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Tucumán, vacaciones con encanto natural
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Tucumán ofrece la magia de los contrastes y la diversidad en sus paisajes. Resulta difícil creer que en la más pequeña de las provincias argentinas conviven cañaverales junto a cielos azules


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TUCUMÁN, DUEÑA DE UN ENCANTO NATURAL


Tucumán ofrece la magia de los contrastes y la diversidad en sus paisajes. Resulta difícil creer que en la más pequeña de las provincias argentinas - 22.524 km2- conviven cañaverales y verdores impenetrables junto a cielos azules sin interrupciones y nieblas que cubren horizontes. Llanuras extendidas al naciente y montañas de telón de fondo al oeste con cumbres que superan los 5.000 metros, climas secos y húmedos, selvas exuberantes, manifestadas en las célebres Yungas y tierras áridas, modernas ciudades, apacibles pueblos y ruinas indígenas, hacen de esta provincia un lugar obligado para conocer. Para quitarse la duda, nada mejor que internarse en sus paisajes de película, degustar su gastronomía, disfrutar de su folklore bien vernáculo e incluso hermanarse con sus siestas sagradas.

Existen diversas teorías sobre el significado de la palabra Tucumán; "Yucuman" -lugar donde nacen los ríos- o "Tucma" -donde terminan las cosas-, ambos vocablos acusan origen quechua y señalan una valiosa herencia preincaica que supo dejar huellas imborrables en la provincia. Entre ellas, antiguas fortalezas erigidas en sitios estratégicos como las Ruinas de Quilmes o La Ciudacita. También los Menhires -en lengua celta "piedra alta" - encontrados en toda la zona del valle de Tafí y que actualmente están reunidos en una Reserva en El Mollar. Después llegaron los tiempos de la revolución y la historia reservó para Tucumán un papel fundamental aquí tuvieron lugar grandes batallas contra los ejércitos realistas comandadas por defensores acérrimos de la libertad como José de San Martín y Manuel Belgrano, y aquí se declaró el 9 de Julio de 1816, bajo un grito unánime, la Independencia Argentina.

Basta recorrer los alrededores de la plaza principal de San Miguel de Tucumán (capital de la provincia) para evocar gestas gloriosas y descubrir el valioso patrimonio arquitectónico de variados estilos (académico francés, italianizante, ecléctico, entre otros) representado en prestigiosos edificios.

Así, desde tiempos de la revolución independentista, Tucumán tomó relevancia entre las provincias del interior del país. El desarrollo productivo de la zona, con producciones de azúcar y limón en los primeros planos mundiales, la proliferación de universidades, salas de exposición y teatros, y la instalación de gran cantidad de entidades financieras, bancos y otras importantes empresas multinacionales, entre otros hechos, fueron convirtiendo a Tucumán, a lo largo de los años, en el centro comercial, industrial y cultural del norte argentino.

El clima, caracterizado como subtropical con estación seca, ha sido inmensa mente generoso con este territorio al sur del Trópico de Capricornio. Sus rasgos atmosféricos se hermanan con los diversos paisajes y relieves. A pesar de no ser un territorio de gran tamaño, goza de una gran amplitud térmica debido a la gran variedad de altitudes que posee. Si el llano ofrece temperaturas elevadas, en el sector montañoso, las mismas decrecen considerablemente. Las lluvias se concentran en el verano descendiendo tanto al naciente como al poniente montañoso.

La provincia de Tucumán limita al norte con la provincia de Salta, al este con Santiago del Estero, al sur con Santiago del Estero y Catamarca y al oeste con Catamarca y Salta, convirtiéndose en el centro neurálgico del Norte Argentino.

Bailarines folclóricos
SAN MIGUEL DE TUCUMÁN. CIUDAD HISTÓRICA

El Virreinato demandaba la consolidación de la ruta entre el Río de la plata y el Alto Perú. El Capitán Diego de Villaroel, por mandato de su tío, el gobernador Francisco de Aguirre, decidió entonces "plantar" bandera sobre la rivera del río del Tejar, en Ibatín, un 31 de mayo de 1565. "San Miguel de Tucumán y Nueva Tierra de Promisión" fue su bautismo. Después vinieron las penurias: entre inundaciones, enfermedades y una nueva traza del camino real, la ciudad se trasladó, 120 años después, por orden del gobernador Fernando de Mendoza y Mate de Luna, a su actual emplazamiento en la margen derecha del río Salí.

Hay mucho para ver en la histórica capital tucumana; nada mejor que empezar por el centro de la ciudad: la Plaza Independencia. Allí donde antes hubo un solar descampado con un solo árbol y, en época de guerras civiles los malhechores y los rebeldes eran ejecutados, hoy se erige la Estatua de la Libertad. Esta magnífica escultura en mármol de Carrara, realizada por la escultora tucumana Lola Mora, se encuentra enmarcada por lapachos, laureles, tarcos y una doble fila de naranjos.

La prosperidad promovió la construcción de nuevos edificios y es así como en 1912 en el lugar exacto donde se ubicaba el antiguo Cabildo -frente a la plaza- se levantó la Casa de Gobierno, de estilo académico francés cuya construcción demandó dos años. No pierda oportunidad de ver, cuando el sol se esconde, la iluminación que destaca la grandeza de éste y otros monumentos que rodean la plaza. Contigua a la Casa de Gobierno, se conserva la residencia que perteneció al Dr. Ángel Cruz Padilla y su esposa Doña Lastenia Frías, donde hoy funciona el Museo Casa Padilla. Importante mobiliario europeo, piezas talladas, pinturas y porcelana china se exponen en algunas de las 15 habitaciones que rodean los patios. Al otro lado, en la esquina, la Iglesia y Convento de San Francisco se anuncia con magníficas rejas de hierro y con un estilo neoclásico y barroco. El templo, que perteneció a los jesuitas, luego a los padres dominicos y finalmente a los franciscanos, alberga la primera bandera argentina enarbolada en Tucumán. En la esquina sureste de la plaza, la Iglesia Catedral (MHN) conserva la cruz de madera fundacional y en ella descansan los restos del prócer unitario Gregorio Aráoz de Lamadrid y del Obispo José Eusebio Colombres, congresal de 1816 e impulsor de la industria azucarera en la provincia. A metros de la iglesia, por calle Congreso, se encuentra el Museo de Arte Sacro, que contiene una valiosa colección de pintura, platería y ornamentos en su mayoría donados por tradicionales familias de la provincia.

Sobre calle 9 de julio, el Museo de Bellas Artes Timoteo Navarro, permite apreciar un panorama general de la historia de la pintura tucumana a través de los tiempos. En su interior, se realizan también exposiciones temporarias de autores tucumanos e invitados.

A 100 metros de este museo se puede visitar la Iglesia Santo Domingo, con su monumental pórtico de raíz clásica. Su interior guarda la antigua y venerada imagen de la Virgen del Rosario, originaria del Cuzco, así como piezas de imaginería de relieve como un Cristo Yacente y Santo Domingo Penitente. En su costado norte se extiende el típico patio, en cuyo perímetro funciona la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.

El Parque 9 de Julio instala una suerte de intervalo, ideal para oxigenarse en medio de tanta urbanidad. En este gran pulmón verde, diseñado por el urbanista francés Carlos Thays, se puede pasear entre pérgolas, fuentes y réplicas de esculturas clásicas, y visitar la casa del Obispo Colombres, actual museo que evoca los albores de la industria azucarera.

De vuelta al casco urbano, vale la pena visitar el Museo Histórico Provincial -también llamado Casa de Nicolás Avellaneda- fácil de distinguir por su frente color terracota, donde se puede apreciar una colección de 15.000 piezas, entre ellas, una valiosa jarra de plata proveniente de Ibatín. La Iglesia de la Merced, a escasos metros de la plaza, guarda en su interior la "Virgen Generala", imagen que Manuel Belgrano, a cargo del Ejército del Norte, invocó antes de enfrentar a los realistas en el campo de las Carreras -actual plaza Belgrano- y a quien luego de la victoria ofrendó su bastón de mando. El templo exhibe murales alusivos a la Batalla de Tucumán y magníficos vitraux, además de banderas arrebatadas a los españoles en las luchas por la Independencia.

Visita obligada merece la antigua residencia del científico tucumano Miguel Lillo. Allí funciona hoy la Facultad de Ciencias Naturales y la Fundación que lleva el nombre de este estudioso -y apasionado- de la Naturaleza. Restos fósiles hallados en el noroeste y en la Cuenca de Ischigualasto, una invaluable colección de fauna argentina, réplicas a tamaño natural de animales prehistóricos, una increíble biblioteca y un parque con especies autóctonas se exhiben en este magnífico universo natural.

Circuitos turísticos
Museo Casa Histórica de la Independencia

Protagonista indiscutible de la gesta emancipadora, la Casa Histórica (MHN), que alguna vez perteneciera a Doña Francisca Bazán de Laguna, fue el lugar elegido por los congresales para jurar la Independencia Nacional el 9 de Julio de 1816. En 1941, tomando como referencia fotografías antiguas, el arquitecto Mario Buschiazzo logró reconstruir la residencia respetando su estilo barroco español. Este emblemático edificio que hoy funciona como Museo Nacional, conserva el salón de la jura con sus características originales, la mesa donde se firmó el Acta de la Independencia y retratos de los congresales. En otras salas se encuentran documentos de gran valor histórico, vitales para forjar el destino de la República Argentina, además de mobiliarios y artículos que reflejan las costumbres y quehaceres de la vida colonial. No deje de ver, en el patio trasero, los bajorrelieves de la escultora Lola Mora que ilustran escenas de la Revolución de Mayo y la Declaración de la Independencia, y reserve una noche para presenciar el espectáculo de luz y sonido.

CIRCUITO CHICO

Difícil es contrariar mitos instalados en el imaginario popular. Sin embargo, apenas uno se sumerge en la selvática vegetación de las Yungas abandona la idea de que el norte es sinónimo de aridez. Molles, lapachos, tipas, laureles, jacarandás, orquídeas y bromeleas, envuelven senderos sinuosos que se desdibujan en la niebla; la exuberancia es tal que no hace falta explicar el por qué de la denominación "jardín de la República".

El recorrido comienza en la avenida Mate de Luna- columna vertebral de San Miguel de Tucumán- y atraviesa Yerba Buena. Arboledas, casas bajas y espléndidas canchas de golf dibujan la postal de esta ciudad residencial a los pies del cerro San Javier. Bares y restaurantes concentran aquí lo mejor de la movida nocturna tucumana.

La ruta provincial 339 lo conducirá al ex Ingenio San Pablo. Esta antigua fábrica azucarera, que hoy alberga un centro de altos estudios, oficia de prólogo perfecto para descubrir los pormenores del origen de la próxima parada del circuito: Villa Nougués. Todo comenzó con el ambicioso proyecto de Luis F. Nougués -industrial azucarero y destacado político- de construir su residencia de verano a 36 kilómetros al oeste de Tucumán y a 1.200 metros de altura. El sueño de las escapadas estivales tuvo un final feliz gracias a la ayuda de bueyes que transportaron los materiales desde el llano hasta los mágicos escenarios serranos. El ímpetu del siglo XX trajo consigo el camino de montaña que conectaba la villa con el Ingenio San Pablo, patrimonio familiar de los Nougués, y un puñado de casonas de estilo europeo colgadas casi literalmente de los cerros. Con su encantadora iglesia neomedievalista, su tradicional hostería y su cancha de golf de nueve hoyos, Villa Nougués invita a perderse en el sube y baja de las callecitas en medio de verdores y calas silvestres de exageradas proporciones.

Atrás queda Loma Bola, una pista de despegue de parapentes y el camino se interna en un interminable zigzag hasta llegar a la cima del Cerro San Javier. Desde el Hotel Sol San Javier Eco & Spa Resort, el paisaje se muestra en todo su esplendor mientras un grupo de parapentes se dejan acariciar por el viento. De noche, una infinidad de luces en la lontananza define los contornos de la capital tucumana. A pocos metros se encuentra la estatua del Cristo Bendicente, cuarta en altura en el mundo.

El Rulo
Sobre la ruta provincial 340 en dirección norte, antes de llegar al Valle de La Sala, un desvío a mano izquierda conduce a la Cascada del Río Noque. El suave murmullo del río acompaña el descenso por un mágico sendero entre una maraña de lianas y enredaderas. El premio al final del camino es inmejorable: un chorro de agua rumiante se escurre entre rocas resbaladizas para terminar hundiéndose en un piletón cristalino rodeado de plantas salvajes.

En Raco, unos kilómetros más adelante, la vida transcurre bajo la suave brisa serrana. Seducidos por esta tierra surcada por colinas y arroyos, las familias tradicionales de San Miguel se instalaron aquí a sus anchas. Todavía se mantienen intactas las primeras residencias como Sauce Yaco, Sans Souci, Villa Elvira y la estancia original del Potrero de Raea, donde pasó la noche Marco Manuel Avellaneda, líder de la Liga del Norte contra Rosas. Atahualpa Yupanqui, eximio cantor, guitarrista, poeta, compositor y recopilador eternizó en sus nostálgicas zambas estos frondosos paisajes que lo tuvieron como protagonista en sus años de exilio. Un monumento y los nombres de las calles -El Arriero, La Añera, El Alazán- le rinden un merecido homenaje.

En Raco, no hay sendero empinado que se resista a ser recorrido. Unas horas o cinco días de cabalgata pueden ser igualmente prometedoras. Vale la pena darse una vuelta por la fábrica de quesos La Tuquita y acercarse a la Fundación  Culturaco -que lleva adelante el escritor y compositor folclórico Néstor Soria- donde los tejidos, artesanías y cerámicas invitan a hacer caso al impulso consumista.

El ícono indiscutible de El Siambón - a sólo cinco kilómetros de Raco- es el Monasterio de los Monjes Benedictinos enclavado en una lomada en medio de un bosque de pinos y eucaliptos, quintas frutales y plantaciones. El convento no es sólo un lugar de retiro y oración, funciona, además, como lugar de producción de exquisitos dulces. El puesto de ventas en la entrada del monasterio abarca un completo muestrario con especialidades como higo, zapallo, cayote, durazno y quinotos, además de jalea real y miel.
Rodeada de un paisaje verde que se repite infinitamente, la cancha de golf de El Siambón desafía a golfistas amateurs y avezados con pronunciados desniveles. Un Country y una encantadora hostería completan la propuesta de lujo.

Resérvese un tiempo antes de regresar a San Miguel, para conocer El Cadillal, una villa apacible con calles en declive y casas holgadas a metros del dique Celestino Gelsi. Allí instálese sin culpas a disfrutar de las espectaculares vistas. Los devotos de la pesca deportiva encontrarán aquí gran cantidad de ejemplares de pejerrey, bogas y tarariras. Esquí acuático, remo, vela y jetski se suman a la larga lista de actividades deportivas que propone el lugar. Sobre la margen del lago se pueden apreciar, además, un teatro griego y el museo arqueológico que exhibe antiguos vestigios de la cultura Candelaria.

El Viaducto El Saladillo, a pocos kilómetros, evoca los tiempos de oro del ferrocarril. Más de 5.000.000 de ladrillos, 308 metros de largo, 25 arcos y 30 metros de alto dibujan los contornos de esta magnífica obra proyectada por el ingeniero italiano Cristóbal Giagnoniz, que cayó en desuso a principios del siglo XX, cuando las locomotoras y vagones aumentaron sus dimensiones. Artífice de ese antiguo esplendor, Tafí Viejo supo ser la sede más importante de talleres ferroviarios; hoy ostenta el primer lugar en la lista de exportadores de limones.

VALLES CALCHIQUÍES

La Ruta Nacional 38 en dirección sur deja atrás San Miguel de Tucumán para luego empalmar con la Ruta Provincial 307 rumbo al oeste. Desde allí, el ascenso a los Valles Calchaquíes regala curvas y contra curvas, caminos de cornisa, un sinfín de verdores y el continuo rumor del Río los Sosa - codiciado por devotos de la pesca de salmón idos- que asoma al fondo de un abismo. Algunos puntos del recorrido, donde el sol nunca asoma y la niebla permite adivinar el precipicio fueron bautizados con nombres como La Heladera o Fin del Mundo.

A mitad de camino entre Acheral y Tafí del Valle, se alza el Monumento al Indio, obra del escultor tucumano Enrique Prat Gay que, en sus seis metros de altura, rinde honores a los "chasquis", mensajeros delinca que recorrían a pie este inmenso imperio que se extendía más allá de los límites de Tucumán. Desde este punto se puede disfrutar de un magnífico panorama de cerros y quebradas.

La imponente presencia del cerro El Pelao y del Dique La Angostura, dominan el paisaje y delatan la cercanía de Tafí del Valle, portal de entrada a los Valles Calchaquíes. Aunque el sol pega fuerte, el aire se siente fresco: "EI pueblo de entrada espléndida" -significado de Taktillakta luego derivado en Tafí- se presenta ante los ojos viajeros como un oasis de ensueño, a 2000 metros de altura y tan sólo 107 km de la capital tucumana.

Antes de la llegada del asfalto este pequeño poblado era un secreto bien guardado por familias de estancieros, que debían sacrificar dos días enteros a lomo de mula para poder disfrutar de las bondades del clima calchaquí. Tafí, con el tiempo, se convirtió en una concurrida villa turística y hoy suma una infinidad de propuestas a su sello de identidad más conocido los inigualables quesos. Artífices originarios de este manjar tafinisto, los jesuitas dejaron su impronta en otras obras como la antigua Capilla de la Banda. Para visitarla, sólo hay que tomar la avenida Perón hacia el oeste y cruzar el puente. A mano izquierda, luego de andar un kilómetro, despunta el convento del siglo XVIII construido por los misioneros con el fin de catequizar a los aborígenes. Declarado Monumento Histórico Nacional en 1994, el conjunto alberga, además, un museo que resguarda un patrimonio histórico valiosísimo y uno de los más importantes del noroeste argentino.

Expulsados los jesuitas de estas tierras -por orden del rey Carlos III-, el valle se dividió en estancias. Con frescas galerías, anchas paredes de adobe y una larga tradición quesera, los antiguos cascos -algunos de ellos remodelados- ofrecen la posibilidad de degustar exquisiteces regionales, participar de las tareas de campo y entregarse sin culpas al más puro sosiego.

Desde la Estancia Las Carreras se puede iniciar la Vuelta al Valle, un camino serpenteante entre faldeos de montañas interrumpidos de tanto en tanto por asentamientos precolombinos. Visita obligada es El Mollar, pequeña villa al pie del cerro Ñuñorco y a orillas del Dique La Angostura que renace cada verano con la afluencia de turistas. El dique es, además, meca de pescadores deportivos atraídos por la cantidad y calidad de ejemplares de pejerreyes. Frente a la plaza principal, en un solar elevado, se encuentran los Menhires tallados en piedra por la cultura Tafí. Estos enigmáticos monolitos grabados con figuras zoomorfas y rostros humanos que lograron apasionar a arqueólogos e historiadores, fueron hallados en 1897 y acusan unos 2.000 años de antigüedad.

Nada como montar a caballo para recorrer cada rincón de este valle encantado. Desde circuitos cortos que regalan excelentes panorámicas del valle hasta travesías de 2 a 5 días que incluyen asados a campo abierto, en Tafí las opciones son  innumerables.

Parque los Menhires
Una parada obligada merecen el Abra del Infiernillo, punto más alto del recorrido que regala una inigualable vista del Valle de Tafí, y Ampimpa, sede de uno de los dos observatorios tucumanos, únicos en la región Norte, que ofrecen además alojamiento y senderos temáticos. La profusión de cardones indica la proximidad de Amaicha del Valle. Tierra de cantores y copleras, y de eximias teleras, esta comunidad descendiente de diaguitas- única en el país por recibir los documentos de propiedad de sus tierras a través de una Cédula Real Española -conquista a fuerza de embrujo telúrico y clima benévolo; la cifra es contundente: aquí el sol brilla 360 días al año. Toda visita a Amaicha comienza o termina en el Museo de la Pachamama, una espectacular obra que rinde homenaje a la madre tierra a través del sorprendente trabajo de cientos de artesanos convocados por el reconocido artista Héctor Cruz. Es imperdonable ausentarse en la Fiesta Nacional de la Pachamama, celebración que coincide con los festejos del Carnaval y revela un apego incondicional de esta comunidad a sus raíces. A unas cuadras de la plaza, vale la pena visitar la Virgen Tallada, esculpida íntegramente en un tronco de algarrobo.

Los alrededores de Amaicha invitan a descubrir encantadores poblados y deslumbrantes paisajes como Los Zazos y el Remate, refugio de una cascada casi secreta que los albores del día tiñen de tonalidades brillantes.

Para revivir la historia del último bastión de la resistencia aborigen ante el avance español, hay que recorrer los 22 kilómetros que separan Amaicha del Valle de las Ruinas de Quilmes. Considerado como uno de los asentamientos indígenas más importantes del país llegó a albergar, a mediados del siglo XVII, a más de 3.000 habitantes en su área urbana y 10.000 en los alrededores. Estos aborígenes ocuparon durante casi ocho siglos el territorio de la antigua provincia Inca en la zona de los Valles Calchaquíes. Luego de diversos enfrentamientos con los españoles - los Quilmes eran grandes guerreros -el entonces gobernador de Tucumán, Mercado y Villacorta decidió reducir al pueblo alzado y desarraigarlo de sus cerros. Trasladados a pie a un escenario geográfico ajeno, a más de 1.500 kilómetros de su origen, fueron muy pocos los sobrevivientes que llegaron a la actual ciudad de Quilmes en Buenos Aires.

La reconstrucción parcial de la antigua ciudadela al pie del cerro Alto del Rey deja ver que la población estaba asentada en una suerte de anfiteatro natural a 2.000 metros de altura. Una visita guiada por angostos senderos entre pircas y grandes cardones permite imaginar distintos tipos de construcciones como viviendas y fortines ubicados estratégicamente a ambos lados sobre la cornisa. Vale la pena visitar el Museo donde se exhiben piezas rescatadas de las excavaciones.

Siguiendo la Ruta Nacional 40 hacia el norte, el circuito de los Valles Calchaquíes suma dos atractivos imperdibles en las localidades próximas a la frontera salteña: Colalao del Valle y El Pichao.

A orillas del río Yokavil, Colalao hace honor al significado de su nombre en voz diaguita: "arrullo de paloma". En este pueblo donde por supuesto no faltan iglesia, plaza principal y cementerio, las nueces, especias y vinos caseros tienen su fama bien ganada. Sus antiguos pobladores, los" Colalao". Corrieron igual suerte que sus vecinos los Quilmes, quienes fueron trasladados al llano y reducidos al sistema de encomiendas.

VALLE DE CHOROMOROS

Un valle rodeado de cerros, ríos y parajes intermontanos donde las antiguas estancias evocan a los primeros encomenderos. El Norte tucumano invita a recorrer senderos a caballo, a pie o en bicicleta para descubrir las huellas del pasado precolombino y colmarse de paisajes deslumbrantes.

Los españoles bautizaron a estas tierras como Valle de Choromoros, inspirados en el nombre que asignaron a los aborígenes del lugar. La ruta nacional 9 en dirección norte es la vía de acceso a la ciudad de Trancas, poblado que nació hacia el año 1600 en un paraje cercano que hoy se conoce como Villa Vieja. Hacia 1781 el sitio constituyó un centro estratégico para la defensa del Norte y en tiempos de nuestra independencia, se convirtió en escenario de algunos de los hechos más resonantes: en este lugar, en el año 1816, el Gral. Manuel Belgrano retomó el mando del Ejército del Norte en reemplazo del Gral. José Rondeau.

Con la llegada del ferrocarril en los albores del siglo XX, la población se trasladó 2 km al sudoeste hasta su actual emplazamiento. De la Villa Vieja quedó como testimonio el Templo del Sagrado Corazón o San Joaquín de 1760, que cuenta con el Acta de Nacimiento de la escultora tucumana Lola Mora entre su valioso archivo parroquial. Apenas 6 km al norte de Trancas, una fuente milagrosa bautizada con el nombre de "Pozo del Pescado" recuerda el paso de San Francisco Solano por este lugar.

Hualinchay
Bordeada por dos ríos típicos de montaña - el Tipa y el Tacanas-, la villa turística de San Pedro de Colalao se extiende a lo largo de un angosto valle a 1.100 m.s.n.m. El día a día social de San Pedro transcurre alrededor de la Plaza Leocadio Paz, de añosa arboleda y enmarcada por antiguas casonas, ejemplos típicos del clasicismo italianizante de fines del siglo XIX. La iglesia de estilo neogótico alberga en su interior una campana de 87 kilos y más de 300 años, de supuesto origen jesuítico, hallada en el lecho de un río cercano a Hualinchay. El Museo, la Biblioteca Juan Bautista Alberdi y la Comuna, entre otros edificios, se destacan en el entorno.

Todos los años en el mes de febrero se realiza la representación del Milagro de Lourdes en la Gruta de Lourdes, réplica de la original francesa, ubicada a la entrada de la villa. La localidad posee, además, un largo calendario de fiestas típicas como la de la Nuez, el Quesillo y la Humita. Vale la pena visitar la Reserva Fitozoológica Dr. Carlos Pellegrini, de 400 ha y más de 150 especies entre exóticas y autóctonas. San Pedro es reconocido además por sus inigualables trabajos en cuero. Vale la pena llevarse un recuerdo antes de emprender el regreso a la capital.

Testimonios silenciosos de antiguas civilizaciones pueden apreciarse en varios petroglifos de los cuales se destaca la "Piedra Pintada" y también en Tiu Cañada, probablemente un calendario de culturas precolombinas. Excursiones a pie, a caballo o en bicicleta a Laguna Escondida, Puente del Indio, Chulca y travesías por las altas cumbres, completan la propuesta en los alrededores.

Retomando el circuito, 18 km al oeste de San Pedro, se encuentra Hualinchay, pintoresco caserío rodeado de magníficas montañas. Desde esta localidad nace una huella que une esta región con la localidad de Colalao del Valle. Vale la pena realizar esta excursión a pie o a caballo siempre en compañía de guías.

Hacia el sur por Ruta Provincial 311 y luego de empalmar con la Ruta provincial 312, se accede a la Ruta Nacional 9. El trayecto que atraviesa las localidades de Gonzalo y Choromoro e hilvana varias estancias de la zona, regala espléndidas vistas del valle. La misma ruta en dirección sur señala el camino de regreso a San Miguel de Tucumán.

CAMINO AL SUR

Entre bosques de alisos, aguas termales y lagunas escondidas, el sur ofrece varias alternativas. De los orígenes de San Miguel de Tucumán a las ferias regionales: un circuito para todos los gustos.

Festejos, tradiciones y destrezas criollas acompañan el primer tramo de este circuito. Sede de la Fiesta Nacional de la Empanada, Famaillá enciende sus hornos de leña cuando llega la primavera para poner a prueba a las mejores empanaderas. Simoca, un pueblo de casas con patios frescos y tertulias junto al mate, se viste de fiesta los sábados. Cientos de sulkys -medio de transporte tradicional de tracción a sangre- se acercan a las abandonadas vías del ferrocarril Belgrano para intercambiar productos. En Julio, la feria adquiere carácter nacional, los sulkys se multiplican por doquier, los puestos de comida rebalsan de empanadillas de batata, roscas de anís, tortillas, humitas y especias varias, y la caballería gaucha desfila por las calles mientras suenan de fondo acordes del más puro folklore. La vida en Monteros, a 50 kilómetros de la capital, transcurre, en cambio, a paso sosegado: con paciencia y habilidad extraordinaria, las randeras recrean el sutil arte del encaje labrado con aguja siguiendo la técnica heredada de las damas castellanas.

Para acceder a la Reserva Provincial la Florida, tome la ruta provincial 325 hasta cruzar el puente sobre el río Pueblo Viejo. Quinientos metros más adelante se encuentra el portal de entrada a esta reserva que además de ser pionera entre las áreas protegidas del país, posee la vegetación más exuberante del norte y es apta para el avistaje de flora y fauna selvática y actividades ecoturísticas. Desde allí, a unos 5 kilómetros al este aproximadamente, por un camino de tierra se puede acceder a un importante sitio histórico: Ibatín. En este amplio predio, hace más de cuatro siglos, Diego de Villarroel realizó la primera fundación de San Miguel de Tucumán. Las constantes inundaciones, las fiebres palúdicas y el nuevo trazado del camino que unía al Alto Perú con el Virreinato del Río de la Plata, dejó a la ciudad a trasmano del tráfico comercial, forzando su traslado en 1685 a su actual ubicación a 65 km al norte.

Retomando por ruta provincial 38 hacia el sur, arribamos a la ciudad de Concepción, desde allí la ruta provincial 365 conduce a un verdadero paraíso tucumano: el Parque Nacional Campo de Los Alisos, un espectacular muestrario que abarca 10.000 hectáreas con diferentes estratos de vegetación y una gran variedad de fauna autóctona. Sobre la ladera oeste del Nevado del Aconquija, a 4.200 m.s.n.m., se hallan las míticas e inexploradas Ruinas de La Ciudacita, un sitio arqueológico de inestimable valor, que se caracteriza por estar construido en piedra laja color gris y con recintos circulares, rectangulares y cuadrangulares, con patios, plazas y promontorios.

Previo paso por el río Cochuna, la Laguna del Tesoro, a 1.880 m.s.n.m., es otro de los secretos de Tucumán; la leyenda cuenta que aquí los indígenas escondieron sus riquezas. Aunque el acceso es difícil, bien vale la pena la larga travesía a pie -unas 8 horas- por medio de deslumbrantes escenarios selváticos, para llegar a este imponente espejo de agua de singular belleza.

Camino a la ciudacita
Desde la ciudad de Alberdi, más al sur, un sinuoso y pintoresco camino de montaña rodeado de verdes subtropicales, conduce al Dique Escaba. Este lago formado por el embalse de los caudalosos ríos Cavaría y el Singuil, es uno de los emprendimientos hidroeléctricos más importantes de América del Sur. Algunos historiadores suponen que aquí tuvo lugar la primera fundación española, la ciudad del Barco I, en 1550 por obra de Juan Núñez del Prado. Rodeado de cerros y quebradas, el dique es hoy sitio ideal para cabalgatas, campamentos, pesca y deportes náuticos. Un dato curioso: el paredón del dique alberga la segunda colonia de murciélagos -conocidos como cola de ratón- más grande de Sudamérica.

En plan de desacelerar la mente y el cuerpo, diríjase hacia Taco Ralo. Aguas terma les con alto contenido mineral brotan alcanzando entre 38 y 52 grados en varios pozos naturales ideales para curar afecciones como reumatismo, problemas hepáticos, insomnio e hipertensión.

RINCONES PRIVILEGIADOS

Áreas protegidas, situadas en su mayoría a muy pocos km de ciudades importantes, ofrecen al turista una oportunidad de disfrutar de caminatas en medio de exuberantes selvas, baños en pozos de aguas cristalinas, cascadas y realizar avistaje de flora y fauna.

La provincia de Tucumán ha realizado históricamente un importante esfuerzo de conservación de sus áreas naturales a través de la creación de un sistema de áreas protegidas formado por 10 áreas que suman una superficie de más de 100.000 ha. La mayor parte de las áreas protegidas de la provincia se ubican dentro del ecosistema de los bosques subtropicales de montaña, denominados Yungas, que cubren las laderas húmedas de las montañas del Aconquija. También dentro de las reservas se puede visitar el ecosistema Altoandino, de gran contraste con las Yungas, por sus características desérticas.

Reserva Natural Los Sosa: De modesta dimensión, esta reserva protege un parche de selva montana bien conservado y de gran belleza escénica. La ruta acompaña los cambios de vegetación en el gradiente altitudinal y, hacia abajo, se pueden disfrutar las aguas claras del río Los Sosa, hábitat del mirlo de agua, especie endémica de esta zona. Entreel verdor asoma el monumento al célebre indio calchaquí.

Reserva Natural La Angostura: Situada en Tafí del Valle, fue creada para proteger el Dique La Angostura. Con sus 1.150 ha. y sus aguas favorecidas por la velocidad de los vientos, invitan a disfrutar del windsurf, remo o kayak y, también, de la pesca deportiva en cualquier época del año.

Parque Sierra San Javier: A escasos km de la ciudad capital, el Parque representa un área de esparcimiento de muy fácil acceso en donde se pueden recorrer senderos que llevan al turista desde la selva montana a bosques montanos de alisos o pino del cerro. Esta reserva pertenece a la Universidad Nacional de Tucumán, lo cual la convierte en un caso único en el país.

Reserva Natural Santa Ana: Cerca del ex ingenio Santa Ana y al oeste de Río Chico, las 20.000 ha. de reserva se prolongan hasta las cumbres más altas de los cerros. Su superficie está cubierta mayoritaria mente por selva montana y bosque montano en laderas de mucha pendiente y relieve muy quebrado. En los filos superiores se extienden vastos bosques de alisos, arbustales y pastizales de neblina.

Reserva Natural Aguas Chiquitas: Sobre las Sierras de Medina, son 3.200 ha. donde conviven flora y fauna de las Yungas y el bosque Chaqueño. Su posición estratégica conectando estos dos sistemas le otorga un alto valor de conservación. A pocas horas de caminata, profundos piletones y una impresionante cascada invitan a disfrutar de las frescas aguas.

Cascada
Reserva Natural Quebrada del Portugués: Entre las Sierras del Aconquija y los cerros Ñuñorco Grande y Chico, abarca una superficie que supera las 17.000 ha. principalmente cubierta por selva montana y bosque montano, con algunos sectores muy bien conservados. La quebrada tuvo una importante ocupación humana que ha dejado numerosas ruinas indígenas como evidencia de su presencia. En la zona de pastizales existe una población importante de taruca o venado.

Parque Nacional Campo de los Alisos: En la ladera oriental de los cerros Nevados del Aconquija, mas de 8.000 ha. forman una franja que recorre desde los 800 hasta los 5.400 metros de altitud, a través de selva montana, bosques de alisos y, en su porción superior, pastizales de neblina y vegetación altoandina. Desde lo alto, las nieves eternas custodian los santuarios de la Ciudacita, vestigios incaicos de fines de 1400.

Parque Provincial Cumbres Calchaquíes: se trata del área protegida más grande con que cuenta la provincia, comprendiendo una superficie aproximada de 40.000 ha. La cobertura vegetal corresponde a las comunidades arbustosas puneñas y graminosas altoandinas. Las condiciones extremas hacen que las poblaciones silvestres sean poco numerosas y muy especializadas. Se encuentran guayabas, rapaces, becasinas, chinchillones, gato andino, puma, guanaco, taruca o humus del norte, hoy declarado Monumento Natural Argentino. Importantes zonas de "dormideras" de cóndor andino hacen que esta área sea prioritaria para la preservación.

Reserva Forestal de La Florida: Primera Reserva Provincial del País. Comprende más de 20.000 ha. dispuestas en una estrecha franja desde los 400 a los 5.000 m de altitud. Aquí se puede visitar el único relicto de selva pedemontana de la provincia y ascender hasta los pastizales de neblina y altoandinos.

HERENCIA PRECOLOMBINA

Petroglifos y antiguas fortalezas enclavadas en las faldas de los cerros, prueban el desarrollo avanzado de los pueblos prehispánicos en el territorio tucumano.

Sólo 22 kilómetros separan a Amaicha del Valle de las Ruinas de Quilmes. La mítica ruta 40 es la vía de acceso a uno de los más importantes asentarnientos prehispánicos del país. Desde el año 800 a.e. hasta entrado el siglo XVII, cerca de 15.000 indios Quilmes habitaron esta antigua ciudadela erigida en piedra en la ladera del Cerro Alto del Rey. Al recorrer los pasillos que se abren paso entre los restos de las antiguas viviendas construidas en terrazas, se puede imaginar parte de la historia de este pueblo calchaquí. Esta tribu, tras oponer resistencia durante 130 años frente al avance español, fue desarraigada y trasladada a pie hacia Buenos Aires. Sólo sobrevivieron 400, los cuáles se asentaron en la actual ciudad de Quilmes, nombre que recibió por este hecho histórico. Al pie del cerro, vale la pena visitar el museo arqueológico y el hotel de decoración étnica.

Las suaves loma das del Valle de Tafí esconden uno de los enigmas más grandes del pasado calchaquí: un solar a pasos de la plaza principal de El Mollar reúne grandes bloques cilíndricos de granito con figuras zoomórficas y antropomórficas talladas. Los Menhires, que en algunos casos alcanzan los 3 metros de altura, fueron descubiertos en 1897 por el célebre arqueólogo Juan B. Ambrosetti. Diseminados por todo el valle en un principio, fueron concentrados posteriormente en su ubicación actual para poder ser apreciados por los visitantes. Portadores de un misterio indescifrable, despiertan varias hipótesis acerca de su finalidad: se conjetura que tenían un carácter mágico, que oficiaban de guardianes y favorecían los cultivos y la cría de ganados o que, probablemente, por el hecho de estar ubicados cerca de sepulturas, en la entrada de los corrales o en medio de campos sembrados, su uso sería ceremonial, esencialmente propiciatorio de fertilidad, fecundidad o fraternidad religiosa.

Las Ruinas
A un kilómetro de Tafí del Valle, el Museo Jesuítico de la Banda alberga valiosos vestigios rescatados en las excavaciones de la Reserva Arqueólogica La Bolsa, otro de 105 asentamientos de la cultura Tafí.

En el corazón del Parque Nacional Campo de 105 Alisos, a 4.400 m.s.n.m., La Ciudacita representa el último bastión al sur del imperio incaico. Sobre el filo de 105 nevados del Aconquija, las pircas de "Los Corrales" y el recinto ceremonial fueron construidos con fines astronómicos y religiosos. La "Intihuatana" o puerta del 501, elemento característico de la cultura Inca, se utilizaba para medir el equinoccio y el solsticio, indicando las épocas más convenientes para cultivos y cosechas. Con una técnica notable, las construcciones fueron orientadas de tal forma que permiten tener una amplia visión de la salida del sol.

Un camino que bordea el río Las Tipas, a la salida de San Pedro de Colalao, conduce a Piedra Pintada en la Ovejería. Su tamaño impresiona al igual que sus enigmáticas figuras talladas en cada uno de sus laterales. Aunque se desconoce cuál es el significado cierto de estas figuras se cree que está relacionado con cultos a la fertilidad y las cosechas.

DEVOTOS DEL VÉRTIGO

Llanuras, selvas, cumbres, ríos, lagos, diques ... un abanico infinito de opciones que invitan a exploradores, aventureros y curiosos a descubrir un territorio vastísimo.

Como si estuviera en un lugar fuera de la tierra, los senderos y caminos que surcan el territorio tucumano son un espectáculo único y de incomparable belleza. Bajo la superficie verdosa de las yungas o nuboselva, de las aguas claras del Río los Sosa afloran rápidos y cascadas. Más de 360 especies de aves pliegan y repliegan sus alas, para el deleite de los amantes del birdwatching. Las Ruinas de Quilmes o las pircas del Pueblo Viejo o Ciudacita -en el Parque Nacional Los Alisos-, resguardan los últimos vestigios de antiguas civilizaciones aborígenes.

Cordones montañosos y picos altísimos -como el Cerro Muñoz o las Cumbres Calchaquíes- ofrecen inigualables oportunidades para la práctica del montañismo. Para los escaladores, la Quebrada del Barón y la Cascada Los Alisos aguardan con murales de roca, quebradas y barrancos. Durante el ascenso se podrán divisar paisajes conmovedores.

Los mountain bikers se deslizan cuesta abajo del Abra del Infiernillo, uno de los tantos circuitos pertenecientes a los Valles Calchaquíes que los reconocidos competidores tucumanos conocen como la palma de su mano. Y los adeptos al 4 x 4 descubren los rincones más inexplorados que rebosan de naturaleza virgen.

Montañismo
Las cabalgatas son una excelente alternativa para disfrutar de los escenarios tucumanos. Entre sierras, arroyos, colinas, prados y ríos, los caballos sacuden las crines y pasean a sus anchas desafiando el relieve. Luego de atravesar bosques, intrincados caminos y abruptas subidas, la deslumbrante Laguna del Tesoro, uno de los mayores premios, conquista los sentidos a fuerza de exuberancia: alisos, cedros, queñoas, azucenas, zorzales y águilas reina mora son algunos de los habitantes que rodean este misterioso espejo de agua que, según cuenta la leyenda, esconde tesoros indígenas custodiados por un inmenso toro negro con astas de oro.

Diques -como El Cadillal, La Angostura y Escaba- invitan a sacar línea del reel para un lanzamiento inolvidable; y más tarde posar para la foto de rigor con un dotado exponente de pejerreyo perca. La recompensa a los usuarios del Trolling y Spinning es nada menos que un dorado, que abunda en los embalses. Para pescar bogas, sábalos, tarariras, bagres o carpas, mejor acercarse a los ríos de llanura y para obtener buenos ejemplares de salmonidos, la opción acertada es el serpenteante cauce del río Los Sosa. Otros prefieren los remos a las cañas y sucumbir entre espejos de agua flanqueados por cerros imponentes.

Vale la pena zambullirse al chorro de agua de una cascada, o colgarse de puentes, murallones y barrancos, y de ahí directamente al cielo, enfundado en cascos y arneses. Las corrientes térmicas ascendentes hacen planear los parapentes y aladeltas desde algunas de las principales plazas de despegue del país -Loma Bola en el Parque Sierra de San Javier - y colorean el cielo para el disfrute de los asombrados espectadores. Todo invita a la contemplación: los aficionados del safari fotográfico aprovechan cada aventura para que el lente atrape el esplendor de la geografía tucumana.

GOLF EN LAS ALTURAS

Auténtico fervor tucumano, el golf es una de las ocasiones más perfectas para practicar swings mientras se disfruta del esplendor de los cerros.

Para los amantes del golf, Tucumán es territorio de canchas destacadas a nivel internacional. Algunas por su altura y por el deslumbrante marco natural que las acompaña, pero también por el mantenimiento y por los servicios. La gente, historia y folklore aportan su toque personal a esta receta de lujo.

Con green fee competitivos y frecuentes torneos -casi todos los fines de semana-, el golf se combina con el mejor turismo. El acceso a las canchas está habilitado a visitantes, principiantes y jugadores de bajo handicap, que encuentran una geografía que se adecua a cada nivel, bajo el abrigo infranqueable de los cerros. Estos prometen una estadía y práctica inolvidables, así como temperaturas óptimas durante todo el año.

A 56 km de San Miguel de Tucumán se encuentra el Siambón Country Club que ostenta el título de ser una de las canchas más altas del país. Son 1.300 metros de altura, con el adicional de un buen clima durante todo el año. ¿En términos físicos? La pelota vuela más lejos. Alquile o lleve sus palos, y haga planear la pelotita a lo largo de sus 9 hoyos par 35.

Otra alternativa, a pocos kilómetros de la capital, es el casi centenario Jockey Club Tucumán Country que desde hace 42 años es sede del Abierto del Norte de la República, uno de los 5 torneos más importantes del país.

Suaves pendientes y un trazado único -embellecido por una gran variedad de árboles autóctonos- han acogido a los más gran-des deportistas locales e internacionales. Posee dos canchas, una de 9 hoyos par 35 - con proyección a 27 hoyos - y otra de 18 hoyos en la Rinconada par 71.

Jockey Club
Villa Nougués es una acogedora campiña de estilo elegante, distinguido y familiar que deslumbra con sus mansiones. Allí se encuentra Las Hortensias Golf Club que ofrece 9 hoyos par 35 y balcones desde donde se vislumbran panorámicas del llano bajo el manto del siempre presente alpapuyo, niebla típica de la zona.

Para que el green se confunda con el horizonte, nada mejor que ensayar los swings en Las Yungas Golf Club que, a tan sólo 25 km de la capital, se encuentra emplazada en plena selva tucumana. Con caddie y alquiler de palos disponibles, son 9 hoyos par 36 en medio de una vegetación de ensueño.

La Corona Golf Club está ubicada a 75 km de la capital, en la ciudad de Concepción. Cuenta con 9 hoyos par 34, servicio de caddie y, como todas las canchas tucumanas, la cantidad justa de jugadores para disfrutar de un juego tranquilo.

UN MARCO NATURAL

Casonas que recuerdan otros tiempos, sabores que brotan de recetas milenarias y encuentros inolvidables con la naturaleza, son algunos de los encantos que aguardan en cada una de estas estancias.

La majestuosidad de los cerros que enmarcan a Tafí del Valle da ganas de quedarse. Brillos y texturas tapizan esta villa con una puerta de entrada espléndida. En Las Carreras, el maestro quesero respeta la receta original para elaborar el queso. La única modificación es el molde -antaño de paja y más tarde de latón-, hoy de acero inoxidable. La estructura original de esta antigua estancia jesuítica, con patio central y casco, suma hoy lujos y comodidades a tono con la vida moderna. Las mantas rústicas de telar son algunos de los rasgos que distinguen a las habitaciones temáticas, revestidas de robustas paredes de adobe. Entre ordeñes mañaneros y sabrosas picadas acompañadas de buen vino, el murmullo de la fuente de agua embelesa los sentidos mientras las frutillas exhiben orgullosas su color más rojizo.

Otra estancia antiquísima del valle es Las Tacanas. Propiedad de los jesuitas durante el siglo XVII, fue disputada entre unitarios y federales y finalmente adquirida por Don José Agapito Zavalía, para luego convertirse en regalo de boda de su primogénito. Imperdibles las cabalgatas por los cerros que rodean el valle. No hay quien visite Las Tacanas sin respirar algo de su riquísima historia. Basta recorrer el cuarto que perteneció a quien fue tres veces gobernador Don Nicolás Valerio Laguna, para ver una majestuosa cama de madera que ofrenda los sueños más prolíficos.

Son 200 años de antigüedad, o mejor dicho, 200 años de cuartos y más cuartos que crecieron a igual ritmo que esta edificación de origen jesuítica. En el comedor, alguna vez calabozo de encomenderos españoles, se rastrean los ambientes originales del casco principal de Los Cuartos. En la galería del rancho -junto a un corral donde varias llamas curiosas observan la llegada de los visitantes- se puede disfrutar de un té criollo, el pan casero, la miel de caña, las mermeladas artesanales, los quesos y quesillos que aún se elaboran siguiendo la receta jesuita.

Caballeriza
Por las tardes, una buena idea es tomar el té en Campo del Molino, una granja agroturística de Tafí dedicada a la lombricultura. Allí se elaboran mermeladas y dulces caseros como el de frambuesa, manzana, durazno, ciruelas y cayote. Antes de partir al atardecer, la estrella del paisaje es sin duda el molino, fuente de agua para consumo y riego.

La Estancia Zárate combina paisajes de ensueño y un casco centenario en el que se destaca una esmerada decoración. Amplias galerías, un encantador patio interno regado de flores y un extenso parque invitan a disfrutar del entorno. Ocho habitaciones temáticas, cocina gourmet, cabalgatas, trekking, cancha de polo y pato, completan la propuesta de esta estancia muy próxima a San Pedro de Colalao.

Si de turismo aventura se trata, nada mejor que recalar en Campo del Toral, donde los que gustan de las actividades y deportes al aire libre pueden disfrutar de excursiones para todos los gustos y pretensiones. Desde el alto mirador de la capilla se divisan las bicicletas, cuatriciclos y caballos que parten al encuentro de los más insólitos parajes. En noches despejadas, en las que reina una paz absoluta, algunos se animan a realizar una travesía en 4 x 4 iluminados por la luz de la luna y de un viejo molino que oficia de faro. Al regreso, en el quincho de esta morada centenaria un asado a las brasas estará esperando a los aventureros.

INSPIRACIÓN ARTESANA

La naturaleza generosa se transforma gracias a las técnicas milenarias que los artesanos heredan y transmiten de generación en generación.

Las artesanías en Tucumán hablan de un espíritu hacendoso, de tradiciones que se preservan de generación en generación y de la eternamente homenajeada Pachamama (Madre Tierra) que todo lo da y todo lo quita.

Estos trabajos manuales invitan a redescubrir una cultura que no se entierra, sino más bien se esculpe en cuero, lana, arcilla y tantos otros materiales ancestrales.

Emponchada en las sierras, San Pedro de Colalao ofrece los mejores trabajos en cuero. Valiéndose de cinceles, compases y alernas, los diligentes artesanos ablandan el cuero, lo pelan, curten y gamuzan para armar las piezas más exquisitas. La "montura criolla", con 17 piezas y hasta 3 meses de trabajo, es toda una obra de arte elaborada en cuero de vaca, con esterillado y costura con tiento: irresistible para los jinetes habituales. En cuero de cabra se consiguen también excelentes camperas y chalecos.

Montura Criolla
Cuando en Tafí del Valle los hornos alcanzan los 800°C -o más-, la arcilla toma un color rojizo y es tiempo de retirar las brasas. Pero eso no es todo, la técnica de la atmósfera saturada fija dos días de reposo antes de sacar la pieza del horno para luego cubrirla con cera y anticipar los motivos que adornarán su figura irrepetible. No sólo allí se desarrolla el arte de la alfarería. En Raco, el legado prehispánico se refleja en grandes vasos ceremoniales y de uso doméstico, gracias a las prácticas indígenas de modelado directo y chorizo o rodete. El barro, de color oscuro y con diversas terminaciones, se ha desarrollado notablemente en la provincia. En Amaicha del Valle, la cerámica toma una forma característica: los "suplicantes". Esta figura, que representa a la cultura alamito (500 a.C), es tallada en piedra y simboliza el pedido de agua y lluvia que los pobladores realizaban para sus cultivos.

En Tafí, al igual que en Amaicha, el tejido es otra de las artesanías típicas. En su entramando realizado con lana de oveja y pelo de llama se utilizan variados tintes como el molle, el nogal, el ruibarbo y el hollín, los cuales provienen de la flora autóctona. Los artesanos imprimen sus motivos sobre tapices, mantas e indumentaria. Los telares -de cintura, pala, peine o pedales- rescatan tradiciones hispanas y americanas. Imposible irse sin adquirir un proverbial poncho tucurnano, en borravino y beige.

Más al sur se encuentra El Cercado, pequeña población cerca de Monteras, en dónde las mujeres demuestran su habilidad tejedora elaborando las randas. Este sutil encaje de red, labrado o bordado con aguja, fue introducido por las damas castellanas en los albores de la fundación de San Miguel-allá por el siglo XVI- y es el único que existe en todo el país. Se destacan los centros de mesa, cuellos y puntillas. También se pueden encontrar algunos antiquísimos ejemplares en el Museo Folklórico Provincial, en la capital.

Llegar a Simoca desde Tucumán -a 50 km- es un espectáculo que invita al más puro goce de los sentidos. Una experiencia inolvidable es subirse a bordo uno de los peculiares vehículos que se deslizan por doquier: los sulkys. Carro tirado por caballos que aún se fabrica en estas tierras. Durante años fue el compañero ideal para transitar los suelos fangosos cuando las calles todavía no conocían el asfalto. A ello se debe también la elección de maderas livianas y resistentes: cebil para la vara y cedro para la caja. Atornillados y desarmables, cada sulky exhibe en su parte trasera un filete, casi una huella de identidad. En los asientos tapizados en cuerina los lugareños recorren cada rincón de Simoca a bordo de su principal medio de transporte. Esto le valió el título de Capital Nacional del Sulky. Un dato peculiar habitualmente, quienes llevan las riendas, son las mujeres.

FESTÍN DE AROMAS Y SABORES

Cada región aporta su especialidad tanto dulce como salada. Quesos, quesillos, empanadas o mermeladas, dulces caseros y también empanadillas. Tan sólo resta el toque infaltable del cocinero experto para dar vida a esta receta tucumana e irresistible.

Tucumán ostenta una gastronomía sabrosa y abundante, que se escurre sigilosa en la vida de sus habitantes casi sin que éstos se percaten, y se vuelve protagonista y motivo de encuentros casuales, comidas especiales, y hasta fiestas en las que se elaboran las delicias más tradicionales. Así, en el marco de una feria dominical, nada como disfrutar 'de parado' una empanadilla de cayote y unos gaznates; o degustar un buen vino, acompañado de una variada picada con quesos en la elegante mesa de una estancia centenaria.

Empanadas
Pero si es septiembre puede visitar Faimallá y participar de la Fiesta Nacional de la Empanada o, durante Semana Santa, en San Pedro de Colalao de la Fiesta Provincial de la Nuez y en Tafí del Valle, en febrero, de la Fiesta Nacional del Queso. Estas y otras tantas festividades conforman un calendario gastronómico que bien vale la pena tener siempre a mano.

La bien norteña humita, en hoja de chala, por estos pagos se prepara con choclo rallado, zapallo con cebolla de verdeo y, una vez cocida, se le puede agregar queso a la preparación. También el clásico tamal tiene su versión tucumana: a base de maíz remojado y molido en mortero, con harina de calabaza para la masa y relleno es de carne picada de cabeza de cerdo, vaca o charqui y cebolla de verdeo. El infaltable locro en Tucumán tiene dos variantes. Una con el maíz blanco remojado durante un día entero y después hervido con porotos medianos, carne, cueritos y patitas de cerdo, zapallo, tripa gorda y panceta en trozos; se sirve con una salsa con fondo de cocción de fritura de grasa, ajíes y cebollas. La segunda, el huascha locro, es más liviano: no tiene carne y su base es maíz, zapallo y algunas verduras, todo coloreado con pimentón.

Si está en zona de Valles Calchaquíes no se pierda el 'estofao' elaborado con pelones, o el charquicillo, un guisado a base de charqui: carne salada secada al sol. En Simoca, al sur de la provincia, resérvese lugar para el pastel de novios -pastel de campo relleno de pollo con orejones-, un manjar; y de postre: bolanchao, una fruta roja silvestre que se muele con harina de maíz tostado.

Pero el clásico tucumano, se sabe, es la empanada. ¿Su receta? Carne, preferentemente de matambre, picada a cuchillo -no molida, para que no pierda el jugo ni el sabor-, cebollas -blanca y de verdeo- más una buena dosis de sal y algo de huevo duro; la masa es casera, seca y no hojaldrada, cocida en horno de barro, y sépalo bien, las clásicas empanadas son de carne pero también hay de pollo, mondongo y otros rellenos.

Los más golosos tienen mucho para descubrir; es que el azúcar no es lo único dulce que abunda en Tucumán. En este territorio el paladar se deja seducir por empanadillas con dulce de cayote o batata (especialidad de Simoca) y el cuaresmillo -pequeño durazno preparado en almíbar-, compañero ideal del queso de cabra. Y no podían faltar los exquisitos dulces caseros; oriundos de El Pichao y El Siambón. Los más destacados son los de naranja, pomelo, durazno, membrillo, ciruela, higo de tuna y el típico dulce de cayote que se acompaña con queso y nueces.

Exportado como extracto, esencia y jugo, el limón es una de las marcas de identidad de Tucumán. Pero también están las frutillas, los kiwis, los arándanos y los higos que tapizan las huertas tucumanas y son materia prima de las más excelsas delicias. Nada mejor que servirías junto con arrope, sea de chañar, de uva o de tuna.

Quesos Prodigiosos

No en vano el queso de Tucumán -más precisamente el de Tafí del Valle- posee su fiesta nacional; es de los más exquisitos del mundo. Las recetas manchegas -de la región española de La Mancha- y las traídas por los jesuitas aún se conservan en algunas queserías. A partir de leche de vaca se elaboran los quesos naturales o los saborizados: con orégano, ají y pimienta negra. Su sabor -afamado, único e irresistible- se debe a las condiciones climáticas y la microflora que existe a 2.000 metros, lo que determina pasturas excelentes. No hay picada en que falte junto al pan casero cocido en horno de barro.

En San Pedro de Colalao, al quesillo también se le rinden honores. A este manjar de la artesanía criolla, a base de leche de cabra o vaca, se lo deja cuajar y, una vez escurrido el suero, se cuelga en sogas de alambre; de ahí su forma alargada. ¿Cómo comerlo? Solo, con miel de caña, dulce de cayote, arrope o nuez.

DULZURA TUCUMANA

Infinitas plantaciones de caña de azúcar jalonan todo el territorio de Tucumán, reconocido productor de este elixir que logró otorgarle fama internacional.

Tucumán fue pionera en la producción de azúcar en Argentina y precursora de la primera industria pesada de América Latina. La antigua residencia solariega del Obispo José Eusebio Colombres fue el lugar de nacimiento de esta prometedora actividad productiva hacia 1821. Hoy este solar ubicado en el corazón del Parque 9 de Julio funciona como museo donde se conservan diferentes testimonios sobre la historia y la evolución del quehacer azucarero en la provincia. Se destaca un antiguo trapiche de madera de quebracho, que movido por bueyes fue el primer medio utilizado para moler caña y obtener su jugo, paso inicial en el proceso de elaboración del azúcar.

Además se exhiben antiguas maquinarias y parte del mobiliario e indumentaria que pertenecieron a Colombres, así como armas y otros elementos de la época.

Una propuesta muy interesante es la Ruta del Azúcar, un circuito temático que invita al turista a conocer la historia de la industria azucarera en Tucumán. El recorrido propone visitar distintos atractivos que dan testimonio del pasado de la actividad, como San José de Lules, o del presente, como algunos ingenios, ya sea en funcionamiento o reconvertidos a otros usos. En resumen, una opción imperdible para comprender parte importante de la idiosincrasia e identidad tucumana, teniendo en cuenta la magnitud de la industria azucarera en la economía provincial. Sólo a título de ejemplo: en época de zafra un solo ingenio llega a moler cerca de 9 millones de kilos de caña por día y embolsar 350.000 kilos de azúcar por turno de trabajo.

A PURO FESTEJO

Entre coplas, empanadas, vinos pateros, danzas y procesiones, los tucumanos evocan su folklore, historia, religión y tradiciones.

Enero

Fiesta del Yerbiao
La Ciénaga

Los rostros calchaquíes de La Ciénaga ofrecen un mate peculiar: el Yerbiao, a base de yerbas mostrencas y alcohol. Siguen el locro, un desfile de paisanos con atuendos típicos, acordeones, bombos y violines.

Fiesta de la Verdura
El Mollar

Increíble variedad de verduras provenientes de las bendecidas huertas de El Mollar se combinan en una fiesta en la que se puede disfrutar de las exquisitas comidas regionales. En la plaza principal se congregan invitados, copleras, músicos, bailarines y artesanos.

Fiesta Provincial del Antigal
Colalao del Valle

Con un trasfondo de viñedos, los antepasados calchaquíes se evocan entre música folklórica, doma de potros, marcadas, señaladas, enlazadas, pialadas y juegos de destreza criolla.

Fiesta Provincial de la Humita
San Pedro de Colalao

Este plato bien norteño tiene su merecido homenaje al norte de Tucumán, donde reina el buen clima. Muestras artesanales, desfiles gauchos y los ríos Tacanas y Tipas, son el marco perfecto para el irresistible sabor de la humita.

Fiesta del caballo Cerreño
Raco

Fiesta de los Dulces Regionales
El Pichao

En esta localidad ubicada en el extremo noroeste de la provincia, habitan sólo 80 familias que se autoabastecen gracias al cultivo de frutos y la cría de ganado. Esta particular fiesta es la excusa perfecta para que los golosos puedan degustar y apreciar la elaboración de dulces regionales a la vista.

Febrero

El Mensaje de Lourdes
San Pedro de Colalao

Cada año nuevas escenas y recursos engrandecen la representación del mensaje de la Virgen de Lourdes. Esta "catequesis vivencial", de perfil social y religioso, cuenta con 200 actores en escena y un público que acude masivamente a presenciarlo.

Fiesta Nacional de la Pachamama
Amaicha del Valle

Son tres días a puro festejo, y de los más importantes de la provincia. La venerada Pachamama -Madre Tierra- recibe las ofrendas que más tarde retribuirá con cosechas prósperas y ganado fértil. Lugareños de rostro curtido y de todas las edades repiten la antiquísima fórmula "Pachamama, cusiya, cusiya" (Madre Tierra, ayúdame, ayúdame). En torno a la plaza, la mujer más anciana del pueblo desfila, a caballo o sobre un carro tirado por bueyes, acompañada por la Ñusta - doncella que simboliza la fertilidad-, el Yasta y - dios de los animales y la caza-, y el Pujllay - espíritu alegre del carnaval-. Comidas típicas, queso, vino patero, coplas y bagualas proliferan por doquier.

Fiesta Nacional del Queso
Tafí del Valle

Es una de las industrias más antiguas de Tucumán que aún utiliza las técnicas y recetas traídas por los jesuitas que se asentaron en los valles. Durante la fiesta se pueden degustar estos manjares también saborizados con orégano, ají y pimienta.

Fiesta Provincial del Quesillo
San Pedro de Colalao

A una cuajada que se pasó de punto debemos esta delicia, a base de leche de cabra o vaca, y que para la ocasión se disfruta entre competencias gauchescas y de destreza criolla.

Cursos provinciales
Aguilares

Marzo-Abril

Fiesta Provincial de la Nuez
San Pedro de Colalao

El principal productor de nuez de la provincia realiza un festejo que rinde los debidos homenajes al fruto. Otra excusa para disfrutar del clima benigno, el paisaje y la gente.

"La Pasión" de Jesucristo
Tafí del Valle

Año tras año, durante Semana Santa la representación de La Pasión de Cristo convoca a miles de espectadores de todas partes. En un anfiteatro natural sobre los cerros de Tafí del Valle -que acaso por designio divino se asemeja a la Tierra Santa- cientos de actores recrean los conmovedores pasajes de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Mayo

Festival Folklórico Acheral canta a Yupanqui

Con el alba despunta el bullicio. De los quinchos abiertos afloran los aromas a condimentos, tizones de tipa y lapacho. Artesanos ofrecen sus obras y, entre versos de esta tierra, se recuerda a don Atahualpa.

Julio

Fiesta Nacional de la Independencia
Toda la provincia.

La gesta de la Independencia Argentina, que tuvo a Tucumán como protagonista, revive todos los 9 de julio, fecha en que la provincia se convierte en capital del país. En San Miguel de Tucumán, el festejo patriótico se hace escuchar en los acordes del Himno Nacional, en las campanadas de los templos y la tradicional ceremonia.

Fiesta del Ponchi
Colalao del Valle

La mañana se inaugura con un desayuno regional seguido de excursiones a ruinas arqueológicas, almuerzo a base de empanadas, cabritos, tamales, vino patero y baile popular. Bajo el cielo infinitamente azul, los lugareños elaboran el tradicional ponchi, bebida alcohólica caliente típica de los Valles, y festejan al compás de zambas.

Fiesta Nacional de la Feria
Simoca

Si bien la Feria tiene lugar todos los sábados del año, el festejo nacional le rinde tributo a su origen, que data de un ejército de gauchos que acampó aquí en busca de alimento. Son 4 sábados en que turistas y locales se entremezclan, siendo testigos de los espectáculos, sulkys, artesanías y las más deliciosas muestras de una gastronomía prodigiosa.

Septiembre

Fiesta Nacional de la Empanada
Faimallá

Son días de puro amasijo, relleno y repulgue. Un jurado integrado por personalidades de la gastronomía y el folklore evalúa y elige a la mejor empanadera del año; título de nobleza en Tucumán.

Fiesta de Conmemoración de la Batalla de Tucumán

El 24 de septiembre de 1812, tras su triunfo sobre la tropa realista, el general Manuel Belgrano -fiel a su promesa- donó su bastón de mando a la Virgen de la Merced. Declarada Generala del Ejército Argentino y patrona de Tucumán, Nuestra Señora de la Merced es homenajeada cada año con una solemne procesión.

Septiembre musical

En toda la provincia

Octubre - Noviembre

Fiesta Nacional de la caña de azúcar
Aguilares

Fiesta Nacional del Limón
Tafí Viejo

Tucumán ocupa el primer lugar mundial en producción de limón. Durante tres noches continuas a puro folclore, Tafí Viejo, uno de los principales exportadores de limón, rinde tributo a los cultivadores de este fruto, de sabor agrio y ventas dulces que otorga a la provincia prestigio internacional.

Diciembre

Festival Nacional del Sulky
Simoca

Las fangosas tierras de Simoca acogieron al sulky -carruaje liviano de un solo asiento y un solo caballo- y se convirtieron en su capital. El festejo transcurre entre fogones, artesanías, músicos y, claro, carreras de conductores expertos.

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