SAN JUÁN DE LA PEÑA
(Huesca)
Testigo de los albores del reino de Aragón |
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TESTIGOS DE LOS ALBORES DEL REINO DE
ARAGÓN
Hablar de las rojizas paredes del roquedo de San Juan de la Peña, testigo
de los albores del Reino de Aragón, es hablar del tercer espacio natural
protegido de España, es hablar de un lugar en el que han convivido en
perfecta armonía las obras de la naturaleza y del ser humano durante más
de mil de años, es asombrarse de las maravillas del arte y admirar el
increíble escenario natural que las alberga. El originalísimo claustro
románico (S. XII) , al que se accede por una puerta mozárabe. Sus tres
galerías de capitales historiados son la imagen más conocida del
conjunto. Constituye una de las obras maestras del románico español. Los
capiteles románicos del claustro son la joya de este Real Monasterio,
capiteles que durante el paso de lo siglos han estado relatando el
Génesis, la vida pública de Cristo y la infancia de Jesús. Cobijado
bajo la gran peña de conglomerado este claustro ha visto pasear por su
patio monjes, reyes, peregrinos y visitantes siempre mostrando su belleza
e intentando llamar la atención de todo aquel que en este lugar se
encuentre.
En el Llano de San Indalecio, el Monasterio Nuevo, barroco del siglo
XVII-XVIII, amplia edificación con doble claustro, hospedería, iglesia y
Casa Abacial. En las praderas adyacentes se ubican las instalaciones de
información y servicios y el centro de interpretación.
La sierras de San Juan de la Peña, en la antesala de la impresionante
cordillera pirenaica, constituyen un espacio singular de indudable
interés ecológico. Entre su abundante y variada flora se encuentran
pinos, hayas, tilos y abetos y crecen el boj, los erizones y el acebo.
Podemos encontrar, si ellos lo quieren, quebrantahuesos y águilas en
vuelo, buitres leonados y pájaros carpinteros. Es posible, si no
perturbamos la calma mágica del lugar, adivinar el paso de los jabalíes
o intuir la presencia de las ardillas en las copas de los árboles.
ESPACIO NATURAL PROTEGIDO
Desde el llamado “Balcón de los Pirineos”, escarpe situado en la cara
norte de la Sierra de San Juan, una reproducción en piedra señala y
evoca los nombres de los más bellos y notables parajes pirenaicos
visibles en la lejanía. Como parte de la sustancia del llamado Monte Pano:
el Monasterio Viejo (s.x) lugar de leyenda que cobijó el mismísimo Santo
Grial durante siglos, emergiendo entre el bosque y las peñas en una curva
del camino, dispuesto a mostrarse al visitante a cambio del respeto debido
al Panteón Real de la antigua Corona de Aragón.
A la entrada del Parque y en las faldas del colosal monte, Santa Cruz de
la Serós, una de las poblaciones más pintorescas de la zona, en la que
abundan ejemplos de la arquitectura doméstica y de la religosa, como el
templo románico lombardo de San Caprasio, (siglo XI) y Santa María
(siglo XII). Punto de partida adecuado para nuestra visita.
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