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Poitou - Charentes, su litoral
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A medio camino entre Bretaña, la costa de Aquitania y el País Vasco, el litoral de Poitou-Charentes goza de un particularisimo microclima con tantas horas de sol como en la Costa Brava y una temperatura que permiten que árboles como la mimosa florezcan.


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El Atlántico más templado

A medio camino entre Bretaña, la costa de Aquitania y el País Vasco, el litoral de Poitou-Charentes goza de un particularisimo microclima con tantas horas de sol como en la Costa Brava y una temperatura que permiten que árboles como la mimosa florezcan en enero. Se debe a su excepcional situación, protegida del Atlántico por una serie de islas que por otra parte siempre han atraído a numerosos invasores. Lo que explica la presencia de una cadena de espectaculares fortalezas y castillos que hoy se han convertido en una de las grandes atracciones para los miles de visitantes que vienen cada año para disfrutar de sus largas playas de arena fina pero también de sus muchos monumentos y de una oferta gastronómica extraordinaria, centrada en la ostra y la almeja.

Rochefort. Francia
Rochefort - la mar de lejos

Aunque se encuentra a veinte kilómetros del Atlántico, a orillas del río Charente, en Rochefort el mar está siempre presente y no se puede dar un paso, sin que algo nos recuerde su vinculación con el mundo de la navegación.

Cuando hacia 1650 Colbert, el gran ministro de Luis XIV, buscaba una base para la defensa de la costa, amenazada por las incursiones inglesas, acabó eligiendo este puerto interior para fundar el centro de operaciones de la Armada Francesa y su principal Arsenal.

Muy pronto se puso en pie una ciudad de piedra, dibujada en cuadrícula y cuajada de espectaculares edificios militares, todo ello protegido por un cinturón de murallas. Cerca de cuatro siglos más tarde, la ciudad derrocha encanto y una discreta armonía.

Ha perdido quizás su importancia estratégica pero no, su pasión marítima, conservando todavía intacto un impresionante patrimonio monumental.

Antes de acercarse al Barrio del Arsenal donde se encuentran sus edificios más significativos, vale la pena pasar por el Museo de Arte e Historia, ubicado en un precioso palacete del S.XVIII que fue propiedad de Hèbre-de-St-Clément y que ha sido recientemente reformado por el arquitecto Pierre Faloci. Allí a través de interesantes colecciones se puede seguir la historia de Rochefort y descubrir la verdadera importancia que tuvo durante cerca de dos siglos, haciendo hincapié en los personajes que salieron desde este puerto de interior para conquistar el mundo. Se muestra la colección etnográfica de los hermanos Lesson que exploraron gran parte de Oceanía pero también muchas de las fotografías y objetos relacionados con Pierre Loti, uno de los padres de la literatura moderna de viajes. Muy cerca de allí, se puede visitar la casa de este escritor donde cada habitación nos lleva a alguno de los países que visitó como oficial de la Marina Francesa : Desde la India a China, pasando por Siria o Turquía.

Después hay que acercarse a orillas del río Charente para admirar los edificios que daban vida a la Armada Francesa. Allí están los Astilleros donde se está reconstruyendo desde hace doce años el Hermione, una de las fragatas que participaron en la guerra de Independencia de Estados Unidos al mando del General La Fayette; la Antigua Comisaría General de la Marina que alberga el Museo Nacional de la Marina Francesa, cuajado de maquetas y reliquias de un pasado glorioso ; las inmensas Cordelerías Reales que acogen el Centro Internacional del Mar, un palacio de exposiciones donde se nos sigue ilustrando sobre diferentes temas siempre relacionados con la navegación. Y todavía más allá, está el antiguo Centro de Intendencia, cuya antigua panadería podía abastecer veinte mil kilos de pan al día o la antigua Escuela de Medicina Naval, completando un escenario insólito que poco a poco vuelve a llenarse de vida.

Reconstrucción de la mítica fragata Hermione

Rochefort rinde homenaje al Hermione.
A principios de julio de 2012 está previsto que finalicen parte de los trabajos de reconstrucción de la mítica fragata Hermione. Una réplica del buque con el que La Fayette atravesó el Atlántico hasta llegar a América. Del 6 al 8 de julio, Rochefort festeja por todo lo alto las últimas labores de montaje del Hermione: velas, mástiles, aparatos de navegación modernos ¡La cuenta atrás ha comenzado y en 2015 se bañará por fin en el océano!

Los castillos del mar

El oceano como horizonte

No hay que irse de Rochefort sin acercarse al Atlántico. Si las condiciones metereológicas lo permiten, se puede hacer un viaje alucinante en barco desde el antiguo puerto de La Rochelle hasta el mar, reviviendo el camino que hacían aquellos potentes navíos de guerra construidos en sus astilleros, a través de los meandros del río Charente, admirando su paisaje de marismas y salinas en el entorno de su delta para luego desembocar en el Atlántico y dirigirse a la isla de Aix, divisando de lejos el pintoresco puerto de Fouras y las otras islas de este entorno marítimo. Prácticamente desde cualquier puerto de esta costa salen cada día barcos que permiten explorar este deslumbrante paisaje marítimo entre las islas de Oléron y Ré.

Uno de los grandes atractivos del litoral de Poitou-Charentes, es su colección de fortalezas y castillos, muchos de ellos verdaderas obras de arte de ingeniería militar. Aunque hay construcciones anteriores, el conjunto cobra su mayor apogeo en época de Luis XIV cuando de la mano de su ingeniero Vauban se desarrolla una nueva forma de entender la protección de la costa y se acomete un inexpugnable cinturón de defensa en torno a Rochefort, el Cuartel General de la Armada Francesa.

Se puede comenzar por el Château-d’Oléron que aunque tiene sus orígenes en época de Richelieu fue reforzado años más tarde como uno de los eslabones de esa gigantesca muralla defensiva naval.

Fort Boyard. Castillo del mar. Francia
Algo más al norte de Oléron, se divisa un sorprendente navío de piedra de silueta redondeada. Es el Fort Boyard construido durante le S.XIX para seguir reforzando las defensas del Charente pero que terminó convirtiéndose en una cárcel. No se visita pero su silueta se ha convertido en uno de los símbolos de esta costa.

Ya casi en tierra firme, llama la atención Fort Louvois, otro espectacular castillo del S.XVII que sigue siendo el perfecto guardián del estrecho que separa Oléron de la costa. Más allá, no hay que perderse Brouage, un extraordinario puerto fortificado donde se comerciaba con sal y que aunque ha perdido su actividad económica, mantiene intacto su poder de seducción. Siguiendo hacia el norte y después de haber atravesado la desembocadura del Charente, se llega a Fouras donde se puede ver la primera de las grandes fortificaciones diseñadas por Vauban en este litoral. Para conocer la segunda hay que acercarse a la isla de Aix. Allí se encuentra el Fort de la Rade, una ciudadela con cinco murallas que sería reforzada en tiempos de Napoleón y el Fuerte Liédot.

Las islas

Además de la isla de Ré, en la costa de Poitou-Charentes llaman la atención otras tres islas muy diferentes : Oléron la mayor del conjunto, Aix, la única que sigue siendo una verdadera isla al no haberse construido un puente que la una a tierra firme como ocurre en las anteriores y en la isla Madame, la más pequeña de este insólito archipiélago.

Isla de Olerón. Francia
Isla de Oléron

Un puente de 3027 m sostenido sobre 45 pilares une desde 1966 al continente la isla más grande de Francia después de Córcega. A diferencia de Ré tiene un carácter mucho más salvaje y abrupto que atrae a los amantes de la vela y el surf en todas sus modalidades. Encuentran en su ventosa costa occidental las mejores condiciones para practicar a tope sus deportes favoritos.

Oléron está cubierta de bosques donde practicar el senderismo o montar a caballo pero también abundan los viñedos con los que se produce un vino blanco y rosado con sabor a mar. Sus pueblos han conservado un encanto muy especial y no hay que perderse La Cotinière un puerto de pesca con mucho sabor local en cuya lonja se subastan los mejores rodaballos, lenguados y cigalas de esta costa. Pero si hay algo que identifique por completo a Oléron es su vinculación con el mundo de las ostras.

Entre la población costera de Marennes en el estuario del Seudre y la parte sur de la isla, se concentra posiblemente una de las mayores producciones de ostras de máxima calidad del mundo. Para entender como crecen y se desarrollan estos moluscos es aconsejable visitar la Cité de l’Huître (la Ciudad de la Ostra) a orillas del Canal de La Cayenne, un centro de interpretación ubicado en media docena de cabañas multicolores donde solían vivir los pescadores hasta mediados del siglo pasado. No hay que irse de la isla sin perderse la vista que se domina desde lo alto del campanario octogonal de su iglesia del S.XVIII, ni sin conocer el Museo de la Isla de Oléron en Saint-Pierre, la capital, donde se revelan algunos de los secretos de esta isla y sus habitantes.

Marennes. Costa Atlántica, Francia
Uno de los mayores tesoros del litoral de Poitou-Charentes es la cuenca de Marennes Oléron o lo que es lo mismo el País de la Ostra. Desde siempre este inmenso territorio lacustre de más de 3000 hectáreas, se ha dedicado a la producción de una de las mejores ostras del mundo. El secreto de su calidad radica en estar cultivadas en « Claires », múltiples estanques irregulares donde la ostra adquiere un sabor menos oceánico que si creciera en el mar pero al mismo tiempo mucho más rico en minerales, gracias al insólito entorno que la rodea, plagado de un nutritivo fitoplancton y de una serie de algas que mejoran el aspecto de su concha y ayudan a su conservación. Por sus características y calidad las ostras del litoral de las Charentes se clasifican en: « Fines de claires » (la más popular y menos carnosa) cuyo subproducto de lujo son las « Fines de Claire Verte » con su propia denominación de origen, « Spéciales de claires » (más carnosas y equilibradas en sabor) y « Pousses en claires » Etiqueta Roja (el producto más excepcional de la zona, reservado para especialistas y ocasiones especiales).

Para conocer más en profundidad este fascinante mundo de la ostra se pueden visitar varios museos especializados en la zona pero también participar en una visita guiada del « Parque de las Ostras ».

Las pequeñas islas

Isla de Aix. Francia
Aix

Con sus bosques de encinas, pinos y taráis envolviendo sus playas de arena, podría parecer que en Aix se está en el Mediterráneo. Aunque hay algunos coches lo más recomendable es recorrer la isla a pie en unas tres horas siguiendo el sendero conocido como el de los Aduaneros.

También se puede utilizar alguna de las calesas que hacen parte del recorrido. Aix es una isla para saborear con tranquilidad, disfrutando de los paisajes que se divisan desde su costa pero también atrae a muchos amantes de la historia y la ingeniería militar. Aunque desde la antigüedad no había pasado desapercibida su posición estratégica fue durante el S.XVII cuando su territorio se cubrió de fortificaciones diseñadas por Vauban. Su momento de gloria le llegaría más tarde en 1815. Del 8 al 15 de julio Napoleón Bonaparte pasa sus últimos momentos en Francia, en esta pequeña isla de ambiente casi subtropical antes de zarpar a Santa Elena, su destierro definitivo, donde moriría seis años más tarde. Se pueden conocer todos los detalles de su visita y otros recuerdos del Emperador en el Musée Napoléonien-Fondation Gourgaud.

Madame

Lo más curioso de esta minúscula isla de 600 m de ancho y un kilómetro de largo es la « Passe aux Boeufs », la calzada de arena que la une a tierra firme y que sólo es transitable durante ciertas horas de marea baja desde Port-des-Barques.

En el interior de Madame se descubre un paisaje intensamente marino marcado por salinas, restos de construcciones militares, criaderos de ostras y un romántico cementerio donde fueron enterrados 254 sacerdotes durante la Revolución Francesa que se habían negado a prestar juramento a la nueva Constitución.

Deportes náuticos… por mar y por tierra

Uno de los grandes atractivos de esta costa es el abanico de posibilidades que ofrece en el campo de los deportes y actividades náuticas. Su gran epicentro neurálgico es el Port des Minimes frente a La Rochelle, que con 3660 amarres es el mayor puerto deportivo de la costa atlántica francesa y sede del primer Salón Náutico europeo « a flote » además de punto de partida de un sinfín de regatas y competiciones, como el Transat 6.50 entre Bahía y La Rochelle o La Velux 5 Océanos.

Se puede practicar cualquier deporte relacionado con el mar aunque curiosamente el más popular, el carrovelismo, se lleva a cabo en las larguísimas playas del litoral de Charente Maritime, sobre todo en las de los estuarios de La Gironde y de La Seudre pero también en las de las islas de Ré y Oleron.

Por otra parte cada rincón de la costa está especializado según sus condiciones, en un tipo de actividad. Desde el surf y ‘body board en Saint-Trojan-les-Bains o Royan al windsurf en la costa norte, pasando por el kitesurf en la bahía del Aiguillon o la vela en sus múltiples modalidades, con escuelas prácticamente en todos los principales puertos, tanto de la costa como de las islas.

Por otra parte el remo y el kayak se pueden practicar en el litoral pero también tierra adentro, en los ríos y lagos de la región.

Playas para toda la familia

Aunque hay playas salvajes como la de Sables Vignier en Oléron que sobre todo atraen a los amantes de los deportes de acción y las sensaciones fuertes, y algunas casi vírgenes en la península de Arvert, la mayoría de las numerosas playas de arena de la costa de Poitou-Charentes son perfectas para disfrutar con toda la familia y hay una veinte que han merecido que se les conceda la Bandera Azul.

En la misma Oléron se puede destacar la Plage de Vert-Bois, las de Gatseau o la Grande Plage mucho más accesibles que las de la « Côte Sauvage » norte. En la de Aix la mejor es la de la Anse du Saillant, protegida por la Pointe de Coudepoint y el Fort de la Rade. En Ré hay muchas donde escoger, al estar casi todas al abrigo de los oleajes del Atlántico. Las más recomendables son les Gros Joncs, les Gollandières y l’Arnerault, llamando la atención el tamaño de sus dunas.

Ya en tierra firme, cerca de La Rochelle, la mejor de las urbanizadas esta en Châtelaillon-Plage, una población costera llena de actividades y un ambiente muy familiar aunque también son buenas las cercanas al puerto de Les Minimes y la de Chef de Baie. Tampoco habría que olvidarse de Fouras.

En la península de Arvert y en Royan hay verdaderas maravillas. Para los que prefieran playas urbanas con todos los servicios destacan la Grande Conche de dos kilómetros de longitud o la Conche de Pontaillac en el casco urbano de la capital de lo que se conoce como la « Côte de Beauté » (la costa de la belleza). Son características sus casetas de lona con rayas azules y blancas. En cambio los que las prefieran más salvajes pueden irse a los alrededores de Saint-Georges-de Didonne, Saint-Palais-sur-Mer o La Grande Côte, que aunque cuentan con todo tipo de servicios están ya influenciadas por las corrientes del Atlántico

Mención especial merecen las de Mescherssur-Gironde que aunque dentro del estuario de la Gironde se encuentran en un marco espectacular rodeado de grutas. Llama la atención la des Nonnes o de las Monjas de arena fina y bordeada por un bosque de encinas además de otras como la de Vergnes, Arnèche y la de Suzac.

La península de Arvert

Entre La Coubre y el estuario del Seudre

En el extremo norte de la Gironde se esconde en esta península que se adentra en el océano algunos de los paisajes más singulares e insólitos de esta costa. Entre poblaciones costeras que nos llevan a otra época como la elegante Saint-Palais-sur-Mer o Mornacsur-Seudre, famosa por sus casas blancas y persianas azules, se extienden bosques tan extensos como el de La Coubre con sus más de ocho mil hectáreas de encinas y pinos donde viven en libertad corzos y rebecos pero también extensiones dunares que se pierden en el infinito. Y a cada paso una sorpresa.

En Vaux-sur-Mer vale la pena entrar en su iglesia de estilo románico y descubrir las imágenes que se esconden en sus capiteles, como un curioso domador de osos. En La Tremblade, su museo Marítimo está enteramente dedicado al mundo de la ostra; en St-Just-Luzac, la iglesia presenta una bella fachada de estilo gótico florido y en Atlantrain hay un Museo del tren de juguete donde se pueden ver más de 2500 locomotoras, tranvías y vagones fabricados desde 1875. Y todo ello bajo la eterna mirada del rey de los faros, el de Cordouan, en medio de la Gironde, intentando seducirnos para que lo visitemos.

Playa. Poitou-Charentes, Francia
En la Gironde entre el Garona, el Dordoña y el Atlántico

Los límites meridionales de la región de Poitou-Charentes coinciden con la ribera norte de la Gironde, el mayor estuario de Europa de 75 km de extensión, donde confluyen las aguas de los ríos Garona y Dordoña con el océano Atlántico, una costa privilegiada donde se alternan los grandes arenales, con los acantilados, entre inmensos bosques de pinos y encinas.

Royan, entre el pasado y el futuro

La indiscutible capital de la costa sur o « Côte de Beauté » es este puerto con mucho encanto pero lleno de contrastes.

De su época dorada, en la Belle Epoque durante los años veinte y treinta del S.XX, conserva notables ejemplos de lujosas villas de veraneo en la zona de Le Parc, a lo largo del Boulevard Garnier o en la Avenue de Bordeaux y el Boulevard de la Côte d’Argent que nos recuerdan que Royan atraía a ricos y famosos pero también a muchos artistas como Jacques-Henri Lartigue que la inmortalizaría a través de una magnífica serie de fotografías o como Picasso que pinta « Le Bar des Bains» durante su estancia.

Por otra parte del desastre de la Segunda Guerra Mundial nace otra ciudad muy distinta, inspirada en la mejor arquitectura de los años cincuenta y muy en especial en la de Oscar Niemeyer, creador de Brasilia. Y ahí está la impresionante Iglesia de Notre-Dame diseñada por Guillaume Gillet con su estructura de cemento, hierro y cristal que se levanta hacia el cielo, con un campanario de 65 m de alto o el no menos espectacular Mercado Central, que nos muestra otra estructura moderna con enorme carisma bajo una inmensa cúpula de más de 50 m en forma de paracaídas.

Pero quizás lo más atractivo de Royan sigue siendo ese magnífico « Front de Mer » o Paseo Marítimo que comienza en el puerto y se prolonga a lo largo de la « Grande Conche» todavía flanqueado de algunas de las casas que alojaron personajes como Emile Zola o Sacha Guitry que ahora comparten espacio con multitud de tiendas, bares, cafés y restaurantes.

Por otra parte, el barrio de Pontaillac que también cuenta con su propio paseo frente al mar y un casino, disfruta de un nuevo renacimiento que se refleja no sólo durante el día, sino también por la noche en verano cuando se pone en marcha un espectáculo de luz y sonido.

De cualquier forma, en Royan es imposible aburrirse. Sólo hay que consultar con la oficina local de turismo para estar al día de todas las actividades, festivales y travesías marítimas que se pueden realizar desde su puerto.

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