Jardín botánico de Santa Clotilde. Lloret de Mar, Girona
Josep Trull, PTCBG.
Como una tela en la que la naturaleza ha querido combinar, primorosa y armónicamente, el verde intenso de las pinedas, la rotundidad de las rocas, la dulzura de la arena dorada y el fulgor del azul intenso del mar. Así es la Costa Brava.

De Blanes a Portbou, el catálogo de vivencias contiene propuestas tan esenciales como los parques naturales del Cap de Creus, con el monasterio de Sant Pere de Rodes y la villa de Cadaqués, el de Aiguamolls de l’Empordà y el de Illes Medes, o parajes tan singulares como la bahía de Roses, las ruinas de Empúries, las calas de Begur, Palafrugell y el faro de Sant Sebastià, los jardines de Cap Roig, la Vila Vella o casco antiguo de Tossa de Mar, o los jardines botánicos de Santa Clotilde, Pinya de Rosa y Marimurtra, entre Lloret y Blanes. Todo ello sin olvidarnos de centros comerciales y de ocio como Roses, L’Escala, L’Estartit, Palamós, Platja d’Aro, Sant Feliu de Guíxols, Lloret de Mar o Blanes.

El camino nos llevará a descubrir lugares como Peralada –castillo y casino–, Figueres, con el museo del universal Salvador Dalí, y núcleos medievales como Pals, Peratallada, Púbol, la propuesta artesanal de la cerámica de La Bisbal, los parajes del Pla de l’Estany con su capital, Banyoles, o la ciudad de Girona, depositaria de la catedral y el barrio judío, de importancia reconocida internacionalmente. Además de todo esto, uno de los atributos que puede lucir con más orgullo es la calidad de sus playas y aguas litorales.

Si el Mediterráneo es una de las partes de este maridaje sensual y vertiginoso, la otra, con la autoridad y la fuerza de haber sido crisol de la cultura catalana, y la autenticidad de siglos de convivencia con el lado más valiente de la naturaleza, es la montaña: el Pirineo de Girona.

Un impulso definitivo, una presencia imparable que desde los más de dos mil metros de altura de las cumbres nevadas condiciona y modela todo el paisaje de las comarcas, entre la imponencia de las elevaciones graníticas y la quietud de los valles y los llanos.


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