sencillo de aprender en una primera mirada de reconocimiento global, como quien no quiere más que elegir referencias para volver.

Portalegre, la ciudad de la sierra, es un buen punto de partida. Pero no se la debe abandonar sin más. Además de un evidente paseo por las calles medievales del Centro Histórico que nos revela también la fuerza del barroco presente en palacios y casas solariegas, es necesario conocer la Sé Catedral, con su valiosa colección de pintura manierista, el Convento de S. Bernardo, que guarda el sepulcro monumental de D. Jorge de Melo, los museos Municipal y el del poeta José Régio y las magnificas obras de arte que son los tapices de Portalegre.

Y sólo después nos encaminamos a la Sierra, envidiando las bellas haciendas por las que pasamos en el camino hacia la Ribeira de Nisa, el Salao Frio y la Quinta da Saúde, zonas bien equipadas y muy utilizadas por la gente de la tierra en sus momentos de ocio. Suba al Pico de S. Mamede para contemplar el Alentejo desde su punto más elevado - 1025 m - y prosiga hacia el sur por el lindísimo Vale Lourenço. Siguiendo la ribera de Arronches en compañía de bucólicas aceñas, se llega a Alegrete, pequeña población fortificada con valor propio y que nos señala la dirección de Mosterios, rumbo a Esperança. Aquí, a media docena de kilómetros, un salto de miles de años de historia nos ofrece con las manos abiertas las Pinturas Rupestres da Lapa dos Gavioes.

Continuando a explorar el Parque, ahora en la dirección norte, siga un panorámico circuito por las carreteras municipales que unen las poblaciones de Besteiros, Montinho, S. Juliao y Porto da Espada, cortando el valle de la ribera de Soverete y acompañando en varias cotas el río Xévora. Después de una visita a Porto de Espada, tierra de vinos y frutos secos, una parada obligada en la civitas romana de Ammaia, junto a S. Salvador de Aramenha. El río Sever, que nace allí, tan cerca, nos conduce a Portagem, hecha célebre por el Puente Quinientista que, en el siglo XVI, dio paso a millares de judíos que huían del país vecino bien servido por una gastronomía de excelente reputación.

Desde arriba sentimos la llamada irresistible de Marvao que los buenos caminantes, por una antiquísima calzada, deben conquistar a pie. Es tan sorprendente y íntegra la belleza de esta ciudadela que, rigurosamente, no hay nada que se pueda decir de esencial destaque. Es todo. El castillo, el camino de ronda, lo que alcanza la vista, las iglesias, el museo, los detalles del caserío, el equilibrio de las calles el vuelo de las águilas... Es el deslumbramiento, y sólo él, que marcará la ruta de cada uno.

Bajando de nuevo a Portagem, Castelo de Vide se hace anunciar por la alameda de fresnos que bordea el campo de golf, y más adelante, nos deja vislumbrar las caleras de Escusa, memoria de una de las antiguas explotaciones de cal de la Península Ibérica.

En Castelo de Vide, tal como en Marvao, tendremos que rendirnos a sus encantos. Subir al casco medieval, descubrir la artesanía de los trapos, visitar la Sinagoga, pasear por las escarpadas calles de la Judiária y, allí en lo alto de las rocas de cuarzo de la sierra, llenar el pecho de aire puro en la ermita s. XVI de la Senhora da Penha. A escasos kilómetros del pueblo, está obligado a rendir homenaje al fálico Menhir da Meada, impresionante monumento megalítico, con más de 7 metros de altura y 15 toneladas de peso.

Hechas las despedidas al Parque Natural, volvamos a traer a la memoria a Portalegre que nos inspiró la sierra y ahora señala otros caminos del patrimonio de la región.

A dos pasos está Crato, la Varanda do Prior, las casas nobles, el Palacio Teixeira Guerra y un recientísimo Museo Municipal, que deja fluir la historia, sugestiva, en la atmósfera barroca de una mansión. La bella Flor da Rosa, con su convento, hoy también pousada, nos trae noticias de la importancia y poder de la Ordem de Malta. La Anta Grande do Tapadao, uno de los bellos exponentes del megalítico del Alentejo. Poniendo rumbo hacia Alter do Chao, la Coudelaria de Alter Real, donde se cría y doma el caballo lusitano. En el pueblo, donde la nobleza se siente a distancia, el Palacio y el Jardim do Alamo, las Iglesias, las fuentes y las casas solariegas. El barroco continúa a guiar nuestros pasos y después de una incursión a la encantadora Alter Pedroso, nos hace seguir hacia Fronteira. Y no nos podemos negar. Porque es irresistible la llamada de la playa de Ribeira Grande, de la sencilla belleza de Senhora da Vila Velha o de la dignidad de Paços do Conselho del tiempo de D. Juan I, el más notable de los palacios barrocos del pueblo.

Más adelante, Monforte, donde el mismo espíritu se respira en la Praça da República y se prolonga en vestigios tan diversos como las devociones relacionadas con el conjunto monumental do Rossio - las iglesias de Nª Sª da Conceiçao, S. Joao Baptista y del Calvário - o el bello trabajo de argamasa de la fachada de la Casa do Prior. En la Igreja da Madalena un nuevo salto en la historia: el Museo de Arqueología abre el apetito para las ruinas de la villa romana de Torre de Palma y, de nuevo nos hacemos al camino, sin ganas de parar. Cabeço de Vide, allí tan cerca, nos cuenta su historia en los azulejos de la antigua estación de Caminho de Ferro. En la población, dos indicaciones imperativas: Miradouro y Centro Histórico. No podemos dudar.

Belber, Alentejo-Portugal
EL TAJO EN EL ALENTEJO

Quien llega por el Norte tiene que atravesar el río Tajo. El Alentejo está "além" (más allá), en medianería con la Beira y el Ribatejo, entregándoles las aguas de los ríos y riberas del Divor, sugiriendo dos hilos conductores. Uno, llama la historia, deteniéndose en algunos baluartes de las ordenes militares que desde los siglos XIII-XIV recibieron, por donación real, territorios inmensos para defender y poblar: la ordem de Avis y la Ordem do Hospital o de Malta. El otro, señalando el futuro, muestra un Alentejo de albuferas y playas fluviales, que se afirman como destino turístico alternativo a la costa. Establecimientos hoteleros y casas de turismo en espacio rural impulsan o se asocian a esta nueva realidad, ofreciendo equipos y actividades que permiten gozar del agua, pero también la tierra y los aires del campo. De esta forma, pequeñas estancias termales con aparente vocación estival, se transforman en locales de ocio para todas las estaciones.

En Barragem de Fratel, nuestra puerta de entrada en el Alentejo, encontramos un Tajo montañoso, corriendo por un lecho profundo y apretado entre orillas de pizarra, con una belleza salvaje que en nada se asemeja al amplio estuario que crea en su desembocadura, junto a la capital. El nuevo Complejo Turístico del Río Tajo, ya iniciado, prevé la creación de áreas de apoyo a las actividad náuticas y promete, en breve, pequeños cruceros que permitirán el redescubrimiento de esta antiquísima carretera fluvial.

A menos de 20 Km., una parada en Nisa, tierra de bordados, cerámica pedrada y excelentes quesos de oveja. En el Centro histórico, que se extiende entre la Porta da Vila y la Porta de Montalvao, a visitar la Igreja Matriz, la Fonte do Frade y el edificio de Paços do Concelho, casa noble del s.XVII y la Capela da Misericórdia, con una bella fachada trabajada en granito. Muy cerca, en el local donde nació la antigua población de Nisa, se yergue el santuario- mirador de Nª. Sª da Graça que, el lunes de Pascua, sirve de escenario a una gran romería. Más adelante, siguiendo por la carretera hacia el norte, el puente sobre la ribera de Nisa es testigo de la presencia romana en estos parajes. Amiera do Tejo, una de las doce poblaciones de la Ordem de Malta, nos llama desde lo alto de su castillo medieval, con una soberbia vista en la que el río, continuando a correr en un valle encajado, prima, curiosamente, por la más absoluta de las ausencias. Pero es necesario bajar al embarcadero para verlo de cerca. Cuando llega el tren, un barquero cumple la función de transferir pasajeros y casi irresistible la tentación de entrar en escena, embarcando en la lindísima línea de la Beira hasta Belver.

Poniendo rumbo a las tierras de la lamprea, Gaviao ofrece una serena playa fluvial, la de Almal, con un pequeño café y alquiler de canoas. En frente, el castillo de Belver, otro baluarte de la Ordem de Malta, domina una vista que arrancó a uno de los primeros revés de Portugal de exclamación que se piensa ser el origen del topónimo de la tierra: "belo ver". En la capela de S. Brás, del s XVI, merece especial atención el original y precioso retablo, en madera de castaño, con los nichos de las imágenes-relicarios.

Para la bajamar queda uno de los pantanos más antiguos de Portugal que de vuelta a Gaviao, vía Torre Cimeira y Torre Fundeira, proporciona un memorable paso sobre el sistema de compuertas que constituye el paredón.

Tomando ahora la dirección Sur, Ponte de Sor invita a tomar una copa el la Zona Ribeirinha, recientemente equipada para ocio. De aquí parten dos carreteras panorámicas que conducen a las albuferas de los pantanos de Montargil y Maranhao.

Optando por el eje Montargil - Mora, se justifica el desvío por Tramaga para ver los molinos de rodezno de la ribera de Sor, uno de los caudales todavía funciona. El pantano de Montargil, estancia balnear bien equipada, con hoteles, restaurantes, centro hípico y alquiler de equipo náutico, es un excelente lugar para permanecer. En la zona de Mora, los aficionados a la pesca deportiva tienen a su disposición dos presas muy agradables: los diques de Gameiros y de Furadoros. A partir de aquí, vale la pena hacer unos kilómetros más de carretera, para visitar el Santuario de Nª. Sª Senhora das Brotas. Siguiendo la ruta de Maranhao, encuentro obligado con el Ponte Romana de Vila Formosa, Robusta de arte del s. II, integra en la carretera nacional, la pequeña población de Seda nos coloca en el camino hacia Benavila, tierra de vino y aceite, que se hace anunciar por la rústica ermita de Nª. Sª de Entre Águas, edificado en el siglo XV entre las riberas de Seda y de Sarrasola.

Avis surgirá a lejos con sus torres, bien implantadas en tina colina forrada de olivos. En el Centro Histórico merece una visita la Igreja Matriz (s. XV-XVII) y el Museo Municipal, instalado en la antigua sala do Capítulo y Refectorio do Convento de S. Bento, cabeza de la Ordem de Avis a partir del s. XIII.

Belver. Alentejo.portugal
Después de una parada en el Club Náutico da Barragem do Maranhao, con camping, restaurante y alquiler de canoas, prosigamos hacia Pavia. Encantadora población de caserío noble y popular, nos ofrece la visión siempre insólita, de la Anta-Capela de S. Dinis y en el extremo occidental, la iglesia Matriz de S. Paulo, templo-fortaleza edificado a principios del s. XVI.

Poniendo rumbo hacia la dirección del último afluente del Tajo de esta ruta - la ribera del Divor, nos esperan apacibles momentos en el bello espejo de agua que es la albufera del Divor, con restaurante y posibilidad de pasear a caballo.

En Arraiolos, un cierre con llave de oro. A la entrada el convento de Nª. Sª da Assunçao, del XV y recientemente adaptado a Pousada, guarda en la capilla mayor de la iglesia un conjunto de azulejos firmado por Gabriel de Branco, uno de los mayores ceramistas del s. XVIII. Subiendo al castillo, del s XIV, que aún mantiene completa la Porta de Samtarém, con arco gótico, y la Torre do Relógio, construida en la época manuelina, logramos una reposante visita campestre. En el centro del pueblo, destaca la presencia del antiguo edificio de Palos do Concelho y de la Cadeia Comarca (cárcel comarcal), el poste de las vergüenzas de estilo manuelino, y el bello portal de granito de la antigua Igreja do Espirito Santo. Má adelante, la Igreja da Misericordia, genuino ejemplar del arte religioso barroco. En una puerta si y en la otra no, los bellísimos tapices que incansables bordadoras pintan, punto a punto, con los colores y motivos tradicionales.

Y, finamente, para que no queden dudas de que realmente estuvo en Arraiolos, preste el debido aprecio a otras facetas del patrimonio: pruebe los "pastéis de toucinho" (pateles de tocino), buque insignia de la pastelería local.

POR LAS VEREDAS DEL PATRIMONIO

Este es, sin duda, el más recorrido del Alentejo. Elvas, ciudad-fortaleza es una tradicional puerta de entrada al país. Evora, desde que fue clasificada por la UNESCO como Patrimonio Mundial, entró en las guías mundiales del turismo cultural. Beja, capital del baixo Alentejo, es corazón de la región donde se creó la imagen del extenso trigal ondulado que fue el granero de Portugal. Dentro de lo poco que, durante mucho tiempo, nacionales y extranjeros conocieron de estos parajes, fueron estas ciudades que delimitaran su paso para quien venía o iban de España o se dirigía al Algarve en los meses de Verano.

Hoy, que el Alentejo se ha impuesto como destino, la situación ha cambiado. El fascinio ejercido por algunos locales buque insignia parece haber estimulado el desafío de ir más allá, y son cada vez más los que demandan conocer y comprender. Con el patrimonio edificado emerge el descubrimiento del paisaje, de la calidad ambiental, de los recursos de la tierra, de las artes y los oficios tradicionales, y también del misterio mayor la fuerte identidad de una región que se construyó incorporando una herencia milenaria de invasiones y mudanzas, que aquí trajeron pueblos tan diversos como son los fenicios, los romanos, los visigodos, los árabes, los judíos.

Misterio que se aumenta cuando se entiende que, a partir de los s. XII-XIII, vivió un singular destino nacional. Fue conquistada, defendida y compartida según la razón de la época, que mezclaba valores del Cesar con valores de Dios. Conoció guerreros de la fe, que aquí construyeron conventos y castillos.
Preferencias y favores reales que lo llenaron de cosas bellas y en las épocas más áureas, le otorgaron innegable esplendor. Nobles con tierras donadas, que levantaron palacios en las urbes y palacetes con torreones en el campo.

Labradores ricos con mansiones en la ciudad y grandes "monte" (haciendas) en las fincas. Comerciantes, artífices, artistas, hombres de letras y hombres de ciencias. Es un pueblo con vida dura, obrero de casas blancas a la tierra, que se ganó de ser el más orgulloso de Portugal.
Pero también conoció el gran aislamiento y abandono que la preservo y que hoy le señala el futuro.

En esta ruta que, mejor que cualquier otra, revela la monumentalidad y la ruralidad como doble esencia del Alentejo, la mirada atenta del viajero encontrará sin dificultad señales bien visibles de esta contradictoria aventura humana que se le ofrece para descubrir.

En la zona de la frontera, se mezclan dos ciudades con un destino común en tiempos de guerra: Elvas y Campo Maior, verdadero museo de fortalezas, con una vocación militar que le viene del tiempo de los romanos y se acentúa en el periodo de dominación árabe, exhibe a quien pasa por sus murallas, dos fortalezas - el Forte de Santa Luzia y el Forte da Graça - y la magnifica obra de arte que es el Aqueduto da Amoreira. Pero esconde un Centro Histórico poco conocido. Bastará recorrer uno de sus ejes más evidentes, entre la Porta de Olivença, la Praça da República y el Castillo, para que los encuentros que vamos teniendo con la Igreja de Nª. Sª da Assunçao, la antigua Sé, La lgreja de Nª. Sª da Consolaçao, el Pelourinho (poste de la vergüenza) del s.XIV y la Porta do Templo, nos incentiven a quedarnos para descubrirlo. Extramuros, es necesario visitar la Igreja do Senhor Jesus da Piedade, con más de 6.000 exvotos. Una incursión al Ponte da Ajuda, que otrora unía Elvas con Olivença, será un excelente pretexto para conocer el río y hacer uno de los itinerarios megalíticos del municipio.

Campo Maior nos revela dos símbolos fundamentales de las masacres sufridas en tiempo de guerra: el Catelo y la Capela dos Ossos - anexa a la Igreja Matriz - totalmente construida con los huesos de las víctimas de la explosión de un depósito de municiones. Es una bella ciudad, dinámica, que revela su carácter en un gran acontecimiento que puede haber sido fruto de las alegrías de la paz: la Festa Das Flores, que se hace cuando el pueblo quiere. En los alrededores, vale la pena un paseo hasta la solitaria Ouguela y una visita al Museu do Café.

Optando por el itinerario que atraviesa el paredón del pantano del Cais y nos conduce a Santa Eulália, Barbacena y Vila Fernando, pasamos del granito rosa a las tierras del mármol, de la que el pueblo de Borba es la primera expresión. Aquí, se puede visitar la Igreja de S. Bartolomeu, apreciar los Passos barrocos, los balcones de hierro forjado y la Fonte (las Bicas; sin olvidar las bodegas y tascas. Siempre entre canteras, que transforman el paisaje casi en un espejismo lunar, llegamos a Vila Viçosa por el canmino correcto. Después de la Porta dos Nós, paremos, con todo el tiempo de mundo, en Terreiro do Paço Ducal. La llamada es fuerte y dispensa razones; visita obligada que se extiende también al Castelo donde está instalado el Museu da Caça. En la Igreja Matriz, especial atención a los azulejos, a la talla dorada y la imagen de Nª.Sª da Conceiçao, esculpida en piedra de Ança del finales del s. XV que D. Joao IV coronó Padroeira (patrona) de Portugal. Poniendo rumbo a Estremoz, continuamos en compañía de los mármoles y las sagas reales. Centro de las más decisivas acciones militares en las guerras de la Independencia y de la Restauraçao, la historia la une a la vida política y amorosa de los primeros Reyes de Portugal, en la cual tuvo un papel relevante la serena Reina Santa Isabel. La parte más monumental de su patrimonio se localiza en el Largo de D. Dinis: la Torre de Menagem (homenaje), obra prima de la arquitectura militar la Real Armaria de D. Joao V, hoy Pousada; la capela da Rainha Santa Isabel, de donde destacan los frescos de la bóveda, la talla barroca del altar mayor y los azulejos alusivos a la vida de la reina; la Igreja Matriz de Santa Maria, renacentista; y el Palo da Audiencia de D. Dinis, primitiva Casa da Cámara. En el Museu Municipal, se encuentra una interesante colección de barros populares de los siglos XVIII-XIX, que continúa a inspirar a los más exigentes alfareros de Estremoz. En la parte baja de la ciudad, a la que se debe acceder a pie por las empinadas calles del arrabal, descubra el Rossio, escenario de la mayor Feira de Artesanato do Alentejo.

De nuevo en la carretera, y después de una imprescindible subida al castillo de Évoramonte, nos espera Évora Património Mundial. Olvidamos la tentación de ver todo, o de pensar que hemos visto todo, sólo porque se visitó el Templo Romano, las Termas o los frescos de la Casa de Burgos, el Museu Regional y la Catedral de Santa Maria, la Igreja de S. Francisco y la Capela dos Ossos, el Claustro da Universidade, la lgreja da Mesiricórdia o la ventana manuelina de la Casa Garcia de Resende. La monumentalidad es un aspecto fundamental de la ciudad y sólo para visitar lo que es normalmente esencial, son necesarios varios días. Lo más importante es no tener prisa y pasear. Évora no es un museo de piezas sueltas es un conjunto urbano de excepción que se descubre a pie. Es la atmósfera de sus calles, la luz y la sombra sobre la cal, el barrio judío y el árabe, las casas que el Acueducto moldeó, el callejón, la ropa tendida, la arcada que sustenta y acoge, el balcón de hierro forjado, la fuente que sirve de banco, el detalle del medallón de estuco, el patio interior que se deja observar a escondidas, las plazas nobles y las placetas populares. Diferente de día y de noche. Pero también es un presente vivo: el movimiento de la Praça de Giraldo, que nos es sólo los martes: los miles de alumnos de la universidad: los niños del colegio; los actores de teatro, los escultores del mármol, los arqueólogos con material inagotable para excavar, la vida cotidiana que lleva a sus habitantes a antiguos conventos y palacios en los que hoy se pagan seguros, impuestos, recibos del agua y de la luz, las tiendas de marca y las de comercio tradicional, el café en barras modernas y los deliciosos manjares en la tasca al final del día.

Évora es también el campo que la envuelve y profundiza el sentido. No es posible dejar de conocer aldeas llenas de encanto como Nª. Sª de Machede o Graça do Divor, reencontrarse con los romanos en las ruinas de las Termas de la villa de Tourega y trillar los itinerarios del megalítico que nos llevarán, por lo menos, a Anta Grande do Zambujeiro y a Cromeleque dos Almendres. De aquí, los interesados en la Prehistoria seguirán hasta las Grutas do Ecoural, que nos remite al imprescindible museo de Arqueología, instalado en el Convento de S. Domingos en Montemor.

Cuando llegue el momento, proseguiremos hacia el sur. Tenemos delante Viana do Alentejo, con su peculiar castillo que integra la Igreja Matriz, de estilo manuelino, y la notable colección de exvotos del Santuario barroco de Nª. Sª de Aires. Alcáçovas y el taller-museo de cencerros de Jao Penetra. El bello pueblo de Alvito con decenas de portales góticos y una suntuosa Matriz (iglesia parroquial). Vila Ruiva y su puente romano. Los frescos y azulejos de la ermita de Senhora da Represa. El laberíntico Museu de Arte Sacra da Misericordia de Vila Alva. Las inusuales ruinas romanas de S. Cucufate. El pan y el vino de Vidigueira. El castillo y el caserío de Portel.

Y Beja que se anuncia de lejos con la Torre de Menagem (homenaje) la más alta de Alentejo. Firme en su camino, fiel a su historia, sabia en las apuestas que hace. Son los institutos universitarios que revitalizan la población, la dinámica biblioteca que consigue la proeza de ser punto de encuentro de todas las edades, los acontecimientos culturales, los grandes mercados de la tradición, los ancestrales sabores de la pastelería de los conventos. Porque las vicisitudes de la historia le destruyeron gran parte de su patrimonio, trata con cariño todo lo que tiene. Por eso, es un placer recordar la Pax Julia, junto a la Porta de Évora o de Avis, señales casi únicas del esplendor que vivió en los tiempos del imperio Romano. Subir, peldaño a peldaño la bellísima Torre de Menagem (homenaje), para disfrutar la vista que nos ofrece sobre el Alentejo y también la ciudad, que desde aquí nos deja leer sus contornos medievales y observar a escondidas un caserío lleno de patios interiores, aromáticos jardines de flores y frutas. Recorrer las calles antiguas circundando el Largo do Lidador, de la Praça da República o del Largo dos Duques de Beja. Visitar la Ermita de Santo Amaro, donde está el Núcleo Visigótico del Museu Regional, o la Igreja de Santa Maria para admirar la Árvore de Jesse. Y. guardando lo mejor para el final, entrar en el Convento da Conceiçao, hoy Museu Regional, y para aquellos que quieren respirar el esplendor barroco de la iglesis y la atmósfera, absolutamente única, que se desprende del Claustro y de la Sala do Capítulo.

EN EL VALLE DEL GUADIANA

El Guadiana, el gran Río del Sur, entra en Portugal junto a la frontera del Caia y desemboca en el Océano Atlántico entre Ayamonte y Vila Real de Santo Atónio. Elocuente museo vivo sobre la importancia ancestral de los ríos en la vida y la historia de los hombres, estructura una región de gran interés paisajístico y patrimonial. Además de sus pueblos fortificados, quien se aventura a bajarlo en canoa o a descubrirlo por veredas ribereñas puede contar, en este paraíso de silencio y belleza, con momentos perfectos de inolvidable placer.

Hacia la naciente del puente Alqueva, que lo atraviesa al norte de Moura, su destino, es una profunda transformación, a partir del año 2000, el cierre del paredón del gran pantano de Alqueva originará la formación de un lago artificial con cerca de 250 Km2 que sumergirá una parte substancial del valle entre el puente de Alqueva y Juromenha. Hacia el lado del refugio de la marca, desde Serpa, hacia el lado de la desembocadura la situación es diferente. En buena hora fue creado el Parque Natural do Vale do Guadiana, con una área aproximada de 70.000 hectáreas, que se extiende entre la zona donde nace la cascada del Pulo do Lobo y la ribera del Vascao, al sur de Mértola, incluyendo zonas paisajistas bien diferenciadas: los valles encajados del río y sus afluentes, las elevaciones de cuarzo de las sierras de Alacria y Sao Barao y una extensa y agreste planicie donde crecen arvenses de secano, bosques de pequeñas encinas y jarales, en las zonas más en declive de las sierras y líneas de agua, con poca intervención humana, se pude encontrar el llamado matorral mediterráneo, expresión de la vegetación original de la región.

Comencemos este seductor viaje por Mértola, el pueblo más árabe de Portugal, con una larga historia para contar. Último puerto interior de una gran vía fluvial que es el Guadiana, fue un activo punto desde el periodo prerromano, prestigioso municipio durante la ocupación romana, capital de un reino musulmán en el periodo islámico y primera sede de los caballeros de la Ordem de Santiago. Aquí se asentaron las gentes, circularon los productos de los más dispares lugares del mundo mediterráneo antiguo y de aquí partían el pan y el aceite en los barros de Beja y los minerales de Aljustrel y de S. Domingos. Si hace pocos años se podría decir que nada de la pequeña Mértola de nuestros días dejaba entrever su importancia en el pasado, hoy se puede afirmar que, en otro sentido, la realidad es muy diferente: su riqueza histórica y arqueológica nos revela a través de una gran diversidad de núcleos museológicos instalados en varios puntos del Centro Histórico y la está proyectando, como Vila Arqueologica, en los itinerarios internacionales de turismo cultural. Es un hecho que Mértola renació. Bien señalizada, bien documentada y con todas las puertas abiertas, sólo tenemos que dejarnos conducir porque todo es fácil de encontrar el Forum-Alcaçova y la Mesquita, la Torre do Río y la Forja do Ferriero (forja del herrero); los Museus Paleocristao, Romano, de Arte Islámica y de Arte Sacra; la Cooperativa de Tecelagem (telar) que dio una nueva vida a la producción de las ancestrales mantas de la sierra y la Oficina de joyería donde un grupo de artífices crea replicas de joyería islámica.

El río, a su vez, nos dirige sus específicas invitaciones para un paseo en barco o en canoa, una incursión hasta el último molino donde se siente la pleamar y bajamar, o una visita guiada al molino restaurado de la ribera de Vascao.

Pasando a la orilla izquierda, se justifica un desvío hacia el sur para apreciar el Guadiana junto a Pomarao, puerto de salida, por línea férrea, de los minerales de la mina de S.Domingos hasta su cierre en los años 60. Esta visita, además de proporcionar un agradable paseo, dará más sentido a la parada en el verdadero museo de arqueología industrial en que, en el corto espacio de 30 años, fue transformada la aldea de Mina. Continuando hacia el norte, se impone una incursión a la cascada del Pulo do Lobo. El acceso, por un camino de tierra, nos conduce a dos plataformas a diferentes alturas, que son excelentes puestos de observación de este espectacular geomorfológico originado por la bajada del nivel del agua del mar en el periodo cuaternario. Para ver la cascada de cerca, será necesario descender hasta el río y caminar sobre las rocas, aventura que, en las condiciones actuales, sólo se aconseja a personas adultas y con experiencia.

Abandonemos un poco el río y detengámonos con tiempo en el pueblo de Serpa. Al mismo tiempo que las calles con los caseríos más antiguos, con algunos bellos ejemplares de la arquitectura del s. XVI, pueden apreciarse grandes casas del s. XIX y de principio de siglo, expresión de la pujanza de los grandes labradores de entonces. En la plaza del Castelho Velho, véase la Igreja Matriz, la Torre do Relógio y dentro de la fortaleza, el Museu de Aquiologia. Desde el camino de ronda se obtiene una buena panorámica sobre el primitivo arrabal y el Palácio de Ficalho, edificado en el s.XVII, que arrastró la construcción de una obra imponente, visible en la calle de los Arcos: la noria y el acueducto, destinados a su exclusivo abastecimiento de agua. Dignos de visita obligatoria son también el Museu do Relógio, colección particular de 1.100 relojes y el cuidado Museu de Etnografía. Quien nunca probó el Queijo de Serpa (queso de Serpa) y las "queijadas" (pasteles de queso) de la tierra, está en el sitio adecuado para corregir este fallo imperdonable y abastecerse directamente en el productor. Entre Serpa y Moura, existen varias posibilidades de acceso al Guadiana a partir de poblaciones de ambas orillas, como Quintos, Pedrogao y Brinches. Junto a Moura, que nos lleva a los molinos de Barca.

Moura, famosa por sus aguas y por su aceite, es una cuidad curiosa, con una animada vida en la calle y un Centro Histórico que merece la pena conocer: la Mouraria, el Castelo con sus torres de menagem(homenaje)y de Salúquia (saludo), la bonita Igreja Matriz de S. Jao Batista. En el núcleo urbano se descubren portales ojivales y de estilo manuelino, pormenores decorativos de las casas nobles y, también aquí, de las mansiones de grandes labradores: los balcones de hierro forjado, los trabajos en argamasa, que ornamentan puertas, ventanas y frontales, las claraboyas y las enormes chimeneas con inventivas veletas.

Son chimeneas de este tipo, de traza árabe, que vamos a reencontrar en el simpático pueblo de Mourao, después de dos incursiones fundamentales; la primera, a la fronteriza Barrancos, tierra por excelencia del cerdo negro, que nos pone en el camino hacia una agreste centinela que es pecado no conocer - la fortaleza de Noudar; la segunda hasta el puente de Alqueva, junto al cual se desarrollan los trabajos de construcción del paredón del gran pantano.

A partir de Mourao, con un castillo que merece un visita, lance una última mirada a la aldea de la luz - la única que quedará sumergida por la albufera - y a las ruinas de la fortificación romana de Lousa orgullo del Guadiana.

Pasando a la orilla derecha, subamos de inmediato a Monsaraz, parando en mitad de la cuesta para disfrutar de la vista a partir de Crorneleque do Xerez. Importante plaza para la defensa del río, Monsaraz nos aparece, hoy, como un solitario lugar de privilegio para quien busca belleza y paz. Todo lo que interesa visitar en la ciudadela de las puertas de la fortaleza, pasando por la Igreja Matriz, la Igreja da Mesiricórdia, los antiguos Paços da Audiência con el célebre fresco del s. XV alusivo a la Justicia "O Bom e o Mau Juiz" (el bueno y el mal juez), o la antigua Cisterna - no son más que puntos específicos de interés en un paseo que vale, sobre todo y después de todo, por la genuina atmósfera medieval que allí se respira. Bajemos los ojos de la deslumbrante Torre de Menagem hasta los más ínfimos detalles de este tesoro tallado en pizarra y cal e, indiferentes al tiempo, dejémonos estar.

Después de bajar al río junto al molino del Gato, el museo de Arqueología del Convento da Orada nos debe enseñar el camino hacia los menhires de Beloa y del Oteiro o hacia los dólmenes del Olival da Pêga. De S. Pedro do Corval, tierra de alfareros, pongamos rumbo a Reguengos de Monsaraz que nos acoge, más adelante, con vinos, trabajos en barros antiguos y nuevos y mantas tradicionales. Nos esperan ahora algunos kilómetros de carretera por zonas más apartadas del Guadiana, siempre en campaña del bosque de encinas salpicado con viñas, trigales y olivares, hasta que lo reencontramos por interpuesta figura el pantano de Ludefecit que represó las aguas de uno de sus más bucólicos afluentes. Estamos en la bella Terena, con dos calles floridas que se unen la Igreja Matriz de S. Pedro y el castelho. Fuera de la población, envuelto en un paisaje multicolor de cultivos de regadío, se yergue el Santuario-fortaleza de Nossa Señora da Boa Nova. Data, en su aspecto actual, de la primera mitad de S. XIV, lo que se sabe de su historia no la revela totalmente. Pero es suficiente para hacernos meditar en el largo camino ya recorrido por estas tierras de frontera donde, contra moros y castellanos, se fue construyendo y defendiendo Portugal.

Alandroal, a unos escasos 10 kilómetros, nos recibe con un castillo de pizarra - edificado a finales del S. XII por la Ordem de Avis - una imponente Igreja Matriz, una fuente del s. XVIII esculpida en mármol, inesperados frescos en la ermita de S. Bento, y también de interesante producción artesanal en estaño, madera y pizarra, que tiene como galerías de exposición, los buenos restaurantes locales.

En el fin de la línea de esta ruta por las defensas del Guadiana, detengámonos en Juromennha, lugar de una importante y atribulada historia que su estado actual no ayuda a imaginar. De esta estratégica plaza militar, considerada en s. XVII, la llave del Guadiana y la puerta de Vila Viçosa, Alandroal y Borba, resta el castillo con una altanera Torre de Menagem (homenaje) y algunos baluartes del s. XVII. Dentro de las murallas medievales, los vestigios de las antiguas habitaciones, la matriz (iglesia parroquial) en Torre de Nossa Senhora do Loredo y muy degradadas, la Misericordia y la capilla de S. Francisco de Assis, en la antigua plaza se pueden identificar las ruinas de los Paços do Conselho y la Cadeia Comarca (cárcel comarcal). La vista es soberbia. Escoja su mirador y, al sabor del río, deje correr la mirada.

DEL ESTUARIO DEL SADO A LAS PLAYAS DEL SUDOESTE

Es una permanente fascinación descubrir este Alentejo que se abre al mar. Rodeando las ciénagas del estuario del Sado, clasificado Reserva Natural, alcanza una inmensa línea de costa que, entre la punta de Tróia y el puerto de Sines, adopta la forma de un arenal. En el interior, donde destaca el exuberante verdor de la sierra de Grandola, el bosque de alcornoques convive con densas manchas de pinares, los ríos se represan en bellas albuferas y la abundancia de agua da vida a extensos arrozales. Súbitamente, el paisaje cambia. Hacia el sur de Sines, las fantasías más caprichosas del tiempo geológico hicieron del mar y del viento su escoplo y cincel, tallando acantilados, contorciendo bloques de pizarra creando cordones de dunas que bordean arenales haciendo y deshaciendo pequeñas y secretas playas, definiendo nuevos contornos a la vegetación, templando la meseta costera, alimentando la vida de algas, peces, reptiles, aves y mamíferos raros.

Estamos en un museo palpitante de historia de vida natural. La belleza y la riqueza de esta costa salvaje, que desde siempre inspiró a los hombres las artes de navegar, de pescar, de construir puertos y defendieres con atalayas, fuertes y fortines, sólo nos puede inspirar, hoy, el deseo de preservarla. Asóciese a este buen espíritu y parta al descubrimiento de este Alentejo que le ofrece, en simultáneo, los placeres del campo y del mar.

Quien pone rumbo al sur viniendo de la zona de Lisboa, encuentra una antiquísima ciudad que escogemos como punto de partida de este gran paseo: Alcacer do Sal, que nos recibe alegremente en la orilla del río con sus mariscos y “pinhoadas” (pasta de miel y piñones). Suba al Castelo - donde las ruinas del convento de Aracoeli se hizo una Pousada - y, en su reciente museo de Arqueología, lea la historia de estos parajes que conocieron griegos, fenicios, romanos, árabes y bélicos caballeros de la Ordem de Santiago. Visite la Igreja de Santa Maria de Castelho, construcción románico-gótica y, muy cerca, otro interesante exponente de la arquitectura religiosa, la Igreja do Convento de Santo António, fundada en el s. XVI al gusto del renacimiento italiano, que integra la Capela das Onze Mil Virgens. Bajando las calles estrechas de Núcleo Histórico, nos esperan los azulejos y la talla dorada de la Igreja de Santiago, reconstruida en la época de D. Joao V, y el Museu Municipal, instalado en la Igreja do Espírito Santo.

A partir de Alcacer, los aficionados a deportes náuticos pueden remar río abajo para recibir lo saludos de los divertidos delfines que siempre saludan a quien pasa, o visitar los pantanos de Pego do Altar y Vale de Gaio, excelente pretexto para descubrir dos típicas poblaciones alentejanas, Santa Susana y Torrao. Poniendo rumbo a la costa, la carretera que rodea la Reserva Natural do Estuario do Sado da acceso al curioso Porto Palafitico da Carraqueira, con una soberbia vista sobre las ciénagas del estuario.

Entrando en tierras de Grandola, la Península de Troia ofrece su bien conocido complejo turístico, en cuya área se incluye la Estaçao Arqueológica de Troia, uno de los más interesantes conjuntos de fábricas de conserva de pescado de Imperio Romano. La exploración del inmenso arenal que se inicia en esta punta norte nos hará parar en el Museu do Arroz de Comporta y recibir de manos abiertas las bellas sorpresas como el conjunto de acantilados de las playas de Galé y de los Pinheiros. Incluso en las épocas más concurridas, quien desea el sosiego y soledad sólo tiene que pagar el pequeño precio de caminar unos cientos de metros más allá de los accesos fáciles donde se concentra quien prefiere bares, restaurantes y vida social.

De la mano de la playa, el campo nos sugiere una ruta en zig-zag entre el litoral y el interior. Después de una parada en Pinheiro da Cruz, para conocer la producción de vinos y de artesanía de los habitantes de su establecimiento carcelar, prosigamos hacia Grandola “vila morena”, donde los romanos continúan a enviarnos mensajes de su presencia en el recinto de la Escola Primária, visite la Estaçao Arqueológica do Cerrado do Castelo donde, en los años 90, se identificaron unas termas - que pueden ser indicio de la existencia de una villa - y dos hornos de producción de tejas de tubo. Después dejémonos llevar por el aire puro de la sierra, paseando por las veredas de la Rota da Serra, itinerario pedestre señalizado que, además de envolvemos en mantos de verdor, nos ofrece, como banco de reposo, la bonita aldea de Santa Maria da Serra. Si el tiempo no diera para tanto, suba, por lo menos, al extraordinario mirador que es la Ermida da Nossa Senhora da Penha, construcción del s. XVIII con un interesante revestimiento de azulejos y una colección de exvotos. Prosiguiendo por esta carretera, en la cual, más adelante, pude verse el pantano de Pego de Moura, tendríamos acceso directo a Santiago do Cacém, nuestro próximo destino. Pero optemos por la que nos conduce a la lagunas de Melides y de Santo André, verdaderos paraísos para la avifauna y especies piscícolas, abiertas a la practica de deportes náuticos, la pesca, la caza que invitan a largas caminatas a pie.

Santiago do Cancém nos espera con un programa de visitas que no se resuelve con grandes prisas. Es el Castelo, la Igreja Matriz y la Capela de S. Pedro que, envueltos por el Passeo das Romeirinhas, dominan el paisaje. En la lgreja Matriz, una bóveda revestida de azulejos del s. XVIII, un altorrelieve gótico representado a Santiago en combate contra los moros y en el exterior, la Porta do Sol, bello portal gótico. La Praça do Conde de Bracial, nos invita a pasear por las estrechas y empinadas calles del Centro Histórico. El Museu Municipal, instalado en la antigua Cadeia (cárcel) comarcal. El Parque Urbano Río da Figueira, espacio verde equipado con campos deportivos, parques de diversión infantil, piscina y circuito de mantenimiento. El Moinho de Vento das Cumeadas, recuperado, que, en días con viento, nos deja recordar las tradicionales técnicas de molienda de cereales. Y, finalmente, a dedicar por lo menos una hora de visita, las ruinas romanas de Miróbriga, donde pueden apreciar el templo de culto imperial, localizado en el forum, termas en buen estado de conservación y a cerca de un Km, un hipódromo, monumento único en el país.

Entre Santiago y Vila Nova de Milfontes, se abren dos itinerarios de características diferentes. Quien sienta con más fuerza la llamada del campo, deberá poner rumbo a Cereal do Alentejo, vía S. Domingos, hacer una incursión al pantano de Fonte de Serney, después proseguir por la bella carretera que pasa sobre el paredón del pantano de Campillhas. Los amantes de la costa deberán ir directamente a Sines, ancestral puerto pesquero que, a pesar de su actual vocación industrial, mantiene el encanto de su Centro Histórico, marcado por el Castelo, cuna de Vasco da Gama, y la ermita de Nossa Senhora das Salvas.

Penetrando en el Parque Natural do Sudoeste Alentejano, siga la carretera que, a partir del arenal de S. Topes, bordea la costa y nos deja en Porto Covo. Aquí además de las playas, visite la plaza del pueblo, genuina pieza urbanística de la era pombalina. Muy cerca, parada obligatoria en la playa de la histórica y apelativa lIha do Pessegueiro, a la que puede acceder a nado o en las barcas de los pescadores. Más adelante, la Playa do Malhao nos anuncia la proximidad de Vila Nova de Milfontes, animada estancia de baños que nos ofrece la serena belleza del estuario del Mira.

El acantilado ya se apoderó de la costa. El encanto del mar hace cada vez más poderoso y, con el deseo de gozar de las pequeñas playas eventuales por escarpas de pizarra, aberturas de excepción para un Atlántico tonificante que nos contagia con su vigor. Los accesos señalizados indican, en la mayoría de las ocasiones playas con apoyos: vigilancia, bares y restaurantes con pescado fresco. Los practicantes del turismo de naturaleza que quieran llevar más lejos su descubrimiento no se sentirán defraudados; la casi totalidad de los acantilados pueden recorrerse a pie por las veredas de los pescadores, teniendo por casi única compañía el águila boneli, el águila pescadora, la garza de pico rojo, el milano, el palomo de las rocas o los murciélagos cavernícolas. Aquí y allí se encuentran caminos que dan al mar. A veces la bajada se hace difícil, pero quien consciente depende de si mismo, se considera con suficiente experiencia para aventurarse sin riegos, verá premiado su esfuerzo con el descubrimiento de rincones de la costa adonde parece que nunca haya estado nadie. En esta zona, como sucedió más al norte, la fuerza del litoral no anula la llamada del interior. Al contrario, en Vila Nova de Milfontes, por ejemplo, es irresistible la invitación que nos hace navegar río arriba hasta Odmira, por cuenta propia o en paseos organizados. En este simpático pueblo entre la sierra y el mar - que, quien opte por el automóvil, después de una parada imprescindible en la playa de Almograve y en puerto de Lapa das Pombas, debe visitar a partir del cabo Sardao - se encuentran excelentes miradores sobre el río y apacibles locales para disfrutar de la naturaleza, como el Parque das Águas o el Pego das Pias. A partir de Odemira, entre cumbres y valles sembrados de envidiables "montes" (hacienda), se justifica en pleno una incursión a la Barragem de Santa Clara, que extiende uno de sus brazos hasta el distante Castro da Cola. Subamos a la Pousada, con una magnifica vista sobre la albufera, y dejémonos tentar por un paseo en barco o en bicicleta de montaña. Regresando por S. Teotónio, rindámonos, sin resistencia, a los encantos de las últimas playas de la costa: Zambujeira do Mar, Carvalhal y Odexeice, desembocadura de la ribera de Seixa, frontera del Sudoeste Alentejano.

Fuente: Turismo de Portugal

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