La huerta - L´Horta
Valencia
El principal atractivo turístico de la comarca no es sólo la belleza del paisaje sino que brinda al visitante mil y una posibilidades de disfrutar de su tiempo libre: gastronomía, famosas cerámicas o porcelanas, practicar deporte…
Els Blaus de Roses

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UN RECORRIDO POR LA COMARCA DE L´HORTA

Uno de los mayores atractivos que encierra la provincia de Valencia es su diversidad, perfectamente sintetizada en su marca Valencia Terra i Mar. Esta publicación nos llevará a conocer -en un recorrido por cuarenta y tres pueblos- su comarca central, L´Horta, a la que inevitablemente conducen todas las salidas de la ciudad.

Rica y laboriosa, de tierra generosa y mar apacible, L´Horta (Nord, Sud y Oest) es una perfecta mezcla de paisaje urbano y campesino, de actividad agrícola e industrial y, en cualquier caso, de gente amable, extrovertida y hospitalaria. La huerta se extiende hasta el asfalto, la arquitectura combina modernos edificios con antiguas alquerías y el agua del mar llega hasta las raíces de los naranjos.

Pero el principal atractivo turístico de la comarca no es sólo la belleza del paisaje. Esta comarca brinda al visitante mil y una posibilidades de disfrutar de su tiempo libre: degustar su cuidada gastronomía, comprar famosas cerámicas o porcelanas en su lugar de origen, practicar deportes -tenis, golf, vela...- en cuidadas instalaciones o, simplemente, callejear, visitar sus museos y conocer un poco de su historia a través de sus múltiples monumentos.

L´Horta abraza literalmente Valencia (capital de la comarca y de la provincia), por lo que el recorrido puede iniciarse en cualquier punto de la ciudad.

Hacia el norte, una huerta bañada por la abundancia ha dado a Valencia su fama de paraíso fértil. La bondad del clima y, sobre todo, el esfuerzo de sus gentes que a lo largo de los siglos han construido un sofisticado sistema de riegos -aterrando marjales, arrancando piedras al secano y cultivando cada metro- han hecho posible la rica imagen que hoy ofrece.

Junto a ello, un rico patrimonio monumental está siendo recuperado y ordenado para su uso turístico. Lugares tan emblemáticos como los castillos de Alfara del Patriarca y Albalat del Sorells, la Torreta de Puçol o los silos de Burjassot trasforman viejos recuerdos del pasado en proyección de futuro.

Iniciamos el recorrido en Alboraia, que nos brinda la posibilidad de comenzar nuestro viaje con un singular desayuno: una genuina horchata acompañada de fartons (bollos largos y cubiertos de azúcar) que tanto renombre ha dado a este lugar. El cultivo de la chufa, fruto con el que se elabora la horchata, es uno de los más antiguos de esta tierra y no se ha abandonado desde que fue introducido por los árabes, extendiéndose a otros pueblos de la comarca.

Comprar sus ricos fartons -recién horneados- y algunas chufas para atrevernos a preparar un refresco de vuelta a casa es una opción. Pero también lo es perdernos por sus calles y entrar en la iglesia de Snta María (barroca del siglo XVII); alejarnos después hacia el mar por un camino salpicado de alquerías árabes y, cerca ya de la playa, descubrir la ermita del Miracle del Peixets donde, según la tradición, se hallaron dos Sagradas Formas en la boca de unos peces. Ya en la costa, un paseo por la playa, un baño o, para los más deportistas, hacer windsurfing, acercarse al club náutico y navegar en catamarán o recorrer a caballo la playa de la Patacona son otras posibilidades. Para los aficionados a la motonáutica o a la navegación de crucero La Pobla de Farnals será un agradable descubrimiento.

Del deporte al shopping de lujo. En Tavernes Blanques un alto para comprar alguna pieza de Lladró, una de las porcelanas más codiciadas en todo el mundo, resulta obligatorio.

Siguiendo la ruta hacia El Puig los pueblos -todos ellos antiguas alquerías árabes- se adivinan desde lo lejos a través de sus esbeltos campanarios y se suceden hasta casi confundirse. En la iglesia parroquial de Almássera, se puede ver la arquilla que guarda las formas eucarísticas del Miracle del Peixets y en la margen izquierda del barranco de Carraixet, Bonrepós y Mirambell diseminan su población por varias alquerías.

En Meliana, la iglesia de los Santos Juanes, -construida renacentista y recubierta con elementos churriguerescos- y las ermitas de la Virgen de la misericordia (erigida en memoria de la conquista de estas tierras por Jaime I) y del Cristo de la Providencia merecen una visita. Antes de continuar, se pueden adquirir los populares mosaicos que se fabrican aquí desde 1860.

En Foios -obligado probar sus exquisitos melones- la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción guarda una imagen del siglo XV de la Virgen del Patrocinio, su patrona,, y, en medio de la huerta, la ermita del Cristo de la Sangre. Muy cerca, Albalat del Sorells muestra orgullosa la enorme cúpula de su iglesia parroquial (barroca del siglo XVIII) y el castillo-palacio de los condes de Albalat (de finales del siglo XV), una gran fortaleza con una sola torre, ventanales góticos, puerta de arco y patio interior con escalera descubierta que hoy es sede del ayuntamiento.

De Albuixec, Emperador, Massalfassar, Musseros, Massamagrell, Puçol y Rafelbunyol comentaba el insigne botánico Cavanilles en sus observaciones: "todo el suelo se aprovecha en este recinto delicioso, las huertas se suceden sin interrupción y las cosechas sin pérdida de tiempo". Y así continúa doscientos años después, dibujando un espléndido paisaje y perfumando el aire para delicia de propios y visitantes.

En este punto, las opciones de ocio son variadas: un complejo hotelero sobre el monte Picaio, en Puçol y un complejo recreativo en la antigua Cartuja de Ara Christi, en El Puig, brindan la posibilidad de zambullirse en sus piscinas, jugar al tenis, montar a caballo o probar suerte en el casino. Otra buena alternativa es subir a la muntanyeta de la patá, desde donde se divisa una excelente panorámica de la huerta hasta el mar y del Monasterio del Puig, siguiente punto de nuestro itinerario. Según la leyenda, el nombre de esta cima se debe a las coces (patás) que el caballo del rey Jaime I propinaba en la montaña para que brotara un manantial cuando el agua escaseaba entre sus trsopas, mientras éstas se preparaban para la conquista de Valencia.

El Puig, sorprende al viajero con su imponente Monasterio, edificado sobre una colina por expreso deseo de Jaime I para poder venerar en ella a la Virgen del Puig. Siguiendo con las leyendas, cuentan que una estatua bizantina con la imagen de la Virgen permaneció oculta bajo una campana durante los quinientos años de dominio musulmán hasta que San Pedro Nolasco, siguiendo un reguero de estrellas, la encontró. La iglesia santuario, de estilo gótico, se edificó en el siglo XIII. En su capilla mayor guarda la imagen de la Virgen y en su cúpula Vergara pintó la leyenda del hallazgo.

El monasterio, renacentista con elementos barrocos, data del siglo XV ampliándose con posterioridad en los siglos XVI y XVII. De planta rectangular y flanqueado en sus ángulos por cuatro torreones, es interesante visitar sus claustros, la galería de pinturas y, sobre todo, el museo de la imprenta y la Obra Gráfica instalado en una de sus alas en homenaje a la impresión en Valencia del primer libro que se editó en España en 1474. En sus salas, además de importantísimas colecciones se pueden ver todas la épocas de la imprenta observando desde prensas de madera hasta máquinas, moldes de tipografía, relieves grabados a mano, etc...

El camino de regreso nos depara otros lugares interesantes. En Alfara del Patriarca la iglesia de San Bartolomé y un palacio del siglo XIV forman un bello conjunto. En Moncada, al pie de la loma de Santa Bárbara, se pueden ver un gran número de edificios eclesiásticos y religiosos -algunos habilitados como centros universitarios-, la iglesia de San Jaime y la ermita de Santa Bárbara y, en Vinalesa, la rehabilitada Fábrica de la Seda, construida en el siglo XVIII, que fue la más importante de la comarca.

De Burjassot merece especial atención el Colegio San Juan de Ribera, un palacio que antaño fue castillo, en medio de un frondoso bosque; la iglesia de San Miguel, espléndido templo renacentista de elegantes claustros, cúpula octogonal y bello campanario; y, sobre todo, Los Silos. En 1553, cuando Valencia tuvo problemas de abastecimiento de trigo, se inició la construcción de los tres primeros y en el siglo XVIII se llegó a los cuarenta. En la enorme plaza que ocupan, son visibles los pilons de alguno de ellos que, junto a la ermita de San Roque -construida sobre un pequeño santurario del siglo XVI- y un artístico pozo del siglo XVIII, forman un espléndido conjunto.

Campos cubiertos de naranjos y alquerías con esbeltas palmeras y enredaderas de jazmín y madreselva trepando por las fachadas son aquí el paisaje dominante. Quizás por ello lugares como Godella y Rocafort pasaron de lugar de veraneo a primera residencia. En este último, en un chalet junto a la estación, vivió antonio Machado antes de emprender su exilio. El lugar, convertido en restaurante, puede ser un buen final para este itinerario.

Perfectamente alineados entre el Parque de La Albufera y la autopista que corre hacia el sur, los pueblos del sur presentan una imagen llena de contrastes. En todos ellos, el casco antiguo -de estrechas calles e iglesia con esbelto campanario y cúpula de azulejo- convive en armonía con modernas edificaciones propias de las ciudades que han crecido prósperas.

En Sedaví, Benetússer, Alfafar y Catarroja se fabrica más del 40% de la producción nacional de muebles. Las calles constituyen un escaparate sin fin haciendo las delicias del comprador más exigente que puede elegir entre cientos de estilos y modelos.

En cada uno de estos pueblos encontrará el visitante un rincón especial o podrá detenerse en un recuerdo de la historia: en Benetússer se puede ver la iglesia del Socorro y el recuerdo del castillo, que fue más tarde palacio señorial y derribado en 1934 y en Alfafar la iglesia dedicada a la virgen del Don, cuya imagen gótica fue hallada en el siglo XIII. Sedaví tiene su origen en la alquería musulmana denominada Beni-Cedaví y Catarroja se formó como pueblo de pescadores que ejercían su actividad en La Albufera.

Continuando con la historia, Lugar Nuevo de la Corona debe su población a un convento fundado en 1676 mientras que Massanassa (cuyo nombre viene de "Parador de Nasr") se relaciona con la existencia de una antigua posada que existió hasta hace pocos años. La tradición también recuerda que en las proximidades de Albal se halló la imagen de Santa Ana allí, sobre un montículo, se alza la ermita que lleva su nombre.

El paisaje presenta aquí idénticos contrastes que los pueblos. La huerta convive con la industria y pequeñas alquerías -aisladas entre palmeras- y chimeneas salpican los arrozales. En nuestro recorrido nos detendremos en Beniparrell para ver la iglesia de Santa Bárbara, con pinturas del siglo XVIII; en Alcácer para contemplar la iglesia parroquial -con unos interesantes frescos atribuidos a Vicente López- y el antiguo palacio de la baronía, edificado sobre una fortaleza musulmana  y, en Silla -que surgío en torno a un primitivo castillo musulmán del que aún hoy se conserva su torre-, la dedicada a Nuestra Señora de los Ángeles con dos cúpulas y dos torres en su fachada. Las torres de Silla, Albal y Picasent -junto a otras existentes en L´Horta Nord y La Ribera- tuvieron un extraordinario valor estratégico en la conquista de Valencia y el rey Jaime I ordenó que se tomaran antes de iniciar el asalto a la ciudad.

Ya en el límite con la comarca de La Ribera, Picassent, que ha visto crecer en sus colinas numerosas urbanizaciones y, en el extremo opuesto, Paiporta -cuyo primitivo nombre era Sant Jordi- que ofrece una curiosa imagen con el pueblo dividido en dos por el barranco de Torrent que lo atraviesa.

El itinerario por los pueblos que se suceden hacia poniente será una agradable sorpresa para el viajero aficionado en las compras que podrá adquirir en ellos hermosos y singulares objetos. De Aldaia -donde sobresalen las chimeneas que acreditan su importancia como primera industria ratjolera (de ladrillos)- son muy apreciados sus abanicos como también los son los de Quart de Poblet y Alaquàs que además, fabrica los mejores perols (pucheros de barro) de la zona. Tras las compras, un paseo para ver a sus valiosos monumentos: la iglesia, el convento de las Oblatas y el palacio-castillo de los condes de alaquàs, una bella muestra de arquitectura doméstica nobiliaria. El edificio, de estilo renacentista, conserva restos góticos de un edificio anterior y, en sus salas, muestra una interesante azulejería de los siglos XVI al XVIII.

Por Picanya se llega a Torrent donde, en medio de extensos bosques de pinos, se pueden desgustar excelentes paellas cocinadas a leña y exquisitas carnes y embutidos a la brasa. Bolsos, zapatos y demás complementos son aquí la variedad de compras propuestas.

Siguiendo el cauce del Turia, por Mislata y Xirivella ponemos rumbo al paraíso de la cerámica. De Paterna destaca en el horizonte su torre árabe. Construida sobre una pequeña colina, sus 15 metros atestiguan el valor estratégico que antaño tuvo la villa. Durante los siglos XIII al XV, su cerámica compitió con la de Manises y sus piezas, inconfundibles por sus colores verdes y morados junto a los preciados socarrats (quemados), pueden admirarse en el Museo Municipal de Cerámica. Célebre por su pólvora, en Paterna se fabrican los cohetes y petardos que ponen el brillante broche final a cualquier fiesta que se precie en todo el mundo.

Manises
ostenta con orgullo el título de primer centro productor de cerámica en España. Ya en el siglo XV era famosa por sus piezas y el rey Alfonso V el Magnánimo la visitó para adquirir vajillas y azulejos para el Palacio Real de Valencia. Desde entonces, nobles y monarcas se han interesado por sus bellísimas piezas de intenso reflejo dorado que la hacen inconfundible.

Cientos de tiendas se suceden por todo el pueblo y el visitante, además de comprar, puede ver cómo se realizan los trabajos de modo artesanal. En Manises, la cerámica está presente en todas partes. Sus plazas y calles se adornan con interesantes muestras de este arte y pasear por ellas constituye todo un regalo para la vista: casas con dinteles de azulejería, zócalos llenos de guirnaldas y murales de azulejos preciosamente dibujados en las paredes en un derroche de imaginación inigualable.

Un buen comienzo es visitar la iglesia de San Juan Bautista en la que todos los elementos -altares, jarrones, custodia y cálices- son de cerámica. Su cúpula de reflejo metálico es la mitja taronja (media naranja) más dorada  de la huerta. Los monumentos dedicados al obispo Soler, al ceramista Gimeno o la Cruz Monumental son también representaciones de interés en los que la cerámica y la azulejería están presentes.

Para finalizar, una visita al Museo Municipal de Cerámica es un recorrido -a través de sus más de 2.500 piezas- por sus diferentes estilos y su historia. Instalado en una casa señorial del siglo XVIII, el vestíbulo reproduce una cocina con las diferentes aplicaciones domésticas de la cerámica y en sus salas se exhiben excelentes muestras de los siglos XIV, XV y XVI. Piezas de Paterna, Alcora y Valencia completan la colección y permiten conocer las diferencias entre los distintos centros ceramistas de la Comunidad Valenciana.

CARACTERÍSTICAS DE LA COMARCA

La cocina de esta comarca se beneficia de una tierra rica y fértil. Las cosechas de verduras y hortalizas se suceden sin interrupción y cocidas, salteadas o aliñadas en crudo constituyen un excelente primer plato. El arroz es el rey y se prepara de mil modos diferentes. Junto a las tradicionales paellas de pollo y conejo o marisco, el visitante puede probar otras exquisitas variedades como la de fetge de bou (hígado de toro) con garbanzos, endivias e hígado de toro o la huertana, con berenjena, alcachofa y habas, acompañándose de ajos tiernos, guisantes y judías verdes. También el arroz con bacalao, que puede ir con coliflor o garbanzos o el completísimo rossejat (gratinado), con morcillas de cebolla, blanquets, garreta de ternera, manitas de cerdo y pelotas (que hechas de magro picado, huevo, pan rallado, canela, sal y perejil son en sí mismas un excelente plato) son dos especialidades características de esta zona presentes en las cartas de muchos restaurantes.

Como postre, fruta, excelente en cualquier época del año y, para los que no temen a las calorías, algún exquisito dulce como la corona, hecha a base de mazapán, huevo, almendra, azúcar y bizcocho y adornado con frutas escarchadas. Pastelitos de boniato, tortas de almendra y canela, mantecadas, rosquillas, coquitos y un sinfín de pasteles completan este apartado para delicia de los más golosos.

Las fiestas se suceden a lo largo de todo el año aunque las principales celebraciones se concentran en la temporada estival, posibilitando así la participación de los visitantes. Se festeja a los santos patronos y se agradecen las buenas cosechas con procesiones. Las populares fallas, con su fuego purificador, se plantan y queman en cada localidad y los carnavales han resurgido con fuerza en los últimos años y se alargan hasta coincidir con la llegada de la primarvera que, en esta comarca, es explosión de mil aromas y colores.

Especialmente brillantes son el ball de Torrent, pantomima con bailes y música de dolçaina y tabalet y la procesión del Domingo de Ramos, cuyo origen se remonta al siglo XV. El desfile culmina cuando la carxofa (alcachofa), -un artilugio con forma de lira suspendido por una maroma entre los balcones de la Plaza Mayor- se abre, dando suelta a tórtolas y palomas junto a una lluvia de cientos de papeles que contienen versos populares (aleluyas).

Parecida ceremonia se repite en otras localidades. En Silla, en la procesión del Cristo, el artilugio tiene forma de hortaliza y al abrir sus hojas semeja una palmera en cuyo tallo un niño vestido de ángel canta al compás de órgano y violines. El día se completa con la antigua dança del porrots o homes de la força (hombres de la fuerza), interpretada con bastones al son de la dolçaina y el tabalet (dulzaina y tamboril). También de Alaquàs, en la fiesta dedicada a la Verge de l´Olivar, un ángel aparece dentro de una carxofa interpretando sus cantos. La noche anterior cantores y dolçainers recorren las calles en una emotiva Nit d´Albades.

Otra singular procesión es la que protagonizan los horchateros de Alboraya en hornor de la Mare de Déu de L´Horta para que protejan sus campos de chufa. La imagen, que se guarda en una ermita restaurada por ellos, se lleva la víspera de la fiesta a otra de las ermitas del término para proceder a su traslado procesional la mañana de la fiesta, en medio de cantos y volteo de campanas.

Las procesiones son con frecuencia el tema central de la fiesta pero nunca faltan en ellas la música, el fuego, la pólvora y otras manifestaciones lúdicas. En muchas se organizan concursos de paellas o se preparan calderas que luego degustan todos los asistentes y algunas aún mantienen la tradición del toto embolao y las populares vaquillas. El broche final siempre lo pone un espectacular castillo de fuegos artificiales. No podía ser de otro modo en una comarca que es cuna de los mejores pirotécnicos del mundo.

La relación de fiestas sería interminable por lo que, si este aperitivo festivo le ha parecido interesante al lector, le recomendamos que solicite en cualquier oficina de turismo alguno de los folletos que, dedicados a las fiestas, ha editado la Generalitat Valenciana y se sumerja de lleno en ellas. Seguro que no le defraudarán.

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